Enseñanzas del Papa Francisco No.

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El 8 de julio el Papa Francisco viajó a la isla italiana de Lampedusa, punto de llegada desde hace años de multitud de inmigrantes y en cuyas aguas encontraron la muerte decenas de ellos.

El Papa dijo: "inmigrantes muertos en el mar, por esas barcas que, en lugar de haber sido una vía de esperanza, han sido una vía de muerte. Así decía el titular del periódico. Desde que, hace algunas semanas, supe esta noticia, desgraciadamente tantas veces repetida, mi pensamiento ha vuelto sobre ella continuamente, como a una espina en el corazón que causa dolor".

"Y entonces sentí que tenía que venir hoy aquí a rezar, a realizar un gesto de cercanía, pero también a despertar nuestras conciencias para que lo que ha sucedido no se repita. Que no se repita, por favor.

En su homilía dijo: "Adán, ¿dónde estás?": es la primera pregunta que Dios dirige al hombre después del pecado. "¿Dónde estás, Adán?". Y Adán es un hombre desorientado que ha perdido su puesto en la creación porque piensa que será poderoso, que podrá dominar todo, que será Dios.

Y la armonía se rompe, el hombre se equivoca, y esto se repite también en la relación con el otro, que no es ya un hermano al que amar, sino simplemente alguien que molesta en mi vida, en mi bienestar.

Y Dios hace la segunda pregunta: "Caín, ¿dónde está tu hermano?". El sueño de ser poderoso, de ser grande como Dios, en definitiva de ser Dios, lleva a una cadena de errores que es cadena de muerte, ¡lleva a derramar la sangre del hermano! Estas dos preguntas de Dios resuenan también hoy, con toda su fuerza.

Tantos de nosotros, me incluyo también yo, estamos desorientados, no estamos ya atentos al mundo en que vivimos, no nos preocupamos, no protegemos lo que Dios ha creado para todos y no somos capaces siquiera de cuidarnos los unos a los otros. Y cuando esta desorientación alcanza dimensiones mundiales, se llega a tragedias como ésta a la que hemos asistido."

"¿Dónde está tu hermano?", la voz de su sangre grita hasta mí, dice Dios. Ésta no es una pregunta dirigida a otros, es una pregunta dirigida a mí, a ti, a cada uno de nosotros. Esos hermanos y hermanas nuestros intentaban salir de situaciones difíciles para encontrar un poco de serenidad y de paz; buscaban un puesto mejor para ellos y para sus familias, pero encontraron la muerte.

¡Cuántas veces quienes buscan estas cosas no encuentran comprensión, no encuentran acogida, no encuentran solidaridad! ¡Y sus voces llegan hasta Dios!...

"¿Dónde está tu hermano?". ¿Quién es el responsable de esta sangre?

También hoy esta pregunta se impone con fuerza: ¿Quién es el responsable de la sangre de estos hermanos y hermanas? ¡Ninguno! Todos respondemos igual: no he sido yo, yo no tengo nada que ver, serán otros, ciertamente yo no. Pero Dios nos pregunta a cada uno de nosotros: "¿Dónde está la sangre de tu hermano cuyo grito llega hasta mí?".

"Hoy nadie en el mundo se siente responsable de esto; hemos perdido el sentido de la responsabilidad fraterna; hemos caído en la actitud hipócrita del sacerdote y del servidor del altar, de los que hablaba Jesús en la parábola del Buen Samaritano:

vemos al hermano medio muerto al borde del camino, quizás pensamos "pobrecito", y seguimos nuestro camino, no nos compete; y con eso nos quedamos tranquilos, nos sentimos en paz.

La cultura del bienestar, que nos lleva a pensar en nosotros mismos, nos hace insensibles al grito de los otros, nos hace vivir en pompas de jabón, que son bonitas, pero no son nada, son la ilusión de lo fútil, de lo provisional, que lleva a la indiferencia hacia los otros, o mejor, lleva a la globalización de la indiferencia. En este mundo de la globalización hemos caído en la globalización de la indiferencia.

¡Nos acostumbramos al sufrimiento del otro, no tiene que ver con nosotros, no nos importa, no nos concierne!... La globalización de la indiferencia nos hace "innominados", responsables anónimos y sin rostro".

"Adán, ¿dónde estás?", "¿Dónde está tu hermano?", son las preguntas que Dios hace al principio de la humanidad y que dirige también a todos los hombres de nuestro tiempo, también a nosotros.

Somos una sociedad que olvidó la experiencia de llorar, de "sufrir con": ¡la globalización de la indiferencia nos quitó la capacidad de llorar! En el Evangelio hemos escuchado el grito, el llanto, el gran lamento: "Es Raquel que llora por sus hijos… porque ya no viven". Herodes sembró muerte para defender su propio bienestar, su propia pompa de jabón. Y esto se sigue repitiendo…

"Señor, pedimos perdón por la indiferencia hacia tantos hermanos y hermanas, te pedimos, Padre, perdón por quien se ha acomodado y se ha cerrado en su propio bienestar que anestesia el corazón, te pedimos perdón por aquellos que con sus decisiones a nivel mundial han creado situaciones que llevan a estos dramas".

Al final de la Misa, el Papa dirigió la siguiente profunda oración, dirigida a Santa María Estrella del Mar:

Oh María, Estrella del Mar, una vez más recurrimos a ti, para encontrar refugio y serenidad, para implorar amparo y socorro.

Madre de Dios y Madre nuestra, dirige tu dulcísima mirada a todos los que cada día afrontan los peligros del mar para garantizar a sus familias el sustento necesario para la vida, para tutelar el respeto de la creación, para servir a la paz entre los pueblos.

Protectora de los migrantes e itinerantes, ayuda con atención materna a los hombres, mujeres y niños obligados a huir de sus tierras en busca de futuro y de esperanza.

Que el encuentro con nosotros y nuestros pueblos no se transforme en fuente de nuevas y más graves esclavitudes y humillaciones.

Madre de Misericordia, implora perdón para nosotros, que, cegados por el egoísmo, ensimismados en nuestros intereses y prisioneros de nuestros temores, estamos distraídos ante las necesidades y sufrimientos de los hermanos.

Refugio de los pecadores, obtén la conversión del corazón de los que generan guerras, odio y pobreza, explotan a los hermanos y sus fragilidades, hacen de la vida humana indigno comercio.

Modelo de caridad, bendice a los hombres y mujeres de buena voluntad, que acogen y sirven a los que llegan a esta tierra: que el amor recibido y donado sea semilla de nuevos lazos fraternales y aurora de un mundo de paz. Así sea.

El Papa Francisco ha decidido conceder la indulgencia plenaria a los participantes de la próxima Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) Río 2013, que se realizará en esta ciudad brasileña del 23 al 28 de julio.

El Papa Francisco dijo en el encuentro vocacional: "De verdad les digo que a mí me hace daño cuando veo a un sacerdote o a una religiosa con un automóvil último modelo. ¡No puede ser! Pensarán … pero Padre, ¿entonces ahora tenemos que ir en bicicleta? ¡La bicicleta es buena!"

"Entiendo que el automóvil es necesario, porque hay que hacer mucho trabajo para llegar de un sitio a otro, ¡pero escojan el más humilde! ¡Y si les gusta uno más bonito, simplemente piensen en el número de niños que se mueren de hambre, solo eso!"

"Mi vocación, después de la propia vida, es el regalo más grande que Dios me ha dado. Esa llamada que yo no me esperaba… Él me llamó sin yo merecerlo y por eso cada día me entrego y le voy diciendo sí y le pido la fortaleza que me ayude a continuar adelante“.

“Renovemos con alegría y entusiasmo el compromiso del anunciar y dar testimonio del Evangelio”

“Debemos ser siempre signo de esperanza y de paz en este momento. Abrir las puertas a la esperanza, para seguir hacia adelante, y obrar siempre con paz!”

El 14 de julio en sus palabras previas al rezo del Ángelus dijo:

“Quisiera confiar otra intención a la Virgen: A estas alturas, ya está cerca la Jornada Mundial de la Juventud de Río de Janeiro. Yo partiré dentro de ocho días, pero también muchos jóvenes partirán para Brasil antes.

Oremos por tanto por esta gran peregrinación que comienza, para que Nuestra Señora de Aparecida, Patrona de Brasil, guíe los pasos de los participantes, y abra sus corazones para acoger la misión que Cristo les confía”

Hablando del Buen Samaritano dijo: “¿Quién era este hombre? –cuestionó el Papa-. Era uno cualquiera, que descendía de Jerusalén hacia Jericó por el camino que cruzaba el desierto de Judea. Hacía poco, por ese camino, un hombre había sido asaltado por los delincuentes, robado, pegado y abandonado casi muerto.

Antes del samaritano habían pasado un sacerdote y un levita, es decir, dos personas responsables del culto en el Templo del Señor. Vieron a aquel pobrecillo, pero pasaron sin detenerse. En cambio, el samaritano, cuando vio aquel hombre, tuvo compasión”.

“el buen samaritano se acercó al hombre, le vendó las heridas, cubriéndolas con aceite y vino; y luego lo puso sobre su propia montura, lo condujo a un albergue y pagó por él. En definitiva, se hizo cargo de él como ejemplo del amor por el prójimo”.

“ Jesús escogió a un samaritano como protagonista de esta parábola porque en aquellos tiempos los samaritanos eran despreciados por los Judíos, a causa de diversas tradiciones religiosas. Sin embargo Jesús hizo ver que el corazón de aquel samaritano era bueno y generoso y que – a diferencia del sacerdote y del levita- él pone en práctica la voluntad de Dios , que quiere misericordia y no sacrificios”.

Juan Pablo II y Juan XIII serán canonizados.

En twitter dijo: El amor de Cristo y su amistad no son una ilusión. Jesús en la cruz nos ha mostrado hasta qué punto son reales.

Jesús no es sólo un amigo. Es un maestro de verdad y de vida, que nos revela el camino de la felicidad.

El Señor nos habla mediante la Sagrada Escritura, en la oración. Aprendamos a permanecer en silencio ante Él, a meditar el Evangelio.

Pidamos un corazón que acoja a los inmigrantes. Dios nos juzgará según hayamos tratado a los más necesitados.

El cristiano está siempre lleno de esperanza; nunca puede dejarse llevar por el desánimo.

Si queremos seguir a Jesús de cerca, no podemos buscar una vida cómoda y tranquila. Será una vida comprometida, pero llena de alegría.

Señor, concédenos la gracia de llorar por nuestra indiferencia, por la crueldad que hay en el mundo y en nosotros mismos.

En el Año de la fe propongámonos hacer cada día algo concreto para conocer mejor a Jesucristo.

Para el cristiano, la vida no es producto de la casualidad, sino fruto de una llamada y de un amor personal.

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