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Historia de la Ciencia

El Plata, a pesar de la labilidad de las instituciones científicas de estas costas, fue una región relativamente rica en coleccionistas y aficionados al conocimiento de la naturaleza y de las antigüedades. Esto constituyó la base de una sociabilidad de intercambio de materiales y de bibliografía cuyo estudio recién se inicia. Esta serie procura mostrar, por un lado, uno de los rasgos de las prácticas científicas en el contexto rioplatense del Siglo XIX. Nos referimos a su carácter colectivo y asociacionista: ya en los meros intentos de creación de un museo en 1812, la recopilación de la naturaleza local se presentaba como una tarea colectiva, modelada por instrucciones circulantes a través de la estructura jerárquica de la administración burocrática. La herencia de la tradición española y la de las órdenes religiosas, referida al estudio físico de un territorio a través de protocolos de observación y descripción se combinó luego con las iniciativas de distintas asociaciones eruditas, surgidas en emulación con las academias centrales y provinciales francesas y las sociedades científicas que proliferaron en la Inglaterra de la primera mitad del siglo XIX. Cuando la historiografía consagra a alguna figura como fundador de una tradición científica local, está resaltando, sin saberlo, la emergencia en la Argentina de una estructura donde el conocimiento de la naturaleza empieza a organizarse como la obra de un autor. Esta serie quiere colaboran a dilucidar algunos de los pasos por los cuales la ciencia local empezó a estructurarse de esa manera. Valga como complemento y base de esta colección, el trabajo desarrollado desde el Museo de La Plata, que se irá volcando en los distintos libros de esta serie para demostrar que la visibilidad de estos individuos esconde, en realidad, la red de provisión de datos y de intercambio de ideas que, más allá del relato historiográfico tradicional, sustenta la práctica de disciplinas tales como la antropología, la zoología y la paleontología. También se incluirá el análisis de la creación de las nuevas intituciones del siglo XX, cuando aparecerán nuevas formas de sociabilidad para los jóvenes, generadas desde las políticas sobre educación científica y universitaria. Por otro lado, la serie quiere contribuir a la difusión en nuestro idioma de autores y obras muy poco conocidas. Para ello nos proponemos traducir trabajos escritos en diversas lenguas europeas y, en cada volumen, compilar una extensa bibliografía que de cuenta de las tendencias internacionales de la historia de la ciencia de los últimos años del siglo pasado y los primeros de nuestro siglo XXI. Irina Podgorny, Buenos Aires, marzo de 2009