Revista Médica de Gofla Rica XUV<46L) 149-154, 1977

Medicina en un País Socialista
Gunnar BiorckjM.D, * Se revisa algunos de los acontecim ien­ tos q u e han contribuido al desarrollo del Sistem a de Salud actual de Suecia. Aunque existen varios aspectos útiles del sistema —los u s u a lm e n te subrayados por las fuentes oficiales— su im pacto sobre el ejercicio libre de la m edicina y la relación médico-paciente es considerable y destructivo. Es necesario tom ar en cuenta tales consecuencias al pla­ near los servicios nacionalizados de salud en cualquier parte del mundo. Mi trabajo fue leído en un seminario sobre el Sistema de Salud Sueco, organizado por el Centro para el estudio de los proble­ mas A dm inistrativos de Salud, de la Universi­ dad de Chicago, el 12 de abril de 1976. Los argum entos “ a favor fueron presentados por el Dr. Bror Rexed, el Director General de la Comisión Sueca de Seguridad Social, socialista, y por algunos otros, m ientras que yo fui invitado a llevar a cabo un análisis c rític o del sistema. Mi trabajo fue calificado po r el Dr. Rexed como “ un grito nostálgico de un conservador empedernido” y el Dr. R exed m antuvo que “ no existe una alternati­ va práctica de los presentes acontecim ien­ to s” . Sin embargo, en las elecciones generales que tuvieron lugar en Suecia en Setiembre de 1976, el Gobierno Social-Demócrata que h ab ía gobernado Suecia cerca de 44 años perdió, y se formó un gobierno de la anti­ gua oposición, constituido principalm ente por m oderados (“ conservadores” ), liberales, y el Partida Centrista (previamente el Partido de los agricultores). Yo resulté electo al nuevo Parlam ento como miembro del partido mode­ rador* de hecho, yo soy el único médico y profesor universitario en el Parlam ento Sue­ ca. Dadas estas circunstancias, puede produ­ cirse por lo menos una detención tem poral de los acontecimientos vislumbrados en mi
* Miembro del Colegio Aeai tJe Médicos, Inglaterra y Miembro Honorario del Colegio Americano de Médico^ Estados Unidos, Médico del Instituto Karolmska, de Estocolmo, Suecia.

trabajo. La libertad para la iniciativa perso­ nal en varias áreas ae la colectividad y va­ rias medidas para controlar la infiltración bu~ rocráctica. Por otra parte, es obvio que se va a m antener la vieja tradición de servicios básicos de salud financiados por la com uni­ dad com o el eje de la Medicina Sueca. En vista que en Estados Unidos ha habido va­ rias propuestas para alguna clase de “ Mediei* na Socializada” , puede ser de interés leer un relato de las dificultades y amenazas que se proyectan sobre la profesión médica en ei curso de tales cambios. La historia del ejem­ plo sueco tam bién puede indicar que un exceso de colectivismo y burocracia final­ m ente fuerzan el péndulo a moverse en sen­ tido opuesto. Hace unos 25 años que escribí una se­ rie de artículos en uno de los periódicos so­ cialistas más prom inentes de Suecia, a fin de discutir la desconfianza prevaleciente entre el partido socialista gobernante y la profesión médica de nuestro país. Para resum ir mis ar­ gum entos, yo proponía algunos puntos de jnterés com ún para am bas partes y sugería que se hicieran intentos serios y sinceros pa­ ra encontrar soluciones razonables y cons­ tructivas. En aquel tiem po yo era un Profe­ sor Asociado joven y mi única ventaja la constituía eí haber crecido dentro de fa je ­ rarquía socialista, conocía sus personalidades del cam po social, su manera de razonar, su trasfondo em brional, sin que yo forzozamente los com partiera. Por tanto, pensé que po­ d ría ayudar a catalizar racciones útiles entre ellos y los directores de la jerarquía médica, cuyos argum entos y sentimientos eran total­ m ente diferentes. Dígase de una vez que mis intentos, a la larga, fueron todos en vano. Algunos años antes, el entonces Director General de la Comisión Sueca de Salud, que era un ardiente socialista y el prim er sanitarista que ocupaba ese puesto (siem pre había sido ocupado por clínicos prom inentes), ha­ bía propuesto publicam ente la socialización com pleta del ejercicio profesional médico en

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Suecia. Sean cuales fueren sus m éritos pre­ vios com o médico —y éstos no eran m uy convincentes— de inm ediato los perdió y de allí en adelante la m ayoría de los colegas, sobre ios cuates tenia autoridad, lo conside­ raron com o un traidor o un enemigo. El go­ bierno de entonces no se dejó impresionar: era obvio que la tarea de transform ar un ejercicio m édico que estaba trabajando razo­ nablem ente bien, en un am biente de profe­ sión asalariada m ezclada con ejercicio profe­ sional, a un ejercicio de funcionarios públi­ cos con horas fijas de trabajo, no iba a me­ jorar ta atención médica ni las finanzas del estado. Consecuentem ente, ja propuesta fue archivada, con solo débiles protestas de algu­ nos m iem bros del partido en los cuales una mezcla de envidia y desconfianza en la ini­ ciativa individua!, ju n to con una fe ciega en el planeam iento estatal, los hacía justificar u n em peoram iento 'e n la prestación de los servicios médicos. El G o bierno y más particularm ente G unnar Strang, entonces Ministro de Asuntos Sociales, y después Ministro de Finanzas, cam biaron rápidam ente su posición en 1955. En Suecia habíam os tenido por largo tiem po un sistema de seguro voluntario que com­ prendía gran parte de la población con va­ rios grados de cobertura, sistema que era útil, pero no suficiente. Es más, m uchos de los que más necesitaban el seguro no habían sido aceptados po r mala salud al m om ento de solicitar el ingreso. Así, en 1955 pasó una ley sobre seguro obligatorio de enferm e­ dad, financiado principalm ente por m edio de im puestos, que cubría las cuentas del hospi­ tal, gran parte de los honorarios médicos y medicinas y un auxilio de incapacidad pro­ porcional al salario. Este sistema trabajó efi­ cientem ente por 15 años hasta que fue cam­ biado, sin razón aparente en 1970. Inicial­ m ente cf cuerpo médico se m ostró escéptico anticipando m orbilidad simulada en los deso­ cupados para recoger incapacidades, lo que haría más difícil el trabajo clínico. Debido a que ios prim eros años de esta etapa coinci­ dieron con em pleo total, este problem a no se m anifestó sino hasta hace poco, en espeeial com o instrum ento de ciertos grupos para declarar huelgas ilegales po r la alta incidencia de ciertas afecciones com o lumbalgias. Los efectos del seguro social de enfer­ m edad fueron en parte beneficiosos para Ja misma profesión medica. No es fácil estable­ cer si el aum ento en las consultas se debió a este seguro o se habría producido de to ­ dos m odos al m ejorar el estandard de vida.

De cualquier m odo, los médicos tuvieron su­ ficiente trabajo (a veces dem asiado), y reco­ gían sus honorarios bajo ciertas norm as y form ularios. Esto perm itió por prim era vez, que las autoridades de hacienda pudieran controlar el ingreso de los médicos, y en los años siguientes las negociaciones de au­ m entos salariales tuvieron com o referencia constante estos datos que aunque eran secre­ tos eran facilitados al estado por las autori­ dades corresponpondientes. El espectro del estado socialista ya estaba vigilando a los médicos. Incidentalm ente, quedó claro que los ingresos más altos se encontraban en aquellas disciplinas com o laboratorio clínico, radiología, otorrinolaringología y derm atolo­ gía (ramas con m uchos pacientes por unidad de tiem po), mientras que la medicina inter­ na, la psiquiatría y la pediatría se encontra­ ban entre los menos afortunados. Por un tiem po, la cohesión profesional fue suficiente para resistir los intentos de la dirigencia de poner a pelear unos grupos con otros. Poste­ riorm ente, la uniform idad fue impuesta, con el resultado inm ediato de que m uchos radió­ logos se fueron a otros países en especial a los Estados Unidos, y los deseosos de seguir otorrinolaringología y laboratorio clínico se hicieron pocos. El gobierno ha tenido que hacer una serie de piruetas para hacerle fren­ te a esta mala distribución profesional, im­ puesta y artificial. LA S F U N E S T A S CONSECUENCIAS UNA HUELGA QUE SE GANO: DE

Hacía fines de 1950 las negociaciones salariales entre las autoridades hospitalarias de la ciudad de G othem burgo y 1a Asocia­ ción Médica Sueca fracasaron y los médicos decretaron una huelga parcial, dejando el hospital sólo con los servicios médicos de emergencia y yéndose a trabajar en ta ciu­ dad a oficinas privadas. El público apoyó a los médicos y obtuvo el servicio medico particular perfecto. Poco después, las autori­ dades tuvieron que ceder y aceptar las con­ diciones de los médicos. Fue una victoria form idable, pero pirrica. Los políticos del Gobierno v los Municipios resolvieron que nunca más quedarían derrotados. Por lo tanto, decidieron aum entar la “ la producción” de médicos en Suecia a tal grado que en el futuro, la cohesión profesional y de su sindi­ cato finalm ente se habría debilitado tanto que sería incapaz de ofrecer cualquier resis­ tencia en futuras negociaciones. Se cuadru­ plicó el núm ero de admisiones a las escuelas de medicina, en form a progresiva, creando otras tres escuelas de m edicina además de

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las tres ya existentes, y duplicando el núme­ ro de estudiantes en cada clase. Esta manio­ bra coincidió con un gran aum ento en la dem anda de educación superior por parte de ciertos sectores económicos, cuya m ejoría en el nivel de vida fue de tal grado que tos padres consideraron que sus hijos no debe­ rían pasar las penurias que ellos habían su­ frido, sino que deberían ingresar a la univer­ sidad. El G obierno encontró un enérgico y vi­ goroso agente de sus políticas en un profe­ sor de A natom ía, Beor Rexed, que es el actual D irector General de la Ju n ta de Salud y Seguridad SociaL Y en los últimos años le ha tocado la ingrata tarea de adm itir que no se le p o d ía prom eter trabajo pagado — el en m om ento de graduarse— a los muchos jóve­ nes que él mismo incitó a ingresar a las es­ c u d a s de medicina.' La gigante zea ola de op­ tim ism o a los años sesenta se había hecho pedazos contra las rocas de las realidades económ icas. Los dividendos de la inversión en adiestram iento e investigación, que pare­ c ía n ser tan promisorios, chocaron con con­ tracorrientes sociales y psicológicas que pu­ sieron en tela de juicio la filosofía del pro­ greso mismo. A fin de tratar de controlar la situa­ ción, una comisión tras otra diseñó horarios a fin de proporcionar adiestramiento en los centros respectivos para los enjambres de m édicos graduados de las escuelas de medici­ na. M ientras que en años anteriores esto no era problem a y el “mercado'* encontraba sus propias soluciones, ahora fue necesario crear una trem enda burocracia para manejar el asunto, con o sin la ayuda de com putadoras. A lo largo de este proceso, el Gobierno se p e rc a tó con que disponía de un instrum ento para el adiestram iento de especialidades, no de acuerdo a las inclinaciones de cada quien, sino de acuerdo a los planes del ministerio. Se trataba de abrir o cerrar la llave en cier­ tas áreas médicas de acuerdo a la dirigencia. Hasta el m omento, esto ha significado un énfasis pronunciado en psiquiatría, medicina general, y atención de cronicos, con una con­ secuente reducción en las especialidades so­ m áticas clínicas. Para los médicos jóvenes, conjugar estas reglamentaciones con sus apti­ tudes se ha convertido en un verdadero arte. Es evidente que la existencia de un m ercado libre y abierto constituye una cons­ tan te amenaza para la marcha de un servicio público socializado, no im porta lo bien fi­ nanciado que esté con el dinero de los con­

tribuyentes. El elem ento de CALIDAD resul­ tante de la preferencia y la confianza que un paciente tiene en determ inado médico, no puede eliminarse fácilm ente, m ientras la gente esté dispuesta a pagar po r la libre elección de un m édico. Por lo tanto los po­ líticos del sistema de salud sueco se han fi­ jado com o nueva m eta eliminar estas alterna­ tivas. En 1960 se eliminaron casi todos ios cuartos de Pensión dentro de los Hospitales Generales, los cuales hab ían existido por cien o más años. Debido a que sólo existían sólo unos pocos hospitales privados peque­ ños, la oportunidad para que un paciente es­ cogiera donde y p o r quien operarse, práctica­ m ente desapareció. Sin em bargo, todavía quedaba m ucha consulta particular con médicos experim enta­ dos, dentro de los recintos hospitalarios, que al m enos le aseguraba al paciente la posibili­ dad de tener acceso a un especialista foguea­ do para el tratam iento am bulatorio. Esto tam bién fue eliminado en 1970 cuando el Ministro de Asuntos Sociales, en form a sor­ presiva, propuso la .abolición com pleta de és­ te últim o bastión de medicina “ privada” d en tro de los hospitales: ningún médico que­ daba autorizado para ver pacientes am bulato­ rios, a cambio de honorarios, dentro del re­ cinto hospitalario. Los pacientes podrían ver — pagar— a un doctor anónim o asignado y que lo atendería en la consulta externa del hospital, y a veces los pacientes veían un médico diferente en cada visita. Consecuen­ tem ente, TODOS los médicos del hospital se transform arían en empleados lGQO/o asalaria­ dos, con un ingreso balanceado en todo el país. En este m om ento, naturalm ente, la Asociación Médica Sueca TENIA que exigir una reglam entación del horario de trabajo, aspirada especialm ente por los elem entos jó­ venes . La generación vieja estaba acostum ­ brada a trabajar duro y a ajustarse a las dem andas que los pacientes exigían.’ Ja gene­ ración joven había com enzado a percatarse lo poco que valían los salarios elevados cuando el im puesto sobre la renta progresivo se llevaba las tres cuartas partes de la renta im ponible, y com enzaron, ju n to con sus es­ posas, a apreciar más el tiem po libre. Este cam bio de actitud coincidió con o tro s de tipo sociológico y en las leyes sobre impues­ tos: anteriom ente el marido era el único con ingreso, m ientras que ahora cada vez más a m enudo la esposa era profesional con un in­ greso propio muy significativo. En la Suecia actual es com ún que los médicos se casen, y como ahora declaran su renta independiente­ m ente, en contraste a lo que sucedía hace 10 años, el ingreso familiar va a ser m uy

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bueno, aunque fas horas de trabajo se reduz­ can por decreto. El efecto de este drástico cambio fue el de reducir las horas de trabajo disponibles en consulta externa. Entonces los pacientes que recibían citas muy atrasadas acudieron en masa a los servicios de emergencias, los que se vieron peligrosamente sobrecargados. I-os médicos tem ieron que su consulta par­ ticular quedaría eliminada con esta oferta de sen'icios médicos prácticam ente libre. Sin em bargo, al principio sucedió lo contrario. Los pacientes, deseosos de m antener una buena relación personal con su médico, y concíen tes de que esto sería imposible con el nuevo sistema, se apresuraron a inscribirse con un médico particular a fin de tener algo seguro en caso de enferm edad. Aún más, un buen núm ero de especialistas de los hospita­ les, con un horario de trabajo muy rígido en el hospital, siguieron atendiendo su clien­ tela en oficinas particulares algunas tardes por semana. De todo lo anterior queda claro que es­ tas puertas de escape disgustaban m ucho a los que m aquinaban el sistema médico socia­ lista, quienes sim plem ente consideraron que había que eliminarlas. Después de algunas dudas acerca del m étodo más eficaz, final­ m ente el gobierno le pidió a todos los m édi­ cos particulares pasar a ser empleados del Seguro de Enfermedad y obtener su salario de acuerdo a ciertas tablas en que el em ­ pleado pagaba una parte y el sistema asegu­ rador el resto (tal vez las tres cuartas par­ tes). Aquellos pacientes que prefirieran ver médicos particulares que no estaban adscritos al sistema perdían el derecho que habían te­ nido de recuperar parte de los honorarios médicos esta m edida tenía por objeto obli­ gar a todos los m édicos a adscribirse al sis­ tema. Los pacientes tendrían entonces que pagar TODO e{ costo de su atención médica, a pesar de contribuir al sistema -a través de sus ^ impuestos. Asimismo, los médicos que habían m ontado consulta particular en el tiem po libre de las tardes fueron invitados a seguir su práctica dentro del hospital con un

salario por hora de trabajo si continuaban fuera del hospital, sus pacientes eran despo­ jados del derecho a reembolso parcial. Así, a fin de presionar a los médicos, el gobierno castigaba a sus pacientes. El p ró jim o paso podría ser ordenar a las farmacias no des­ pachar las recetas de los m édicos que están ‘ trabajando fuera del sistema. LOS “ ADMINISTRATIVOS" TOMAN LAS RIENDAS Y LA MAQUINARIA 1’IEKDK SU LUBRICACION: Mirando otro aspecto de la socialización de la medicina en mi país, la introducción de todas estas reglamentaciones ha resultado en un crecim iento canceroso del núm ero de adm inistradores m édicos a todos los niveles de incom petencia. A Fin de rom per la cohe­ sión de los grupos profesionales dentro de los centros hospitalarios, se han creado las llamadas “ Unidades” que com prenden, por ejemplo, todas las entidades medicas quirúr­ gicas de los diversos departam entos dentro de! mismo hospital. La responsabilidad del manejo de los pacientes se descargó sobre ciertos colegas, a los cuales se les dio la responsabilidad, pero no U autoridad ni los recursos, y sobre los cuales podía echarse la culpa de la falta de previsión de los polí­ ticos y los administrativos. A fin de asegu­ rarse la docilidad y cooperación de algunos médicos prom inentes, se cam biaron las nor­ mas para el nom bram iento en los hospitales. Mientras que anteriorm ente los nom bra­ m ientos hospitalarios los hacía en forma vi­ talicia el gobierno, después de una cuidadosa valoración de los m éritos de los interesados por parte de un com ité científico, en la ac­ tualidad los nom bram ientos son por tiem po lim itado y por las autoridades locales y lo­ m ando en cuenta más factores políticos que m éritos profesionales. Q uedó entonces lisio el escenario para eliminar la independencia y la integridad que hasta ahora habían carac­ terizado m uchos clínicos suecos. Todavía so­ breviven, com o voceros independientes, los profesores, que tienen nom bram iento vitalicio y sobre los cuales recae al final el deber de decir la verdad. F.stos cam bios graduales en áreas diferentes son, al parecer, elem entos de una estrategia definida y a largo plazo. Han culminado en una casi com pleta socialización de la m edicina sueca en un m om ento en que la econom ía de los países occidentales pasa por grandes dificultades, por no decir su com pleto colapso. La prolongada recesión, causa y efeclo a su vez de un círculo vicio­ so integrado po r la ineficiente utilización de

* Llamada la reforma íie fas siete coronas, porque cada vi­ sita a la consulta externa o al médico de zona, el costo de laboratorio, rayos X y de referencia, se cobraba en sieit’ coronas ( US $ LSO ), o sea la m itad de lo que actualmen­ te cuesta cortarse el pelo, 15 coronas.

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Ja fuerza laboral, la dism inución del produc­ to nacional bruto, aum ento tic los costos sociales para m antener gente im productiva, e im puestos progresivos para pagar por lodo esto, ha creado una contra-reacción pública y po lítica hacia ios gastos en seguridad so* cial, que afecta la prestación médica en ge­ neral, y a los hospitales en particular, por ser lo más caro del sistema. Es en este m ercado en refracción para la medicina INSTITUCIONAL que los prim e­ ros batallones del cada vez más num eroso ejército de médicos suecos se están acercan­ do ai campo de batalla. A fin de poder em­ plearlos, los dueños de ios hospitales —los m unicipios— tratan de reducir el número de horas o ios salarios de los ya empleados, o sim plem ente de despedirlos y contratar nue­ vos por un tiem po. Tom ando en cuenta los nuevos reglam entos y 1 los contratos de traba­ jo , tan to m últiples com o complejos, resultan­ tes de las negociaciones colectivas, la Comi­ sión de Seguridad SoCial publicó recientem en­ te un libro de 60 páginas sólo para describir com o se calcula el num ero de médicos nece­ sarios en cualquier departam ento o servicio. Este libro es un fascinante m onum ento al total absurdo en que los legisladores, admi­ nistrativos y sindicalistas han transform ado una m aquinaria que funcionaba simple y eficientem ente. No es de extrañar que mu­ chos clínicos que antes desem peñaban un pa­ pel activo en el manejo de los hospitales suecos se alejen de estas verdaderas pesadi­ llas, declinen com partir responsabilidades y traten de encontrar un refugio para su idea­ lismo y com pasión retornando al ejercicio de la medicina com o un ARTE. Desgraciada­ m ente, este escapismo no va a m ejorar las cosas. El “ sistem a” se ha infiltrado a todo nivel de actividad m édica. I jüs políticos y los adm inistrativos han hecho un buen trabajo y no han estado dur­ m iendo, Por el contrario, m uchos médicos suecos, al igual que m uchos hom bres de ne­ gocios, han estado cavando sus propias tum ­ bas durante los fines de semana con los pa­ los de golf. Uno entonces se pregunta si ya se alcanzó la m eta final del movimiento so­ cialista. Casi todas las actividades profesio­ nales ■médicas han sido dolosam ente regla­ m entadas y todas las horas de trabajo y sa­ larios norm ados y dism inuidos anualm ente, debido a una insuficiente compensación del proceso inflacionario. La libre elección de su p ropio médico se ha elim inado, a menos que uno quisiera y pueda pagar por los servicios que recibe v por los que no usa. Pero que­ da, otro cam po, el de los MEDICAMENTOS.

Cojisecuent em ente, el próxim o asalto está program ado sobre las casas farmacéuticas, que están amenazadas por la socialización, y que ya han sido parcialm ente intervenidas por el estado, así com o las farmacias, entra­ bando la líbre com petencia, y posiblem ente obligando al éxodo a la parte creativa de la industria farm acéutica sueca. Cuano esto He* gue, si llega, la medicina sueca se irá acer­ cando al patrón médico que existe en Euro­ pa Oriental. He tratado de describir las varias etapas que conducen ai presente y futuro del servi­ cio médico en Succia (Tabla No. ]). Si ha existido una estrategia a largo plazo en estos acontecim ientos y un aprovecham iento intelU gente de cada coyuntura, es difícil decirlo estando fuera de la estructura de poder. Mi sentir, sin em bargo, es que la teoría de que existió una estrategia a largo plazo es casi correcta, y que sus tácticas se han hecho más fáciles con cada nueva victoria. Esto ha ido depletando a la profesión médica cada vez más de campos de batalla, defensas y m unición. Mirando hacía atrás los 25 años de continua retirada, siento que la política de negociar ha sido equivalente a muchas batallas perdidas. U>s intentos para tender puentes de piata entre ambas partes no con­ dujo a una com prensión MUTUA. Es difícil saber si una actitud más férrea de nuestra parte hubiera tenido más éxito. El Par­ lam ento Sueco se ha dem ostrado capaz de dictar casi una ley marcial contra tres gru­ pos de la sociedad: los médicos, los dentis­ tas y las enfermeras, tres grupos cuyos servi­ cios parecen ser más vitales que otros para la supervivencia de una sociedad civilizada. No estoy m uy seguro de que lo que nos pasó a nosotros podría ser evitado en otras partes, sí se m antiene en el poder un partido socialista aguerrido. Pero por lo me­ nos, si señalamos algunas de las estrategias que se han usado, podrem os estar listos para defender el últim o bastión de la profesión médica. TABLA 1 ALGUNAS ETAPAS PARA SUBYUGAR UNA PROFESION LIBRE 1. Crear el seguro de enferm edad obligato­ rio y obligar a los m édicos a horarios de trabajo, escalas salariales y trabajo de papeleo. 2. Cum plida esta etapa, transform e a los

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médicos en empleados públicos pagándo­ les un salario fijo por una determ inada jornada semanal. 3. Prohíba las actividades profesionales fue­ ra de la jornada de trabajo. (Son tolera­ bles actividades, pero no en calidad de médico. No se Ji mita el trabajo de Jos curanderos, pero si el de los médicos}. Aum ente la producción de médicos en las escuelas de medicina para producir un exceso de profesionales, a fin de ba­ jar su ingreso y su nivel de vida. Centralice todo el adiestram iento de post-grado y elimine la elección indivi­ dual de futura especialidad. Elimine la libre elección del médico por el paciente regio na lisiando tos hospitales y centros de salud. Introduzca la política en las univer­ sidades, las escuelas de medicina y la concesión de fondos para investigación. Elimine las notas y puntaje en los estu­ dios graduados y posl graduados y q u í­ tete énfasis al m érito profesional para la asignación de puestos. Deje que los cuerpos políticos hagan los nom bram ientos médicos más im portan­ tes. Socialice y uniform e la producción distribución de m edicam entos. y

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Acumule toda la inform ación de ios pa­ cientes en una com putadora nacional.

LOS MEDICOS JOV ENES Y F.L FUTURO: ■ ‘La profesión médica ” de hoy día es diferente a la de hace 25 años. A través d< este tiem po el núm ero de médicos ha au­ m entado considerablem ente y el prom edio de edad de los médicos ha dism inuido por un proceso de dilución. Desde el punto de vista p o lítk o , la m ayoría de los médicos suecos son todavía probablem ente conservadores, li­ berales, pero un considerable núm ero de mé­ dicos jóvenes en las áreas de psiquiatría y m edicina social pertenecen a los grupos de izquierda y tienen fácil acceso a los vastos medios de com unicación a los que tiene acceso esta tendencia política.

A través de los siglos la imagen básica del buen m édico se ha fundado en los con­ ceptos Hipocráticos del ejercicio profesional y otras características com o libertad intelec­ tual, integridad personal y respeto por la persona humana, estos valores no son necesa­ riam ente apreciados por ciertos médicos jove­ nes que en un esfuerzo desesperado y antiin­ telectual de captar los problem as del m undo actual, tratan de encontrar una vía de esca­ pe sumeriéndose en conceptos com o médicos “ colectivistas” o ios “ médicos descalzos” , en m ayor o menor grado. Para este grupo, la evolución que yo he descrito en térm inos esen cialm en te negativos probablem ente se aprecia en térm inos opuestos, tales como la derrota del capitalism o, o de algún otro “ ísm o” . Aún mas, todavía puede quedar UN com ún denom inador para los médicos libera­ les y los revolucionarios, el cual Sería una avasalladora consideración hacia el PACIEN­ TE, en contraposición a las crecientes de­ mandas y com andos producidos por las auto­ ridades que representan el estado y que ha­ blan en nom bre del COLECTIVISMO. En el escenario en que la medicina se ha practi­ cado por miles de años, el PACIENTE ha sido el cliente y el empleado del médico. Hoy d ía es el estado el que clama ese papel y el que puede determ inar las condiciones en que va a trabajar el m édico. Estos dicta­ dos no se van a limitar a las horas de tra­ bajo, salarios y listas de m edicam entos, sino que van a invadir todos tos ángulos de la relación médico paciente. Cuando el expe­ diente clínico de todos los pacientes esté al­ macenado y actualizado en una com putadora estatal, poco ' va a quedar de la medicina que conocim os. Si no peleam os y ganamos la batalla ahora, el día de m añana no habrá ninguna pelea que dar. La integridad e inde­ pendencia del m edico en cualquier “ sistema” de prestación médica depende en últim o tér­ m ino de que pueda dejar la profesión si las condiciones de trabajo son inaceptables y en­ contrar fuera del “ sistem a” una labor signifi­ cativa que le permita vivir.' En mi país, la estrategia socialista parece dirigida hasta el m om ento, a cerrar esta últim a posibilidad. Y puede intentarlo con cieña confianza, puesto que la nueva generación de médicos en Sue­ cia nunca ha vivido en una sociedad liberal, o sea, la libertad de escoger su propia área de actividad, y la existencia del ejercicio de la medicina com o un ARTE cariñosam ente ejercido por individuos que no pueden evitar hacer lo que les gusta, y amar su trabajo de todos los días.

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