Conocimiento y Vínculo Social como promotor del equilibrio en la sociedad

Reflexiones en torno al Libro III del “ Emilio” de Russeau

José M. Chajtur Z.

¿Cuándo comienza la maduración de un niño? ¿Se pueden definir las etapas del crecimiento humano de manera general, y establecer pautas para su buena crianza? Sin duda alguna que Russeau en “Emilio” intenta establecer ciertos criterios generales en la para la educación y desarrollo de los futuros miembros de la sociedad civil, transormándose en uno de los primeros tratados de Filosofía de la Educación. Sin embargo esta empresa no es para nada innovadora. Ya en la Grecia Antigua, Platón en su República (específicamente en los libros III, IV y VII) establecía un sistema educacional, una metolodía disciplinaria para infantes y jóvenes, de modo tal que fueran útiles para la nueva polis donde los filósofos reinarían. Ahora bien, Russeau expone la necesidad de una educación correcta, de una pedagogía que tome en cuenta la necesidad consustancial del hombre con la naturaleza; esta relación con objetos exteriores al individuo es la que interesan al autor, pues los considera bondadosos. Sin embargo, el hombre debe tener el cuidado suficiente en la educación de los niños, pues es en

definitiva la relación entre hombres la que degenera el alma y produce, finalmente, la maldad.

Ya en el Libro III de esta obra, luego de analizar las conductas de los recién nacidos y de una primera infancia, Russeau plantea una segunda etapa dentro ella. Llama la atención el realce que le da a este período debido al comienzo de los cambios físicos notorios y, por sobre todo, de la relación del niño con su entorno. Es la edad donde explota la energía, donde la curiosidad es una característica importante a tener en cuenta. Más allá de explicar la recomendaciones de Russeau, es importante tener en cuenta ciertos puntos principales que se establecen en este Libro respecto a dos materias que servirán para comprender su descripción del hombre, de su naturaleza. Por una parte, la relación del hombre con su interioridad, o conocimiento y, por otra, la relación de hombre con su exterior, o vínculo social:

Respecto al conocimiento: Russeau establece que el hombre tiene capacidad limitada de conocimiento. Y esas limitación contiene otro desafío: tener el conocimiento no significa siempre estar en lo correcto. Es nuestra curiosidad, nuestro ímpetu que, según el autor, comienza a florecer en esta época cercana a la finalización de la infancia, lo que nos hace querer conocer.

Lamentablemente, el hombre muchas veces no conoce lo que le es esencialmente útil, lo que es reprobado por el francés. ¿Por qué? Lo inútil, lo que no está cercano a la sabiduría puede ser fuente no sólo de ignorancia y de error, sino de disputa. Es importante mencionar que Russeau, como contractualista, aunque contrario a la idea hobbesiana del caos natural, promueve la competencia y genera el mal del mundo. Por ende, se empecina en minimizar la brecha y disociación que pueda existir entre determinados saberes, misión netamente pedagógica. Si la bondad está en la naturaleza, y si el saber significa conocer, relacionarse con aquella naturaleza, entonces, significa aportar a promoción del equilibrio social. Para ser sabio, plantea Russeau, no es necesario disponer de una disciplina impositiva; muy por el contrario, se deben proporcionar las herramientas suficientes para que se pueda investigar, para que se pueda llegar al conocimiento por mérito propio. Luego de la experiencia sensible, tiene lugar la elaboración de ideas, y luego de la elaboración de ideas, juicios; estos principios epistemológicos, empíricos, suponen la realidad del hombre cuando se enfrenta la naturaleza, las percepciones que tiene de ella son un constructo relacionado directamente con la experiencia y la capacidad cognitiva que haya sido desarrollada en un individuo, que se aplica tanto a nivel sensorial como del juicio, de la razón.

Respecto a los vínculos con la sociedad: Russeau plantea que luego de que la curiosidad y la energía lleva a conocer, a decifrar enigmas, a contactarse con lo natural (sería una esfera distinta a lo moral: en las etapas tempranas de crecimiento, la relación con la naturaleza, con el entorno y consigo mismo; luego de este proceso, se pasa a un período moral, donde lo indispensable son las relaciones entre hombre) llega el momento de comenzar a relacionarse con otros, sin dejar de lado el aprendizaje propios, sin embargo, guiado por parte de un preceptor. Existe una necesiadad similar a la del conocimiento: una pedagogía que, más que estructurarse como una imposición, sea una guía que ayude a descubrir las experiencias que develen la realidad, de manera tal que sea un aporte para las relaciones sociales que tendrá el individuo en el futuro. Ahora bien, lo más importante de las relaciones sociales será poner a tono la capacidad de juzgar; luego del proceso de elaboración de ideas propias, deben considerarse mecanismos propios para ponerse en contacto con otros hombres, de manera que abarque las relaciones naturales, y además, entender lo que es útil. Durante el transcurso del este libro, Russeau hace alusión a la utilidad como elemento indispensable a aprender, pues determinará no sólo la felicidad física (propia de las correctas relaciones con la naturaleza, distinta de la felicidad moral que será adquirida

posteriormente) sino también será otra herramienta de aprendizaje que lo ayudará a introducirse en la relaciones sociales. Saber desempeñarse en un oficio realzará sus capacidad cognitivas y relacionales, a discernir lo que le es competente, y por ende, a depurar su juicio.

Consideraciones finales: El desarrollo físico, según Russeau, está del desarrollo social del individuo en una etapa final de la infancia. Marcará definitivamente la iniciación ciudadana, tomando como punto partida una pedagogía que pretende generar sujetos críticos, pensantes, imbuidos en un proceso laxo, no mecanizado; de esta manera propone la asimilación del sujeto de lo corrupto de la sociedad, instruyéndolo para afrontar una estructura social, el estado moderno, innovadora para aquella época. Le entrega las primeras herramientas en un proceso continuo de educación, que significará a la postre, a valorar su naturaleza física y a mejorar la relación con sus pares. La obra en su completitud refleja un espíritu filosófico de vocación educativa, que tiende a la igualdad, a la autonomía. Se abandona, entonces, la creencia medieval del siervo para pasar a la concepción del ciudadano; un individuo con conciencia sobre sus derechos, que participa de la res pública, que no se mantiene neutral ante el mundo que gira a su alrededor. Serán los primeros atisbos del cambio cultural, social y político respecto a las relaciones humanas: la ilustración.

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