REINA DE LA CHATARRA Lo único que podría evitar que, tarde o temprano, se imponga a la TV una ley que prohíba los

spots de comida chatarra o no saludable, es una autorregulación contundente. Pero, salvo un pacto débil y poco promocionado por los anunciantes, no veo esa contundencia. En cambio, el proyecto de ley de promoción de la salud para la protección de los consumidores niños, niñas y adolescentes, del congresista Jaime Delgado, ya fue aprobado por las comisiones de Defensa del Consumidor, Salud y Educación, y espera ser aprobado en el pleno. Lo leí y me parece indiscutible cuando obliga al Estado a promover la actividad física y la educación nutricional y a prohibir el expendio de cualquier chuchería en los quioscos escolares. Las definiciones son claras: alimentos no saludables son los que exceden porcentajes determinados de azúcar, grasas saturadas, grasas trans y sodio (sal). La discusión empieza cuando se restringe la publicidad de la comida chatarra. El proyecto no pide hacerla desaparecer del todo, pero sí del vasto horario de protección al menor (de 6 a.m. a 10 p.m.) y, en lo que quede, transformar su contenido: no se podrá mentir sobre características nutricionales (por ejemplo, no digan que un polvo de marras es igual a una naranja), no se podrá asociar el producto a una supuesta superioridad de quien lo consume, nada de explotar la ingenuidad de los chibolos y nada de ofertas especiales ni regalitos. El pacto de los anunciantes de diciembre del 2011 no habla de contenidos y se limita a inhibirse de anunciar ante audiencias mayoritariamente infantiles. Aquí no están en debate ni la libertad de expresión ni el derecho a la información pues se trata de regular spots cuyo fin es comercial y atendiendo razones de salud pública. Lo que la ley pone en cuestión es el futuro de elementos esenciales del lenguaje publicitario que toleramos en productos para adultos (desde ropa hasta autos), pero la OMS y muchos gobiernos piden hacer excepciones cuando se trata de productos asociados a problemas de salud pública y cuya audiencia la componen niños indefensos ante la seducción de los trucos marketeros. Estoy de acuerdo con la regulación de contenidos pero creo que se debe ser flexible en la prohibición absoluta de 6 a.m. a 10 p.m. Solo la autorregulación efectiva, repito, podría hacer innecesaria esta ley. Como punto de partida mundial hay un pacto más allá de la publicidad: el 2008 las principales transnacionales del rubro (Kraft, Kellogg’s, Nestle, Coca Cola, etc.) se comprometieron a mejorar sus productos y así reconocieron, de paso, que estaban excedidas en azúcar, grasas y sal.

Se comprometieron a mejorar sus productos y así reconocieron, de paso, que estaban excedidos en grasas.

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