EDUCACIÓN FINANCIERA

por Ángel Maestre

“El error es tomar decisiones financieras desde la emoción”.

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Durante muchos años, antes de dedicarme a mi profesión de actor, he desarrollado mi actividad profesional en el mundo de las finanzas como analista de inversiones, asesor económico y financiero de múltiples empresas, auditor de cuentas y gestor de patrimonios; todo esto aderezado además con la gratificante actividad de la formación de mandos superiores e intermedios en el ámbito empresarial. Todos estos años me han dado la oportunidad de relacionarme con todo tipo de personas: empresarios, empleados de estos empresarios, sindicalistas, políticos, analistas financieros, corredores de bolsa, banqueros, empleados de estos banqueros, estudiantes de administración de empresas etc. De alguna manera a todos ellos se les presume cierto conocimiento del funcionamiento de las finanzas -al menos en los ámbitos que les corresponde- pero, lamentablemente, llego, después de un largo recorrido, a la conclusión de que en general existe una gran carencia en cuanto a una educación financiera básica. Si a toda esta gente se le detecta esa carencia, me pregunto: ¿Cómo está el resto? ¿Cómo se defienden todas aquellas personas que ni siquiera se han formado en estos ámbitos?. No podemos olvidar que todo el mundo utiliza, maneja y toma decisiones relacionadas con el “dinero”. Actualmente, en la época que estamos viviendo, en la que la palabra -mal utilizada por cierto- “crisis” (la palabra correcta es “depresión”) es la más oída, que no escuchada, queda patente, al menos desde mi punto de vista, una clara necesidad para todos: hace falta educar en el ámbito financiero, implantar en los colegios, en las guarderías, desde muy temprana edad, una adecuada educación financiera. Esto hoy no existe, la única formación a este respecto para los niños que en unos años empezarán a comprarse el coche, a firmar sus hipotecas, a firmar contratos de alquiler y a tener hijos, es la que “respiran” en casa. Aprenden del comportamiento de los padres, que hoy son los que en casa hablan de crisis, de llegar a fin de mes, que son los que tienen caras serias por sus problemas financieros, por la pérdida del empleo o por la quiebra de la empresa que tanto esfuerzo les costó levantar. Los niños aprenden de lo que ven, y de lo que escuchan; así que lo que están aprendiendo les parecerá normal en otro momento de su vida. Por ejemplo, no valorar los riesgos de la compra y financiación de una vivienda, así de sencillo. Hoy en día los padres agobiados por la situación se ven desbordados por el miedo y entonces este es el que inculcan a los hijos, y creyendo que hacen lo mejor dan consejos desde el miedo para evitar que sus hijos se encuentren en la misma situación. Pero ¿qué pasaba en años atrás, antes de esta tan renombrada “crisis”?; mucha gente vivía muy por encima de sus posibilidades, entonces no era el miedo la emoción dominante, si no la codicia, el deseo de tenerlo todo y tenerlo ya. Se daba curiosamente un absoluto desprecio por el precio. ¿Qué sucede entonces? ¿Qué pasa con el dinero?. Sucede que lejos de existir una adecuada formación en las edades tempranas, se aprende a relacionarse con el dinero desde las emociones, principalmente el miedo y la codicia. (De paso dígase que esto lo saben muy bien los políticos, los publicistas, los vendedores y mucha otra gente que lo utiliza). De hecho, sabemos que el dinero no acude o huye de cierto tipo de personas, no hay regla fija, puede hacerse rico alguien sin estudios, puede quebrar y arruinarse el más inteligente, todo el mundo puede equivocarse o acertar en decisiones financieras, (aceptar un trabajo, negociar una nómina, pedir un préstamo, poner en pie un proyecto, etc.), depende de cada persona, depende de sus creencias, depende de sus experiencias, depende normalmente de sus emociones. Y este es el error: “Tomar decisiones financieras desde la emoción”. En los próximo artículos desarrollaré desde mi punto de vista aquellas cuestiones que entiendo básicas para relacionarse con el dinero. Esto es, el secreto para darle al dinero la importancia que tiene, ni más ni menos. Hasta entonces.

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