NÚMERO 1. PRIMER QUADRIMESTRE DE 2008.

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SUMMARI 3 Tractat de l’Aigua. Revista Valenciana Interdisciplinar de l’Aigua: Una presentación.
Vicent Franch i Ferrer. Professor de Ciència Política i de l’Administració. Universitat de València (Estudi General). Director Tractat de l’Aigua.

13 CONTRIBUCIONS AL TRACTAT DE L’AIGUA GEOGRAFIA DE L’AIGUA 14 La evolución de las precipitaciones en las regiones geográficas de Valencia y Murcia.
J. Quereda Sala, E. Montón Chiva, y J. Escrig Barberá. Estación de Climatología Aplicada (Universitat Jaume I).

24 Perturbaciones climáticas al Ciclo Hídrico en la Cuenca Mediterránea Occidental: Origen y Propagación a Escalas Regional-Europea y Global.
Millán M. Millán. Dr. Ingeniero Industrial, Ph.D. Director Ejecutivo de la Fundación CEAM. València.

ARQUITECTURA DE L’AIGUA 34 Construir l’aigua. Sobre l’arquitectura hidràulica i les hortes històriques enteses com una de les belles arts.
Enric Guinot. Catedràtic d’Història Medieval. Universitat de València (Estudi General).

46 Los embalses de la cuenca del Júcar.
Francesc E. Franch i Ferrer. Ingeniero de Caminos Canales y Puertos. Confederación Hidrográfica del Júcar.

DRET D’AIGÜES 54 ¿Son los contratos de cesión de derechos y los bancos de agua instrumentos convenientes para mejorar la gestión del agua?
Joaquín Melgarejo Moreno, Mª. Inmaculada López Ortiz. Departament d’Anàlisi Econòmic Aplicat. Universitat d’Alacant.

ADMINISTRACIÓ DE L’AIGUA 62 Nuevas formas de reasignación de caudales. Especial atención a los bancos públicos de aguas.
José A. Comos Guillem. Licenciado en Derecho. Director de la Fundació Aigua i Progrés de la Comunitat Valenciana.

ANTROPOLOGÍA DE L’AIGUA 72 El valor patrimonial universal dels regadius històrics valencians: el Palmerar i la Séquia Major d’Elx.
Luis Pablo Martínez. Llicenciat en Geografia i Història. Direcció General de Patrimoni Cultural Valencià i Museus.

83 ACTUALITAT DE L’AIGUA BIBLIOGRAFIA DE L’AIGUA 85 Regadiu i usos de l’aigua en l’àmbit valencià.
Salvador Vercher i Lletí. Llicenciat en Història. Arxiver de l’Ajuntament d’Alzira.

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Director: Vicent Franch i Ferrer Contacto: franch@tractatdelaigua.com www: tractatdelaigua.com Edita: Fundación de la Comunidad Valenciana. Agua y Progreso Guillem de Castro, 65-17ª. 46008 Valencia Tel. 96 315 41 26 - Fax 96 315 40 95 www:aguayprogreso.com Consell de Redacció: Francisco Cabezas Calvo-Rubio, José Alberto Comos Guillem, José Quereda Sala, Enric Guinot, Antonio Manuel Rico Amorós, Joaquín Melgarejo Moreno, Salvador Vercher i Lletí, Lourdes Castelló, Luis Pablo Martínez Sanmartín, Josep Lluís Gil Cabrera, Vicent Gil Vicent, Xavier Marí Cerezo. Escriuen en este número: Vicent Franch i Ferrer, José Quereda Sala, Enrique Montón Chiva, José Escrig Barberá, Millán M. Millán, Enric Guinot, Francesc E. Franch i Ferrer, Joaquín Melgarejo Moreno, Mª Inmaculada López Ortiz, José Alberto Comos Guillem, Luis Pablo Martínez, Salvador Vercher. Fotografies: Redacció de Tractat de l’Aigua Maqueta: Backspin Imprime: LAIMPRENTA CG Ciudad de Cartagena, 2A 46988 Pol. Ind. Fuente del Jarro Paterna (Valencia) Tel. 96 134 12 77 - Fax 96 134 03 82 ISSN: En trámite. Depósito Legal: V-912-2008 Número 1. Febrer de 2008. Foto de coberta: Font pública a la Plaça de Dins d’Aín

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Imágenes como ésta llaman nuestra atención sobre el compromiso solemne que debemos suscribir con la naturaleza. En la foto, el Pozo Negro, en algún lugar de la Serra d’Espadà.

Tractat de l’Aigua. Revista Valenciana Interdisciplinar de l’Aigua: Una presentación.

Vicent Franch i Ferrer
Director de TdA
En la base del Nilómetro de El Cairo

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El lector tiene en sus manos la primera entrega de la concreción de un viejo y anhelado sueño personal. Hace más de veinte años, en un momento donde empezaba a primar la hiper especialización de las diferentes ciencias y se hacía evidente el proceso de autismo de los campos del saber, llevado quizás por esa pulsión que unos amigos calificaban como de enciclopedismo, y otros, de manera más ajustada, de pasión por la hibridación ensayística diseñé un ambicioso proyecto investigador con el que encerrarme para el resto de mis días.

La pasión personal fraguada en una mezcla de tradiciones familiares, vivencias de la infancia e interés por determinados campos de las ciencias de la naturaleza, de la historia y de la propia realidad geográfica valenciana me llevaron a la convicción de que quizás podía convertirme en modesto émulo de Diderot, de d’Alembert, de Panckouke y de todos aquellos que hicieron de L'Encyclopédie, ou Dictionnaire raisonné des sciences, des arts et des métiers (publicada entre 1751 y 1780 en 21 volúmenes de texto, 12 volúmenes de láminas y 2 volúmenes de índice general, con un total de 71.818 artículos y 2.885 ilustraciones) un compendio del saber más novedoso de su época, encerrándome en algún lugar ad hoc (un monasterio, un hotel de montaña, quizás una alquería recuperada en el término municipal de mi ciudad natal, Borriana, o quizás, en aquel paraje que andaba buscando desde hacía años y que finalmente encontré en un pequeño pueblo del interior de la Serra d’Espadà, que por su propio topónimo, Aín (fuente, agua, en árabe) denotaba que el destino me estaba preparando para un bautismo de agua, que era, en definitiva el objetivo de aquella indisimulada querencia. Pensaba que sería capaz de encerrarme pronto en ese lugar innominado a recoger pacientemente materiales para escribir y luego editar un particular Tractat de l’Aigua en el que ofrecer de modo completo y exhaustivo todo aquello que se encontrase en la línea transversal que recorre el binomio agua/ámbito valenciano. Pretendía tomar como ejemplo la obra de los ilustrados franceses y ordenar todas las voces que comprendiesen ambos contenidos y empezar a llenar carpetas para luego escribir artículos sobre esto y aquello, que iría publicando o bien de acuerdo con el orden alfabético de los mismos, o bien clasificados en volúmenes por materias siguiendo las pautas del propio Charles-Joseph Panckouke, sucesor de Diderot en la dirección de la obra, que pocos años más tarde de aparecer el último volumen de L’Encyclopédie (1780) amplió aquella ordenando sus contenidos por materias y no alfabéticamente. El Tractat de l’Aigua, pues, era muy ambicioso y/o quizás quedaba demasiado anclado a los residuos de romanticismo que siempre quedan en el alma de quienes hemos crecido rodeados de acequias, pozos, cisternas, motores de extracción de aguas y que todavía hemos conocido en funcionamiento sénies, cadufs, o molins d’aigua en nuestro entorno más inmediato y disfrutamos de la magnífica joya que fue ser niños con río enamorados de tolls, Marededéus que venien del fons de la llacuna, rajolins, clots, ulls, senillars, marjals, tandes, braços o filloles, o bien, decía, podía convertirse en un proyecto imposible si quería abordarlo todo, a fondo, y sin concesiones. El mismo ejemplo del proyecto ilustrado francés y la irrupción imparable del futuro del agua como bien de primera necesidad amenazado seriamente por la sobreexplotación del recurso, la escasa atención a su recuperación una vez usada y el amenazante cambio climático, unido a la acelerada desaparición en muchos lugares de este pequeño país mediterráneo de culturas ligadas a usos ancestrales del agua, me animaron

La nieve, la fuente, y el agua de mar domesticada, tres imágenes para un propósito. En la foto superior, nieve sobre almendros en la Serra d’Espadà; en el centro, fuente de dos caños en el pequeño pueblo montañés de Aín; abajo, una vista parcial desde tierra del Port de Borriana.

a cambiar de estrategia, habida cuenta, además, de que encontrar un esponsor para un proyecto personal de éxito tan incierto dictaba a la prudente reconversión del mismo. Por eso decidí transformar el Tractat en un lugar de encuentro donde los diferentes especialistas aportasen sus trabajos para convertirlo en un foro permanente y con voluntad de permanencia donde reunir a los científicos, a los soñadores, a los nostálgicos de lo que fue, y a los que se ocupan en lo que habrá de ser, a resignados pesimistas y a altruistas de convicción, para poder ofrecer un conjunto de reflexiones que puestas en común denoten la riqueza, importancia y papel que el agua juega en nuestras vidas, la que ha jugado en nuestra configuración como pueblo específico hoy autogobernado como Nacionalitat Histórica en el marco de la Constitución de 1978, y la que inevitablemente va a jugar en nuestro futuro. Este Tractat de l’Aigua que ahora presento reunirá, pues, en sus páginas trabajos relacionados fundamentalmente y específicamente con el contenido del binomio agua/ámbito valenciano, es decir, que no va a suplantar ni a competir con las revistas especializadas cuyo cometido alcanza al sujeto ‘agua’ en sus dimensiones universales o científicas, o en la ubicación estricta de un ámbito técnico. Al centrarse como objetivo esencial en ese binomio incluirá trabajos donde ambas realidades estén aseguradas. No vamos a publicar trabajos sobre los grandes ríos del mundo, o sobre las particularidades del Mar Muerto, o sobre las características del primitivo y legendario sistema de gestión de las aguas de riego en la antigua Mesopotamia, o sobre el derecho al agua en los oasis de los desiertos magrebís, porque, por una parte, sería excedernos del objetivo marcado, y, por otra, porque el desarrollo temático del binomio de que hablamos da lo suficiente para llenar el índice del Tractat durante por lo menos dos décadas. Es objeto de TdA tratar, recoger investigaciones y presentaciones donde lo general –el agua– viene aplicado a lo concreto –a nuestro pequeño país y sus particularidades–, y ello supone que debemos acotar el Agua en las pertinentes Áreas Temáticas para poder distribuir, después, las tareas entre especialistas e investigadores de cada una de las materias. Como Panckouke, prefiero la ordenación temática a la alfabética, y por ello, aunque cada una de las Áreas Temáticas que presentará TdA pueda subdividirse en subáreas, e, incluso, algunos trabajos pertenecen, si se quiere ser riguroso, a más de un área, e, incluso, otros, pueden no encajar en ninguna de las áreas, he seleccionado un limitado número de áreas, sin ánimo de exhaustividad y con la reserva de poder perfilar unos criterios temáticos mucho más definidos con la intención de que los trabajos pedidos o recibidos puedan ubicarse en alguna de ellas sin excesivas dificultades. Las Áreas Temáticas de Tractat de l’Aigua Esta no es una enumeración que implique privilegios, y, desde luego, sólo es una de las que pueden confeccionarse, y la que, un poco como herencia de mi primigenio plan he recuperado para esta publicación.

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Denis Diderot

Cubierta de L’Encyclopédie

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En la Geografia de l’Aigua los contenidos a abordar son muy extensos: La descripción de las costas marítimas, altas y bajas, los diferentes parajes que la costa modela, las desembocaduras de ríos y barrancos, la acción de las culturas agrícolas en las costas, las fuentes de agua dulce, los manantiales, los ríos subterráneos, las corrientes de agua superficiales, los torrentes, los barrancos, los ríos, las gargantas que forman los ríos, el capricho de los meandros, la formación de las cuencas hidrográficas, los lagos, los humedales,... pero también es actividad relacionada con los geógrafos el estudio de la pluviometría, los climas del país, la tipología de las precipitaciones, las aguas de lluvia, las tormentas, el granizo, la nieve, la escarcha, las brisas y los vientos, la gota fría, las inundaciones y las sequías, la alimentación de los acuíferos y sus vicisitudes,... en fin, lo que modernamente ha venido en llamarse climatología.

tivar plantas y cosechar frutos se llevó el agua de donde discurría a su albur hacia los campos. Impedir el paso del agua mediante presas y muros y dirigirla, después, a lo largo de canales, acequias y nuevas cuencas hacia donde por su voluntad no iría, almacenarla en albercas, en balsas, o en pantanos con pretensión de lago o de mar, y guardarlas para ir derramándolas poco a poco en distantes lugares donde el laberinto de las acequias y los campos la esperan como un elixir de vida que es; sortear hondonadas, saltar barrancos y atravesar caminos mediante acueductos, artilugios sifónicos copiados de la naturaleza, supone una variedad de obras destinadas a fines domesticadores y de dominio Embridar las aguas del mar para hacerlas navegables, construir puertos en las costas, o en el interior de ríos generosos, encauzar aguas caprichosas e imprevisibles, evitar las co-

El contraste entre el territorio desertizado y el oasis avisa de los peligros que se ciernen sobre las comarcas del sur valenciano (en la foto un oasis tunecino).

Al agua, además, para su dominio, que es condición necesaria para su uso hay que domesticarla, reunirla, cercarla, evitarla, hacerle frente, darle salida, dirigirla,… y ello se ha hecho mediante técnicas donde la Arquitectura de l’Aigua se ha empleado a fondo en aplicar ocurrentes procedimientos primero y contrastadas técnicas científicas después para lograr esa nómina de pretensiones. Si la Geografia describe y estudia el agua en su dimensión, llamémosle, sin brida, en lucha con la tierra y con el aire, la Arquitectura opone a la naturalidad de las querencias del agua una disciplina dirigida a objetivos concretos. Para cul-

rrientes y pasar sobre ellas nos llevan a un apasionante mundo de formas y técnicas donde primero fue la tierra, después la piedra, y, finalmente, el hormigón invasor. Puentes, tajamares, túneles, escolleras, drenajes, corrientes marinas, movimientos de avance o retirada del mar por los efectos del implante en la costa de los puertos artificiales, los puertos naturales, las ollas donde fondeaban los barcos en la Antigüedad son la parte más visible y espectacular de la Arquitectura de l’Aigua. Pero no son menos interesantes aquellos modos de guardarse del agua: desde el simple paraguas a los tejados de teja árabe, desde los sistemas de drenaje de

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La modesta teja árabe constituye uno de los iconos para dominar las aguas pluviales (en la foto, un dintel de tejas encaladas en un pueblo del interior valenciano).

las avenidas e inundaciones a la evacuación de las aguas superficiales en los cascos urbanos la técnica ha aportado a la historia valenciana soluciones unas veces originales, otras, adaptando procedimientos de importación. Distribuir agua para el campo, o para el abastecimiento urbano ha tenido en tierras valencianas notables singularidades. La Arquitectura de l’Aigua en el ámbito valenciano es una fuente riquísima de datos, procesos y realidades que, ellos solos, darían material pertinente para llenar las páginas de nuestra revista. Si la Geografia describe y la Arquitectura constriñe, el apartado de los Usos de l’Aigua, nos lleva directamente a la finalidad, a los destinos que se le dan al agua. El agua tiene un destino inexorable en la tierra y en los reinos vegetal y animal, y su ciclo reina, o reinaba sobre el devenir de plantas y animales. La intervención del hombre ha puesto en peligro algunas inercias que creíamos aseguradas para siempre. La comunidad humana que construye artilugios frente al agua lo hace porque quiere asegurarse usos y evitarse sorpresas. El agua en la alimentación, el agua para la higiene, el agua para el riego, para la salud, el agua para producir energía, para la industria y la locomoción van llevándonos a parajes que se desdoblan hacia ámbitos concretos del devenir. Molinos hidráulicos, producción de energía eléctrica, máquinas de vapor, envasado de aguas para el consumo, propiedades de las aguas, fuentes especiales, aguas milagrosas, medicinales, calientes y frías, duras y blandas, cisternas capa-

ces de preservarlas sanas para el consumo, redes de plomo o de poliestireno, o de polipropileno para cada puerta, depósitos estratégicos que envían aguas a cada casa, o deportes que se han desarrollado gracias al agua. Aguas compañeras de guisos, aguas sobre el fuego y con fuego, cocciones y ebullición. Actividades depuradoras y desalinizadoras, y potabilizadoras; aquello que se aplica al agua para según qué uso y destino. Los usos generan modos de relación con el agua, y su dominio afecta lógicamente a la titularidad de unos y de otros sobre los caudales, los lechos de agua, las aguas que discurren en la superficie, las aguas quietas y las voraces, las del continente, las del vientre de la tierra por descubrir y las del mar; para todo ello, desde muy antiguo se hizo necesario un instrumento que fijara competencias, prohibiciones, preferencias, abstenciones y tabúes, el Dret d’Aigues; éste tiene entre nosotros una historia especial, y fue desde Valencia de donde costumbres y prácticas ancestrales sirvieron para ilustrar la primera Ley de Aguas de España. Los aprovechamientos, la naturaleza de la propiedad, la afectación de los predios a aguas distantes llevadas allí mediante surcos y heridas autoritarias en la tierra, los pleitos entre postores, los compromisos hechos ley inatacable, las formas de disfrute, la apasionante evolución de los conceptos e institutos que han perfilado esa vasta disciplina que une derecho y agua en una trama donde las culturas del Mediterráneo se

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Una vista del muro de cierre del pantano d’Ulldecona desde el embalse

conjugan, mezclan y confunden en instituciones propias celebradas en el mundo, como nuestra antigua Cort dels Sequiers (Mihalat al Suhur, en tiempos de sarrahins, Tribunal de les Aigües desde la época moderna). El Dret d’Aigües que viene de antiguo, la herencia de romanos y árabes, las normas de los pueblos ocupantes en la alegremente llamada Reconquesta, el genio propio de este pueblo nuestro dictado por la escasez y la perentoria necesidad de un orden garante alumbraron instituciones, reglas de reparto, sanciones, y también competencias sin prescripción hoy ya en discusión. Los conflictos entre usos a veces complementarios, a veces antagónicos, como los del riego y la producción de energía en ingenios atados a la caída sabia del agua dieron de sí especiales reglas que discernían sobre el mejor cumplimiento de las titularidades sobre las aguas. Pero ese Dret d’Aigües fue sometido, primero, a la prueba de la industrialización y del desarrollo, incluso se vio superado por el desigual desarrollo de las partes, el abuso de las existencias y la necesidad de ordenar nuevos conceptos para saber de quien son las aguas muertas después de consumidas por la vorágine de la urbe siempre sedienta; después, se volvió cicatero en pro del ahorro y la responsabilidad, y el agua se convirtió también aquí en un bien cada vez más escaso; y los pleitos de antes, que fueron eternos, son ahora el pan nuestro de cada día: guerras del agua las hay entre regantes y hoteleros, entre industriales y ecologistas, entre desarrollistas y conservacionistas; como si

de reliquias se tratase, albuferas y humedales han empezado a gozar de privilegiados Estatuts, y el Estado, y con él La Generalitat legislan decisiones hospitalarias para que esas y otras aguas no acaben áridas. Instituciones públicas ya legendarias acogen un acercamiento en pirámide de titulares y administradores de las aguas regidos por guardianes investidos de autoridad. Las Confederaciones Hidrográficas, las Mesas del Agua, los congresos donde se debate el ciclo integral, los aprovechamientos, las políticas de protección del agua, las pedagogías para el ahorro y buen uso del agua, y con ellas, el Plan Hidrológico Nacional, que fue como la Carta Magna del Agua, nos llevan a un ámbito desdoblado del tradicional Dret d’Aigües, el de la Administració de l’Aigua y las prolijas reglas vigentes en un ámbito tan amplio y apasionante para el futuro más inmediato, y con él, el de las Polítiques Públiques de l’Aigua. El agua, que sirve para el ritual del bautizo y la bendición en la cultura religiosa del país, bautizó también con su presencia los nombres propios de lugares y aldeas, cerros y vaguadas, hondones y roquedales, fértiles vegas y recónditas gargantas; hay pues una rica Toponímia de l’Aigua, un Onomasticon Acquae que rige secretamente lugares, incluso calles y casas de muchos sitios de la geografía valenciana; indagar en la etimología de esos centenares de nombres, ver a qué secretas razones obedecen topónimos donde el agua está presente, incluso cuando todo parece indicar que ya huyó de allí, que fue.

En algunas ocasiones, incluso, esos topónimos encierran significados que trascienden a la estricta denotación: cuando el agua se sacraliza, cuando a propósito de las aguas nuestros antepasados urgieron peregrinaciones, dedicaron salmos, personificaron en deidades y genios los parajes donde el agua prestaba trascendencia a la triste vida aparece una rica Antropologia de l’Aigua, una mística donde el agua es parte sustancial, y, así, canciones, leyendas, milagrerías adosadas, confusiones deliberadas o naturales con sus poderes, conjuros a celebrar en días señalados, miedos fabulados a abluciones en el mar en días de fiesta grande, costumbres adosadas al baño, a las maneras de sumergirse, a los sitios; y también procedimientos a veces empíricos que permiten convertir un ruego fervoroso en lluvia a cántaros; la asignación mágica de poderes a santos y vírgenes pegados al agua, las hadas y las ninfas, pero también los monstruos que vienen del mar, de la gruta, de sitios sacrales en ríos de aquí al lado. Esta tierra tiene algo de eso en sitios muy cercanos unos de otros. El país está sembrado de esperanzas y temores que la Antropologia de l’Aigua desvela. También colabora con ella el genio de nuestros escritores y artistas, y la crónica de los viajeros curiosos, y la de los que quisieron dar testimonio de prodigios, bellezas o paraísos que les arrancaron versos y lisonjas; la Literatura de l’Aigua no es una disciplina, es, simplemente un archivo curioso que cumple con el débito de dar Notícia de l’Aigua; el agua del mar cuando penetra en la metáfora, las aguas del cielo, y sus garabatos nefélicos cuando construyen discursos esbeltos, las aguas que invaden la paremiología, el refranero, la juiciosa tendencia a lo sentenciero de nuestra tradición oral; el agua que llovió cuando enterraron a Bigot, o se casó una pareja en Cervera, la pasada que no mueve molino, la del río que no recibió a la sangre porque no llegó, el agua que canta, y la que llora; ríos de metáforas, de refranes, de frases estereotipadas, de eslóganes; una catarata de préstamos lingüísticos a cuenta de la simbiosis que mantenemos con el agua. Y al agua se acercó también el artista plástico, y la puso en sus lienzos, le dio significados, la usó para decir o para ocultar, y la entregó a caprichos de los sentidos en lagos urbanos que reflejan en sus lechos miríadas de neones, o, a veces, palmeras que se asoman sorprendidas en esos espejos. Agua y Arte, el agua en el arte, las Arts de l’Aigua, una simbiosis donde técnica, sentimiento y estética muestran usos estéticos, préstamos para la simple contemplación y ponderación del agua como símbolo y evidencia de las plenitudes soñadas: fuentes públicas que salen de las fauces de leones cabezudos, estanques sembrados de nenúfares y carpas, espectaculares chorros dominados al compás de Tchaicovski y asaeteados por luces de embrujo o de triunfo, himnos que suenan regados por palmerales acuáticos, caprichosas cascadas labradas por expertos cinceles para obtener los sonidos del alma que el agua contiene.

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Càntirs, colxos, botiges, llibrells,... esa pequeña legión de recipientes de barro que acercaban hasta no hace tanto tiempo el agua a nuestras bocas (en la foto, cántaro y pileta de una casa bereber en Túnez)
Un abeurador, típica construcción de nuestra cultura agraria

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Intentar acotar esa unidad proyectada en lo múltiple circunscrita al ámbito valenciano da una oportunidad excelente a especialistas, empresas e instituciones relacionadas con las diferentes Áreas Temáticas para mantener en las páginas de Tractat de l’Aigua un fructífero y creativo diálogo, ahora más necesario que nunca dada la angustiosa actualidad del agua y una vez asumido que los conflictos que genera su escasez y las formas de su uso y gestión están pidiendo diálogo y trellat. Tractat de l’Aigua se completa con dos ámbitos temáticos más: una sección de Bibliografia, donde se ofrece bibliografía histórica y novedades publicadas que afectan a las diferentes Áreas Temáticas, y una sección especial que con el título de Onomasticon Acquae en el futuro irá ofreciendo artículos sobre vocablos que pertenecen al binomio agua/ámbito valenciano. Finalmente, TdA llevará en próximos números una selección de las noticias más relevantes que afectan al agua en el ámbito de la Comunitat Valenciana, (Actualitat de l’Aigua), que se hayan producido en el periodo que transcurra entre la publicación de un número y el siguiente, como simposiums, reuniones científicas, jornadas profesionales, ferias sobre temas relacionados, declaraciones institucionales, documentos públicos, legislación, obras relacionadas, y, en fin, cuantos eventos combinen agua y Comunitat Valenciana.

De la necesidad (no ahogarse en el agua) a la creatividad, la natación de alta competición es un deporte hoy muy sofisticado.

He aquí, pues, que el agua, como nuestra propia especie es protagonista de lo más sublime y de lo más trágico, de darnos la vida generosamente o de sugerirnos nuestra propia senectud. El Agua a la que Tractat de l’Aigua se va a entregar es una y es múltiple, una porque toda ella tiene la misma fórmula química, dos partes de hidrógeno y una de oxígeno, así de sencillo, múltiple porque como hemos visto ocupa buena parte de nuestro devenir y de los entornos posibles con los que nuestra vida se relaciona.
Un grabado valenciano de 1831 reproduce las sesiones semanales de los jueves del Tribunal de les Aigües valenciano

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Francesc Borrull, diputado valenciano en las Cortes de Cádiz y autor de Aguas del Túria

Nuestros propósitos El lector tiene ahora en sus manos la primera entrega de lo que quiere ser un foro interdisciplinar donde ir depositando reflexiones, investigaciones, apuestas y proyectos cuyo destino es llamar la atención sobre la atención que el agua nos está demandando con urgencia. En TdA queremos ser el recipiente donde los estudiosos, los expertos y, en suma, cuantos estamos implicados en el binomio agua/ámbito valenciano podamos encontrar el marco para ese gran debate que la sociedad, y con ella, la economía y la política están protagonizando ya al amparo de las incertidumbres que se ciernen

ante la disponibilidad de ese bien colectivo cuyo futuro está sembrado de problemas a resolver, decisiones a tomar y consensos para llegar al buen gobierno de las aguas desde la responsabilidad pública pero también la privada. El desierto siempre nos pareció a los valencianos algo exótico y lejano. Sin embargo la desertización ya no es un concepto alejado de nuestra realidad. Este foro, además, nace de la mano de un Convenio de colaboración entre dos instituciones como son, por una parte la Fundación Agua y Progreso de la Comunitat Valenciana, Fundación pública auspiciada y financiada por la Generalitat,

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Vicente Blasco Ibáñez (18671928), aporta en sus novelas valencianas descripciones de los paisajes ligados a los usos ancestrales de las aguas.

y, por otra, la Universitat de València (Estudi General). Mediante el acuerdo suscrito entre Fundación y Universitat, TdA ha buscado ya para este primer número colaboraciones procedentes de otras Universidades Valencianas (como la de Alacant, o la Jaume I, de Castelló) y del campo de los profesionales relacionados directamente con la gestión, aprovechamientos o investigaciones ligadas al agua en la Comunitat Valenciana. Como inspirador y Director de TdA, al tiempo que quiero agradecer el impulso y apoyo de la Fundación Agua y Progreso, ofrezco estas páginas a todos aquellos que puedan aportar estudios y trabajos que participen de este diálogo interdisciplinar y creativo que espero contribuya a acercar posiciones, a generar sinergias y a lograr un generoso consenso entre actores políticos, económicos, sociales y culturales acerca del agua, pues un país como el nuestro, con una tradición tan abigarrada en el uso responsable, el derecho pionero y una sabia y ancestral administración del agua debe ser ejemplo, como lo ha sido en el pasado, que trace nuevos horizontes donde el derecho al agua de calidad y para todos sea una realidad acompañada de usos responsables y sostenibles donde la ciudadanía participe de modo directo en el diseño y gestión de ese bien común que es el agua. Aín, 3 de febrero de 2008

El reloj de agua, heredero de la antigua Clepsidra es una muestra fehaciente de la simbiosis entre el arte y la técnica mediante la utilización del agua. En la foto, el reloj de agua de Bernard Gitton instalado en el Centre Júlia en Andorra.

El autor, apostado en una pileta de agua bendita, en el exterior de una recóndita ermita románica en el pirineo andorrano.

Geografia de l’Aigua Arquitectura de l’Aigua Dret d’Aigües Administració de l’Aigua

Contribucions al Tractat de l’Aigua

Antropologia de l’Aigua

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Geografia de l’Aigua

La evolución de las precipitaciones en las regiones geográficas de Valencia y Murcia

J. Quereda Sala, E. Montón Chiva, y J. Escrig Barberá
Estación de Climatología Aplicada (Universitat Jaume I. Castelló)
En la foto, los autores cerca de la desembocadura de El Millars.

I. La importancia de la cuestión: ¿Están disminuyendo las precipitaciones de la región mediterránea? Esta cuestión es uno de los más inquietantes interrogantes científicos que tiene ante sí la climatología mediterránea. Un interrogante que tanto administración como gran público plantean insistentemente a los profesionales de las ciencias de la atmósfera, ante la evolución pluviométrica de los últimos años con acusadas sequías. Esta exigencia viene acrecentada actualmente por un acelerado desarrollo demográfico y económico que plantean un auténtico reto investigador en los momentos en que las hipótesis sobre un cambio climático reducen las previsiones pluviométricas en valores del 20 al 25 % para mediados del siglo XXI. Un impacto sobre los recursos hídricos que podría ser todavía más severo por el aumento de las evapotranspiraciones, ya que con tan solo un aumento térmico de 1ºC, los recursos de agua disponibles se verían mermados en un 20-25 % (J. QUEREDA et al., 2005). Sin embargo, y a pesar de la notable aportación que los actuales modelos cerrados atmósfera-mar realizan, todo cuanto se pueda decir y modelizar hacia el futuro podría estar sujeto a graves errores si no se parte de nuestros conocimientos sobre la climatología pasada. I.1. ¿ Qué revela este pasado climático? Ante todo que el clima no siempre ha sido idéntico al actual y que su continua variabilidad se ha forjado sobre causas naturales y no antrópicas. Consecuentemente, en el estado actual de las investigaciones resulta todavía muy aventurado afirmar la existencia de un cambio climático global de efecto invernadero inducido por el aumento en la concentración atmosférica de gases emitidos básicamente por la actividad humana. A pesar del éxito de la hipótesis en la que cabe todo, frío, calor, lluvias, sequías, faltan todavía muchos estudios que unan juiciosamente todas las anomalías climáticas observadas y expliquen las numerosas debilidades e incertidumbres que presenta la actual hipótesis del cambio climático global. En realidad el clima está en continua evolución y cambio. El más reciente se produjo con el notable enfriamiento registrado entre los siglos XVII y XVIII, un periodo que incluso ha sido denominado Pequeña Edad de Hielo. En ese escenario climático de fondo sobre el que se proyectan las actuales inquietudes, las temperaturas fueron 1 ó 2 grados inferiores a las actuales (J. DETTWILLER, 1979; G. MANLEY, 1974; H.H. LAMB, 1977; E. LE ROY LADURIE, 1983; S.H. SCHNEIDER, 1986). La causa natural de esta crisis climática radicó en el notable descenso de la actividad solar, hecho que aparece demostrado en las grandes lagunas de anillamiento que muestran los bosques de coníferas a causa de la carencia de fotosíntesis. El frío perduró hasta bien entrado el siglo XIX forzado por una intensa actividad volcánica cuya secuela de aerosoles disminuyó la radiación solar, Tambora (1816), Coseguina (1835) y Krakatoa (1883). Ya desde fines del siglo XIX las temperaturas han iniciado un

paulatino recuperamiento cuyo valor se ha estimado en 0.60.7ºC. Todo esto aparece bien fundamentado, tanto a nivel global como regional mediterráneo.

Geografia de l’Aigua

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I.1.1. El escenario climático de fondo en la región mediterránea
En la región mediterránea española, la evolución térmica registrada parece corresponderse con la manifestada por la mayor parte de los observatorios europeos mundiales. En este sentido, la incursión de unos siglos fríos correspondientes a la denominada “Pequeña Edad de Hielo”, aparece bien atestiguada por el sensible retroceso de los glaciares pirenaicos y alpinos. Más al sur, en todo el ámbito español, los testimonios aparecen vinculados a hechos fenológicos como las heladas relatadas en las crónicas o a elementos paisajísticos como las neveras y molinos hidráulicos, la reducción de espesor de los anillos de crecimiento anual de los árboles o la espectacular actividad en torno a la nieve y el hielo (H.CAPEL, 1970; J.QUEREDA, 1990,1999; X. DE PLANHOL, 1999). Una grandiosa red de neveras y molinos jalonan la vertiente mediterránea. Construcciones a las que la documentación existente ubica entre 1571 y 1750, incluso en áreas del pleno dominio semiárido español donde la climatología actual no registra promedios anuales de un solo día de innivación (Fig. 1): ¿Dónde están las nieves y las aguas? En 1870, el consejo de la villa de Castellón constata que cada vez se baja menos nieve y que esta contiene cada vez más piedra, tierra y hierbas que nieve. Tal vez es una constatación de que desde fines del siglo XIX las temperaturas han iniciado un paulatino recuperamiento cuyo valor, hasta nuestros días, se ha estimado en 0.6-0.7ºC. Todo esto aparece bien fundamentado.

FIGURA 1. Distribución de neveras, días de innivación y trayectos de la nieve en la Provincia de Castellón.

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FIGURA 2. Aumento térmico (ºC) estival previsto a final del siglo XXI por el GMC y el RCM.

FIGURA 3. IPCC (2001), Escenarios climáticos previstos en la escorrentía del año 2050 como anomalías con respecto a la escorrentía promedio del período 1961-1990. Las proyecciones están efectuadas por medio de los modelos de segunda y tercera generación del Hadley Centre (HadCM2 y HadCM3).

II. Las previsiones del IPCC (Panel Intergubernamental para el Cambio Climático) según modelos del Hadley Centre Las bases científicas de este último informe de las Naciones Unidas, IPCC, Climate Change 2001, establecidas en los modelos del Hadley Centre, establecen que el incremento global de la temperatura durante el siglo XX ha sido de 0.6 ºC ± 0.2 ºC. Un incremento térmico que para el rango de escenarios de los gases de efecto invernadero (GEI’s) desarrollado en el IPCC, Special Report on Emision Scenarios (SRES), va a suponer un calentamiento global entre 1.4 ºC y 5.8 ºC hacia el año 2100. Incrementos energéticos sobre los que los modelos desarrollados establecen un gradual aumento del nivel del mar entre 0.09 y 0.88 metros para el mismo año. Estos mismos modelos, proyectados por el Hadley Centre, para un escenario de un incremento anual del 1 % en la concentración atmosférica del CO, predicen que nuestra región mediterránea será la más vulnerable de Europa a los efectos del cambio climático. Vulnerabilidad basada en que simultáneamente al aumento térmico de 2 ó 3 ºC se produciría una reducción de recursos hídricos (Fig. 2). El valor de esta reducción de recursos hídricos, en el modelo de tercera generación (HadCM3) podría alcanzar hasta un 33 % de las actuales magnitudes de escorrentía, ya de por sí escasas con valores medios anuales de 75 mm en las tierras valencianas y tan solo 50 mm en la Región de Murcia (Fig. 3). En síntesis, la Cuenca Occidental del Mediterráneo, en el borde meridional de la zona templada entre los 35º N y los 45º N, podría estar abocada, de este modo, a experimentar impactos climáticos y biogeográficos de gran intensidad. Como consecuencia de ellos, a lo largo del siglo XXI, se podría asistir a una sensible readaptación de su escenario biogeográfico muy afectado por el aumento de las evapotranspiraciones y disminución de los recursos pluviométricos. Procesos ambos que los actuales modelos preconizan en base al progresivo alejamiento de la zona frontogenética polar.

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FIGURA 4. La imagen global multisatélite del día 20/09/1993, permite ilustrar el juego de las estructuras atmosféricas.

III. El cambio climático y su repercusión sobre los procesos ciclogenéticos de la región hidrográfica del Júcar En efecto, la actual imaginería de satélite es bien expresiva de esta dinámica (Fig. 4). Estas imágenes muestran obstinadamente que la incesante variabilidad del tiempo en las regiones templadas viene asociada a las interacciones que se operan entre los dos fluidos atmosféricos que componen nuestra troposfera (LEROUX, 2001). Entre ambos fluidos se inserta una zona de convergencia termodinámica constantemente barrida por dorsales anticiclónicas y senos ciclónicos. Un conjunto de estructuras atmosféricas que integrantes del sistema climático responden a esa gigantesca máquina térmica funcionando entre una fuente cálida intertropical y una fuente fría polar (Fig. 5). Es aquí donde los procesos inherentes al cambio climático podrían determinar una gran alteración. En este sentido, la disminución del gradiente energético entre ambas fuentes por una gran reducción del albedo polar y aumento térmico, implicaría menores necesidades de transferencias energéticas. De este modo, la zona de convergencia termodinámica podría migrar igualmente cuatro o cinco grados latitudinales hacia el norte (Fig. 6). Su situación se dispondría sobre la faja de máximo contraste térmico. Concomitantemente con este desplazamiento se produciría la dilatación y desplazamiento de la otra gran estructura atmosférica, la célula anticiclónica de Hadley. Consecuentemente con estos procesos, la Península Ibérica y especialmente la región mediterránea se hallarían sensi-

FIGURA 5. Topografía hemisférica de la superficie de presión de 700 hPa en mgp (1980-2004) (Dattore and Spangler, 2005). El gradiente hemisférico de presión es fiel reflejo de las dos masas de aire o fluidos que interaccionan sobre la zona de las latitudes medias.

FIGURA 6. Uno de los mayores efectos del cambio climático sería la alteración de las grandes estructuras atmosféricas con una dilatación de la célula tropical y contracción latitudinal de la célula polar. ego de las estructuras atmosféricas.

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FIGURA 7. Mapa de anomalías medias de presión (m geodinámicos) a 700 hPa, entre 1970-1979 y 1990-2000. El periodo más reciente muestra un sensible aumento de la presión atmosférica sobre la Cuenca Occidental del Mediterráneo (NCAR, National Center for Atmospheric Research, Boulder, Colorado, W. M. SPANGLER and R.L. JENNE, Northern Hemis. Tropo. Anals.).

FIGURA 8. Espectacular transporte de polvo africano sobre toda la Europa Occidental. La frecuencia de estos aerosoles podría monitorizar un eventual desplazamiento de la zona desértica sobre ámbitos ibéricos.

blemente afectadas en estas modificaciones de la circulación general de la atmósfera. Así un calentamiento general de la zona entre 1.5 ºC y 3 oC, como el previsto para el año 2050 en la mayor parte de los modelos, podría suponer que la célula subtropical de altas presiones de Azores se desplazase latitudinalmente desde los 37º N de su posición media actual hasta los 41-42º N. Ello podría implicar una reducción considerable tanto de las borrascas del frente polar como de las irrupciones de aire frío. Un escenario atmosférico que parece haber presidido la climatología en años recientes. III.1. ¿Se detecta ya alguna señal climática en relación con ese escenario de aridez que los modelos de cambio climático han previsto sobre las regiones de Valencia y de Murcia? Ésta es propiamente la cuestión o reto científico. Hoy, más que nunca, es preciso volver a interrogarnos sobre alguna de las más inquietantes cuestiones que tiene ante sí la Climatología mediterránea: ¿Están ascendiendo las temperaturas?, ¿Es-

tán disminuyendo las precipitaciones mediterráneas?. Esta última es la cuestión clave u objetivo del presente estudio.
Desde luego es evidente que si este escenario lo dibujamos con el comportamiento climático de las dos últimas décadas del siglo XX, el aumento de las temperaturas y la sequía parece presidir nuestro porvenir. En efecto, la cúpula anticiclónica instalada y reforzada sobre la Cuenca Occidental del Mediterráneo entre 1980-2000, responde a una mayor presencia de la masa de aire sahariana sobre nuestra región (Fig. 7). Concomitantemente con esa frecuente cobertura de la masa de aire africana parecen haber aumentado notablemente los episodios de lluvias de barro. Aunque no existen registros fiables de este tipo de suceso meteorológico, las anotaciones actualmente disponibles permiten constatar un probable aumento en toda Europa occidental. Esta mayor frecuencia de los aerosoles del Sahara puede estar constituyendo una de las alertas de un posible cambio climático (S. BURT, 1991). Esta tendencia ha sido muy marcada tanto en las Islas Británicas (F. G. THOMAS, 1993) como en el Observatorio pirenaico de Lan-

nemezan (France) (J. DESSENS and P. VAN DINH, 1990). El aumento ha sido constatado también sobre la región mediterránea española (J. QUEREDA and E. MONTON, 1998) (Fig. 8). Este efecto anticiclónico ha estado en consonancia con las condiciones cálidas y de sequía que se han desarrollado sobre la región mediterránea durante la última década. Todo ello en relación a un desplazamiento hacia el norte de Europa de las corrientes atmosféricas de borrascas y lluvias. Especialmente la sequía parece haber afectado con cierta severidad a las tierras mediterráneas (Fig. 9). IV. ¿Se está registrando ya una reducción de los recursos pluviométricos? Este es uno de los grandes interrogantes que la Climatología tiene ante sí para dar respuesta a una demanda social, especialmente angustiada en épocas de sequía como la actual. Y la verdad sea dicha, parece que no debería tener dificultades en pronunciarse ya que cuenta con numerosos observatorios con registro de precipitaciones. Sin embargo, la realidad es muy distinta. En efecto, si bien disponemos de observatorios suficientes en cantidad para comprobar el comportamiento y evolución de las precipitaciones, no sucede lo mismo respecto a la calidad de los datos que contienen. Es decir, que si bien todas estas series pluviométricas son aceptables en cuanto a duración y continuidad, no lo son tanto respecto a la posible calidad de sus datos. Numerosas causas de heterogeneidad pueden estar afectando a los registros, especialmente la variación espacial de los observatorios.

IV.1. Los observatorios y los datos Los datos utilizados en esta investigación, espacialmente aplicado a la Comunidatat Valenciana y a la de Murcia, pertenecen a la red de observatorios de primer o de segundo orden del I.N.M. Esta red comprende 4 estaciones de primer orden y 49 en de segundo orden (Fig.10). Los datos de base (INM, Instituto Nacional de Meteorología y Confederaciones Hidrográficas del Júcar y del Segura) han sido los totales mensuales de precipitación. IV.2. La calidad de los datos Dado que la validez de toda conclusión sobre la evolución del clima depende de la calidad de los datos, todas las series utilizadas han sido sometidas a un cierto número de operaciones de control. La primera etapa de tratamiento de los datos ha consistido en testear la continuidad y coherencia espacial de los totales pluviométricos mensuales con reconstitución de los valores inexistentes por ausencia o pérdida.

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FIGURA 9. Evolución de las temperaturas (área) y de las precipitaciones (columnas) en los tres observatorios de primer orden de la Comunitat Valenciana, Alicante, Valencia y Castellón (19502005). El aumento de las temperaturas y la sequía parece presidir nuestro porvenir.

FIGURA 10. Mapa de los principales observatorios de la región mediterránea española y de la red de observatorios de primer y segundo orden utilizada en este estudio.

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calidad de la serie de referencia, lo que es a priori el caso, los resultados pueden ser falseados. Es por ello por lo que hemos adoptado una precaución: eliminar del cálculo de referencias las series claramente no homogéneas con coeficiente de correlación menor de 0’7. Una referencia específica a cada observatorio es así calculada. El cálculo consiste en una media ponderada mediante los cuadrados de los coeficientes de correlación a fín de que cada serie tenga el peso específico que le corresponda en la configuración de la serie de referencia. De este modo se forma una serie con los coeficientes entre los valores a testear y los de referencia. En esta serie que es normalizada el test trata de descubrir un cambio con respecto a la media. Para cada paso de tiempo, mes o año, un valor de test es calculado y comparado al valor crítico para una confianza dada. En caso de sobrepasar este valor crítico se considera que existe heterogeneidad. La fecha más probable de ruptura de homogeneidad corresponde al valor máximo del test (Fig. 11). Este test nos ha permitido considerar que una gran parte de las series no eran aleatorias. Por ello hemos procedido a la corrección de heterogeneidades para disponer de la suficiente calidad en las series como garantía de las conclusiones de tendencia.

FIGURA 11. Ejemplo de tratamiento mediante el Test de homogeneidad de Alexandersson (J. Quereda et al., 1999). TS, niveles de confianza.

Asimismo, los valores que no estaban comprendidos en el intervalo de confianza al 99% han sido rechazados. Todos estos valores, ciertamente poco numerosos y en ningún caso superiores al 3% de la longitud de serie, han sido reconstituidos con la ayuda de una interpolación simple con los totales de los observatorios más próximos y de mejor coeficiente de correlación, r> 0’7.

IV. 2.1. El control de la homogeneidad de las series climáticas
En esta segunda fase, todas las series han sido sometidas a un cierto número de operaciones de control de homogeneidad. Las técnicas utilizadas se han basado en la metodología expuesta por Alexandersson (1986 y 1997) y Moberg (1997). Una metodología que, sin ser totalmente innovadora, proporciona, hoy por hoy, una de las mejores aproximaciones al problema de tratamiento de las series climáticas temporales. En este último test, método de Alexandersson, una serie es definida como homogénea con relación a una serie sincrónica de referencia si las ratios entre observaciones simultáneas constituyen una serie de números aleatorios. Para ello es obligado definir una serie de referencia. Esta serie debe imperativamente presentar caracteres de homogeneidad y buena correlación con la serie estudiada. No obstante, si bien es fácil encontrar para cada observatorio a testear un observatorio próximo presentando una buena correlación con la serie estudiada, resulta por el contrario delicado caracterizar la homogeneidad interna de cada serie. Ello obliga a calcular una serie media de referencia con las diferentes series y en la que las heterogeneidades queden difuminadas. Ciertamente, aquí radica una de las principales debilidades del método. En efecto, el procedimiento consiste en promediar series homogéneas o no, esperando atenuar el efecto de las rupturas en las series no homogéneas, que desgraciadamente son la mayor parte. Si ello permite la mayor parte del tiempo detectar las rupturas de homogeneidad sobre la serie en test, es preciso no olvidar que los coeficientes correctores deducidos de la serie de ratios están sesgados. Corregir una serie a partir de una serie de referencia implica generalmente la igualación de las tendencias de la serie corregida y de la serie de referencia. De este modo, si no se está seguro de la

IV.2.2. La corrección de heterogeneidades
Todas estas rupturas de homogeneidad han sido corregidas a partir de la fecha mostrada por el test de Alexandersson. Sin embargo es preciso señalar que, en la mayor parte de los casos, se han verificado y confirmado tales rupturas mediante el histórico de cada uno de los observatorios, no siendo obstáculo su ignorancia por cuanto el test trata precisamente de actuar en estas situaciones. El periodo que se considera heterogéneo es el que está situado antes de la fecha de ruptura. El método utilizado para la corrección de las heterogeneidades es el expuesto por Alexandersson: “to detect relative non-inhomogeneities, we form ratios (by tradition used in precipitation studies) or differences (here primarily) intended to be used on temperatures data”. Es decir que el método ha consistido en establecer la ratio entre la media del periodo a corregir y la media del periodo homogéneo y multiplicar los valores del periodo a corregir por esa ratio. Para calcular la media se ha utilizado la fórmula propuesta por Alexandersson (1996). Los coeficientes de correlación entre las series tratadas de los totales pluviométricos deben mostrar una buena conexión, r>0’7. V. Las tendencias pluviométricas Tras este exhaustivo control de la calidad de las series y de su homogeneización, se ha efectuado un análisis riguroso de las tendencias pluviométricas mediante configuraciones lineales regresivas. La significación de tales valores de trend es mostrada a través de tests y del coeficiente de determinación (r2). Este análisis ha permitido establecer las siguientes conclusiones:

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FIGURA 12. Evolución y tendencia pluviométrica global de las regiones de Valencia y de Murcia (1950-2005). Trend obtenido tras la homogeneización de las 43 series pluviométricas regionales.

FIGURA 13. Evolución y tendencias pluviométricas de la zona norte, (provincias de Valencia y de Castellón) y de la zona sur, (provincias de Alicante y Murcia).

V.1. La evolución pluviométrica de las regiones de Valencia y de Murcia, durante la segunda mitad del siglo XX (19502005), con los registros de las 53 series pluviométricas, ha mostrado globalmente una tendencia descendente de las precipitaciones. Así, el valor obtenido es de - 0.38 mm/año, lo que equivaldría a una reducción de 20-22 mm a lo largo de esa segunda mitad del siglo (Fig. 12). No obstante, esta tendencia descendente que caracteriza a la segunda mitad del siglo XX, viene totalmente determinada por las dos grandes sequías padecidas durante la última década del mismo, años 1994-95 y 1998-1999. El año 1995 es el record en severidad de sequía de todo el siglo XX, seguido por el año 1970. En cualquier caso el coeficiente de determinación (R2) es nulo. V.2. La segunda conclusión que puede extraerse es la notable diferencia mostrada en el valor de la tendencia en-

tre la evolución pluviométrica seguida por el sector septentrional, provincias de Valencia y Castellón y la seguida por el resto del sector mediterráneo en las provincias de Alicante y Murcia. Así, la tendencia de los sectores septentrionales no muestra decrecimiento de las precipitaciones, con valor de 0’06 mm/año, mientras que la tendencia del territorio meridional es netamente negativa, con valor de – 0’79 mm/año (Fig. 13). V.3. Como consecuencia de esta evolución tan irregular, y en la que han bastado dos sequías sobre los años noventa para marcar una tendencia negativa, la disminución de las lluvias sobre la región mediterránea es un proceso que no adquiere significación estadística. Ello queda de manifiesto mediante la aplicación de los diversos tests de significación. El test no paramétrico de Pettit y el de Mann-Kendall, a los niveles de confianza del 95% (Fig. 14) vienen a reflejar que
FIGURA 14. Los test de Pettit y MannKendall, aplicados sobre la serie media regional de las precipitaciones anuales muestra que, en el intervalo de confianza del 95%, no existe significación estadística de tendencia.

Pettitt test
1000 800 600 400 200 0 -200 -400 -600 -800 -1000 2 1,5 1 0,5 0 -0,5 -1 -1,5 -2 -2,5 -3

Mann test

1900 1907 1914 1921 1928 1935 1942 1949 1956 1963 1970 1977 1984 1991 1998 2005

1900 1907 1914 1921 1928 1935 1942 1949 1956 1963 1970 1977 1984 1991 1998

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FIGURA 15. Evolución y tendencia secular de las precipitaciones mediterráneas a lo largo del siglo XX. El “trend” muestra que las precipitaciones medias habrían aumentado en unos 8 mm anuales.

FIGURA 16. Evolución y tendencias pluviométricas seculares de la zona norte, (provincias de Valencia y de Castellón) y de la zona sur, (provincias de Alicante y Murcia).

todas las anomalías pluviométricas registradas y especialmente esas dos sequías finales del siglo XX se insertan dentro de lo que es la variabilidad natural del clima. V. 4. La mejor expresión de esta falta de tendencia viene configurada por la evolución secular de las precipitaciones regionales entre 1900 y 2005. El procedimiento utilizado para obtener esta reconstrucción de la evolución secular ha sido el método regresivo de los promedios regionales de la red de 53 observatorios durante el período 1950-2005, con el promedio de los cuatro observatorios de primer orden con registros seculares. Dado que el coeficiente de correlación de estas series históricas con las precipitaciones regionales en el período 1950-2005 es notablemente elevado, r = 0.86, se ha obtenido la evolución secular de las precipitaciones regionales. El valor del trend secular ha sido de 0.07 (Fig. 15). Al mismo tiempo es posible constatar que se mantiene la diferencia de comportamiento entre la zona norte y la zona meridional. Así, mientras que en las provincias de Valencia y Castellón, las precipitaciones parecen aumentar, en la zona sur, provincias de Alicante y Murcia, muestran una tendencia a la disminución (Fig. 16). Todo ello con valores sin significación ni determinación temporal.

CONCLUSIONES La enorme inquietud provocada por la escasez actual de recursos hídricos y la dramática imagen que ello representa para la región mediterránea, implica la necesidad de analizar rigurosamente la evolución pluviométrica. Dentro de este análisis una cuestión clave se plantea: ¿Estamos asistiendo a una reducción progresiva de nuestras precipitaciones?. Una interrogante a la que los análisis realizados no permiten dar una respuesta afirmativa. Es más, tanto la falta de coincidencia en el comportamiento regional como las tendencias sostenidas durante el último siglo en la mayor parte de la región mediterránea, autorizan, en el estado actual de nuestros conocimientos y mientras prosiguen las investigaciones, a no rechazar la hipótesis de la estabilidad climática en el marco de sus variaciones naturales.

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Detalle del Estany de la Vila en la desembocadura del Riu Sec en Borriana.

Perturbaciones climáticas al ciclo hídrico en la Cuenca Mediterránea Occidental: origen y propagación a escalas regional-europea y global

Millán M. Millán
Dr. Ingeniero Industrial. Director Ejecutivo de la Fundación CEAM.
El autor con su nieta en el Pico de la Olmedilla. A la izquierda, el río Mijares/Millars en la primavera de 2006.

POSIBLES CICLOS DE RETRO-ALIMENTACIÓN
* Evaporación del mar
Cambian el calor, vapor de agua y contaminantes añadidos a la brisa de mar

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Aumento rápido de la sequía en el Suroeste (y ¿centro?) de Europa y Norte de África

* Cambios en el uso/propiedades del suelo

+ Efectos de los contaminantes (Nucleación)

Más precipitación frontal sobre las Islas Británicas, y menos en el sur-oeste de Europa

CICLO DIURNO: BRISA DE MAR-TORMENTAS

Aumenta la erosión con pérdida de vegetación

Pérdida de tormentas de verano: la sequía aumenta en las zonas del interior

El nivel de condensación asciende y supera la altura de las montañas costeras

Perturbación (+?) de la Oscilación del Atlántico Norte (NAO)

CICLO MEDITERRÁNEO REGIONAL
Incremento de lluvias torrenciales en otoño-invierno Su efecto invernadero aumenta la temperatura del mar a finales del verano El vapor de agua (que no precipita) y los contaminantes (O3) siguen los flujos de retorno en altura y forman estratos, que se acumulan sobre el mar, hasta = 4-5 Km de profundidad

Sale agua más salada al Atlántico

COMPONENTE OCEÁNICA
Aumenta la salinidad del Mediterráneo Altera el balance entre la evaporación y autoprecipitación en la cuenca mediterránea occidental Vapor de agua y fotooxidantes acumulados salen de la cuenca (3-10 días)

C I C L O
Perturbación a los huracanes y depresiones extratropicales en el Caribe y Atlántico occidental Transporte sobre el Atlántico hacia el Caribe, con deposición a lo largo del recorrido

AT L Á N T I C O - G L O B A L
Reacciones heterogéneas en nubes de poco profundidad: Sulfatación y nitrificación del polvo sahariano Ruta con recirculaciones verticales por el sur del Atlas, y/o ruta por el África Central RUTA EUROPEA Inundaciones de verano en el Centro de Europa: 1997, 2002, 2005, ...

COMPONENTE ATMOSFÉRICA

FIGURA 1. Bucles de retro-alimentación entre las perturbaciones de cambios de usos de suelo en la Cuenca Mediterránea Occidental y el sistema climático a escalas local, regional y global. Las flechas azules marcan la ruta del vapor de agua y las negras los procesos que se derivan en cada estadio de la ruta. Los resultados finales se marcan en otros colores, y los umbrales críticos del ciclo climático están recuadrados en rojo.

La Figura 1 muestra un diagrama que relaciona los procesos atmosféricos específicos en la Península Ibérica y Cuenca Mediterránea Occidental (CMO), con sus posibles retroalimentaciones climáticas desde la escala local a la regional-europea (1) y global (2, 3). Las hipótesis que contiene son resultado de diecisiete proyectos de investigación en Medio Ambiente y Clima financiados por la Comisión Europea desde el año 1974 hasta el 2006. El sistema climático consiste en: (a) una interfase continental alta (la Península Ibérica) que separa el Oceáno Atlántico de (b) un mar interior profundo (Cuenca Mediterránea Occidental) totalmente rodeado de montañas en las latitudes subtropicales, (c) condiciones anticiclónicas semi-permanentes durante casi siete meses del año, y (d) las actuales propiedades de la cubierta vegetal en las tierras que rodean la Cuenca Occidental. Las laderas de las montañas que respaldan la costa mediterránea española están orientadas al Sur y Este, y favo-

recen el desarrollo temprano de los vientos de ladera después de la salida del sol. La brisa de mar inicia su desarrollo unas horas más tarde, y penetra hacia el interior incorporando de forma escalonada y sucesiva (i.e., en pasos o saltos discretos) las celdas circulatorias de los vientos de ladera ya formadas (4). El viento anabático resultante, que denominamos “brisa combinada”, es mucho más intenso que la suma de sus componentes (5, 6). En cada paso de este proceso, en el frente de la brisa, se producen inyecciones verticales del aire que entra con la brisa. Las inyecciones ganan en profundidad según progresa la brisa y va alcanzando las cimas montañosas del interior. A estas inyecciones orográfico-convectivas, propiciadas por las laderas, las denominamos «chimeneas orográficas». Las masas de aire inyectadas tienden a estabilizarse por debajo de su altura máxima de inyección e inician su desplazamiento hacia el mar con un flujo de retorno a su altura. De este modo, durante la entrada de la brisa combinada se va generando una

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FIGURA 2. (izquierda) Entrada de la brisa combinada (i.e., brisa de mar con los vientos de ladera) a lo largo del Valle del Mijares en Castellón a las 13:03-13:48 UTC y a las 14:49-15:35 UTC, del 20 de julio de 1989, documentada con las medidas de un avión instrumentado durante el proyecto europeo MECAPIP (1988-1991). En estos gráficos el ozono se utiliza como trazador de oportunidad de los flujos. Las flechas que muestran la posición aproximada de los flujos de retorno y los estratos formados en los dos estadios de la entrada, se han elaborado a partir del campo de vientos medido por el propio avión. La traza del trayecto aparece sobre la silueta de la península situada a la izquierda de los gráficos y tiene un recorrido total de 350 km. El origen del transecto se ubica aproximadamente sobre la vertical de Guadalajara. Para otras referencias se puede indicar que Teruel está en el valle situado a unos 190 km del origen, y que el final del trayecto está a ≈ 40 km de la costa en línea con la plataforma para la carga de crudo situada sobre el mar, frente de la refinería de Castellón. El gráfico inferior izquierdo muestra el frente de la brisa al Este de Teruel, a más de 80 km de la costa, con una chimenea que supera los 2000 m. La modelización meso-meteorológica de alta resolución para sustituir la falta de datos experimentales a más altura, indica que la inyección alcanzó ≈ 4700 m. Este mismo gráfico se muestra a la derecha (superior), junto al de la humedad relativa (inferior), medida durante el mismo vuelo. Los gráficos de la derecha muestran que el vapor de agua sigue el mismo camino que otros componentes de la brisa (ozono) cuando no se produce precipitación, retornando hacia el mar en altura y formando estratos. También sirve para ilustrar las características de los datos Día del sensor MODIS-Terra (14), en su órbita síncrona a las 10:30 UTC, que muestra la Figura 3 (izda.). A esa hora, la columnas de vapor de agua medidas sobre la vertical de las chimeneas orográficas de los frentes de las brisas pueden ser superiores a los medidos sobre el mar, donde la fracción restante es ≈ 4/6 (= 6/6 - 1/3) del máximo acumulado durante la noche (ver texto).

serie de estratos que se desplazan hacia el mar a diferentes altitudes. En general, las inyecciones a más altitud forman estratos más largos (más tiempo de recorrido en retorno). Durante su recorrido por la superficie el aire de la brisa gana calor sensible (temperatura potencial) por intercambios directos con el suelo calentado por el sol. Tambien incorpora el vapor de agua procedente de la evaporación y evapotranspiración de la superficie (suelo, humedales, cultivos y cubierta vegetal). La humedad relativa en cualquier punto de su desarrollo depende del balance entre el calor sensible ganado y el vapor de agua acumulado. Y, si se alcanza el nivel de condensación en la “chimenea orográfica” del frente de brisa, puede dispararse una tormenta en cualquier estadio de la entrada de la brisa. Si esto ocurre parte del vapor de agua y de los otros componentes de la brisa (p.ej., contaminantes emitidos en la costa y sus productos de reacción) precipitan al suelo. El calor latente liberado en la condensación contribuye al desarrollo

de la convección profunda, que mezcla el resto de los componentes dentro de la troposfera (incluyendo el vapor de agua que no llega a precipitar), y los vientos en altura pueden ventilar estos componentes hacia otros lugares. En esta situación las circulaciones costeras se consideran «abiertas». Si, por el contrario, la brisa no recoge la suficiente cantidad de vapor de agua para compensar el calentamiento del aire a lo largo de su recorrido (su ganancia en temperatura potencial), el nivel de condensación en la «chimenea orográfica» del frente de la brisa va ascendiendo y llega a elevarse por encima de las montañas costeras. En este caso, o no se produce condensación, o se forman cúmulos con poco desarrollo vertical1, y las circulaciones permanecen «cerradas» con las características siguientes: 1. Las brisas combinadas (incluyendo los flujos en superficie y sus retornos en altura) tienden a auto-organizarse a escala regional dando lugar a la formación de líneas de convergencia que se sitúan sobre las cadenas montañosas que ro-

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En otros casos se desarrollan cúmulos profundos (cumulus congestus), a horas más avanzadas de la tarde, y la tormenta o no alcanza la fase de madurez o, si se desarrolla, tiene poca duración. Información de este tipo, procedente de distintas zonas del Mediterráneo, había ido llegando a la Comisión Europea desde 1974. Y, en 1994 se decidió aplicar la información obtenida en los «Proyectos Mediterráneos» de la CE para analizar esta situación.

dean la CMO. Datos experimentales muestran que las brisas pueden llegar a más de 100 km de la costa, 2. Los datos disponibles indican que las «chimeneas orográficas» pueden alcanzar más de 5,5 km de profundidad a finales de la tarde, i.e., alturas de ≈ 3000 a 3500 m sobre montañas de ≈ 2000 m de altitud a ≈ 80 km de la costa (Figura 2), 3. Imágenes del satélite METEOSAT muestran que los componentes (humo en este caso) inyectados en los flujos de retorno a media tarde pueden viajar más de 280 km, hacia el centro de la cuenca en unas pocas horas. 4. Para mantener la continuidad de los flujos durante estos procesos se genera un hundimiento compensatorio (subsidencia) sobre el mar que crece en extensión, y alcanza las zonas costeras durante la tarde (Figura 3).

5. La subsidencia se consolida sobre toda la cuenca occidental durante la tarde. Sobre el centro de la cuenca Balear se han documentado velocidades de hundimiento de 15-25 cm/s, a 3500 m de altura (16:00 UTC, el 7 de julio de 1991). 6. Adicionalmente, la subsidencia confina la profundidad de los flujos de las brisas en superficie, a menos de ≈ 200-300 m altura, durante todo su recorrido de la costa hasta las chimeneas orográficas del interior (Figura 4). 7. Como resultado, los volúmenes de aire implicados en estos procesos son limitados. Por ejemplo, por cada unidad de ancho a lo largo de la costa, el volumen tiene una longitud de 120 km a 160 km hacia el interior, pero sólo unos 200 m a 250 m de altura.

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FIGURA 3. Promedios mensuales de las columnas totales de vapor de agua en agosto de los años 2003 y 2004 sobre la Cuenca Mediterránea Occidental, medidas por el satélite MODIS-Terra (14) con órbita descendente y paso ecuatorial a las 10:30 UTC (izquierda), y por el satélite MODIS-Aqua con órbita ascendente y paso ecuatorial a las 13:30 UTC (derecha). Cuando pasa el Terra las circulaciones costeras tienen sólo una o dos horas de desarrollo, y la subsidencia compensatoria sobre el centro de la cuenca no se ha generalizado. Cuando pasa el Aqua, las circulaciones están mucho más desarrolladas, la subsidencia ya se ha consolidado sobre el mar, pero los nuevos estratos formados por los flujos de retorno en altura no han llegado aún al centro de la cuenca. Comparando las imágenes se puede observar la disminución de la columna de agua sobre la cuenca Balear a primeras horas de la tarde con respecto a los valores de la mañana. De esta manera se puede detectar como la masa de aire sobre el mar se hunde (pérdida de valor en la columna total sobre el mar) para compensar el volumen de aire que, sobre la superficie, se desplaza hacia las costas para alimentar las brisas de mar (aumento del valor de columna sobre las costas). La detección de este proceso es posible porque a las 13:30 los nuevos flujos de retorno en altura no han tenido tiempo de reponer un volumen (columna) equivalente de vapor de agua sobre el mar. De hecho, los retornos a más altitud llegan al centro de la cuenca a últimas horas de la tarde, y la profundidad máxima de los estratos acumulados se alcanza durante la noche.

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FIGURA 4. Evolución de la capa límite (capa superficial) en tres emplazamientos de la costa este española en verano (típicamente para las dos últimas semanas de julio), documentada en varios proyectos europeos (Millán et al., 1997). Se utilizaron tres globos cautivos en modo de perfilamiento en: la costa (PUERTO de Castellón), a 17 km tierra adentro (en SICHAR), y a 78 km de la costa en VALBONA (Teruel). Los sondeos se hicieron cada media hora durante el día en los dos primeros emplazamientos, y sólo en períodos seleccionados para caracterizar la llegada de la brisa en Valbona. Los años en los que se hicieron los sondeos, y el número total de ellos se indica en la parte superior izquierda de las figuras. En cada sondeo, se consideró la altitud de la capa superficial como la de la primera inversión de temperatura detectada en cada perfil. La altura promedio está indicada en azul y las otras líneas muestra ± una desviación estándard. Se puede ver que la altura media de la capa límite raramente supera los 200-300 m de profundidad, a lo largo de todo el recorrido de la brisa desde la costa hasta las cimas montañosas del interior. Ya se había observado en 1986 y 1987 que la capa límite en la costa de Castellón crecía rápidamente durante la mañana y decrecía durante la tarde, en respuesta a algún tipo de subsidencia compensatoria mesoescalar, marcada por la evolución de la primera inversión en altura. Análisis de datos posteriores y modelización mesoescalar han confirmado dichas hipótesis (8), y muestran que la profundidad de la capa límite también oscila durante el día, como ya se había observado en la orilla de los Grandes Lagos de Canadá. El resultado es que, por unidad de anchura a lo largo de las costas mediterráneas, los volúmenes de aire desplazados tienen mucha longitud (los 120 km a 160 km del recorrido de la brisa) pero poca profundidad.

Otros aspectos importantes durante el ciclo diurno de estas recirculaciones verticales son: • Después de la puesta del sol cesan las circulaciones descritas, y se inician otras (más débiles) de signo contrario. Esto es, el desarrollo de flujos de derrame (terrales) en las zonas costeras que producen una ascendencia generalizada de las masas de aire situadas sobre el mar durante la noche. • Durante esta parte del ciclo los estratos formados sobre el mar tienden a re-distribuirse en altura en función de su temperatura potencial. • De este modo el nuevo sistema de estratos formado a últimas horas de la tarde alcanza su máxima profundidad durante la noche siguiente, y puede llegar a superar los 5500 m de profundidad sobre el mar (8), • La mañana siguiente se reinician las brisas de mar y de ladera, y el ciclo comienza de nuevo,

• De este modo se produce una recirculación vertical sobre toda la Cuenca Mediterránea Occidental que tiende a acumular los componentes emitidos en las costas, y el vapor de agua que no ha precipitado, en estratos sobre el mar, • Los resultados, utilizando medidas satelitarias de la columna vertical de vapor de agua, lo ilustran las Figuras 5 y 6. • Se estima que la subsidencia neta sobre el mar es del orden de 1500 m durante el período solar, y sugiere que cada día se recicla ≈ 1/3 de la masa de aire acumulada sobre el centro de la cuenca los días anteriores2, • Finalmente, el calentamiento (pseudo-adiabático) por la subsidencia en los flujos de retorno tiende a re-evaporar, y disipar las gotitas formadas, en nubes que hayan alcanzado poco desarrollo vertical sobre las chimeneas orográficas. • Un proceso similar puede ocurrir si se producen nubes de poca profundidad en la parte superior del sistema de es-

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Esta información se utiliza al interpretar los datos del vapor de agua obtenidos con el satélite MODIS de la NASA en las Figuras 2 y 3.

tratos durante la noche, que se re-evaporan como consecuencia de la subsidencia compensatoria la mañana siguiente. Como resultado de estos mecanismos, los estratos formados sobre el mar por las circulaciones «cerradas» pueden contener tanto los componentes iniciales presentes en la brisa, como los productos resultantes de sus reacciones en fase seca (foto-oxidantes), y otros productos resultantes de reacciones en fase heterogénea. Por ejemplo, la sulfatación y nitrificación de las partículas después de haber actuado como núcleos de condensación, formando gotitas, en nubes que se reevaporen posteriormente. El nivel de condensación del aire en la brisa con respecto a la altura de las montañas costeras puede considerarse como el

«umbral crítico» que determina: si las circulaciones son «abiertas», y se desarrollan tormentas durante la tarde, o si permanecen «cerradas», manteniendo los flujos de retorno y la acumulación de vapor de agua y contaminantes en estratos sobre el mar. Y, puesto que el nivel de condensación depende del balance entre la ganancia de temperatura potencial y el vapor de agua que acumula la brisa a lo largo de su recorrido, las características y el estado de la superficie son los que determinan, en último lugar, el comportamiento del sistema. Finalmente, mientras las circulaciones permanecen cerradas la pérdida de las tormentas aumenta la sequía sobre las zonas del interior de la región. Esto da lugar a suelos más secos, y a menos evaporación, que elevan más aún el nivel de

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FIGURA 5. Promedios mensuales de la columna de vapor de agua en agosto 2000 medidos por MODIS-Terra. Se han separado los valores obtenidos con el Producto Día (izquierda) y con el Producto Día + Noche (derecha). El vapor de agua se utiliza como trazador de oportunidad de las recirculaciones atmosféricas con ciclo diurno, y muestra una distribución claramente diferenciada en todo el entorno Mediterráneo. Izquierda. Los datos Día resaltan los bordes de la cuenca mediterránea, ya que el satélite mide el vapor de agua en la vertical de las chimeneas orográficas sobre las montañas costeras (Figura 2), mientras que ≈ 1/3 (2/6) de la masa de aire (y columna de vapor de agua) acumulada sobre el mar los días anteriores se está hundiendo para alimentar el flujo superficial de dichas circulaciones. Esto se refleja en valores más bajos de la columna de vapor de agua sobre el centro de la cuenca (ver más detalles en la Figura 3). Derecha. El producto Día + Noche muestra el promedio de las mediciones a las 10:30 UTC (día) más las de las 22:30 UTC (noche). Sobre los bordes de la cuenca da, esencialmente, la mitad de la medida diurna (≈ 3/6 de la columna total). Sobre el centro de la cuenca da la media del valor Día (≈ 4/6 del total) y la del valor Noche, más cercano al total (6/6) acumulado sobre el mar por las recirculaciones verticales el(los) día(s) anterior(es). El promedio es ≈ 5/6, más cercana al total acumulado sobre el centro de la cuenca, y es lo que resalta ese dato. Se observan acumulaciones sobre el Mar Adriático, y el Mar Negro. Los productos MODIS eliminan los datos en los píxeles donde se detectan nubes (agua condensada). Por esta razón los promedios tienden a dar valores anormalmente bajos sobre áreas donde se forman tormentas frecuentes los días de verano, p.ej. los Alpes, Apeninos y Atlas-Medio Atlántico (marroquí).

FIGURA 6. Promedios de los productos Día + Noche de la columna de vapor de agua en la troposfera para agosto del 2003 y del 2004, medidos por el satélite MODIS. Junto con los productos equivalentes (Día + Noche) en las Figuras 4 y 6, muestran la evolución del vapor de agua que se acumula sobre la Cuenca Occidental en Agosto, al no haber precipitado sobre las montañas que rodean la cuenca, durante los años 2000 y 2002-2004.

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condensación del aire de la brisa, dando lugar a menos tormentas,... y constituyendo el primer bucle de retro-alimentación hacia la desertificación (7), como muestra esquemáticamente la Figura 7. Los procesos descritos dominan desde aproximadamente mediados de abril hasta mediados de octubre. Los períodos de recirculación vertical-acumulación sobre el mar pueden durar de 3 a 10 días, y cesan cuando una borrasca transitoria, o una depresión fría en altura, ventilan total o parcialmente la masa de aire acumulada. Y, una vez pasado el transitorio las recirculaciones se inician de nuevo. La estadística disponible indica que el número y la duración de los períodos varían durante el verano. El número máximo (cinco) tiende a ocurrir en julio, con una duración media de 4 días, mientras que los períodos más largos tienden a ocurrir en agosto (tres) con una duración media de 5 días (ver Figura 9). Así que, en contraste con otras regiones europeas dominadas por advección, en la Cuenca Mediterránea Occidental el vapor de agua, los contaminantes y sus productos de reacción pueden acumularse sobre el mar (Figuras 5, 6 y 8). De modo que en unos pocos días (9), y sin necesidad de una evaporación tan intensa como en las zonas tropicales, estos mecanismos pueden generar una gran masa de aire húmedo, contaminado, y potencialmente cada vez más inestable. Finalmente, la Figura 8 muestra como la masa de aire acumulada puede alimentar una depresión con trayectoria tipo Vb y contribuir a las inundaciones de verano en el Centro de Europa (1). La situación descrita domina actualmente a lo largo de las costas mediterráneas del norte de África, la península ibérica, sur de Francia y sur de Italia desde finales de primavera hasta principios de otoño, bajo las condiciones actuales de usos del suelo. Éstas, a su vez, parecen ser resultado de interacciones y retro-alimentaciones acumuladas du-

rante los últimos 2000 años (10), y aceleradas en los últimos 30 años. Otro factor más reciente es el aumento de emisiones de contaminantes atmosféricos en la cuenca, que añaden aerosoles, ozono (11, 12) y otros gases con un efecto invernadero muy superior al del CO2 (p.ej. el ozono troposférico, unas 200 veces más eficiente). Estos componentes recirculan junto con el vapor de agua, y una de las hipótesis actuales es que su efecto invernadero sobre la cuenca puede aumentar la temperatura del aire superficial (i.e., por debajo de unos 2500 m de altura sobre el mar) entre 1º y 3º C en verano. Esto representa una subida de entre ≈ 100 y 300 m en el nivel de condensación del aire de la brisa. Y, puede haber sido el desencadenante de los procesos de retro-alimentación en un sistema ya al borde de su umbral crítico como resultado de las perturbaciones a los usos del suelo acumuladas en esta región. El segundo bucle lo origina el efecto invernadero de los gases, partículas, y vapor de agua acumulados sobre el mar, que produce un calentamiento adicional (acumulativo) del Mediterráneo durante el verano y puede, a su vez, alimentar lluvias más intensas e inundaciones en otoño e invierno (13). Sin embargo, los embolsamientos de agua caliente se mueven dentro de la cuenca y hacen que las lluvias torrenciales puedan ocurrir en cualquier punto de ella. Por tanto, este bucle tiende a propagar los efectos de las perturbaciones en una parte de la cuenca a otras partes de la cuenca, de forma aleatoria y con un retraso de tres a seis meses. Adicionalmente, el Mediterráneo cada vez más cálido a finales de invierno y primavera también puede contribuir a un aumento de lluvias intensas en el Centro y Este de Europa (esta conexión no se muestra en la Figura 1). Las conexiones Atlántico-Globales se inician cuando el vapor de agua acumulado migra fuera de la región y contribu-

FIGURA 7. Relación conceptual entre la humedad que entra por la costa, la añadida por evaporación a lo largo del recorrido de la brisa, el desarrollo de tormentas en las montañas del interior y el ciclo hodrológico de origen local en las costas mediterráneas. Como promedio, el vapor de agua que entra con la brisa en Castellón en verano es de 14 g (agua)/kg (aire). Para que se dispare una tormenta sobre Gudar (2000 m) es necesario que la cantidad de vapor de agua se incremente a unos 20 g/kg, y para que se dispare en Barracas debe aumentar a unos 26 g/kg. Sin las cantidades añadidas (de 7 y 12 g/kg, respectivamente) por evaporación de la superficie (marjales, vegetación, etc) no se disparan las tormentas, no se cierra el ciclo hidrológico local, y el vapor de agua sigue los flujos de retorno de las brisas en altura y se acumula sobre el mar hasta unos 5500 m. Los ciclos de acumulación de este tipo duran actualmente entre 3 y 10 días. El vapor de agua acumulado puede alimentar las inundaciones sobre el centro de Europa en verano (Figura 8), y esta pérdida de vapor de agua de la cuenca mediterránea a otras areas aumenta la salinidad del Mediterráneo (Figura 9).

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FIGURA 8. Izquierda. Promedio de los productos Día+Noche para agosto de 2002, que muestran ≈ 5/6 del valor medio del vapor de agua acumulado sobre la Cuenca Mediterránea Occidental ese mes, y disponible para su advección a otras regiones. Dada la duración actual de los ciclos de recirculación vertical en agosto (ver texto), el promedio mensual que muestra la Figura (unos 30 L de agua precipitable por m2) es equivalente al vapor de agua acumulado durante unos tres días consecutivos. Derecha. Retro-trayectorias (tipo Vb) de las masas de aire que alimentaron las precipitaciones en Alemania y República Checa el 11-13 de agosto de 2002 (1). La evidente interconexión entre las diferentes escalas apunta las posibles importantes consecuencias que las perturbaciones a escalas local-regional podrían tener sobre todo el sistema climático global.

FIGURA 9. Mapa de puntos críticos del sistema climático global elaborado por el Prof. H. J. Schellnhuber (map of global «tipping points» in climate change, Inventing an icon), publicado el 24 de octubre de 2005: en la revista Nature, (437, 1238), que muestra la Válvula de Salinidad Mediterráneo-Atlántico. El Dr. Schellnhuber es chairman del Grupo Asesor Externo de la CE en «Global Change and Ecosystems», del que es miembro el autor de este trabajo.

ye a las precipitaciones en otros lugares, p.ej., lluvias intensas de primavera-verano sobre el Centro y Este de Europa (Figura 8). Adicionalmente, las Figuras 5, 6 y 8 ilustran la evolución de la cantidad de vapor de agua acumulado en agosto durante los últimos años (2000, 2002-2004) y sugieren, por una parte, los posibles cambios en su efecto invernadero sobre el mar y, por otra, el aumento de la cantidad de agua disponible para su advección fuera de la región. La pérdida del vapor de agua, que debería haber precipitado sobre el mar o sobre las montañas que rodean la cuenca, altera el balance evaporación/auto-precipitación en la cuenca occidental, y aumenta la salinidad del agua profunda que fluye por Gibraltar hacia el Atlántico (Figura 9). La salida de agua más salada al Atlántico potencia uno de los «tipping points» (ruptura del equilibrio) del sistema climático global (15). Cómo el incremento de salinidad afecta el paso de las borrascas atlánti-

cas a través de la Oscilación del Atlántico Norte (índice NAO), y a qué escala de tiempo opera, son dos nuevas cuestiones. Alternativamente, la masa de aire acumulada sobre la cuenca occidental puede salir por el canal de Sicilia, seguir el corredor del sur del Atlas hacia el Atlántico por las islas Canarias (3), como muestran las Figuras 10 y 11, e iniciar un cuarto bucle. A lo largo de este recorrido, los vientos de ladera en la falda sur del Atlas también pueden producir ciclos recirculatorios verticales. La columna de polvo resultante (hasta ≈ 7 km de altitud) en marzo, ya ha sido documentada por la NASA (16). El polvo sahariano que cruza el Atlántico, junto con el aerosol marino (sal), y otros componentes (polen), actúan como núcleos de condensación en la formación de huracanes y depresiones extratropicales en el Caribe (17, 18, 19). En este caso, la masa aérea húmeda y contaminada actúa como fondo en el que se pueden producir reacciones heterogé-

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FIGURA 10. Superior. Ondas en los flujos de retorno de las circulaciones costeras fotografiadas poco antes de la puesta del sol, a ≈ 80 km del Mediterráneo, mirando hacia el mar (Este-Sureste). Este día los flujos de retorno podían ser vistos gracias a la formación de nubes poco profundas en el frente de la brisa (Millán et al., 1992), y los estratos que dejan al re-evaporarse las gotitas. Inferior. Foto tomada 15 minutos más tarde, después de la puesta del sol, mirando hacia las montañas donde estaban las chimeneas orográficas del frente de brisa durante la tarde (hacia el Suroeste). Una vez cesan las brisas y se disipan las nubes de poca profundidad quedan estratos formados por los componentes que llevaba la brisa y sus derivados, gaseosos y partículas, formados en fases seca y húmeda (en las gotitas).

de la cuenca occidental contribuyen a la sulfatación y nitrificación del polvo sahariano que cruza el Atlántico, cómo estos cambios contribuyen a afectar las depresiones extratropicales y los tornados en el sur de los Estados Unidos y, en último lugar, cómo se afecta la NAO y el comportamiento de las borrascas atlánticas. El efecto combinado de las dos rutas en el ciclo AtlánticoGlobal (Figura 1) podría ser la disminución de las precipitaciones de origen frontal sobre la fachada atlántica de la península ibérica (Portugal y cornisa cantábrica española), y sobre el sur de Francia, concurrente con un aumento de lluvias e inundaciones sobre las Islas Británicas en verano. Y ambos efectos parece que ya se están detectando. Así, el efecto de las perturbaciones del uso del suelo en las costas mediterráneas, y el efecto invernadero de los contaminantes atmosféricos emitidos en ellas, pueden propagarse al sistema climático Global con tiempos que pueden variar entre semanas para la ruta atmosférica-Caribe, a años (10 a 20 ?) para la perturbación oceánica-válvula salina. Los datos, análisis y las e hipótesis que se plantean en este trabajo han sido presentados por el autor y debatidas en las reuniones del Grupo Asesor Externo en Global Change and Ecosystems de la DG RTD (Investigación), del que es Chairman el Prof. H.J. Schellnhuber. La Figura 1 fue presentada por primera vez en la reunión del 18 de diciembre de 2001. Las retroalimentaciones climáticas que plantea son relevantes para los impactos del cambio climático en la cuenca mediterránea y para las nuevas políticas del agua de la UE. Como resultado, la Comisión Europea ha incluido entre las prioridades científicas del 6º Programa Marco de Investigación una serie de temas en los que se hace mención específica de los «feedbacks» y/o de los efectos del Mediterráneo, incluyendo ≈120 M en la convocatoria de proyectos de julio 2005 para los temas siguientes:
I.1.1 Regional carbon and greenhouse gas budgets I.2.2 Atmospheric aerosols and climate forcing I.3.1 Climate change impacts in the Mediterranean area II.1.1 Global water cycle, water resources and droughts II.1.2 Flash-flood forecasting II.4.1 Water scenarios for Europe and for neighbouring countries IV.1.1 Combat land degradation and desertification

neas adicionales con el polvo sahariano, y cambiar sus características fisico-químicas antes de cruzar el Atlántico hacia el Caribe (2, 3). Por ejemplo, en cúmulos de poca profundidad formados por los vientos de ladera en el Atlas Sahariano durante el día, que se re-evaporen durante la tarde-noche, como se ilustra en la Figura 12. Las cuestiones son: cómo los contaminantes y vapor de agua en la masa de aire que sale

FIGURA 11. Modelo conceptual de las circulaciones en el Mediterráneo que representa el estado de conocimientos en 1995 (8), resultante de los tres primeros proyectos de investigación europeos en la Cuenca Mediterránea. Muestra la continuidad de los flujos resultantes de mecanismos con ciclo diurno que están bien desarrollados a media tarde en verano. Entre ellos se incluyen: (#1) el transporte de masas de aire envejecidas a lo largo de la costa portuguesa bajo intensa subsidencia compensatoria durante el día, (#2) la entrada de aire atlántico al Golfo de León y Cuenca Balear seguido por su recirculación vertical a lo largo de la costa española e italiana, incluyendo el paso a la formación de tormentas sobre los Apeninos durante la tarde, (#3) la salida de las masas de aire envejecidas por Gibraltar y (#4) el transporte hacia las Islas Canarias por el sur del Atlas con recirculaciones verticales a lo largo de su recorrido.

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FIGURA 12. Promedio de la columna de vapor de agua durante el día los meses de agosto y septiembre de 2002, obtenido del Producto MODIS-Terra Día. Muestra una gran cantidad de vapor de agua en el corredor del sur del Atlas que se desplaza hacia (el sur de) las Islas Canarias y la Zona de Convergencia Inter-tropical durante el día, empujada por el anticlón de las Azores. Estos datos se pueden comparar con las hipótesis de trabajo elaboradas en 1995 que muestra la Figura anterior, cuando aún no se disponía de los datos del satélite MODIS-Terra. La modelización de este tipo de transporte desde el Mediterráneo hacia el Atlántico y, seguidamente hacia el Caribe es muy reciente (3) y confirma los datos experimentales sobre la sulfatación y nitrificación del polvo sahariano, recogidos desde los años 1974 en el Caribe y Sureste de los EEUU (2, 17, 18, 19).
La Figura 1 y los datos del MODIS han sido preparados específicamente para el trabajo: Drought and floods in Europe: MODIS evidence of a vertical recirculation-accumulation mode for water vapour over the Mediterranean, and implications for climatic feedbacks por: Millán M. Millán*, Lucio Alonso#, Mª.J. Estela*, E. Mantilla*, Jose Jaime Dieguez*, Gorka Perez-Landa*, Gotzon Gangoiti#, y Marino Navazo# (*CEAM, #ETSII-UPV), para su publicación en el Journal of Geophysical Research-Atmospheres. El resto de su contenido ha sido previamente publicado en las referencias: 1, 3, 7, 9, 13, 15, y 20. The MODIS images used in this study were acquired using the GES-DISC Interactive Online Visualization and Analysis Infrastructure (Giovanni) as part of the NASA’s Goddard Earth Sciences (GES) Data and Information Services Center (DISC)

Referencias
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Arquitectura de l’Aigua

Construir l’aigua. Sobre l’arquitectura hidràulica i les hortes històriques enteses com una de les belles arts

Enric Guinot Rodríguez
Catedràtic d’Història Medieval. Universitat de València (Estudi General).
L’autor al Patio de los Naranjos, a la Mesquita de Còrdova.

Quan es parla de patrimoni històric o històricoartístic alguna gent acostuma a pensar en pedres i potser més en concret en pedres antigues. També pot ser que s’imagine alguna de les grans construccions arquitectòniques dels segles passats, bé siga una catedral, un castell o palau o alguna altra obra “monumental” d’estes característiques, o potser li vinga al pensament alguna imatge més relacionada amb l’expressió artística plàstica com ara una pintura, escultura o peces similars. Si ens preguntàrem què més n’hi podríem incloure, pot ser ens animaríem a estendre este concepte de patrimoni a les excavacions arqueològiques o als vells manuscrits i llibres que s’atresoren a arxius i biblioteques. Però allò que no és tan habitual és parar-se a pensar en el significat que té una bona part d’este tipo de patrimoni. Això és, i amb algunes excepcions, de forma majoritària estem identificant i valorant un patrimoni que representa els escenaris i espais del poder en les societats del passat, bé siguen les residències oficials o privades, públiques o militars de la monarquia i de la noblesa feudal, bé siguen escenaris de les institucions religioses. També és veritat que, sovint, alguns d’estos àmbits impliquen la presència, i activa, del conjunt de la societat com ara en el cas de les esglésies i parròquies. I també cal deixar ben clar que, per considerar-los espais de poder, no podem menystenir-ne la qualitat artística o la bellesa que en la gran majoria dels casos pot anar i està associada a este tipo d’espais.

En realitat la nostra observació va dirigida més bé a parar l’atenció en el fet de què només a poc a poc en temps recents s’ha despertat una nova mirada revaloritzadora sobre altres testimonis materials del passat que són representatius de nous àmbits de la societat i, més en concret, dels escenaris de la vida quotidiana, bé siga laboral o domèstica i privada. Parlem de la casa, de la botiga i l’obrador artesà, dels carrers i places com a espais de convivència i trobada, però també dels forns i molins, de les almàsseres i riu-raus, de les masies i les casetes de pedra seca i així un llarg etcètera de construccions entre les quals destaca de forma molt clara en l’àmbit valencià l’arquitectura de l’aigua. Tradicionalment totes estes construccions han estat considerades com elements patrimonials d’un “segon ordre”, identificades amb l’etiqueta de béns etnològics i separats administrativament així del patrimoni arquitectònic i artístic, el qual seria l’únic “monumental”, de fet com si eixa etiqueta segregadora fos un indicatiu de menor valor social i històric. No cal entrar en grans explicacions per a evidenciar la importància vital i la llarga història de segles a través dels quals la societat valenciana s’ha vist obligada a pensar l’aigua, a construir l’aigua o, si es vol dir de forma més concreta, a bastir els edificis, artefactes i construccions de tota mena necessaris per a captar l’aigua que brolla o circula de forma natural per la nostra geografia, per a conduir-la per als seus usos agrícoles de forma majoritària però també per al consum humà i animal, per a emmagatzemar-la per als temps de sequera o per a distribuir-la en camps i parcel·les en base a acords socials sobre el seu ús.

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El paisatge construït de l’Horta de València està definit en primera instància pel traçat de les séquies i també per la localització del poblament. Braç de la Cadena, de la Séquia de Rascanya (Almàssera).

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Séquia de Rascanya (Horta de València): llengües d’Alboraia-Almàssera, que tallen l’aigua de forma proporcional entre els dos pobles.

A més a més és ben evident que si ens referim als usos de l’aigua en la història i més en concret en la història dels valencians, els testimonis, arquitectures, construccions, espais, restes arqueològiques, paisatges organitzats, usos i costums, institucions i dret d’aigües, tradicions agrícoles, documentació històrica i encara altres aspectes també formen part d’una manera o altra del patrimoni valencià de l’aigua i van molt més enllà de l’arquitectura conformant el que podem anomenar una veritable cultura mediterrània de l’aigua. D’esta llarga història d’usos i necessitats el patrimoni arquitectònic és, probablement, el més visible i el que ens aporta algunes de les construccions més notables o monumentals que conservem del conjunt del patrimoni a la nostra terra, com ara podrien ser els antics pantans o els aqüeductes. No pequem d’exagerats si afirmem de forma rotunda que alguna d’estas arquitectures hidràuliques valencianes, com ara els partidors importants de les principals séquies històriques valencianes –per exemple aquells que tallen de forma proporcional i consensuada les dotacions d’aigua acordades entre diversos pobles i localitats–, podrien ser i en realitat són simbòlics monuments a la concòrdia i a la capacitat de solucionar els conflictes d’interessos en una qüestió tan vital com ha estat de sempre en les societats bàsicament agràries el garantir la salvació de les collites i, per tant, els aliments indispensables de cada any. Però tot i la importància d’estes construccions i edificis singulars –sens dubte la cara més visible de l’arquitectura de l’aigua, cal que ens adonem de l’existència d’altra arquitectura més difusa però ben important i és la del territori, la del paisatge construït. Tots els paisatges que ens envolten són antropitzats, resultat d’una transformació de segles de l’espai rural a través de les societats que ens han precedit des de fa més de dos mil anys, i més en concret apuntem als quatre grans períodes històrics mediterranis que han marcat la nos-

tra història: la romanització, el món islàmic medieval, el món feudal medieval i modern, i els grans canvis de la contemporaneïtat. Tots ells han deixat la seua petjada de forma acumulativa en els nostres paisatges rurals, construint-los, reconstruint-los i transformant-los fins l’actualitat, si bé allò que ha anat quedant dels més antics és sempre més aïllat, puntual o no decisiu en el paisatge rural contemporani. Com és lògic a la nostra terra no hi ha un únic paisatge rural construït sinó que hi trobem una notable diversitat en funció de les seues característiques estructurals, vegetals i socials les quals responen als diferents usos i necessitats per part de llauradors i pastors. Per això podem parlar de paisatges rurals d’horta, de secà, de marjal, de pastures o de boscos, tots ells amb diversos graus d’intervenció humana però sense excepcions amb un major o menor disseny construït del seu espai. I, sense cap mena de dubte, els paisatges més complexos físicament i social al llarg de la nostra història són els paisatges de l’aigua, dels quals són la millor representació les hortes històriques valencianes. De diferents dimensions, esteses de nord a sud de la nostra comunitat, presents tant a les grans planes costaneres com encaixades entre les serres dels pobles de l’interior, de major o menor complexitat social segons la quantitat de pobles que en fan ús, però sempre vertebrades per un o diversos sistemes hidràulics –els canals de les séquies–els quals són els que donen raó de la seua estructura espacial. Pràcticament no hi ha poble valencià que no tinga una horta pròpia o en forme part d’una de grans dimensions que integra diverses localitats, però en tots els casos estos paisatges representen altre tipo d’arquitectura de l’aigua –o si es vol enginyeria, com reclamen alguns–, perquè a ells es conjuga l’ordenació del territori (poblament, xarxes de comunicació, parcel·laris), amb les construccions arquitectòniques necessàries per al seu

funcionament i de les quals podem recordar la diversitat d’assuts, pantans, partidors, aqüeductes, sifons, sénies i molins, entre altres. És per tot això que podem parlar d’una veritable diversitat i riquesa en les arquitectures de l’aigua de les terres valencianes, des de l’edifici singular d’una font o un abeurador a la vora d’un camí ramader fins al complex paisatge de les hortes enteses estes com la més alta representació social dels paisatges de l’aigua, d’un patrimoni de l’aigua que fa pensar en l’existència de veritables pedres d’aigua, en una metàfora que vol resumir el valor simbòlic d’esta part de la nostra cultura. Atenent per tant esta doble mirada pensem que pot parlarse a efectes clarificadors de l’existència de dos grans àmbits referits als tipos de patrimoni arquitectònic de l’aigua en el sentit més extens de l’expressió. Un primer són les arquitectures i edificis singulars, presos individualment i relacio-

L’arquitectura hidràulica Els diversos usos socials de l’aigua al llarg dels segles han anat acumulant una extensa varietat de construccions de tota mena relacionades amb la resolució dels requeriments hídrics de l’agricultura i del consum humà. Estes solucions tècniques han variat al llarg del temps però, a grans trets, la tipologia d’edificacions i artefactes ha estat bàsicament similar en un període de llarga durada que va des de l’època medieval fins al segle XIX. Només la revolució industrial del vuit-cents va generalitzar noves solucions constructives i formals i va difondre o permetre difondre noves maquinàries i també possibilitats de reg o subministrament impossibles anteriorment, cas dels motors dels pous o l’aparició de fàbriques en mig de les hortes. A tall d’orientació i sense establir-ne barreres formals entre uns grups i altres és usual dividir les arquitectures hidràuliques en funció dels seus usos principals: primer, per al reg

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L’horta d’Elx, exemple de les hortes medievals valencianes. Encara hui en dia ens permet veure la plantació de forment en regadiu, com era habitual fins al segle XX a totes les hortes valencianes

nats amb els diversos usos i funcions socials de l’aigua al llarg dels segles, els quals van des de les funcions de reg en totes les seues varietats possibles, fins als usos relacionats amb el subministrament humà i animal per a beure i per a la vida domèstica, però també tenint en compte els usos industrials al llarg dels segles i els punts de sociabilitat al voltant de l’aigua, el segon gran àmbit seria és l’arquitectura del paisatge de regadiu, això és, els espais vertebrats per la xarxa dels sistemes hidràulics de les séquies i que, a la nostra terra, tenen un nom propi: les hortes (E. Guinot, 2005b). És obvi que sovint alguns d’estos usos estan relacionats o fins i tot són comuns, per exemple, els pantans tenen funció d’acumular aigua per a regar però també pel subministrament humà. O el cas de les fonts, que són punts de captació d’aigua però també, a sovint, espais de sociabilitat en la vida quotidiana i en determinades festes, per la qual cosa la divisió proposada no vol ser un encotillament sinó ben bé al contrari un instrument per a facilitar-ne el seu enteniment.

agrícola en totes les seues variants; segon, per als usos industrials; i tercer, per al subministrament humà i animal amb totes les seues variants d’aigua potable i usos higiènics i domèstics (J. Hermosilla (dir.), 2002a, 2002b, 2004). Arquitectura hidràulica per al reg Clarament és la que acumula major quantitat d’elements individuals i construccions de tota mena atenent els volums hídrics que històricament ha hagut de captar, dirigir i distribuir. És evident que els sistemes de reg al nostre país no han estat sempre similars des de l’època romana fins a l’actualitat, però en el fons la resposta material als problemes del regadiu ha estat pareguda fins al segle XIX més enllà de diferents solucions físiques segons el coneixement tecnològic del moment. Volem dir, que aquesta arquitectura del regadiu sempre ha hagut de respondre a com captar l’aigua, com fer-la circular fins a les zones a regar, i com partir-la i distribuir-la entre els usuaris i regants.

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Així, si ens referim a les construccions necessàries per a captar l’aigua per al reg (o altres usos), la forma predominant han estat les barreres de deriva lateral en el llit dels rius i barrancs les quals tenen el nom tradicional d’assut a la majoria de comarques valencianes, si bé també es coneixen com rescloses al Maestrat de Castelló i rafes al Vinalopó. Durant els segles medievals tots els assuts valencians foren construïts amb materials no permanents, bàsicament amb troncs i estacades, de tal manera que les periòdiques revingudes de la tardor solien endur-se’ls aigües avall. En el fons el relatiu baix cost de la seua construcció era un criteri per a no reforçar-los i eixia més a compte tornar a plantar els troncs en el riu. Fou a partir de la meitat del segle XVI quan, amb el creixement demogràfic i agrícola, es donà un augment de la demanda d’aigua per a regar les grans hortes, des de la Plana a Oriola passant per València, de tal manera que les comunitats de regants més poderoses decidiren invertir en la construcció dels primers assuts permanents de pedra i sellars com ara els de la Vega de València o l’impressionant assut de la Séquia Reial del Xúquer a Antella (E. Guinot, S. Selma, S. Verger, 2001). Els assuts valencians, a més, són completats arquitectònicament per diversos elements com ara les goles de la séquia, això és, els arcs de volta separats per un tallamar central, i dotats de comportes que prenen l’aigua de l’assut i la fan entrar al canal. També trobem al seu costat l’almenara, això és, la gran comporta de regulació que permet anivellar l’aigua

que para l’assut i tornar al riu la que no correspon a la séquia. Les goles solen ser construccions molt antigues ja que al ser semisoterrades resistien les revingudes del riu; en canvi, les almenares, o les cases de comportes de la gola, han estat objecte de periòdiques reparacions. Tot i això volem destacar entre altres el cas de l’almenara reial de la Séquia de Montcada o el de l’almenara del Jabalí en la Séquia Major de Benaguasil pel seu paper històric d’instrument de tandeig entre poblacions, en la regulació tradicional del riu Túria entre la Vega de València i els pobles aigües amunt del riu (E. Guinot et alii, 1999). Una evolució d’estes “parades” en els rius són els pantans, els quals també fan funció d’emmagatzematge i regulació i que són ja coneguts i construïts a època romana. Pot ser hi hagué algun d’ells a les nostres terres però els més antics conservats són els que es construïren a les comarques d’Alacant a partir del segle XVII, com ara els de Tibi, Alacant o Elx, en un moment històric en què hi hagué no tant major capacitat tecnològica sinó més bé necessitat social de disposar de més aigua de reg (T. Pérez Medina, 1997). En esta varietat de construccions per a la captació de l’aigua no podem oblidar les aparentment més humils, com ara les fonts canalitzades per al reg, o les més amagades, com ara les mines d’aigua, les galeries excavades que busquen el brollador d’aigua a la roca mare. Sobre les primeres normalment les construccions existents no són de gran envergadura, tal com es veu de forma molt clara a la important Font de Quart, a les Valls, o a la font de San Vicent a Llíria, però sí poden anar unides a grans basses d’emmagatzematge per a reunir el cabal d’aigua suficient per a fer tandes de reg. En molts pobles n’hi havia d’estes basses que hui han anat desapareixent, o estan reconstruïdes, però les més antigues les trobem associades a hortes medievals d’origen andalusí, i mantenen en alguns casos la seua estructura arquitectònica. Quant a les mines d’aigua, sovint van associades a una font i són presents a multitud de pobles, per la qual cosa n’hi ha centenars d’elles, si bé les seues dimensions i entitat són molt variables, així com la seua antiguitat. Tot indica que la majoria són dels dos o tres darrers segles però és cert que, en molts casos, la seua senzillesa tècnica i els materials usats són seculars i no és gens fàcil atribuir-los una cronologia simplement a través de l’anàlisi arqueològica. De fet sí que és clar que algunes mines són d’origen medieval i entre elles destaca poderosament la Font Antiga de Crevillent, un veritable qanat andalusí de vora tres quilòmetres de túnel soterrat i dotat de pous d’aireació, que va ser visitat i descrit a finals del segle XVIII per l’erudit i botànic Antoni Josep de Cavanilles (M. de Gea, 1990). I dins de l’arquitectura de captació de l’aigua no podem oblidar els pous, no sols els més simples i artesanals de consum humà sinó sobretot els de reg. Històricament els més significatius foren els que estaven associats a una sénia i la seua presència varià d’unes comarques a altres segons les facilitat d’accés a la capa freàtica, però entre els segles

Assut de la Séquia Reial del Xúquer, a Antella. La primera obra de sellars fou de finals del segle XVI però a causa de les riuades ha estat refet unes quantes vegades.

Plànol de 1782 de la Font de Quart (Quart de les Valls) (Arxiu del Regne de València, Mapes i Plànols, nº. 73).

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El caixer de la Séquia Reial del Xúquer, al terme d’Alginet
XVIII i XX la comarca del Baix Maestrat, a Vinaròs i Benicarló, per exemple, va reunir centenars d’estes sénies hui quasi desaparegudes, i el mateix podem dir de la seua molt usual presència a les zones baixes de les hortes costaneres, tocant les terres de marjal com ara a Alboraia, a la rodalia de l’Albufera o a la marjal de Pego i Oliva. Però si les sénies representen una època històrica antiga, els avenços tecnològics ens aportaren una nova arquitectura a partir del segle XIX: són els motors d’aigua, de vegades senzilles casetes però en alguns casos ben interessants perquè reuneixen instal·lacions de motors de vapor amb el seu fumeral i les noves màquines de motors d’electricitat del segle XX, com es constata al recent inventari dut a terme en el municipi de Picassent (F. Martínez, 2006).

En realitat els canals principals han estat refets amb formigó a la gran majoria de les séquies valencianes, per la qual cosa la conservació de séquies mare o braços principals amb la seua estructura de terra, la mota a les dues bandes i el traçat típic sinuós seguint les corbes de nivell, comença a ser una excepció preocupant, més encara atenent la velocitat d’introducció dels sistemes de reg per degoteig que anul·len per a sempre la funció de la séquia. Tot i això l’arquitectura singular més significativa relacionada amb la circulació de l’aigua és la que té com a objectiu salvar els obstacles de cota al llarg del seu recorregut. De forma molt senzilla podem trobar o bé la solució en altura, això és, els aqüeductes, o bé la solució subterrània mitjançant els sifons. Probablement els aqüeductes siguen les construccions més visibles d’esta arquitectura juntament amb els pantans, però sorprenentment encara no tenim un inventari complet dels existents a la Comunitat Valenciana, més quan un d’ells és una de les poques mostres d’època romana que ens han arribat. Ens referim al magnífic aqüeducte de Xelva però també als més desconeguts “Arcs” d’Estivella, en el qual sobreviuen arcs romans amb altres de gòtics medievals i reparacions de diverses èpoques. Tot indica que alguns altres es remunten a època islàmica, als segles X o XI, cas dels Pontets de Crevillent o l’aqüeducte del Salt de l’Aigua, de la Séquia de Quart, a Manises, als quals podem afegir-ne sumar uns quants més, baixmedievals, tot i que de vegades siguen per a subministrament urbà, cas del de Morella, que portava l’aigua de la font de Vinatxos. Quant als elements subterranis, els sifons reben el nom popular de canos o botes i estan presents almenys a les grans séquies com a solució per creuar un barranc i evitar així la

La segona qüestió pel que fa al funcionament dels sistemes de reg històrics és la circulació de l’aigua captada fins als camps on va a ser utilitzada, mitjançant les séquies. Estes tradicionalment sempre foren canals excavats en la terra però el seu traçat és en si el resultat d’una planificació i disseny del qual parlarem més avant en explicar el paisatge de les hortes. Recordem que hi ha trams de séquies excavades en la roca, com ara en diverses hortes dels pobles de l’Alt Palància o dels Serrans i que, normalment en trams inicials de les séquies que deriven de rius, no és estrany que de l’època medieval s’haja tingut que construir un caixer artificial amb pedres i calç perquè les revingudes anuals afectaven la seua integritat; estos trams solen rebre el nom de “les argamasses” i són ben rellevants, per exemple, en el cas de l’inici de la Séquia Major de Vila-real, al riu Millars (E. Guinot, S. Selma, 2002).

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Aqüeducte dels Pontets, de la Font Antiga de Crevillent. És una obra d’origen medieval, refeta també al segle XVIII, que forma part de l’impressionant “qanat” musulmà que permeté crear la desapareguda horta i palmerar de Crevillent

destrossa del canal en temps de pluges torrencials. Probablement el més antic dels valencians siga el cano de la Séquia Reial del Xúquer a Algemesí, que creua la rambla o riu Magre –del qual hi ha notícia ja de principis del segle XV–, mentre que els següents documentats són de la segona meitat del XVI o del XVII, cas del cano de la séquia de Montcada al barranc del Carraixet, del de la de Rascanya al mateix barranc, el de la de Favara al barranc de Catarroja o el de la Séquia Major de Benaguasil a la rambla Castellarda. Estos sifons han passat generalment molt desapercebuts perquè es veuen poc més que les casetes d’entrada i eixida, però tenen tant de mèrit arquitectònic com els trams de séquies minades que són usuals en algunes grans séquies com a solució per a evitar l’aterrament del caixer en punts de dificultat orogràfica. Per exemple, tenim també del segle XVII el molt llarg tram minat de la séquia comuna de Castelló-Almassora per a creuar la rambla de la Vídua i després seguir soterrat vora el llit sec del riu Millars, així com la continuïtat ja a soles de la Séquia Major de Castelló per dins de l’actual nucli urbà d’Almassora. És una gran obra del segle XVIII dotada de més d’una quinzena de grans pous de ventilació i un canal soterrat dotat de volta (E. Guinot, S. Selma, 2002). Un tercer tipo de construcció per al reg seria les destinades a l’emmagatzematge de l’aigua, de les quals les més monumentals són els pantans dels quals hem parlat abans. Molt més humils però de gran abundància, en canvi, són les basses de reg, fent referència a les d’origen antic ja que hui en dia estan fent-se’n moltes de noves per a regular el reg o el degoteig i no sembla massa lògic equiparar-les a les que es remunten als temps medievals com es fa en algunes ocasions. En els menuts sistemes hidràulics de muntanya de disseny islàmic és usual que la captació de la font siga acumulada en una d’estes basses, fetes d’argamassa i, sovint,

Eixida del tram minat de la séquia comuna de Castelló-Almassora

lluïdes per dins per fer estanc el recipient, tal com passa a les d’antics pobles de moriscos com ara Segart o Beselga, esta darrera en terme d’Estivella. Tot i que estes són les basses més significatives no hauríem d’oblidar la tradició de les hortes valencianes del conreu del cànem, per a fer sogues i cordes, el qual havia de ser preparat submergit en basses específiques de les quals hi ha abundant notícia als arxius tot i que pràcticament ja no se’n coneixen. Finalment, una darrera tipologia constructiva relacionada amb els sistemes de reg seria la relacionada amb la distribució dels cabals d’aigua centrats bàsicament en els partidors. Actualment la majoria de les séquies tenen els partidors tradicionals fets de nou, substituïts per portells laterals en els caixers de formigó, dotats d’una paleta metàl·lica i, moltes vegades, amb un torn per a facilitar la seua manipulació. Tot i això encara es troben en molts llocs antics partidors no substituïts i, entre ells, hem de destacar dues tipologies històriques. Els més senzills són els anomenats ulls o rolls, que tal com fa sospitar la paraula són forats rodons picats en una pedra de certes dimensions. El seu objectiu era dotar sempre de la mateixa quantitat d’aigua a la séquia que hi prenia, i era costum que estigueren sempre oberts com ara el cas dels dos ulls del Roll de la Margetana a la Séquia de Lorca, al terme de Ribarroja de Túria. Però sens dubte els més importants són els partidors de llengua o simplement llengües, això és, un tallamar de pedra situat al mig del corrent de la séquia per a dividir-la en dos braços (a vegades potser en més). L’ingeni del seu disseny rau en el fet de què vinga l’aigua que vinga sempre partirà de forma proporcional i equilibrada entre les dos séquies noves, eliminant així les disputes entre pobles en temps de sequera. Les llengües quasi sempre es troben situades a les séquies mare o a l’inici dels braços principals i no hi ha dubte que formen part del disseny dels sistemes hidràulics andalusins, anteriors a la conquesta de Jaume I. Hui en dia ja n’han desaparegut molts, o han estat soterrats, però en queden bastants realment importants o de vegades molt antics en la seua estructura, com ara les llengües entre la Séquia Sobirana i la Jussana de la Séquia Major de Borriana, o les d’AlboraiaAlmàssera a la séquia de Rascanya de l’Horta de València. Una recent excavació arqueològica a les llengües del Raig de la séquia de Tormos, a València, ha documentat les seues mides originals de dos colzes egipcis exactes d’ample en cada boca del partidor. Arquitectura hidràulica industrial Tot i que una primera impressió pot fer pensar en l’oposició espacial i social entre món rural i industrial, allò cert és que les més antigues màquines usades per la societat preindustrial foren mogudes per aigua. Es tracta primordialment dels molins, dels quals ací hem de citar en primer lloc totes les seues tipologies tècniques i d’ús, des dels tradicionals i més usuals fariners als d’arròs, tan típics de les planes costaneres valencianes, passant pels batans o molins drapers, ja ben documentats des del segle XIII a les principals hortes valencianes, fins arribar als més peculiars com ara els paperers, que començaren a difondre’s a L’Alcoià i el Comtat a partir del segle XVII, i també al riu de la Sénia i altres llocs a partir del XVIII. Junt a ells, puntualment, en segles passats han existit molins o més bé menudes instal·lacions industrials com ara els martinets de ferro (el Martinet de Paterna, per exemple), algun molí de pólvora a època Moderna, o també serradores de fusta (E. Guinot et alii, 1999).

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Doble ull de la séquia de Lorca (Ribarroja).

Llengües del Molí i del Palau, a la séquia Jussana de Borriana. La seua funció histórica era partir l’aigua de forma proporcional entre dos desaparegudes alqueries d’època islàmica del terme de Borriana.

Un dels pocs molins d’època medieval conservats a l’Horta de València. El molí del Tell, de la séquia de Favara. El casal propiament dit és la caseta a un aigua situada al centre del conjunt, en primera fila, i actualment ha estat restaurat al restar inclòs en el Parc de la Rambleta. El tenim documentat ja a principis del segle XIV però va ser quasi totalment refet al segle XVII i se li annexionà la casa al XVIII.

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L’arquitectura per a l’abastiment d’aigua a la població Finalment un tercer gran grup d’arquitectura hidràulica seria el relacionat amb el subministrament d’aigua per a usos potables, animals o de neteja en la vida quotidiana de les poblacions. Tot i la seua usual senzillesa, els primers exemples en què podem pensar poden ser la diversitat de fonts, rurals i urbanes comunes a qualsevol dels pobles valencians i que han generat punts de visita tan coneguts com les fonts de Sogorb, Viver, Begís, o les ben interessants gòtiques de la ciutat de Xàtiva (J. Hermosilla (dir.), 2002b). Relacionades directament amb estos usos potables cal fer esment de les cisternes o grans aljubs existents a molts pobles valencians. Es tracta de grans construccions subterrànies per a emmagatzemar aigua potable aportada per la séquia de reg en certes èpoques de l’any (en algun cas parla de la lluna nova de febrer) i garantir als veïns l’aigua en temps d’estiu. Tot i que s’acostuma a considerarles islàmiques, són difícils de datar en base a la seua anàlisi material, mentre que les dades arxivístiques les remunten com a molt al segle XVII, com ara el cas de les de Quart de Poblet, Aldaia, Ribarroja, Vilamarxant o Petrés. En la mateixa línia hem de citar ara les obres més modernes, normalment ja del segle XIX, relacionades amb el subministrament d’aigua corrent als nuclis urbans i a les cases de forma individualitzada. Estos sistemes de conducció d’aigües potables han generat en alguns casos grans construccions, tant d’aqüeductes com, especialment, de dipòsits com ara l’espectacular sala de columnes del de la ciutat de València i que actualment acolleix les dependències del Museu d’Història de la Ciutat, a tocar del veí terme municipal de Mislata. De forma paral·lela a l’arribada d’aigua als espais habitats han existit històricament altres instal·lacions per a fer-ne un ús higiènic, especialment de tres tipos. En primer lloc el clavegueram, els albellons de les ciutats i viles més importants per a evacuar les aigües residuals, i que, ja des d’època medieval documentem com una de les preocupacions de les autoritats municipals; per exemple, podem assenyalar el cas ben destacat de la pròpia ciutat de València amb els “vall vell” i “vall nou”, que funcionaren durant segles com a grans col·lectors, essent, el primer, subterrani i dotat d’una espectacular volta (M. J. Teixidor, C. Domingo, 1989). En la mateixa línia higiènica caldria tenir en compte també els banys públics, més abundants al període medieval que no al posterior i dels quals tenim exemples que es remunten a època andalusí, reutilitzats posteriorment en temps feudals, com ara els magnífics banys del convent de les Clarisses d’Elx o els banys de l’Almirall de la Ciutat de València. Tot i la importància d’estos no hauríem d’oblidar els testimonis arqueològics que ens han quedat dels banys d’època romana com els existents a Llíria, els més humils banys d’alqueries rurals islàmiques a Torres-Torres, o els urbans com els restaurats banys de l’Admirall, de la Ciutat de València (A. Ribera (dir.), 1991).

Les maquinàries dels molins han estat durant segles un dels instruments més complexos a l’abast del treball humà, moguts per la força hidràulica dels salts d’aigua. A la imatge, una mola del molí de Descals, a Ontinyent.

Però si aquells vells artefactes dels casals moliners formaren part del paisatge natural de les hortes valencianes, la revolució industrial des de finals del XVIII i durant el XIX també va lligada a l’energia hidràulica. Les primeres fàbriques industrials modernes foren instal·lades sobre antics molins per a aprofitar el salt d’aigua i moure les rodes o turbines, o també se’n crearen de noves en altres casos. Per exemple, hui en dia poden visitar-se les instal·lacions de la fàbrica tèxtil de Vinalesa creada a finals del Set-cents i, al seu exterior, veure la reconstrucció que s’ha fet del gir de la gran roda vertical situada a sobre de la Séquia de Montcada i que movia les primitives teixidores mecanitzades. També podem incloure en este grup instal·lacions molt més revolucionàries com són les primeres “fàbriques de llum” (o “molí la llum”, perquè fou usual en molts pobles instal·lar la turbina en un antic molí). Però la importància d’estes instal·lacions no hauria d’ocultar-nos exemples molt més modestos però bàsics per al progrés econòmic valencià de principis del segle XX, com ara les primeres “fàbriques” de tatxes de la plana de Castelló, d’Almassora o Borriana, situades a sobre d’antics molins al caliu del creixement de la demanda de caixes per a l’exportació de taronges. Actualment disposem ja d’una bona i extensa col·lecció d’obres que recullen els catàlegs de molins de diverses comarques valencianes (B. Barberà, 2002; J. Ivars, F. Sendra, 2002; T.V. Pérez Medina, 1999; T.Peris Albentosa, 2000; S. Selma, 2000; F. Sendra, 1998, 2001, entre altres autors).

I una darrera i també senzilla arquitectura hidràulica comuna a molts pobles però ben important, tant des del punt de vista de la vida quotidiana com de la sociabilitat, són els llavadors o safareigs. Tot i que aparentment solen correspondre més bé a construccions dels segles XIX i XX, és possible que en alguns casos puguen remuntar-se més arrere en el temps, i cal tenir-los molt en compte en la valoració dels circuits de l’aigua en els espais urbans i domèstics. Però si eixim fora dels recintes poblats encara haurem de fixar-nos en altres construccions hidràuliques relacionades amb diversos aspectes de la vida rural o quotidiana. Sens dubte el que podria ser més representatiu per la seua generalització arreu de moltíssims pobles valencians són les instal·lacions per a donar de beure al ramat, bàsicament centrades en les cisternes o aljubs rurals i els abeuradors dels animals. Les primeres són molt usuals vora els camins de la transhumància de les ovelles, per exemple a les terres del Maestrat de Castelló, i en molts casos han de remuntar-se almenys al segle XV, quan la llana de la comarca s’estengué per tota la Mediterrània occidental i la cabanya ovina cresqué de forma impressionant. En canvi els abeuradors per a cavalleries o altres animals són construccions molt més senzilles, fetes i refetes al llarg dels segles, però tant la seua senzillesa com la poca espectacularitat de la seua traça no haurien d’enganyar-nos quant al seu valor com a testimoni de la vida rural tradicional. Per acabar este repàs podrien incloure’s algunes altres construccions més peculiars, com ara els pous de neu o neve-

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Llavador d’Aras de los Olmos.

res, típiques de certes muntanyes valencianes i esteses als segles XVII i XVIII amb les conegudes funcions de conservació del gel per a usos alimentaris. Entre elles destaquen algunes de grans dimensions a la serra d’Aitana, a la de Mariola o als Ports de Morella (J. Cruz, J.M. Segura, 1996). L’arquitectura dels paisatges hidràulics: les hortes valencianes La segona arquitectura de l’aigua que proposem com a objecte d’estudi i valoració patrimonial són les hortes històriques. Cal aclarir en primer lloc que tot paisatge regat no és una horta ni molt menys; de fet, la major part del regadiu valencià actual no són hortes històriques sinó resultat de les

Una de les grans hortes històriques valencianes, relativament desconeguda: l’horta de la Séquia Major de Benaguasil, d’origen musulmà medieval i amb un paisatge construït ben complex tant per la seua xarxa hidràulica com pels models de parcel·lari. En la imatge, al fons, la Pobla de Vallbona

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L’horta d’Alboraia i la séquia de la Mar, en un plànol de finals del segle XVIII (Arxiu del Regne de València, mapes i plànols nº. 143).

transformacions agrícoles del segle XX quan les noves fonts d’energia i els pantans han permès estendre el reg a milers d’hectàrees que sempre havien estat de secà. Per això, la major part de l’actual paisatge de tarongerars de la Plana de Castelló o de la comarca de l’Horta de València no són en sentit estricte hortes històriques ja que estes corresponen exclusivament als espais agrícoles de regadiu vertebrats per séquies i canals d’origen medieval, unes vegades d’època islàmica anterior al segle XIII i en altres casos resultat de les ampliacions o noves hortes creades durant l’època medieval i moderna, com ara els casos de l’horta de la Séquia Major de Vila-real, la d’Escalona a Carcaixent o la Séquia Major de Sueca entre altres (E. Guinot, 2005a). En este sentit hauríem de definir les hortes mediterrànies com un dels més peculiars paisatges agraris del regadiu històric, que es remunten en el seus primers dissenys a l’època altmedieval, ja que foren els musulmans qui les estengueren d’est a oest de dita conca i han continuat funcionant fins l’actualitat en la seua arquitectura espacial bàsica. En l’origen d’aquestes hortes medievals també cal destacar la confluència de tradicions del reg del Pròxim Orient –les grans cultures mesopotàmiques i egípcies–, amb una nova agricultura procedent de la Índia i altres països monsònics –verdures que creixen a l’estiu amb molta demanda d’aigua, contraposades a la tradicional agricultura mediterrània anterior de cereals, vinyes i oliveres–, i a les que acabà sumant-se la tradició del Magrib basada en l’aprofitament exhaustiu de cabals d’aigua poc abundants. A tot això cal sumar-li encara uns criteris concrets d’organització social i de repartiment de l’aigua que tenien com a base uns drets col·lectius sobre ella així com la seua distribució proporcional entre els regants, tot i que al sud de la Comunitat Valenciana es documenten peculiars casos de venda dels torns d’aigua sobrants com ara a Elx o, antigament, a Crevillent (T. F. Glick, 2003).

Estes tradicions són les que estigueren en la base de la creació de les primeres hortes de terres valencianes entre els segles VIII i X, en època islàmica quan esta terra s’anomenava el Sharq al-Andalus, i tant la seua organització material com les seues tradicions socials de repartiment de l’aigua foren heretades a meitat del segle XIII pels colons i repobladors que arribaren en temps de la conquesta del rei Jaume I i han continuat en funcionament fins a l’actualitat. Es tracta per tant d’un veritable paisatge hidràulic construït espacialment, amb una ordenació del territori que respon a criteris socials sobre la forma d’ús i ocupació, i amb més de mil anys d’història a sobre d’elles, la qual cosa ens permet entendre-les com la suma acumulada de les successives societats i cultures rurals de la nostra terra. A grans trets els elements que defineixen esta construcció del territori de les hortes són, en primer lloc, la xarxa de canals i séquies d’irrigació, que vertebra de forma majoritària i dominat l’organització i localització de la resta d’elements de les hortes. En segon lloc hem de tenir en compte la localització dels nuclis de poblament, els espais de residència, que tant en el cas del poble concentrat com en el de la casa, barraca o alqueria dispersa representen fites que contribueixen a definir l’espai de l’horta. En tercer lloc hem de tenir en compte el traçat de les vies de comunicació entre estos punts de poblament però també els camins que porten a zones exclusivament de treball, als camps, el traçat dels quals esdevé sovint junt a les séquies principals (els eixos de rigidesa que dibuixen una part significativa d’aquest paisatge de les hortes). I el quart element, no menys important, és la parcel·lació dels camps, que segueix criteris d’adaptació a les línies anteriors però que dibuixa també clarament zones definides que van dibuixant el mapa visual de cadascuna de les hortes (E. Guinot, S. Selma, 2005).

Estos criteris són en realitat una eina tècnica per a descodificar la gènesi del paisatge actual d’una horta, però no podrem dur endavant este procés sense entendre els criteris socials que portaren al disseny primigeni de les hortes valencianes en època islàmica i les seues transformacions durant la baixa Edat Mitjana i l’època Moderna. A partir de la conquesta feudal del segle XIII les noves relacions socials dominants tingueren la seua aplicació concreta en el repartiment de moltes hortes, de tal manera que en el seu paisatge començà a acumular-se una nova capa d’ordenació del territori, de reconstrucció dels espais de treball, de selecció dels espais de residència i de modificacions en aspectes de les xarxes de reg i arquitectura hidràulica. Evidentment el destí de les diverses hortes baixmedievals i modernes valencianes no fou homogeni: hi hagué hortes que continuaren explotades pels mudèjars i moriscos

fins 1609, probablement amb pocs canvis interns, però en altres casos s’ampliaren significativament les hortes existents com ara a la comarca de La Ribera entre finals del segle XV i finals del XVIII; també canvià en estos segles el paisatge vegetal de moltes hortes –l’explosió de la morera, la difusió dels nous vegetals d’Amèrica, l’extensió progressiva d’una agricultura més comercialitzable i pensada per al mercat. Tot això, amb un progressiu augment dels llauradors que treballaven les hortes, implicà una densa història que ha anat modificant la realitat medieval fins arribar als nostres temps. Per això hem de parlar de la diversitat de paisatges de les hortes històriques valencianes al llarg dels segles –de l’horta de cereal i vinya medieval a l’horta de moreres de l’edat Moderna fins al mar de tarongers del darrer segle, tot un seguit de paisatges històrics sobreposats l’un a l’altre que cal diferenciar per a abastar el conjunt del seu valor patrimonial.

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Los embalses de la cuenca del Júcar

Francesc E. Franch i Ferrer
Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos
El autor en el paraje conocido como el Pozo Negro, en algún lugar de la Serra d’Espadà

No podemos comenzar a hablar sobre los embalses de un determinado territorio sin conocer previamente alguno de los aspectos del mismo que, al fin y al cabo, van a determinar los criterios de diseño de las presas que los cierran. Así pues, recorreremos en primer lugar y en términos generales la fisiografía, hidrografía y climatología de la cuenca del Júcar La cuenca hidrográfica del Júcar, con una extensión de 42.988,6 km2, comprende todas las cuencas que vierten al mar Mediterráneo, entre la margen izquierda de la Gola del Segura, en su desembocadura, y la desembocadura del río Cenia, además de la cuenca endorreica de Pozohondo. Administrativamente hablando incluye totalmente las provincias de Valencia, Castellón, buena parte de las provincias de Alicante, Teruel, Cuenca y Albacete y una pequeña porción de la provincia de Tarragona. Administrativamente, la gestión de los recursos hídricos corresponde a la Confederación Hidrográfica del Júcar. Dentro de la cuenca hidrográfica se diferencian dos zonas: 1. Interior, montañoso, con altitudes superiores a los 1.800 m. 2. Llanuras litorales o «planas». Las llanuras litorales se cortan bruscamente contra las prolongaciones de los relieves del interior. En estas llanuras litorales existe la tendencia a la formación de marjales o albuferas entre las que destaca la de Valencia. Los relieves interiores responden a alineaciones que penetran en el área de la cuenca: • Desde el norte: dominio catalánide y dominio ibérico. • Desde el sur: dominio bético. Todo ello supone un 25 % de la superficie total de la cuenca en cotas por encima de los 1.000 metros. El resto de la cuenca se sitúa por debajo de esta cota: el 33% corresponde a las planas, situadas por debajo de la meseta, y el resto, el 42% corresponde a las planas de la llanura manchega. Para la descripción de estos relieves podemos confiar en las palabras escritas por el ilustre Botánico valenciano del siglo XVIII D. Antonio José Cavanilles que dice, ya en el prólogo de su obra Las observaciones sobre el Reyno de Valencia: ...«Por todos los confines del Reyno se hallan montañas que dificultan el paso, sin mas excepción notable que las llanuras por donde se pasa a las ciudades de Murcia y de Villena. Por estos mismos sitios, igualmente que por todas las otras partes, a medida que se interna en el reyno se encuentran escarpados cerros y montes de mucha altura, que dexan profundos barrancos, y forman ya grupos o laberintos intrincados, ya cordilleras de muchas leguas sin interrupción aparente»... Hacemos esto extensible a los territorios que esta Confederación abarca. En la Ilustración 1 se muestra de forma visual la distribución de cotas dentro del territorio de la CHJ.

Quedan en esta figura claras las delimitaciones de las planas y el abrupto relieve interior. Con cotas mas elevadas en la zona norte interior. Esta situación es la que define la tipología y recorrido de los ríos de la cuenca. Citando de nuevo a Cavanilles, en el prólogo de su obra habla de los ríos que engloba la CHJ. ...«Los principales ríos del reyno son el Xúcar, Turia, Millares y Segura; y de segundo orden el Palancia, Albayda, Alcoy y Cenia. Añádese un número considerable de riachuelos, que con las innumerables y copiosas fuentes aumentan el riego y las producciones»... Nos sirve de nuevo su descripción de los cursos principales ...«Corto es el número de llanuras del reyno, y aun estas estrechas, hallándose casi siempre entre el mar y las raíces de los montes. Así los ríos para atravesar el reyno se ven precisados a correr por profundos cauces, como se observa en el Xúcar, Turia, Palancia y Millares. Parece imposible que las aguas hayan podido romper los obstáculos de tantas leguas de montes, formando en ellos surcos de mas de mil palmos de profundidad. Desde Cofrentes hasta Antella corre el Xucar por el profundo cauce que llace entre el caballón y los montes de Cortes, Millares y Sumacarcer. El Turia, después de atravesar el Rincón de Ademuz, entra en las gargantas de varios montes, y al pasar por Chulilla corre por canales de mas de 600 palmos de profundidad, y apenas 50 de ancho, describiendo curvas en aquella materia, mas dura que el mármol ordinario. Palancia desde que nace en Peñaescabia serpea por las profundas raices de los montes, fecundando 22 pueblos que se hallan en su curso hasta Murviedro. Últimamente Millares entra en el reyno por la Puebla de Arenoso, y desde allí hasta Fanzara se ha abierto paso por los apéndices de la sierra de Espadán, en partes tan profundo y estrecho, que no se pueden registrar aquellos cortes sin estremecerse.»...

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ILUSTRACIÓN 1. Distribución de cotas en el territorio de la CHJ.

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En la gestión de las aguas de todos estos cauces se impone un orden geográfico. De ese orden lógico surge el concepto de sistema de explotación como una unidad geográfica donde se tienen en cuenta todos los recursos disponibles tanto superficiales como subterráneos para su correcta explotación. De norte a sur los sistemas de explotación son los siguientes: CENIA-MAESTRAZGO: Comprende la totalidad de las cuencas de los ríos Cenia, Valviquera, Cervol, Bco de Agua Oliva, Cervera, Alcalá y San Miguel, así como todas las subcuencas litorales del territorio comprendido entre la margen izquierda del río Cenia y el límite de los términos municipales de Oropesa y Benicasim. En él se encuentra el embalse de Ulldecona. MIJARES-PLANA DE CASTELLÓN: Comprende la totalidad de las cuencas de los ríos Mijares, Seco, Veo y Belcaire y la totalidad de las cuencas litorales comprendidas entre Benicasim, incluido su término municipal, y el límite provincial entre Castellón y Valencia. Incluye los embalses de Arenós, Sichar y María Cristina. En cuanto al régimen de los ríos de la cuenca tan sólo tres superan un caudal medio de 10 m3/s, el Mijares, el Turia y el Júcar, siendo el Júcar el más caudaloso, con una aportación media de 1.825 hm3 anuales que equivale al 55% del total de los recursos disponibles. Los cauces que constituyen la cuenca del Júcar tienen un régimen marcadamente mediterráneo, caracterizado con unas fuertes sequías en verano frente a inundaciones en otoño. Y volviendo a la actualidad, la red hidrográfica de la CHJ queda resumida en la tabla que se muestra a continuación: PALANCIA Y LOS VALLES: Comprende la cuenca del río Palancia en su totalidad y las subcuencas litorales comprendidas entre el límite provincial de Valencia y Castellón y el municipal entre Sagunto y Puzol. En él se encuentra el embalse del Regajo. TURIA: Comprende la cuenca propia del río Turia en su totalidad, así como la de los barrancos de Carraixet y Poyo y las subcuencas litorales comprendidas entre el límite norte del término municipal de Puzol y la Gola del Saler. Los embalses principales son Arquillo de San Blas, Benagéber y Loriguilla en el río Turia.

ILUSTRACIÓN 2. Red hidrográfica y embalses principales.

RÍO (longitud) CENIA (49 km) SERVOL (59 km) MIJARES (156 km) Rambla DE LA VIUDA (81 km) PALANCIA (85 km) TURIA (280 km) JÚCAR (497,5 km) CABRIEL (262,2 km) ALBAIDA (38 km) MAGRO (125,9 km) SERPIS (74,5 km) GIRONA (38,6 km) ALGAR-GUADALEST (12,2 km) AMADORIO (28,4 km) MONNEGRE (39,8 km) VINALOPÓ (81,2 km)

Nacimiento Norte de Fredes; Tinença de Benifassar Vertiente meridional del Port de Torre Miró (Morella) Sierra de Gudar

Sistema Cenia-Maestrazgo Cenia-Maestrazgo) Mijares-Plana de Castellón Mijares-Plana de Castellón

Cuenca (km2) 196,7 343,1 4.028,2 1.510,3 911,2 6.393,6 21.578,5 4.754,2 1300,5 1.543,7 752,8 117,7 216,2 205,2 486,6 1.691,7

Sierra del Toro (Javalambre) Muela de San Juan (Mtes. Universales) Cerro de San Felipe (Mtes. Universales) Muela de San Juan (Mtes. Universales) Sierra Mariola (Alcoy)

Palancia-Los Valles Turia Júcar Júcar Júcar Júcar

Sierra Mariola (Alcoy) Alcoy Alcoy Alcoy Alcoy Alcoy

Serpis Marina Alta Marina Baja Marina Baja Marina Baja Vinalopó-Alancantí

JÚCAR: Comprende la cuenca propia del río Júcar en su totalidad, incluyendo, además, el área y servicios efectivamente atendidos por el Canal Júcar-Turia y las subcuencas litorales comprendidas entre la Gola del Saler y el límite de los términos municipales de Cullera y Tabernes de Valldigna. Los embalses principales de este sistema son Alarcón, Contreras y Tous. Entre los tres abarcan el 70 % del volumen embalsable de la CHJ. SERPIS: Comprende la totalidad de las cuencas del río Serpis, Jaraco y Beniopa y las subcuencas litorales comprendidas entre el límite sur del término de Cullera y el límite norte del término de Oliva. En el Serpis se encuentra el embalse de Beniarrés. MARINA ALTA: Comprende la totalidad del las cuencas de los ríos Girona y Gorgos y las subcuencas litorales comprendidas entre el límite norte del término municipal de Oliva y la margen izquierda del río Algar. MARINA BAJA: Comprende las cuencas propias de los ríos Algar y Amadorio y las subcuencas litorales comprendidas entre el río Algar y el límite sur del término municipal de Villajoyosa. En el afluente del río Algar se encuentra el embalse de Guadalest situándose el embalse de Amadorio en el río del mismo nombre. VINALOPÓ-ALACANTÍ: Comprende las cuencas propias de los ríos Monegre, Rambla de Rambuchar y Vinalopó y las subcuencas litorales comprendidas entre el límite norte del término municipal de El Campello y la divisoria con la Confederación Hidrográfica del Segura. El territorio de la Cuenca Hidrográfica del Júcar está influenciado por un clima básicamente mediterráneo, caracterizado por un intenso y largo periodo estival. Sin embargo, y debido a la geografía y relieve, se producen las siguientes diversificaciones del clima: • Grandes diferencias entre norte y sur del área de la cuenca debido a la extensión de la misma. • Atenuación de los efectos continentales por efecto de las líneas montañosas, prácticamente continuas, de eje noroeste-suroeste. • Zonas costeras afectadas por la dinámica de vientos marinos del Mediterráneo generando una elevada diferencia de temperaturas medias entre la costa y el interior. • Las cadenas montañosas generan áreas secas y subdesérticas al aumentar los efectos de solanas y umbrías. • Régimen de precipitaciones dominado por vientos de poniente (en la porción occidental) y levante (litoral y sublitoral). Todo ello da lugar a irregularidades climáticas y a marcadas diferencias entre norte y sur y entre este y oeste. La mayor parte del territorio se encuentra a resguardo de las lluvias de origen atlántico. Pero el Mar Mediterráneo es una gran fuente de calor y humedad que actúa en el sector litoral por una parte como agente suavizador del clima y por otra

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ILUSTRACIÓN 3. Sistemas de explotación.

como causante de lluvias torrenciales. El ejemplo extremo de esto último es la llamada “gota fría”. Este efecto puede considerarse como el más importante, debido a que puede llegar a provocar inundaciones catastróficas. Esto sucede cuando concurren una serie de factores que no son habituales como: • Penetración de aire frío a nivel de la troposfera. • Aislamiento de ese aire frío en una bolsa de aire más cálido. La unión de estas masas de aire provoca de por si una gran inestabilidad, acentuada en ciertas zonas donde llega a producirse una convección forzada de enormes volúmenes de aire de forma violenta. Esto produce tormentas muy intensas cercanas a la costa con el mediterráneo como principal aportador de humedad.

ILUSTRACIÓN 4. Embalses principales de la cuenca del Júcar.

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Dependiendo de la orografía, las crecidas originadas pueden ser de gran importancia. Así, las sierras del flanco sur de dirección Penibética pueden hacer coincidir las crecidas con las del norte de dirección Ibérica como en el caso de la crecida del Turia en 1957 coincidente con la crecida del río Magro. Cuando el fenómeno alcanza suficiente energía puede superar la Muela de Cortes y afectar a la cuenca del Júcar, como sucedió en 1982 generando lluvias en una extensión de 5000 km2. Esta situación implicó como bien sabemos la rotura de la presa de Tous provocando una catástrofe sin precedentes en España. En cuanto a las temperaturas, en general la distribución se adapta al relieve, si bien el gradiente térmico entre las tierras del interior y los llanos costeros es más acusado en invierno que en verano. La distribución de lluvias también está influenciada por el relieve, situándose las zonas de máxima pluviometría en el interior septentrional de la provincia de Castellón y la fachada oriental de las sierras Béticas (Pego). La elevada pluviosidad de estos puntos se debe al efecto conjunto de la altitud y proximidad al mar.

ILUSTRACIÓN 5. Vista del embalse de Alarcón.

ILUSTRACIÓN 6. Volúmenes embalsados a día 1 de octubre en los últimos 43 años.

Los puntos de menor pluviosidad también se deben al relieve, como el efecto pantalla de las sierras Béticas sobre la franja meridional seca o el entorno cerrado por montañas en el caso de Ayora-Cofrentes y la plana de Utiel-Requena. Una vez explicado el funcionamiento básico de la cuenca es mas fácil entender la distribución y tipología de los embalses de este territorio. España es el cuarto país del mundo en número de presas de embalse y se beneficia del uso de las mismas desde la época romana. Es un hecho que los embalses tienen un efecto beneficioso para el desarrollo de un país o región. Incluso teniendo en cuenta los actuales argumentos esgrimidos por profanos y especialistas en contra de las construcción de presas, en el debate hay que poner siempre en la balanza la necesidad de las mismas y los beneficios que conllevan. A grandes rasgos los beneficios aportados por los embalses podrían ser los siguientes: nos permiten derivar el agua de los cauces hasta donde se ha de usar, almacenar agua sobrante para su uso en épocas de necesidad, obtener energía limpia y renovable, nos garantizan riegos y suministros de agua potable, incluso el uso recreativo de las aguas y, por último, pero no menos importante nos protegen de las avenidas. Esto último es de especial aplicación en el ámbito de la cuenca del Júcar. Los episodios de lluvias ligados a fenómenos de gota fría que se dan en esta zona han generado lluvias tan copiosas que de no ser por la acción laminadora de los embalses los efectos de las mismas en las zonas aguas abajo hubieran sido muy perjudiciales, incluso en algunos casos, catastróficos. La cuenca del Júcar incluye en su territorio 27 embalses cuya capacidad total evaluada está en torno a los 3.334 hm3, de

ILUSTRACIÓN 7. Vista del embalse de Contreras.

ILUSTRACIÓN 8. Volúmenes embalsados en los embalses explotados por la CHJ a día 1 de octubre en los últimos 43 años.

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ILUSTRACIÓN 9. Vista del nuevo embalse de Tous.

los cuales más del 70 % se encuentra en el sistema Júcar, entre los embalses de Alarcón, Contreras y Tous. Y más del 90 % entre los sistemas Júcar y Turia. El hecho es, como se puede apreciar en los gráficos, que el volumen embalsado raramente supera el 50 % de la capacidad total, y aunque hay que remarcar que los gráficos siguientes se han realizado con fecha 1 de octubre (final del año hidrológico) por lo que al estar recién pasada la campaña de riegos los embalses no muestran su máxima capacidad anual. Es significativo ver en los gráficos un cierto ciclo hiperanual en la evolución de los volúmenes de embalse. Si hacemos este análisis en cada uno de los sistemas de explotación podemos ver también, salvando las distancias, esta evolución de los volúmenes embalsados. Sistema de explotación Júcar En este sistema se encuentran los tres embalses de mas capacidad de la Confederación. El embalse de Alarcón con 1.118 hm3, el embalse de Contreras con 852 hm3 y el embalse de Tous con 378 hm3. Como ya se ha dicho estos tres embalses podrían contener el 70 % del agua embalsada en la CHJ. El resto de embalses del sistema, dado su régimen de explotación por compañías hidroeléctricas, no cumplen una función reguladora por lo que no se consideran a la hora del cálculo de balances de recursos.

Sistema de explotación Turia Los embalses de este sistema son: el embalse de Arquillo de san Blas, encargado del abastecimiento de la ciudad de Teruel, con 21 hm3, el embalse de Benageber con 221 hm3 y el embalse de Loriguilla con 73 hm3

ILUSTRACIÓN 10. Volúmenes embalsados en el sistema Júcar a día 1 de octubre.

ILUSTRACIÓN 11. Volúmenes embalsados en el sistema Turia a día 1 de octubre.

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Sistema de explotación Mijares Los embalses de este sistema son: el embalse deArenós con 137 hm3, el embalse de Sichar con 49 hm3, el embalse de Mª Cristina con 18 hm3 y el embalse de Alcora con 2.2 hm3. Sistema de explotación Marina Baja

ILUSTRACIÓN 12. Volúmenes embalsados en el sistema Mijares a día 1 de octubre.

Esta formado por los embalses de Amadorio y Guadalest con 15,8 y 13 hm3 de capacidad, respectivamente. Como ejemplo de la función laminadora de los embalses de la cuenca del Júcar citaremos el último episodio de lluvias intensas con efectos dañinos. Entre los días 20 y 26 de octubre del año 2000 se dio una situación de gota fría. La diferencia entre esta y otras gotas frías, que son fenómenos relativamente comunes en nuestra zona, fue su larga duración (5 días) y su gran extensión.

ILUSTRACIÓN 13. Volúmenes embalsados en el sistema Marina a día 1 de octubre.

La precipitación media areal acumulada sobre el territorio de la cuenca del Júcar entre el 20 de octubre a las 8:00 y el 25 de octubre a las 8:00 fue de 143,3 mm, equivalente a un volumen de agua de 6.123 hm3. Las lluvias fueron en casi todos los casos torrenciales con intensidades entre 60 y 80 mm/hora. La siguiente imagen nos muestra la distribución de las lluvias en esos días.

ILUSTRACIÓN 14. Mapa raster de lluvias acumuladas del 21 al 25 de octubre de 2000.

Debido a estas lluvias se produjeron caudales importantes en casi todos los cauces del sector norte y centro de la cuenca del Júcar. Valga como ejemplo los caudales punta registrados por la red SAIH (Sistema Automático de Información Hidrológica) de la Confederación Hidrográfica del Júcar) • Río Júcar (Huerto Mulet): 610 m3/s • Río Magro (Guadassuar): 790 m3/s • Rambla del Poyo: 538 m3/s • Río Turia (La Presa): 372 m3/s • Barranco del Carraixet (a su paso por Betera): 100 m3/s La situación que se planteó puso en funcionamiento 6 presas. Éstas garantizaron la laminación de las crecidas de los ríos Palancia (embalse de Regajo y Algar), Mijares (María Cristina, Sichar y Alcora) y Cenia (Ulldecona). El caso del embalse de Ulldecona es particularmente significativo ya que partiendo de una situación de embalse vacío, se llenó en tan solo 11 horas, llegando a verter por sus órganos de desagüe de coronación. El efecto laminador fue muy grande, reduciendo los caudales en los cauces aguas abajo de los embalses hasta valores asumibles por los cauces. Esta tabla resume los efectos logrados por cada embalse.
EMBALSE CAUDAL PUNTA DE ENTRADA ENTRADA (m3/s) CAUDAL DE SALIDA (m3/s) REDUCCIÓN (%)

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ILUSTRACIÓN 15. Presa de Algar vertiendo por aliviaderos.

Con todo lo analizado en este trabajo se quiere resaltar una vez más el doble efecto de nuestros embalses, regulador y laminador, tan necesarios para nuestra cuenca por los motivos anteriormente apuntados.

Embalse María Cristina Embalse Sichar Embalse de Alcora Embalse de Regajo Embalse de Algar Embalse de Ulldecona

1.268 694 318 363 753 297.7

774 122 186 236 288 142.5

39 82,4 41,5 35 61,8 52,1

ILUSTRACIÓN 16. Embalse de María Cristina vertiendo por coronación.

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La complejidad de la gestión del agua ha penetrado en la terminología contemporánea de modo que la alusión a los bancos de agua no es sólo metafórica. En la foto la sede central de un tradicional banco valenciano.

¿Son los contratos de cesión de derechos y los bancos de agua instrumentos convenientes para mejorar la gestión del agua?

Joaquín Melgarejo Moreno Mª Inmaculada López Ortiz
Departamento de Análisis Económico Aplicado Universitat d’Alacant
Los autores en un puente sobre el río Ródano a su paso por Lyon

Conceptualmente, el agua ha pasado de ser un bien libre, inalterable y “abundante” a ser considerado un recurso con un valor social, que interviene como input en procesos económico-productivos, es escaso y susceptible de degradación. Las crecientes demandas de agua, incluidas las medioambientales, han puesto de manifiesto su valor económico y la necesidad de que el recurso sea asignado a unos usos eficientes. Sin embargo, el sistema económico vigente no asume esta concepción en su totalidad, limitándose en el mejor de los casos a plantear un modelo de explotación que incluye la recuperación de costes que la disponibilidad del recurso genera. Es en este contexto en el que cobra valor el argumento de que el mercado puede ser un mecanismo eficaz para modificar inercias del pasado y para introducir racionalidad económica en la gestión del agua. Una política de precios puede contribuir significativamente a la valoración del recurso y, como resultado de ello, puede ser un estímulo eficaz para el ahorro de agua, mientras que la gratuidad es más bien un estímulo al despilfarro. No obstante, hay quien argumenta que un mercado de aguas no lograría resolver una serie de diversos y complejos problemas de índole pública, ya que el intercambio libre de derechos privados puede tener impactos sobre terceros, sean éstos otros usuarios o el medioambiente. Además, se arguye que el mecanismo de precios no es capaz de reflejar algunos valores sociales que son más cualitativos que cuantitativos (paisaje, tradiciones, equidad, ...). Sin descartar los instrumentos tradicionales de regulación, una política de contención de la demanda, coherente con la consideración del agua como un recurso escaso cuya demanda no puede ser atendida ilimitadamente como presuponía el sistema concesional, requiere una reforma del sistema de gestión del agua mediante la introducción de incentivos económicos que trasmitan señales de escasez. Desde estos supuestos, los mercados del agua podrían ser un mecanismo eficaz para lograr que los recursos hídricos sean mejor valorados por los usuarios y para transmitir información sobre la escasez del recurso en cada situación. De lo que se trata es de buscar mecanismos que trasladen a los consumidores “señales de escasez”, que les induzca a valorar el agua por su coste efectivo con la finalidad de moderar las demandas. Esto, según V. Pérez Díaz y otros (1996, p. 72), puede conseguirse tanto introduciendo un coste directo del agua (cobrando un precio por ella) como estableciendo un coste de oportunidad (permitiendo a los concesionarios la venta del agua que no utilicen). Para favorecer un uso más racional del agua, tan efectivo como establecer un precio que se aproxime a los costes de producción puede ser el permitir que el agua a la que se tiene derecho y no es utilizada adquiera un valor económico, pudiendo ser vendida a otros usuarios o a la propia administración hidráulica. Parece claro, pues, el papel que puede desempeñar la introducción de pautas de comportamiento asociadas al “mercado”, ya que, en principio, la razón para autorizar los intercambios entre particulares estaría relacionada con el interés de que los usuarios percibieran las señales inequívocas de

escasez real que tiene el recurso, lo cual podría ser entendido como una medida complementaria y, en ocasiones, alternativa a la tradicional política de incremento de la oferta para satisfacer una demanda permanentemente insatisfecha. Un mercado, en principio, tiene dos funciones esenciales. De un lado, facilita el intercambio entre dos particulares que obtienen de él ganancias mutuas, y, bajo ciertos supuestos, beneficia también al conjunto de la sociedad porque favorece una asignación más eficiente de los recursos, en especial de aquéllos que son escasos como el agua. Parece obvio que el uso que pueda hacer el comprador debe ser más efectivo que el del vendedor, máxime si se tiene en cuenta que el primero tiene que hacer frente a unos costes de transacción no despreciables, por lo que la rentabilidad a obtener por el adquirente empleando el agua potencialmente debe ser mayor que la que obtendría el vendedor. La otra función esencial del mercado consiste en la distribución de información sobre el valor relativo de un bien escaso. El desarrollo de toda una economía del agua al margen de las fuerzas del mercado sustenta la tesis de que la información sobre el valor relativo del agua es dispersa, fragmentada, distorsionada y ruidosa (A. Garrido Colmenero, 2000). Por todo ello, las dos funciones esenciales de un mercado son la eficiencia asignativa y servir de vehículo de transmisión de información sobre el valor de intercambio de los bienes; es decir, los mercados del agua podrían ser un mecanismo eficaz para lograr que los recursos hídricos sean mejor valorados por los usuarios y para transmitir información sobre la escasez del recurso en cada situación. El origen de los modernos mercados del agua ha sido similar en todos los lugares donde se han establecido (Chile, California, Texas). En estos espacios, la asignación de derechos de agua y el registro de sus usos han sido el resultado de complejos procesos históricos que, a su vez, son el reflejo de las decisiones adoptadas en el pasado, de la existencia de cambiantes necesidades sociales y de las transformaciones institucionales. Ahora bien, aunque al hablar de mercados del agua suele imaginarse una situación de libre intercambio del recurso gobernada por la teoría económica clásica de equilibrio entre oferta y demanda, la realidad es bien diferente, incluso en sociedades con una tradición económica muy liberal, ya que los condicionantes naturales, históricos e institucionales que operan sobre estos intercambios transforman el mercado en un mecanismo con muchas restricciones. La promulgación de la Ley de Aguas de 13 de diciembre de 1999 supuso una importante novedad en el ordenamiento hídrico español, ya que aspiraba a modificar sustancialmente el sistema de explotación de las aguas, introduciendo criterios de racionalidad económica que contribuyesen a una gestión más adecuada y a una mayor preservación del recurso natural. La Ley modificaba la anterior de 1985, introduciendo medidas encaminadas a flexibilizar el sistema concesional en que se ha sustentado la política hidráulica desde que fuera gestada por el pensamiento regeneracionista1. Esta política, aplicada durante todo el siglo XX, llevó implícito un sis-

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La mirada tradicional, evocadora y bucólica de las reservas superficiales de agua está dando paso a otras perspectivas donde mercantilismo y medio ambiente libran una dura batalla.

tema de gestión y financiación coherente con su propósito de aumento constante de la oferta de agua2. Frente a esta situación, la Ley de 1999 prevé nuevas formas de asignación de recursos de agua. Permite la transmisibilidad de las concesiones, introduce la figura de la concesión para el riego alternativo o sucesivo de distintas superficies, o prevé un perímetro máximo de superficie dentro del cual el concesionario podrá regar unas parcelas u otras. También posibilita otorgar concesiones colectivas para riego (G. Ariño y M. Sastre, 2001, p. 368). En definitiva, con la Ley de 1999 se introducen en el ordenamiento jurídico español los contratos de cesión de derechos de agua y, con ellos, el mercado del agua. En la Ley de 1985 el aprovechamiento de las aguas, al estar supeditado al concepto de dominio público, no podía cederse ni venderse, salvo que la Administración, previo expediente administrativo en cada caso, autorizase una sustitución de caudales o un cambio de destino de los otorgados. Es un hecho que tales posibles transferencias no se han producido de forma oficial3. La Ley de 1985 establecía que el agua era un bien “gratuito”, como si se tratase de un recurso abundante; sin embargo, la realidad hidrológica española no corrobora esta consideración, y la propia sociedad admite que se trata de un recurso natural escaso y ciertamente valioso. Esta legislación tan sólo prevé exacciones destinadas, fundamentalmente, a resarcir a la administración hidráulica de una parte de las inversiones necesarias para garantizar la disponibilidad del recurso (canon de regulación, tarifa de utilización y canon de vertido), sin tener en cuenta los demás costes de oportunidad que el consumo tiene para la sociedad. Lo más relevante, desde la óptica económica, es que estas exaccio-

nes se configuran a partir de las obras requeridas para disponer del recurso y depurarlo, pero no guardan relación, como reconoce el Libro Blanco del Agua (1998, p. 540), con la escasez del recurso y, por tanto, no tienen en cuenta su valor económico, ni tampoco consideran la disposición a pagar por parte de los potenciales consumidores. En definitiva, la ausencia de un sistema que traslade al usuario los costes reales, unido a los preceptos del régimen concesional, no facilitan que se produzca una asignación económicamente eficiente entre los demandantes que compiten por el recurso4. Las disfunciones que provoca este sistema de asignación concesional, no económica, se muestran en las dificultades de precisar términos como “demanda” (sin precio asociado), “racionalidad y economía en el uso del agua”, “caudal ecológico”, etc. Frente a esta situación de absoluta rigidez en la asignación del agua, la nueva Ley de 13 de diciembre de 1999 ha introducido medidas encaminadas a flexibilizar el sistema concesional5. Así, en primer lugar, se permite la transmisibilidad de las concesiones que pueden ser destinadas a otros usos distintos del inicialmente previsto; si bien se contemplan limitaciones6. De este modo, se introdujeron en el ordenamiento jurídico español los contratos de cesión de derechos de agua. Se trata de una nueva forma de asignación de recursos de agua en la que la iniciativa la tienen los concesionarios que desean transmitir o adquirir derechos, y en la que el papel de la administración hídrica, aún existente en teoría puesto que se le tienen que notificar los contratos realizados para su aprobación, se difumina sobremanera porque su silencio en el breve plazo que se le otorga para responder equivale a la aceptación de la voluntad de los contratistas (silen-

cio administrativo positivo), con la excepción de los contratos para la transmisión de derechos de agua entre cuencas, en los que es necesaria la aprobación expresa (A. Embid Irujo, 2000). En segundo lugar, se ha modificado el apartado 4 del artículo 59, introduciendo la figura de la concesión de riego para distintas superficies de terreno alternativa o sucesivamente, o se prevé un perímetro máximo de superficie dentro del cual el concesionario podrá regar unas parcelas u otras. En tercer lugar, establece que el Organismo de cuenca podrá otorgar concesiones colectivas para riego a una pluralidad de titulares de tierras (G. Ariño y M. Sastre, 2001, p. 368). La posibilidad de mejorar la asignación de los recursos mediante transacciones voluntarias, una vez bien definidos los derechos de los agentes interesados, es una cuestión central en la discusión de las políticas económicas del agua, pues a ella se remiten las rigideces jurídicas concesionales y los posibles mercados y bancos del agua. La nueva regulación, Ley de 1999, supone una novedad muy sustantiva, ya que contempla la creación de una nueva forma de asignación de derechos por la mera voluntad de los particulares frente a las formas tradicionales de otorgamiento mediante concesión o por título legal, que hasta ahora eran las únicas fórmulas contempladas por el derecho español, y que en ambos casos suponían la decisión expresa de un poder público (A. Embid Irujo, 2000). El sistema de intercambios previstos en el contrato de cesión temporal de derechos, aunque en sentido estricto no es un mercado, puede ser considerado así porque incorpora tres aspectos que aproximan el intercambio al mecanismo de mercado: la voluntariedad de las partes, la temporalidad variable de las cesiones y el precio negociado libremente. Por lo tanto, aunque el agua no es objeto de transacción, sí lo es el derecho a usarla, por lo que podemos llamar mercado a lo que la Ley denomina contratos de cesión de derechos, tal como lo hace A. Garrido Colmenero (2000). Desde una óptica técnico-política, el impulso a la introducción del “mercado” del agua vino desde el ámbito del Ministerio de Medio Ambiente con la redacción y debate del Libro Blanco del Agua (1998, p. 754), en el que se consideraba al agua como un bien preferente. Se consideraba que la intervención pública en los ámbitos de la producción, distribución y consumo del recurso estaba motivada por varias razones, a saber: la irracionalidad de los consumidores, que podían consumir más o menos cantidad del bien en función de sus intereses privados, que no serían considerados socialmente; la generación de externalidades positivas o negativas que pueden producir sobre otros bienes y consumos; y la necesidad de garantizar un consumo mínimo de los mismos. En atención a estos criterios y de la no existencia de derechos de propiedad sobre el agua, se ha considerado que la provisión del mismo no es la óptima si no incorpora un sistema de precios que actúe de indicador de la consideración de recurso escaso y renovable que el agua tiene. La exposición de motivos de la Ley de 1999 arguye como una

de las razones para la modificación de la Ley de 1985 la “intensísima sequía” de los primeros años de la década de los noventa, proponiendo el legislador la “búsqueda de soluciones alternativas, que con independencia de la mejor reasignación de los recursos disponibles a través de mecanismos de planificación, permitan de un lado incrementar la producción de agua mediante la utilización de nuevas tecnologías (...) y, por otro, potenciar la eficiencia en el empleo del agua para lo que es necesario la requerida flexibilización del actual régimen concesional a través de la introducción del nuevo contrato de cesión de derechos al uso del agua, que permita optimizar socialmente los usos de un recurso tan escaso”. El artículo 61 bis de la Ley de 1999 es el que introduce la posibilidad de realizar transferencias de los derechos concesionales mediante la celebración de contratos de cesión de derechos sobre el agua7. Analicemos con más detalle sus propuestas. 1º) Sujetos que pueden contratar. La norma precisa que “los concesionarios o titulares de algún derecho privativo de las aguas podrán ceder con carácter temporal a otro concesionario o titular de derecho de igual rango según el orden de preferencia establecido en el plan hidrológico de cuenca correspondiente o, en su defecto, en el artículo 58 de la Ley, previa autorización administrativa. Se trata de un mercado limitado, pues las transacciones deben desarrollarse entre concesionarios, es decir, entre quienes previamente poseen un título legítimo para utilizar el agua. No se pueden adquirir “ex novo” derechos a la utilización. Además, dichas transacciones sólo podrán tener lugar entre usos de igual o mayor rango, no siendo posible una transferencia en sentido contrario al orden normativo de utilización, salvo cuando la administración hídrica lo autorice excepcionalmente. Por lo tanto, esta posibilidad se limita a los titulares de derechos consuntivos, estableciéndose en el mismo artículo que “los concesionarios o titulares de derechos de usos privativos de carácter no consuntivo podrán ceder sus derechos para usos que no tengan tal consideración”. Esta cautela se ha introducido para limitar la posibilidad de que las empresas eléctricas pudiesen intervenir en este mercado generando efectos distorsionadores, como ocurrió en el modelo chileno (A. Vergara, 1996). Las eléctricas, por lo tanto, sólo podrán realizar transacciones entre ellas. 2º) La duración del contrato. La cesión de derechos ha de ser temporal, sin que la Ley precise el número de años de ésta, cuestión que parece dejarse a la autonomía de la voluntad de las partes, siempre que su plazo no sea superior al tiempo que resta para que se extinga la cesión o el derecho del cedente8. 3º) Volumen que se puede ceder. El límite máximo de la cesión es el del total del caudal concedido, si bien no basta con esta apreciación ya que se deben tener en cuenta características esenciales de la práctica del aprovechamiento. Por ello, se añade que no se podrá ceder más volumen que el “realmente utilizado” por el cedente. Los parámetros que menciona para ello son el volumen medio del caudal “realmente uti-

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lizado” y “durante la serie de años que se determinen”, corregido en todo caso con las dotaciones objetivas que fije el plan hidrológico de cuenca y el buen uso del agua. Nos encontramos ante conceptos esencialmente relativos, que contienen mucha subjetividad, y, en expresión de A. Embid Irujo (2000), de posible solución múltiple. Además, sorprende la no limitación de las posibles adquisiciones de los concesionarios que adquieren los derechos de usos del agua, ya que éstos pueden tener menos cantidades concedidas que el cedente o bien pueden adquirir derechos a varios concesionarios que pueden incluso superar sus derechos previos. Otra cuestión no mencionada en la norma es el tema de los retornos naturales, que prácticamente todas las utilizaciones del agua tienen y que no deberían computarse entre los volúmenes que se pueden ceder, porque, de ser así, se podrían ver afectados intereses de terceros y medioambientales. 4º) La intervención administrativa. Los cortos plazos establecidos dan a la Administración un papel de testigo. Sin embargo, aparte de la regulación general del marco jurídico de los intercambios, el papel de la Administración, en especial de los Organismos de cuenca y del Ministerio de Medio Ambiente, es clave para el funcionamiento del sistema de intercambios de usos del agua. Los contratos son aprobados implícita o explícitamente por los Organismos de cuenca o el Ministerio de Medio Ambiente, excepcionalmente. La Administración aparece como responsable de la infraestructura hidráulica pública, por lo que su actuación resulta decisiva para garantizar los intercambios, ya que gestiona la mayor parte de las infraestructuras que puedan estar afectadas por la aplicación de la Ley. Asimismo, la Administración juega un papel activo en los llamados bancos del agua al responsabilizarse tanto de la declaración de los hechos sujetos a esta actuación como de las demandas y ofertas de agua para hacer frente a los problemas de las zonas afectadas. Al Ministerio de Medio Ambiente corresponde autorizar la utilización de infraestructuras “que interconecten territorios de distintos planes hidrológicos de cuenca9. En este caso, debe existir consentimiento expreso y todo parece indicar que no puede servir el silencio administrativo positivo. 5º) El precio. Este es el punto central de regulación del mercado: la fijación del precio al que el agua puede ser vendida. En principio, “la cesión de derechos de usos del agua podrá conllevar una compensación económica que se fijará de mutuo acuerdo entre los contratantes y deberá explicitarse en el contrato”; si bien, “reglamentariamente podrá establecerse el importe máximo de dicha compensación”. Es un mercado en su comportamiento, pero que puede ser fuertemente intervenido en el caso de que la Administración así lo considere. 6º) Utilización de infraestructuras por terceros. Para que se produzcan intercambios resulta imprescindible que existan posibilidades de tráfico real a través de determinadas infraestructuras. Ello se regula estableciendo el acceso de terceros a la red de dos formas diferentes, según quien sea el titular de la infraestructura. Si se trata de un particular, se acordará con el propietario de esas instalaciones cómo se realiza-

rá su utilización (acceso negociado); mientras que si son propiedad del Organismo de cuenca, éste fijará el pago de una exacción por su uso (acceso regulado). 7º) Centros de intercambio/bancos del agua. La creación de esta figura supone una novedad que, dadas las peculiaridades que presenta, merece un comentario más amplio. La norma introduce la posibilidad de que, en casos de sequía y otras circunstancias excepcionales, puedan constituirse “centros de intercambio concesional” mediante acuerdo del Consejo de Ministros y a propuesta del Ministerio de Medio Ambiente. Los Organismos de cuenca pueden ser compradores, previa autorización para realizar “ofertas públicas de adquisición de derechos de uso del agua para posteriormente cederlos a otros usuarios mediante el precio que el propio Organismo oferte”. Este sistema, que parece inspirado, todo lo indica, en el Banco de aguas californiano (Libro Blanco del Agua, 2000, p. 547), podría resolver algunas de las deficiencias de los contratos de cesión entre concesionarios y estimular los incentivos de los concesionarios para que internalicen en sus decisiones los riesgos de sequía y permitieran un reparto del agua más cauteloso10. El centro de intercambios tiene la importante ventaja de que todos los sistemas de información hidrológica, técnica y registral se pondrían al servicio de un sistema experto de intercambios, en el que las restricciones ambientales, los posibles efectos sobre terceros y todas las servidumbres y limitaciones técnicas deberían ser tenidas en cuenta (A. Garrido, 2000, p. 24). Con el banco existiría la posibilidad de ordenar a los destinatarios del agua con arreglo a los criterios que se estableciesen, fuesen éstos o no los contemplados por la Ley. La falta de infraestructuras adecuadas que permitan realizar distintas transacciones entre cuencas, con la salvedad del trasvase Tajo-Segura y el canal Negratín-Valle del Almanzora, hace imposible el funcionamiento pleno de un mercado del agua a escala nacional. Por ello, es muy posible que funcionen sólo en el ámbito de una cuenca hidrográfica y, por lo tanto, consigan sólo pequeñas mejoras de la eficiencia (M. Rico y J. A. GómezLimón, 2002, p. 308). Por lo tanto, los centros de intercambio van asociados a la existencia de una situación de sequía o de escasez extraordinaria de recursos y su establecimiento puede resultar positivo entendido como un mecanismo adicional y complementario de actuación en tales situaciones extremas. Es un instrumento de gestión de la demanda, por cuanto que con él se incide en el fomento de políticas de ahorro del recurso11. Finalmente, el Real Decreto Ley 9/2006, de 15 de septiembre, de medidas urgentes para paliar los efectos producidos por la sequía, en su disposición adicional tercera sobre el “destino de los recursos adquiridos por los centros de intercambio de derechos al uso del agua” los autoriza para realizar ofertas públicas de adquisición temporal o definitiva de derechos de uso del agua con el fin de destinar los recursos adquiridos a: 1º) la consecución del buen estado de las masas de agua subterránea o a constituir reservas con la finalidad puramente ambiental tanto de manera temporal como definitiva; 2º) la cesión a las comunidades autónomas previo convenio que regule la finalidad de la cesión y posterior utilización de las aguas. Todo parece indicar que la creación de estos bancos tiene una

prioritaria vocación ambiental y también para resolver problemas de abastecimiento a poblaciones. En definitiva, los llamados mercados del agua no han de entenderse como un mercado de intercambio de libre acceso, sino como una posibilidad de intercambiar los derechos al uso del agua entre un número limitado de sujetos –los concesionarios- y bajo determinados condicionamientos subjetivos, formales y temporales; y todo ello supervisado por la administración hidráulica.

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Contrato de cesión temporal de derechos al uso privativo de aguas públicas entre la Comunidad de Regantes del Canal de Estremera (Madrid) y el Sindicato Central del Acueducto Tajo-Segura (10 de febrero de 2006)
Este contrato se suscribió al amparo de lo establecido en el Real Decreto Ley 15/2005 de 16 de diciembre, de Medidas Urgentes para la Regulación de las Transacciones de Derechos al Aprovechamiento de Aguas12. El acuerdo se enmarcó en la crítica situación como consecuencia del acusado déficit de precipitaciones que se había producido en el año hidrológico 2004-2005 (un descenso de más del 30%), lo que hacía temer que la campaña de riego para el año 2005-2006 no podría desarrollarse con normalidad y también se verían afectados los abastecimientos de algunas poblaciones. La intensa sequía que padecían muchas cuencas de España, con una situación especialmente grave en las del Segura, Júcar e internas de Andalucía (Confederación del Sur) motivó el permiso de la administración hidráulica para que pudieran llevarse a cabo transacciones de derechos del uso del agua, resultando fundamental que dichas transacciones pudieran desarrollarse a través de las infraestructuras de conexión intercuencas. La finalidad de este Real Decreto era la de disponer de un instrumento más para aliviar el déficit que presentaban algunas zonas de España. El Decreto tenía una vigencia temporal vinculada a la situación de sequía que padecía el país y abarcaba desde su publicación hasta el 30 de noviembre de 2006. En él se contemplan esencialmente dos medidas: habilitar a los titulares de derechos al uso de agua pertenecientes a las zonas regables de iniciativa pública para la celebración de los contratos de cesión de derechos de uso de agua y que las infraestructuras de conexión intercuencas entre el embalse del Negratín (Granada) y el de Cuevas de Almanzora (Almería), así como el Acueducto Tajo-Segura, pudieran ser utilizadas para las transacciones. La entidad cedente, la Comunidad de Regantes del Canal de Estremera, es titular de una concesión de aguas procedente del río Tajo para su uso en regadío, con un volumen anual de 31,05 Hm3. La entidad cesionaria, el Sindicato Central de Regantes del Acueducto Tajo-Segura (SCRATS), actuaba en representación de todas las comunidades de regantes y usuarios individuales con derecho al uso para riego de las aguas procedentes del trasvase Tajo-Segura13. Ambas entidades llegaron a un acuerdo para la cesión temporal de deEn la foto, el fondo del Nilómetro del Templo de Philae (Egipto); una curiosa y compleja forma histórica de medir los caudales de el Nilo para calcular los impuestos a imponer a los agricultores.

rechos al aprovechamiento de aguas. Para ello firmaron un acuerdo en Murcia el 10 de febrero de 2006, en el que se fijaban las siguientes cláusulas: 1º) La comunidad cedente transfería a la cesionaria para el año 2006 el derecho al aprovechamiento del volumen de su concesión del río Tajo (31,05 hm3) para su uso en regadío, sin que en ningún caso se considerase la posibilidad de una posterior reutilización de los citados caudales. 2º) Los caudales se transferirían aprovechando una infraestructura de naturaleza pública, ya que el agua se tomaría en el embalse de Bolarque (Tajo) y se conduciría por el Acueducto Tajo-Segura y por el Postrasvase (Segura) hasta su destino, aplicándosele el mismo régimen económico-financiero previsto para la utilización de estas infraestructuras. La extraordinaria situación de sequía sufrida por la cuenca del Segura motivó la exención a los usuarios del SCRATS del pago de los apartados b) y c) de las tarifas del trasvase Tajo-Segura (Real Decreto Ley 10/2005), los cesionarios solicitaron la aplicación de esta exención a los volúmenes adquiridos, ya que si no era así el precio final del agua habría resultado extraordinariamente oneroso, haciendo inviable el uso de esta agua para el riego. 3º) El precio fijado para la transacción fue en concepto de compensación por pérdidas de la actividad derivadas de la cesión temporal de derechos de agua y ascendió a 0,185562 euros/m3, por lo que de derivarse la totalidad de la concesión el importe de la operación importaría un total de 5.761.700,10 €. En garantía del pago comprometido, se entregó a la entidad cedente un aval bancario para cubrir un posible incumplimiento.

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de los problemas ambientales; cambiar el comportamiento de los consumidores finales y, en su caso, de las gestoras del agua, inculcando la preocupación por la eficiencia en el uso y por la distribución del recurso; introducir incentivos al ahorro; trasladar los costes a los usuarios y combinar los mecanismos de regulación y de mercado. En este contexto el contrato de cesión y la creación de los centros de intercambio de derechos al uso privativo del agua como mecanismos de redistribución de caudales concedidos se presentan como instrumentos que pueden servir para contener la demanda y fomentar el ahorro. Notas
En este sistema, el aprovechamiento de las aguas, al estar supeditado al concepto de dominio público, no podía cederse ni venderse, salvo que la Administración autorizase una sustitución de caudales o un cambio de destino de los otorgados. 2 Sobre la política hidráulica y su plasmación en el transcurso del siglo XX, puede verse J. Melgarejo Moreno, 2000. 3 M. Sevilla (2000) hace una referencia a esos mercados no regulados que se están dando en el Levante español mediante la compraventa de aguas, la ampliación de las superficies regadas, la actuación de intermediarios “sobrecogedores”, etc. Esta situación “extraoficial” debe regularse o continuará teniendo un carácter clandestino, con los problemas que de ello se derivan. 4 La Ley de Aguas de 1985 establece que las concesiones podrán ser revisadas: a) cuando se hallan modificado los supuestos determinantes de su otorgamiento; b) en casos de fuerza mayor a petición del concesionario y c) cuando lo exija su adecuación a los Planes Hidrológicos. Sólo en el caso c) el concesionario perjudicado tendrá derecho a indemnización, de conformidad con lo dispuesto en la legislación general de expropiación forzosa. 5 La Ley de 1999 se hace eco de las directrices propuestas en el Libro Blanco del Agua (1998, p. 840), que proponen “adecuar los sistemas de adquisición de derechos privados al uso del agua a la situación actual de un recurso escaso cuyas nuevas demandas no pueden ser atendidas ilimitadamente como presuponía el sistema concesional, siendo necesario arbitrar mecanismos de transferencia entre usuarios, para optimizar socialmente los usos existentes”. 6 Las transacciones deben desarrollarse entre concesionarios, es decir, entre quienes previamente poseen un título legítimo para utilizar el agua. No se pueden adquirir “ex novo” derechos a la utilización. Además, dichas transacciones sólo podrán tener lugar entre usos de igual o mayor rango, no siendo posible una transferencia en sentido contrario al orden normativo de utilización, salvo cuando la administración hídrica lo autorice excepcionalmente. El artículo 58 de la Ley de Aguas establece el siguiente orden de preferencias: 1) abastecimiento a poblaciones; 2) regadíos y usos agrarios; 3) usos industriales para producción de energía eléctrica; 4) otros usos industriales; 5) acuicultura; 6) usos recreativos; 7) navegación y transporte náutico; 8) otros aprovechamientos. 7 Unos análisis sobre los distintos apartados del artículo 61 bis de la Ley de 1999 pueden verse en A. Embid Irujo (2000) y en M. Sevilla (2000). Es especialmente interesante por los matices de carácter económico y social que establece el artículo de M. Rico González y J. A. Gómez Limón (2002). 8 La Mancomunidad del Sorbe (Guadalajara, Alcalá de Henares, ...) ha comprado, por 2 millones de euros a la Comunidad de Regantes Canal de Henares, 20 Hm3 anuales acogiéndose a la reforma de la Ley de Aguas de 1999. El precio acordado ha sido de 38.000 €/año más una cantidad variable que se desglosa del siguiente modo: los primeros 4 Hm3 a 0,01 €/m3; hasta los 20 Hm3 a 0,02 €/m3 y durante los meses de junio, julio y agosto a 0,02 €/m3. El País, 11 de agosto de 2002. Este caso nos plantea la duda razonable acerca de si no habría sido más oportuno intentar una revisión de la concesión, ya que todo parece indicar que los caudales cedidos temporalmente no han sido fruto de mejoras en la eficiencia de su uso. Otro ejemplo, más reciente, queda contemplado en el Plan del Alto Guadiana, una iniciativa de la Junta de Castilla-La Mancha incluida en el Plan Hidrológico Nacional. Se trata de una oferta pública de adquisición de derechos de agua a los agricultores para que dejen de regar y puedan regenerarse los acuíferos;
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Padímetro, columna que registra las inundaciones en Ferrara (Italia) desde la Edad Media.

4º) La comunidad cedente hacía constar que la cesión había estado posibilitada porque se había llevado a cabo un plan de mejora y modernización de regadíos en la zona regable, lo que había permitido un uso más racional del agua con un ahorro considerable de los recursos hídricos utilizados. Está claro que la cesión nada tuvo que ver con la presunta modernización, ya que se cede la totalidad de la concesión. Más bien parece tratarse de una cautela para adaptarse al espíritu de la Ley, ya que de otro modo podría alentar una revisión de la concesión. 5º) Ambas partes manifestaban la voluntad de prorrogar el acuerdo, si no cambiaban las circunstancias y la administración lo permitía, para los años 2006-2007 y 2007-2008. El contrato parece que tendrá continuidad, ya que se ha prorrogado un año más el Real Decreto 15/2005, de 16 de diciembre, ya que se ha manifestado como un instrumento útil para la reasignación voluntaria de derechos de agua14.

CONCLUSIONES En síntesis, del trabajo se desprende la necesidad de promover una política que fomente no sólo el ahorro del agua, sino también la eficiencia en el uso y la preservación de la calidad del recurso. Para ello, es preciso superar progresivamente la actual economía expansionista del agua, complementando la actuación exclusiva sobre la oferta con otras actuaciones que persigan alcanzar el equilibrio entre las políticas de oferta y demanda, mediante la contención de esta última. En este sentido, los objetivos de una política de gestión de la demanda deben ser los de aumentar la percepción social

es decir, se pretende crear un “banco público” de agua administrado por la Confederación Hidrográfica del Guadiana, que sería la encargada de reasignar los nuevos derechos, en función del ritmo de recuperación de acuíferos, y sólo los otorgaría a quien acreditase que ha instalado caudalímetros para controlar el agua extraída. El País, 23 de febrero de 2004. El 23 de mayo de 2006, tres comunidades de regantes de Hellín (Albacete) firmaron en la Confederación del Segura un contrato de cesión de derechos al uso del agua de 1,2 hm3 a favor de la Mancomunidad de Canales del Taibilla para abastecimientos. Para ello, se dejaron de cultivar unas trescientas hectáreas de arroz, a cambio las comunidades de regantes recibirán aproximadamente 360.000 euros (1.200 /ha). El Digital. Castilla-La Mancha, 25 de mayo de 2006. 9 El sistema parece inspirado en las llamadas “aguas de peaje” que utilizan la infraestructura del trasvase Tajo-Segura para distribuir aguas propias del Segura y del Júcar, pagando por ello un canon a la Confederación en concepto de uso (J. Melgarejo, 2000). Aquí se podría plantear el problema de la capacidad de transporte si la demanda la supera, quizás podría solucionarse este problema priorizando los usos esenciales y caudales del trasvase, y subastando la capacidad sobrante del sistema entre los destinatarios de recurso (A. Garrido, 2000). 10 El Banco de Aguas de California, creado por el Estado durante un extraordinario período de sequía, anunció que compraría todo el agua que se le quisiera vender a un precio previamente establecido y luego la vendería a quiénes la quisieran comprar a un precio también fijado con antelación (este último algo superior). La fórmula funcionó bien, con la sorpresa de que parte del agua comprada por el Banco no encontró comprador, lo que parece evidenciar que, al introducir mecanismos de precios, parte de las demandas se “restringió”. Un estudio comparado entre los centros de intercambio españoles y el Banco de Aguas californiano puede verse en T. M. Navarro Caballero (2005, p. 230-231). 11 Según A. Molina (2005, p. 64), los centros de intercambio no son un modelo necesariamente más sostenible en términos ambientales, puesto que no generan un ahorro global de agua, ya que los caudales ahorrados son utilizados para otros fines que difícilmente serán de restauración ambiental. No obstante, recientemente ha aparecido la noticia de que la Confederación del Guadiana comprará derechos de agua a los regantes del acuífero 23 para destinarlos a la recuperación medioambiental de la parte alta del río, y de ellos se podrá ceder hasta el 30% a la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha para que los utilice con fines similares. Según el presidente de la Confederación del Guadiana, Enrique Calleja, esta compra se realizará a través del llamado centro de intercambio de derechos de agua y será clave en el Nuevo Plan Especial del Alto Guadiana. El centro de intercambio fue aprobado el 22 de septiembre de 2006. La Verdad, 26 de septiembre de 2006. 12 Este Decreto fue convalidado por el pleno del Congreso de los Diputados el 22 de diciembre de 2005, con 178 votos a favor y 125 absteciones. 13 El SCRATS actuaba en representación de todas las comunidades de regantes y usuarios individuales con derechos de riego con el agua del ATS porque las transacciones de acuerdo con la Ley debían realizarse entre concesionarios, y el SCRATS no tenía estrictamente título concesional, ya que tenían un título administrativo “sui generis” derivado de la legislación sobre reforma y desarrollo agrario. Para homologar este título a una concesión fue preciso promulgar el Decreto Ley 15/2005 de 16 de diciembre. Este Decreto entiende “homologable” el título que poseen los usuarios de las zonas regables de iniciativa pública a la concesión, declarándose el carácter inscribible de dichos títulos. 14 Real Decreto Ley 9/2006, de 15 de septiembre, sobre Medidas urgentes para paliar los efectos producidos por la sequía. Este decreto responde al agravamiento de la situación de sequía que sufre el país, que ha obligado a realizar en la cabecera del Tajo una reserva estratégica de agua para la Mancomunidad de Canales del Taibilla mediante contratos de cesión de derechos. Este hecho ha originado un imprevisto e importante desequilibrio en sus operaciones comerciales.

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Administració de l’Aigua

L’Albufera, pulmón acuático cercano a la ciudad de Valencia, que en los últimos años viene siendo objeto de veneración.

Nuevas formas de reasignación de caudales. Especial atención a los bancos públicos de agua.

José Alberto Comos Guillem
Licenciado en Derecho Director de la Fundació Aigua i Progrés de la Comunitat Valenciana
El autor sentado en una de las sillas de los Síndics del Tribunal de les Aigües

MERCADOS DEL AGUA

Y en este sentido, se puede distinguir entre: • Y un mercado de cesiones en circunstancias hidrológicas normales, actuando como un instrumento útil para redistribuir derechos existentes. • Un mercado de agua en circunstancias excepcionales como la sequía o la sobreexplotación, actuando como un instrumento útil para en situaciones puntuales, facilitar la reasignación del agua a usos prioritarios y asegurar los caudales ecológicos. Esta reasignación, en teoría, se puede realizar en España sin recurrir a los mercados, utilizando el mecanismo de “revisión de concesiones”, regulado en el Artículo 63 de la Ley de Aguas, pero, en la práctica, “la Administración no ha emprendido una política ni sistemática ni parcial de revisión de concesiones”. Creación El proceso de gestación de los mercados del agua, cualquiera que sea la forma que adopten en las diferentes etapas históricas y en los variados espacios en los que se materializa, culmina cuando a la escasez de los recursos se suma una demanda creciente, que se muestra permanentemente insatisfecha y está originada por el potencial de riqueza que es susceptible de generar. Se origina entonces, un proceso de transmisión no del bien, sino del derecho al uso, que da lugar a una casuística muy variada (venta, arrendamiento, subasta,...) y genera un negocio más o menos lucrativo según las circunstancias. Históricamente los mercados de agua han surgido cuando la demanda de recursos ha excedido de la oferta disponible y desaparecen a medida que se amplia la oferta de recursos y éstos, además, ganan certidumbre. Para un buen funcionamiento de los mercados de agua, es necesario que se complementen las políticas de oferta con las políticas de control de la demanda, pues el hecho de que el agua tenga un precio, induciría al ahorro del recurso, pero su marcha debe estar supervisada siempre por el Estado, quien debe actuar como garante de los derechos de la sociedad. Marco legal en España En España, el mercado de aguas está desarrollado y funcionando sólo en las Islas Canarias, donde el agua subterránea es un recurso de propiedad privada (pues la ley de aguas de Canarias tiene prelación sobre la legislación estatal en esta materia) que se comercializa según sistema de mercado. Por ejemplo, en Tenerife, donde casi la totalidad del agua utilizada es subterránea, los propietarios del agua tienen acciones que corresponden a volúmenes de agua que discurren por las galerías y tuberías en el subsuelo de la isla. Si un pro-

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Concepto Los mercados del agua consisten en un mecanismo institucional que facilita la transferencia legal de derechos de aguas. Se puede tratar de: • Un mercado de aguas propiamente dicho, donde se intercambia el derecho a acceder al recurso. • Un mercado de derechos sobre la propiedad del agua, donde se transfiere la propiedad del agua. Un mercado de aguas implica normalmente la existencia de unos compradores, unos vendedores y un organismo de regulación que se encarga de facilitar y supervisar las transacciones. Si el organismo cuenta con un fuerte respaldo económico, puede ocurrir también que él mismo compre y venda el agua, mientras que si tiene poca solvencia económica y se mantiene con los gastos de transacción, normalmente se encarga de poner en contacto vendedores y adquirentes. Existen cuatro tipos fundamentales de mercados legalmente constituidos y regulados: • Mercados de alquiler. Venta de agua, caudal o volumen para un tiempo determinado. • Mercados de derechos. Transferencia de la propiedad del agua, como si se tratase de propiedades sobre bienes raíces o de acciones sobre sociedades limitadas. • Mercados de opciones. Transferencia de la opción de usar el agua durante un tiempo limitado. El comprador paga una cantidad de dinero por tener esta opción, a la que se añade otra compensación adicional si el uso finalmente se realiza. • Transacciones de agua a cambio de inversiones en equipo de capital. El comprador financia parte de la mejora de los equipos de utilización del vendedor para poder, a cambio, utilizar los caudales ahorrados. Este tipo de transacciones no siempre se considera como un verdadero mercado de aguas. Para las aguas subterráneas, los mercados de aguas pueden funcionar de dos formas: • Mediante la venta de un caudal teórico asignado o poseído por el vendedor y que el comprador sacará de otro punto del acuífero (Ej. En las Islas Canarias). • Mediante la venta de caudales realmente extraídos por el vendedor y posteriormente cedidos en superficie al comprador (Ej. En la India). La función fundamental de un mercado de aguas es favorecer la reasignación de derechos de uso del agua en países donde todos los recursos disponibles ya están asignados y siguen surgiendo nuevos usuarios que reclaman agua, incluido el medio ambiente.

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pietario quiere vender su agua se pone en contacto con un intermediario, que le ofrece un precio o remuneración por el agua que éste quiere arrendar. Durante el tiempo acordado, el intermediario se encarga de vender y distribuir el agua cedida por el propietario original. También es posible vender la acción misma, como si fuera una acción en bolsa. En este mercado de arrendamiento y venta de acciones la intervención del Estado, en este caso el Gobierno de Canarias, es muy limitada: se ha creado la Cámara Insular de Aguas, que representa a las comunidades de aguas y que sirve de interlocutor con la Administración Pública. Esta Cámara participa en el Consejo Insular de Aguas que asume la dirección, ordenación, planificación y gestión unitaria de las aguas. Entre sus funciones se incluyen la fijación de los precios del agua. El sistema de mercado se basa fundamentalmente en la confianza entre los actores, ya que apenas se usan contadores y no existen estadísticas sobre propiedad del agua, transacciones y precios. En cuanto al resto de España, la legislación estatal prevé la creación de un mercado del agua, regulado en los artículos 55 a 72 y 111 bis de la Ley de Aguas y los artículos 343 a 355 del Reglamento del Dominio Público Hidráulico. Se prevén dos tipos de actividades:

agrarios, usos industriales para producción eléctrica, otros usos industriales, acuicultura, usos recreativos, navegación, otros aprovechamientos.) Sólo en el caso excepcional y temporalmente, el Ministerio de Medio Ambiente puede autorizar cesiones que no respeten el orden de prioridad entre usos. Los contratos de cesión tienen que ser notificados y autorizados por el Organismo de Cuenca, que puede ejercitar un derecho de adquisición preferente del aprovechamiento de los caudales a ceder. El plazo para que la Administración dé su autorización es de uno ó dos meses dependiendo de los casos y aplica el silencio administrativo positivo. El Ministerio de Medio Ambiente podrá establecer el importe máximo de compensación. Podrán ceder sus derechos sólo los concesionarios de aguas superficiales y subterráneas y los titulares de aprovechamientos temporales de aguas privadas inscritos en el Registro de Aguas. Los concesionarios o titulares de derechos de usos privativos de carácter no consuntivo solamente podrán ceder sus derechos para usos que tengan el mismo carácter.

2. Centros de intercambio de derechos o Bancos Públicos de Agua.
Regulados en el artículo 71 de la Ley de Aguas y el artículo 355 del Reglamento de Dominio Público Hidráulico. En situaciones excepcionales, como por ejemplo, los acuíferos sobreexplotados ó sequía excepcional, se puede autorizar al Organismo de Cuenca a realizar ofertas públicas de adquisición de derechos de uso del agua para que éste posteriormente los ceda a otros usuarios mediante el precio que el propio Organismo oferte. Dicha autorización se realiza mediante Acuerdo del Consejo de Ministros, a propuesta del Ministerio de Medio Ambiente. En la oferta pública se tendrá que especificar el volumen máximo

1. Cesión de derechos entre particulares.
Regulada en los artículos 67-70 de la Ley de Aguas y los artículos 343-353 del Reglamento de Dominio Público Hidráulico. Los concesionarios o titulares de algún derecho al uso privativo de las aguas podrán ceder con carácter temporal parte o todos sus derechos a otro concesionario o titular de derecho de igual o mayor rango. (Normalmente el orden de prioridad es: abastecimiento de población, regadíos y usos

Cesión de derechos Quién cede Concesionarios y titulares de derechos al uso privativo de las aguas (concesionarios de aguas superficiales y subterráneas; titulares de aprovechamientos temporales de aguas privadas inscritos en el registro de Aguas). Los derechos a usos no consuntivos sólo se pueden ceder para usos que tengan este carácter. Concesionarios o titulares de derecho al uso privativo de igual o mayor rango. Siempre Sólo temporalmente Mediante contrato entre las partes autorizado por el Organismo de Cuenca Para usos del mismo y de mayor rango

Centros de Intercambios de derechos Concesionarios o titulares de aprovechamientos al uso privativo con derechos inscritos en el Registro de Aguas o en el catálogo de aprovechamiento de la cuenca. El Organismo de Cuenca En situaciones excepcionales (Ej.: sobreexplotación, sequías excepcionales) Temporalmente o definitivamente Mediante oferta pública donde se fija quién puede vender, cuánto y a qué precio. Para cederlos a otros usuarios mediante el precio que el Organismo de Cuenca oferte (se define en normas específicas) El Organismo de Cuenca, en normas específicas.

Quién adquiere Cuándo Durante cuánto tiempo Cómo Para qué

Quién fija el precio

Las partes contratantes; el Ministerio de Medio Ambiente puede fijar la compensación máxima.

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De izquierda a derecha, José Alberto Comos, Director de la FAPCV, el Presidente del Tribunal de les Aigües, Francisco Pastor, el Síndic de la Séquia de Favara, Ismael Cubells, i Vicent Franch (Director de TdA), en una visita reciente de la revista al Tribunal de les Aigües.

susceptible de cesión y las características de los aprovechamientos que pueden ceder derechos; los importes de compensación económica; y el carácter temporal o definitivo de la cesión. Esto se aplica a los usos privativos y no se especifica qué va a hacer el Organismo de Cuenca con los derechos adquiridos. Los Organismos de Cuenca tienen que crear las normas para regular el funcionamiento de estos Centros. En este contexto, la Administración es “poco más que un testigo privilegiado” de la Cesión de derechos, mientras que en el Centro de intercambios tiene un papel más activo ya que “es ella misma quien determina la posibilidad de transacciones y su última finalidad”. La reforma de la Ley de Aguas de 1999 ha sentado las bases para que el mercado de aguas pueda existir en España. Sin embargo, para que éste pueda funcionar realmente todavía quedan muchos aspectos por regular, por ejemplo: • Cómo se va a calcular exactamente el volumen transferible en cada cesión • El papel de los retornos de agua en las transacciones • Cómo se van a tutelar los derechos de terceros y a prevenir daños medioambientales derivados de las transacciones • Los detalles del papel de supervisión y control de la Administración (ej. elementos que la Administración tiene que considerar para autorizar o denegar una transacción; pago de impuestos para cubrir los gastos administrativos)

• Cómo se van a utilizar las infraestructuras públicas para transferir el agua Es importante subrayar que cualquier mercado, incluso el más “libre”, está sometido a reglas establecidas por el marco legal en el que se desarrolla. En este sentido, no se puede pensar en un mercado que no esté de alguna manera “regulado” por el Estado aprobando leyes o el marco institucional.

CONTRATO DE CESIÓN DE DERECHOS DE LOS USOS DEL AGUA. Particularidades El contrato de cesión se configura como un instrumento de reasignación de caudales cuyo principal objetivo una más justa y racional distribución de los recursos que ya han sido concedidos. Y las comunidades de regantes figuran, como sujetos del contrato de cesión, entre los principales beneficiarios de este instrumento jurídico, al que pueden recurrir para afrontar el déficit hídrico en épocas de escasez. De este modo, la cesión de derechos de los usos del agua se convierte en un mecanismo eficaz de optimización de los recursos hídricos disponibles para el regadío, mediante su distribución temporal a cultivos más eficientes que carecen de la dotación suficiente.

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Sin embargo, la Ley de Aguas no recoge la posibilidad de celebrar cesiones entre usuarios intercuenca, lo que reduce drásticamente los posibles efectos redistributivos que a un nivel nacional podría originar el contrato de cesión. Pero el Real Decreto Ley 15/2005, de medidas urgentes para la regulación de las transacciones de derechos al aprovechamiento del agua vino a corregir esta situación. Sujetos del contrato. Transacciones intercuencas Hasta entonces, sólo podían acudir al contrato de cesión los miembros de comunidades de usuarios de aguas subterráneas, de una misma unidad hidrogeológica o un mismo acuífero, y las comunidades de usuarios de aprovechamiento conjunto de aguas superficiales y aguas subterráneas. Así como los miembros de comunidades generales (comunidades de segundo grado) o de juntas centrales, ya que los acuerdos entre usuarios de una misma comunidad de primer grado o con una única concesión están considerados actos internos. No obstante, el Real Decreto 15/2005 estableció una serie de medidas urgentes, aunque con carácter temporal, para la regulación de las transacciones de derechos de aprovechamiento del agua con el fin de combatir los efectos de la sequía. En primer lugar, permite que las transacciones puedan ser celebradas por titulares de derechos al uso del agua que, aun sin título concesional, representaban un elevado consumo de caudales, como las Zonas Regables de Interés Nacional. Así, previo informe del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, los titulares de derechos al uso del agua adscritos a las zonas regables de iniciativa pública cuyas dotaciones máximas figuren en los planes hidrológicos de cuenca podrán celebrar contratos de cesión. Además, el Decreto Ley incluye como sujetos del contrato a los titulares de aprovechamientos de las zonas servidas con el agua del acueducto Tajo-Segura y a los aprovechamientos de la Mancomunidad de los Canales del Taibilla. Y permite utilizar las infraestructuras de conexión intercuencas existentes entre el embalse del Ngratín y el de Cuevas de Almanzora, además del mencionado acueducto Tajo-Segura. En todo caso, establece que las transacciones que impliquen la utilización de infraestructuras de conexión intercuencas deberán ser autorizadas por la Dirección General del Agua, previo informe de los organismos de cuenca afectados. Cabe recordar, sin embargo, el carácter temporal de este Decreto Ley, como norma coyuntural destinada a combatir los efectos de la sequía, pues las medidas que contempla estarían en vigor hasta 30 de noviembre de 2006, si bien han sido prorrogadas en dos ocasiones por un año más, de forma sucesiva, mediante los Reales Decretos Leyes 9/2006 y 9/2007, ante la persistencia de la sequía.

Volumen de la cesión y contraprestación económica El contrato de cesión de los derechos al uso del agua recogido en la Ley de Aguas debe incluir el volumen anual susceptible de transmisión, que no podrá superar al realmente utilizado por el cedente, teniendo en cuenta la cantidad utilizada durante los últimos cinco años. No obstante, el valor resultante podrá ser corregido atendiendo a la dotación que fije el plan hidrológico de la cuenca para cada uso, los retornos que procedan, las circunstancias hidrológicas extremas y el respeto a los caudales medioambientales establecidos o al buen uso del agua. La cesión de los derechos al uso del agua podrá ir acompañada de una contraprestación cuyo importe fijarán libremente las partes y que deberá constar expresamente en el contrato, aunque el ministerio podrá establecer su importe máximo cuando las desviaciones del mercado así lo aconsejen. Formalización y autorización administrativa Los contratos de cesión deberán formalizarse por escrito y ser puestos en conocimiento del Organismo de cuenca y de las comunidades de usuarios del cedente y cesionario mediante traslado de la copia del contrato en el plazo de 15 días desde su firma. Además, es obligatoria su inscripción en el Registro de Aguas. En el caso de cesiones entre usuarios de agua para riego, deberá constar la identificación expresa de los predios que el cedente renuncia a regar, así como la de los predios que el adquiriente se compromete a regar con el caudal cedido. Cuando el destino de los caudales cedidos sea el abastecimiento a la población, el contrato deberá incluir el informe de la autoridad sanitaria sobre la idoneidad del agua para dicho uso. Además, la puesta en funcionamiento del contrato de cesión requiere la previa autorización administrativa, ya que sin su otorgamiento éste no producirá efectos entre las partes. Entre los supuestos en los que se establece que el Organismo podrá no autorizar la cesión, figura cuando ésta afecte negativamente al régimen de explotación de los recursos en la cuenca, así como a los derechos de terceros, a los caudales medioambientales, a la conservación de los ecosistemas acuáticos o cuando el cedente o cesionario no tengan debidamente inscrito su derecho legítimo al uso privativo del agua. Así, la plena efectividad del contrato exige que el adquiriente utilice efectivamente los caudales cedidos, ya que podrá sancionarse al cesionario que interrumpa de forma permanente la explotación de los caudales adquiridos, por lo que el Organismo de cuenca se encargará de realizar el seguimiento del cumplimiento del objeto del contrato. Ejemplo de cesión entre usuarios de diferentes cuencas Al amparo del Real Decreto Ley 15/2005, el 10 de febrero de

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La imagen de los grandes depósitos de agua para el abastecimiento urbano y de las torres para obtener presión en la distribución del agua tienen un aire de banco fluido donde el capital acumulado y el retribuido se igualan.

2006 se firmó el primer contrato de cesión entre usuarios sometidos a distintas cuencas hidrográficas. El sujeto cedente era la Comunidad de Regantes del Canal de Estremera y el cesionario era el Sindicato Central de Regantes del Acueducto Tajo-Segura.

Mediante el contrato de cesión, el transmitente se comprometía a ceder durante el año 2006 el derecho de aprovechamiento de 31,05 hectómetros cúbicos de agua, procedente de su concesión del río Tajo para regadío, a cambio de una contraprestación de 0,224813 euros por metro cúbico.

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El agua objeto de la cesión se tomaría en el embalse de Bolarque, perteneciente a la cuenca del Tajo, y se conduciría hasta las distintas tomas en la cuenca del Segura, a través de toda la infraestructura delo acueducto Tajo-Segura. El contrato fue finalmente prorrogado para el año 2007, en las mismas condiciones pactadas inicialmente, incluyendo un incremento en el precio de la transacción del 50 por ciento del IPC. Éste es sólo un ejemplo de los beneficios que entraña una herramienta eficaz de redistribución de los recursos hídricos como es la cesión de los derechos de los usos y aprovechamientos del agua, mediante una correcta administración de los mismos, con el fin de proporciona caudal suficiente a una comunidad deficitaria. ESPECIAL ATENCIÓN A LOS BANCOS PÚBLICOS DE AGUA Concepto Los Bancos de Agua son centros de intercambio de derechos al uso del agua, también denominados bancos públicos del agua, en alusión a la institución que en buena medida los inspira. Un “banco de agua” es un mecanismo para vender o arrendar derechos de uso de agua que existe en EEUU, Chile, Canadá y Australia. En Europa son todavía un concepto nuevo y las únicas experiencias reguladas que se han desarrollado han sido en las Islas Canarias. En España, el programa A.G.U.A. del Ministerio de Medio Ambiente, prevé la creación de bancos de agua como una de las medidas para paliar los problemas del agua. En octubre de 2004, el Consejo de Ministros aprobó la creación de “Centros de Intercambio de derechos de agua” en tres cuencas hidrográficas (Segura, Júcar y Guadiana). A la vez, la Directiva Marco del Agua justifica la creación de un banco de agua siempre y cuando sirva para mejorar el estado de las aguas superficiales y subterráneas. Se trata en definitiva, de rescatar concesiones que en su día el Organismo de Cuenca otorgó, actuando la Administración hidráulica como un banco de agua; y para a su creación es necesario que se reforme la Ley de Aguas para mejorar el control público del consumo. Un banco de agua podría ser una eficaz medida para reducir el impacto de las sequías en el abastecimiento y una oportunidad para mejorar la situación de ríos, humedales y acuíferos. El Ministerio de Medio Ambiente deber resolver la difícil tarea de encontrar un equilibrio entre el control del mercado para evitar daños al medio ambiente y a terceros, y la agilidad de las transacciones, para no desanimar a los interesados ni aumentar excesivamente los costes de transacción de las operaciones de compra-venta. El centro de intercambios tiene la importante ventaja de que todos los sistemas de información hidrológica, técnica y registral se pondrían al servicio de un sistema experto de in-

tercambios, en el que las restricciones ambientales, los posibles efectos sobre terceros y todas las servidumbres y limitaciones técnicas deberían ser tenidas en cuenta. Con el banco existiría la posibilidad de ordenar a los destinatarios del agua con arreglo a los criterios que se estableciesen, sin que ello obligase a que cada una de las transacciones debieran respetar el orden de prelación. Sin embargo la falta de infraestructuras adecuadas que permitan realizar distintas transacciones entre cuencas, con la salvedad del trasvase Tajo-Segura, hace imposible el funcionamiento pleno de un mercado de agua a escala nacional. Por ello es muy posible que funcionen sólo en el ámbito de una cuenca hidrográfica y, por tanto, consigan sólo pequeñas mejoras de la eficiencia. Supuestos en que procede la creación de los centros de intercambio. Los centros de intercambio de derechos al uso del agua han sido creados en el Ordenamiento Jurídico español con un evidente carácter excepcional, puesto que su creación procede única y exclusivamente previo Acuerdo del Consejo de Ministros, a propuesta del Ministerio de Medio Ambiente; en segundo lugar, por las limitadas y singulares situaciones en que aquélla tendrá lugar. Pues efectivamente, la constitución de los Bancos públicos de agua ó centros de intercambio de derechos al uso del agua ha sido relegada por el legislador para situaciones particulares y de mayor gravedad que aquellos supuestos en que procederán los contratos de cesión. En virtud de los artículos 71.1 del Texto Refundido de la Ley de Aguas y el 354.1 del Reglamento del Dominio Público Hidráulico estas situaciones son las de los artículos 55,56 y 58 del mismo cuerpo legal. Esto es, situaciones de falta de disponibilidad de recursos que obliguen al Organismo de Cuenca a fijar la explotación de los mismos para garantizar su uso racional; los casos de declaración de sobreexplotación de acuíferos; los supuestos de sequías extraordinarias, estados de necesidad, urgencia o concurrencia de situaciones anómalas o excepcionales; y todos aquellos otros que reglamentariamente se determinen por concurrir situaciones análogas. Además, se permite a las Comunidades Autónomas instar a los Organismos de Cuenca para realizar adquisiciones de derechos de uso del agua para atender fines de interés autonómico. De esta forma se logra la participación de las Comunidades Autónomas en una institución como los centros de intercambio de derechos al uso del agua cuyo funcionamiento está atribuido al Estado, a través, primero, del Consejo de Ministros que acuerda su creación y, después, de los Organismos de Cuenca que se encargarán de su funcionamiento, evitando así que las cesiones de caudales se falseen o produzcan por motivos especulativos entre particulares. En conclusión, sería conveniente la ampliación de los supuestos en que pueden constituirse los centros de inter-

cambio o bien generalizar su aplicación y así dejarían de ser un instrumento residual solamente utilizado en situaciones excepcionales como las previstas en la normativa actual, y se utilizarían de forma cotidiana, siempre debidamente justificados. Funcionamiento de los Bancos Públicos de Agua En primer término, el Organismo de Cuenca captará los derechos de uso del agua a través de las correspondientes ofertas públicas de adquisición de derechos, dirigidas a los concesionarios que reúnan las características detalladas en las mismas. Y en segundo lugar, se efectuará la posterior cesión de los derechos adquiridos a aquellos usuarios que acepten las condiciones y precios ofertados por el Organismo de Cuenca. La cesión se realizará mediante documentos administrativos públicos a diferencia de los contratos de cesión entre particulares, que son eminentemente privados. La puesta en marcha de los centros de intercambio de derechos al uso de agua requiere que el Consejo de Ministros, a propuesta del Ministro de Medio Ambiente, adopte un Acuerdo por el que apruebe la constitución de los mismos y faculte al Organismo de Cuenca para realizar las ofertas públicas de adquisición de derechos. Esta oferta se publicará en el Boletín Oficial del Estado, en el Diario oficial de las comunidades autónomas afectadas y, al menos, en dos diarios de amplia difusión.

prioridades de usos y la compatibilidad con los planes hidrológicos de cuenca y los sistemas de explotación del recurso y, en segundo lugar, el menor coste de la adquisición de los derechos susceptibles de cesión. • El plazo para la presentación de solicitudes por parte de los concesionarios o titulares de derechos interesados. Hay que recordar que, sólo podrán ceder sus derechos los concesionarios o titulares de aprovechamientos al uso privativo de las aguas que los tengan inscritos en el registro de Aguas o en el Catálogo de aprovechamientos de la cuenca. Estos deberán hacer constar en las solicitudes sus datos de identificación, título jurídico que ampara el uso privativo de las aguas, volumen de agua que está dispuesto a ceder y demás requisitos necesarios. Recibidas las solicitudes, el Organismo de Cuenca resolverá sobre la determinación de los derechos que han resultado adjudicatarios de la oferta. La resolución se notificará a los afectados, se publicará en el BOE y se inscribirá en el Registro de Aguas.

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Segunda Fase: Cesión de los caudales adquiridos
En la regulación de esta segunda fase, sólo nos encontramos en el artículo 71.3 del Texto Refundido de la Ley de Aguas, con que se establecen las adquisiciones y enajenaciones del derecho al uso del agua que se realicen en los centros de intercambio, habiendo de respetar los principios de publicidad y libre concurrencia. Consecuentemente, el Organismo de cuenca publicará una oferta de cesión de derechos al uso del agua, en la que se concretarán los siguientes extremos: • El Volumen susceptible de cesión y las características de los aprovechamientos que pueden ser adquiridos • Los criterios relativos al retorno de las aguas cedibles • El importe de la cesión y las condiciones y formas de pago • El plazo por el que se efectúa la misma • Los criterios de selección de los adjudicatarios de la cesión • Y el plazo para la presentación de solicitudes por los interesados Hay que destacar que no se encuentra en la normativa limitación alguna que proteja a los adquirentes más débiles económicamente, a diferencia de otras experiencias en el extranjero. LA INTERVENCIÓN DE LA ADMINISTRACIÓN EN LOS INSTRUMENTOS DE REASIGNACIÓN DE CAUDALES En los centros de intercambio de derechos al uso de agua La intervención administrativa en los bancos públicos de agua es plena, a diferencia de lo que sucede en el contrato de ce-

Primera Fase: Oferta pública de adquisición de caudales.
En la oferta pública de adquisición de derechos al uso de agua, se concretarán necesariamente los siguientes extremos: • El volumen máximo susceptible de cesión y las características de los aprovechamientos que pueden ceder los derechos. • Los requisitos técnicos necesarios para poder acudir a la oferta pública de adquisición y, especialmente, los referentes a la calidad del recurso y a los criterios relativos al retorno de las aguas susceptibles de cesión. • Los importes máximos y mínimos de la compensación económica que deben satisfacerse por la cesión de los derechos al uso privativo de las aguas y las condiciones y formas de pago. • El carácter temporal o definitivo de la cesión y, en su caso, plazo que se establezca; a diferencia del contrato de cesión de derechos al uso de agua que siempre es temporal. (Habría que concretar que la posibilidad del carácter definitivo de la cesión tiene como límite el tiempo que falte a la concesión para extinguirse. • Los criterios en virtud de los cuales el Organismo de Cuenca procederá a la selección de derechos que sean objeto de adquisición, así como la determinación del precio de la cesión. En la determinación de los volúmenes y compensaciones objeto del intercambio se tendrán en cuenta primero las

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sión, pues la autoridad medioambiental solicita la constitución del centro de intercambio y, una vez aprobada por el Gobierno, será la Administración hidráulica la que dirigirá todo el proceso. Su intervención es total al controlar todos sus extremos la oferta pública de adquisición de derechos y, posteriormente, hacer lo propio con la oferta pública de cesión de los mismos. En la cesión de derechos entre particulares En el contrato de cesión se requiere aceptar la iniciativa y actuación privada entre los titulares de derechos sobre bienes de dominio público, dejando a la Administración hidráulica la autorización de un contrato que se ha fraguado por los propios concesionarios. Por el contrario, si se considera necesaria una mayor intervención pública en las transacciones de recursos hídricos se enjuiciarán más apropiados los centros de intercambio de derechos de uso del agua. Ahora bien, la creación de estos centros está prevista sólo en supuestos excepcionales, con lo que la función de reasignación de caudales que cumple sólo tendrá lugar de forma esporádica. Por el contrario, el contrato de cesión pordrá utilizarse siempre que los interesados lo estimen necesario y así lo acuerden, sin tener que acreditar la existencia de una situación excepcional. IMPACTO MEDIOAMBIENTAL: Riesgos y Beneficios Potenciales sobre el Medio Ambiente Beneficios • Parte o todos los derechos cedidos se destinan a usos medioambientales. En Canadá hasta el 10% de los caudales o volúmenes transferidos queda a disposición del organismo público para destinarlo a fines públicos o privados. Si el gasto para destinar caudales a fines medioambientales es soportado por la Administración, el sistema de mercado tiene varias ventajas con respecto a un sistema de subvenciones directas para dejar de regar. Estas son, por ejemplo, la mayor flexibilidad en cuanto a tiempos, en cuanto a la distribución espacial de las cesiones a adquirir, puesto que la Administración puede escoger qué aprovechamientos, entre los que se venden/arriendan, le interesa comprar para sus fines. Y además, como la Administración tiene derecho de adquisición preferente del aprovechamiento de los caudales, de los precios quedan fijados por el mercado, sin requerir largas negociaciones entre los cedentes. • Se fomenta la disminución de la demanda de agua para regadío. El mercado de aguas puede proporcionar ingresos adicionales para complementar las rentas de agricultores que quieran abandonar parcialmente o totalmente el regadío porque no les resulta rentable o porque les interesa dedicarse a cultivos de secano. • Se desincentiva el despilfarro de agua para mantener derechos de agua superficial.

• Se promueve el ahorro del agua y la recuperación de los acuíferos. • Se sensibiliza a la sociedad en general sobre el valor del agua. Al tratar el agua como un bien cuya compra-venta puede generar beneficios y cuyo precio refleja su abundancia, se transmite a la sociedad el mensaje de que este recurso tiene también un valor económico y que no se debe malgastar. Riesgos • No considerar al medio ambiente como posible destinatario de los derechos cedidos. • En caso de “agua virtual”, podría aumentar la presión sobre los recursos disponibles. • Posible concentración de los usos de agua en la parte alta de la cuenca hidrográfica. • Que los derechos de agua se transfieran casi en su totalidad de los usos agrícolas a los usos urbanos, provocando daños al tejido al rural. Actualmente no es posible acumular de un año a otro volúmenes de agua asignada en vista de una posible sequía prolongada. Esto significa que si un usuario de agua superficial no utiliza en el año toda el agua asignada, no podrá utilizarla ni venderla el año siguiente. Para que esto sea posible es necesario establecer unas normas específicas que permitan la venta interanual. Hay que recordar, finalmente, que el banco de agua no crea más agua. Se debe intentar su correcta y adecuada aplicación, junto con el ahorro del agua, la implementación de los objetivos ambientales de la Directiva Marco del Agua y la reforma de las Confederaciones Hidrográficas como uno de los retos más importantes para la futura gestión del agua en España. EXPERIENCIAS FORÁNEAS: El Banco de Aguas de California El Banco de Aguas de California, creado por el Estado durante un extraordinario período de sequía, anunció que compraría todo el agua que se le quisiera vender a un precio previamente establecido y luego la vendería a quiénes la quisieran comprar a un precio también fijado con antelación (este último algo superior). La fórmula funcionó bien, con la sorpresa de que parte del agua comprada por el Banco no encontró comprador, lo que parece evidenciar que, al introducir mecanismos de precios, parte de las demandas se “restringió”. Todo comenzó entre el año 1.987 a 1.991, período este en el que, como hemos indicado, California sufrió una importante sequía que produjo una reducción de la precipitación anual

entorno al 28% de la media, los caudales del río un 25%, y el nivel de reservas no superaba el 32% del total. A principios de los años noventa, se crea el Banco de Aguas, gestionado por el DWR (Department of Water Resources), para facilitar las transferencias de agua ante determinadas situaciones de escasez coyuntural. Esta corporación actuaba como coordinador de las distintas entidades participantes en el Banco de Aguas. Las transferencias del recurso se gestionaban a través del Banco de Aguas. Los precios de venta del recurso incorporaban no sólo el coste de compra, sino también los gastos de gestión y de transporte y la cesión de una parte como caudal ecológico. Las cantidades que se podrían comprar quedaban estipuladas en función de una clasificación de necesidades críticas. El Banco de Aguas estimó las necesidades críticas y urgentes en 614 hectómetros cúbicos y compró un total de 1.012 hm3, a un precio medio de 13 pts/m3. En Octubre de ese mismo año, el Banco de Aguas había reasignado un 80% de la demanda inicial calificada como de necesidades urgentes. El precio final de venta se situó en 18,5 pts/m3, razón por la que la demanda final fue inferior a las estimaciones iniciales, antes de conocerse el precio. Aproximadamente el 50% tuvo como origen la agricultura, mientras que los principales compradores fueron las empresas de abastecimiento urbano. Como además la demanda final fue inferior a las previsiones, se destinó un importante caudal a conservación del medio ambiente. Uno de los aspectos más importantes a resaltar de esta experiencia es que los agricultores sí estuvieron dispuestos a vender el agua, de modo que parece evidente la capacidad de la agricultura para ofertar el preciado recurso, a cambio de un precio que le compense oportunamente por el abandono temporal de la tierra. Además la demanda de agua es sensible al precio. Todo lo anterior parece indicarnos que el precio del agua más realista, puede ayudar a economizar el empleo de este recurso, incentivando a la liberación de recursos para su posible venta, mediante las mejoras técnicas y/o el desarrollo de nuevas fuentes de oferta. En la medida en que en España tenemos una irregularidad en la distribución del recurso importante, un uso elevado en la agricultura, y una demanda creciente para riego sobre todo en la zona del mediterráneo, parece importante tener en cuenta las posibilidades de los intercambios de agua, ya sea entre usuarios del mismo o distinto nivel para hacer frente a las épocas de sequía y escasez.

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Hace medio siglo sólo algunas aguas con propiedades medicinales se envasaban para su comercialización. Hoy incluso muchas aguas de mesa se presentan de la mano de un diseño exquisito en sus envases.

Referencias
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Representació d’Elx al manuscrit de les Cantigas de Santa María (Cantiga CXXXIII del Códice Rico; Biblioteca de l’Escorial, T.I.1), en interpretació d’Antonio Ródenas. Elx es representa com una vila travessada per un canal, amb una palmera datilera simbòlicament al davant.

El valor patrimonial universal dels regadius històrics valencians: El Palmerar i la Séquia Major d’Elx.

Luis Pablo Martínez
Direcció General de Patrimoni Cultural Valencià i Museus
L’autor a una séquia del Barranc dels Molins, a Ibi.

Introducció El 30 d’octubre de 2000, el Comité del Patrimoni Mundial de l’Organització de les Nacions Unides per a l’Educació, la Ciència i la Cultura (UNESCO), acordà, en el transcurs de la seua 24ª Sessió –Cairns, Austràlia; 27 de novembre a 2 de desembre de 2000–, la inscripció del Palmerar d’Elx en la Llista del Patrimoni Mundial. El Comité descriu el Palmerar com segueix –traducció lliure de l’original en anglés–: “el Palmerar d’Elx, un paisatge d‘horts de palmeres, fou formalment constituït, amb elaborats sistemes de regadiu, al temps que la ciutat musulmana d’Elx va ésser erigida, cap a la fi del segle X d. C., quan bona part de la Península Ibèrica era àrab. El Palmerar és un oasi, un sistema per a la producció agrícola en zones àrides. És també un exemple únic de pràctiques agrícoles àrabs en el continent europeu. El conreu de palmeres datileres a Elx és conegut almenys des dels temps dels ibers, cap al segle V a. C.” Els criteris que féu servir el Comité per a justificar formalment la inscripció en la Llista foren els següents: • “Criteri (ii): El Palmerar d’Elx representa un exemple remarcable de la transferència d’un paisatge característic d’una cultura i un continent a un altre, en este cas de l’Àfrica del nord a Europa.” • “Criteri (v): l’hort de palmeres constitueix un tret típic del paisatge nordafricà que va ésser portat a Europa durant l’ocupació islàmica de bona part de la Península Ibèrica i que ha sobreviscut fins el dia de hui. L’antic sistema de regadiu, que encara funciona, resulta d’especial interés.” El llenguatge emprat pels experts de la UNESCO potser no fou el més adequat per a descriure el formidable procés de transferència cultural que exemplifica el conegut com a Palmerar Històric d’Elx, l’oasi andalusí, integrat pels horts que envolten a la vila medieval –dit així per contraposició a la resta d’horts del Camp d’Elx, creats gràcies als nous regadius derivats del Segura a començaments del segle XX–. Evidentment, no fou tant l’ocupació militar com la «posada en valor» del territori d’Al-Andalus per la nova societat musulmana la que féu possible el miracle de transformar les àrides terres il·licitanes, amb pluges que sovint no superen la mitjana dels 300 mm anuals –mínim per al conreu de blat–, un estiu amb una temperatura mitjana que ultrapassa el 26ºC i fins a cinc mesos de sequera –dades publicades per l’Ajuntament en 1989–, en un verger amb una producció intensa i diversificada, magnífic exemple d’allò que Andrew M. Watson qualificà com a “revolució agrícola àrab”. Així mateix, l’oasi, entés com a agrosistema de regadiu especialment adaptat a condicions d’extrema aridesa, que té en la palmera datilera (phoenix dactylifera) l’espècie conreada més característica, no només constitueix un tret específic del paisatge nord-africà, ans també pertany a la tradició agrícola dels països de l’Orient Mitjà, amb l’Iran com a referent més llunyà, i del Nou Món, cas dels oasis mexicans de la Baixa Califòrnia Sud. La plena comprensió de la significació univer-

sal de l’oasi il·licità requereix el reconeixement de la seua posició dins esta cartografia mundial de la cultura de la palmera datilera i de la sèquia: una cartografia que reflecteix un formidable procés de transferència de coneixements agrohidràulics des de l’Orient cap a l’Occident; un procés que tingué en Al-Andalus la seua estació clau, on hom sintetitzà una subtil cultura agrícola de l’aigua a partir de les mil·lenàries tradicions de la resta del món islàmic, i des d’on es transferí este coneixement a Iberoamèrica. Amb la seua resolució, però, el Comité del Patrimoni Mundial atorgava reconeixement per primera vegada al valor patrimonial universal de la nostra cultura tradicional de l’aigua. Els experts del Consell Internacional de Monuments i Llocs (l’ICOMOS) i de la UNESCO subratllaren explícitament l’“especial interés” de l’“antic sistema de regadiu” que constitueix la columna vertebral que suporta el Palmerar com a paisatge cultural: la Séquia Major d’Elx, que ja en el segle XIX cridà l’atenció no sols d’erudits locals, com Mariano Roca de Togores y Carrasco, Marqués de Molins, sinó també de geògrafs i d’enginyers forans, com ara Maurice Aymard, Clements R. Markham, William Hamilton Hall o Jean Brunhes. El problema de la datació del Palmerar Quan l’arquitecte alemany Hans Dorn visità Elx en gener del 1999 per avaluar la candidatura UNESCO, preguntà en diverses ocasions als experts que l’acompanyaven quina era l’antiguitat del Palmerar. El seu desconcert era notable, no sols pel fet que la candidatura informava simultàniament sobre el Palmerar i el Misteri d’Elx –la candidatura formalitzada el 1998 era, en efecte, conjunta, a diferència de l’esborrany de candidatura de 1995, limitat al “Palmerar Històric”–, sinó, sobretot, per la notable disparitat de criteris de la bibliografia. Freqüentment, els autors han eludit un pronunciament exprés, a l’empara de vagues i evocadores fórmules, com féu Francisco Figueras Pacheco en 1914: “las inmediaciones de la población están ocupadas por fantásticos bosques de palmeras, resto vital de aquellas remotas épocas en que la ciudad era morada de iberos, púnicos y helenos”. Així, hom ha postulat datacions força extremes, de d’aquells que, amb més imaginació que evidència empírica, han apuntat el seu origen segles abans de Crist, fins els que, en funció d’una lectura hipercrítica de les fonts escrites, defenen un origen molt més recent, segles posterior a la conquesta cristiana –com fa Gaspar Jaén en Les palmeres del migjorn valencià–. Deixant de banda la polèmica de l’origen autòcton o importat de les datileres il·licitanes –que també hi és; hom ha postulat un origen fenici (Pedro Ibarra a la seua Historia de Elche) i el seu caràcter autòcton (Francisco Picó en El Palmeral Histórico de Elche), entre altres teories–, el cert és que abans de Crist hi havia palmeres, i se’n feia ús. La ceràmica ibèrica del jaciment de l’Alcúdia testimonia l’existència d’una veritable cultura de la palmera, associada a la religiositat i els seus rituals, com ha estudiat Rafael Ramos

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Vol fotogramètric de la USAF (1956). Detall on es veuen, en la riba esquerra del Vinalopó, la ciutat històrica, el Palmerar que l’envolta, i les terres al sud, pitjor regades (a la dreta en la imatge). La Séquia Major es recolza en un eix visible de la centuriatio (el Filet de Fora), però la vertebració del paisatge a l’entorn de la ciutat es construeix a partir del ventall de sèquies principals derivades del caixer de la Séquia Major, subratllades en la fotografia aèria per la blancor dels camins que en discorren en paral·lel. Per cortesia de l’Institut Universitari de Geografia de la Universitat d’Alacant.

Fernández. Per altra part, el nombre de palmeres cridà l’atenció de Plini el Vell, i les encunyacions romanes incorporaren la palma i la palmera com a emblema. Altra cosa és, nogensmenys, que aleshores existira el Palmerar com a l’agrosistema de regadiu que, mercés al compromís del poble il·licità, ha arribat encara discernible fins els nostres dies –encara que força desvirtuat–. En efecte, el Palmerar no és ni un “bosc natural” de palmeres datileres, ni una plantació agrícola només de palmeres. Estes són, sens dubte, l’element dominant, per la seua airosa verticalitat. Tanmateix, les datileres no són sinó un dels cultius associats que caracteritzen l’agrosistema tipo oasi d’Elx, on les palmeres defineixen l’estructura del parcel·lari mitjançant la seua plantació en alineacions encreuades, d’acord amb regles consuetudinàries que han generat un parcel·les sorprenentment ortogonals i homogènies. Un parcel·lari que esdevé productiu mitjançant la seua irrigació per les aigües de la Séquia Major, alimentada per derivació de l’escàs i salobre cabal del Vinalopó. Els paràmetres contemporanis –empitjorats per la sobreexplotació de la conca– són eloqüents: un mòdul de 0’370 m3/seg, i una conductivitat de 13.400 µS/cm a l’estació d’aforament d’Asp, segons dades citades, respectivament, per Antonio M. Rico i els autors del document Análisis Ambientales del Pla Hidrològic Nacional de l’any 2000.

L’arqueologia hidràulica i la datació andalusina del Palmerar En un intent de satisfer la demanda de l’avaluador, i de dotar de major solidesa a la candidatura UNESCO, l’autor de les presents línies aprofundí en la qüestió de l’origen del Palmerar. Davant la manca d’informació arqueològica o escrita explícita –no n’hi ha cap làpida fundacional, ni notícia cronística coetània–, la datació del Palmerar només podia fonamentar-se científicament en l’anàlisi arqueològica extensiva del territori il·licità, tot partint de dues premisses: la dependència dels horts de palmeres respecte de la Séquia Major, i l’estreta relació existent entre la Séquia i la ciutat medieval d’Elx. En este punt, cal tenir ben present una altra polèmica característica de la bibliografia il·licitana: la de l’origen històric del regadiu. Fins el dia de hui, arqueòlegs i geògrafs s’han alineat majoritàriament amb la tesi que defensa la romanitat del regadiu per derivació del Vinalopó, que té la justificació més sòlida en la coincidència de certs trams de la Séquia Major i d’algun dels seus braços principals amb la centuriació del cadastre romà, com raonara Vicente Gozálvez Pérez en el seu treball “La centuriatio de Ilici”. La lectura arqueològica del paisatge, prenent com a base el vol fotogramètric de la United States Air Force de 1956, permet copsar que, en efecte, al territori il·licità es documenta l’empremta de

la centuriació. Tanmateix, on millor es conserva la gran quadrícula romana és en les cotes baixes del terme, lluny de l’actual ciutat d’Elx. A l’entorn d’Elx, medina de nova fundació d’època califal, predominen clarament unes altres línies d’ordinació del territori, que s’obrin en ventall, seguint amples trajectòries corbes, des de la ciutat i les seues immediacions. Estes línies no són sinó l’empremta en el paisatge del traçat dels principals braços de la Séquia Major i dels camins que en discorren en paral·lel. Tot plegat, fa l’efecte que l’obertura del sistema de regadiu de la medina esborrà del mapa la centuriació en esta part del territori il·licità –sense perjuí de les esmentades (i limitades) coincidències–. La irrellevància de la centuriació romana pel que fa a la configuració del paisatge agrícola dels voltants de la medina d’Elx ve refermada per l’anàlisi de la disposició dels horts de palmeres que circumden la Vila Murada. Com s’ha dit, i analitzarem més endavant, les parcel·les dels horts són ortogonals; però l’ortogonalitat del parcel·lari no és absoluta. És a dir: les alineacions de palmeres que defineixen les parceles de conreu no s’ordenen d’acord amb eixos absoluts, com els de la centuriació –kardo maximo, eix nord-sud, i decumano maximo, eix est-oest; línies rectes creuades a 90º, en paral·lel a les quals hom traçava les línies de divisió de la terra–, sinó que es distribueixen en blocs d’orientació diferencial, determinada per la sinuosa trajectòria dels principals braçals de la Séquia Major. Per altra part, l’Elx actual és una medina de nova fundació, construïda al nord de la Ilici ibero-romana, ocupada fins època visigòtica. En 1998, Rafael Azuar argumentà que la Séquia Major hauria estat bastida de forma paral·lela a la construcció de Madînat Il?, considerada la centralitat de la medina dins l’espai productiu generat pel sistema de regadiu, i la congruència de la informació arqueològica amb la escassa informació escrita d’època andalusina i dels temps immediatament posteriors a la Conquesta. De fet, la reactivació del fenomen urbà durant els segles centrals de la història d’AlAndalus anà sovint de la mà de la construcció de nous sistemes de regadiu al voltant de ciutats preexistents, o de medines de nova fundació, cas, respectivament, d’Oriola i de Múrcia, en la mateixa cora –província– de Tudmir, on administrativament s’enquadrava Elx. En efecte, la tradicional arqueologia intensiva, els escassos però significatius testimonis escrits i gràfics d’època medieval i la informació relativa a la gestió de l’aigua en el sistema de la Séquia Major refrenen les apreciacions derivades de la lectura arqueològica del paisatge. Encara que les seues aigües són salobres i no són aptes per al consum humà, la Séquia Major travessa els fonaments de l’alcàsser musulmà i creua la medieval Vila Murada –el recinte fortificat de planta trapezoïdal definit en època almohade–, estratègicament desplegada sobre l’escarpada rambla del Vinalopó. Al-Idrisí descrigué Elx cap a 1154 com “una ciutat situada sobre un pla”, travessada “per un canal que hi arriba des del riu i penetra

en la ciutat per davall de la muralla, i se’n serveixen, ja que corre al seu bany i travessa els mercats i els carrers”. Significativament, una de les vinyetes de la cantiga CXXXIII del manuscrit de les Cantigues de Santa Maria custodiat a la Biblioteca de l’Escorial conegut com a “Códice Rico”, analitzada per Francisco Franco en 1994, representa Elx com a una ciutat creuada per un canal, tot posant una palmera datilera al davant. Séquia i palmera defineixen iconogràficament la ciutat, a ulls de l’il·luminador del segle XIII. Tanmateix, alimentar els banys no justifica que hom fes passar la sèquia mare pel bell mig de la ciutat. Bastava amb part del cabal d’un braç secundari. Dos degueren ser les raons que ho determinaren. Per una part, este traçat permeté construir molins hidràulics en les immediacions del nucli de població, sobre el canal mare, la ubicació més racional: l’estricta distribució de l’aigua de la Séquia Major per tanda hauria dificultat enormement la seua construcció en els braços secundaris –i no hauria estat tolerada pels regants–; més encara a l’existir la possibilitat de transferir cabals d’uns canals en altres –fet que es tracta més endavant–, la qual cosa que determinava un alt grau d’aleatorietat de la seua distribució dins dels límits marcats pel torn de reg –només un peculiar canal derivat de la Séquia Major, la Séquia de Marxena, tingué un molí construït (en època cristiana) al seu caixer, metres després del seu naixement; enginy que es beneficiava de la dotació fixa de dos fils d’aigua que gaudia Marxena, i del gran desnivell existent des del partidor

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Representació d’Elx al manuscrit de les Cantigas de Santa María (Cantiga CXXVI del Códice Rico; Biblioteca de l’Escorial, T.I.1), en interpretació d’Antonio Ródenas. Les palmeres configuren el rerefons paisatgístic, en congruència amb la seua disposició física a l’entorn de la vila i la seua alçada.

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al sol de la rambla del Vinalopó, on cau esta sèquia per travessar-lo i poder regar a l’altra riba–. A més a més, el caixer mare tenia garantit un mínim de tres files sobre el mòdul de dotze en què es dividia el seu cabal fins el Molí de Ressemblanch o de la Veta, pròxim als darrers partidors de la Séquia Major. La continuïtat de l’emplaçament d’alguns del molins documentats després de la Conquesta respecte de la ubicació d’enginys d’època musulmana ha estat documentada per Enric Guinot i Sergi Selma, i l’examen visual de les restes d’alguns molins clau en l’articulació del sistema, com ara l’esmentat el Molí de la Veta, revela l’existència de fàbriques de tàpia anteriors a la Conquesta cristiana –Rafael Azuar, comunicació personal in situ–. Per altra part, permeté la creació d’un espai agrícola productiu i rendible a l’entorn de la nova ciutat, mitjançant l’obertura d’una atapeïda xarxa de canals de reg en les immediacions. La ciutat comandava l’espai agrícola bonificat per la Séquia Major. La prova rau no sols en el traçat físic dels canals, sinó en la seua peculiar vinculació respecte del règim de distribució de les aigües de la Séquia Major. L’empremta paisatgística del règim de distribució de l’aigua de reg En efecte, la component immaterial del sistema de regadiu de la Séquia Major amb la seua subratlla la centralitat de la medina. No disposem de documentació de qualitat per a l’època de la Conquesta. Tanmateix, podem extraure conclusions ben fonamentades mitjançant l’anàlisi de dos textos cabdals: el tractat Claridad de la Acequia de la Villa de Elche compilat l’any 1589 per Baltasar Ortiz de Mendoza, parcialment publicat en 1914 per Pedro Ibarra en la seua obra Estudio acerca de la institución del riego de Elche; i el Reglamento para el régimen y gobierno de la comunidad de propietarios de las aguas de la Acequia Mayor del Pantano de Elche imprés el 1912, fonamentat en unes ordenances anteriors de l’any 1791.

El Molí Real, encara en peu, construït sobre el canal mare de la Séquia Major, aigües amunt de la ciutat d’Elx, ben a prop de les muralles medievals.

Molí de Ressemblanch o de la Veta, a la segona meitat del segle XIX. Malhauradament enderrocat no fa molt de temps.

D’acord amb estos documents, la distribució del cabal de la Séquia Major, que discorre incòlume al llarg d’uns quatre quilòmetres des de l’antic assut medieval fins els primers partidors, Albinella i Marxena, al nord d’Elx, implicava un estricte torn de reg i una zonificació que primava el territori més immediat a la ciutat en detriment de les terres més allunyades. El cabal del canal mare, com ja s’ha dit, es dividia en dotze parts, anomenades fils o talles (Reglamento, art. 80), essent un fil la dotzena part de l’aigua que circu-

Vol fotogramètric de la USAF (1956). Detall corresponent als horts de palmeres al nord (l’esquerra en la imatge) de la ciutat medieval. Es veu clarament com els bancals ortogonals s’ordenen en blocs la planta i l’orientació de les quals varien en funció de la sinuosa trajectòria dels braços principals de la Séquia Major. Per cortesia de l’Institut Universitari de Geografia de la Universitat d’Alacant.

Per altre part, l’article 7 del Reglamento diu que “las aguas del Pantano de Elche [en referència a la presa d’acumulació construïda en el segle XVII] se dividen en tres clases, con las denominaciones de agua de Huertos, agua de Dula, y agua de Marchena”, tot indicant que a la primera aigua corresponien 600 fils, a la segona 75, i a la tercera 138. L’Horta Major, doncs, es regava amb 600 fils d’aigua Horts i 75 fils d’aigua de Dula, distribuïts en una tanda de 37 dies i mig –675 fils, dividits entre els 18 fils assignats a l’Horta dels Cristians dels 24 que circulaven diàriament per la Séquia Major–. Esta informació és congruent amb la subministrada per Ortiz de Mendoza, que ens diu que la tanda de reg era de “trenta y siete días, ó ya de noche ó ya de día” (cap. I), amb la indicació suplementària que el torn de reg es feia “de arriba abajo” (cap. X), com també es dedueix de la lectura del Reglamento (art. 90). Segons les ordenances de 1912, “las nueve tallas de la Acequia Mayor pueden distribuirse y correr indistintamente por cualquiera de sus partidores, cuando se trate de agua de Huertos” (art. 83), mentre que “el agua de Dula solo podrá ser regada por el partidor de Aladia y en los días establecidos para cada una de las Dulas” (art. 84), essent estes dules les de “Beniboch, Rabajalí, Daimés y Boniol” (art. 129). Per la seua part, Ortiz de Mendoza descriu l’aigua de Dula com “cierta agua obligada a regar cierta partida de la huerta y de aquella tierra no puede salir sin expreso consentimiento del que después riega, ó dando satisfacción al daño”, mentre que, per contra, de les aigües d’Horts “en cualquier parte se pueden regar en donde no aura [sic] dulas, ahora sea huertos, viñas como otra manera de cultivo”. L’aigua d’horts és, doncs, un aigua que pot ésser transferida entre els canals beneficiaris d’este règim dins la Séquia Major, amb l’única limitació de l’orde imposat pel torn de reg. Esta peculiaritat institucional es materialitzà en els partidors mòbils que tant singularitzen el sistema de la Séquia Major. D’ençà el segle XIV, la transferència de cabals es regulà pel mecanisme de mercat, en benefici de les elits locals, que monopolitzaven la titularitat de l’aigua –separació de l’aigua respecte de la terra; venda de l’aigua per a reg en pública subhasta–. Ens trobem, amb molta probabilitat, davant d’un impacte del règim feudal, força procliu a la privatització dels recursos generadors de renda, sancionat pel poste-

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Restes del Molí de la Rambla, construït a començaments del segle XIV sobre el caixer de la Séquia de Marxena.

lava pel canal en un període de dotze hores. D’estos, un fil corresponia al comú de la ciutat d’Elx, dos fils pertanyien a l’anomenada Horta dels Moros, mentre que els restants nou fils anaven en benefici de la coneguda com a Horta Major o dels Cristians. Una primera peculiaritat ja apuntada és que la Séquia Major, tot i discórrer per la riba esquerra del Vinalopó, on se n’aprofita la majoria del seu cabal –deu fils: el de la ciutat més els nou de l’Horta Major–, també rega terres en la riba dreta, mitjançant la derivació de la ja esmentada Séquia de Marxena. Esta cridanera anomalia ha estat interpretada per Enric Guinot i Sergi Selma com a una més que probable innovació posterior a la Conquesta cristiana, vinculada a l’expulsió dels musulmans de la Vila Murada –que dugué aparellada la construcció d’una Moreria de nova planta a l’actual raval de Sant Joan– i l’expropiació dels seus predis a l’Horta Major –la que envoltava la medina– arran de la repressió de la seua sublevació de l’any 1264. Pel que fa a la riba esquerra, l’Horta Major es regava amb els dihuit fils que circulaven diàriament per la Séquia Major –nou de dia i nou de nit–, descomptada la part de Marxena –dos de dia i dos de nit– i de la ciutat –un de dia i un de nit–. Segons Ortiz de Mendoza, els dihuit fils diaris de la Séquia Major es dividien en aigua de dula –del árabe daula, turno– i aigua d’horts. El Reglamento, en efecte, diu que “forman la Comunidad todos los propietarios de aguas de la Acequia Mayor, ó sean, los de agua de Huertos y de Dula” (art. 3).

Plànol de la Séquia Major d’Elx, de començaments del segle XX. El nord geogràfic correspon amb l’esquerra de la imatge.

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rior orde capitalista. Molt probablement, com ja apuntà Lafarga i recentment han argumentat Guinot i Selma, l’aigua d’horts també havia estat adscrita al reg d’espais determinats mitjançant partidors específics, com la de dula. Això, però, no exclou la possibilitat, apuntada per Gil Olcina –que compara els partidors mòbils il·licitans amb els partidors de taules de Lorca–, que ja en temps musulmans hagués existit algun mecanisme de transferència d’aigua entre els canals d’horts, en funció d’una racionalitat orientada a la maximització de l’aprofitament del cabal circulant en l’àrea on es conreaven les espècies hídricament més necessitats i econòmicament més rendibles. Per destriar la lògica paisatgística inherent a la distinció entre dules i horts, cal, doncs, focalitzar l’estudi en les dules, molt més estables en termes històrics. A principis del segle XX, com hem vist, les dules estaven estrictament adscrites al partidor d’Alàdia, que és el quinzé en ordre dels vint que enumera el Reglamento (art. 4: “Arbinella, Carrell, Asnell, Anoy, Candalíx, Real, Nichasa, Abet, Matrof, Alcaná, Nafís, Tufá, Cuñera, Saoní, Aladía, Franc, Alausa, Alborrocat, Anacla, Palombar, Avall-Baya, Avall-Sinoga”). Alàdia, doncs, es troba ubicat en la cua del sistema de la Séquia Major, i rega terres ben allunyades de la ciutat: el territori de les antigues alqueries de Beniboch, Rabajalí, Daimés i Boniol. Segles abans, però, les dules presentaven una distribució geogràfica diferent. Ortiz de Mendoza (cap. III) ens indica que els partidors o canals secundaris que derivaven aigua de la Séquia Major eren vint-i cinc, força coincidents amb els vint partidors enumerats el 1912: “Albinella”, “Marchena”, “Carrell”, “Asnell”, “Albelló”, “Anoy”, “Real”, “Vila”, “Candalix”, “Orts”, “Alingasa”, “Abet”, “Matrof”, “Alcaná”, “Nafís”, “Atufá”, “Cuñera”, “Sahony”, “Aládia”, “Franch”, “Aláusa”, “Alborrocat”, “Anacla”, “Palombar”, “Carmahadet, Beniay y Sinoga”. Ortiz, a més d’indicar-nos que només podien existir deu partidors oberts simultàniament –efecte del torn de reg; cap.

III–, ens diu que determinats partidors o canals es trobaven rigorosament adscrits al règim d’aigua de dula –la qual cosa implica que la resta es beneficiava del règim d’aigua d’horts–. L’un s’ubicava en capçalera de la Séquia Major (Carrell, amb tres dules: Barranc, Figuera Roja i Pedregal; caps. XV a XVII), un altre al bell mig del sistema (Candalix, amb dues dules: Pont de la Barrera o Benimonder, i Partidor Nou o Benisarco; caps. XVIII a XXIIII), i altres tres en la seua cua: Cuñera (cap. XXV), Franch (dula de Beniboch; cap. XII) i el vint-i-cinqué canal que servia les dules de Carmahadet, Benyay i Sinoga (caps. XXVI a XXVIII). A més a més, a la fi del sistema, al partidor de l’Almeida, es trobaven les dules ja esmentades de Rabajalí, Daymés i Boniol (caps. XII a XIV). Esta adscripció geogràfica de les dules sembla respondre amb claredat a un disseny del sistema de regadiu orientat a la creació d’una horta amb un nucli hídricament privilegiat, on es poguera practicar l’agricultura intensiva, envoltat per una corona exterior beneficiària d’un regadiu força pitjor dotat, encara que suficient per assegurar cultius amb baixos requeriments hídrics. El cercle a l’entorn del nucli privilegiat el tancaven al nord les dules regades per Carrell; a l’Est, les dules de Candalix; i al sud, les dules derivades aigües avall del Molí de Ressemblanch. Significativament, Carrell era el primer partidor de reg pròpiament dit derivat de la Séquia Major en la riba esquerra, només precedit pels partidors d’Albinella –el canal propi de la ciutat– i Marxena –que, com sabem, rega a l’altra banda del riu–. Tant Carrell com Candalix són definits per Ortiz com a “braçals llargs”: “como el partidor de Carrell sea tan largo su brasal” (cap. XV); “Candalix corta en los huertos, y... como sea el Brazal de Dula tan largo y distante la fita...” (cap. XXII). Esta referència a la “fita” és extraordinàriament rellevant, ja que indica el punt des d’on hom podia començar a regar de l’aigua de les dules de Candalix, amb la peculiaritat que fins eixa fita Candalix podia regar amb aigua d’horts. Certament, el gruix de les dules es concentra en la cua del sistema, fet que portà Rafael Azuar a plantejar que les dules pogueren haver estat una innovació introduïda sobre el disseny original del sistema d’època musulmana; hipòtesi fonamentada en què les alqueries de Beniboch, Rabajalí, Daymés i Boniol formaven part de la reserva dominical de l’infant Manuel, i que les fonts diuen que va ser ell qui decretà la creació d’estes dules; qüestió que Ortiz (caps. V i XII) relaciona amb la concessió als il·licitans de les aigües de Villena per propi infant l’any 1276, que hauria permés estendre una mica l’àrea servida per la Séquia Major. Segons Ortiz (cap. V), la incorporació de l’aigua de Villena permeté fer passar el mòdul de la Séquia Major de 8 parts –que seria l’original d’època andalusina– a 11, en benefici íntegre de l’Horta Major, l’assignació de la qual augmentà de 6 fils a 9. Este increment repercutí a nivell institucional, ja que els drets sobre els 6 fils o talles originals, amb indicació del torn de reg, quedaren registrats en l’anomenat Llibre Major, mentre que els 3 fils suplementaris es registraren en el Llibre Xic, de nova compilació. Ortiz no informa, però, sobre la definitiva fixació del

Un dels característics partidors mòbils de la Séquia Major d’Elx.

mòdul de la Séquia Major en 12 fils o talles, que implica el còmput de la talla propietat de la vila, encara que ja en parla de la singularitat del partidor d’Albinella, per on es prenia la fila d’aigua de la ciutat. Segons Ortiz, el 18 d’octubre de 1285, la comtessa Beatriz, muller de l’infant Manuel, ordenà des de Villena que Nicolás de Luna, mestre d’aigües, determinés la “justa mesura”, dels partidors d’Albinella i Marxena, que ningú no podria modificar (cap. V); document que es troba copiat en el llibre de privilegis de la vila, publicat per María Luisa Cabanes. Marxena i Albinella han estat des d’aleshores els únics partidors fixos oberts en la Séquia Major. Ortiz (cap. XXXVIII) també esmenta, però, documentació del Consell d’Elx segons la qual “Beniama”, “Benigoma” o “Benichoraha”, “Medina Cadina”, “Beniambros”, “Benichuchel” i “Benicreixent” també havien estat temps enrere dules, “y los antiguos las libertaron en que pudiesen correr por todos los partidores”. L’ampliació de les dules cap a les cotes baixes, facilitada per l’increment del cabal a disposició de la Séquia Major, ben bé podria haver estat vinculada a una transformació d’antigues dules en cotes més altes al règim de l’aigua d’horts. Cal adonar-se, a més a més, que tant estes antigues dules, com les que subsistien en temps d’Ortiz, estaven en bona mesura associades a topònims amb prefixe aràbig “beni”, és a dir: alqueries andalusines. Tot plegat, es reforça la imatge d’unes dules ja existents en temps de la Conquesta, configurant un cinturó exterior de terres amb regadiu pobre a l’entorn d’un àrea de reg privilegiat i molt probablement d’extensió comparativament més reduïda –major longitud dels canals de dula–, on resulta possible la praxi d’una agricultura molt més intensiva. No és casualitat, doncs, que el cercle interior d’este espai regat, més pròxim a la Vila Murada, històricament coneguda com a partida d’Horts i Molins, siga l’àrea on es concentren els horts de palmeres, on històricament s’ha practicat un enginyós un sistema de repartiment d’aigües i una sàvi policultura, magníficament descrita per autors com Baltasar Brotons, que ha permés extraure el màxim rendiment a la minsa i salobre aigua disponible per al regadiu –la del Vinalopó–, mitjançant el conreu associat d’espècies, amb un accentuat predomini d’aquelles que mostren una major tolerància a la salinitat: fruiters, com els magraners; herbàcies, com l’alfals; i, per descomptat, les pròpies pàlmeres datileres. La lògica interna del Palmerar Històric Tampoc no sembla casual que en l’àmbit del Palmerar Històric la unitat bàsica que configura els horts, el bancal de planta ortogonal delimitat per l’encreuament de palmeres alineades –rectangular i quadrada, però també trapezoïdal o triangular: els anomenats “cornillals” o “secants”, generats per la intersecció de blocs de parcel·les quadrangulars d’orientació diferencial, forçada per les sinuoses trajectòries de les sèquies que els alimenten–, té una superfície mit2 jana pròxima a la tafulla ilicitana (953 m ), unitat de superfície de clares arrels andalusines, com han establit recentment Carlos Ortiz i Lina Gracia.

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Les aigües de la Séquia Major servien un amplíssim espectre d’usos, fins i tot domèstics i de lleure.

La tradicional proporció “natural” de palmeres mascles i femelles, entorn al 50%, indica clarament que la plantació de palmeres es va concebre des d’una lògica aliena a la mera producció de dàtils de consum humà. Les plantacions de palmeres per a la producció de dàtils comestibles es caracteritzen pel predomini aclaparador d’exemplars femella –productors del preuat fruit; uns pocs exemplars mascles basten per a pol·linitzar a mà les femelles–, i una pregona homogeneïtat genètica –producte de la plantació de palmeres obtingudes per reproducció asexuada, a partir de filloles o esqueixos, i no per plantació de dàtil, com històricament succeïa a Elx–. La distribució homogènia de mascles i femelles pels horts, producte de la impredictibilitat del gènere de la palmera nascuda de dàtil, garanteix a Elx la pol·linització natural, per obra del vent.

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Estes peculiaritats morfològiques i botàniques del palmerar il·licità han satisfet històricament dos objectius prioritaris. Per una part, la plantació ortogonal de les palmeres facilitava la gestió de l’aigua de reg: l’homogeneïtat del parcel·lari facilitava enormement la distribució de l’escàs cabal pels oficials de la Séquia Major –quelcom documentat pel geògraf Michael E. Bonine als oasis iranians–, en benefici de la productivitat de la terra i dels cultius més rendibles, però també més exigents en termes hídrics, com les mateixes palmeres, que subministraven nombroses utilitats, com ara aliment per al ramat –dàtils amargs–, per als homes –dàtils dolços, que n’hi ha–, béns de consum de producció artesanal –barrets, cabassos, estores, graneres, etc.–, combustible i material de construcció. Per altra part, l’abundància de palmeres mascle permeté el desenvolupament d’una artesania amb un alt valor afegit, la producció de palma blanca: els mascles d’altra forma improductius esdevenien així econòmicament interessants. No sabem –ni, probablement, podrem saber– si el palmerar andalusí estava orientat a la producció de palma blanca, la demanda històrica de la qual té una estreta vinculació amb determinats rituals catòlics –com ara l’espectacular processó de Diumenge de Rams a Elx, o la pròpia Festa o Misteri d’Elx, on la palma blanca estableix la connexió mística entre el plànol celestial i el terrenal–. Tanmateix, la plantació ortogonal de palmeres constitueix, per les raons dalt assenyalades, una component essencial de la posada en valor agrícola del territori circumdant de la medina d’Elx. A manera de conclusió Els anells de productivitat agrícola directament proporcional a la seua proximitat a la Vila Murada foren descrits per Ca-

vanilles a finals del segle XVIII: “destinaron a palmas mil tahullas contiguas a los edificios de la villa, que reducidas a huertos cercados de paredes forman un bosque circular de 70 mil palmas. Síguese a esta faja circular de huertos otra más ancha, donde se cultivan trigos, barrillas, alfalfas, y otras plantas útiles; y últimamente vienen los olivos, que ocupan 30 mil tahullas, y sirven de corona o cerco al resto de las huertas”. Per al botànic, la “multitud de empinadas palmas... ocultan los edificios, y parte de las torres y cúpulas de la villa más populosa del reino”, la qual cosa, ensems amb testimonis gràfics decimonònics anteriors a la crisi del Palmerar com agrosistema, resulta congruent amb la representació de la vila d’Elx en la cantiga CXXVI de l’esmentat manuscrit escurialense: les palmeres constitueixen el fons escènic de la ciutat, vista des de la riba dreta de la rambla del Vinalopó. Ningú no pot dubtar del sentit paisatgístic de la comparació d’Elx amb “la ciutat del Profeta” –l’oasi de Medina, Madínat an-Nabí– pel geògraf Ibn Saïd al-Magribí († 1274), de l’afirmació d’Ibn al-Yasaa, citada pel primer, segons la qual “no hi ha a al-Andalus dàtils millors que els d’Elx”, i de l’asseveració del geògraf Yáqút, quan diu que Elx “és molt cèlebre per les seues exquisides panses i les seues excel·lents palmeres, que només es conreen en esta regió d’al-Andalus”. El Palmerar Històric regat per la Séquia Major és un oasi andalusí. La datació andalusina del Palmerar a partir de la seua anàlisi integral com a agrosistema fonamentat en un sistema de regadiu resulta força consistent. Sobretot, des del moment que no es pot sostenir, com han raonat autors com Azuar, Guinot i Selma, González Villaescusa i l’autor d’estes línies, que el sistema de regadiu de la Séquia Major d’Elx siga d’origen romà. Ni tan sols es pot sostenir que el regadiu musulmà es recolze en les restes d’un regadiu romà preexistent. Cal no oblidar que el Palmerar Històric envolta la medina d’Elx, i no la Ilici ibero-romana, és a dir, l’actual jaciment arqueològic de l’Alcúdia, que Carmina Verdú identifica amb el topònim Medina Cadina –de l’àrab Madîna Qadîma, la “Ciutat Antiga”–, que en temps de la Conquesta hauria estat una dula. La ciutat iberoromana, situada en el marge mal regat d’un sistema de regadiu amb centre en l’Elx islàmica: la romanitat del regadiu tradicional il·licità és, doncs, una quimera, per molt que certs trams de la Séquia Major i els seus braços, i dels camins associats, vinguen a coincidir en certs trams amb línies de centuriació. La coincidència –força limitada– dels canals del sistema de la Séquia Major amb línies de centuriació no pressuposa la coincidència amb pretesos antics canals de reg paral·lels a estes; on hi sèquies, la regla general és que són estes les que determinen el traçat dels camins, i no al contrari. Si resta algun dubte, propose des d’estes pàgines que hom compare la longitud d’estes coincidències amb la longitud dels trams de canals de reg on la coinciència manca per complet. Encara que, com ja s’ha dit, una ullada a la fotografia aèria resulta ja prou significativa.

Els bancals envoltats de palmeres, regats amb “aigua d’horts”, permetien un policultiu intensiu d’alta productivitat al cor del sistema de la Sequia Major. En esta bucòlica postal dels anys 60 del segle passat, veiem el cultiu associat de palmeres datileres i alfals, i transformació artesanal de palma blanca.

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Vista d’Elx en vespres de la industrialització (finals del segle XIX), des de la riba dreta del Vinalopó. Com en temps medievals, les palmeres envolten la ciutat, i conformen el rerefons paisatgístic del nucli urbà.

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Actualitat de l’Aigua

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Unes notes a tall d’introducció

La present secció de la revista Tractat de l’Aigua naix amb la voluntat d’acostar al lector interessat una sèrie de novetats bibliogràfiques (i algunes no tant novetats) ons l’aigua i les terres valencianes siguen els seus protagonistes. A través de successives edicions de la revista des d’aquesta secció es recolliran una sèrie de treballs, estudis i investigacions corresponents a diverses àrees temàtiques aplicades, però, a l’àmbit valencià. Així, per exemple, en posteriors lliuraments de bibliografia ens centrarem en diverses àrees temàtiques, des de la geografía de l’aigua (per referir-nos a aquelles monografies i estudis que tracten de les costes marítimes, dels rius i barrancs, dels manantials i fonts ...) fins l’arquitectura de l’aigua (pantans, canals i sèquies, molins, nòries, basses...), sense oblidar el dret de les aigües (lleis, reglaments i ordenances, antigues i modernes...). Ara, però en aquest primer número encetem aquest apartat amb el lliurament d’una sèrie de referències bibliogràfiques referents al regadiu i usos de l’aigua en època històrica. Una primera intenció d’aquest apartat es la creació d’un corpus bibliogràfic que facilite als estudiosos i investigadors dels diversos camps de recerca una bibliografía adient per facilitar-los llurs investigacions. Allò que cal primar, doncs, és la qualitat de la informació. Una part de l’èxit de les coses que es fan rau no sols en sí mateixa, sinó en la necessària difusió; en que allò que es publica arribe a qui vertaderament ha d’aplegar; en altres paraules, ens donariem plenament per satisfets si la consulta de la nostra bibliografia servira per a allò que escrivia J. C. Dana: “la piu preziosa di tute le conoscenze è la conoscenze che conduce ad altre conoscenze”. La confecció de bibliografies sembla que no es una de les tasques més reeixides a casa nostra. Hi ha una vertadera mancança d’este tipo de treballs, i cal, al nostre entendre reduir eixe dèficit estructural. No obstant això, cada volta més hi ha iniciatives que fan que les bibliografies o reper-

toris d’obres siguen una compilació de primera referència a la qual acudir a l’hora d’encetar qualsevol estudi o investigació. Vore el que hi ha o existeix a la literatura científica és la primera fita del camí que duu a l’eficàcia en els resultats dels estudiosos. Cal esmentar que estos lliuraments de Bibliografia Temàtica, (en cada número de TdA oferirem una temàtica diferent o en completarem de ja publicades), es podràn consultar també a la pàgina web de Tractat de l’Aigua de manera que la recuperació de la informació sol·licitada es puga fer des de diversos camps de recerca com ara autors, títols, àrees temàtiques, any de publicació, idioma, etc., etc. En la Secció que encetem trobarem en el futur diferents apartats: un és l’esmentat de la Bibliografía Temàtica; els altres afecten a les novetats bibliogràfiques en el domini de l’àmbit aigua/valencià, però també a la noticia retrospectiva de publicacions clàssiques sobre la matèria. A Novetats Bibliogràfiques trobarem la nota de les publicacions que arriben a la nostra revista, breus recensions de les novetats, i una sel.lecció d’obres a les quals dediquem un tractament més complet, allò que tradicionalment s’entén com a crítica de llibres. Pel que fa a les obres clàssiques (Clàssics de l’Aigua), entenem que potser convé rellegir no poques obres clàssiques amb els ulls de l’actualitat per tal de recuperar tant les aportacions dels autors valencians al permanent debat que hi ha al voltant de l’aigua com les d’aquells altres autors que se n’han ocupat del binomi aigua/valencià en la dilatada historia de publicacions que emplenen les Biblioteques pròpies o foranes. El resultat d’estes intencions haurà de convergir en la confecció d’una Biblioteca en la qual a cada títol l’acompanye una breu resenya de continguts per tal d’afavorir el treball dels estudiosos o dels ciutadans interessats en temes concrets.
Salvador Vercher Lletí

Bibliografia Temàtica

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Regadiu i usos de l’aigua en l’àmbit valencià

Salvador Vercher Lletí
Llicenciat en Geografía i Història Arxiver de l’Ajuntament d’Alzira L’autor en l’Assut de Sueca

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Les pàgines que segueixen constitueixen un primer lliurament d’un assaig de Bibliografia Temàtica de l’àmplia producció historiogràfica i d’estudis que historiadors, arqueòlegs i geògrafs valencians, i no valencians, han dedicat a l’estudi de la distribució de l’aigua per al reg i altres usos a casa nostra. Afortunadament, als estudis que erudits, enginyers i altres autors feren fa ja unes quantes dècades, hem de sumar-hi les aportacions que en els darrers anys, des dels anys 70 i 80 del segle XX ençà, han fet noves fornades d’historiadors i geògrafs formats a les universitats valencianes. Ells han estudiat parcel·les de la història local i comarcal en interessar-se per l’espai viscut com a àmbit historiable i d’estudi. El tema de l’ús, conflicte i distribució de les aigües superficials o subterrànies, corrents o estancades, de fonts o de sèquies, és un tema historiogràfic recurrent en els últims temps. Pot ser cap altre poble com el valencià ha elaborat i establert una simbiosi tan singular entre aigua i camperols al llarg d’una sèrie de centúries. És per això que esta bibliografia no deixa de ser un reflex d’allò que interessa conèixer i saber a l’home de hui, i de quin ha estat el seu passat, més o menys recent. L’historiador, el geògraf, i l’estudiós en general, no s’abstrauen en una dimensió fora de contacte, sinó que al contrari, son homes del seu temps, i estudien i escriuen per als seus contemporanis interessats a esbrinar el coneixement, de vegades, d’allò proper ad ells, com ara comunitats de regants, molins, naixements de sèquies, difusió de la ciència i tècnica hidràulica, conflictes hídrics...

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Número 1. Primer Quadrimestre de 2008. Summari
Tractat de l’Aigua (Revista Valenciana Interdisciplinar de l’Aigua): Una presentación.
Vicent Franch i Ferrer (Director).

La evolución de las precipitaciones en las regiones geográficas de Valencia y Murcia.
J. Quereda Sala, E. Montón Chiva, y J. Escrig Barberá.

Perturbaciones climáticas al Ciclo Hídrico en la Cuenca Mediterránea Occidental: Origen y Propagación a Escalas Regional-Europea y Global.
Millán M. Millán.

Construir l’aigua. Sobre l’arquitectura hidràulica i les hortes històriques enteses com una de les belles arts.
Enric Guinot.

Los embalses de la cuenca del Júcar.
Francesc E. Franch i Ferrer.

¿Son los contratos de cesión de derechos y los bancos de agua instrumentos convenientes para mejorar la gestión del agua?
Joaquín Melgarejo Moreno, Mª. Inmaculada López Ortiz.

Nuevas formas de reasignación de caudales. Especial atención a los bancos públicos de aguas.
José A. Comos Guillem.

El valor patrimonial universal dels regadius històrics valencians: el Palmerar i la Séquia Major d’Elx.
Luis Pablo Martínez Sanmartín.

Bibliografia Temàtica. Regadius i usos de l’aigua en l’àmbit valencià.
Salvador Vercher i Lletí.