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Antecedentes griegos en la teoría moderna del Estado contractual

Prof. Mg. Daniel Santibáñez Guerrero Universidad de Santiago de Chile Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación Resumen. De acuerdo con la interpretación mayoritariamente compartida entre los estudiosos, la noción del estado contractual correspondería a un concepto propio del pensamiento político de la modernidad, representando en este ámbito seguramente uno de los aportes más significativos de dicha etapa. Esta lectura, sin embargo, ha tendido en cierta medida a desatender importantes afirmaciones realizadas por algunos autores griegos, donde si bien no existiría una enunciación formal de la teoría contractualista, si se aludiría de forma muy general a la necesidad y la conveniencia de un acuerdo (explícito o tácito) entre los ciudadanos que habitan la polis y el Estado que los cobija. Palabras claves: Estado - contrato - antecedentes griegos Introducción. Como sabemos, la teoría del Estado contractual suele ser interpretada mayoritariamente como un concepto característico del pensamiento político de la modernidad, representando con seguridad (por lo menos en este ámbito) probablemente su aporte más importante en el desarrollo de las ideas políticas. Dicha lectura, correcta al tomar en consideración las repercusiones posteriores generadas por las ideas desarrolladas por Hobbes, Locke y Rousseau (entre otros), no ha impedido sin embargo que, a juicio de algunos importantes estudiosos, los primeros bosquejos de este proyecto contractualista se encuentren incipientemente bosquejados en

Una parte de este material corresponde a la memoria de grado titulada “El problema de la esclavitud en el Estado platónico: análisis de los fundamentos éticos de los términos libertad y esclavitud en la República de Platón”, dirigida por el prof. Dr. Mauricio Chapsal Escudero, y presentada en el mes de abril de 2011 para optar al grado de Magíster en Filosofía Política en el Departamento de Filosofía de la Universidad de Santiago de Chile. ∗ Profesor de Estado en Filosofía, Licenciado en Educación en Filosofía y Magíster en Filosofía Política, Universidad de Santiago de Chile. Cursando el programa especial de Licenciatura en Filología Griega y Latina, Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación.

el pensamiento clásico griego, a través de las afirmaciones (directas o indirectas) de algunos importantes filósofos y sofistas. En este sentido, las diferencias obvias presentes entre el contexto y los procesos históricos que marcan el desarrollo del siglo V a. C. en la Grecia clásica y los siglos XVII y XVIII en la Europa moderna resultan, como es fácil advertir, evidentes e indesmentibles. Por tal motivo, frente a la tesis del posible origen griego de la teoría del pacto social, las opiniones sostenidas resultarán en muchos casos marcadamente disidentes, dependiendo entonces en gran medida del concepto específico a partir del cual se interpretará este “pacto” o “contrato” del carácter social1. Al respecto, recordemos brevemente que en tanto proceso histórico y filosófico, la gestación del concepto moderno del Estado contractual obedece principalmente a la lenta ruptura que, en los ámbitos de la política, la economía y la antropología, se da respecto a las concepciones medievales del gobierno, la autoridad y la administración de la ciudad, caracterizadas de manera general en el relación jerárquica y de desigualdad sostenida entre el señor y el siervo2, la cual se su vez se encontrará fundamentada (en último término) en el vinculo (directo o indirecto) de la autoridad política con la divinidad3. Si bien frente a esta interpretación las primeras concepciones políticas contrarías corresponderán (estrictamente hablando) a Marsilio de Padua (1275/80-1342/43), Guillermo de Ockham (1280/88-1349)4, y especialmente Nicolai Maquiavelo (14691527), el primer planteamiento directamente contractualista aparecerá formulado por Thomas Hobbes (1558-1679), quien defenderá una legitimación laica del poder del Estado similar a la que, posteriormente, desarrollarán John Locke (1632-1704) y JeanJacques Rousseau (1712-1768). Estos tres últimos autores serán considerados, así, como los ideólogos más importantes de la teoría del pacto social. En el caso de Hobbes, señalemos brevemente, el contrato a partir del cual surge el Estado, se instaurará frente a la necesidad de superar los peligros de un estado de naturaleza que (de acuerdo a la interpretación de Hobbes) obedece a los impulsos
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W. K. C. Guthrie, Historia de la Filosofía Griega vol. III, p. 139. J. Touchard, Historia de las ideas políticas, p. 135. 3 Cfr. E. Gilson, La filosofía en la Edad media, pp. 529-538. 4 Cfr. J. Touchard, Op. cit., pp. 165-170.

egoístas y destructivos innatos del hombre5. De esta manera, con el propósito de erigir un poder tal que permita evitar “una guerra tal que es de todos contra todos” (representada tanto en las amenazas externas de invasión, como en las desavenencias internas de los propios ciudadanos), será mediante la renuncia voluntaria y la transferencia de mi libertad y mis derechos naturales a un hombre o asamblea (elegida por votación entre los contrayentes del pacto) que ostentará un poder absoluto y total6. Locke, por su parte, establecerá su doctrina del contrato a partir del reconocimiento previo del estado de libertad e igualdad propia del hombre7, hecho que permitirá entender la sociedad civil como una forma de asociación en la que los hombres renuncian a su poder ejecutivo de la ley de la naturaleza para escoger una autoridad publica que lo regente, dirimiendo las diferencias entre los habitantes y aplicando las leyes válidas e imparcialmente establecidas8. Finalmente, de acuerdo al planteamiento de Rousseau, el pacto social no sólo obedecerá a la ya comentada necesidad de protección y sobrevivencia frente a la cual, de forma individual, resulta imposible solventar9: su propósito fundamental será, conjuntamente, el restituir la bondad natural propia del hombre, la cual, junto con su libertad e igualdad, aparecen arrebatadas al momento del surgimiento de la sociedad civil10. De esta manera, el acuerdo tácito que constituye el pacto social, en su formulación más elemental consistirá en la alienación total de los derechos individuales a toda la comunidad, donde “cada cual pone en común su persona y su poder bajo la suprema dirección de la voluntad general, y cada miembro es considerado como parte indivisible del todo” 11. El hombre, así, pierde una libertad natural e innata, adquiriendo entonces una libertad civil que, en comparación con los beneficios recibidos a través de la anterior, resulta mucho más conveniente12.

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T. Hobbes, Leviatán, I, xiii. T. Hobbes, Op. cit., II, xvii. 7 J. Locke, Ensayo sobre el gobierno civil, II, par. 4. 8 J. Locke, Op. cit., VII, par. 89. 9 J. J. Rousseau, El contrato social, libro I, cap. vi. 10 J. J. Rousseau, Discurso sobre el origen y fundamento de la desigualdad entre los hombres, pp. 123 y sgte. 11 J. J. Rousseau, El contrato social, libro I, cap. vi. 12 J. J. Rousseau, Ídem.

Frente a estos planteamientos, las ideas contractualistas que sería posible destacar en algunos autores griegos claramente no obedecerán completamente a los conceptos y fundamentos desarrollados por estos autores. En tal sentido, de hecho, para Kaerst la verdadera y única similitud se encontraría en que tanto griegos como modernos viven en sus respectivos periodos una transición de un concepto religioso de la ley, a uno secular y centrado en el protagonismo e imagen del hombre13 (conservando aun así, frente a la concepción antropológica de la modernidad, una visión del hombre que no reconocerá en todos la libertad y la racionalidad como cualidades esenciales14). De esta manera, será a partir del reconocimiento inicial de estas diferencias que intentaremos, mediante el examen general de algunas de las opiniones conservadas de Sócrates, Protágoras, Licofrón y Epicuro, determinar el sentido fundamental de este contractualismo griego y, a partir de éste, la efectiva cercanía o distancia con las ideas posteriormente desarrolladas en la modernidad. El contractualismo socrático en los testimonios de Platón y Jenofonte15. Un primer elemento a destacar en la concepción contractualista de Sócrates es que su enfoque (de acuerdo a lo que el Critón de Platón permite percibir) se encontrará principalmente enmarcado en una discusión general sobre la naturaleza de la justicia, más que el establecimiento del el origen de la sociedad. A pesar de este hecho, sin embargo, sus opiniones no dejarán de presentar algunos interesantes conceptos. Recordemos que en el conocido relato contenido en este Diálogo, un Sócrates ya condenado a muerte y en espera de su ejecución, recibe de parte de un acaudalado amigo cercano la obra la tentadora oferta de huir de prisión para salvar su vida. Esta fuga, sin embargo, junto con representar para Sócrates el reconocimiento tácito de una falta que no ha cometido, significará en definitiva cometer él mismo una injusticia atentando contra
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J. Kaerst, Die Entstehung der Vertragstheorie im Alterum (citado por Guthrie en Op. cit., 1. p. 139). “… ya desde el nacimiento unos seres están destinados a ser regidos y otros a regir”. Aristóteles, Op. cit., Cap. V, 1254a20-25. 15 Intentando atenernos a lo que sería el pensamiento propiamente socrático, en la siguiente sección hemos optado por omitir las célebres afirmaciones sobre el pacto y origen de la sociedad realizadas por Glaucón en el inicio del libro II de República, fundamentalmente por considerarlas vinculadas a una concepción distante del pensamiento del Sócrates histórico. Sobre la discusión sostenida entre los especialistas respecto a la delimitación de la filosofía socrática y platónica, especialmente útil es la síntesis bibliográfica ofrecida por V. Magalhaes Villhena en Le problème de Socrate (1953).

las leyes de la ciudad, debilitando además (a través de esta acción) la estructura fundamental del propio Estado16. Será, por lo tanto, dentro de los argumentos presentados por el filósofo para la justificación de su posición que se aludirá, de manera directa, a la necesidad de respetar el pacto existente entre las leyes de la ciudad, y los habitantes que en el ella residen: “¿Es esto, Sócrates, lo que se convino entre tú y nosotras? ¿No fue más bien que respetarías los juicios que pronunciare la ciudad?”17. A pesar de que Sócrates no explicará en mayor detalle el origen o formulación de este contrato, resulta claro que no se tratará un pacto escrito18, sino más bien de la aceptación tácita de sometimiento a las leyes de la ciudad, adquirido automáticamente en el momento en que se opta por permanecer en ésta: “… tramas hacer lo que haría el último de los esclavos: intentar la huída contra los convenios y acuerdos según los cuales te comprometías a ser ciudadano nuestro”19. Así, como explicará Tovar, será esta admisión voluntaria a vivir bajo la determinación de las leyes de la ciudad lo que para Sócrates equivaldría a un pacto social: un acuerdo implícito entre el estado y todos los sujetos que libremente deciden habitar en él, cuyo cumplimiento, junto implicar para el sujeto una exigencia tanto jurídica como moral20, representará el pilar fundamental para la subsistencia y permanecía de la polis21. En este punto, es especialmente importante destacar que parte fundamental de la exigencia del cumplimento de este contrato se encontrará en la protección y los beneficios que el ciudadano recibe gracias a las leyes de la ciudad, concepto que representaría para numerosos teóricos del derecho la primera exaltación de la seguridad jurídica de la sociedad civil22, en una concepción que requiere suponer además que el Estado es justo y bueno para el individuo23. Una afirmación similar a esta alusión general al pacto social será entregada por Jenofonte, quien en Recuerdos de Sócrates definirá la ley precisamente como “todo esto

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Platón, Critón, 50b. Platón, Op. cit., 50c. 18 L. Montuschi, La idea del contrato social de Sócrates a Rawls, p. 1. 19 Platón, Op. cit., 52d. 20 A. Tovar, Vida de Sócrates, p. 341. 21 W. K. C. Guthrie, Op. cit., p. 144. 22 A. Gómez Robledo, Sócrates y el socratismo, p. 141. 23 L. Montuschi, Op. cit., p. 2.

que la plebe, reunida, aprueba, escribiendo y diciendo lo que se debe hacer y lo que no”24. Si bien es cierto esta concepción de dará en el contexto del diálogo sostenido por Pericles, el vinculo con el pensamiento socrático se encontrará en la complementación que Alcibiades (personaje que en este pasaje representará el punto de vista de Sócrates) obligará a realizar al político griego mediante sus agudas preguntas, estableciendo entonces una directa relación entre el contractualismo de estas leyes y la potestad del estado: “todo lo que el poder mande de su voluntad en el Estado y lo escriba como deber para las acciones, se denominará ley”25. Siendo así, la incipiente concepción contractualista de Sócrates encontraría en la clásica concepción griega de la sujeción del sujeto a la ley de la ciudad uno de sus principios centrales26: así, el Estado, y encarnado a través de este la patria, representarán para el filósofo un referente moral del hombre27, recibiendo bajo su alero todos los beneficios de la vida y requiriendo por lo tanto el cumplimiento de sus mandatos, aceptados tácitamente al momento de optar libremente por residir en aquella ciudad también conformada por estas mismas leyes. El enfoque contractualista de los sofistas: Protágoras, Hipias, Calicles y Licofrón. A diferencia de la mención general que Sócrates realizará del pacto aparece circunscrita a una discusión sobre la justicia, y no directamente sobre el origen de la ley y la sociedad, las opiniones expresadas por los sofistas Protágoras y Licofrón (y parcialmente Hipias y Calicles) si parecerán apuntar al fundamento mismo de la conformación de la polis, esto ya en el contexto de la conocida polémica nómos-phýsis que sostendrán precisamente algunos de estos autores. En el caso de Protágoras, su afirmación más importante aparecerá en el célebre mito de Prometeo, donde de acuerdo con el relato del sofista (testimoniado por Platón) el fuego y la sabiduría técnica serán entregadas a los hombres como herramientas para su sobrevivencia inicial, siendo la técnica política entregada con posterioridad frente a la necesidad de éstos para regular su convivencia social (establecida, a su vez, como medida
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Jenofonte, Recuerdos de Sócrates, I, ii, 42. Jenofonte, Op. cit., I, ii, 43. 26 A. Gómez Robledo, Op. cit., p. 143. 27 A. Tovar, Op. cit., p. 337.

para sobrevivir a los peligros de la naturaleza) 28. Siendo así, la sociedad humana (asentada en el pacto y la promulgación de las leyes) aparecerá como resultado de la evolución de un estado de naturaleza insuficiente para su supervivencia, resultando indispensable para ello el reconocimiento de principios tales como el respecto y la justicia, los cuales, en definitiva, o provienen de la naturaleza sino que requieren de la enseñanza y la práctica29. Una lectura un tanto similar se encontraría también en Hipias, quien de acuerdo a los testimonios entregados principalmente por Jenofonte, también sostiene una concepción contractualista de le ley, definiéndola de manera general como “las normas que los ciudadanos, en virtud de un pacto, han puesto por escrito, sobre lo que debe uno hacer o abstenerse de hacer”30. Así, como explica Melero, la ley no sólo aparecerá como resultado de un acuerdo sostenido entre los ciudadanos, sino también como erigida en directo beneficio del cuerpo socia que éstos conforman, intentando mediante ella entregar una protección frente al daño o las injusticias31. En este punto, es especialmente interesante hacer notar como esta misma interpretación también aparecerá en los enfoques sostenidos por algunos de los sofistas críticos del nómos: Calicles, en el Gorgias de Platón por ejemplo, considerará las leyes como un producto elaborado por los más débiles y la multitud para controlar el poderío de aquellos hombres dotados naturalmente con más fuerza32; mientras que Trasímaco, en el libro I de República, asegurará categóricamente que “cada gobierno implanta las leyes en vista de lo que es conveniente para él”33. No obstante estas opiniones, sin embargo, dentro de estas incipientes interpretaciones contractualistas, sin embargo, será otro sofista el que tradicionalmente ha aparecido como el autor en, quizás, sugerir de manera más explicita una teoría del pacto social, asociada fundamentalmente a un rol proteccionista del Estado que constituiría (a juicio de Popper y otros estudiosos) la primera afirmación de dicha función gubernamental en la historia política de Occidente34.

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Platón, Protágoras, 321c-322b. A. Melero, Sofistas, testimonios y fragmentos, n. 75, pp. 133 y sgte. 30 Jenofonte, Op. cit., IV, 13 (citado por A. Melero, Op. cit., p. 308). 31 A. Melero, Op. cit., n. 37, p. 308. 32 Platón, Gorgias, 483c. 33 Platón, República, 338e. 34 K. Popper, La sociedad abierta y sus enemigos, p. 118,

Recordemos brevemente que, a pesar de que las diferencias entre las diversas organizaciones políticas existentes en Grecia hacen difícil generalizar el mismo panorama en todas las ciudades, en la mayoría de ellas el orden social se encuentra organizado en tres clases sociales fundamentales: ciudadanos, extranjeros y esclavos35. Dentro de esta distribución (como sabemos), el derecho a la participación en la vida política y los privilegios de la ciudadanía se encontrarán reservados sólo para algunos integrantes, ya sean éstos nobles (como en el caso de Esparta) o ciudadanos (como en Atenas): los extranjeros sólo podrían adquirir algunos bienes y comerciar supervisados, mientras que los esclavos se encontraban completamente privados de libertad, siendo por ello prácticamente excluidos de la protección y los beneficios que entregaba la ley. En contraste con esta concepción, Licofrón no sólo habría defendido la idea de que el resguardo y los favores de la ley debían ser disfrutados por todos los habitantes de la ciudad, por igual, sino que, además, habría manifestado que es responsabilidad del Estado velar por el cumplimiento de los derechos básicos de sus integrantes, siendo esa su finalidad esencial como institución y no simplemente la organización de los hombres que la habitan. Al respecto, será Aristóteles quien entrega el único testimonio de este pensamiento, esto en un importante pasaje los Aristotelis Fragmenta (1886) de Valentin Rose (1829-1916). El texto en cuestión dice: “Así es evidente que para la ciudad que verdaderamente sea considerada tal, y no sólo de nombre, debe ser objeto de preocupación la virtud, pues si no la comunidad se reduce a una alianza militar que sólo se diferencia especialmente de aquellas alianzas cuyos aliados son lejanos, y la ley resulta un convenio y, como dijo Licofrón el sofista, una garantía de los derechos de unos y otros, pero no es capaz de hacer a los ciudadanos buenos y justos”36. De esta manera, de acuerdo a lo que el texto permite percibir, la tesis de Licofrón correspondería a una interpretación de la finalidad racional del Estado, sustentada en una concepción igualitarista que reconocería valor al individuo y sus derechos fundamentales37. El no cumplimiento de esta verdadera finalidad, así, convierte a la organización social denominada “Estado” en algo ajeno a la naturaleza, y en tal sentido (aunque el breve testimonio recogido por Aristóteles no lo manifieste explícitamente)

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G. Sabine, Historia de la teoría política, pp. 31 y sgte. Aristóteles, Fragmento 91, citado por A. Melero en Op. cit., pp. 234 y sgte. 37 K. Popper, Op. cit., pp. 118-120.

para Licofrón el pacto a través del cual se conformaría la vida en sociedad descansaría, finalmente, en la existencia natural de derechos inherentes a la condición humana. La concepción contractualista de Epicuro. En el contexto de esta revisión de algunos antecedentes griegos de la teoría moderna del contrato social, el caso de Epicuro resulta particularmente significativo: vinculado fundamentalmente a la reflexión de los problemas morales, su obra conservada permite advertir importantísimas afirmaciones de carácter político, referidas principalmente a las relaciones humanas, sociales, la amistad y la justicia. Este eventual pensamiento contractualista, sin embargo, presentará algunos importantes elementos que lo diferenciarán de forma muy marcada respecto a algunas de las opiniones anteriormente comentadas: el ser humano, por ejemplo, no tendrá la tendencia “natural” la vida en comunidad, pues la sociedad civil aparecer concebida como el resultado de una evolución determinada por factores externos, de los cuales la necesidad de subsistencia aparece como el primero y más determinante38. Si bien los testimonios conservados de Epicuro, a excepción de algunas afirmaciones sobre el origen del lenguaje39, no permiten ratificar de manera extensa esta presumible interpretación evolutiva de la sociedad humana, Tito Lucrecio Caro desarrollará esta idea (siguiendo el planteamiento epicúreo) al señalar como luego de la invención de las casas y las vestimentas, y del descubrimiento del fuego, “el género humano se sometió más espontáneamente las leyes y al rigor del derecho, pues se hallaba cansado de pasar la vida en la violencia y se encontraba debilitado por las hostilidades”40. De esta manera, al examinar algunas de las opiniones políticas de Epicuro, resulta fácil advertir como ya su concepción de la justicia presentará un transfondo eminentemente práctico y delimitado, definiéndola en las Doctrinas Principales como “una especie de pacto de no dañar ni ser dañado”41, respecto al cual, además, agregará
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A. A. Long, La filosofía helenística, p. 76. Cfr. Epicuro, Carta a Heródoto, 75 y sgte. (citado por Diógenes Laercio, Vida de los filósofos más ilustres, X, 27). 40 Tito Lucrecio, Sobre la naturaleza de la cosas, V, 1145 (citado por R. Mondolfo, El pensamiento antiguo volumen II, p. 109). 41 Epicuro, Doctrinas Principales, XXXVIII.

que “es un compromiso de convivencia adquirido con vistas a que los hombres no dañen los unos a los otros ni reciban daño uno de otros”42. En este punto, el transfondo práctico de la propuesta epicúrea se advertirá especialmente en el hecho que ni el bien ni el mal aparecerían definidos como conceptos absolutos, sino se entenderán en directa referencia al placer o dolor que pueden causar, opinión que representaría (a juicio de los estudiosos) un claro cuestionamiento al enfoque platónico de la ética43 (centrado, como sabemos, en la captación final de la idea del Bien). El elemento contractual de la noción epicúrea de la justicia, por lo tanto, no implicará una obligación moral ni social para los hombres, pues desde sus orígenes se encontrará asociado más bien con su interés de sobrevivencia y protección, pensamiento congruente con el cálculo de los placeres y los dolores que, como sabemos, conforman en el concepto central de la ética epicúrea44. Conclusiones. En síntesis, podemos señalar que a pesar de las dificultades que implican sostener una identificación entre la concepción moderna del estado contractual con algunas de las ideas políticas expresadas por autores griegos, una rápida revisión de algunos pasajes fundamentales de éstos muestran con claridad un grado de coincidencia importante que, percibido con sus respectivos matices y diferencias, permitirían por lo menos encontrar en el pensamiento clásico una primera referencia a la idea moderna del contrato o pacto social. En este sentido, no obstante, es fundamental no olvidar que la pregunta por la legitimidad del Estado, que es en gran medida la que dará inicio a los enfoques contractualistas que se desarrollarán en la modernidad, no corresponde ni a una inquietud ni a un problema abordado por los pensadores griegos, pues (tal como Guthrie recalcará) el tema de éstos no será si la justicia es o no lo legal45.

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Epicuro, Op. cit., XXXV. A. A. Long, Ídem. 44 A. A. Long, Op. cit., p. 77. 45 W. K. C. Guthrie, Op. cit., p. 150.

De esta manera, aceptando como válida aquella que lectura que considere las ideas de Sócrates, Protágoras, Licrofrón o Epicuro como un antecedente del Estado contractual moderno, parecerá ineluctable señalar previamente que dicha visión se enmarcará o bien en un intento por restaurar el señorío de la ley como elementos propio de la vieja moral tradicional (para cual su origen se encontrará en la voluntad de los propios dioses 46), o en el contexto del cuestionamiento que algunos autores dirigirán tanto al orden natural como al orden convencional. La interpretación contractualista griega, así, no encontrará en la necesidad de justificación adecuada del poder político el motivo fundamental para el establecimiento de un pacto entre los ciudadanos y el Estado, destacándose en tal sentido (casi como su rasgo principal) el transfondo más pragmático y utilitaristas de este convenio: así, tanto en Sócrates como en Epicuro, el beneficio obtenido a partir de las leyes constituirá un factor importante al momento de respetar y obedecer los mandatos de ésta, mientras que para Protágoras, as su vez, será la necesidad de sobrevivencia del hombre lo que lo llevaría sostener un pacto con sus pares y, conjuntamente, considerar como conveniente y necesario respetarlo en vistas de su propio bienestar. De ser así, el caso del enfoque contractualista de Licofrón adquiriría casi de inmediato una relevancia particular, puesto que sólo se trataría de un antecedente directo del concepto de proteccionismo como rol fundamental del Estado, sino que también, bajo nuestro punto de vista, representará a pasar de la escasees de testimonios conservados la afirmación de mayor proximidad filosófica con el pensamiento político de la modernidad, al presentar el contrato tácitamente como una cualidad esencial del Estado en tanto cuerpo político organizado. Bibliografía. - ARISTOTELES. Política. Edición Bilingüe de Julián Marías y María Araujo. Centro de Estudios Constitucionales, Madrid, 1989. - DIOGENES LAERCIO. Vida de los filósofos más ilustres. Introducción traducción y notas de José Ortiz Sanz y José M. Riaño. Editorial Porrua, México, 2003.

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