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Crisopher Hill. De la Reforma a la Revolución industrial 1530-1780 Capítulo 3. LA REVOLUCIÓN AGRÍCOLA.

En lo que se refiere a las relaciones agrarias, a la Edad Media se le puso fin en 1646 mediante la abolición de las tenencias feudales y el Court of Wards. La importancia de esto fue cuádruple. En primer lugar, se liberó a los terratenientes de su dependencia de la corona, y se privó a los gobiernos de una fuente de ventajas lucrativas para los cortesanos. En segundo lugar, los terratenientes conquistaron la propiedad absoluta de sus haciendas. Durante las infructuosas negociaciones de 1610 con vistas a la abolición de las tenencias feudales, Salisbury había prometido a los diputados “podeís regresar a vuestros condados y decir a vuestros vecinos que habeís construido una bonita cerca a su alrededor”. Gracias a la revolución, esta cerca estaba ahora asegurada. La tierra quedó libre de los arbitrarios derechos sucesorios y la exploliación de la tutela, con lo que fueron posibes la planificación a largo plazo y la inversión de capital en la administración de las fincas. En tercer lugar, las tenencias feudales fueron abolidas hacia arriba solamente, no hacia abajo. La ley de 1660 insistía en que no debía ser interpretada como una alteración o cambio de la tenencia en copyhold. Los copyholders no obtuvieron ningún derecho de propiedad absoluta sobre sus tierras, y siguieron en abyecta dependencia de sus señores, expuestos a derechos sucesorios arbitrarios que podían utilizarse como medio para desahuciar a los recalcitrantes. Su efecto fue completado por una ley de 1677 que aseguraba que la propiedad de los pequeños freeholders no fuera menos insegura que la de los copyholders, a menos que estuviera apoyada por un título legal por escrito. De esta manera se eliminó la mayoría de los obstáculos que se alzaban ante la enclosure: el boom agrícola de finales del siglo XVII y del siglo XVIII redundó en beneficio de los grandes terratenientes y agricultores capitalistas, y no de los propietarios campesinos, cuya extrema pobreza, por mucho que trabajasen, fue objeto de comentarios por parte de observadores que iban desde Richard Baxter a Arthur Youg. El siglo que sucedió al fracaso de los radicales empeñados en conquistar la seguridad legal de la tenencia para los humildes en el siglo en el que numerosos pequeños terratenientes se vieron obligados a vender a consecuencia de las rentas abusivas, las multas onerosas, los impuestos y la falta de recursos para competir con los agricultores capitalistas. En cuarto lugar, la compensación por el Court of Wards no salió de un impuesto sobre la tierra (como se había propuesto en 1610), sino de un excise, al cual quienes contribuían principalmente no era la Gentry, los beneficiarios de la abolición, sino los consumidores más pobres, las víctimas. De acuerdo al autor, no hubo ninguna revolución agraria permanente en beneficio de los verdaderamente humildes, tal como querían los levellers y los diggers y como ocurrió durante las Revoluciones Francesa y Rusa. En vez de ello el interregno aceleró las divisiones económicas que se habían estado formando durante el período precedente. Las tranferencias de tierra y los fuertes impuestos condujeron a una significativa redistribución de la riqueza, a la obtención de beneficios excesivos por parte de abogados, notarios y banqueros dedicados a comprar y vender tierra, así como la compra de la misma por mercaderes y contratistas del gobierno. La abolición de las tenencias feudales y el ambiente general del interregno favorecieron un enfoque racional y científico de los problemas económicos. No debemos suponer que alguna vez el sentimiento se impusiera a las consideraciones económicas de la inmensa mayoría de los terratenientes. Pero ahora esas consideraciones pasaron a primer lugar, con la aprobación de los moralistas contemporáneos. La diferencia entre la actitud tradicional

y feudl y la moderna y capitalista se vio claramente en 1656, cuando un par dijo a sus colonos que si no se comportaban con justicia y afecto hacia él, les serían aumentadas las rentas y los derechos de entrada. Los contemporáneos atribuían a las décadas revolucionarias cierto número de mejoras agrícolas. La esparceta, el trébol, la alfalfa, los espárragos y la alcachofa datan de este período. El desarrollo de la horticultura y el cultivo intensivo de frutas, especialmente para el mercado londinense, produjeron una pequeña revolución en la dieta de los ciudadanos corrientes. El rendimiento de las cosechas de los Países Bajos e Inglaterra llevaba mucha delantera al del resto de Europa. Relacionada con la propaganda en pro de las mejoras agrícolas se observaba una nueva actitud respecto de la enclosure. Los cambios en la interpretación de la ley ayudaron a debilitar la posición de los arrendatarios vis-á-vis los terratenientes, en beneficio tanto de los practicantes de la enclorure como de los terratenientes bajo cuyas tierras había depósitos de minerales. La enclosure de la tierra comunal no sólo incrementó la producción de maíz: sino también privó a los pobres de una fuente de combustible y pastos y de esta forma, aumentando su dependencia de los jornales, les obligó a trabajar más duro y más regularmente de lo que hubiesen hecho en caso contrario. La enclosure para pastos incrementaría el empleo en la industria pañera, al mismo tiempo que reducía el número de los que vivían de los terrenos comunales sin trabajar, y e esta forma facilitaría mano de obra para la industria. Gracias a la enclosure y a los nuevos cultivos de maíz y hierbas artificiales, ya no era necesario dejar la tierra en barbecho. Gracias también a la irrigación de los prados podía aumentarse el número y la calidad de los animales, a los que se podía mantener vivos durante el invierno para fertilizar la tierra e incrementar los rendimientos. Los agricultores pudieron romper la barrera de los abonos que dueante tanto tiempo había obstaculizado la producción. La subvención a la exportación de maíz también fue un estímulo. Los bosques reales fueron vendidos durante el interregno y se utilizaron para cultivos; no se recuperaron cuando la restauración. La desacotación de los bosques incluyó la expulsión de los campesinos de sus cottages y parcelas. La revolución agrícola del siglo XVII abrió la posibilidad no sólo de alimentar más adecuadamente a la población existente, sino también de hacer frente a la gran expansión de las poblaciones urbanas que proporcionaban tanto el mercado nacional como la fuerza laboral para la Revolución Industrial. La nueva agricultura, por cierto, contibuyó a que Inglaterra derrotase a sus rivales comerciales holandeses en el siglo XVII.

CAPÍTULO 5. AGRICULTURA Y RELACIONES AGRARIAS.

El desarrollo capitalista de la agricultura se extendió en el clima favorable del siglo XVIII. “ la Gentry del siglo XVIII”, por citar las palabras de Thompson, “constituía una clase capitalista soberbiamente afortunada y confiada en sí misma. En ella se combinaban, en su estilo de vida, rasgos de cultura agraria y urbana”. Se refiere al “estilo profundamente capitalista de pensar que tenía la clase: entusiastícamente adquisitiva y meticulosa en su atención a la contabilidad (…) Apareció el Laisse Faire, no como la ideología de alguna camarilla de fabricantes, no como el hilo intelectual producido por las fábricas de algodón, sino en la gran faja agrícola productora de maíz.” La enclosure facilitó el drenaje de las tierras pantanosas. Los planes de drenaje, cultivo de baldíos y marjales, nuevas rotaciones de las cosechas, cultivo más intenso, especialización regional…todo esto había ocasionado un aumento de la producción. A pesar de la subvención de la exportación de maíz, el pan blanco empezaba a ser la dieta básica incluso para los pobres. A partir de mediados de siglo comenzaron a cultivarse nuevas tierras a medida que subían los precios agrícolas. Desde la revolución agrícola del siglo XVII era posible mantener vivo el ganado durante el invierno. Esto junto con la mejora de las comunicaciones, significó que en el mercado había carne fresca y más maíz durante todo el año. Al vivir más, el ganado producía más estiércol y de esta manera ayudaba al cultivo más intensivo. Los nuevos pastos también mejoraron la calidad de la lana de oveja. Puede que el número de ovejas que había en Inglaterra se duplicase durante el último siglo de nuestro período, aparte de ser más gordas. Pero ahora las ovejas se criaban por su carne tanto como por su lana, mientras que el ganado se criaba más por su carne tanto que para servir de animales de tiro. La enclosure redujo la incidencia de enfermedades infecciosas entre el ganado y facilitó la crianza selectiva. El final de las matanzas estacionaes de animales junto con la mayor producción de grano y la mejora de las comunicaciones, llevó a una mayor estabilidad de los precios y menos plagas de hambre. La enclosure se puso en práctica con máxima facilidad en los pueblos cuya organización parroquial era menos democrática. A muchos pequeños propietarios los compraron para que se marchasen antes de la enclosure, con el fin de facilitarla. Ya fuese como causa o como consecuencia de la enclosure, el autogobierno que existía en los pueblos de Inglaterra desapareció. La enclosure fue consecuencia tanto como causa de la desaparición de los pequeños freeholders. Sin embargo, la subvención ayudó a los grandes agricultores a mantener alto el precio del maíz y, de esta manera ocasional artificialmente lo que Adam Smith llamó “ una carestía constante en el mercado nacional”, que obligó a los jornaleros a trabajar más duro y más horas. En la Inglaterra del siglo XVIII la asignación de tierras corría exclusivamente a cargo de los hombres ricos, muchos de los cuales opinaban que los pobres no tenían ningún derecho legal a la tierra común; y por consiguiente, raras veces le daban una compensación.