Pedro Montt esquina paraíso

Jessica Peña

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Nº1 Hay un tema que habla de la perplejidad, hay un ritmo a candor, en oleadas a la oscuridad. Hay una pausa cansada de malgastar, las horas hecatómbicas de fin de siglo, milenios, ancestrales pasiones y deseos sentidos, vaivenes marinos, los suficientes para matar al corazón, de la fantasía, sueños, inmemorial creencia sobre la verdad y buscar, llorando el nuevo amanecer de las discordias. Trascendentalmente hermanos en el patíbulo hacia la cámara de “no hay más”, la música sigue el vaivén de las horas en hojas que caen al cielo inevitablemente fenecidas por el estiércol de no saberse humanas,
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de no tomarse el vaso entre compás y compás. “La verdad no existe, mi amor” la verdad y la otredad, soy sólo yo en este mundo infecto de beneficencia, Hay extrañezas en el aire de hoy, muchos saludos, muchas caricias. Me derrumbo ahora, que ni el paracaídas queda de placebo, ni la columna vertebral torcida, sólo la seguridad de los absurdos: Kafkianos, Camusianos o Sartreanos, ya que todos son el mismo y son lo otro. Y acaba ahí, porque el tema agoniza, y no he hecho las últimas notas en éste poema, que se fue desconsiderando hacia sí mismo.

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Nº 2 Fueron horas felices, ojala Nietzsche hiciera de ellas un retorno o un vaivén, o Heráclito las dejase fluir en mi agua, que parece idéntica pero no lo es. Sin embargo espero que esos besos desemboquen, y esas horas, minutos o siglos de tus manos en mi piel sean exigencias para el rocío, para que no se pierdan en una canción añeja, ni den paso al fin del desconcierto, porque no deberíamos discutir el encontrarnos tan anhelantes; sino refrescarnos de alegría en las mañanas acaloradas de la tensión postmoderna, y quizá así tu sexo viaje al río esas dos horas que faltan, aunque no creo que desees consumirte en esta agua, que no desemboca en el mar, ni devuelve lo vivido, a aquellas casas en aguas de colores, caminando por Pedro Montt, buscándonos.

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Nº 3 Has sido una pausa en el tormento de estos años, que van de veinticuatro cada día, planos, solitarios, amontonados de las responsabilidades capitales de comerciar entre mi alma y el porvenir. No sé qué me deparará hasta hoy lo que queda del día, no sé cuál sea el fin de esta incierta siesta de ya no creer en el amar, calmar, odiar, desear; sino es a ti y tu pulgar encendido de lluvia. Más allá del sentido que puedo fermentarle a esa ensoñación, ¿Quieres que llame, que hable, que grite o que calle con un nudo, el aterciopelado violín de los recuerdos?. ¿Me lames en las noches de insomnio porteño? ¿Me buscas en el bar, en la avenida aquella, esquina al paraíso?

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Nº 4 Entro en la cuenta regresiva porque no llegas, ni vienes a mis aposentos mentales y emocionales, y vamos en el millón undécimo segundo, y contando, cayendo, hablando, como si fueses otoño, regresando al goteo de angustias que ya se fueron, y cada vez lo son menos, porque ven menos, porque no pueden contra el tiempo, por la inconstancia humana, en dónde ya no queda mar para tu recuerdo, ese de la ausencia romántica de la carne y las ilusiones de bondad. Horas felices comienzan a regresar, viajando hacia atrás, todo va y viene, no siempre igual, no siempre tú mismo o el mismo besar. Espero que luego llegue el último adiós, que a veces se cuenta, otras veces se deletrea,
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y yo te nombro y renombro, hasta desgastarte en mis cuadernos vencidos, hasta perderte y difuminarte en el contorno de esta tinta, arrojándote hasta el recodo más infranqueable de mi memoria, olvidándote, obviándote de mis sentidos, sin embargo, escuchando aún el conteo que va en la milésima de tu evocación, y sigue, hora a hora, en su monotonía monstruosa de su invención tirana, que no entiende de afanes, pero que los atrapa, en sus dimensiones de arena y cristal, madera y metal, maquinaria de la cual este amor no sabe nada.

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Nº 5 No hay nada mejor, que mi nuevo deseo para nuevas palabras, no hay como el recuerdo de curar buenas horas en el mar, para llenar de cerros estos versos; y volveré a este lugar común que es nuestro puerto, volveré al lugar común de tu boca, y volveré a reencontrarte con las caminatas alegres, entre caricias y monosílabos, seremos más de lo que fuimos serás mi talismán contra los avatares del laboro y el estudio, serás posibilidad entera y eterna añoranza. Contemplarás al otro lado el cansancio de mis noches, yo recordaré tus versos y volveré de reojo al momento del encuentro, seducción impaciente del último día, amor anhelante de descubrimientos y, nos precisamos, adorándonos, hechizamos nuestro devenir por la posibilidad de un futuro beso.

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Nº 6 Hay un ojo atento que observa mi devenir diario no será algo divino, solamente humano pero aún trascendental, majaderamente emocional. Un lente de aumento para mis errores, un catalejo para mis sinsabores y ahí está él: sonriente, demasiado hombre para mí natural convivir con el escepticismo, demasiado obseso para mi necesidad de libertad. Es el ojo natual del saber amar, mi sumo amante, que se ríe de mis ficciones con el amor. No hay nadie en el horizonte y hay demasiados, las paradojas encierran mi vida y la delimitan. Yo todavía no sé a quién entregar el monumental afecto, que evaporo a diario en evasiones verbales, ya no hay más que esta soledad
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propuesta, expuesta, y postergada por el generoso miedo, que me observa el rostro definitivamente, sin intermediario alguno, que crepita su naturaleza, incrementándose en mis lamentaciones, limitandome a aprender sobre todo lo necesaria, que puedo llegar a ser, para otro.

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Nº 7 Pensé que escribir nuevamente era atravesarme de polo a horizonte, volverme a la angustia calándome voltios de sangre y asfixias de gas alienado, pero no es así, no sé si dar gracias a ello, por llevar una agotadora risa dentro. ¡Dame vuelta los ojos en sus órbitas, búscame el dedo índice y álzalo! ¿Es raro esto de nacer de nuevo? parará, siempre ha de volver a ser retoño y continuaré con la trayectoria en pos de seguir tu estela, ¿estás realmente en algún lugar? ¿o sólo aquí cuándo te observo? no es algo de mucha importancia el amor es algo en posibilidad: la potencia de los dos elevada al éxtasis y todo transcurre en el espacio exacto calculadamente deseado. ¿Tú o yo?
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el amor vuelve aunque deba velarme para que me toques, caigo en esa risa anhelante de palabras y las horas llaman en vida al deseo que me ha aferrado, y no caigo, no escucho, porque todo se traduce al capricho de tu boca genital, y la incógnita o la certeza no tienen ninguna validez de confrontación en el mapa sideral de sentirte ahora mío, este año, no es el otro ni el que vendrá, este mar, el puerto, no es tuyo ni mío, pero sólo aquí tu voz ha traspasado la estratósfera hacia el deseado extremo capital, compartiendo un abismo al fin mío en la espera, en donde el clima no será nunca más el tiempo de este momento que vivimos, que nunca más desesperará por tu llegada, porque hay una cuerda tendida siempre hacia tu mirada.

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Nº 8 Es agradable justificar el sentido placer de amar nuestro espíritu, con la sola banal manera de amar, reconciliándote con el insomnio anhelante, que se desenvuelve en palabras, desde la nada travesti, que se ha vestido para engañar tus cansados sentidos. El vigor de la complicidad entre los dos, el tú anómalo y enamorado, tu cuerpo que recrea el placer y se posesiona de mis senos, muslos, que agrietados y vagos por la llovizna anterior, vuelven a su orgullo femenino, entre contorsiones y espasmos totalmente premeditados. Y no hay nada mejor que el deseo prohibido: porque el deseo tuyo será tan explosivo, que alcanzará varios cuerpos más que el propio, y todos ellos, pobres, arderán dantescamente hacia el centro de la tierra, o en el borde del universo, y todas ellas te llevarán hacia mí lujuria, en un solo momento,
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una décima de segundo perniciosa, en la cual podría instalarse el mismo Apocalipsis, encendiendo el cielo con sus bestias y aún así, no nos importaría.

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Nº 9 La misa en la iglesia, la cámara de diputados, la aduana enajenada de contrabando, las anchas balas de clase a clase, de hora en hora, en este sepulcro posmoderno de ignorancia, encementados fuertemente al dogma neomilitar, libreral, ¿liberar o inventar a quién humillar, a qué juventud estereotipar, a quien consolar beaticamente martires? para nada. Absolutamente nada de eso importa ahora, ¡Cuánto he deseado tenerte desnudo sobre mí!, desnudos ambos de conciencia, desnudos de tu femineidad reprimida y mi locura develada, gritando a voz viva por las llamas de nuestras pieles, en las ráfagas de calor que están a punto de incendiar las escrituras milenarias e inmemorables de la tradición marital, y vociferar así al otro, al rico al que no sabe para qué está, para qué transa con el mal, para que cree que ama o para qué cree que engaña.. Verdaderamente duermo de noche,
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porque ya no hay más palabras que incendiar, si queman iglesias, y marcas registradas, que vuelven a aparecer como infección, si lo único que las hace conmoverme con su futilidad, es que no pueden impedir la combustión que me produces, desde tu mirada orgásmica, que dispersa mis niñas en sus pupilas, hasta ordenar los enjambres infestados de razón, que quieren tradicionalmente odiarte, pero sensorialmente desgarrarte lengua a lengua, piel a piel, rasguño a furia.

Y al volver sigo bifurcándome, continuamente deshabitándote hasta volverte mi parte, mi “para mí”, desintegrándote en mis ilusiones, o viceversa, para que al fin no existas y pueda consumirte, y consumirme, en estos momentos de obsesión degenerada en que en realidad no somos nada.

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Nº 10 Quieres vivir sin mi no hay nada que yo pueda acercarte que me traiga algo más que tu futilidad, odio la consecuencia del interés personal- material, que banaliza la vida, odio la conversación del tiempo, la última picada la noticia de anoche, y aquel no televisivo vivido a diario en las paredes laborales el candente cahuín televisivo acordada en acomodación compañía

Estoy aquí, todos los días, ojala no de mi vida, tragando este estiércol sistemático

y no hay otro color nos pueda traer otro verano, ni la primavera, ni nada, ni otro amor, simulacro, ni la esperanza, Ahora, si te traen las brisas marinas, extranjeras o festivas, una que otra revolución, ni siquiera su demolición.

te sientes conforme en soportar lo que aún no acaba de acomodar sus raíces
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en tu vientre infante de alimento trans-generacional, pero no hay nada que puedas hacer si aún no te has dado cuenta que éste poema es para ti.

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Nº 11 No soy nada y esa es la duda fundamental del hombre: ser algo que trascienda los límites de esta vida, pero nos encontramos con el vacío, si hubiera algo que naciera, un humor, un deseo, un crepitar, si hubiera otra piel, no la tuya que cumplió su recorrido, otra, algunas escamas de pez, un beso tibio, jazmines, amapolas y un sexo erecto, la noche calma mis pasiones, ¡Qué extraño! el almuerzo en la hora ideal, pero no existe en tu mente, ni en las posibilidades, que me dan las cadenas de otra tradición. Me subyugo, y queda metida la navaja entre el espacio de mi cuello y mi pecho, sólo me quedan dos posibilidades: quedarme en la lejanía del letargo o atravesarme estacas de lado a lado, entre soledades y rechazos.
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Tengo a alguien a quién mirar, pero no a quién sonreír, no quiero otro hijo, no quiero otra cálida mañana de bocas que no saben paladear, tengo un rostro suave, pero nada más; ni la voz de un amigo, ni el quejido de un amante, sólo la imagen de un deseo para ti y otro futuro, pero que no es mi futuro. Como siempre camino sola por el saber, no hay silencio que acompañe, no hay nombre que declame, no hay estropajo que aguante amarte a disposición, al colapso, a la alienación de una vida de amar a mar adentro.

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Nº 12 Creo que el romance se me vuelve pasajero, viaja liviano, llega a la estación y toma el tren de nuevo, una esposa llevada por el viento se mece, cae, y es pisada por el tiempo, cuántas veces no me he preguntado por la existencia de tan efímera ave: es muy débil, pero vuelve como el fuego, de una pedrada la matan los muchachos, fácilmente la cazan los expertos, por cientos las destrozan y comercian, y volverás a cometer los mismos errores, porque para ello no hay respuesta. Uno cree que por fin ha heredado el azahar y se nos entumecen los labios cuando intentamos afirmarlo, yo corría detrás del viento y no conseguía atraparlo, el otro sentido que despertaba para abrirle puertas al tiempo, y ¿el amor se parece al desear, el necesitar? Busco siempre la extraña certeza, eso, que ya no se cree, ni se siente, me juego las partidas románticas, a sabiendas que pisabas a rastras una autonomía que algunos creen conquistada,
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y no hay más que la soledad y el juicio inherente, me atajo ahora cada vez que creo ver las alas de cupido cerca mío, qué terrible niño cansado y muerto por su propia flecha envenenada, pero estoy aquí hablando un cuento repetido mil veces mil veces vivido, nada que te haga decidir, actuar la anestesia inerte, ya no duerme, humilla de a poco a todo aquel que lo toca no se queja el vecino, ni el niño bonito, no se queja la madre, ni el padre y todos andamos detrás, persiguiendo a aquel, que se atrevía a gritar que era un simbolo de amor.

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Nº 13 La noche de frío otoño tras el ojo polvoriento era una noche de faroles encendidos, de edificios enterrados en la vida. Con medio cuerpo afuera, se yerguen gigantes con cinturones de luces y colores, un frío de otoño que muerde la ventana que me lleva a la micro, tranvía, bus, polvoriento vidrio sólo atrapa neones como televisor, como tu boca, como la mirada del mundo que es uno para todos, pero ninguno para quién se atreva a gritarlo. Esta noche de hielos palpitantes en hojas es un recuerdo, un futuro cercano para el mañana, para ti, para mí. Chisporrotean las luminarias, rojos de parada, blancos de subida, y los pequeños trofeos caminando en ruedas, muriendo al aire pequeño, la vida, cuando las palabras son tremendas, y se enrojecen de sí mismas. Esta noche del suelo minado,
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se azotan los perdidos, ahí cuando los atrapo, y se me caen desproporcionadamente de mis fauces de león hambriento, me imaginaba que todo era distinto, que yo sería tu vida muchacho de ojos azules porque soy de asfalto y no de mareas, tengo mi cara pobre entre mis hojas, tengo un pedazo de nada en el rabillo del ojo. Es una noche de frío húmedo, esas noches que atrapan el pasado, como atrapo el atardecer con la nave del alba, la noche muerta con los destellos del día, todo se entumece como mis miembros helados del espanto de los recuerdos, llegar a tu morada a través de este ojo polvoriento, llegar a atajarte en tu viaje de ida hacia mi capital esperanza de ti.

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Nº 14 Creo que por fin he muerto de esa muerte que llaman entera, dejo el amor que se fue en su confin de embarcaciones, aquél del que ya no quedan cenizas, no pienso que un nuevo amor me calme, no importa que no llegue la pluma que devuelva a mis senos la ternura de antes, pero estaré aquí, de pie, volviéndome hacia atrás y hacia delante, sintiendo que la carga se ha caído, que la música se ha acabado, que todo lo que era para el sueño es hoy para la vida, para el contacto eterno de mi cuerpo con el hielo y el calor del otro, ese aquél que no es otra cosa que fantasía, pero que se acerca a mí y me toca, ya no quiero tenerte como albatros, ni vigilante nocturno de pesadillas, ya no quiero tenerte fuera de mí, solo deseo que te vayas entero. Mi mente será incapaz de alcanzar a la tuya, pero nos haremos personas de perdones y silencios,
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no basta que el capullo se abra para que sea hermoso, alguien debe mirarlo, y si no eres tú, ¿por qué me miras? El amor es una suma de contradicciones, pero el premio de poder conciliarlas, déjame los contornos que dibujados al viento, volverán eternamente cabalgados, engarzados a la señora noche, que se descubre ociosa, pero que alimenta alados precipicios, boquiabiertos a la mañana. Nos veremos, y todo será el puente que cruza el camino, la lluvia que moja la casa y te despierta los pájaros que revolotean en tu interior, y los trinos que nos llevarán alegres a otros atardeceres. Cada uno de éstos momentos que vivo, se hace de enormes edificios, mares tremendos, volcanes, pero por fin alcancé la torre con sus cerraduras y las abrí todas. Por fin soy serpiente y cuelgo de la suave mordida en mi cola,
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ya no hay murallas, ni vacíos, ni metralla, sólo la tranquila tormenta en la esfera amorosa que deambula resuelta en este sistema social.

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Nº 15 Tengo ganas de un roce apasionado de tu boca en mis labios, ansias de esa mirada que alguna vez me diste, deseos apropiados a tu cuerpo besos y más palabras, caricias. Tengo espasmos de amor silencios de susurro tibio en mi oído, cariños de tu risa sobre la mía, quiero el cansancio de tocarte, de lograrte un aliento dolido, saberte como a mí me sabes en los delirios, todo aquello que ya se cuenta en una o dos canciones de verdad, en uno que otro poema extasiado. Necesito de sólo tu presencia, de tu voz, volverte a ver en mis ojos, me gustaría cambiar toda mi vida por encontrar una palabra para acercarte, sólo un silencio, un espacio, en que por fin nos encontremos, solamente los dos, solos de lugar, tiempo y muchedumbre, tengo ganas de amar por sobremanera,
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esas ganas por las que uno solo puede llorar, esos días de otoño húmedo y frío, esos deseos que deben ser aplaudidos porque no se encuentran a cada día, sólo unas trescientas veces en un jubileo glacial, no importa que estés lejos de mi mente, mis espacios en las organizaciones abstractas y en la conjugación, porque sólo quiero que estés en presente verbo arrancador de las horas, minutos y segundos, abrazados de aromas y lechugas de piel, sólo te quiero en acto con mirada, con avaricia generalmente llevo conmigo equipajes de otras muertes y otras generaciones, pero la tuya, sino la última, es la que lleva el segundo de voluntad inmensa, tragedia sería no amarte, no lograrte olvidarte, llorarte tu gozo, culminarme en siesta y anestesia.

No quería cantarle al amor tempranamente he sufrido mucho al dejarte pegado en un extremo abierto de ensueño,
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pero cuando la locura te guía, ciego te dejas caer a las fauces del mejor propósito de amor que encontraría jamás.

Nº 16

Estoy con tu Silvio y el mío aquél que se me quedó con el primero, y lo redescubro bajo noches de insomnio, lo encuentro antes y ahora pesado de deseo, de esperanza, de dolor, cómo no voy a darte esta caricia
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de palabras maltratadas por un tiempo de sinsentidos y sin vientos que calmen mis aves, estoy entre una sociedad ficticia que me creo y veo en ti arraigada, miro tus ojos y lloro de alegría ya no hay motivaciones, ni exhalaciones que no lleven tu voz y la revolución de la mano, estoy dispuesta a perder nuevamente con sólo asirte a mi saliva no hablo más de perder, si he ganado la poesía de tu geografía humana, visceral. Quisiera que me acercaras un pedazo de tu rostro pequeño, mojarte las pestañas con mi aliento acariciarte la nuca, la frente tu cabeza de cielo despejado, donde alzamos banderas de colores miscelaneos, saltando por ríos y cometas, arrojándonos a la creación en un solo cuerpo, así, juntos, extasiados de estarlo. Que la palabra “libertad” no sea la quimera, ni lastimera, que no sea para
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las mujeres con sus cascabeles; ni para los hombres con sus sonajeras, que sólo sea. Así ya no miraría atrás con pena, no rompería con mis decisiones de desearte, de volverte mi esperanza, de atrparme entre las llamas profundas que me asfixian en tu mar. Inalcanzables suenan las trompetas pero tú, aquí no puedes negarme aunque no creas que estoy para ti, estoy para recordarte que no olvides ni un pedazo de mi rostro ni de mi cabello.

Quisiera poder enfrentar estas letras a tu oído, y por sobre todo, enfrentarte mi amor deshumanizado porque no contempla lo humano que nos mece, si no lo divino que me impulsa a creerte ahora, aquí, aunque no estés sí, te creo y recreo en mi ansia, en mi soledad y en mí profana
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materia, de mi misma para ti, por fin acostados frente a frente vida en guerra, yustaposición de los calofríos abiertos de epidermis, aquí es la hora de lo posiblemente real.

Nº 17

Nuevamente el deseo, creando fantasmas de músicas y colores creando cúmulos de alcanfores sonrisas en diagramas y mapas terrestres, así voy con el deseo de un beso apretándome las mandíbulas y el estómago las placas y los caudales, los volcanes y los cajones abiertos, que se me vuelcan adentro. Tú eres una geografía extraña, llena de brotes verdes y rojos, también celestes como tu dios,
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para mí es la tierra una condición, para ti una bendición. Yo sufro no ser como quisiera en el mundo: un mártir, una revolucionaria feminista marxista, anarquista, soldado, amante o prostituta; tú sufres por todas esas cosas que existen, sufres por mí y por tu decisión de amarme, y yo estoy aquí a la espera de sujetarme, quedarme sólida y fuerte en esta mujer que me he encontrado en el pecho. Tú estás en las búsquedas guerreras, en la acción de revelarte, con tu cruz en el pecho, y yo soy casi atea y casi veleta, no obstante, los obstantes tuyos y míos; te encuentro como luz que llegó a trasnoche, te deseo en carne, te busco en mí y te encuentro. Te perdí, tenía que hacerlo el momento para mí estaba dado, alcanzaba a mi imagen, alcanzaba la despedida. Te dejé, pero estás aquí en mis recuerdos en mi melancolía, estás y estarás como mi hombre
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el que hizo caer las flores, desato mi aliento y su confianza ahora todo es distinto, me quiero y ya no te quiero me quiero y ya no te llevo conmigo.

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Gusto de tu boca ardiendo leve, amo tus nudillos abrochados a los míos deseo de tus ojos esa sonrisa abierta, transparencia del autor, suavidad de una palabra dicha no en tu boca ni en la mía, sino en las manos que toman el pan cada día. Con tu cuerpo cerca callada, arrancada me estremezco sufriendo del galopar de mi pecho en tu presencia, ausencia, contándose la exhalación entre las palabras. Te sigo mi dicha con la mirada, gusto de tu risa, sólo el saberte cerca acariciando mis días, mis horas, un segundo es suficiente para descubrirte mi boca, mi cobardía,
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y amor ahogado al nacer a cada paso. Hay muerte cada día del amor, que furioso me lanza tus rechazos, me niego a observarlo de frente por temor a encontrarte ahí nacer de nuevo inerte, flojo, te temo como a un demonio que succiona las neuronas vitales, la autonomía de hablarme ahora, la soledad de encontrarme, el silencio de quererme y aceptarme. Amo al amor y lo odio de miedo porque me ha traído desaires adioses y búsquedas inagotables, amando y corriendo me salgo del paso primero de buscarte, y encontrarte tan cercano y mío, así odio y amo lo que amo, pero aún así te espero luna, inquieta como medusa de mares vestida, salvaje como cazadora y hermosa como diamante, te espero cabizbaja, tormenta y fuego ceniza y masa en la cama,
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me alcanzo en tu vida y te tomo de poco en poco para no acabarte en mi impulso de saciarme para subir a los epitafios de los amores inmortales.

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Nº 19

Siento que ya no deberías ser mi musa en mi soledad diurna y en mi desolación nocturna, tu piel es nueva en los tormentos del sentir y tu sexo en los del deseo ya no hay espacio que nos acerque, ni mirada que nos ate sólo existe mi yo anhelante y tu boca esquiva, las malas lenguas nos han ajado los ojos y los actos nos han roto la emoción de un beso, han interrumpido el coloquio amoroso, y he estado preguntándome si no será demasiado iluso esperarte si no es exigirte algo que aún no te pertenece si es esperar que te duelas como sólo podría dolerse mi alma no puedo enviarte a un mundo de calamidades, desiertos y bosques no puedo dejarte sin tu risa las ojeras y tus lagañas de niño mimado no debo agrandarte los ojos ni penetrarte la boca
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soy demasiado sufriente demasiado selva y laberinto para dejarte que me recorras no eres vagabundo viajero ni ermitaño valiente como para que no te pierdas o desespera en mis caminos he tomado soluciones y no he resuelto nada he soñado y vaciado tu imagen hasta la extravagancia y aún no consigo decidirme a dejarte como penas al álbum perdido aún no me atrevo a olvidar tu voz y tu risa aún no consigo alejarme de la posibilidad de un encuentro clandestino pero me temo que ya tu has decidido a favor tuyo y no al mío y no me queda más que dar vuelta tu página definitivamente. Nº 20

Mañana es un espejismo en el hoy y soy muerta para la hora después,
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incluso para éste minuto restante, así, voy desolada, volteada en transmutación desierta, combinada de altibajo lento veloces que me devoran las entrañas, en este acaecer de día y noche, suelo ver atrás para adelante, más no encuentro silencio que me calle por dentro hacia fuera, como turbina de karma, motor a toda prisa en revoluciones continuas para mi entera satisfacción, corpórea e inerte aunque sin puente que me lleve al otro lado donde crecen las hierbas medicinales y las pociones de amor. Estoy en la pisadera del bus interurbano buscando no tirarme, ni subirme demasiado como para formar parte de su masa amorfa de pasajeros, una mujer muda, hecha de la madera industrial para casa copeva, se consume hirviendo a mil centígrados por cientos de horas; y tú estás ahí con tu amapola bajo el brazo
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soltando un beso de rojo fuerte, sin ponerme el batido aún para verte hombre en tu fragilidad enmascarada, en tu dormir latente y en tu solemnnidad de niño. Así me detengo a jugarte la partida más laberíntica de tu vida el jaque de la reina, que no quiere apostar por tu vida, pero sí por tu muerte justo aquí en mi piel, la de ahora , la de éste instante que no es mi mañana ni un puerto de llegada o de salida a ninguna parte.

Nº 21

Todo se juega en el cristal con el que me miras de reojo, aquí en la berma de mi alma se instala un hilo de noche, transfigurado en luz por la ventana con millones de partículas
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de polvos de otros rincones, y con quinientos años de imaginación aquí pertenezco al universo o a casi nada, al tiempo o al sin tiempo, al milenio de mi palabra meditando en la cruz de mis vidas pasadas, me analizo panteísticamente en tu voz que sería la mía, y también la de aquél que compartió anoche mi cama, así me evaporo desintegrándome en reflexiones sobre el ente energético primordial, no hablemos de moral, ni de razón sólo del sentir ahora la infinitud, y la inexactitud de mi yo albergado por cientos, creyéndome corpórea y alada de sueños e insomnios configurada, postergada por la máquina de tu piel, oscura de edificios y automóviles ensuciada por la mano violenta de la ciudad periférica,
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punto negro del arcabuz poderoso y vigilante del estado mayor que es tu economía, tu prestigio tu mapa maquiavélicamente convencido de las comodidades terrenas. El vidrio de la ventana ha disparado parte de su cuerpo hacia mi rostro su cristal ha cortado este momento en un antes y un después de la mirada, sus destellos han expedido mil fulgurantes incendios y tu frágil pero continuo plano de cristal se ha quebrado y ya no es el mismo: el vidrio se ha desconfigurado en esta noche de contemplación enajenada.

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Nº 22

Un día a día después

Tengo que quedar sola hasta que la aurora se ahorre otro final debo imprimirme de nostalgia momentos más de mi acechante palpitar, cual pupila en la mira estoy en la casa, deambulando por los pasillos que antes me eran extraños, vislumbro una brisna de ese sueño, más, este lugar no me parece el mismo, no lo es, es casi un analfabetismo
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un número negativo, que no me mueve el punto muerto, saludos mando a la inocencia, al cumplido y al saberse bien manejar entre objeto y manos. Ya no soy la misma eso duele, cuando ves que te has perdido de lo más conmovedor: la pasión del duelo, no soy repugnante, pero estoy más adecuada, lo cual me enajena el compromiso y me hace diferir de la felicidad: esa momentánea sonrisa lanzada a la frugalidad del tiempo, llevándome opuestamente al sinsabor más desagradable, que es el dígito sin potencia alguna de ser elevado más allá de su propio momento. Ni de algún modo que alguien asuma de dardo para definirse en el verbo y el artículo. Nada, ninguna cosa, no logro aún desintegrar el concepto de mi existir, ya ni Sartre me puede devolver al estado de posibilidad que me ata al mito;
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ni puedo solventarme en el oscuro propósito de una vida que se comunica por bermas irrelevantes y lugares inhabitables por comunes que sean, tengo que quedar así como sol dentro y noche afuera. He escrito versos más inútiles en mi noche de los trascendentales y existenciales ateos y creyentes, aleatorios y esporádicos presos constantes, ya me he hartado de vivir más aún no sonrío aunque a menudo mi boca denuncie el esclavo escapismo. Si la infinita e incomprensible búsqueda no fuera mi morada, ya cambiaría la hoja de esta habla, siempre basada en la ley del talión, el código romano y el manual de carreño. Aún no puedo aprobar esa escuela ni la del fingimiento interno- externo: “mañana no lloverá aquí, you call me; thank you” nada de esas inmortalidades me carcomen la cabeza en el soñar vacilante. La palabra majestuosa se contrae puesto que es irrepetible,
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y nada para ella es del grado social setenta y tres, pero he encontrado con el abismo y nuevamente he cuestionado mi condición original, natural imaginación de mi transparencia de emociones contrariadas en el porvenir, veo la aurora amamantada de lujurias y asombros, soledades inconclusas por el devenir del monstruoso señor tiempo, que perturba los cabellos y la piel a la espera de que duermas tu anuncio final. Y ahí cambio la madeja que empuñaba sin poder tejerla, y bordo las pieles del silencio y me miro contemplativamente esperando equivocarme y por fin dar con la noticia, que rehuya el encuentro fatal con esta letra jadeante, mortificándome, zarandeo mis nuevos capitales: el amor sostenido en el juego de rendirme y abalanzarme a la humildad y a su orgullo, capricho de mi dignidad de pena honesta y depurada,
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de las oscilaciones ambientales que desperdician al espíritu en las enajenaciones bohemias de los humanistas sin secta. Trato de confesarme como amante clara sin las frustraciones del egoísmo, común condición del ser en este preciso instante de la historia mundial de mi vida, amo, deseo y confundo me extraño de encontrarme con la verdad en una sola persona, y cuando encuentro a este ángel lo observo y lo admiro lo amo, en ese preciso instante y desearía quedarme con él en su lucha por toda mi historia, lamentablemente, el amor no distingue edad, ni condición, ni sexo. Y ahí me encuentro amando la hermosura sin poder poseerla, sin poder enterrarme en las profundidades de ese amor a fuego de sirenas, que son las que llaman a la cordura,
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inconveniente convencionalismo de la occidental y tradicional manera de amar, me encuentro con estos seres perfectos para mi puta y maldita sensación de voluntad y verdad, pero la perra deportista del dolor hace el contacto y se muere de prejuicio porque trabaja en sociedad, lo miro a él, pequeño increíblemente asible a mi convicción del día a día enloquecido, la miro a ella, valiente más importante que su misma mirada caminando a pie descalzo por los vidrios envenenados de éste sentimiento rencoroso, que me mata por dentro por mi gran estupidez condescendiente, los miro en todas direcciones nunca tocan sus nadas almas habitadas de remolinos, avanzando contra la yegua muerte capitalista y moderna jodidamente vaciada, la miro con su rostro dulce de fiera mirada varonil
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y en espera de su palabra miro a la otra y al otro y a todos; y me reencuentro con la sensibilidad desierta de quien ha dejado su grieta en el camino y sigue la vuelta rendida aunque sabe que llegará al vacío, pero no se arrepiente de nada, y me pregunto ¿quién soy y a quién amo? y me contesto que soy lo que amo y lo que amo no tiene edad, ni condición, ni sexo; aunque en mi jaula de porcelana no pueda ni siquiera tocarlo por miedo a quedarme en la desolación primera, aquella que me transforma en ser real, en el ser que quisiera, pero no puedo elevarme a aquél que amé sin contacto terreno a aquél que se queda en el traspaso de enjambres movedizos de sensaciones, y no se coarta en la figura de la aceptación de la carne enmohecida, del cuerpo y piel y jadeante del sexo, penetrándo hábil
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hasta las profundidades de mi materia ancestral y de estremecerme traspasándome su increíble juego de calamidades, aunque con el no haya nada que pueda comunicarme, puesto que no entiendo aún la emoción que significa amar.

Nº 23

Ya pensaba que no te amaba y qué es el amor al fin y al cabo pero me encuentro en la soledad, y estás ahí
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cantando la ironía y viendo el sensible caso de extrañeza así, me recuerdo de tu niñez que me llega en cada silencio a mis habitaciones, no te conozco y pareciera que ya hubiera vivido tu aliento, no de mayo en mi carne ni en mis muros, no te conozco pero he visto tu mirada de niño perdido, en el patio de la escuela, esperando a que alguien venga a buscarle, te veo y me reconozco en ese inmenso oleaje. Por eso estás aquí en mis palabras seguro que tú no entenderías nada, ni el concepto que me mueve a alejarme ni el verbo que me late en tu cercanía, no entenderás mi poesía ni el ángel que me guiaba las espaldas, no sabrás de vivir con el amor del mundo inmenso que genero sólo en evocarte. Y vuelo a miles de antros por no saber de mi devenir ni de mi venir hacia tu tacto, porque no sabes del círculo que aprieta tus hechos y los míos, eres mi poema,
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y con eso el paraíso ya se abre, porque éste se crea de inocencia, emotividad, picardía y paradoja. mi amor está enamorado pero de sí y de lo que significa en tu mirada, el amor es siempre inalcanzable y eso lo hace utopía miopía de ser otro, uno aquél que ya no se preocupa de sí mismo, sino de lo que él es para otro.

Nº 24

Quería inventar una historia que se sumergiera en los abismos de la carne, para sucumbir a eros y afrodita, y socorrer al Hades. Necesito la máquina llamada especulación para inventar el amor en nuevo mundo en nuevo ser, en nueva canción para matar sonámbulos de vida
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y crear vivientes de sueño. Necesito del engranaje especular y estructura circular, para poner en marcha mi sentir. Necesito de su hierro y su fuego, para buscar alondras y golondrinas donde hay águilas y chacales, donde se mece la discordia como tema general y apostolar. Necesito de la luna quebrada de miradas melancólicas. necesito del sol y su andar entre los vivientes pasadizos, trabajo entonces para voltear los trapos mojados de nostalgia y erguirme ante sus ojos con calma. Necesito morar dignamente en el desengaño, Transcurrir ensimismada aleatoriamente alargada de alas, petrificada de noches musicalizada por la noche de tardes incandecentes, de imagenes que no me pertenecen, pero que hacen el final del día, y ya son mías, y es mío el amor, que mueve sus cálculos
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comprensiblemente en un antro de ocaso y desorden general, lo que me recuerda que ya no puedo hacer nada por dejar de ser lo que soy, lo que tengo que hacer y lo que moriré mañana.

Nº 25

Tus cascadas han salido para entrarme profundamente de horizonte tornasolado y la puerta no es más que los juegos químicos entre éste tu planeta y mi sol latente, te enciendo cálidamente en éste tiempo que es ahora y no mi clima de siglos ancestrales que se endurece en tu tierra y se anega en mi mar de mañanas.
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Parpadeas libremente por los canales y tu cauce no es el río pero me sacaba la piel adormecida llueves, truenas y venteas mi naturaleza raída por lo ajeno de las geografías anómalas que me traen rozado para no verte, ni saberme en ti pero ya no tenderé el puente con esos recodos de países demasiados antiguos para mi nueva viveza necesito de mis letras tus valles, cordones transversales y horizontales y horizontales como quieras deseo tu exhuberancia de vegetación virgen aunque la hayan profanado espero que tus aguas me bañan lentamente; evaporarte lo necesario tu mar me calma de crustáceos tiburones y peces de colores

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Nº 26

Sin juicio entre el querer y el saber tener se ha alicaído existencialmente, desde hoy día, todo lo tengo para ti, querido, que enseñar: tu encías en el juicio de la verdad, son extrañamente postergadas una vez más por la culpa, mi penalidad debe contagiarte para que me dejes retozar en éste delirio tremendo que ha sido y es ser feliz cuando todos caminan hacia el otro lado. Me recuerdas un silencio en la noche santiaguina entre gente desconocida, te reconocía me acuerdo del deseo que te cerró los ojos
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cuando ella se acercó sin tocarte, estoy siempre caida, ya no beso como antes, pero estoy alegre y eso es lo que ofrezco un momento feliz para cien millones de destellos que entristecen el habla y tu mirada, el dinero en el portafolio, que se cierra cuando está en las manos ajenas, la mujer no es portafotos ni folios, ni cascabeles, tú eres el muso de mi conciencia que calmada ya no voltea para ver si el dinero se ha perdido, llegado, o emborrachado de nuevo yo te miro y espero que me beses.

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Nº 27

Si sólo supiera tu nombre con la vocal y la sílaba correspondiente si sólo pudiera nombrarte ahora no como un quizá o un por qué me quedaría atrapada a tu humedad, a tu sueño que acaricia mis palabras si pudiera abrirte mi mundo, te dejaría besar la raíz de mis uñas con sólo unas letras, te dibujaría de momentos , alegrías heridas por la incertidumbre y la nostalgia de un buen amor, si pudiera juntar mi nombre al tuyo habría un atardecer que sería un nuevo día y habría sombrillas para nuestro calor mundano que nadie lo vea ni lo cuente porque es una hipótesis planteada al viento por si llega a juntar estas letras que me diste para nombrarte.

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Nº 28 Canciones Todo cambia, todo queda y lo nuestro es pasar pasar haciendo caminos o estelas para atar el amar. He entendido mi malhumor, mi angustia, mi nostalgia no me compadezco, no me justifico y me siento en el estúpido tiempo pasado, que me nombra de quejidos la salida, mi retorno a lo otro, que era el día en amanecida descubierta. Ahora comprendo el final de éste silencio total: no era un ángel, era el yo interrumpido por la fuerza externa llamada educación, ahora comprendo el total pero no lo grito ni tampoco lo dejo encubierto, que mi alma me tortura porque la creía lejana
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cuando en realidad estaba sentada en mis rodillas, pero la noche en su espesura esperando que el viajero muestre su camino ensortijado, me ha llevado un par de fugaces deseos silenciados, puesto que los obvios ya los sigo aunque no dejen el surco dorado, yo comprendo que no he amado más ahora lo quiero, con mi boca decidida, mis ojos aguzados las manos dúctiles y el oído sensato, amo mi sabiduría que me ha permitido esperarlo, ha costado, he tenido que odiarme para saber sobre el amor, y luego nuevamente amarme, y luego dejarte para encontrarte, y más allá sólo una canción de tono mayor, que recuerda nuestro sabor.

Nº 29 mi yo me ha presentado

Supe que te quedabas lejos,
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en espesuras desusadas, en laberintos atrasados de éste sabor que es la vida cuando se está amando. Deseo todo lo que me rodea, amo a todos quienes me seducen el oído y me calman mi ombliguismo. Amo al tiempo en su espesura, lo que está detrás, lo que está adentro, porque todo se me yergue en el ahora. Trabajo largamente por amarte amor primero, más lejano mi yo ceniciento, lánguido de adioses, durmiente de padeceres, extramuros y extralimitados, llámame canción de otoño yo ya estoy preparada para tu nostalgia, sólo espero que en agosto no me lleven los gatosa saltar tejados, estoy atrapada en el mundo ya abrí las puertas, ventanas, cerrojos y chapas y enterré la cólera de todos sus años,
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las calamidades y los mandatos. Me he presentado de nuevo con mi sonrisa de novia y los ojos de insomnio, he dicho mi nombre: -¡hola! ya te conocía, aunque no te había visto antes.

Nº 30

Me estaba acordando de morir porque es más feliz ser niño que deseo jugarles una quebrada a
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cinco gané, la muchedumbre ha alcanzado escalinatas de horrores empapados por la nueva iniciativa gubernamental. Ya no te odio, es cierto pero tal vez aún no te amo, he aquí lo que siempre he querido de un hombre: el amor que yo misma pudiera albergarme, pero sólo podía amarme a través del amor del otro, y yo me amé, nunca quise las diferencias, las desfiguraciones, las extravagancias sino las mías propias. Ahora que trabajo todas estas poesías, no por la purga, ni la expurgación, sino más bien por el sólo y soberano hecho de amar, ya no a mí encubiertamente,
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sino a mi aliento que por fin puede amar porque no necesita compasión, ni el milagro, que me desarme esta pasión por la palabra, y por el buen sexo y por sentirte allá diferente pero mío

Nº 31

Esperando en el paradero hacia el infinito trataba de alimentar nuevamente la inútil esperanza de quererte ahora, que no conmino a saber más allá del silencio. Sé de esta estancia amorosa conmigo misma no veo la lejanía del horizonte: es algo, que se ha diluido en los miles de ahora, no le temo a los infortunios que vienen de la mano por la codicia generalizada de mi nombre,
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no temo tu cólera, ni sus actos de felonía; mañana atardecerá igual que hoy y no habrá cortaplumas en los pechos de mi cuerpo. Sale el sol y se pone en tu frente, no permito que perviertas la mía, aunque suele el astro internarse en las magnitudes de mi sueño, pero no logra hacer calzar las convergencias en este mapa celeste; mas me desata la extrañeza de recorrer tu cuerpo con mi boca lujuriosa, aún no doy con tu gran zorra, pero lo intento, mañana, contaré nuevamente las monedas de la micro interurbana, y recordaré que soy más que ese momento y sonreiré y nadie sabrá porque nada es igual, ni lo volverá a ser jamás.

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