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El Amor entre Padres e Hijos Cuando un niño nace la madre es fuente de satisfacción y seguridad; y al crecer tiene la experiencia de ser

amado solamente por ser su hijo; porque el amor de la madre es incondicional. Hasta los seis años un niño se contenta con el amor que le brinda su madre, pero a partir de esa edad es capaz de darles amor a sus padres haciendo cosas que les agraden; abandonando su estado de narcisismo y sintiendo la necesidad de compartir y de estar en unidad con ellos. El amor infantil es: amo porque me aman o amo porque los necesito; mientras el amor maduro es: los necesito porque los amo o porque los amo me aman. En los primeros años de vida la relación más estrecha del niño es con la madre; pero poco a poco se va independizando y esa relación va perdiendo su significado primitivo mientras se va fortaleciendo la relación con su padre. El amor materno, representa el anhelo más profundo de todo ser humano, o sea ser amado sin condiciones y no por sus méritos, tanto siendo niños como adultos. Siendo niños la mayoría puede gozar del amor incondicional de la madre, pero de adultos este anhelo es más difícil de satisfacer. La relación con el padre es diferente. El padre representa el mundo del pensamiento, de las cosas, de la ley, de a disciplina, de la aventura. El padre es el que le abre a su hijo la puerta al mundo, su amor es condicional porque debe cumplir con sus expectativas, portarse bien, ser como él. Al amor paterno hay que ganárselo y se puede perder si no se hace lo que él espera, o sea que se le obedezca. El amor del padre se puede conseguir haciendo algo, pero para ser amado por la madre no es necesario hacer nada. A los seis años un niño necesita el amor del padre, su autoridad, su guía; y la madre debe favorecer esa relación. Porque la función de la madre es brindarle seguridad a su hijo y la del padre guiarlo para que aprenda a vivir en la sociedad en que ha nacido. La madre debe confiar en la vida, no ser demasiado ansiosa y desear que su hijo sea en el futuro una persona independiente. El padre debe ser paciente y tolerante, no autoritario ni amenazante; permitiéndole oportunamente a su hijo que sea su propia autoridad. En el mejor de los casos una persona madura llega a ser su propio padre y su propia madre; o sea cuando se libera de las figuras parentales y las incorpora a su interioridad, elaborando una conciencia materna que le permite tener capacidad de amar y una conciencia paterna basada en su razón y en su discernimiento. Una persona que considera solamente su conciencia paterna será inhumana y áspera; y si tuviera únicamente conciencia materna perdería su criterio y podría trabar su desarrollo o el de otros. La base de la salud mental y de la madurez se logra con la síntesis de la relación con el padre y la madre; y el fracaso de este desarrollo es la causa fundamental de la neurosis. Una de esas causas se produce cuando el niño tiene una madre amante pero demasiado indulgente o dominante y un padre débil e indiferente.

En estas circunstancias el niño puede convertirse en alguien dependiente de su madre, con la necesidad de recibir, de ser protegido y cuidado y carecer de las cualidades paternas de independencia, de disciplina y de la capacidad para controlar su vida. Estas personas buscarán madres en el mundo tanto en mujeres como en hombres de poder y autoridad. Si en cambio la madre fuese fría, indiferente y dominante, puede transferir la necesidad de protección materna al padre y el resultado puede ser parecido al anterior, o bien, identificarse con las cualidades del padre pero sin la capacidad de esperar recibir amor incondicional, situación que se acentuaría si el padre fuese autoritario y muy apegado al hijo. La neurosis se produce cuando el principio materno y paterno no se desarrolla por alguna razón o cuando los papeles paternos se tornan confusos. Ciertas neurosis obsesivas se basan en el apego unilateral al padre, mientras otras patologías como la histeria, las adicciones, las depresiones, y la incapacidad para autoafirmarse y para enfrentar la vida, pueden ser el resultado de una relación demasiado estrecha con la madre. La Sabiduría de los Niños Los niños son los mejores maestros, porque un niño de corta edad es puro instinto, porque aún no ha olvidado la esencia humana que lleva en sus genes; y si lo observamos detenidamente podremos recordar toda la sabiduría que hemos perdido. Un niño expresa sin ningún pudor todo lo que experimenta y observa todo lo que lo rodea con gran curiosidad y con el interés de un descubridor, asombrado y sorprendido por lo que ve, oye, saborea, huele y siente. Vive el momento, porque para él el pasado y el futuro no existen. Come cuando tiene hambre y duerme cuando tiene sueño, se queja de lo que lo molesta pero se olvida pronto recuperando la alegría y vive cada cosa como es, sin comparar con nada. Descubre un mundo que lo entusiasma y que para él es el mejor de los mundos porque no tiene expectativas. Se conecta naturalmente con las personas y las cosas y sólo cuenta con sus sentidos para comprobar que ese mundo existe. Un niño pequeño se comporta como es, no disimula ni hace lo que los demás esperan de él. Puede imitar gestos y repetir palabras pero sin saber lo que significan y ser obstinado para obtener lo que sus apetencias genuinas le requieren porque todo en él es auténtico. Los niños muestran una cierta forma de ser desde que nacen. Pueden ser llorones, pacíficos, impacientes, aguantadores, mimosos, serios o risueños; responden a los mismos estímulos de distinta manera y pueden caracterizarse por un cierto estado de ánimo; aún sin haber tenido muchas experiencias previas. Tienen la capacidad de aprender todo lo que ven, principalmente aquellos estímulos que están ligados con los afectos. Los niños aprenden con facilidad formas de hablar, ademanes, conductas sociales, formas de reaccionar y de relacionarse imitando a las personas significativas que lo rodean. Suelen tener un alto sentido de justicia y se ofenden desde muy chicos frente a cualquier situación injusta; y ante cualquier amenaza de castigo no aprenden la conducta deseada sino que aprenden a evitar el castigo.

Un niño se reconoce a sí mismo en el espejo a los ocho meses y se da cuenta que es alguien separado de su madre y es en ese momento cuando cobra más importancia la figura paterna. Hasta los tres años tiende a jugar solo y no se siente inclinado a participar en juegos con otros niños. A esa edad se desarrolla su ego y aparece el negativismo para afianzar su identidad, propio de esa etapa del desarrollo. Es en ese momento en que incorpora el concepto de propiedad (esto es mío), y a partir de allí el otro es otro y comienza su lucha por el poder, surgen la envidia, los celos y el deseo de tener lo que tiene el otro y de ser como el otro. Aunque un niño mantiene su inocencia bastante tiempo y puede seguir siendo el mejor maestro para un adulto, la sociedad se ocupa de que aprenda todo lo que necesita para desear superar a los demás, tener éxito, ser popular y querido y de que vaya perdiendo su sabiduría y autenticidad. Lo poco que queda entonces de ese niño puro que era, a medida que crezca desaparecerá junto a su inocencia. Para lograr ser otra vez quien realmente era, podrá aprender de un niño y tendrá que vivir un segundo nacimiento que le permita encontrarse otra vez a sí mismo. Si estás confundido, no sabes lo que quieres y el mundo te parece un lugar inseguro lleno de gente poco confiable, observa a un niño y aprenderás a tener confianza y a ser tú mismo. Niños con Problemas de Conducta-Algunas técnicas Una madre preocupada me consulta por los problemas de conductas de su hijo de seis años. En casa es grosero, prepotente y obstinado. Contradice a sus padres a quienes insulta, les grita y les pega. Fuera de casa es caprichoso, agresivo y demandante. En el colegio ha bajado sus calificaciones, está distraído y pretende estar siempre jugando. Supongo que debe ser hijo único o tal vez el más chico. De todos modos esta condición no justifica semejante conducta. A los seis años un niño ya ha aprendido a saber qué le espera cuando hace algo malo. Es probable que sus padres hayan perdido el control de la situación y él los domine con sus berrinches. A los niños hay que educarlos desde la cuna, pero cuando esto no se hace por algún motivo, sea el que fuera, requerirá más adelante mayor firmeza para recuperar el control y demostrarle quienes son los que ponen las reglas en la casa que deberá aprender a respetar y cumplir. Las personas mayores en una sociedad, debemos cumplir con las leyes para poder convivir. En el hogar es lo mismo. Se deberán poner las reglas que deberán ser muy claras y precisas y las sanciones que se aplicarán si no se cumplen. En primer lugar nadie debe gritar, principalmente los niños. Los padres también se tendrán que abstener de hablar a los gritos cuando pierden la paciencia. En segundo lugar no podrá decir groserías y tendrá buen modo para hablar y los padres deberán hacer lo mismo. No recibirá ningún regalo o gratificación que no haya merecido y sólo se harán obsequios para los cumpleaños, y para Navidad. En la calle no deberá pedir nada porque no se le comprará nada, porque desde ahora no recibirá nada sin motivo que lo justifique.

No habrá insultos en la casa de ninguna clase y menos castigos físicos. Cuando el niño esté en casa tendrá un tiempo para hacer la tarea, leer, o dibujar y otro tiempo para jugar. El buen comportamiento será gratificado con cosas pequeñas, besos, abrazos, o permisos para ver televisión, u otra cosa que le guste y si no cumple las reglas habrá una sanción que se deberá cumplir con mucha firmeza. Una gratificación puede ser un puntaje que se le adjudicará cuando haga lo correcto, de manera que al llegar a una determinada cifra pueda ser recompensado con algún premio o permiso. La sanción no debe ser demasiado severa de manera que se pueda cumplir, como por ejemplo, permanecer sentado sin hablar hasta que se lo permitan y luego pedir disculpas. Estas reglas deberán estar escritas y a la vista, lo mismo que las sanciones, para que no haya ninguna duda. Frente a la primera trasgresión se le advertirá primero, diciéndole que no se le permitirá volver a hacer lo que hizo porque recibirá la sanción correspondiente. De manera que si lo vuelve a hacer hay que aplicársela de inmediato sin más vueltas. Si llora y patalea los padres no deberán involucrarse con él en una pelea sino que tratarán de que se cumpla la sanción, sin gritos y volviéndolo a sentar si se levanta. Perder la paciencia es perder una batalla que ganará él, perdiendo también todos los resultados obtenidos hasta ese momento. Los padres deben formar un equipo y estar de acuerdo. Si se apoyan mutuamente el niño no podrá enfrentarlos a los dos y tendrá que aceptar lo que se le indique. Esto es esencial, porque si el padre dice una cosa y la madre otra el niño aprovecha la división de opiniones para ganar. Si los padres no se deciden a actuar ahora, cuando su hijo llegue a la adolescencia se atreverá a hacer aún cosas peores porque nunca ha tenido límites. A los niños no hay que tenerles lástima por ser severo, hay que amarlos y la mejor demostración del amor de un padre es ocuparse de ellos poniéndoles límites y gratificándolos cuando hacen lo correcto. Si los padres abandonan el rol los niños se dan cuenta y se toman las atribuciones que no les corresponden. Recuperar el rol y el control de los niños es una tarea ineludible y absolutamente necesaria para evitar males mayores. Alteración del sueño infantil El problema de los niños que recién se duermen a altas horas de la noche después de una serie de rituales que suelen dejar a sus padres extenuados, son comunes. En primer lugar no quieren irse a la cama, luego no pueden conciliar el sueño y acaparan la atención de los mayores hasta muy tarde. Las dificultades para dormir están mostrando una alteración del ritmo biológico del sueño debido generalmente a la falta de cumplimiento de los horarios de descanso y a la creación de un hábito inadecuado de comportamiento. Algunos niños se acostumbran a que les lean cuentos, que los acunen, etc., aunque ya estén algo grandes para eso, y exigen a sus padres ese tratamiento cada vez por mayor cantidad

de tiempo y más aún si están ocupados con otras personas, con la intención de acaparar su atención y disfrutar de su compañía. Si los padres acceden a recibirlos en su cama o se acuestan con ellos, están reforzando la conducta que no desean de sus hijos, la que se mantendrá por mucho tiempo. La mayoría de las perturbaciones del sueño infantil se debe a la permisividad de los padres que no acostumbran a sus hijos a ir a la cama temprano permitiéndoles permanecer levantados hasta altas horas de la noche, a veces con la excusa de que ellos no están durante todo el día. Aunque algunos padres se muestran reticentes al famoso método de Richard Ferber, documentado en 1985, en el que propone que la mejor manera de que un niño se acostumbre a dormirse solo es dejarlo llorar hasta que se canse; resulta ser una práctica que da buenos resultados, pero no es necesario llegar a ese extremo para lograr que finalmente los niños se duerman solos. Lo mejor es acostarlos siempre a la misma hora desde un principio, darles unas breves palmaditas y luego salir de la habitación y apagar la luz. Si el niño comienza a llorar, hay que volver a entrar y hacer lo mismo, sin levantarlo, ni arrullarlo, sólo tocándolo suavemente para consolarlo y para que sepa que se ha respondido a su demanda y luego, volver a salir, apagando la luz y cerrando la puerta. Este procedimiento deberá repetirse las veces que sean necesarias hasta que el niño se duerma y no llore más. Este procedimiento es muy efectivo y no se trata de adoptar un punto de vista radical sobre la educación de un niño sino de lograr que recupere el ritmo biológico perdido que puede afectar su salud física y mental y perturbar el necesario descanso de sus padres. Consentir al niño basándose en antiguas teorías sobre la necesidad de contacto con los padres, de épocas en que las condiciones de vida eran muy diferentes, puede convertirse en un problema familiar, deteriorar la relación, impedir el descanso del niño y de todo el grupo, provocar un trato diferencial con respecto a sus hermanos creando futuras dificultades de vínculo con ellos, y alterar en el futuro su ritmo biológico de sueño. Si en otra etapa de la evolución, dormir cerca de los padres era la regla, no lo es ahora, porque la vida es diferente, los niños suelen dormir separados de sus padres y ellos a su vez desean tener su privacidad. Un padre o una madre cansados por no haber dormido bien, debido a los caprichos de su hijo, pierden fácilmente la paciencia con él durante la vigilia, se vuelven intolerantes, nerviosos y pueden tener conductas agresivas. Los niños deben ser respetados como personas libres pero deben tener parámetros para comportarse y para aprender a ejercer su libertad. Tienen que saber que los líderes de su grupo familiar son sus padres, y que ellos son los únicos encargados de poner las reglas. Enseñar a los niños hábitos de comportamientos saludables para su buen desarrollo, como el buen dormir, es posible y necesario para las condiciones y el ritmo de vida actual. Es conveniente observar si además de tener problemas para dormir, el niño tiene otros trastornos, como hiperactividad, terrores nocturnos, pesadillas, sonambulismo o enuresis nocturna, para descartar posibles alteraciones neurológicas. Chicos Caprichosos Los niños de uno a cinco años suelen tener estallidos de furia en algunas situaciones críticas y sus madres a veces no saben cómo calmarlos y evitar escenas desagradables dentro y fuera de su casa.

La ira de un niño pequeño puede tener distintos motivos, pero esa forma de reaccionar frente a la frustración es semejante a muchos otros niños. Existen dos maneras de enfrentar este problema: a largo y a corto plazo. Con respecto a las medidas que tienen que tomar los padres a largo plazo, un niño tiene que saber, ante todo, cuáles son los roles de sus padres, de sus hermanos y de él mismo en la familia. Porque si cada integrante de ese grupo familiar cumple con su rol, los niños terribles se transformarán en niños normales. En primer lugar los padres tienen que amar y saber expresar ese amor a sus hijos; y su rol será protegerlos, educarlos, brindarles un hogar, el abrigo necesario y todo lo que necesitan para su subsistencia, transmitirle valores a través de su propio comportamiento, asumir la autoridad, poner las reglas en la casa y hacerlas cumplir. La autoridad que deben tener los padres no constituye una función de poder o jerarquía que habilite a comportarse en forma arbitraria, sólo es un rol con derechos y obligaciones a su cargo y con tareas y responsabilidades específicas. Las reglas en el hogar tienen que ser muy claras y deberán ser cumplidas por todos; y los padres deben dar el ejemplo. Toda trasgresión a las reglas deberá ser sancionada y nunca pasada por alto. Una sanción no necesita ser demasiado severa, sólo puede consistir en la obligación de permanecer sentado en una silla cinco minutos, que para un niño pequeño inquieto puede representar una eternidad. Una vez que la sanción se haya cumplido el progenitor tiene que abrazarlo y decirle que lo ama; y él por su parte le pedirá disculpas por su proceder. Este ritual resulta sumamente eficaz y es bien sencillo ya que no exige grandes molestias ni resulta imposible cumplir por ambas partes. En cuanto a la forma de corto plazo, para tratar a un niño caprichoso acostumbrado a los berrinches y a los ataques de furia; es indispensable en primer lugar y antes que nada, calmar al niño y abrazarlo, sin hacerle reproches ni gritarle, porque de esa forma los padres se involucrarían con él y se pondrían al mismo nivel. Los padres deben mantener la calma y transmitírsela al niño para que se tranquilice y recupere el control; y una vez tranquilo, deberá cumplir con la sanción correspondiente, en este caso, por el hecho de hacer un berrinche de proporciones. Si no están en casa, la sanción deberá ser cumplida al volver, sin excepción. La característica principal del rol de los padres es la firmeza. Tener firmeza significa mantenerse en una postura, no cambiar las reglas y hacerlas cumplir siempre, sin dejarse convencer por el niño por ninguna razón. Los hermanos mayores deberán ser respetados por el hecho de tener más edad y experiencia, en ausencia de los padres. Los niños deben aprender a tomar pequeñas decisiones de acuerdo a su edad, para que desde pequeños sepan asumir las responsabilidades que les competen. Tener un hijo es una gran responsabilidad y tener un hijo maleducado, acostumbrado a descontrolarse para obtener lo que quiere, es transformar a un ser humano en una amenaza para la sociedad; porque cuando crezca se sentirá omnipotente y se atreverá fácilmente a delinquir para no privarse de lo que desea y ya será tarde para intentar controlarlo. La educación de un niño comienza muy temprano y su futuro dependerá de la firmeza y del amor que reciba de sus padres.

Los niños deben recibir el sincero reconocimiento de sus padres cuando hacen algo bien, además de la confirmación de que los aman; pero también deben cumplir las sanciones que se merecen si no cumplen con las reglas que rigen en su hogar. Mi Hijo no me come Los chicos suelen expresar sus estados de ánimo como pueden y la comida se convierte en un medio de comunicación, ya que el mundo de un niño pequeño se reduce a la satisfacción de las necesidades básicas. Un hijo puede haber sido deseado o no y a veces también puede existir un sentimiento ambivalente, se desea por un lado tener un hijo, pero se rechaza por otro, ya que atender a un bebé es una tarea que demanda tiempo completo y no todos están dispuestos a cumplirla. Se acepta que desde el útero los seres humanos pueden ser afectados emocionalmente; simplemente porque son seres vivos que aunque todavía no se hayan desarrollado del todo, tienen células receptoras que puede recibir estímulos externos e internos tanto placenteros como displacenteros. Aunque estar en el útero es una condición casi ideal, un bebé no está exento de sufrir altibajos, porque cualquier perturbación, enfermedad, sufrimiento o desequilibrio de la madre puede repercutir en él. El momento del parto es igualmente traumático. Son conocidos los trabajos de Otto Rank sobre el trauma de nacimiento y las consecuencias en la vida de un individuo, relacionadas con la depresión. Con su técnica de respiración holotrópica, Stanislav Groff también analiza la experiencia del nacimiento en pacientes psicóticos, logrando que en estados alterados de conciencia puedan regresar al instante del nacimiento y elaborar emocionalmente el trauma. La primera infancia, el niño tiene la experiencia de la lactancia materna, etapa que normalmente suele brindarle a un individuo tanto satisfacciones como frustraciones. Tanto el exceso de gratificación como el exceso de frustración pueden producir una fijación y el consecuente trauma en el niño. Melanie Klein investigó este tema y llegó a singulares conclusiones. Un niño al mamar tiene la oportunidad de experimentar tanto un pecho malo como bueno, porque depende de la disposición y del estado anímico de la madre cuando lo amamanta. Si existe un equilibrio de experiencias buenas y malas, un niño no debería sufrir ningún trauma. Cuando un niño se resiste a comer, rechaza la comida y se muestra desinteresado a la hora de comer, es probable que sufra una perturbación emocional, provocado por un trauma inconsciente en la primera infancia. Existen madres que no desean amamantar a sus hijos por distintos motivos, y rechazan inconscientemente al niño cuando se alimenta. Los bebés no se expresan con palabras pero sienten, y luego tienen que exteriorizar de algún modo su frustración. Al rechazar al hijo y negarse a alimentarlo, la madre siente culpa, y para deshacerse de la culpa lo sobreprotege, abrigándolo demasiado, persiguiéndolo, acosándolo, presionándolo etc. De manera que la sobreprotección rechazante que sufre el niño puede ser la causa de sus trastornos alimenticios y de otros problemas.

La anorexia y la bulimia se relacionan con las experiencias vividas en la etapa oral del desarrollo psicosexual, con las primeras relaciones significativas, o sea con la madre. Rechazar el alimento es una conducta autodestructiva y puede ser la etiología profunda de una depresión. El niño puede tener dos formas de superar su frustración, o bien come en exceso hasta hartarse, con el fin de hacer desaparecer el objeto que lo frustra, que sería la causa profunda de la obesidad mórbida, o bien lo rechaza y no come, conducta que se repite más adelante en la anorexia del adolescente. Se puede comenzar a encarar este problema dándole al niño la comida que parece preferir e ir incorporándole de a poco otros alimentos Se necesita paciencia y tenacidad, pero finalmente los niños se corrigen y en esos casos suelen comenzar a alimentarse adecuadamente alrededor de los siete años. No obstante, la estabilidad emocional y el amor incondicional siguen siendo los mejores recursos. La Autoestima de los Niños Pocas personas han nacido para cumplir grandes hazañas, pero todos tienen la enorme tarea de gobernar con sabiduría su propia casa. Los hijos aprenden todo lo que los padres hacen y los padres aprenden de sus hijos; y el amor es la argamasa que no permite que se desmorone la familia. Es difícil ser padres, mucho más ahora en que tanto padres como madres trabajan y tienen que redoblar sus esfuerzos para cumplir con el sostén del hogar y el cuidado y la educación de sus hijos. Los hijos no son todos iguales, y así como se diferencian físicamente también tienen un temperamento y un carácter distinto. Los padres aman a sus hijos y suelen hacer muchos sacrificios por ellos; pero las diferencias individuales que presentan, hacen que creen un vínculo distinto con cada uno de ellos. Estas diferencias puede afectar la autoestima de los hijos, cuando sus padres actúan sin tener conciencia de ellas. El más chico, que a veces llega al hogar sin que lo esperen y que por lo general es el último, puede recibir un trato preferencial por distintos motivos. En primer lugar, los padres pueden sentirse culpables por no haberlo deseado, aunque luego lo hayan aceptado con agrado. Luego, el pequeño los hace sentir más jóvenes, porque es la oportunidad de un nuevo comienzo en sus vidas, al necesitar retomar la casi olvidada rutina de los pañales y las mamaderas. Los más grandes han perdido el candor de la primera infancia y han aprendido a defenderse solos, mientras un bebé en cambio, resulta tan vulnerable e indefenso que sus padres tienden a comportarse como si fueran primerizos, sobreprotegiéndolo y mimándolo aún más que el primero. Por lo tanto, estos pequeños son más consentidos y defendidos que sus hermanos, por su aparente inferioridad de condiciones y principalmente por ser el más chico. Ese trato diferente permite a ese niño sentirse querido aceptado y seguro, ingredientes que pueden favorecer su seguridad en sí mismo, el desarrollo de una personalidad firme y de

una alta autoestima. Aunque si ha sido excesivamente consentido también puede aprender a ser egocéntrico, dependiente, caprichoso y perezoso. Los demás hijos, mientras tanto, tendrán que esforzarse más para distinguirse y gozar de los mismos privilegios, y tenderán a ser competitivos o bien a renunciar a sus iniciativas dejándose estar para llamar la atención por su desidia. Los niños no deben ser encasillados en un rol que los defina como incorregibles o vagos, porque es muy difícil salir de ese encasillamiento, y la tendencia entonces es ser fiel a esa definición. Si definimos a nuestros hijos con juicios terminantes, diciéndoles que son unos inútiles o perezosos, se convencerán y no harán nada para remediarlo; al contrario, aprenderán a odiarse ellos a si mismos como creen que los demás lo hacen. A los hijos hay que aceptarlos como son, cualquiera sean sus defectos, ya que esta aceptación permitirá que los trasciendan. Tienen derecho a enojarse cuando es oportuno pero deben saber que el límite es no llegar a las manos y deben ser respetados por el hecho de ser personas y no solamente por lo que hacen bien. Es importante no juzgar las actitudes de un niño pero es necesario señalarle qué es lo que está haciendo que puede resultar perjudicial para otros o no beneficioso para él, tratando de evitar calificarlo como malo, incorregible o violento, ya que terminará convenciéndose e integrando esos conceptos a su identidad. Algunos padres pueden sentirse desbordados por los problemas y las responsabilidades que implica la tarea de educar a los hijos, pero tienen que aprender a aceptar que no pueden eludir esa responsabilidad ni evitar hacerse cargo de sus actos. Los niños deben conocer los límites, aprender a ser responsables de lo que hacen, a tener proyectos y cumplirlos, a perseverar y tener paciencia cuando se proponen un objetivo y a respetar las reglas del hogar y saber que serán sancionados si no las cumplen. El hogar es la oportunidad que tienen para entrenarse y ser capaces de vivir en una sociedad, insertarse adecuadamente y poder contribuir con su aporte para cumplir su destino. Niños indomables Cada familia tiene un modo distinto de relación, porque cada miembro, que es único y diferente, aportará un factor para contribuir a dotar a esa estructura, de una forma de ser propia. Tanto el padre como la madre establecerán una forma de vincularse entre si y con sus hijos, los cuales tenderán a recrear el mismo modo de relación, que mantendrán posteriormente para relacionarse con los demás y desarrollar sus vidas en la sociedad. Los niños criados en un ambiente calmo y armonioso, libre de peleas y actitudes violentas, es difícil que presenten problemas de comportamiento, de angustia o ansiedad o que tengan dificultades de adaptación o adicciones. Ellos necesitan hacer una vida ordenada que respete las rutinas diarias, como las horas de comer y de dormir, debiendo evitar sus padres o cuidadores, que asocien otras actividades con la comida, como ver televisión, jugar o levantarse de la mesa; y que se acuesten tarde. Comer juntos es el único momento en que los niños tienen la oportunidad de estar con sus padres y de comunicarse con ellos.

También es el momento de enseñarles, entre otras cosas, a que no deben abandonar la mesa sin su permiso, cómo comportarse a la hora de comer, a pedir las cosas que necesitan por favor y a decir gracias. Un niño caprichoso y agresivo ha aprendido a obtener lo que quiere con los berrinches que sus padres han aceptado como normales y no como una conducta que se puede evitar, para bien de su hijo. Los padres tienen que evitar demostraciones exageradas de afecto cuando los niños no han hecho nada para merecerlas y menos después de haberse comportado con agresividad o violencia, porque los condicionan a seguir actuando de la misma manera. Además, se suelen excitar aún más cuando los padres los colman de mimos o besos, cuando están con una berrinche; excitación que al no poder ser canalizada adecuadamente, sólo servirá para tornarlos más irritables y molestos. Es importante que los padres reconozcan las conductas favorables y las reacciones adecuadas de sus hijos, así como también sus habilidades y sus logros, para que logren la suficiente seguridad en ellos mismos, adquieran autoestima y se sientan motivados a mejorar su comportamiento. El aprendizaje se produce por amor; porque cuando un niño se siente no querido o aceptado como es, o desplazado por sus hermanos o no se siente reconocido, reacciona con conductas agresivas y violentas, se comporta en forma caprichosa y se convierte así en un niño indomable. Sin embargo esta situación se puede revertir si los padres asumen su rol y ponen las reglas, que deberá cumplir todo el grupo familiar. Las reglas deben ser claras, preferentemente deben estar escritas y ser exhibidas en un lugar visible en el hogar. Toda trasgresión de las reglas tendrá su sanción, que tiene que ser cumplida sin excepciones, sin necesidad de que ésta sea demasiado severa. Una sanción para un niño pequeño puede consistir, en permanecer sentado en una silla, siempre la misma, durante cinco minutos. Después de cumplida la sanción, el niño deberá aprender a disculparse, y luego se lo podrá abrazar y besar. Esta actitud ante berrinches, caprichos o agresividad de los niños, hará que cambien y aprendan a comportarse mejor. La firmeza y seguridad de los padres es esencial, siendo necesario que durante las crisis de conductas inapropiadas se mantengan calmos y no enojados, porque los niños asocien el enojo con falta de amor. Antes de intentar corregir el comportamiento de un niño es necesario esperar a que se calme y esa calma se conseguirá sólo con la actitud tranquila de los padres; porque solamente una vez calmado, un niño estará en las mejores condiciones de entender lo que se le pretende enseñar. Un ambiente conflictivo o violento le provoca a los niños ansiedad, temor e inseguridad. Todo niño necesita límites y los padres son los encargados naturales para ponerlos. El Abandono El abandono es el mayor y más devastador miedo de los niños, principalmente por el hecho de que la seguridad es una necesidad básica para ellos.

Hay distintas formas de abandono, ya que no se trata únicamente del acto de dejar a una criatura desamparada en un umbral al nacer, sino que también significan experiencias traumáticas de abandono circunstanciales durante la niñez. Los niños pequeños pueden vivir como un abandono la ausencia de sus madres cuando van a trabajar y se sienten culpables de dejarlos al cuidado de personas sustitutas o en guarderías, porque esos niños perciben esa emoción como señales aunque sean pequeños que les hacen vivir esa experiencia como un abandono. Una madre que decide comenzar a trabajar o continuar trabajando después de tener un hijo tiene que tener la absoluta convicción de que está haciendo lo correcto, porque en esa misma forma lo vivirá su hijo. Los enojos son percibidos por los niños como el retiro del afecto porque no pueden distinguir que se trata de dos emociones diferentes y no pueden disociar el estado de ánimo de su madre del amor que se sienten. Los niños pequeños, cuando no ven a su madre piensan que no volverá más, porque viven en un permanente presente. La presencia de la madre es muy importante, por lo menos hasta los ocho meses, que es cuando un niño puede reconocer que ella es alguien separado de él, se puede distinguir como persona individual y diferenciar a su madre de otras personas. Es en ese momento también cuando recién cobra efectivamente importancia la figura del padre. Según Freud, las situaciones de amenaza o peligro pueden ocasionar en el niño, miedo al abandono y a la pérdida. Sin embargo, es inevitable tener experiencias displacenteras a lo largo de la vida, que en si mismas no tienen tanta importancia como la intensidad del temor o ansiedad que susciten. Además, el miedo a la separación es la primera defensa frente al abandono, que si no se resuelve satisfactoriamente se puede trasladar a objetos diferentes como animales o distintos objetos. El miedo es una emoción instintiva innata que nos protege de situaciones peligrosas reales o imaginarias. Estos miedos se pueden presentar ante estímulos desacostumbrados o violentos, o bien a la falta de estímulos, como por ejemplo la oscuridad, o a lo desconocido o potencialmente amenazante como las alturas, un animal salvaje o estar solo. Según René Spitz, hasta el año de vida un niño reacciona con llanto cuando se siente desamparado. Si un niño pequeño no tiene contención afectiva al nacer o mientras es pequeño, aunque se le brinden todos los cuidados y se lo alimente, puede negarse a comer y morir en poco tiempo. Cualquier experiencia de violencia hogareña, conflicto entre los padres o ausencias prolongadas, puede desencadenar en un niño pequeño un sentimiento de miedo al desamparo y al abandono. La experiencia temprana de abandono genera ansiedad y miedo por sentirse indefenso y preocupado por la amenaza de la pérdida. Este trauma lo hace sentir vulnerable psicológicamente y le provoca ansiedad por la separación. Hay niños más vulnerables que otros a los efectos del sentimiento de abandono, que llega a provocar trastornos en el aprendizaje y producir dependencia de los padres.

Acontecimientos como el divorcio u otros traumas provocados por pérdidas, enfermedades, intervenciones quirúrgicas, muerte de personas cercanas, abusos sexuales, accidentes, etc., pueden reactivar en otras etapas críticas la ansiedad de separación. Este tipo de ansiedad puede transformarse en sentimiento de inferioridad, hipersensibilidad, timidez, depresión, dificultades de relación, desequilibrios emocionales, etc. El placer y el displacer son igualmente importantes para el desarrollo satisfactorio de un niño, el problema es el monto de cada uno. Problemas de Conducta en los Niños Mejorar la conducta de los niños es señal de cariño Celina y Jorge hace diez años que están casados y tienen cuatro hijos, el mayor, es Juan que tiene nueve años, luego viene Lisa de siete años, después Romeo de cinco y por último Ramón, de sólo dos años. Es una familia de clase media, viven en una casa en un barrio suburbano y los padres son profesionales. Los niños son sanos pero mal educados, la madre es muy permisiva y el padre acostumbra a hablar en broma pero aprovecha para decir cosas muy hirientes a su mujer y también a los niños. El hijo mayor imita a su padre y tiene actitudes despectivas hacia la madre, exigiéndole que lo atienda y lo sirva como hace con su padre y es agresivo con su hermana a quien molesta continuamente. La esposa hace años que acepta esta situación porque sabe que hablan en broma y le parece divertido. La hora de la comida es un caos. Cada uno come en lugares diferentes, cuando quiere y jamás se reúnen a la mesa a comer juntos. Los niños salen de la casa sin permiso y se van a la casa de los vecinos sin avisar, se insultan entre si y también insultan y patean a sus padres cuando se encaprichan, y éstos toman todo a risa. Para cambiar esta situación, que se está haciendo insostenible, los padres deciden hacer una terapia familiar breve de tipo cognitivo. En estos casos, en que los padres han perdido el control de la familia, es necesario como primera medida que se pongan estrictas reglas en el hogar, que todos deberán cumplir, inclusive ellos. Las reglas deberán estar escritas y expuestas en lugar visible, puede ser en una pizarra, o simplemente pegadas en los azulejos de la cocina. Regla No.1 – Todos deben saber dónde están los demás y los niños para salir de la casa deberán pedir permiso. Regla No.2 – Si no tienen nada bueno que decir es mejor que no hablen y menos decir palabrotas o insultar. Regla No.3 – No actuarán como salvajes y se portarán bien, obedeciendo a mamá y papá y sin pelear entre ellos. Regla No.4 – Todos colaborarán con la tarea de la casa y mantendrán ordenada sus habitaciones. Regla No.5 – Los mayores cuidarán a sus hermanos menores

Regla No.6 – No recibirán nada que no se ganen Regla No.7 – Si no respetan estas reglas recibirán una sanción. Regla No.8 – El que recibe una sanción tendrá una consecuencia, por ejemplo, puede ser privado de alguna cosa que le guste. Regla No.9 – Hacer las tareas del colegio en primer término Regla No.10 –Comer todos juntos. El que cumpla con estas reglas y se destaque recibirá recompensas. Los niños reaccionaron favorablemente a todas estas normas y comenzaron bien, pero el padre continuó con las bromas y los insultos velados a su esposa. La mujer no se ofende por ser tratada despectivamente y lo toma como una broma, pero el problema es que los niños imitan a sus padres, que para ellos son las figuras más significativas, y aprenden a tratar a todo el mundo igual, de manera que en el futuro pueden llegar a tener graves problemas para relacionarse. El padre no cree que su actitud pueda afectar a los niños y no le gusta ponerse serio, porque le cuesta hablar en serio; sin embargo, tiene que saber, que uno puede reírse y hacer bromas hasta un punto y luego indefectiblemente en algún momento deberá ponerse serio. Cuando el padre comete una trasgresión a las reglas insultando a la madre, se le impone entonces una sanción y esa noche le tocará lavar los platos de la cena. Algunos podrán objetar estos métodos si interpretan que pueden condicionar a los niños a correr detrás de la zanahoria cuando sean adultos, pueden tener razón, pero esta técnica funciona y mucho peor será su futuro si sus padres se siguen comportando igual y no hacen nada. Madres Permisivas Es mejor una madre estricta con la disciplina, que una madre permisiva. Ser madre no es tarea fácil, sin embargo, cada día hay más mujeres que son madres siendo aún adolescentes. Lo más común es que además, esos niños que vienen al mundo sin haberlo planeado, tampoco tengan un padre. La permisividad de una madre ha comenzado así antes de la concepción, permitiendo un embarazo no deseado. Cuando no existe un entorno familiar adecuado que contenga a un niño, es altamente probable que en su desarrollo no tenga las mismas oportunidades que otros niños, sufra de carencias afectivas, presente algún problema de comportamiento en el futuro e identificaciones sexuales negativas. También hay madres que se convierten en permisivas cuando han esperado a sus hijos con excesivo entusiasmo, y que están pendientes de ellos satisfaciendo sus más mínimos deseos, trastornando el funcionamiento de la familia y la convivencia familiar. Hay un chiste de humor negro que dice que los niños son como los panqueques, el primero habría que tirarlo. Es cruel pero didáctico, porque al primer hijo se le permite todo en virtud de ser el más esperado. Este es un hecho que también la historia de la cultura humana ha practicado con la descendencia. El primogénito es aún hoy, el que hereda los reinos y las mayores fortunas, y es el que ocupa lugar de privilegio en la familia sólo por el hecho de ser el primero.

El nacimiento de un hijo viene cargado de expectativas y proyectos para su vida que con el tiempo es mejor que no se cumplan, porque cada niño tiene un potencial propio que es mejor no contrariar. Para la crianza de un niño es fundamental la disciplina, que significa el aprendizaje de normas de convivencia que serán la base de la conducta. Las normas del hogar son el preludio de las normas sociales que todos debemos cumplir en la sociedad. Si ese aprendizaje no ha comenzado en la infancia, difícilmente se puede logar cuando el niño crezca y se enfrente al mundo Disciplina quiere decir correctos hábitos de comportamientos saludables que ayuden a vivir una vida plena, respetando al prójimo. Todo adolescente descarriado tiene una historia familiar acorde que explica sus dificultades; no aceptan las reglas, no respetan a sus semejantes, no valoran sus vidas, expresan con violencia su frustración, desconocen los valores humanos y no tienen límites para delinquir. ¿Hasta qué punto son responsables los menores de sus actos si estamos criando monstruos? No sólo no reciben disciplina sino que se permite que sean ultrajados por familiares, mientras sus madres miran para otro lado para que no cambien las cosas, destruyendo la autoestima del niño, cargándolo de culpa y cercenándole sus posibilidades de desarrollo normal. Una madre permisiva ama a su hijo pero no le pone la atención adecuada, se lo confía a cualquiera sin saber qué le puede pasar; deja que tome decisiones sin intervenir ni señalarle las consecuencias de las acciones; lo consiente en sus caprichos; permite que su hijo la manipule; satisface todos sus deseos sin discriminar; no mantiene el orden en el hogar, ni respeta los horarios para comer en familia, no controla las compañías de su hijo ni sabe dónde se encuentra cuando sale y defiende a su hijo contra todos aunque no tenga razón, incluso delante de sus maestros, enseñándole de este modo a faltarle el respeto a la autoridad. Una madre permisiva cree que si le da todo a su hijo eso será lo mejor para él, pero lo que no sabe es que sólo cosechará lágrimas. Los hijos hacen lo que los padres hacen, no lo que les dicen. Perciben más sus actitudes, o sea su modo de pensar más que sus actos, recibiendo valores contradictorios que hace que no se identifiquen con ninguno. Ser buenos padres es un arte y se puede aprender. Es la única manera de evitar a los hijos un futuro incierto. La paz en el mundo comienza en el seno de la familia. El buen carácter se forja con la firmeza de los principios y permite vivir en un ambiente familiar armónico y ordenado que naturalmente tenderá a trasladarse a la comunidad y al mundo, permitiendo a nuestros hijos transformarlo en un lugar más agradable y seguro para vivir.