HOSPITALES ZARAGOZANOS EN LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA Reelaboración a partir del libro de: ÁRCARAZO García, Luis Alfonso.

La Asistencia sanitaria en Zaragoza durante la Guerra de la Independencia Española (1808-1814). XIX Premio Los sitios de Zaragoza, 2004. Institución "Fernando el Católico". Zaragoza, 2007. El Hospital de Nuestra Señora de Gracia Entre la Plaza España, Coso y Calle Porcel y hasta la Plaza de los Sitios. Era muy grande y tenía su propio Jardín Botánico, posada para pasajeros, el Teatro era suyo y de allí obtenían rentas, un molino de aceite, graneros, talleres (yesar, tejas, ladrillos) además de iglesia y cementerio. Era grande, tenía varias salas agrupándose los enfermos según sexos o dolencias: calenturas de hombres y mujeres, dementes (hombres y mujeres), pobres, expósitos, parturientas, tiñosos o cirugía para hombres y mujeres. En total 472 plazas que podían aumentarse hasta 641, más 200 dementes, 600 expósitos, 80 tiñosos y 240 empleados. Todo hace unas 1.500 personas en total a las que había que alimentar, curar, regir con total eficacia. Había también un Hospital de Convalecientes o de Ntra. Sra. de la Piedad, que es donde iban a parar los enfermos que ya no lo estaban pero que no podían reincorporarse aún a su trabajo y no tenían medios para volver a sus casas. No eran más que unas estancias sin mobiliario (vajilla, ropa de cama) baños ni comida. Se encontraba donde hoy está el actual Hospital Provincial. Fundado en 1677. Hospital de Peregrinos En la Plaza del Carmen, fundado en 1466 y regido por una cofradía. Hospitalico de Niños y niñas Huérfanos. Fundado en 1543. En el Coso y junto a la calle Palomar. Dependía de la Casa de Misericordia (hoy Edificio Pignatelli) que era donde se acogían a los huérfanos pobres y de baja condición social. Éste en cambio era para niños que no fueran pordioseros ni hijos de prostitutas, penados, etc. Acogía unos 80-90 niños. Durante los Sitios ante la imposibilidad de trasladarlos a Huesca, se vieron inmersos en los combates que asolaron este barrio en junio de 1808 y en febrero de 1809, muriendo casi todos por la epidemia y el hombre. De unos 90 no sobrevivieron más que 16. Casa de la Misericordia. En ella se recogía a los niños "expósitos", es decir, abandonados por sus padres, fuera porque la madre era soltera, porque no podía mantenerlo, o cualquier otra razón más ligada en aquella época a cuestiones sociales y económicas que a otra cosa. También se ingresaba en ella a los viejos que no tenían quién les cuidara, mendigos, vagabundos, y pequeños delincuentes. Las ideas ilustradas habían promovido un programa "reformador" de estas personas, consideradas "inútiles" para la sociedad, de manera que se les enseñaba un oficio y con ello se intentaba que se reintegraran a la sociedad. Los acusados de delitos más graves - sobre todo los hombres - iban a presidio, es decir, a la cárcel o a trabajos forzados construyendo edificios, carreteras, canales, etc. o se les enrolaba a la fuerza en el Ejército o la Marina (allí la disciplina era muy dura, y cualquier desmán era castigado con azotes o incluso con la muerte: Ej. al oficial que rindió el puesto de Torrero en el er Sitio se le juzgó traidor por no haber permanecido allí hasta la muerte, siendo fusilado). En cuanto a las mujeres delincuentes, se las recogía en la "Casa Galera" donde se las sometía a un durísimo programa de trabajo diario y se la intentaba reformar de su vida - muchas de ellas eran prostitutas - mediante la religión, pero enseñada por la fuerza. En Zaragoza la Casa Galera era la Cárcel de Mujeres que estaba en la Calle Predicadores. La Casa de la Misericordia se sostenía económicamente, entre otros recursos, con los beneficios obtenidos de la Plaza de Toros de Zaragoza (que por eso se la llama "Coso de la Misericordia"). De esta forma, los ilustrados, que teóricamente rechazaban la fiesta de los toros por cruel y sangrienta - en aquella época muchísimo más que hoy - y propia sólo del más inculto populacho, podían acudir a los toros - a la mayoría les encantaba, a pesar de lo dicho - con una intención "caritativa" que justificaba su asistencia.

HORARIO DEL HOSPITAL: se iniciaba a las 4 de la mañana (dormían unas 6 horas). A lo largo del día se visitaba a los enfermos y se les daba de comer, se les curaba y limpiaba la estancia. A los que guardaban dieta se les suministraba un caldo cada pocas horas (hora y media) A las 6 los boticarios subían las medicinas y avisaban a los médicos y cataplasmeros. A las 7 cura general y barrido de salas 8 horas los médicos pasan visita y recetan las medicinas Caldo para los que están a dieta, los sangrados, purgados y los que habían tomado vomitivos. 9,30 se reparte la comida: pan, huevos, vino y caldo para los adietados 10 horas: los enfermeros y las Madres recogen la "carne" de la comida, que la sobreasarán cada uno en los hornillos que había en cada una de sus salas. La carne era elemento imprescindible para sanar, así se consideraba y era lógico en una época en la que la falta de alimentos y sobre todo de proteínas era constante entre la población socialmente desfavorecida, que eran los que terminaban en el Hospital. Los enfermos comen a continuación y toman sus medicinas. Después come el personal del hospital. Éste estaba compuesto de mancebos y asistentes, tablajeros, enfermeros y cataplasmeros, y a las 12 los curas y los médicos. Luego se cerraban las ventanas y se dormía la siesta hasta las 14 h., en que los médicos hacían una segunda visita. A las 15 h. se limpiaban las salas, se mudaban las camas. A las 16 h. se daban de alta a los enfermos que podían irse. 18 segunda comida del día: pan, caldo y huevos con vino. Los médicos velantes pasan revisión de los enfermos que empeoraban, y un chico iba anotando aquellos que necesitaran la extremaunción. La última revisión médica se hacía a las 20,30. A las 22 empezaba el horario nocturno, con médicos velantes y personal de guardia, que se repartía en dos tandas que se relevaban a la 1 de la madrugada. De forma periódica se humedecen los vendajes, se sube agua del aljibe y se tiene orden de cambiar la cama o las ternas de los pacientes que se hubieran ensuciado. Como no había baños ni agua corriente una de las principales incomodidades del hospital eran los olores, tanto de los enfermos como de los orinales ("vasos comunes") que cada uno tenía, cuyo contenido no se recogía más que una vez al día, cuando empezaba el horario. No era infrecuente meter a dos enfermos en la misma cama. En el Hospital como era corriente en la época, se rezaba a diario. A los enfermos ingresados se les confesaba de inmediato pues se pensaba que la enfermedad podía tener un origen pecaminoso. Los empleados llevaban una disciplina estricta. No podían abandonar su puesto ni el Hospital bajo pena de sanciones o despido. En el Hospital se impartían clases: un chico que ingresaba de "mancebo" podía ascender de categoría mediante un sistema de exámenes que se realizaban todos los años. Primero era nombrado practicante (una especie de ATS) y luego cirujano. LOS HOSPITALES DURANTE LOS SITIOS El Hospital de Gracia absorbió hasta el triple de su capacidad, las teóricas 700 camas se convirtieron en agosto de 1808 en más de 2.100 enfermos, aunque no se sabe si por el método de encamar a dos enfermos por cama o dejándolos con colchones en el suelo. (En esa época una cama "de hospital" constaba de colchón, jergón (parte en la que apoya), cabezal, sábanas, manta, tablas y bancos (que componen la estructura de madera) El día 3 de agosto el Hospital de Ntra. Sra. de Gracia fue bombardeado y destruido por los franceses. Hubo que sacar a cuantos enfermos se pudo y trasladarlos en un primer momento a lugares particulares. Los que más sufrieron fueron los locos, a los que por estar encerrados no se les pudo rescatar con prontitud y terminaron sueltos, vagando por donde podían. (No sólo se perdió el edificio en sí, sino el material sanitario, bienes, alimentos, ropa, archivos, etc. Además todo el personal que vivía allí (y eran 240¡) se quedaron sin vivienda ni recursos pues nadie pudo seguir cobrando su salario.)

Al finalizar el primer Sitio, los enfermos del Hospital son trasladados: los militares a la Casa de la Misericordia y los civiles al Hospital de Convalecientes (Hospital Provincial hoy). Cuando se declare la epidemia de tifus, y ante la avalancha de enfermos, el militar se desdobla y los heridos por la guerra van al Hospital de Sangre de San Ildefonso (luego será Hospital Militar hasta la construcción del actual, en la Vía Ibérica) y los civiles se quedan en el Hospital de Convalecientes (futuro Provincial). Hubo una permanente falta de personal sanitario, sobre todo practicantes y cirujanos que eran los que más podían asistir a los heridos en la guerra. Muchos habían abandonado la ciudad, y otros tomaron las armas en vez de servir como sanitarios. Por el contrario, las Hermanas de la Caridad no sólo cuidaron enfermos en el hospital sino que se trasladaron a las zonas de enfrentamiento para asistir y evacuar a los heridos o muertos, junto con gran cantidad de mujeres que realizaron un trabajo logístico de primer orden. De las 21 Hermanas que había antes de la guerra, murieron 9 de enfermedad y privaciones. También participaron, sobre todo en el segundo sitio, los barberos, que en aquella época no sólo afeitaban sino que realizaban sangrías (una práctica que se consideraba muy saludable cuando la sangre era "demasiado recia"), curaban diversas heridas, suturaban, reducían luxaciones o fracturas o extraían piezas dentales. También participó al menos un curandero que sepamos, puede que fueran más. Fue novedoso el sistema de trasladar a las zonas de combate los "aparatos de cirugía" con que asistir en primera instancia a los heridos, decidiendo luego si se reincorporaban a la lucha o eran trasladados al hospital. Este sistema, ordenado por el Marqués de Lazán, fue un anticipo de casi un siglo de lo que realizará la Cruz Roja. Hay que tener en cuenta que buena parte de los muertos lo eran porque se desangraban en el camino hasta el hospital. Al finalizar los Sitios, el Hospital de Convalecientes pasará a denominar propiamente al de Nuestra Señora de Gracia. El de la Misericordia (hoy Pignatelli) pasará como hospital militar al de San Ildefonso, recuperando la Casa de la Misericordia su primitivo cometido de hospicio. LA EPIDEMIA Al parecer se trataba de tifus exantemático, una enfermedad transmitida por el piojo de la ropa. Al comienzo la Junta de Sanidad creada en la ciudad no quiso reconocer la situación de epidemia, achacando la situación de los enfermos a un mal moral una especie de desmoralización que achacaba a la gente más débil de caracter. Es posible que con ello quisieran evitar el pánico y el abandono de la ciudad, pero con ello frenaron tda posible medida preventiva, si es que se podía llevar a cabo. La enfermedad aparece bruscamente, tras incubarse unos 12 días. Los síntomas progresivos son: fiebre muy alta, alteración del estado general, dolor de cabeza, y de los miembros y extrema postración, cara abotagada, conjuntivitis y fotofobia. También se suele presentar laringitis y incluso bronquitis. Luego surge por todo el cuerpo un exantema (erupción rojiza) que puede provocar hemorragias pequeñas. Si el paciente empeora comienzan las alteraciones nerviosas, inquietud, agitación, delirios y alucinaciones. La muerte suele producirse entre la segunda y tercera semanas, bien por bronconeumonía, problemas cardiacos o coma). La población achacó la enfermedad (no sabían cuál era) al exceso de tropas en la ciudad. Es cierto que tiene relación pues el hacinamiento y las malas condiciones higiénicas fueron el caldo de cultivo más adecuado para la propagación del tifus. También lo achacaron a la mala calidad del rancho (la falta de alimentación desde luego contribuye a un empeoramiento), la suciedad general. etc. Hay que decir que en esta época la mayor parte de las enfermedades estaban sin identificar. No se sabía el por qué de los contagios: se pensaba que era el aire "fétido" (olor a podrido) el que provocaba el contagio. Por esto, se intentaba huir de la suciedad, alimentos en mal estado, cadáveres, etc. y se intentaba prevenir el contagio aireando los lugares "infectados", o perfumándolos con olores agradables. También se procuraba no respirar ese aire y usaban máscaras o

NÚMERO DE BAJAS En el 1er Sitio murieron unos 3.500 por cada bando. En el 2º Sitio, hubo unos 54.000 muertos españoles a partes iguales civiles y militares (más que toda la población de Zaragoza antes de empezar los Sitios), casi todos de tifus: 48.000, sobre una población total de unos 100.000 (civiles y militares a medias aproximadamente). A Ellos se sumarán otros 8.000 muertos después de la capitulación. Cuando entraron los franceses, había unos 6.000 cadáveres insepultos por las calles de la ciudad y 13.000 enfermos.