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UNIVERSIDAD MARIANO GÁLVEZ

Cristo Histórico

Trabajo Presentada para el cumplimiento de la materia Evangelios Sinópticos Profesor: Salvador Zapeta. Mth

Alumno: Isidro Menchú Carné: 0283-11-17610
2012

EL CRISTO HISTÓRICO DE LOS EVANGELIOS SINÓPTICOS Introducción Muchos se están volviendo a Cristo pero… ¿Hacia qué Cristo? Unos buscan al “legendario fundador de la religión cristiana, cuya existencia histórica no puede demostrarse con certeza, y que fue convertido en un hombre-dios y mediador de la salvación en el dogma y en el culto”1 o bien al Jesús Superestrella, al Cristo que estrenaba cada día su vida, que la inventaba, la improvisaba. Nunca se sabía lo que haría mañana. No entendía una palabra de dinero. Amaba la libertad, el Cristo manso y tranquilo, el que ponía en ridículo a los ilustres, al Cristo de cabello largo y apariencia descuidada.2 Otros buscan al Cristo guerrillero, con rostro hosco, duro, casi rencoroso, con un fusil a la espalda. Al Cristo de la justicia, el centro de cuya vida habría sido la escena en la que derriba las mesas de los cambistas en el templo. Un Cristo así, que lleva a sus últimas consecuencias los planteamientos de la Teología de la Liberación.3 El presente trabajo busca resaltar al Cristo histórico, el Cristo que preguntó una vez a sus seguidores ¿Quién dicen los hombres que soy? Ya se sabe que contestar esta pregunta es dar información. Pero contestar la segunda pregunta del Señor hizo: ¿Y vosotros quién decís que soy? Implica tomar una postura. Esta postura depende de un discernimiento interior, de una iluminación que la carne y la sangre, no pueden producir. Discernimiento que a su vez, supone un encuentro con Jesús.4

Importancia del Cristo histórico La búsqueda del Jesús histórico es necesaria porque la predicación de la fe quiere conducir al fiel, a un encuentro existencial con una persona histórica: Jesús de Nazaret. El

Francesco Lambiasi, El “Jesús de la Historia” vías de acceso, trad. J. J. García Valenceja (Santander, Editorial Sal Terrae, 1985), 14. 2 Martín Descalzo, 17 3 Ibid. 4 Ben F. Meyer, El hombre para los demás, trad. Alfonso Mascuñana (Santander: Editorial Sal Terrae, 1973), 7.

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creyente no sólo quiere creer en “algo”, sino en “alguien”.5 Por tanto, el investigador no prejuiciado encontrará que la historicidad de Cristo es vital ya que no dar importancia al Cristo Histórico, el riesgo es que fácilmente se pueda negarlo y ello implica separar al hombre Jesús de su doctrina. La historicidad de Cristo es sustentada –aparte de los evangelios- por documentos extra bíblicos, escritos por personajes que no se distinguieron precisamente por ser discípulos de Jesús, sino que fueron escritores de los inicios de la presente era, y que mencionan en su recopilación histórica a Cristo. Entre estos destacan Cornelio Tácito (52 d.C), Luciano (Siglo II), Suetonio (120 d.C), Plinio (112 d.C). Flavio Josefo (32 d.c) y otros.6 Es importante entender al Jesús histórico, es decir, quién fue él y qué fue lo que hizo, dónde nació y dónde y por qué murió. Dejar de lado al Jesús de la historia se convierte en un serio obstáculo para una correcta interpretación de los evangelios. El Jesús histórico, es el que podemos re-construir a partir de los datos bíblicos (27 libros del NT), y extra bíblicos (datos externos). El Jesús histórico no es sólo una reconstrucción intelectual, sino que en el Jesús de la historia se acentúa fundamentalmente la plena humanidad de Jesús. El Jesús histórico tiene realmente rostro humano, tiene conciencia humana, corazón y sentimientos humanos.7 En resumen se puede decir que “negar la historicidad de Cristo equivale a decir que la existencia de Cristo es nada más que un mito creado por sus seguidores.8 Por supuesto, no todos están de acuerdo con esta afirmación, por ejemplo, Bultmann no da importancia a la historicidad de Jesús sino más bien planteó que: “el Jesús que nos interesa no es el de la historia, sino el de la fe. La teología no debería perder tiempo en investigar los detalles de una biografía imposible, sino concentrarse en la interpretación del anuncio de Cristo, el Salvador, el Hijo del Hombre e Hijo de Dios. Lo que nos preocupa es la salvación, no las anécdotas. De

Ibid. Ibid., 84. 7 Pablo Richard, “El Jesús histórico y los cuatro evangelios”, http://www.servicioskoinonia.org/relat/343.htm (consultado el 10 de Junio 2012) 8 Josh Mcdowell, Evidencia que exige un veredicto (Miami, Editorial Vida, 1993), 83.
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la vida de Jesús sólo nos interesan dos cosas: saber que vivió y saber que murió en una cruz. Es más importante creer en el mensaje de Jesús que conocer su vida”.9 Bultman, prefiere al Jesús teológico y no el histórico. Esto abre la oportunidad para conocer cuatro representaciones o reconstrucciones de Jesús. La primera es la del Jesús real. Es Jesús con su propio pensamiento, es Jesús con sus dichos, sus inquietudes y esperanzas. Este Jesús es en cierto modo inalcanzable.10 Inalcanzable porque hay mucha información sobre Cristo, que hoy desconocemos. El apóstol Juan lo dijo así: “Y hay también muchas otras cosas que Jesús hizo, que si se escribieran en detalle, pienso que ni aun el mundo mismo podría contener los libros que se escribirían” (Juan 21:25).11 La segunda representación es la del Jesús Histórico, cuyas características ya fueron señaladas en líneas anteriores. La tercera representación es las del Jesús teológico, es el Jesús definido por los cuatro concilios Nicea, Constantinopla, Éfeso y Calcedonia en donde se definió la cristología que enfrentó las herejías de ese tiempo. Una cuarta y última representación es la del Jesús de la fe, la que consiste en la aceptación del Jesús histórico en la fe práctica de los primeros cristianos.12

Jesús histórico desde la perspectiva de los sinópticos. Es importante tener en cuenta que los evangelistas en principio no quisieron escribir una biografía del Señor sino como bien dice E. P. Sanders “escribieron unidades de relatos cortos e independientes entre sí sobre los dichos y obras de Jesús. Estas unidades fueron cambiadas de sitio y agrupadas por editores posteriores. Eso significa que nunca podemos estar seguros sobre el contexto de cada evento escrito”.13 Así que los evangelios sinópticos no son solo una narración sobre la vida de Jesús sino que son principalmente testimonios de fe sobre el maestro de Galilea. Eso si, presentan hechos históricos condicionados a la finalidad teológica de cada autor. Existe
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José Luis Martín Descalzo, Vida y ministerio de Jesús de Nazaret (Salamanca, Editorial Sígueme, Richard, El Jesús histórico y los cuatro evangelios. Santa Biblia, La Biblia de las Américas (La Habra California: Editorial Holman Bible Publisher, Richard, El Jesús histórico y los cuatro evangelios. E. P. Sanders, La figura histórica de Jesús (Navarra: Editorial Verbo Divino, 2000), p.81

1986), 15.

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19979).

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relaciones mutuas entre los tres primeros evangelios es decir, que Mateo, Marcos y Lucas quienes escribieron narraciones del un mismo evento, aunque con variantes que al

examinarse detenidamente, generan lo que se ha dado en llamar el problema sinóptico. A continuación algunos ejemplos.

¿De dónde era Jesús? No hay duda de que Jesús vivió en Nazaret. Sin embargo Mateo y Lucas tienen información que hace dudar si Jesús nació y vivió en Nazaret. Si se lee con cuidado Mateo 2:22-23 se nota que José y su familia quisieron vivir en la región de Judea pero por temor a Arquelao (hijo de Herodes) era quien reinaba en Judea, toman la decisión de vivir en la región norteña de Galilea y puntualmente en Nazaret. Se infiere entonces que José y su familia no vivían desde siempre en Nazaret, sino solo después de su regreso de Egipto. Para Lucas en cambio (2:4 y 2:39), José y su familia, subieron de Nazaret a Belén para cumplir con la orden del censo. Luego ocurre el nacimiento del Señor y posteriormente Lucas anota que la familia completa regresa a Nazaret, “su propio pueblo” (Lc. 2:39)

El exorcista El fenómeno de la posesión demoniaca era muy frecuente en la población. Los evangelios sinópticos dan cuenta de numerosas expulsiones de demonios y Jesús tenía fama de exorcista eficaz.14 Por eso los evangelios remarcan los eventos de exorcismo de tal manera que “le llevaron todos los enfermos y endemoniados… y expulsó a muchos demonios” (Mr. 1.32) Esta etiqueta de exorcista trajo consigo cierto sesgo estereotipado negativo. En la cultura mediterránea del sigo I, etiquetas como pecador, impuro o estéril podría ser algo devastador. Pero la acusación más seria y con mayor sentido negativo sería la endosada al Señor, quien fue acusado por sus enemigos de echar fuera demonios en nombre de Belzebú (Mat. 12:22-30).
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Sanders, La figura histórica de Jesús, 172.

Conclusión Es vital conocer, predicar y enseñar al Jesús histórico. Mucho del esfuerzo de los predicadores van encaminados a conceptos teológicos dejando de lado la gran riqueza del hombre Jesús. El deseo de quien escribe es que se pueda conocer mejor, al sanador de enfermos, al maestro itinerante que convivía con los marginados, quien caminaba por los polvorientos caminos rurales de Israel y quien derramó sus lágrimas y su vida misma por toda la humanidad. Su nombre es Jesús.