José, hijo de Jacob(Israel).

Parte 3

La ternura muy particular
de José por Benjamín que
entre los restantes hijos de
Jacob, es por que le
recordaba las facciones de
su propia madre Raquel.

Francisco Martínez A.

Junio 2013


Fuente: Sagrada Biblia, Catholic.net y otros
Todos fueron invitados a la casa
de José, a quien le dieron regalos
de parte de su padre. José se
alegró especialmente de ver a
Benjamín después de tanto
tiempo, hasta el punto de retirarse
a sus habitaciones a llorar de la
emoción. Tras recuperarse, José
invitó a sus hermanos a
un banquete, en el que los
acomodó por orden de edad.
La escena que leeremos es típica de la época
patriarcal que nos relatan las últimas páginas
del Génesis: una vida de clan en la que el
antepasado juega un papel capital... una vida
rural y nómada en la que las relaciones de
familia son esenciales... una vida ruda, en la
que no faltan los enfrentamientos, pero que
se halla impregnada de una ternura en que los
lazos de sangre son más fuertes que todo.
Al ver esto, se sorprendieron
mucho, pero el mayordomo
de José les explicó que pudo
adivinarlo gracias a su copa
de plata, que era mágica.
Todos comieron y bebieron
felizmente; en especial
Benjamín, que recibió más y
mejor comida que sus
hermanos.
Cuando los esclavos estaban
llenando de trigo las alforjas de los
hermanos, José decidió ponerlos a
prueba e introdujo su copa de plata
en las alforjas de Benjamín. Cuando
los hermanos ya se marchaban de la
ciudad, fueron alcanzados por los
soldados, que los acusaron del robo
de la copa. Éstos negaron el hecho,
pero los soldados revisaron las
alforjas y, para sorpresa de los hijos
de Jacob, la copa apareció en la de
Benjamín.
01 Entonces José ordenó a su mayordomo:
«Llena de alimentos las bolsas de estos
hombres, todo lo que puedan llevar, y coloca
el dinero de cada uno en la boca de su bolsa.

02 En la bolsa del menor pondrás, junto con
el dinero de su trigo, también mi copa, mi
copa de plata.»
El mayordomo hizo tal como José le había
ordenado.

03 Al amanecer fueron despedidos los
hombres con sus burros.
04 Habían salido ya de la ciudad y se
encontraban aún a poca distancia, cuando
José dijo a su mayordomo:
«Corre detrás de esos hombres, y cuando
los alcances, les dirás: ¿Por qué han
devuelto mal por bien?

05 ¿No es ésta la copa de plata en que
bebe mi señor y con la que también
practica la adivinación? Han obrado muy
mal al hacer eso.»

06 Él los alcanzó y les habló en esa forma.
07 Ellos le respondieron:
«¿Por qué habla así mi señor? Jamás
haríamos cosa semejante.

08 Si te trajimos desde Canaán la plata
que encontramos en nuestras bolsas,
¿cómo íbamos ahora a robar oro y plata
de la casa de tu señor?

09 Si a alguno de nosotros, tus siervos,
se le encuentra el objeto, que muera, y
también nosotros seremos esclavos de
mi señor.»
10 «Muy bien ?dijo él?, sea como ustedes
han dicho. Aquel a quien se le encuentre el
objeto será mi esclavo, pero ustedes
quedarán libres.»

11 Rápidamente bajó cada uno su bolsa y
cada uno la abrió.

12 El mayordomo los registró empezando por
el mayor y terminando por el más joven y la
copa se encontró en la bolsa de Benjamín.

13 Entonces rasgaron sus ropas, y cargando
cada uno su burro, volvieron a la ciudad.
14 Judá y sus hermanos volvieron a la casa de
José, que todavía estaba allí, y se postraron con
el rostro por tierra delante de él.

15 José les dijo:
«¿Qué han hecho? ¿No sabían que un hombre
como yo iba a adivinarlo?»

16 Contestó Judá:
«¿Qué podemos decir a mi señor, y cómo
podemos justificarnos? Dios ha descubierto
alguna falta en tus servidores. En adelante
seremos esclavos de mi señor, junto con aquél
en cuyo poder se encontró la copa.»
17 Pero José respondió:
«Jamás haría tal cosa. El hombre a quien se le
halló la copa será mi esclavo, pero ustedes
pueden volver en paz donde su padre.»

18 Entonces se adelantó Judá y le dijo:
«Permite, señor mío, que pueda tu siervo
decirte algunas palabras sin que te enojes
contra mí, aunque tú eres como Faraón.

19 Tú, mi señor, preguntaste a tus siervos la
otra vez:
«¿Tienen todavía padre o hermano?»
20 y nosotros contestamos:
«Tenemos todavía nuestro padre muy anciano,
con un muchachito que le nació en su vejez.
Éste tenía un hermano, hijo de la misma madre,
pero murió y le queda sólo ese hijo de ella. Por
esto su padre lo quiere mucho.»

21Después nos dijiste:
«Que baje aquí con ustedes, y que yo mismo lo
vea.»

22Y nosotros te respondimos:
«El muchacho no puede dejar a su padre,
porque si lo abandona, éste se morirá.»
23 Y tú nos dijiste:
«Si su hermano menor no baja con ustedes, no
los admitiré en mi presencia.»

24 Subimos entonces a casa de nuestro padre
y le dijimos tus palabras.

25 Y cuando nos pidió:
«Vuelvan a comprar algo de comida»,
26 nosotros respondimos:
«No podemos ir, a menos que vaya
con nosotros nuestro hermano
menor, porque no nos recibirá aquel
hombre si nuestro hermano menor
no está con nosotros.»

27 Entonces nuestro padre nos
dijo:
«Ustedes saben que mi esposa me
dio dos hijos.
28 Uno se me fue, al que no he vuelto a ver, y
creo que habrá sido despedazado por las fieras.

29 Si ahora llevan de mi lado también a éste y le
sucede alguna desgracia, me moriré de pena en
mi ancianidad, y será por culpa de ustedes.»

30 Ahora yo no puedo volver donde mi padre sin
el muchacho, pues no vive sino por él, y al ver
que el muchacho no está morirá.

31Y por culpa nuestra nuestro padre morirá de
pena en su ancianidad.
32Yo, tu servidor, me hice responsable por el
joven ante mi padre y le dije: «Si no te lo
traigo de vuelta, seré culpable ante mi padre
para siempre.»

33Te ruego, pues, que yo quede en lugar del
joven como esclavo de mi señor, para que así
el muchacho suba con sus hermanos.

34Yo no podría regresar a la casa de mi
padre sin el joven; no quiero ver la aflicción
de mi padre.»
Génesis, 14: 1-34
Judá pronuncia unas palabras
admirables y conmovedoras,
exponiendo la situación familiar del
padre, que ya ha perdido a uno de sus
hijos predilectos y moriría si perdiera al
otro que le queda. Por eso ruega a José
que lo tome a él como esclavo en lugar
de Benjamín,
en cumplimiento de la promesa
hecha al padre, y porque sería
incapaz de volver al hogar sin el
hermano menor.
La actitud abnegada que
muestran hacia Benjamín,
opuesta a la que tuvieron antes
hacia José, manifiesta la
conversión de los hermanos.
No hacen falta más pruebas.
01 A este punto José no pudo ya contenerse
más delante de toda aquella gente que estaba
con él, y gritó:
«¡Salgan todos de aquí!»
No quedaba ninguno cuando José se dio a
conocer a sus hermanos,

02 pero rompió a llorar tan fuerte que lo oyeron
los egipcios y los servidores de Faraón.

03 José dijo a sus hermanos:
«Yo soy José. ¿Vive aún mi padre?» Ellos
quedaban tan aterrados de verlo que no podían
responderle.
04 El les dijo:
«Acérquense»,
y se acercaron.
«Yo soy José, su hermano, el que ustedes
vendieron a los egipcios.

05 Pero no se apenen ni les pese por haberme
vendido, porque Dios me ha enviado aquí
delante de ustedes para salvarles la vida.

06 Ya van dos años de hambre en la tierra, y
aún quedan cinco en que no se podrá arar ni
cosechar.
07 Dios, pues, me ha enviado por delante de
ustedes, para que nuestra raza sobreviva en
este país: ustedes vivirán aquí hasta que suceda
una gran liberación.

08 No han sido ustedes, sino Dios quien me
envió aquí; El me ha hecho familiar de Faraón,
administrador de su palacio, y gobernador de
todo el país de Egipto.

09 Vuelvan pronto donde mi padre y díganle:
«Esto te manda a decir tu hijo José: Dios me ha
hecho dueño de todo Egipto.
10 Ven a mí sin demora. Vivirás en la región
de Gosén y estarás cerca de mí, tú, tus hijos
y tus nietos, con tus rebaños, tus animales y
todo cuanto posees.

11 Aquí yo cuidaré de ti, y nada te faltará a ti,
a tu familia, ni a cuantos dependen de ti,
durante estos cinco años de hambre que aún
quedan.

12 Ahora ustedes ven, y su hermano
Benjamín lo ve, que soy yo quien les está
hablando.
13 Cuenten a mi padre la gloria que
tengo en Egipto, y todo lo que han
visto, y luego dense prisa de traer aquí
a mi padre.»

14 Dicho esto, José abrazó llorando a
Benjamín, quien también lloró.

15 Después, entre lágrimas, abrazó y
besó a cada unos de sus hermanos,
que se pusieron a conversar con él.
16 La noticia de que habían llegado los hermanos
de José llegó hasta la casa de Faraón. Se decía:
«Han venido los hermanos de José.»
Esta noticia agradó a Faraón y también a sus
oficiales.

17 Faraón dijo a José:
«Diles esto a tus hermanos:
«Carguen sus burros y regresen a Canaán.

18 Tomen a su padre y a sus familias y vengan
aquí. Yo les daré lo mejor del país de Egipto y
comerán lo mejor de esta tierra.
19 Lleven del país de Egipto carretas para sus
niños y mujeres, y traigan a su padre.

20 No se preocupen por las cosas que dejan
allá, pues lo mejor de Egipto será para
ustedes.»

21Así lo hicieron los hijos de Israel. José les
consiguió carretas según la orden de Faraón, y
los proveyó de víveres para el camino.

22A cada uno le regaló un vestido, pero a
Benjamín le regaló trescientas monedas de
plata y cinco vestidos.
23 Y puso además diez burros
cargados con los mejores productos
de Egipto, y diez burras cargadas de
trigo, pan y víveres para el viaje de su
padre.

24 Después despidió a sus hermanos,
que se fueron, pero antes les
recomendó que no pelearan por el
camino.

25 Subieron de Egipto y llegaron a
Canaán, donde estaba Jacob, su
padre.
Génesis, 45: 1-28
Ahora comentamos el
desenlace de la historia de
José, hijo de Israel: la
manifestación de José a
sus hermanos, la
invitación al padre y a la
familia para que se
establezcan en Egipto, y el
encuentro de José con
Jacob.
La tierra de Gosen, ha de localizarse en
el actual "wadi" Tumilat, entre el delta
del Nilo, al oeste, y el actual canal de
Suez, al este.
Los regalos de José, aparte del carácter
normal de benevolencia hacia su familia,
tienen en esta ocasión el cometido de
hacer patente a Jacob que su hijo vivía
todavía y que ocupaba una elevada
posición.
Finalmente Jacob con su familia y
todas sus posesiones acoge las
invitaciones de José y del Faraón,
emprende el camino de Egipto.

Israel recibe la aprobación divina,
en una visión nocturna en
Berseba,
para abandonar la tierra
prometida.
01 Israel partió con todo lo que tenía, y al
llegar a Bersebá, ofreció allí sacrificios al
Dios de su padre Isaac.

02 Dios habló a Israel durante la noche en
una visión y le dijo:
«Jacob, Jacob.»

03 «Aquí estoy», contestó él. Y Dios
prosiguió:
«Yo soy Dios, el Dios de tu padre. No
temas bajar a Egipto, porque allí te
convertiré en una gran nación.
04 Yo te acompañaré a
Egipto, y también te haré
volver aquí. José te cerrará
los ojos.»

La alusión al retorno de
Jacob no se refiere a su
cadáver, que será
enterrado en Palestina,
sino al retorno de su
descendencia es decir, al
éxodo.
05 Jacob dejó Bersebá y los hijos de Israel
llevaron a su padre junto con sus hijos
pequeños y sus mujeres en las carretas que
Faraón había mandado para transportarlos.

06 También tomaron sus rebaños y todo lo que
habían adquirido en Canaán, y así entraron en
Egipto Jacob y toda su descendencia,

07 sus hijos y los hijos de sus hijos, sus hijas
y los hijos de sus hijas; en una palabra, hizo
que entrara con toda su familia en Egipto.
08 Estos son los nombres de los descendientes
de Israel que entraron en Egipto: Jacob y sus
hijos Rubén, el primogénito de Jacob,

09 y sus hijos Henoc, Falú, Hesrón y Carmí.

10 Los hijos de Simeón: Jamuel y Jamín, Ahod,
Juaquín, Sohar y Saúl, cuya madre era cananea.

11 Los hijos de Leví: Guersón, Quehat y Merarí.

12 Los hijos de Judá: Er, Onán, Sela, Farés, Zaraj
(pero Er y Onán habían muerto en la tierra de
Canaán). Los hijos de Farés: Hesrón y Hamul.

13 Los hijos de Isacar: Tola, Fua, Job y
Sumrón.

14 Los hijos de Zabulón: Sared, Elón y
Jahelel.

15 Estos son los hijos que Lía había dado a
Jacob en Padán-Aram, además de su hija
Dina. El total entre hijos e hijas era de treinta
y tres personas.

16 Los hijos de Gad: Sefión, Haggi, Suni,
Esebón, Heri, Arodi y Arelí.
17 Los hijos de Aser: Jamne, Jesua, Jesui,
Beria y su hermana Seraj. Los hijos de Beria:
Hebel y Melquiel.

18 Estos son los hijos de Zelfa, la esclava que
Labán dio a su hija Lía. Zelfa fue la madre y
Jacob el padre, en total, dieciséis personas.

19 Los hijos de Raquel, esposa de Jacob: José
y Benjamín.

20 A José le nacieron en Egipto Manasés y
Efraím, cuya madre era Asenat, hija de Potifera,
sacerdote de On.
21 Los hijos de Benjamín: Bela, Beker,
Asbel, Gera, Naamán, Equi, Ros,
Mofín, Ofín y Ared.

22 Estos son los hijos que Raquel dio
a Jacob, en total catorce personas.

23 Los hijos de Dan: Husim.

24 Los hijos de Neftalí: Jasiel, Guni,
Jese y Sallem.
25 Estos son los hijos de Bilá, la que Labán
dio a su hija Raquel. Bilá fue la madre y
Jacob el padre. En total, siete personas.

26 El total de personas que entraron con
Jacob en Egipto, todos descendientes
suyos, era de sesenta y seis personas, sin
contar las mujeres de sus hijos.

27 Los hijos de José que nacieron en
Egipto, fueron dos. Total de personas de la
familia de Jacob que entraron en Egipto.
setenta.
Nota:
En Hechos 7:14, Esteban dice que hay 75 que
entraron en Egipto. Esto se debe a que
Esteban cita la versión Septuagésima del
Antiguo Testamento, que dice 75,
probablemente
esto es, contando a Jacob y a José, esposa e
hijos que en su totalidad con ellos cinco
forman las setenta y cinco personas.


28 Antes de que entraran en Gosén. Jacob
mandó delante a Judá para avisar a José de
que estaba para llegar a la tierra de Gosén.
29 José enganchó su carro y fue al encuentro
de su padre a Gosén. Al verlo lo abrazó y lloró
largamente sobre su cuello.

30 Y dijo Israel a José:
«Ahora ya puedo morir, porque he visto tu
rostro y porque vives todavía.»

31 Después dijo José a sus hermanos y a toda
la familia de su padre:
«Voy ahora mismo a anunciar a Faraón que
mis hermanos y la familia de mi padre, que
vivían en tierra de Canaán, acaban de llegar.
32 Le diré también que ustedes son pastores de
ovejas, que se dedican a la crianza de animales
y que han traído rebaños, vacas, y todas sus
pertenencias.

33 Así pues, cuando Faraón les llame y les
pregunte: «¿Cuál es su oficio?»,

34 ustedes contestarán: «Tus servidores hemos
sido pastores desde nuestra niñez hasta el día
de hoy, como lo fueron también nuestros
padres.» Así se podrán quedar ustedes en esta
tierra de Gosén, ya que los egipcios aborrecen a
todos los pastores de ovejas.»
Génesis, 46: 1-34
Al encontrase padre e hijo, Jacob exclamó
“¡Agradezco infinitamente a Dios porque me
ha dado por segunda vez a mi hijo querido, Él
obra de manera misteriosa!”.
José le pidió que se quedara a vivir sus
últimos años con él y también que se quedase
todo su pueblo. Él aceptó, con la condición de
que los restos mortales fuesen llevados
nuevamente cuando el pueblo regresase a
“Canaán, La tierra prometida”.
Y así fue: muchos años después, cuando salió
de Egipto el pueblo de Israel, guiado
por Moisés, los israelitas llevaron los restos
mortales de Jacob y los de José.
01 Llegó, pues, José donde estaba el Faraón
con la noticia de que su padre y sus hermanos
habían llegado de Canaán con sus rebaños,
vacas y demás pertenencias, y que se
encontraban en la tierra de Gosén.

02 Después escogió a cinco de sus hermanos y
los presentó a Faraón.

03 Este les preguntó:
«¿A qué se dedican?»
Ellos contestaron:
«Nosotros, tus servidores, somos pastores de
ovejas, como lo fueron nuestros padres.
04 Hemos venido a vivir en este país
porque ya no quedaban pastos para
nuestros rebaños, debido a la gran
sequía que asola el país de Canaán.
Por eso te rogamos que nos permitas
vivir en la tierra de Gosén.»

05 Entonces Faraón dijo a José:

06 « Todo el país de Egipto está a tu
disposición. Que tu padre y tus
hermanos se establezcan en la mejor
parte del país.»
07 José trajo después a su padre Jacob y se lo
presentó a Faraón. Después que Jacob lo saludó,

08 Faraón le preguntó:
«¿Cuántos años tienes?»

09 Jacob respondió:
«Los años de mi peregrinación son ciento treinta.
Pocos y malos han sido los días de mi vida, y no
han llegado a igualar los años de vida de mis
padres durante su peregrinación.»

10 Después Jacob volvió a bendecir a Faraón y se
retiró de su presencia.
11 José instaló a su padre y a sus
hermanos, y les dio una propiedad en la
tierra de Egipto, en el mejor lugar de la
comarca de Ramsés, tal como Faraón había
ordenado.

12 Y José proveyó de lo necesario para vivir
a su padre, a sus hermanos y a toda la
familia de su padre, teniendo en cuenta el
número de sus dependientes.

13 La escasez se hizo más fuerte y no se
encontraban alimentos en toda la tierra;
Egipto y Canaán estaban agotados por el
hambre.
14Entonces José acaparó toda la plata que había
en la tierra de Egipto y de Canaán, a cambio del
trigo que compraban, y llevó toda esa plata al
palacio de Faraón.

15Cuando se acabó la plata de Egipto y de
Canaán, todos los egipcios comenzaron a llegar
donde José para decirle:
«Danos pan, ¿acaso nos vas a dejar morir
porque se nos terminó el dinero?»

16José les respondió:
«Si no tienen más dinero, denme sus ganados y
yo en cambio les daré pan.»
17 Trajeron su ganado a José, y José
les dio pan a cambio de sus caballos,
ovejas, vacas y burros. De esta manera
los abasteció de pan durante ese año a
cambio de todos sus ganados.

18 Al año siguiente volvieron donde él
diciendo:
«No podemos ocultar a nuestro señor
que se nos ha terminado el dinero, y
que los ganados ya son todos suyos.
Tan sólo nos quedan nuestros cuerpos
y nuestras tierras.
21 En cuanto al pueblo, lo redujo a la
servidumbre desde un extremo al otro de
Egipto.

22 La única tierra que no compró fue la de
los sacerdotes, pues había un decreto de
Faraón en favor de ellos, y él debía
procurarles el alimento. Por eso no
vendieron sus tierras.

23 Entonces José dijo al pueblo:
«Ya ven que los he comprado a ustedes y
sus tierras para Faraón. Aquí tienen
semillas: siembren la tierra.
24 Cuando llegue el tiempo de la cosecha, darán
la quinta parte a Faraón y las otras cuatro partes
restantes serán para ustedes, como semillas de
siembra, y como alimento para ustedes, su familia
y los que estén en su casa.»

25 Ellos respondieron:
«Puesto que nos has salvado la vida, sírvete
aceptarnos como esclavos de Faraón.»

26 Así José impuso como ley, que la quinta parte
de los productos de la tierra de Egipto debe ser
entregada a Faraón, y esa norma perdura hasta el
día de hoy. Sólo las tierras de los sacerdotes no
pasaron a poder de Faraón.
27Los israelitas vivieron en el país de Egipto,
en la tierra de Gosén. Tomaron posesión de
ella, tuvieron muchos hijos y se multiplicaron
en número.

28Jacob vivió en Egipto diecisiete años de los
ciento cuarenta y siete que duró su vida.

29Y cuando los días de su vida se acercaron a
su fin, llamó a su hijo José y le dijo:
«Si me aprecias de veras, te ruego que
coloques tu mano bajo mi muslo, y me
prometas que no me sepultarás en Egipto; en
esto reconoceré tu amor y fidelidad.
30Cuando me haya ido a descansar
con mis padres, sácame de Egipto y
entiérrame en la tumba de ellos.»
José respondió:
«Lo haré tal como lo pides.»
Insistió Jacob:
«¡Júramelo!»
Y José se lo juró.

31Entonces Israel se inclinó sobre la
cabecera de su cama.
Génesis, 47: 1-31
Continuará la cuarta parte
y final