MANIFIESTO POR LA DIGNIDAD NACIONAL
 
Colombia atraviesa hoy por la más grave crisis política y moral de su historiarepublicana, de una dimensión tal que amenza la estabilidad de la democracia, lalegitimidad del Estado y la respetabilidad de nuestra nación. La corrupción visibleen todas las esferas de la actividad pública y generalizada en los procesos decontratación y vinculación al servicio del Estado en sus distintos niveles, le haarrebatado la dignidad al ejercicio de la función pública. La dirigencia política, conhonrosas excepciones, ha tenido una altísima responsabilidad en el descalabro producido y, por ello mismo, carece de autoridad moral para combatir las causas dela crisis en que nos debatimos. La mayoría de esos dirigentes han sido beneficiariosde los vicios y prácticas electorales que han corrompido al sistema democrático, yen su afán de conservar sus privilegios no respetan límites éticos ni fronteraslegales.
 
En todos los sectores de la sociedad crece la desconfianza, el desconcierto y laindignación por los actos antijurídicos del gobierno nacional que se “pupitrean” por mayorías arrodilladas y se imponen como hechos cumplidos. Las evidencias sonincontrastables: suplantación de la Carta Política que nos rige, adopción de procedimientos ilegales en el trámite legislativo, acuerdos políticos con jefesguerrilleros elevados a la categoría de actos propios de una Asamblea Constituyente,desconocimiento de la voluntad popular expresada en las urnas el 2 de octubre pasado, creación de un tribunal de justicia con ingredientes supranacionales,vulneración del principio de cosa juzgada, y muchas más. La propia apariencia denormatividad constitucional y legislativa que se cumple en virtud del llamado FastTrack, deja tras de sí normas ostensiblemente contrarias al Estado de Derecho quenos rige. Por ese camino, el futuro de la nación queda sometido a una legislacióncarente de fuerza jurídica, circunstancia que conducirá a un proceso de sustitución ycambios según el vaivén de las justas electorales. De esa manera, la Carta Políticano sólo deja de ser factor y garantía de estabilidad social, sino que obra comoinductora de desorden y anarquía en el ordenamiento jurídico.Los colombianos observamos con preocupación el crecimiento exorbitante delPoder Ejecutivo, convertido en amo omipotente que ejerce una perversa influenciasobre las otras ramas del poder público, eliminando su autonomía y su capacidad para servir de contrapesos en una democracia. El atropello constitucional se haconvertido en norma y las pocas voces que se alzan para protestar se diluyen en unambiente de apatía ciudadana o se ahogan en medio de la voluminosa propagandaoficial que pinta de bienaventuranzas la trágica realidad nacional.
 
Otro capítulo de la descomposición se evidencia respecto del Poder Jurisdiccional.Basta mirar las encuestas sobre la imagen que tiene la gente de nuestrasinstituciones para comprobar la enorme insatisfacción de los colombianos con losórganos encargados de administrar justicia. Es urgente e imperiosa una reformaestructural del poder judicial, tanto en su conformación como en sus funciones,
 
 porque se ha perdido la fe en la justicia que es lo peor que le puede suceder a unasociedad.
 
Lamentablemente, el Directorio del Partido Conservador y los parlamentarios que lorepresentan, se han convertido en un apéndice dócil del Ejecutivo Nacional, que losutiliza y maneja a su arbitrio para completar las mayorías necesarias en laaprobación precipitada de leyes y actos legislativos, cuya esencia y alcancescontrarían el orden constitucional, los principios del Conservatismo y lossentimientos de la base conservadora.
 
En manos de esta ocasional dirigencia, nuestro Partido ha perdido su fisonomía, sumística y su talante. Frente a los grandes desafíos que encara nuestra nación esosempequeñecidos dirigentes han silenciado al Partido, y lo han convertido en un actor  pasivo que no opina ni formula propuesta alguna para los males que afligen a lanación y, por lo mismo, incapaz de interpretar las aspiraciones de los colombianos.En manos de estos oficiosos servidores del régimen, que se autoproclamanconservadores pero sólo para beneficio propio, el Partido se ha extraviado de sudoctrina que es el fundamento de su existencia.
 
Esta lamentable situación nos obliga a manifestar públicamente que nos resistimosa seguir las directrices y las orientaciones de un Directorio que no nos representa,sentimiento que comparten miles de copartidarios decepcionados de una dirigenciaque no ha sido capaz de trazarle a nuestro Partido un rumbo coherente con sus principios fundacionales ni miras elevadas en su accionar político. Hoy, nuestracolectividad no está sincronizada con los intereses supremos de la nación y por esosu imagen se percibe desteñida y deteriorada por la opinión pública en el ámbitonacional.
 
Pero esta circunstancia no debe movernos a la desesperanza. Por fortuna, el Partidotiene en sus filas la solución a su pérdida de vitalidad y de su destino histórico.Estamos convencidos de que el expresidente Andrés Pastrana tiene las condiciones ycalidades para emprender una cruzada de restauración política y moral de nuestraColectividad y de nuestra nación. El ha sido uno de los pocos dirigentescolombianos que ha actuado con dignidad frente a los desafueros del régimen, queha defendido los principios conservadores, que ha tenido el valor de denunciar lasviolaciones al orden constitucional y señalado el rumbo equivocado por el quetransita nuestra nación. Estas consideraciones nos mueven a solicitarle al ilustreexpresidente que recoja el sentimiento de inconformidad del pueblo colombiano yacepte liderar un movimiento de auténtica reconstrucción nacional que aglutinehombres, mujeres, jóvenes, obreros, campesinos y empresarios con la fuerzasuficiente para restaurar los valores y la ética perdidos, recomponer la maltrechainstitucionalidad, afianzar la verdadera paz sobre cimientos de orden y justiciasocial y encauzar el país por senderos de concordia y progreso.
 
Firman
Alba Cristina GruesoAlba MarrugoAlba Nelly Alzate
 
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