José, hijo de Jacob.

Parte
2

Los hermanos de José lo
vendieron como esclavo,
a unos mercaderes, por
20 monedas de plata.
De esta manera José sale
de Canaán (Israel) y llega
a Egipto.

Francisco Martínez A.
Mayo 2013



Continuación de la parte prinera , noviembre 2010
Fuente: Catholic.net y otros
Al llegar a Egipto los mercaderes vendieron a
José al ministro del Faraón y jefe de la guardia
que se llamaba Putifar.

Éste, al ver que José sabía leer y manejaba los
números (enseñado por su padre), le confió
la administración de su casa y se convirtió en la
mano derecha de Putifar. En sus tiempos como
esclavo trabajaba mucho y siempre confiando en
Dios que algún día iba a regresarlo a sus tierras
con sus padres y sus hermanos. Con el trabajo
de esclavo José se convirtió en un joven fornido,
y la esposa de Putifar, que se quedaba en la casa
cuando este salía, se fijó en él e intentó
seducirle.
01 José, pues, fue conducido a Egipto, y Putifar,
funcionario del palacio de Faraón y capitán de la
guardia, lo compró a los ismaelitas que lo habían
traído.

02 Yahvé estuvo con José, y le fue bien en todo;
y se quedó en casa del egipcio, su amo.

03 El egipcio vio que Yahvé estaba con José y
hacía prosperar todo cuanto emprendía;

04 José le cayó en gracia a su amo, quien lo
retuvo junto a él, lo hizo mayordomo de su casa y
le confió todo cuanto tenía.
05 Desde ese momento, Yahvé bendijo la
casa del egipcio, en consideración a José.
Dio prosperidad tanto a la casa como al
campo.

06 En vista de esto, el egipcio dejó que José
administrara todo cuanto poseía, y ya no se
preocupó más que de su propia comida.

07 José era muy varonil y de buena
presencia. Algún tiempo después, la esposa
de su amo puso sus ojos en él, y le dijo:
«Acuéstate conmigo.»


Un día llamó a José a su habitación y
trató de tener relaciones con él, pero él
se resistió recordando las enseñanzas
de rectitud que su padre siempre le
enseñó, además de estar consciente
que sería una falta ante Dios y salió de
la habitación dejando en las manos de
la señora su manto. Al no lograr su
objetivo, y sabiendo que José podría
denunciar su adulterio, la esposa
de Putifar lo acusó de intentar
aprovecharse de ella, mostrando su
manto como prueba.
08 Pero José se negó y le dijo:
«Mi señor confía tanto en mí que no se preocupa
para nada de lo que pasa en la casa, y ha puesto
en mis manos todo lo que tiene.

09 Aquí tengo tanto poder como él. Nada me ha
prohibido, excepto a ti, porque eres su esposa.
¿Cómo, pues, voy a cometer un mal tan grande, y
pecar contra Dios?»
10 Y aunque ella insistía día tras día, José se
negó a acostarse a su lado y estar con ella.

11Cierto día, José entró en la casa para cumplir
su oficio, y ninguno del personal de la casa
estaba en ella.


12 La mujer lo agarró de la ropa diciendo:
«Vamos, acuéstate conmigo.» Pero él,
dejándole su ropa en la mano, salió afuera
corriendo.

13 Ella vio que José había huido, pero que
ella tenía en manos su ropa;

14 llamó, pues, a sus sirvientes y les dijo:
«Miren, han traído aquí a un hebreo para
que se burle de nosotros. Ha querido
aprovecharse de mí, pero yo me he puesto
a gritar,
15 y al sentir que yo levantaba la voz y
gritaba, salió huyendo y dejó su manto en
mis manos.»

16 La mujer depositó el manto a su lado
hasta que el patrón de José llegó a casa,

17 y le repitió las mismas palabras:
«Ese esclavo hebreo que tú nos has traído,
se me acercó para abusar de mí.

18 Cuando grité pidiendo auxilio, él salió
huyendo y dejó su ropa en mis manos.»
Putifar dudó de esto, pues
conocía a José y sabía que
era incapaz de ello, pero por
otro lado su esposa insistía
en que lo matase, así
que Putifar decide enviar a
José a la cárcel.

19 Cuando el patrón oyó lo que le
decía su esposa:
«Mira lo que me ha hecho tu
esclavo»,
se puso furioso.

20 Tomó preso a José y lo metió en
la cárcel donde estaban
encarcelados los prisioneros del
rey. Y José quedó encarcelado.
21 Pero Yahvé lo asistió y fue muy bueno con él;
hizo que cayera en gracia al jefe de la prisión.

22 Este le confió el cuidado de todos los que
estaban en la prisión, y todo lo que se hacía en la
prisión, José lo dirigía.

23 El jefe de la cárcel no controlaba
absolutamente nada de cuanto administraba
José, pues decía:
«Yahvé está con él y hace que le vaya bien en
todo.»
Génesis, 39: 1-23
En la cárcel José se encontró
con el copero y
el panadero del Faraón,
quienes fueron a parar allí
acusados de robar
una copa de oro perteneciente
al Faraón. Ambos habían
tenido sueños muy
misteriosos, y José les pidió
que se los contasen porque él
podía descifrar qué
significaban.
01 Sucedió tiempo después, que dos
funcionarios, el que preparaba las bebidas para
el rey de Egipto, y el panadero principal,
cometieron algunas faltas contra su señor el rey
de Egipto.

02 Faraón se enojó contra el que le preparaba
las bebidas y contra su panadero,

03 y los entregó en custodia al capitán de la
guardia en la misma cárcel en que estaba José.

04 El capitán de la guardia encargó a José que
los atendiera, y quedaron algún tiempo
arrestados.
05 Una noche, tanto el que preparaba las bebidas,
como el panadero principal del rey de Egipto,
tuvieron ambos un sueño en la prisión, y cada
sueño requería una interpretación.

06 Cuando José los vino a ver por la mañana, se
dio cuenta de que estaban muy preocupados.

07 Preguntó entonces a esos oficiales de Faraón
que estaban con él en la prisión:
«¿Por qué amanecieron con tan mala cara?»

08 Y le contestaron: «Los dos hemos tenido un
sueño y nos falta quien lo interprete.» José les dijo:
«¿No es Dios quien da el interpretar los sueños?
Vamos, cuéntenme lo que soñaron.»
09 El que preparaba la bebida del rey contó
primero su sueño a José así:
«En mi sueño había frente a mí una parra,

10 y en la parra tres sarmientos. Apenas brotó,
apareció la flor y maduraron los granos en los
racimos.

11Yo tenía en la mano la copa de Faraón, y
tomando aquellas uvas las exprimía en la copa
de Fa raón, y ponía la copa en sus manos.»

12 José le dijo: «Esto es lo que quiere decir tu
sueño. Los tres sarmientos significan tres días.
13 Dentro de tres días Faraón te pondrá la
cabeza en alto, pues te restablecerá en tu oficio,
y volverás a colocar la copa en manos de
Faraón, como lo hacías antes, cuando eras jefe
de los que preparaban su bebida.

14Acuérdate, pues, de mí cuando recuperes tu
puesto, y habla en mi favor a Faraón, para que
me mande sacar de esta cárcel.

15Pues contra mi voluntad fui raptado del país
de los hebreos, y tampoco aquí he hecho nada
por lo que merezca estar en prisión.»
16 Al ver el jefe de los panaderos que José había
dado una interpretación favorable, le dijo:
«Voy a contar ahora mi sueño: Había tres
canastos de pan blanco sobre mi cabeza.

17 En el canasto de arriba había toda clase de
pasteles de los que come Faraón, pero los
pájaros se lo comían del canasto que estaba
sobre mi cabeza.»
18 Respondió José: «Este es el significado. Los
tres canastos son tres días.

19 Pasados tres días, Faraón te pondrá la cabeza
en alto, pues te colgará de un árbol y las aves
vendrán a comer tu carne.»

20 Al tercer día era el cumpleaños de Faraón, y dio
un banquete a todos sus servidores. Y cuando
estuvo con ellos, se acordó del jefe de los que
preparaban las bebidas y del jefe de los panaderos.

21 Repuso en su puesto al que preparaba las
bebidas, quien de nuevo puso la copa en las
manos de Faraón,

22 mientras al jefe de los panaderos lo hizo colgar,
tal como José lo había interpretado.

23 El que preparaba las bebidas no se volvió a
acordar de José: sencillamente lo había olvidado.
Al cabo de dos años, el faraón soñó que se
encontraba a la orilla del Nilo, y del agua
salían siete vacas gordas y hermosas que
se pusieron a pacer en la orilla, pero
entonces salieron del agua otras siete
vacas, feas y flacas, que devoraron a las
primeras.

El faraón despertó, y al volver a dormirse
soñó que de una caña de trigo brotaban
siete espigas hermosas y llenas de grano,
pero tras ellas brotaban otras siete espigas,
vacías y quemadas por
el viento del desierto, que devoraron a las
primeras.
01 Dos años después Faraón tuvo este sueño:
Estaba él a orillas del Nilo,

02 cuando vio que salían del río siete vacas
hermosas y muy gordas, que se pusieron a
pastar entre los juncos.

03 Detrás de ellas salieron otras siete vacas
feas y flacas que se pusieron al lado de las
primeras a la orilla del río.

04 Pero las siete vacas feas y flacas se
comieron a las siete vacas gordas y hermosas.
Entonces Fa raón se despertó.
05 Se quedó de nuevo dormido, y tuvo
otro sueño: Vio siete espigas granadas
y buenas que salían de un mismo tallo.

06 Después de éstas brotaron otras
siete espigas pequeñas y quemadas
por el viento,

07 y estas espigas pequeñas y
quemadas por el viento se tragaron a
las siete granadas y repletas. Se
despertó Faraón, y se dio cuenta que
era un sueño.
08 Aquella mañana Faraón se levantó muy
preocupado, y mandó llamar a todos los
adivinos y sabios de Egipto. Les contó sus
sueños, pero ninguno fue capaz de
interpretarlos.

09 Entonces el jefe de los que preparan las
bebidas pidió la palabra y dijo a Faraón:
«Me estoy acordando de una falta mía.

10 Faraón se había enojado contra sus siervos, y
me dejó detenido en la casa del capitán de la
guardia, junto con el panadero del palacio.
11 Él y yo tuvimos sendos sueños en la misma
noche, y que requerían una interpretación.

12 Con nosotros estaba un joven hebreo, un
servidor del capitán de la guardia. Le contamos
nuestros sueños y él los interpretó, a cada uno le
dio la interpretación.

13 Y todo sucedió tal como él lo había dicho: yo
fui repuesto en mi cargo y el jefe de los
panaderos ahorcado.»

14 Faraón entonces mandó traer a José. Fue
sacado rápidamente de la cárcel, lo afeitaron y
cambiaron de ropa, y lo presentaron a Faraón.
15 Dijo Faraón a José: «He tenido un sueño, y
nadie ha sido capaz de explicarlo, pero he oído
decir que a ti te basta con que te cuenten un
sueño para que tú lo interpretes.»

16 José respondió:
«No soy yo, sino Dios quien te dará una
respuesta acertada.»

17 Y Faraón contó su sueño a José: «Estaba yo
parado a la orilla del río,

18 cuando de pronto subieron del río siete
vacas hermosas y muy gordas que se pusieron
a pastar entre los juncos.
19 Pero detrás de ellas subieron otras siete vacas
tan flacas y feas como no había visto nunca en
todo Egipto.

20 Y las siete vacas flacas y feas se comieron a las
siete vacas gordas.

21Pero una vez que las tuvieron en su vientre, no
se notaba en absoluto, pues seguían tan flacas y
feas como antes. Entonces me desperté.

22Vi también en mi sueño siete espigas llenas y
granadas que salían de un solo tallo.

23Pero brotaron detrás de ellas siete espigas
pequeñas, vacías y quemadas por el viento.
24Las espigas vacías se tragaron a las espigas
hermosas. Se lo he contado a los adivinos, pero
ninguno de ellos me lo ha podido explicar.»

25José dijo a Faraón:
«El sueño de Faraón es uno solo: Dios ha
anunciado a Faraón lo que El va a hacer.

26Las siete vacas hermosas, al igual que las siete
espigas granadas, son siete años de abundancia.

27Las siete vacas feas y raquíticas que salieron
detrás, al igual que las siete espigas vacías y
quemadas por el viento del este, son siete años de
hambre.
28 Como dije a Faraón, Dios le está
manifestando lo que está para suceder.

29 Vendrán siete años de gran abundancia en
todo Egipto,

30 pero en seguida vendrán siete años de
escasez que harán olvidar toda la abundancia
anterior, y el país quedará extenuado por el
hambre.

31 Tan terrible será la escasez que
sobrevendrá, que ya nadie volverá a recordar
los tiempos de abundancia.
32 Si el sueño se te presentó dos veces, esto
quiere decir que Dios está muy decidido a
realizar estas cosas y que se apresura a
cumplirlas.

33Ahora, pues, aconsejo a Faraón que busque
un hombre inteligente y sabio para ponerlo al
frente de Egipto.

34Que Faraón nombre, además, intendentes en
todo el país, para que recauden la quinta parte
de la cosecha durante estos siete años de
abundancia.
36 De esta manera habrá reservas en el país
para los siete años de escasez que van a
afectar a Egipto, y el pueblo no morirá de
hambre.»

37 La propuesta de José agradó a Faraón y a
sus servidores, y dijo Faraón a sus oficiales:

38 «¿Se podrá encontrar otro hombre como
éste, que tenga el espíritu de Dios?»

39 Y dijo a José:
«Puesto que Dios te ha hecho saber todo esto,
no hay hombre más inteligente ni sabio que tú.
40 Tú estarás al frente de toda mi casa, y todo mi
pueblo obedecerá tus órdenes. Solamente yo
estaré por encima de ti.»

41 Faraón dijo a José: «Mira, te he puesto al frente
de todo el país de Egipto.»

42 Y quitándose el anillo de su dedo, lo puso en el
dedo de José; lo hizo vestir con ropas de lino fino
y le puso un collar de oro en el cuello.
43 Luego lo hizo subir a la segunda carroza del
palacio e iban gritando delante de él:
«¡Abran camino!»
Así quedó José al frente de todo el país de Egipto.
44 Dijo Faraón a José:
«¡Yo soy Faraón! Sin tu consentimiento, nadie
moverá mano o pie en Egipto.»

45 Faraón llamó a José Safnat-Paneaj y le dio por
esposa a Asenat, hija de Poti Fera, sacerdote del
dios On. Después de esto José salió a recorrer
todo el país de Egipto.

46 José tenía treinta años cuando se presentó
ante Faraón, rey de Egipto. Se retiró de su
presencia y empezó a recorrer todo el país de
Egipto.
47 Durante los siete años de abundancia
hubo grandes cosechas.

48 José juntó todos los víveres
producidos en estos años de abundancia
e hizo reservas en las ciudades; en cada
ciudad almacenó los productos del
campo de sus alrededores.

49 Y así José juntó una cantidad de trigo
tan enorme como la arena del mar, hasta
tal punto que perdieron la cuenta, pues
sobrepasaba todo cálculo.
50 Antes de que llegaran los años
de hambre, José tuvo dos hijos de
su esposa Asenat, hija de Poti Fera,
sacerdote del dios On.

51 Al primero lo llamó Manasés
(que significa: «He olvidado» ),
pues se dijo:
«Dios me ha hecho olvidar mi pena
y a la familia de mi padre.»
.
52 Al segundo lo llamó Efraím (que
significa: «He fructificado»), pues se
dijo:
«Dios me ha hecho fecundo en el país
de mi aflicción.»

53 Pasados los siete años de
abundancia en Egipto,

54 llegaron los siete años de escasez, tal
como José había anunciado. Hubo
hambre en todos los países, pero en
todo Egipto había pan.
55 Cuando en Egipto se sintió el hambre, el
pueblo pidió pan a gritos, y Faraón decía a
todos los egipcios:
«Vayan a José y hagan lo que él les diga.»

56 Había escasez por todo el país, pero José
abrió los almacenes y vendió trigo a los
egipcios. Una gran hambruna asolaba todo el
mundo.

57 Como el hambre se hacía sentir más y más
en todos los países, de todas partes venían a
Egipto a comprar trigo a José.
Al finalizar los siete años de abundancia
en Egipto, llegó el hambre, y el pueblo sentía
hambre y clamaban al Faraón, que les decía
que fueran a José e hiciesen lo que él dijera.
Mucha gente fue a comprarle trigo a José, no
sólo de Egipto, sino también de otras tierras.

El hambre también golpeó las tierras
de Canaán, y en especial Beerseba, donde
vivía Jacob con su gente.

Enterados de que en Egipto había trigo, envió a
sus diez hijos mayores a Egipto dejando
a Benjamín, el menor de todos, a su lado.
01 Al saber Jacob que había trigo en
Egipto, dijo a sus hijos:
«¿Por qué se están ahí mirando el uno
al otro?

02 He oído que se vende trigo en
Egipto. Vayan también ustedes allá y
compren trigo para nosotros, ?pues
es cosa de vida o de muerte?.»

03 Los hermanos de José ?diez de
ellos?, bajaron entonces a Egipto para
comprar trigo;
04 Jacob no dejó ir con ellos a
Benjamín, hermano de José, pues
pensaba:
«No sea que le vaya a pasar algo.»

05 Se fueron los hijos de Israel a
comprar trigo junto con la otra gente,
pues arreciaba el hambre en Canaán.

06 Siendo José el gobernador del
país, vendía el trigo a toda la gente.
Al llegar sus hermanos, se postraron
ante él hasta tocar el suelo con la
cara.

07 José reconoció a sus hermanos, pero no se
lo dio a entender, sino que más bien los trató
duramente. Les preguntó:
«¿De dónde vienen ustedes?»
Respondieron ellos:
«Venimos de la tierra de Canaán a comprar
grano para comer.»

08 José, pues, había reconocido a sus
hermanos, pero no ellos a él.

09 Y se acordó José de los sueños que había
tenido con respecto a ellos.
10 Les dijo:
«Ustedes son es pías y vienen a
descubrir los secretos del país.»

Respondieron ellos:
«No, señor, tus siervos han venido a
comprar alimentos.

11 Somos todos hijos de un mismo
padre y somos honrados. Tus servidores
no son espías.»

12 Pero él les dijo:
«No, ustedes han venido a descubrir los
puntos débiles del país.»
13 Ellos se defendieron diciéndole:
«Eramos doce hermanos, hijos de un
mismo padre, que vive en Canaán. El
menor se quedó con nuestro padre, y
el otro ya no vive.»

14 José insistió todavía:
«¡Lo que he dicho: ustedes son
espías!

15 Y ahora mismo los pondré a prueba.
Por la vida de Faraón, que ustedes no
dejarán este país hasta que no llegue
aquí su hermano menor.
16 Manden a uno de ustedes a buscar a
su hermano, y los demás quedarán
presos. Así sabré si es cierto lo que me
acaban de decir. Y si me han mentido,
¡por la vida de Faraón!, que quedará así
comprobado que son espías.»

17 Y los metió a todos en la cárcel por
tres días.

18 Al tercer día José les dijo:
«Les doy un medio para que se salven,
pues yo también tengo temor de Dios.
19 Si han dicho la verdad, que se
quede sólo uno de ustedes como
prisionero en la casa de la guardia
donde ahora están, y los demás
llevarán el trigo que tanta falta hace
en sus casas.

20 Pero habrán de traerme a su
hermano menor para que yo
compruebe que es cierto lo que
ustedes me han dicho; y así podrán
salvar su vida.»
Así se hizo,
21 y ellos comentaban entre sí:
«Verdaderamente estamos pagando lo que
hicimos con nuestro hermano, pues a pesar
de ver su aflicción y de oír sus súplicas, no
le hicimos caso. Por eso ahora ha venido
sobre nosotros esta desgracia.»

22 Rubén dijo a los demás:
«¿No les decía yo que no le hicieran mal al
muchacho? Pero ustedes no me escucharon
y ahora estamos pagando por su muerte.»

23 Ellos no sabían que José les entendía,
pues entre él y ellos había un intérprete.
24 Al oír esto, José se retiró y lloró. Después
volvió, habló a sus hermanos, tomó a Simeón, lo
hizo amarrar en su presencia.

25José mandó llenar de trigo sus bolsas,
devolverle a cada uno dentro de su bolsa su
dinero, y también que se les dieran provisiones
para el camino. Y así se hizo.

26Cargaron, pues, el trigo sobre sus burros y se
fueron.

27Cuando acamparon para pasar la noche, uno de
ellos abrió su bolsa para dar forraje a su burro, y
vio su plata: ¡Estaba en la boca de la bolsa!
28Les dijo a sus hermanos:

«Me han devuelto el dinero: está aquí en mi
bolsa.»
Se quedaron sin aliento y se miraban
asustados mientras decían:
«¿Qué es esto que Dios nos ha hecho?»

29Al llegar donde su padre Jacob, en la tierra
de Canaán, le contaron todo lo que les había
sucedido:
30«El hombre que gobierna ese país
nos habló con aspereza y nos tomó por
espías,

31pero nosotros le dijimos:

«Nosotros somos gente honrada y no
espías.

32Eramos doce hermanos, hijos del
mismo padre, pero uno de nosotros ya
no vive, y el hermano más pequeño se
quedó con nuestro padre en el país de
Canaán.»
33Entonces el señor del país, nos dijo:

«Para que yo pueda comprobar si
ustedes dicen la verdad, se va a
quedar conmigo uno de ustedes;
mientras tanto tomen lo que hace falta
en sus casas y márchense.

34Pero tráiganme a su hermano
menor, y así conoceré que ustedes
son personas honradas y no espías.
Sólo entonces les devolveré a su
hermano y podrán moverse libremente
por este país.»
35Ahora bien, cuando vaciaron sus
bolsas, cada uno de ellos encontró su
dinero en la boca de la misma. Este
descubrimiento les produjo temor a
ellos y a su padre.

36Jacob, su padre, les dijo:
«Ustedes me van a dejar sin hijos:
falta José, falta Simeón, ¡y ahora
quieren llevarse a Benjamín! ¡Todas
estas cosas recaen sobre mí!»
37Pero Rubén dijo a su padre:

«Quita la vida a mis dos hijos si no te lo
devuelvo. Confíamelo a mí, y yo te lo
traigo de vuelta.»

38Jacob respondió:
«No bajará mi hijo con ustedes. Su
hermano ha muerto y sólo me queda él.
Si le ocurre cualquier desgracia en el
viaje, me moriré de pena en mi
ancianidad, y será por culpa de ustedes.»
Génesis, 42: 1-38
Segundo viaje a Egipto

La sequía y escasez continuaron y, tras
mucho insistir, Rubén y Judá
consiguieron que Jacob transigiera, y
los hijos de Jacob volvieron a Egipto
con Benjamín.
01 La escasez de alimentos seguía muy
grande en el país,

02 y cuando se acabó el trigo que habían
traído de Egipto, su padre les dijo:
«Vuelvan a comprarnos un poco de comida.»

03 Judá le contestó:
«Aquel hombre nos dijo bien claro que no
nos admitiría en su presencia si no iba con
nosotros nuestro hermano.

04 Si mandas a Benjamín con nosotros,
entonces iremos a buscar provisiones,
05 pero si no lo mandas, no
bajaremos, porque aquel hombre
nos dijo: «No verán mi cara si no
está con ustedes su hermano el
más pequeño.»

06 Dijo entonces Israel:
«¿Por qué, para desgracia mía, le
dijeron a ese hombre que tenían
otro hermano?»
07 Ellos contestaron:
«Aquel hombre nos interrogó con tanta
insistencia sobre nosotros y nuestra familia:
¿Vive todavía el padre de ustedes? ¿Tienen
algún otro hermano? Y nosotros contestamos
a esas preguntas. ¿Cómo ibamos a imaginar
que nos diría: Tráiganme a su hermano?»

08 Entonces Judá dijo a su padre Israel:
«Deja que el muchacho venga conmigo, para
que podamos partir. Sólo así podremos seguir
viviendo nosotros y nuestros hijos, en vez de
morir.
09 Yo respondo por él, pídeme cuenta de él.
Si no te lo traigo de vuelta y no te lo muestro
de nuevo, no me perdones jamás esta falta.

10 Si no nos hubiéramos demorado tanto, a
estas horas ya hubiéramos vuelto dos
veces.»

11 Israel, su padre, les dijo:
«Ya que no queda más remedio, hagan lo
siguiente. Echen en sus bolsas algo de los
productos del país: tragacanto, miel, goma,
láudano, pistacho y almendras, y llévenselo
como regalo a ese hombre.
12 Tomen doble cantidad de plata y
devuelvan el dinero que apareció en la
boca de sus bolsas, tal vez se deba a una
equivocación

13 Y tomen a su hermano menor para
volver donde aquel hombre.

14 Que el Dios de las Alturas les haga
hallar misericordia ante ese hombre para
que les devuelva a su otro hermano, y a
Benjamín. En cuanto a mí, si pierdo a mis
hijos, es que tenía que perderlos.»
15 Tomaron entonces los regalos y doble
cantidad de dinero, y también a Benjamín, y
bajaron a Egipto. Se presentaron ante José.

16 Cuando José vio que Benjamín estaba
con ellos, dijo a su mayordomo:
«Lleva a casa a estos hombres, haz matar
algún animal y que se prepare un banquete,
porque estos hombres comerán conmigo a
mediodía.»
17 El mayordomo hizo como José le
ordenó, y llevó estos hombres a la casa
de José.

18 Ellos se asustaron porque los llevaban
a la casa de José, y comentaban entre sí:
«Seguramente nos traen aquí a causa del
dinero que nos fue devuelto la primera
vez. Nos están preparando una trampa y
nos van a asaltar; nos tomarán como
esclavos y se apoderarán de nuestros
burros.»
19 Por eso, estando ya para pasar la puerta,
se acercaron al mayordomo de José y le
dijeron:

20«Perdón, mi señor, pero ya vinimos una
vez a comprar grano,

21 y cuando en la posada abrimos nuestras
bolsas, el dinero de cada uno estaba en la
boca de las bolsas. Contamos bien la plata y
ahora la traemos aquí para devolverla.
22 Y traemos además plata para comprar
más comida. No sabemos quién puso el
dinero en nuestras bolsas.»

23 El mayordomo les dijo:
«Quédense tranquilos y no tengan miedo.
El Dios de ustedes y el Dios de su padre
les ha puesto ese tesoro en sus bolsas,
pues yo recibí toda su plata.»
Y en seguida les devolvió a Simeón.
24 El hombre los hizo entrar en la casa de José y
les dio agua para que se lavaran los pies, y
mandó dar forraje a sus burros.

25 Ellos prepararon el regalo y esperaron a que
José llegara al mediodía, porque habían oído
decir que comería allí.

26 Al entrar José en la casa, le ofrecieron el
regalo y lo saludaron inclinándose hasta el suelo

27 Él les preguntó cómo estaban; les dijo:
«¿Está bien el padre de ustedes, aquel anciano
de quien me hablaron? ¿Vive todavía?»
28 Ellos respondieron:
«Tu siervo, nuestro padre, está bien y
vive todavía.» Y se arrodillaron,
inclinándose hasta el suelo.

29 Entonces José, levantando la
vista vio a su hermano Benjamín, hijo
de su misma madre, y dijo:
«¿Es éste el hermano menor del cual
me hablaron?»
Y le dijo:
«¡Dios te bendiga, hijo mío!»
Génesis, 43: 1-29
Continúa la tercera parte