Facultad de Filosofía Departamento de Filosofía y Humanidades

“Ensayo Final Seminario Antonio González: Del acto en Husserl al acto en González”

Profesor: Samuel Yáñez Alumno: Ignacio Sanfurgo. Fecha: 03 de Julio 2012.

A lo largo de este ensayo quisiera poder indagar en la concepción que tiene Antonio Gonzales sobre los actos, como fuente de su filosofía primera. Esta concepción estará fuertemente marcada por la tradición fenomenológica husserliana. Sin embargo, al comienzo de su obra Estructuras de la praxis1 el autor se empeñará en manifestar las pretensiones y motivaciones que lo movilizan a iniciar un proceso de justificación de una verdad primera desde los actos. Para esto último, se dedicará a plantear ciertas premisas o presupuestos de las cuales la historia de la filosofía y la disciplina misma debe hacerse cargo, reconociéndolas y discerniendo todo lo que en ellas tiene carácter justificado e injustificado. El idealismo trascendental de Husserl para el español, faculta de características racionalmente injustificables y que la transformación de la fenomenología en un idealismo trascendental no responde fidedignamente al proyecto originario del español. Desde lo anterior, el autor afirmará que el descubrimiento de presupuestos injustificados no implica que siempre los habrá a lo largo de la historia filosófica. Es decir, este trabajo de discernimiento no tiene un carácter universal, en el sentido de subestimar todo tipo de presupuestos, sino, una meticulosa pretensión de que la filosofía se funde necesariamente en premisas racionalmente justificables. Por otro lado, se podría afirmar que toda actividad filosófica faculta de un carácter lingüístico, por lo que parecería imposible una liberación total de los presupuestos, a lo que se le responde, parafraseando a González, hay verdades pre-lingüísticas o extra-lingüísticas que son de carácter universales o asequibles a cualquiera, aunque su aparición sea de carácter lingüístico. Por último, el autor apelará a la existencia de presupuestos que han servido de obstáculo para la comprensión racional. La dinámica hermenéutica no entrega criterios de interpretación verdadera en el presente, puede caer en el círculo vicioso de una verdad que se espera, sin saber que sea aquella finalmente verdadera. Con todo lo anterior urge y está vigente la tarea de revisión crítica de presupuestos para lograr así el ideal de una filosofía libre de premisas injustificadas racionalmente. González dirá: “En la medida en que la filosofía prescinde de presupuestos, su verdad primera se libera de todo lo que no le pertenece, adquiriendo así un perfil mas determinado

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González, Antonio; Estructuras de la praxis, Ensayo de una filosofía primera; Madrid; Trotta; 1997.

y una justificación cada vez más plena.”2 Veamos por lo tanto cuál es el distanciamiento que propone el español respecto al idealismo trascendental husserliano, revisando qué presupuesto injustificado racionalmente emplea Husserl en sus Investigaciones Lógicas que advierten a González y no le simpatizan para el proyecto de filosofía primera; liberada de todo lo que no le pertenece. Para González será esencial la descripción de aquello que se nos da originariamente, en comparación de todo aquello que lo trasciende; esto implica un cambio de actitud. El que en nuestra cotidianidad no distingamos voluntariamente entre lo que se nos da originariamente y lo que aceptamos gracias a convenciones tradicionales, no significa que no exista relación entre ellas y mas aún, que no podamos discernir sobre lo auténticamente originario. “Ponerse ante la experiencia originaria, distinguiéndola de lo que no lo es, supone llevar a cabo un cambio de actitud. Es lo que la fenomenología ha descrito como un paso de la actitud “natural” o “empírica” a la actitud “filosófica”3 González afirmará más concretamente respecto a esta actitud: “El paso a la actitud filosófica se caracterizaría por prescindir de estos objetos y volver nuestra atención sobre los actos mismos.”4 En este sentido en el proyecto husserliano los actos se convierten en el término formal de la filosofía en su radicalidad primera. La filosofía que quiere estudiar el principio de todos los principios, tiene como objeto nuestros actos; considerados de una forma peculiar: como datos originarios que facultan de la evidencia de aquello que se nos da inmediatamente. Todo lo que predicamos respecto a los objetos del mundo real está cargado de prejucios provenientes o propios de nuestra cultura. En cambio, los actos de imaginación, de percepción, de volición, y de afirmación, tienen en cuanto actos el carácter de verdades primeras, autónomos de cualquier otra verdad; “inmediatas y perfectamente accesibles para todos sin necesidad de suponer ninguna ciencia, ninguna religión, ninguna cultura ni ideología.”5 Una fenomenología que se vuelca a los actos mismos. Sobre lo anterior J. San Martín afirmará:

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Ibid. p.31 González, Antonio; El principio de todos los principios: acto en Husserl y en Zubiri; 2001; En línea, Internet; Disponible 03 Julio 2012 http://www.praxeologia.org/principium.html 4 González, Antonio; Estructuras de la praxis, Ensayo de una filosofía primera op.cit; .p.32 5 Idem.

“Le colocamos al objeto en cierto modo un paréntesis de desconexión, un índice que dice: aquí quiero inhibir yo todo tipo de dejar valer, todo tipo de interés en el ser, todo interés en el valor, etc.; yo quiero dejar valer al objeto sólo como lo intencional de su acto, del acto que le concede validez; sólo quiero interesarme por el acto y por lo que él mismo pone como objeto, como objeto caracterizado temáticamente de este modo. Si hago esto, entonces obtengo lo subjetivo fenomenológicamente puro, y en ello su objeto en la forma modificada de validez del objeto meramente intencional de su acto.”6

Como vemos, para Husserl los actos parecieran ser el término de la nueva actitud filosófica, veamos qué es lo que entiende el alemán por acto, y su contenido inmanente y trascendente, que según González sería lo que ocasionaría el verdadero problema. Inmanente a los actos tiene relación con los actos mismos de percepción, imaginación, intelección, volición, etc. En cambio lo trascendente dice relación a lo que, como su nombre lo dice, trasciende o es independiente de los actos, a saber: las cosas reales que constituyen el término de nuestra percepción, imaginación, etc… Con lo anterior Husserl señala como insuficiente este concepto de inmanencia, por lo que necesitará una segunda determinación, más precisa. González dirá: “Para que haya significación en el lenguaje no basta con que haya unos sonidos y unos objetos. Se requiere precisamente que un ``carácter de acto'' convierta a unos sonidos o a unas imágenes en sonidos o imágenes significativos.”7 De este modo, los actos comienzan a adquirir un nuevo sentido. Ya no se trata de actos empíricos simplemente que realiza un sujeto, sino el carácter de acto refiere al momento en el cual las representaciones individuales adquieren un sentido universal; es la intencionalidad de los actos, por la cual refiere a un objeto. Por lo tanto, los actos pasan a ser vivencias intencionales.
“Y es que en nuestros actos están también presentes las cosas, en el sentido más amplio de la expresión. No nos referimos a las cosas reales tal como son en sí mismas con independencia de nuestros actos, sino a las cosas tal como

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González, Antonio; El principio de todos los principios: acto en Husserl y en Zubiri; 2001; En línea, Internet; Disponible 03 Julio 2012 http://www.praxeologia.org/principium.html 7 Idem.

aparecen en ellos. Nuestros actos no son recipientes vacíos, sino actos constitutivamente dirigidos hacia un término intencional”8

Para Husserl el ámbito de lo inmanente incluye también los fenómenos presentes en nuestros actos, en la medida en que aparecen en los mismos. Respecto a lo que la tradición moderna pensó, las cosas no pueden ser consideradas como contenido de conciencia. Las vivencias tienen contenidos, pero ese contenido no es sino la vivencia misma, la cual se distancia de la cosa nombrada o percibida. Es el claro ejemplo de Husserl sobre el Dios Júpiter, que lo nombremos no quiere decir que el Dios está dentro de nuestra vivencia, ni tampoco fuera; no existe, solo es una vivencia intencional. Y en el caso de un objeto real, tampoco faculta de carácter de ingrediente, no es un contenido de nuestra vivencia, sino solo a lo que ella se refiere intencionalmente. Posteriormente Husserl con el correr de los años ampliará el concepto de inmanencia, que es donde al parecer se produce el quiebre con las pretensiones de González de una filosofía pura de presupuestos. La trascendencia en la inmanencia empañará las pretensiones del español al presuponer una conciencia donante de sentido, como garante de las unidades de sentido. Veamos cómo justifica esta trascendentalidad en los actos. En Ideas Husserl vive un proceso de transformación de su concepción de los actos, a saber, ya no considera que todas las vivencias intencionales sean actos; el sentido de acto refiere a un tipo específico de vivencias intencionales. “No todas las vivencias potenciales son efectivamente llevadas a cabo”9 Tenemos por tanto vivencias potenciales y vivencias ejecutadas, estas últimas serían los actos propiamente tal. En las investigaciones lo que le daba el carácter de acto a una vivencia era su dirigirse-a; es decir su carácter intencional. Sin embargo en Ideas, no basta con la intencionalidad para considerar a una vivencia como acto. Podemos seguir hablando de actos, en la medida que se hace presente un “yo”, lo que hace que toda vivencia intencional potencial se transforme en actos efectivamente ejecutados. Husserl dirá:
“Todo 'cogito', todo acto en un sentido eminente, está caracterizado como un acto del yo, él 'surge del yo', el cual 'vive' en él 'actualmente'... Observando,
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González, Antonio; Estructuras de la praxis, Ensayo de una filosofía primera; op.cit; p.33 González, Antonio; El principio de todos los principios: acto en Husserl y en Zubiri; 2001; En línea, Internet; Disponible 03 Julio 2012 http://www.praxeologia.org/principium.html

percibo yo algo, de igual modo estoy yo en el recuerdo 'ocupado' frecuentemente con algo; cuasi-observando percibo yo en las ficciones de la fantasía lo que pasa en el mundo fantaseado. O bien, yo medito, saco conclusiones, rectifico un juicio, en casos 'absteniéndome' en general de juzgar. Llevo a cabo un agradarme o desagradarme, me alegro o estoy triste, deseo y quiero y hago; o, también, me 'abstengo' de alegrarme, de desear, de querer y obrar. En todos estos actos estoy yo ahí, actualmente ahí. Reflexionando, me aprehendo como el hombre que está ahí”10

De esta manera se configura el idealismo trascendental, el cual deposita todas sus energías en el cómo es que “todas las cosas, incluida la realidad del mundo exterior, pueden llegar a tener sentido como fenómenos para una conciencia constituyente. Es decir que atiende a la génesis del sentido de cualquier fenómeno, ante la subjetividad pura. Según González “cuando introducimos en el campo fenomenológico no sólo nuestros actos sino también la subjetividad que los ejecuta, estamos precisamente introduciendo un presupuesto”11 Se podría justificar de que se trata de un presupuesto verdaderamente justificado, debido a la necesidad de la subjetividad como donadora de sentido de los fenómenos. Toda esta especulación nos sitúa afuera de los límites de lo inmediatamente dado. Con esto se resta valor a una filosofía que se interesa –originariamente- por lo que exclusivamente se nos da. En la medida que se admite como inmanente aquello que está presupuesto en lo dado, sacrificamos la propia tarea filosófica de fundamentación, y recurrimos a la subjetividad. Podríamos decir, desde el punto de vista del español, que esta inmanencia, que se amplía con el correr de los años y del currículo filosófico de Husserl, es la que va distanciando al alemán de un propósito originario; de una filosofía primera. González afirmará: “La verdadera fidelidad al proyecto inicial de la fenomenología hubiera consistido en permanecer aferrados a la facticidad de nuestros actos, sin desertar del devenir, pues justamente en el devenir es donde hemos encontrado las verdades absolutas y primeras.”12 A continuación veamos a qué se refiere Gonzalez con el permanecer aferrados a la facticidad de los actos. Revisaremos los principales postulados de la praxeología de
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González, Antonio; El principio de todos los principios: acto en Husserl y en Zubiri; 2001; En línea, Internet; Disponible 03 Julio 2012 http://www.praxeologia.org/principium.html 11 González, Antonio; Estructuras de la praxis, Ensayo de una filosofía primera; op.cit; p.35. 12 Ibid. p.36

González con el fin de mostrar las diferencias con la escuela husserliana y la fundamentación de su filosofía primera arraigada en los actos en sí y desentendidos de cualquier presupuesto. Tanto para Husserl como para Gonzáles, la fenomenología y la praxeología respectivamente, se empeñan en la búsqueda de esta verdad primera y comparten que ésta se encuentra en nuestros actos: “Pero aquí no hemos partido de ninguna premisa mayor (…) solamente de la presentación de las cosas en nuestros actos”13. Es decir, los actos de percepción, imaginación, etc… constituyen verdades absolutas; “"absolutas" en el sentido de una inmediatez que no pende de ninguna otra verdad anterior”14 A esta inmediatez pertenecen también también las propiedades de las cosas que en los actos se actualizan. Esta actualización produce que las cosas quedan en nuestros actos como radicalmente otras; respecto a los actos. Aquello que se actualiza en nuestros actos son las cosas, en todos los actos que abarcan nuestra praxis. “Las cosas son πράγματα.”15 No responde a la formula de un pragmatismo, sino a la manifestación primaria u originaria de las cosas, tal como los griegos las experimentaron. Parafraseando a Gonzáles, las cosas no son lo que nos interesa que sean, ellas se actualizan en alteridad radical, y en aquella alteridad, “ellas llevan inexorablemente la huella de la actualización”16 Parece necesario señalar qué entiende Gonzalez por acto. Para el español los actos tienen un “significado neutral”17, es decir desentendiéndose de toda concepción de ellos como potencialidades y como determinadas por un sujeto. Todos lo actos antes nombrados, a saber, percepciones, voliciones, etc. Consisten en presentaciones de algo que se actualiza como radicalmente otro. Es decir, lo que los hace actos propiamente tal es que en todas ellas se actualizan inmediatamente las cosas en alteridad radical. Esta presentación tiene lugar en los actos mismos, independiente de cómo sean las cosas más allá de ellos. Los actos en este sentido son plenamente actuales, cada acto está abierto a un antes y a un después, por lo tanto a actos que le anteceden y actos que preceden. La verdad de los actos
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González, Antonio; Estructuras de la praxis, Ensayo de una filosofía primera; op.cit;p.16 González, Antonio; Hacia una filosofía primera de la praxis; 1996; En línea, Internet; Disponible 03 Julio 2012 http://www.praxeologia.org/futuro.html 15 González, Antonio; La praxeología como filosofía originaria; 2005; En línea, Internet; Disponible 03 Julio 2012 http://www.praxeologia.org/praxeologiaoriginaria.html 16 Idem. 17 Idem.

estará dada por su actualización. González dirá: “La filosofía primera tiene que comenzar sumergiéndose en la multiplicidad y pluralidad del devenir de nuestros actos, pues allí nos esperan las múltile riquezas de los actos mismos y de todo lo que en ellos se actualiza.”18 A pesar de la multiplicidad, los actos pueden catalogarse o caracterizarse según acto de percepción, intelección, volición, etc. Son repetibles, así por ejemplo, aunque mi percepción actual de este computador jamás se volverá a repetir, puedo repetir otra precepción del mismo computador, similar a la primera. Determinando de este modo, mediante el análisis, cuales son las particularidades de la percepción. La verdad primera pareciera ser una verdad simple, en la que no hay dualidad. “El factum de los actos es la verdad primera que constituye nuestro punto de partida”19 Aunque se apele al concepto histórico de verdad, se distancia del concepto de verdad que implica dualidad, una dualidad entre la cosa y la inteligencia. El autor apela a una verdad simple, de mayor carácter radical en la medida que no exige dualidad.
“los actos constituyen el ámbito originario en el que acontece la vinculación entre el ser humano y la realidad. Antes de toda dualidad entre objeto y objeto, antes de toda dualidad entre la cosa aprehendida y el aprehensor, tenemos el acontecer mismo de la verdad. La verdad en sentido originario es una verdad anterior a toda dualización”20

La verdad primera es de carácter fáctico, no apodíctico. En sentido estricto, para González, no son algo contingente ni apodíctico. La facticidad del acto es anterior e independiente a la pregunta por si es posible que haya sido de otra manera. Esta facticidad exige que no sea apodícticamente necesario y que su contingencia no sea ya determinada. “En el comienzo de la filosofía tenemos un acto fáctico y no una evidencia apodíctica”21 Se aleja González por tanto de una justificación apodíctica de su filosofía primera, el carácter de verdadero está dado por la ab-solutidad22 de los actos, como independientes de cualquier justificación en base a presupuestos. La liberación de presupuestos nos deja
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Idem González, Antonio; Estructuras de la praxis, Ensayo de una filosofía primera; op.cit;p.67 20 González, Antonio; La praxeología como filosofía originaria; 2005; En línea, Internet; Disponible 03 Julio 2012 http://www.praxeologia.org/praxeologiaoriginaria.html 21 González, Antonio; Estructuras de la praxis, Ensayo de una filosofía primera; op.cit; p.71 22 sueltos-de

frente a una verdad ab-soluta, un verdad libre de todo lo que no se circunscribe al territorio primordial de los actos. Vemos como la propuesta de González retomará la herencia fenomenológica y la llevará a un nuevo nivel de radicalidad. Lo que se procura instaurar es una filosofía primera y absoluta, de carácter verdadero, que se desentienda de cualquier prejuicio histórico de la filosofía, que han entorpecido el hallazgo de este principio justificable racionalmente. A González le parece peligroso la vuelta que hace Husserl, debido a esta exhaustiva preocupación por el concepto de inmanencia lo que lo conduce finalmente a refugiarse en el solido y seguro amparo de la subjetividad como donadora de sentido. En ese sentido, la propuesta del español entrega nuevos conceptos de verdad que difieren del historial dualista de ésta, otorgando un valor de absolutos a los actos (como fuente de la filosofía primera) por su naturaleza de actualización, por ende de liberación. Según Gonzáles, la praxeología puede ser un signo de cumplimiento de la radicalidad como rol central de la filosofía. Es decir, que las: “investigaciones filosóficas no consisten en la simple formulación de opiniones arbitrarias, sino que en ellas cabe un estricto progreso, si bien distinto al que se da en las ciencias. Es un progreso en continua radicalización”23 No procede desde los conceptos necesariamente husserlianos, sino hereda solamente de la radicalidad propia de su filosofía, que no es otra que la radicalidad de cualquier filosofía auténticamente empeñada en la búsqueda de una orientación radical para la humanidad a partir de un saber primero, fundamentador de todos los demás saberes.

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González, Antonio; Hacia una filosofía primera de la praxis; 1996; En línea, Internet; Disponible 03 Julio 2012 http://www.praxeologia.org/futuro.html

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