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Acatisto a San Nectario de Egina

Oraciones iniciales: En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, Amén. Gloria a Ti, Nuestro Dios, gloria a Ti. Señor Rey del Cielo, consuelo nuestro, Espíritu de la Verdad, que estás en todas partes y que llenas todo. Tesoro de bien y Dador de Vida, ven y vive en nosotros, purifícanos de toda mancha y salva nuestras almas, Oh Bondadoso. Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros (3 veces).
Gloria al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

S

antísima Trinidad, ten piedad de nosotros. Señor, perdona nuestros pecados. Soberano nuestro, absuelve nuestras faltas. Oh, Santo, busca y sana nuestras debilidades, por tu Santo Nombre. Amén. Señor, ten piedad (3 veces).
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

Padre nuestro que estás en el Cielo, santificado sea tu Nombre. Venga a nosotros tu Reino, hágase tu Voluntad así en la tierra como en el Cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a quien nos ofende. No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal.

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Porque Tuyo es el Reino, el Poder y la Gloria, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNOS:

Ten piedad de nosotros, Señor, ten piedad de nosotros: pues aún sin tener excusa para nuestras faltas, nosotros, pecadores, Te dirigimos como a nuestro Señor esta súplica: ¡Ten piedad de nosotros!
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

Señor, ten piedad de nosotros, pues en Ti hemos puesto nuestra esperanza. No Te enojes con nosotros, ni Te acuerdes de nuestras faltas, sino míranos con benevolencia, y líbranos de nuestros enemigos. Pues Tú eres nuestro Dios, y nosotros Tu pueblo. Todos somos obra de Tus Manos e invocamos tu Nombre.
Ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

Ábrenos las puertas de la Misericordia, Bendita Madre de Dios, para que no decaigamos los que confiamos en Ti, sino que seamos libres de toda adversidad con tu ayuda, pues Tú eres la salvación de todos los cristianos.
Señor ten piedad (12 veces).

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Himno (Kontakión) primero del Acatisto Al nuevo y brillante astro en el firmamento de la Ortodoxia, al nuevo baluarte de la Iglesia, con alegría celebremos. De él brotan sanación y gracia espléndida. Por esto, cantemos: ¡Alégrate, Padre Nectario! Verso (Icos) primero del Acatisto Como portador de las alegrías divinas, te mostraste en el mundo, Nectario, servidor de Cristo, llevando una vida sin mancha; justo, piadoso e inspirado por Dios, recipiendario de muchos dones; por esto, también de nosotros recibe nuestros cantos: Alégrate, que por medio tuyo se enaltecen los que creen con fe; Alégrate, que por ti desaparecen los enemigos; Alégrate, copa dorada de sabiduría; Alégrate, que con tu auxilio podemos vencer la maldad del mundo; Alégrate, morada de santidad y de los dones divinos; Alégrate, libro celestial de la nueva mansión angelical; Alégrate, que te revelaste plenamente santo; Alégrate, que a todo lo material renunciaste; Alégrate, recompensa brillante de la fe; Alégrate, poderoso y devoto mediador ante la Gracia; Alégrate, que la Iglesia se honra en ti; Alégrate, que la Isla de Egina por ti se alegra; ¡Alégrate, Padre Nectario!

Himno segundo

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Habiéndote mostrado sabio desde joven, la luz divina te iluminó el alma y el brillo de los santos mandamientos seguiste, oh Piadoso. Por esto, creciendo en virtud, desde niño comenzaste a cantarle a Cristo: ¡Aleluya! Verso segundo Dirigiéndote a la ciudad de San Constantino, tuviste al temor de Dios como guía y la búsqueda de la santidad como manto. Por esto, alimentándote de la sabiduría divina, a aquellos a los que tu palabra les ha llenado de una felicidad santa, les oyes exclamar: Alégrate, vid eterna; Alégrate, néctar de la ambrosia; Alégrate, que del Redentor nos fuiste enviado como un sanador luminoso; Alégrate, que a los primeros Padres seguiste; Alégrate, piedra nueva de la creación pensante; Alégrate, nueva corona de la Iglesia íntegramente fiel; Alégrate, tú que te mostraste como una rosa recién florecida; Alégrate, que de Dios recibiste el don; Alégrate, nueva estrella en la fe del pueblo; tú que brillas en la gloria del Creador; Alégrate, sabio administrador de los mandatos divinos; Alégrate, imagen de las veneradas virtudes angelicales; ¡Alégrate, Padre Nectario! Himno tercero La verdadera sabiduría buscaste, deseándola desde tu juventud y a Nuestro Señor Jesucristo le pediste fervientemente que te hiciera merecedor de su altísima belleza. Por eso, Nectario, con fe, también tú alabas al Señor, diciendo; ¡Aleluya! Verso tercero Se alegró tu alma, Nectario, como sucedió alguna vez a los grandes padres, Basilio y Gregorio, yendo hacia Atenas a aprender de la enseñanza correcta. Por eso, con alegría te exclamamos: Alégrate, hijo de la luz celestial; Alégrate, heredero de la piedad divina; Alégrate, tú que huiste de los engaños del mundo; Alégrate, que nunca dejaste de desear el camino de santidad; Alégrate, mente favorecida por Dios, llena de sabiduría beatífica; Alégrate, cual pedernal del Santo Espíritu, fuego ardiente de la razón cristiana: Alégrate, porque una vida correcta tuviste; Alégrate, que venciste los engaños del astuto, Alégrate, tú que abriste la puerta del alma al amor de Cristo; Alégrate, que en ti floreció todo bien luminoso;

Alégrate,

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Alégrate, sólido auxilio de los que creen; Alégrate, lanza temida por el enemigo; ¡Alégrate, Padre Nectario! Himno cuarto Teniendo el celo divino de los Piadosos Padres, nunca dejaste de desear una vida de pureza. Por eso, en la Isla de Quíos y con felicidad, entraste a la obediencia monacal, dejando defraudado al maligno, por lo que no dejaste de cantar al Señor: ¡Aleluya! Verso cuarto Escuchó el Jerarca Celestial tu oración, porque a Él te dirigiste con todo tu corazón. Por eso, las aguas en las que navegabas se sosegaron y la tormenta cesó. Viendo esto, quienes fueron salvados por tus oraciones, con agradecimiento y fe cantaron sin cesar: Alégrate, sanador enviado por Dios; Alégrate, manantial inagotable de milagros; Alégrate, nuevo astro de la Iglesia, resplandeciente; Alégrate, tú que moras junto a todos los Santos; Alégrate, precioso vaso de los dones celestiales; Alégrate, jardín que florece en virtudes angelicales; Alégrate, tú que sosiegas las tormentas del mar; Alégrate, tú que las voces blasfemas callas; Alégrate, nuevo elegido por Cristo; Alégrate, piadoso sembrador de virtudes; Alégrate, tú que amas la vida espiritual; Alégrate, tú que fuiste recompensado con la alegría celestial ¡Alégrate, Padre Nectario!

Himno quinto Oh, Jerarca Santo, te nos has mostrado, en estos tiempos finales, como merecedor de veneración, como alguna vez sucedió con los primeros Santos. Porque, de la misma manera que ellos lo hicieron, así viviste, realizando gloriosos milagros, amparando en su necesidad a quienes te exclaman: ¡Aleluya! Verso quinto Como un pastor elegido por Dios, te revelaste en Egipto, sacerdote radiante de Pentápolis, buscando, como alguna vez lo hiciera San Pablo, la vida de Cristo. Por eso, también los fieles, conociendo tus virtudes, con cantos de alegría expresan: Alégrate, grandeza de las ciudades; Alégrate, esencia de la piedad;

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Alégrate, semejante a los Venerados ascetas; Alégrate, esplendor nuevo del sacerdocio; Alégrate, copa de bondad y tesoro del amor; Alégrate, dador de paz y manantial de misericordia; Alégrate, que a la Iglesia te mostraste resplandeciente; Alégrate, guía de los fieles; Alégrate, ejemplo de vida sin mancha; Alégrate, candela de la divinidad; Alégrate, sacerdote que desde las alturas oficias; Alégrate, excepcional portavoz de lo divino; ¡Alégrate, Padre Nectario!

Himno sexto Vieron los cristianos de Egipto que eras un verdadero sacerdote del Evangelio. Por eso, muchos, al escucharte predicar, pensaron que tenían ante ellos a un nuevo Santo Padre de la Iglesia. Ellos, junto a ti, no dejaron de enaltecer al Señor, diciendo: ¡Aleluya! Verso sexto También en Grecia fulguraste, asemejándote a un nuevo apóstol, encendiendo los corazones de los fieles con el fuego de tus santas enseñanzas y con los destellos de tu virtuosa vida. Por eso, recibiendo nosotros también tu luz, te cantamos de esta manera: Alégrate, luz en la Iglesia del Señor; Alégrate, clarín que anuncia la verdad; Alégrate, tú que tuviste la devoción de los apóstoles; Alégrate, fuente de gracia y salud; Alégrate, divino orador con palabras de vida; Alégrate, que llenas de gracia son tus homilías, oh Sabio; Alégrate, tú que sanas las almas de toda aflicción; Alégrate, que calmas los arrebatos del corazón; Alégrate, excelso maestro de los creyentes; Alégrate, grande asceta, seguidor de Cristo; Alégrate, que muchas tentaciones resististe; Alégrate, tú que conduces las almas hacia Cristo; ¡Alégrate, Padre Nectario!

Himno séptimo

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Grande entre Jerarcas y sabio entre maestros, no dejaste de ser un humilde asceta de Cristo, oh Piadoso. Por eso, fuiste llamado a ser padre espiritual de aquellos que se preparaban para el sacerdocio. Junto a ellos, te honramos y cantamos: ¡Aleluya! Verso séptimo Néctar de justicia y fruto de vida santa, los caminos divinos seguiste, amparado por un cielo espiritual; a nosotros, que vivimos tiempos de prueba, siempre nos auxilias. Por eso, nuestras almas se alegran, cuando te cantan cosas como éstas: Alégrate, camino a la felicidad; Alégrate, brisa de eternidad; Alégrate, que de ti brotan aguas de gracia; Alégrate, tú que hiciste callar al malvado; Alégrate, primavera de santidad, que disipas inviernos de la mente; Alégrate, brillo que iluminas hasta la más profunda oscuridad; Alégrate, que alejas los pensamientos errados; Alégrate, que alegras los corazones de los fieles; Alégrate, auxilio de los que creen; Alégrate, tú que vences las herejías; Alégrate, perdición de los que difaman; Alégrate, sanador de los enfermos; ¡Alégrate, Padre Nectario!

Himno octavo Excepcionales milagros brotan de tu gran misericordia, Padre, sanando a quienes sufren de dolor. Por eso, también a tu Santo Monasterio, permanentemente llegan multitudes buscando curación a sus enfermedades, cantándote sin cesar: ¡Aleluya! Verso octavo Puerto seguro es tu Monasterio, oh Santo, en la Isla de Egina. Ahí empezaste a conducir las almas de sus religiosas hacia la salvación, dirigiéndolas con sabiduría en el camino a Cristo. Por eso, incesantemente siguen orándote así: Alégrate, tú que trabajas con santidad los pensamientos; Alégrate, océano de paciencia; Alégrate, imagen viva de la humildad; Alégrate, santo tesoro de pureza; Alégrate, candela de virtud y santuario de castidad; Alégrate, morada de virtudes y templo de compasión; Alégrate, que hacia Dios conduces tu Monasterio; Alégrate, que todas tus fuerzas y fervor en aquel pusiste;

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Alégrate, guardián luminoso de Egina; Alégrate, que eres un auxilio pronto para los que creen; Alégrate, que a muchos has librado del peligro; Alégrate, tú, que al astuto al más profundo abismo desterraste; ¡Alégrate, Padre Nectario!

Himno noveno Llenas de santa gracia y de aroma espiritual son tus Santas Reliquias. La mirra que brota de ellas no sólo perfuma tu Santo Monasterio, sino también a toda la Isla de Egina, bendiciendo a los que no dejan de cantarte: ¡Aleluya! Verso noveno Manantial de gracia son tus Reliquias y llenas de dones celestiales. Multitudes de enfermos son sanados por ellas y pecadores son redimidos. Por eso, junto a ellos, te exaltamos diciendo: Alégrate, tú que viertes sanaciones; Alégrate, liberación del sufrimiento; Alégrate, que pronto acudes en auxilio; Alégrate, que en sueños te muestras entre nosotros; Alégrate, fuente que nos das el amor del Padre; Alégrate, refugio de alegrías espirituales; Alégrate, que del terrible cáncer a muchos has sanado; Alégrate, que al enemigo has vencido; Alégrate, que ante ti se doblega la vanidad del conocimiento humano; Alégrate, que prodigas tu ayuda a quienes creen; Alégrate, vestidura preciosa de los Jerarcas; Alégrate, tú que iluminas la mente de los ignorantes; ¡Alégrate, Padre Nectario!

Himno décimo Auxilio y protector te han nombrado todos los creyentes que han gozado de la dulzura de tus bondades. Porque de los que te han llamado con fe, ninguno no ha quedado sin consuelo por tu gracia. Por eso, todos con alegría cantan: ¡Aleluya!

Verso décimo

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La noticia de tus milagros ha trascendido por doquier, oh portador de Dios. Y tú, aún a los que están muy lejos, pronto has ayudado, salvándolos de peligros y aflicciones. Por eso, a ti se dirigen diciendo: Alégrate, que Grande fuiste nombrado entre los Padres de la Iglesia; Alégrate, que tienes un lugar de veneración entre los santos; Alégrate, que eres honrado de la misma forma que los primeros de ellos; Alégrate, que has sido coronado entre los Santos Padres; Alégrate, triunfo de la fe, fortaleza de los cristianos; Alégrate, manantial de la Gracia, rubor de los que no creen; Alégrate, que tú nos revelas la gloria de la verdad; Alégrate, tú que cierras la boca del pecador; Alégrate, alegría y fuerza de los creyentes: Alégrate, auxilio y firmeza de las almas; Alégrate, que por ti Cristo se glorifica; Alégrate, que desvaneces al maligno; ¡Alégrate, Padre Nectario!

Himno decimoprimero Innumerables cantos de agradecimiento, te elevamos, Padre, quienes somos bendecidos por tu amparo en nuestras penas, porque con rapidez has venido a disipar la tristeza. Por eso, con tu ayuda, alabamos a Cristo, diciendo: ¡Aleluya! Verso decimoprimero Con las llamas de tus milagros has abrasado el celo de los espíritus malvados y con perseverancia has acudido en auxilio de los fieles; en momentos de sufrimiento les has librado del dolor y les has sanado de distintas enfermedades. Por eso, con fervor, todos dicen así: Alégrate, sanador de los enfermos; Alégrate, pavor de los demonios; Alégrate, que a los que padecían de fiebres has sanado; Alégrate, que a los que erraban has corregido; Alégrate, que has hecbo que brote agua de fuentes secas; Alégrate, que has bendecido Egina con tus fervientes oraciones; Alégrate, que por medio tuyo se nos revela la misericordia de Dios; Alégrate, tú que has vencido sequías, trayendo abundante lluvia; Alégrate, manantial abundante de gracia; Alégrate, estrella que a todos ilumina; Alégrate, sapientísimo padre espiritual de tu Monasterio, Alégrate, que de sus monjas escuchas decir: ¡Alégrate, Padre Nectario!

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Himno decimosegundo La Gracia del Espíritu Santo brota en abundancia de tus Santas Reliquias. Igual que un río, cuyas aguas corren sin fin, esa Gracia socorre las almas que sufren y cura las enfermedades de quienes con fe le cantan al Señor: ¡Aleluya! Verso decimosegundo Cantando junto a todos los ángeles el himno de la Santísima Trinidad, dirige desde lo alto tu mirada hacia nosotros y, por tu piedad sin límites, no dejes de ayudar a quienes con fe nos dirigimos a ti, diciendo: Alégrate, hijo de Selimbria; Alégrate, gloria de la Iglesia; Alégrate, orgullo de Egina; Alégrate, guardián de Grecia; Alégrate, imagen y modelo de humilde Jerarca; Alégrate, protector y salvador de los que siguen la obediencia monacal; Alégrate, lucero nuevo de la Iglesia: Alégrate, don que fortalece a los piadosos; Alégrate, tú que disipas las aflicciones; Alégrate, que por medio tuyo muchos alaban a Dios; Alégrate, defensor incansable de los fieles; Alégrate, pronto mediador ante el Creador; ¡Alégrate, Padre Nectario!

Verso decimotercero Oh, Bondadoso Padre, luz de los ortodoxos, Jerarca de Cristo, Nectario, tú que estás frente al Trono de Dios, pídele incesantemente por el perdón de nuestros pecados y para que regresemos al camino de la Gracia. Porque también nosotros al Salvador cantamos: ¡Aleluya!

(Este verso se repite 3 veces). Luego:

Al nuevo y brillante astro en el firmamento de la Ortodoxia, al nuevo baluarte de la Iglesia, con alegría celebremos. De él brotan sanación y gracia espléndida. Por esto, cantemos: ¡Alégrate, Padre Nectario!

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Luego se repite el Himno primero y el Verso primero. Al terminar, se hace la siguiente oración: Oh, santísimo y honradísimo, muy milagroso Nectario, recibe esta pequeña oración que te dirigimos como siervos inmerecedores, porque en Tí, como en un verdadero manantial de consuelo y pronto auxilio milagroso nos refugiamos, y dirigiendo nuestros ojos a la santidad de tu ícono, con lágrimas incontenibles te pedimos: Ve, oh Santo, nuestras aflicciones, nuestra pobreza y nuestra bajeza. Ve las heridas de nuestras almas y cuerpos. Te pedimos, San Nectario, ven pronto en nuestro auxilio con tus incesantes y santísimas oraciones y ayúdanos. No te olvides de nuestro dolor y no nos ignores a nosotros, indignos y necesitados, porque sabemos, oh Santo de Dios, que aunque sufriste grandes injusticias por tu amor a Cristo, por medio de ellas recibiste el don de Dios y hoy puedes gozarte de estar en el Reino preparado para aquellos que han vivido en santidad, por lo que sabemos que quien a Ti acuda en busca de auxilio, orando con fe, no ha quedado sin ser atendido. Porque, ¿Quién ha pedido tu ayuda, oh milagroso y no le has aliviado su sufrimiento? Tus milagros y tu auxilio nos han decidido, a quienes somos indignos, a llamarte en busca de tu amparo. Sabemos Jerarca elegido, de muchísimos milagros de sanación que has realizado, como un nuevo médico de los más necesitados. No conocemos ninguna enfermedad, ningún dolor que no puedas sanar, pero, aún más, se sabe que no sólo has curado enfermedades a las que los médicos consideraban incurables, sino que también has ayudado a muchísimos enfermos a fortalecerse en la fe y en la paciencia, recibiendo luego recompensa por ese sufrimiento. Débil es nuestra fe, pero a Ti acudimos con esperanza y con lágrimas. Arrodillándonos, te pedimos, oh Santo Jerarca Nectario, que intercedas por nosotros ante Jesucristo, Hijo de Dios, Aquel que nunca dejó de escuchar las oraciones que elevabas en tu propio sufrimiento, sino que siempre te escuchó, te fortaleció y te recibió en su morada celestial. A Él pídele que también nosotros seamos ayudados y que nos muestre Su misericordia al escuchar tus oraciones, y que seamos también de la aflicción y el sufrimiento liberados, para seguir bendiciendo al Dios que es en Trinidad alabado, ahora y siempre y por los siglos de los siglos, amén. ______________________________
Traducido por David Menchu, del texto publicado en: http://www.sfantulnectarie.ro/HTML/BARA%20MENIURI/acatist.html