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LUIS R.

MELGAR HINOSTROZA

UNSCH

EL TRATANAKUY EN HUÁMBAR POETASTRO ACACAU TINAJA
UNIVERSIDAD NACIONAL DE SAN CRISTÓBAL DE HUAMANGA Luis R. Melgar Hinostroza 2012

INTRODUCCIÓN Huámbar: Poetastro Acacau Tinaja fue una novela escrita y publicada en 1933 por el hacendado apurimeño Juan José Flores. Huámbar es una novela innovadora que destaca por su bilingüismo y su carácter carnavalesco; pues en ella se intercalan cartas, poemas, divagaciones filosóficas, testamentos, adivinanzas, huaynos, insultos rituales, discursos solemnes, procacidades burlescas, onomatopeyas, textos de placer y textos de goce, elementos que permiten la expresión irónica y humorística de las manifestaciones culturales y las relaciones sociales de los habitantes del ande peruano (Apurímac). De esta manera, la obra se convierte en una propuesta literaria novedosa, contraria al indigenismo ortodoxo1. Uno de los elementos que permite la construcción del discurso satírico y carnavalesco en Huámbar, viene a ser el tratanakuy o guerra de insultos, competencia tradicional en la que las bromas e insultos satíricos son los recursos necesarios para ganar. En el "tratanakuy" se emplea constantemente el tropo comparativo o metáfora, aparentemente hirientes y mordaces, sin embargo jamás provoca fricciones entre los interlocutores. Esta costumbre andina se practica en las fiestas de San Juan, principalmente en los departamentos de Ayacucho, Apurímac y Cusco; en este último, la riña verbal cargada de injurias recibe el nombre de Kaminakuy. En ese sentido, el presente trabajo tiene como objetivo central analizar y describir la manifestación del tratanakuy en Huámbar, para lo cual se considerará la contienda verbal sostenida entre Sardaniel Huámbar Lordigo (protagonista) y su amada Aledaida. En el presente trabajo, primero se desarrollan los conceptos básicos del insulto y del tratanakuy, luego se procede con el respectivo análisis, en este punto se traducen literalmente los improperios y después se explica el sentido de los mismos. Cuando hablamos del tratanakuy, no nos limitamos a los términos puramente insultantes, sino a toda una serie de palabras y expresiones que, en un determinado contexto, poseen una intención hiriente o degradante por parte del hablante.

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Alfredo F. Villar Lurquin. “Huámbar: el carnaval frente al canon”, 2011

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1. EL ARTE DE INSULTAR Y El TRATANAKUY 1.1. Definición del insulto Un insulto es una palabra o expresión que es utilizada por el emisor con la intención de lastimar u ofender a otro individuo, o que es considerada por el receptor como tal. Generalmente el insulto es una práctica social desaprobada y rechazada. Con frecuencia el insulto se refiere a la sexualidad, a los progenitores, apariencia, discapacidades físicas o a las capacidades mentales de la persona a quien se dirige el insulto, en resumen cualquier cosa que pueda ofender o molestar al que va dirigido2. De acuerdo con Da Riva (2007: 28), en el hecho de insultar intervienen tres aspectos: a. El trasfondo social: Los insultos son termómetros culturales muy

precisos. Lo que se reprocha en el fondo es ni más ni menos lo que la cultura rechaza y lo que las normas sociales desaprueban. Los insultos, como radiografías de lo socialmente loable e inventarios de las conductas y de la mentalidad de una cultura, ilustran mejor que cualquier otro tipo de

fenómeno la forma que tiene un pueblo de ver y comprender el mundo que le rodea. Es innegable el componente cultural, espacial y social de los insultos, pues lo que es denigrante y ofensivo en una cultura, lugar o región concretos, en un grupo social preciso, no tiene por qué serlo en otro. Es imposible separar los insultos de la cultura que los crea y utiliza. b. La intención hiriente: El fin último del insulto es degradar, herir o vejar. Para ello se pueden utilizar términos que en principio carecen de un significado básico insultante, pero que, ensamblados en un

determinado contexto, adquieren el valor de improperios. De la misma manera, el uso de expresiones originariamente insultantes con intención no denigrante, nos tiene que poner en guardia a la hora de lanzar apresuradas interpretaciones sobre lo que significan las palabras por sí mismas.

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http://es.wikipedia.org/wiki/Insulto

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c. La liberación emotiva: Los insultos son un mecanismo de defensa, constituyen un acto de irreverencia e iconoclastia, desmitifican. Quizás una de sus funciones fundamentales sea la de liberar la emoción, la irritación, son en definitiva “ una válvula de emoción” . Así, el insulto resulta ser una triada que provoca placer y “liberación” a quien lo profiere, hilaridad a quienes se identifican con tal o cual insulto, y enojo al blanco al cual va dirigido, produciéndose una suerte de espejismo de la palabra. El insulto puede revertirse contra quien lo emite, en una suerte de borramiento, pero como dice la frase popular: “Palabras sacan palabras”, la reacción ante un insulto, aunque tardía, es la réplica. 1.2. El arte de insultar No es necesario agredir soezmente a una persona cuando se la insulta. Hay todo un arte en algunos insultos exquisitos que logran que la persona insultada no se enoje, sino que se avergüence, se calle o se paralice por el insulto. No es necesario, por eso, la grosería. El arte de insultar; sin embargo, es complicado y no está al alcance de cualquiera. Todos los días vemos y escuchamos por doquier insultos innobles, chabacanos, inoportunos, innecesarios o vulgares. Pero un insulto de calidad, bien pensado, utilizado en el momento oportuno y con profesionalidad, hace más efecto que mil insultos mediocres. Un buen insulto puede dejar al insultado en una situación tan humillante que no le quede otro sitio al que ir que el “infierno”, mientras que un mal insulto puede rebotar y volverse contra el que lo profiere. Existe, no cabe duda, un arte de insultar; pues no se ha de creer que el insulto tiene que ser necesariamente algo malo o innoble, que se puede insultar con nobleza y con valor. A la hora de insultar, importa tanto la forma como el contenido, y un insulto bien formulado puede ser efectivo incluso si su contenido es mediocre. Respecto al insulto en sí, podemos distinguir dos clases: los que utilizan recursos estilísticos y los que no los usan. “Gordo de mierda” o “Eres un maldito inútil” son ejemplos de insultos puramente descriptivos, que no utilizan ningún recurso estilístico. Evidentemente, éstos son insultos toscos: quedaría mucho mejor, para estos casos, algo como “eres tan feo que cuando naciste tu padre buscó la cámara oculta” (hiperbólico) o “eres más inútil que los intermitentes de

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un avión” (comparativo). Si se quiere insultar de modo elegante, el símil, la metáfora y la hipérbole tienen que estar entre nuestros recursos. 1.3. El tratanakuy Ahora bien, el arte de insultar, como una expresión de la oralitura, se cultiva en el mundo andino, sobre todo se manifiesta en algunas festividades de carácter costumbrista, donde sus habitantes, haciendo uso de su ingenio satírico, profieren injurias muy jocosas e hirientes contra sus enemigos; en este caso emplean su lengua nativa que es el quechua. Este insulto popular de la sierra peruana, recibe el nombre de tratanakuy. El tratanakuy, conocido también como kaminakuy (en el cusco) es un término híbrido que deriva de: "tratay" que se traduce por "insulto", y "tratanakuy", "insultarse mutuamente". Las partículas "na-kuy" después de la raíz "trata", daría el significado de "dime que te diré". En tal sentido, el tratanakuy es originalmente “una contienda ritual de insultos que se festeja en la noche de San Juan en las provincias de Huamanga y Andahuaylas. Dos participantes se cubren verbalmente de “excrementos” o se insultan mediante metáforas sexuales” (Lienhard 1990: 132). En esta costumbre andina, se emplea constantemente el tropo comparativo o metáfora, aparentemente hirientes y mordaces, sin embargo jamás provoca fricciones entre los interlocutores. En esta riña verbal se toma en consideración el color de la piel, el apellido, el lugar de procedencia, la contextura física, el comportamiento, etc. El objetivo del tratanakuy consiste en disminuir al competidor y dejarlo mal parado delante del público; esto es la concepción y el significado del triunfo en cualquier duelo (y no sólo verbal o rimado, también puede verse en competencias de danza que impliquen una progresión de desafíos, como en los danzantes de tijeras) sea cual sea el contexto en el que se dé. He aquí algunos ejemplos de esta contienda verbal3: - ¡Mama Genovebapa chili gallon paqla siki warmi! (¡Tienes el poto pelado como el gallito peleador de doña Genoveba!).
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Estos ejemplos fueron extraídos del artículo: La danza de las tijeras en Parinacochas, de José Carlos Vilcapoma.

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- i Upalla raka sapa: Mama Genovebapaq ñuñun hina lapsa siki runa! (¡Cállate! Mujer de pronunciado sexo. ¡Tú tienes el poto flácido como los bustos de mamá Genoveba!). - Uyariq china kuchi: Mama Manoylapa wasin suarusqa hina vacío raka, opa. (Escucha esto china chancha. ¡Tienes la vagina vacía como la casa robada de doña Manuela!). - Uyariq bordón simi: Mama Manoylapa yana mankan pakisqa rakayoq, ¡india! (Escucha mujer de voz ronca: ¡India, tienes el sexo como la olla rota de doña Manuela!). Precisamente, esta contienda verbal cargado de injurias se manifiesta en la novela satírica titulada “Huámbar poetastro Acacau Tinaja” del escritor andahuaylino Juan José Flores, que fuera publicada en 1933. Esta obra es una novela de lenguaje festivo, irreverente y carnavalizado y por lo tanto es algo inédito en la literatura peruana de la época. El carácter festivo y carnavalesco de Huámbar se expresa a través de algunos mecanismos de producción: los sobrenombres o apodos estigmatizados, burlas, adivinanzas o huatuchis y el tratanakuy o insultos; este último constituye el mecanismo que interesa para el presente trabajo. 2. LA EXPRESIÓN DEL TRATANAKUY EN HUÁMBAR Buena parte del diálogo entre Huámbar y Aledaida está lleno de insultos rituales y carnavalescos que en los andes tienen una tradición y que reciben el nombre de “tratanakuy” o competencia de insultos donde el contendor tiene que imaginar un injuria mayor que la de su oponente, esto con la finalidad de disminuirlo y dejarlo mal parado delante del público. Así, los insultos satíricos en Huámbar, empiezan a manifestarse desde los primeros capítulos. Por ejemplo, en el capítulo 9 cuyo título es “La borrachera en su punto”, Huámbar , al ver que el alcalde y el juez de paz discutían acaloradamente de asuntos políticos, se entromete con la finalidad de calmar los ánimos; pero lo único que consigue es la siguiente injuria de parte de las autoridades: -“Qué sabes tú, qipa wiñaq ñuti sinqa” cuya traducción y sentido en el español sería: Que sabes tú, mocoso e inexperto; en otras palabras, le están diciendo que no se inmiscuya en asuntos políticos, porque él, como neófito, no lo podría entender. Asimismo, en el capítulo 36 cuyo título es “Un encuentro impensado”, Juliana, la antigua pareja sentimental de Huámbar, al ver que éste era trasladado atado

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de manos, le lanza el siguiente improperio: “Imataraq kayqa ruramuchkan, suwa kuchi hina watasqa apachikamunanpaq”, cuya traducción y sentido vendría a ser: “Que cosa estará haciendo éste, para que se haga llevar atado como un chancho ladrón”. En este insulto, se observa el empleo del símil, un recurso literario, que sin duda, le da mayor expresividad e impacto al improperio, pues Huámbar es comparado con un cerdo; es decir, que se le está catalogando de un hombre ladrón. Sin embargo, el tratanakuy propiamente dicho, se hace evidente en el capítulo 78 “Los insultos y la paliza” , donde una vez descubierta una infidelidad de Huámbar, Aledaida huye de él y se busca una nueva pareja con un representante oficial y estatal de la “ley paterna” como es el “cachaco” llamado Cornelio Vergara. Huámbar intenta recuperarla y va a buscarla a su nueva casa donde ocurre el siguiente diálogo:
-¿Aledaida Querida? -¿Sardaniel aborrecido? -¿Qué haces allí que no te recoges a tu casa en tantos días? Para broma, basta, vámonos. -¿Broma? ¿Eso llamas tú broma? “Cada noche me estoy mandando hacer” (sapatutan rurachicuchcani) -¿Y qué son tus zapatos que estaban casi nuevos? -¿Qué calzados nuevos he tenido yo? “Tu cara también había habido todavía” (uyayquipas casccaraccme) para hablarme de zapatos nuevos, “no que se avergüenza cuero cara” (mana penccacocc, ccara uya). -Silencio, grandísimo “andador aire” (puricc huayra) “tu seco de leñar te derramas” (chaquiqui yantarcconamantam, usunqui) -Retírame de aquí” (asuhuay caymanta) “desuella trasero” (lluchi siqui) “que cosa también me haré” (Imatapas rurarusacc) ¿”para mi ají, para mi sal, tú gente has sido”? (uchupacccho, cachipaccho ccam runa carccanqui), “lo que me he desperdiciado, me he desperdiciado contigo” (ususccaytam usurccani ccamhuancca). -Qué tal insolencia de esta mujer “dos trasero” (iscay siqui), “picante cabeza” (hayacc uma). Sal de allí y vámonos, o te rompo las costillas. -“Cállame allí (opallahuay chaypi), “olla cabeza” (manca uma), “mazamorra seso” (api ñotcco), “prefiero estar con uno, con uno” (huchuan, huchuam), antes de volverme a unir contigo. - No lo que agarres hables (ama hapisccaykita rimaychu) “con recuerdo hablate” (yuyawan rimakuy), 4 “rajada cabeza” (raccra uma) .

Como se observa, el narrador-personaje solicita a Aledaida en tono irónico, no exento de ternura, a que abandone la casa donde está refugiada y que deje de hacer broma. Pero, ella responde aún con más carga irónica y humor: “Sardaniel aborrecido”. Pero la estrategia del habla subalterna de Aledaida está en usar los elementos más sutiles de la lengua dominada, en este caso el

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Este fragmento de la novela Huámbar poetastro acacau tinaja corresponde a la edición príncipe de 1933.

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quechua, para burlarse y cuestionar aún más a su opositor, en este sentido Aledaida usa con ambigüedad y polisemia deliberada diversas frases. En este punto cabria mencionar que: “el insulto no es sólo una cuestión de elección de palabras, pues al significado básico del término elegido se le unen el énfasis y la intención hostil del que insulta, eso es lo que crea el significado secundario hiriente. En efecto, los insultos, como cualquier otro fenómeno lingüístico deben ser estudiados desde un punto de vista pragmático” ( Da Riva: 2007); de esta manera, la frase “Cada noche me estoy mandando hacer”, es un segmento lingüístico que resulta de la traducción literal de la expresión quechua: “(zapatutam rurachicuchcan)”, y que aparece escrita entre paréntesis. Este enunciado ofrece doble lectura: por un lado, Aledaida se mandaba hacer zapatos, lo cual no es cierto porque la expresión es ambigua; por otro lado, tenía relaciones sexuales todas las noches con el policía Cornelio Vergara, supuesto rival pasional de Huámbar. Esto se sobreentiende por el proceso de contextualización verbal y extraverbal. En efecto el vocablo «zapatutam» es una palabra híbrida y aglutinada, de estructura quechua que alude al acto sexual «cada noche» y nada tiene que ver con hacer mandar zapatos (Flores Ccorahua: 2008). Esta parte del dialogo termina con la consecuente burla de Aledaida quien recuerda las penurias económicas que padecía con Huámbar recordándole: “¿qué calzados nuevos he tenido yo? “Tú cara también había habido todavía” (uyayquipas cascaraccme)”. De ahí vienen una serie de insultos rituales, la mayor parte de las veces metafóricos y de rica polisemia entre ambos “contrincantes”. Huámbar decide aludir a la ligereza sexual de Aledaida diciéndole frases como: “andador aire” (puricc huayra) que puede ser traducido como “callejera”, “dos trasero” (iscay siqui) o “picante cabeza” (hayacc uma) que aluden a la volubilidad y a la inestabilidad. Pero por su lado Aledaida le reprocha a Huámbar su desvergüenza “no que se avergüenza cuero cara” (qara uya) , que se puede traducir como “no tienes vergüenza caradura”, y su pobreza “desuella trasero” (lluchu siqui), pero sobre todo le reprocha su ausencia de responsabilidad económica al decirle: “¿para mi ají, para mi sal, tú gente has sido”? (uchupacccho, cachipaccho ccam runa carccanqui) que podríamos traducir como “¿acaso tú me has dado para mi ají o para mi sal?” lo cual más que una metáfora es una metonimia muy concreta que alude a la necesidad más

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urgente del ser humano como es la de su alimentación. Esta incapacidad de Huámbar para brindar el mínimo sustento material y económico a su pareja, Aledaida lo resalta con el insulto: “lo que me he desperdiciado, me he desperdiciado contigo” (ususccaytam usurccani ccamhuancca). Esta frase que también alude a una constante pobreza y penuria termina por cuestionar la identidad masculina de Huámbar quien responde a estos insultos con una amenaza de violencia diciendo imperativamente en el idioma de la dominación castellana: “sal de allí y vámonos o te rompo las costillas”. Como bien lo ha señalado Vich a partir de su análisis de los discursos del “amor cortés” callejero: “La agresividad aparece cuando el hombre ve desarticulada toda la identidad que había intentado construir y cuando fracasa en el intento de que ella lo reconozca como alguien” (Vich 2001: 135). Huámbar quiere imponerse nuevamente por la fuerza y agresivamente como amante de Aledaida, pero lo único que provoca es que ella siga “desconociéndolo” y despreciándolo por lo cual vuelve a recurrir a la metáfora y comienza a insultar la inteligencia de su antigua pareja con las frases “olla cabeza” (manca uma) y “mazamorra seso” (api ñotcco) que cuestionan aún más la supuesta “racionalidad” de su identidad masculina aludiendo por lo contrario a una cabeza hueca y a un cerebro sin forma ni inteligencia. Pero quizás la frase más emblemática y sorprendente sea aquella cuando le dice “prefiero estar “con uno, con uno” (huchuan, huchuam) antes que volver contigo”. Esta es una frase inimaginable para un personaje femenino en “la estructura de sentimientos” de la novela peruana de aquella época, ya que alude a una femineidad que es dueña de su sexualidad y que puede optar por las parejas sexuales que ella desea. Habrá que esperar muchos años en la literatura peruana para encontrar un personaje femenino con esta capacidad de autodeterminación y agencia (Villar: 2011).