Santo Evangelio y Vida

Pública de Jesús,
según San Marcos (1)
Su fiesta se celebra el 25 de abril.

Que el Espíritu Santo,
santificador, guíe esta
meditación para orar con
una absoluta confianza
en tu providencia infinita.

Francisco Martínez A.

Julio 2013

Fuente: Sagrada Biblia, Catholic.net y otros
Dios Todopoderoso, que
te revelas amorosamente
a los hombres por medio
de hechos y palabras.
Te pedimos por
intercesión del
evangelista san Marcos,
que meditando la Buena.
Nueva del Evangelio
sigamos el camino de
J esucristo, la Palabra
hecha carne en el seno
de María.
Por J esucristo, tu Hijo,
Nuestro Señor.
Amén
Sinopsis

Los documentos más antiguos que
hablan de San Marcos nos lo
presentan como
«el intérprete de Pedro».
Pudo ser porque le servía al Príncipe
de los Apóstoles de intérprete y
consejero en las correrías que le
acompañó, o que fue él quien resumió
en su Evangelio -el segundo de los
cuatro evangelios canónicos- la
predicación que oía de labios de San
Pedro.
El ilustre predicador Bossuet
refiriéndose a lo bien que supo
sintetizar la doctrina de Jesús
predicada por San Pedro llamó a San
Marcos,
«el más divino de los
compendiadores».

Críticamente poco es lo que
sabemos de Juan Marcos como se
le conoce en el Libro de los Hechos.
Sabemos que su madre se llamaba
María. La vez primera que hablan
los Hechos de él es el capítulo
12 (12)
cuando relatan la salida milagrosa
de San Pedro de la cárcel por obra
del ángel que le abre las puertas y
se dirige
«a casa de María, madre de Juan,
por sobrenombre Marcos, donde
muchos hermanos se hallan
congregados en oración».

12 Y al advertir lo que le había
sucedido, se dirigió a la casa de
María, la madre de Juan, llamado
Marcos, donde un grupo numeroso
se hallaba reunido en oración.
Hechos, 12: 12
Por ello la casa de Juan
Marcos era bien conocida por
Pedro. Parece que su familia
era la dueña de la casa donde
Jesús celebró la Última Cena,
donde estaban los apóstoles
reunidos el día de Pentecostés
cuando recibieron al Espíritu
Santo en forma de lenguas de
fuego.
Era un niño cuando Jesús
predicaba y, fue uno de los
primeros bautizados por San
Pedro el día de Pentecostés.
Era primo de San Bernabé y
acompañó a éste y a San Pablo
en el primer viaje misionero que
hicieron estos dos apóstoles,
por Chipre y otras ciudades.
Por temores u otras causas los
abandonó y regresó a
Jerusalén.
Cuanto Pedro predicaba, le rogaron
a Marcos que recogiera las
predicaciones del Apóstol Pedro. Así
lo hizo. Pedro amaba con cariño a
Marcos. Le llama «mi hijo Marcos»
(1 Pe 5, 13).

Los saluda la comunidad que Dios
ha congregado en Babilonia,
también los saluda mi hijo Marcos.
1 Pedro, 5: 13
El evangelista Marcos escribe
con fluidez, sencillez, en estilo
directo y sólido a la vez.
Es el más breve de los
Evangelios, dieciséis
capítulos y se propone probar
la Divinidad de Jesucristo.
San Pablo en el año 62 dice a
Timoteo:
«Trae contigo a Marcos, pues
lo necesito para el ministerio
evangélico».
Marcos se hallaba en Roma,
en el año 67 cuando mueren
los dos Apóstoles San Pedro
y San Pablo.
Es tradición que, en Roma
recogió, en su Evangelio la
catequesis de Pedro a los
romanos
Después de eso, parece que
extendió el Evangelio por diversos
países: Aquilea, Cirene... y que fue
él quien instituyó la Iglesia de
Alejandría, en el actual Egipto, y
fundó allí su famosa escuela
cristiana.
Su Evangelio contiene historia y
teología. Se debate la fecha en que
lo escribió, quizás fue en la década
60-70 AD.

Murió mártir, se cree que fue el 25
de abril del 68 AD en Alejandría y
en Venecia se veneran, en la
preciosa catedral de su mismo
nombre, los restos mortales del
evangelista, cuyo traslado de
Alejandría se remonta
al siglo IX.

San Jerónimo y San Agustín,
asocian a San Marcos con
el león, porque su Evangelio
empieza hablando del
desierto, del río Jordán y a
sus alrededores, y de que
había muchas fieras, entre
ellas el león.

También se dice que es el
león porque su Evangelio
habla de Juan el
Bautista como
"Voz que clama en el
desierto",
voz que sería como la de un
león y el león era considerado
el rey del desierto, por eso se
le representa con este animal.
VIDA PÚBLICA DE JESÚS
La predicación de Juan el
Bautista

Este es el comienzo de la Buena
Nueva de Jesucristo (Hijo de
Dios).
En el libro del profeta Isaías
estaba escrito:
«Mira, te voy a enviar a mi
mensajero delante de ti para
que te prepare el camino.
Escuchen ese grito en el
desierto: Preparen el camino
del Señor, enderecen sus
senderos.»
Es así como Juan el
Bautista empezó a bautizar
en el desierto. Allí predicaba
bautismo y conversión, para
alcanzar el perdón de los
pecados.
Toda la provincia de Judea y el
pueblo de Jerusalén acudían a Juan
para confesar sus pecados y ser
bautizados por él en el río Jordán.
Además de la piel que le ceñía la
cintura, Juan no llevaba más que un
manto hecho de pelo de camello. Su
comida eran langostas y miel
silvestre.
Juan proclamaba este mensaje:
«Detrás de mí viene uno con más
poder que yo. Yo no soy digno de
desatar la correa de sus sandalias,
aunque fuera arrodillándome ante
Él.»
Yo los he bautizado con agua, pero
« Él los bautizará en el Espíritu
Santo.»

El bautismo de Jesús
En aquellos días Jesús vino de
Nazaret, pueblo de Galilea, y se
hizo bautizar por Juan en el río
Jordán. Al momento de salir del
agua, Jesús vio los Cielos abiertos:
el Espíritu bajaba sobre Él como lo
hace la paloma, mientras se
escuchaban estas palabras del
Cielo:
«Tú eres mi Hijo, el Amado, mi
Elegido.»
Al momento de salir del agua, Jesús vio
los Cielos abiertos: el Espíritu bajaba
sobre Él como lo hace la paloma, mientras
se escuchaban estas palabras del Cielo:
«Tú eres mi Hijo, el Amado, mi Elegido.»
En seguida el Espíritu lo empujó al
desierto.
Estuvo cuarenta días en el desierto y fue
tentado por Satanás. Vivía entre los
animales salvajes y los ángeles le
servían. Jesús viene a proclamar

"la Buena Noticia de Dios"
Esto es el Evangelio: la Buena Noticia de
que el Reino de Dios irrumpe en el mundo
y está personificado en Jesús. La entrada
en el Reino exige un nuevo estilo de vida:
es preciso convertirse y creer en esa
Buena Noticia.
En primer lugar, Cristo proclama su
Evangelio en la región de Galilea. Lo hace
por medio de comparaciones, las
"parábolas", y a través de obras
admirables, los "milagros".
Muchos comienzan a seguir a Jesús.
Entre ellos, y para colaborar en su
ministerio, él elige a "los Doce" (3.
16), que serán sus Apóstoles. Pero
ya asoma en el horizonte la oposición
de la gente más "religiosa" de su
época. Marcos destaca esa oposición
en cinco "controversias" muy
significativas, que preludian la muerte
de Jesús.

El comienzo de la predicación de
Jesús
Después de que tomaron preso a
Juan, Jesús fue a Galilea y empezó a
proclamar la Buena Nueva de Dios.

Los primeros discípulos
Decía:
«El tiempo se ha cumplido, el Reino
de Dios está cerca. Renuncien a su
mal camino y crean en la Buena
Nueva.»
Mientras Jesús pasaba por la
orilla del mar de Galilea, vio a
Simón y a su hermano Andrés
que echaban las redes en el
mar, pues eran pescadores
Jesús les dijo:
«Síganme y yo los haré
pescadores de hombres.»
Y de inmediato dejaron sus
redes y le siguieron.
Un poco más allá Jesús vio a
Santiago, hijo de Zebedeo, con
su hermano Juan, que estaban
en su barca arreglando las
redes.
Jesús también los llamó, y
ellos, dejando a su padre
Zebedeo en la barca con los
ayudantes, lo siguieron.




Enseñanza de Jesús en la sinagoga
de Cafarnaún
Llegaron a Cafarnaúm, y Jesús empezó
a enseñar en la sinagoga durante las
asambleas del día sábado.
Su manera de enseñar impresionaba
mucho a la gente, porque hablaba
como quien tiene autoridad, y no como
los maestros de la Ley.

Curación de un endemoniado
Jesús es “el hombre más fuerte” que
llegó para someter a Satanás, el poder
del mal, y sustraer de sus garras a la
humanidad presa del miedo
(Mc 3,27).
Marcos insiste tanto, en la victoria de
Jesús sobre el poder del mal, sobre el
demonio, sobre Satanás, sobre el
pecado y sobre la muerte. “¡El poder del
mal, Satanás, que infundió miedo entre
la gente, Jesús lo venció, y lo sometió!”.


Después de que Jesús resucitó, es una
manía y falta de fe hacer referencia a todas
horas a Satanás, como si él tuviera algún
poder sobre nosotros
Insistir en el peligro de los demonios para
llamar a la gente a que vaya a las iglesias,
es desconocer la Buena Nueva del Reino.
¡Es falta de fe en la resurrección de Jesús!
Entró en aquella sinagoga un hombre que
estaba en poder de un espíritu malo, y se
puso a gritar:
«¿Qué quieres con nosotros, Jesús de
Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Yo sé
que tú eres el Santo de Dios.»
Jesús le hizo frente con autoridad:
«¡Cállate y sal de ese hombre!»
El espíritu impuro revolcó al hombre en el
suelo y lanzó un grito tremendo y luego salió
de él. El asombro de todos fue tan grande
que se preguntaban unos a otros:
«¿Qué es esto? Una doctrina nueva, y ¡con
qué autoridad! Miren cómo da órdenes a los
espíritus impuros ¡y le obedecen!»
Así fue como la fama de Jesús se extendió
por todo el territorio de Galilea.

Curación de la suegra de Pedro
Al salir de la Sinagoga, Jesús fue a la casa
de Simón y Andrés con Santiago y Juan.
La suegra de Simón estaba en cama con
fiebre, por lo que en seguida le hablaron de
ella.
Jesús se acercó y, tomándola de la mano,
la levantó. Se le quitó la fiebre y se puso a
atenderlos.

Diversas curaciones
Antes del atardecer, cuando se ponía el sol,
empezaron a traer a Jesús todos los
enfermos y personas poseídas por espíritus
malos. El pueblo entero estaba reunido
ante la puerta.
Jesús sanó a muchos enfermos con
dolencias de toda clase y expulsó muchos
demonios; pero no los dejaba hablar, pues
sabían quién era.

Curación de un leproso
Se le acercó un leproso, que se arrodilló
ante él y le suplicó:
«Si quieres, puedes limpiarme.»
Sintiendo compasión, Jesús extendió la
mano y lo tocó diciendo:
«Quiero, queda limpio.»
Al instante se le quitó la lepra y quedó
sano.
Entonces Jesús lo despidió, pero le
ordenó «No cuentes esto a nadie, pero
vete y preséntate al sacerdote y haz por
tu purificación la ofrenda que ordena la
Ley de Moisés, pues tú tienes que hacer
tu declaración.»
Pero el hombre, en cuanto se fue,
empezó a hablar y a divulgar lo ocurrido,
de tal manera que Jesús ya no podía
entrar públicamente en el pueblo; tenía
que andar por las afueras, en lugares
solitarios. Pero la gente venía a él de
todas partes.
Marcos, 1: 1-46
La misión de Jesús
De madrugada, cuando todavía estaba
muy oscuro, Jesús se levantó, salió y se
fue a un lugar solitario. Allí se puso a
orar. Simón y sus compañeros fueron a
buscarlo, y cuando lo encontraron le
dijeron: «Todos te están buscando.»
Él les contestó: «Vámonos a los
pueblecitos vecinos, para predicar
también allí, pues para esto he salido.»

Unos escribas que estaban
sentados allí pensaban en su
interior:
"¿Qué está diciendo este hombre?
¡Está blasfemando! ¿Quién puede
perdonar los pecados, sino sólo
Dios?".
Jesús, advirtiendo en seguida que
pensaban así, les dijo:"¿Qué están
pensando? ¿Qué es más fácil,
decir al paralítico: "Tus pecados te
son perdonados", o "Levántate,
toma tu camilla y camina"?
Para que ustedes sepan que el
Hijo del hombre tiene sobre la tierra
el poder de perdonar los pecados–
dijo al paralítico– yo te lo mando,
levántate, toma tu camilla y vete a
tu casa". Él se levantó en seguida,
tomó su camilla y salió a la vista de
todos. La gente quedó asombrada
y glorificaba a Dios, diciendo:
"Nunca hemos visto nada igual".
Curación de un paralítico
Estando Jesús en Le trajeron entonces a
un paralítico, llevándolo entre cuatro
hombres. Y como no podían acercarlo a
Él, por causa de la multitud, levantaron
el techo sobre el lugar donde Jesús
estaba, y haciendo un agujero
descolgaron la camilla con el paralítico.
Al ver la fe de esos hombres, Jesús dijo
al paralítico:
"Hijo, tus pecados te son perdonados".
La actitud de Jesús hacia los
pecadores
Muchos publicanos y pecadores se
sentaron a comer con él y sus discípulos;
porque eran muchos los que lo seguían.
Los escribas del grupo de los fariseos, al
ver que comía con pecadores y
publicanos, decían a los discípulos:
"¿Por qué come con publicanos y
pecadores?". Jesús, que había oído, les
dijo:
"No son los sanos los que tienen
necesidad del médico, sino los enfermos.
Yo no he venido a llamar a los justos, sino
a los pecadores".

Discusión sobre el ayuno
Un día en que los discípulos de Juan y los
fariseos ayunaban, fueron a decirle a
Jesús:
"¿Por qué tus discípulos no ayunan, como
lo hacen los discípulos de Juan y los
discípulos de los fariseos?".
El llamado de Leví
Jesús salió nuevamente a la orilla
del mar; toda la gente acudía allí,
y él les enseñaba.
Al pasar vio a Leví, hijo de Alfeo,
sentado a la mesa de recaudación
de impuestos, y le dijo: "Sígueme".
Él se levantó y lo siguió.


Jesús les respondió:
"¿Acaso los amigos del esposo pueden
ayunar cuando el esposo está con ellos?
Es natural que no ayunen, mientras tienen
consigo al esposo.
Llegará el momento en que el esposo les
será quitado, y entonces ayunarán.
Nadie usa un pedazo de género nuevo
para remendar un vestido viejo, porque el
pedazo añadido tira del vestido viejo y la
rotura se hace más grande. Tampoco se
pone vino nuevo en odres viejos, porque
hará reventar los odres, y ya no servirán
más ni el vino ni los odres. ¡A vino nuevo,
odres nuevos!".

Discusión sobre el sábado
Un sábado en que Jesús atravesaba unos
sembrados, sus discípulos comenzaron a
arrancar espigas al pasar.
Entonces los fariseos le dijeron:
"¡Mira! ¿Por qué hacen en sábado lo que
no está permitido?".


Y agregó:
"El sábado ha sido hecho para el hombre,
y no el hombre para el sábado. De manera
que el Hijo del hombre es dueño también
del sábado".
Marcos, 2: 1-28

Curación de un hombre en sábado
Jesús entró nuevamente en una sinagoga,
y había allí un hombre que tenía una mano
paralizada. Los fariseos observaban
atentamente a Jesús para ver si lo curaba
en sábado, con el fin de acusarlo. Jesús
dijo al hombre de la mano paralizada:
"Ven y colócate aquí delante". Y les dijo:
"¿Está permitido en sábado hacer el bien o
el mal, salvar una vida o perderla?".
Pero ellos callaron. Entonces, dirigiendo
sobre ellos una mirada llena de
indignación y apenado por la dureza de
sus corazones, dijo al hombre:
"Extiende tu mano".
Él la extendió y su mano quedó curada.


Los fariseos salieron y se
confabularon con los herodianos para
buscar la forma de acabar con él.

La multitud sigue a Jesús
Jesús se retiró con sus discípulos a la
orilla del mar, y lo siguió mucha gente
de Galilea. Al enterarse de lo que
hacía, también fue a su encuentro
una gran multitud de Judea, de
Jerusalén, de Idumea, de la
Transjordania y de la región de Tiro y
Sidón
Entonces mandó a sus discípulos que
le prepararan una barca, para que la
muchedumbre no lo apretujara.
Porque, como curaba a muchos,
todos los que padecían algún mal se
arrojaban sobre él para tocarlo.
Y los espíritus impuros, apenas lo
veían, se tiraban a sus pies, gritando:
"¡Tú eres el Hijo de Dios!".
Pero Jesús les ordenaba terminantemente
que no lo pusieran de manifiesto.

Institución de los Doce
Después subió a la montaña y llamó a su
lado a los que quiso. Ellos fueron hacia
Él, y Jesús instituyó a Doce para que
estuvieran con Él, y para enviarlos a
predicar con el poder de expulsar a los
demonios.
Así instituyó a los Doce: Simón, al que
puso el sobrenombre de Pedro;
Santiago, hijo de Zebedeo, y Juan,
hermano de Santiago, a los que dio el
nombre de Boanerges, es decir, hijos del
trueno; luego, Andrés, Felipe, Bartolomé,
Mateo, Tomás, Santiago, hijo de Alfeo,
Tadeo, Simón el Cananeo, y Judas
Iscariote, el mismo que lo entregó.

La actitud de los parientes de Jesús
Jesús regresó a la casa, y de nuevo se
juntó tanta gente que ni siquiera podían
comer.

Cuando sus parientes se enteraron,
salieron para llevárselo, porque
decían:
"Es un exaltado".

Jesús y Belzebul
Los escribas que habían venido de
Jerusalén decían: "Está poseído por
Belzebul y expulsa a los demonios por
el poder del Príncipe de los
demonios". Jesús los llamó y por
medio de comparaciones les explicó:
"¿Cómo Satanás va a expulsar a
Satanás? Un reino donde hay luchas
internas no puede subsistir.
Y una familia dividida tampoco puede
subsistir. Por lo tanto, si Satanás se
dividió, levantándose contra sí mismo,
ya no puede subsistir, sino que ha
llegado a su fin. Pero nadie puede
entrar en la casa de un hombre fuerte
y saquear sus bienes, si primero no lo
ata. Sólo así podrá saquear la casa.

La blasfemia contra el Espíritu
Santo
Les aseguro que todo será perdonado
a los hombres: todos los pecados y
cualquier blasfemia que profieran.
Pero el que blasfeme contra el
Espíritu Santo, no tendrá perdón
jamás: es culpable de pecado para
siempre".
Jesús dijo esto porque ellos decían:
"Está poseído por un espíritu impuro".

La parábola del sembrador
Jesús comenzó a enseñar de nuevo a
orillas del mar, a una gran multitud
que se reunió junto a Él y permaneció
en una barca dentro del mar. Mientras
tanto, la multitud estaba en la orilla.
Él les enseñaba muchas cosas por
medio de parábolas, y esto era lo que
les enseñaba: "¡Escuchen! El
sembrador salió a sembrar.
Mientras sembraba, parte de la semilla
cayó al borde del camino, y vinieron los
pájaros y se la comieron.
Otra parte cayó en terreno rocoso, donde
no tenía mucha tierra, y brotó en seguida
porque la tierra era poco profunda; pero
cuando salió el sol, se quemó y, por falta
de raíz, se secó.
Otra cayó entre las espinas; estas
crecieron, la sofocaron, y no dio fruto.
Otros granos cayeron en buena tierra y
dieron fruto: fueron creciendo y
desarrollándose, y rindieron ya el treinta,
ya el sesenta, ya el ciento por uno".
Y decía: "¡El que tenga oídos para oír,
que oiga!".

Finalidad de las parábolas
Cuando se quedó solo, los que estaban
alrededor de él junto con los Doce, le
preguntaban por el sentido de las
parábolas.



Y Jesús les decía:
"A ustedes se les ha confiado el
misterio del Reino de Dios; en cambio,
para los de afuera, todo es parábola, a
fin de que miren y no vean, oigan y no
entiendan, no sea que se conviertan y
alcancen el perdón".

Explicación de la parábola del
sembrador
Jesús les dijo:
"¿No entienden esta parábola? ¿Cómo
comprenderán entonces todas las
demás?
El sembrador siembra la Palabra.
Los que están al borde del camino, son
aquellos en quienes se siembra la
Palabra; pero, apenas la escuchan,
viene Satanás y se lleva la semilla
sembrada en ellos.
Igualmente, los que reciben la semilla
en terreno rocoso son los que, al
escuchar la Palabra,
la acogen en seguida con alegría; pero
no tienen raíces, sino que son
inconstantes y, en cuanto sobreviene la
tribulación o la persecución a causa de
la Palabra, inmediatamente sucumben.
Hay otros que reciben la semilla entre
espinas: son los que han escuchado la
Palabra, pero las preocupaciones del
mundo, la seducción de las riquezas y
los demás deseos penetran en ellos y
ahogan la Palabra, y esta resulta
infructuosa.
Y los que reciben la semilla en tierra
buena, son los que escuchan la
Palabra, la aceptan y dan fruto al
treinta, al sesenta y al ciento por uno".

El ejemplo de la lámpara
Jesús les decía:
"¿Acaso se trae una lámpara para
ponerla debajo de un cajón o debajo
de la cama?
¿No es más bien para colocarla sobre el
candelero? Porque no hay nada oculto que
no deba ser revelado y nada secreto que no
deba manifestarse.
¡Si alguien tiene oídos para oír, que
oiga!".

El ejemplo de la medida
Y les decía:
"¡Presten atención a lo que oyen! La medida
con que midan se usará para ustedes, y les
darán más todavía. Porque al que tiene, se
le dará, pero al que no tiene, se le quitará
aún lo que tiene".

La parábola de la semilla que crece por
sí sola
Y decía:
"El Reino de Dios es como un hombre que
echa la semilla en la tierra: sea que duerma
o se levante, de noche y de día, la semilla
germina y va creciendo, sin que él sepa
cómo.
La tierra por sí misma produce primero un
tallo, luego una espiga, y al fin grano
abundante en la espiga. Cuando el fruto está
a punto, él aplica en seguida la hoz, porque
ha llegado el tiempo de la cosecha".

La parábola del grano de mostaza
También decía:
"¿Con qué podríamos comparar el Reino de
Dios? ¿Qué parábola nos servirá para
representarlo? Se parece a un grano de
mostaza. Cuando se la siembra, es la más
pequeña de todas las semillas de la tierra,
pero, una vez sembrada, crece y llega a ser la
más grande de todas las hortalizas, y
extiende tanto sus ramas que los pájaros del
cielo se cobijan a su sombra".

La enseñanza por medio de parábolas
Y con muchas parábolas como estas les
anunciaba la Palabra, en la medida en que
ellos podían comprender todo. No les hablaba
sino en parábolas, pero a sus propios
discípulos, en privado, les explicaba
La tempestad calmada
Al atardecer de ese mismo día, les dijo:
"Crucemos a la otra orilla". Ellos,
dejando a la multitud, lo llevaron a la
barca, así como estaba. Había otras
barcas junto a la suya. Entonces se
desató un fuerte vendaval, y las olas
entraban en la barca, que se iba
llenando de agua. Jesús estaba en la
popa, durmiendo sobre el cabezal. Lo
despertaron y le dijeron: "¡Maestro!
¿No te importa que nos ahoguemos?".
Despertándose, él increpó al viento y
dijo al mar: "¡Silencio! ¡Cállate!". El
viento se aplacó y sobrevino una gran
calma. Después les dijo: "¿Por qué
tienen miedo? ¿Cómo no tienen fe?".
Entonces quedaron atemorizados y se
decían unos a otros:"¿Quién es este,
que hasta el viento y el mar le
obedecen?".
Marcos, 4: 1- 41
Reflexión
Y ahora, cuando la tempestad está
calmada, me admiro de tu poder como
los apóstoles, que «se admiraron y
dijeron: ¿Quién es éste que hasta los
vientos y el mar le obedecen?»
Jesús, hoy es un buen día para
considerar que Tú eres a la vez
hombre y Dios.

Como vimos en el capítulo anterior los
discípulos no creyeron que Jesús podría
resolver el problema de la tormenta, ya
que todos se asombraron cuando lo hizo.
¿Cómo podrían haber sido tan lentos y
desconfiados? ¿Qué pasa con nosotros?
¿Acaso no creemos que Jesús puede
manejar cualquier situación, si confiamos
y obedecemos su voluntad? ¿No hemos
visto en las Escrituras que Jesús puede
resolver todos los problemas? ¿Cómo
reaccionamos cuando nos enfrentamos a
una nueva crisis en nuestras vidas

no podemos tener confianza e ir
confiado a Jesús, o caer en la
desesperación? ¿Qué tan bien
dormimos?

Jesús echa fuera una legión de
demonios, Marcos 5:1-20.
Cuando Jesús bajó de la barca, un
hombre salvaje le había encontrado.
El hombre, habitado por miles de
demonios, no pudo ser sometido
por la fuerza humana, y así vivía como un
salvaje entre los sepulcros. Los demonios
en el hombre tenían miedo de Jesús. Ellos
le pidieron que no los enviara fuera del país
(hacia el abismo, Marcos, 5: 10-12). Por el
contrario, querían entrar en un hato de
cerdos.

Curación del endemoniado de Gerasa
Apenas Jesús desembarcó, le salió al
encuentro desde el cementerio un hombre
poseído por un espíritu impuro. Él habitaba
en los sepulcros, y nadie podía sujetarlo, ni
siquiera con cadenas.
Muchas veces lo habían atado con grillos y
cadenas, pero él había roto las cadenas y
destrozado los grillos, y nadie podía
dominarlo. Día y noche, vagaba entre los
sepulcros y por la montaña, dando alaridos
e hiriéndose con piedras.
Al ver de lejos a Jesús, vino corriendo a
postrarse ante Él, gritando con fuerza:
"¿Qué quieres de mí, Jesús, Hijo de
Dios, el Altísimo? ¡Te conjuro por Dios,
no me atormentes!". Porque Jesús le
había dicho
"¡Sal de este hombre, espíritu impuro!".
Después le preguntó: "¿Cuál es tu
nombre?". Él respondió: "Mi nombre es
Legión, porque somos muchos".
Y le rogaba con insistencia que no lo
expulsara de aquella región.
Había allí una gran piara de cerdos que
estaba paciendo en la montaña. Los
espíritus impuros suplicaron a Jesús:
"Envíanos a los cerdos, para que
entremos en ellos".

Evidentemente, si los demonios habían
sido expulsados  sin tener permiso para
ir a otro ser, habrían tenido que volver al
infierno. No hay duda de que era mejor
para habitar un cerdo, si es necesario,
que ser enviado de vuelta a ese lugar
horrible.
Sorprendentemente, Jesús accedió a la
petición de los demonios. Salieron del
hombre y entraron en los cerdos. La
manada se volvió loca a causa de la
presencia de los demonios dentro de ellos, y
se precipitó por el acantilado. Los cerdos se
ahogaron y, presumiblemente, los demonios
tenían que volver al abismo.
Tal vez pensaron que se había burlado de
Jesús cuando Él les permitió entrar en los
cerdos, pero la verdad es que Jesús no
puede ser burlado! Al final, tuvieron que
regresar al abismo.
Mientras tanto, los que habían estado
atendiendo a los cerdos fueron a la ciudad y
le dijo a la gente del pueblo acerca de lo que
Jesús había hecho. ¡Qué gran oportunidad
para este pueblo pequeño y tener presente
a Jesús! No lo vieron como una oportunidad
aunque, rogaron a Jesús que se fuera. El
hombre que había sido sanado quería
seguir a Jesús, pero Él le dijo que regresara
a su casa y comenzara a predicar.

Él se lo permitió. Entonces los espíritus
impuros salieron de aquel hombre,
entraron en los cerdos, y desde lo alto
del acantilado, toda la piara –unos dos
mil animales– se precipitó al mar y se
ahogó.
Los cuidadores huyeron y difundieron la
noticia en la ciudad y en los poblados.
La gente fue a ver qué había sucedido.
Cuando llegaron a donde estaba Jesús,
vieron sentado, vestido y en su sano
juicio, al que había estado poseído por
aquella Legión, y se llenaron de temor.
Los testigos del hecho les contaron lo
que había sucedido con el endemoniado
y con los cerdos.
Entonces empezaron a pedir a Jesús
que se alejara de su territorio.
El hombre se fue y comenzó a
proclamar por la región de la Decápolis
lo que Jesús había hecho por él, y todos
quedaban admirados.
Se encontraba allí una mujer que desde
hacía doce años padecía de hemorragias.
Había sufrido mucho en manos de
numerosos médicos y gastado todo su
dinero, pero sólo había empeorado.
Pensó que al tocar a Jesús ella podría ser
curada. Efectivamente, cuando tocó el
manto de Jesús, sintió que el flujo de
sangre inmediatamente se secó y se
encontraba bien.
De pronto, Jesús les preguntó quién le
había tocado. Los discípulos pensaron
que era una pregunta extraña ya que
había una gran multitud alrededor de
Jesús.
Muchos de ellos lo habían "tocado". Sin
embargo, la mujer sabía lo que Jesús
quería decir. Aterrada, ella se adelantó y
confesó. Jesús le aseguró a ella diciendo
que su fe la había sanado.
Muchos tocaron su ropa y no se sanaron,
ella fue sanada por la voluntad del Señor.
Jesús Sana a la hija de Jairo
Marcos 5:35-43
Un oficial de la sinagoga, llamado Jairo
pidió a Jesús que fuera a sanar a su hija
que se estaba muriendo. Durante el
retraso causado por la curación de la
mujer, la gente vino a decir a Jairo que
no molestaran a Jesús por más tiempo
debido a que su hija había muerto. Jesús
les dijo que creyeran y fue a la casa. Allí,
los dolientes se rieron cuando Jesús les
dijo que la niña estaba "durmiendo".
Él no estaba negando la realidad de su
muerte, pero fue la afirmación de que
Dios le resucitaría, por lo que su muerte
era más como un sueño. Tomó sólo tres
discípulos y los padres de la niña, fue a
su habitación, y le dijo que se levantara.
Ella lo hizo. Los testigos quedaron
atónitos.
Cuatro veces en esta parte de Marcos,
Jesús entró en situaciones que eran
humanamente imposible y salió
victorioso.
Curación de una mujer y
resurrección de la hija de Jairo.
Entonces llegó uno de los jefes de
la sinagoga, llamado Jairo, y al
verlo, se arrojó a sus pies,
rogándole con insistencia:
"Mi hijita se está muriendo; ven a
imponerle las manos, para que se
cure y viva".
Jesús fue con él y lo seguía una gran
multitud que lo apretaba por todos lados.
Se encontraba allí una mujer que desde
hacía doce años padecía de hemorragias.
Como había oído hablar de Jesús, se le
acercó por detrás, entre la multitud, y tocó
su manto, porque pensaba: "Con sólo tocar
su manto quedaré curada".
Inmediatamente cesó la hemorragia, y ella
sintió en su cuerpo que estaba curada de
su mal. Jesús se dio cuenta en seguida de
la fuerza que había salido de Él, se dio
vuelta y, dirigiéndose a la multitud,
preguntó:
"¿Quién tocó mi manto?". Entonces la
mujer, muy asustada y temblando, porque
sabía bien lo que le había ocurrido, fue a
arrojarse a sus pies y le confesó toda la
verdad. Jesús le dijo:
"Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz, y
queda curada de tu enfermedad".
Todavía estaba hablando, cuando llegaron
unas personas de la casa del jefe de la
sinagoga y le dijeron:

Allí vio un gran alboroto, y gente que
lloraba y gritaba. Al entrar, les dijo:
"¿Por qué se alborotan y lloran? La
niña no está muerta, sino que
duerme".
Y se burlaban de Él. Pero Jesús hizo
salir a todos, y tomando consigo al
padre y a la madre de la niña, y a los
que venían con Él, entró donde ella
estaba. La tomó de la mano y le dijo:
"Talitá kum", que significa:
"¡Niña, yo te lo ordeno, levántate!".
En seguida la niña, que ya tenía doce
años, se levantó y comenzó a
caminar. Ellos, entonces, se llenaron
de asombro,
y él les mandó insistentemente que
nadie se enterara de lo sucedido.
Después dijo que dieran de comer a
la niña.
Marcos, 5:1-17, 20, 22-25,
27-30, 33-43
"Tu hija ya murió; ¿para qué vas a
seguir molestando al Maestro?".
Pero Jesús, sin tener en cuenta esas
palabras, dijo al jefe de la sinagoga:
"No temas, basta que creas".
Y sin permitir que nadie lo
acompañara, excepto Pedro,
Santiago y Juan, el hermano de
Santiago, fue a casa del jefe de la
sinagoga.
El paso por Nazaret fue doloroso
para Jesús. Fue rechazado por su
misma gente. Lo que antes era su
comunidad, ahora ha dejado de
serlo. Algo cambió. Jesús empieza
a andar por los poblados de
Galilea para anunciar la Buena
Nueva y a enviar a los doce en
misión.Por eso, la descripción del
envío de los discípulos, después
del conflicto en Nazaret, era fuente
de luz y de ánimo para los
cristianos.
El objetivo de la Misión. El conflicto
creció y tocó de cerca a la persona
de Jesús. ¿Cómo reacciona? De
dos maneras. a) Ante la cerrazón
de la gente de su comunidad,
Jesús deja Nazaret y empieza a
recorrer los poblados de los
alrededores

b) Expande la misión e intensifica el
anuncio de la Buena Nueva
llamando a otras personas para
implicarlas en la misión. “Y llama a
los Doce y comenzó a enviarlos de
dos en dos, dándoles poder sobre
los espíritus inmundos”.
El objetivo de la misión es sencillo y
profundo. Los discípulos participan
de la misión de Jesús. No pueden ir
solos, sino que deben ir de dos en
dos, pues dos personas
representan mejor la comunidad
que una sola, y se pueden ayudar
mutuamente. Reciben poder sobre
los espíritus impuros, esto es,
deben aliviar el sufrimiento de la
gente y, a través de la purificación,
deben abrir las puertas de acceso
directo a Dios.

aActitudes que hay que tomar en la
misión. Las recomendaciones son
sencillas: “Les ordenó que nada
tomasen para el camino, fuera de un
bastón: ni pan, ni alforja, ni calderilla
en la faja; sino: «Calzados con
sandalias y no vistáis dos túnicas.» Y
les dijo: «Cuando entréis en una
casa, quedaos en ella hasta marchar
de allí. Si algún lugar no os recibe y
no os escuchan, marchaos de allí
sacudiendo el polvo de la planta de
vuestros pies, en testimonio contra
ellos». Y ellos se fueron. Es el
comienzo de una nueva etapa. Ahora
ya no es sólo Jesús, sino todo el
grupo va a anunciar la Buena Nueva
de Dios al pueblo. El resultado de la
misión. “Y, yéndose de allí, predicaron
que se convirtieran;
expulsaban a muchos demonios, y
ungían con aceite a muchos enfermos
y los curaban”. Anunciar la Buena
Nueva, provocar la conversión o
mudanza en las personas y aliviar el
dolor de la gente, curando las
dolencias y expulsando los males.
El Reino de Dios que Jesús nos
reveló no es una doctrina, ni un
catecismo, ni una ley. El Reino de
Dios acontece y se hace presente
cuando las personas, motivadas por
su fe en Jesús, deciden vivir en
comunidad para, así, dar testimonio y
revelar a todos que Dios es Padre y
Madre y que, por consiguiente,
nosotros, los seres humanos, somos
hermanos y hermanas, del Reino, del
amor de Dios como Padre, que nos
hace a todos hermanos y hermanas.
El rechazo en Nazaret
Marcos 6:1-6
Jesús volvió a su ciudad natal de
Nazaret. A pesar de pruebas
convincentes de que Él era el Hijo de
Dios, su propia gente del pueblo lo
rechazó. Ellos conocían a su familia
y sus antecedentes y se negaron a
creer que alguien que consideraban
un compañero podría ser mayor que
ellos. Debido a que la gente no tiene
suficiente fe para traer a sus
enfermos a Él, Jesús sanó a unos
pocos.
Los habitantes de Nazaret perdieron
una oportunidad ideal para que el
Señor estuviese con ellos. Aquí, en
Nazaret, se negaron a creer y por lo
tanto ni siquiera traen a sus
enfermos a Jesús para sanar.
Jesús salió de allí y se dirigió a su
pueblo, seguido de sus discípulos.
Cuando llegó el sábado, comenzó a
enseñar en la sinagoga, y la
multitud que lo escuchaba estaba
asombrada y decía: "¿De dónde
saca todo esto? ¿Qué sabiduría es
esa que le ha sido dada y esos
grandes milagros que se realizan
por sus manos? ¿No es acaso el
carpintero, el hijo de María,
hermano de Santiago, de José, de
Judas y de Simón? ¿Y sus
hermanas no viven aquí entre
nosotros?".
Y Jesús era para ellos un motivo de
tropiezo. Por eso les dijo:
"Un profeta es despreciado
solamente en su pueblo, en su
familia y en su casa".

Y no pudo hacer allí ningún milagro,
fuera de curar a unos pocos
enfermos, imponiéndoles las manos.
Y Él se asombraba de su falta de fe.

¿Qué pasa con nosotros? No nos
aprovechamos de la oportunidad de
conocer a Jesús y ser bendecidos por
Él?

Misión de los Doce
Jesús recorría las poblaciones de los
alrededores, enseñando a la gente.
El primer poder que los apóstoles van
a recibir cuando son enviados en
misión, es el poder de expulsar los
demonios (Mc 6,7).
Entonces llamó a los Doce y los envió
de dos en dos, dándoles poder sobre
los espíritus impuros.
Y les ordenó que no llevaran para el
camino más que un bastón; ni pan, ni
alforja, ni dinero; que fueran calzados con
sandalias y que no tuvieran dos
túnicas.Les dijo: "Permanezcan en la casa
donde les den alojamiento hasta el
momento de partir. Si no los reciben en un
lugar y la gente no los escucha, al salir de
allí, sacudan hasta el polvo de sus pies, en
testimonio contra ellos".
Entonces fueron a predicar, exhortando a
la conversión; expulsaron a muchos
demonios y curaron a numerosos
enfermos, ungiéndolos con óleo.

Juicio de Herodes sobre Jesús
El rey Herodes oyó hablar de Jesús,
porque su fama se había extendido por
todas partes. Algunos decían: "Juan el
Bautista ha resucitado, y por eso se
manifiestan en él poderes milagrosos".
Otros afirmaban: "Es Elías". Y otros: "Es
un profeta como los antiguos".
Pero Herodes, al oír todo esto, decía:
"Este hombre es Juan, a quien yo mandé
decapitar y que ha resucitado".

La muerte de Juan el Bautista
Herodes, en efecto, había hecho arrestar
y encarcelar a Juan a causa de Herodías,
la mujer de su hermano Felipe, con la que
se había casado. Porque Juan decía a
Herodes: "No te es lícito tener a la mujer
de tu hermano". Herodías odiaba a Juan e
intentaba matarlo, pero no podía, porque
Herodes lo respetaba, sabiendo que era
un hombre justo y santo, y lo protegía.
Cuando lo oía, quedaba perplejo, pero lo
escuchaba con gusto.
Un día se presentó la ocasión favorable.
Herodes festejaba su cumpleaños,
ofreciendo un banquete a sus dignatarios,
a sus oficiales y a los notables de Galilea.
La hija de Herodías salió a bailar,
y agradó tanto a Herodes y a sus
convidados, que el rey dijo a la
joven: "Pídeme lo que quieras y
te lo daré".
La joven volvió rápidamente a
donde estaba el rey y le hizo este
pedido: "Quiero que me traigas
ahora mismo, sobre una bandeja,
la cabeza de Juan el Bautista".
El rey se entristeció mucho, pero
a causa de su juramento, y por
los convidados, no quiso
contrariarla.
En seguida mandó a un guardia
que trajera la cabeza de Juan.
El guardia fue a la cárcel y le
cortó la cabeza. Después la trajo
sobre una bandeja, la entregó a la
joven y esta se la dio a su madre.
Cuando los discípulos de Juan lo
supieron, fueron a recoger el cadáver y lo
sepultaron.

La primera multiplicación de los panes
Los Apóstoles se reunieron con Jesús y
le contaron todo lo que habían hecho y
enseñado. Él les dijo:
"Vengan ustedes solos a un lugar
desierto, para descansar un poco".
Porque era tanta la gente que iba y
venía, que no tenían tiempo ni para
comer.
Entonces se fueron solos en la barca a
un lugar desierto.
Al verlos partir, muchos los reconocieron,
y de todas las ciudades acudieron por
tierra a aquel lugar y llegaron antes que
ellos. Al desembarcar, Jesús vio una gran
muchedumbre y se compadeció de ella,
porque eran como ovejas sin pastor, y
estuvo enseñándoles largo rato.
Como se había hecho tarde, sus
discípulos se acercaron y le dijeron:
"Este es un lugar desierto, y ya es muy
tarde. Despide a la gente, para que
vaya a los campos y pueblos cercanos
a comprar algo para comer". Él
respondió: "Denles de comer ustedes
mismos".
Ellos le dijeron: "Habría que comprar
pan por valor de doscientos denarios
para dar de comer a todos". Jesús
preguntó: "¿Cuántos panes tienen
ustedes? Vayan a ver. Después de
averiguarlo, dijeron:"Cinco panes y dos
pescados".
Él les ordenó que hicieran sentar a
todos en grupos, sobre la hierba
verde, y la gente se sentó en grupos de
cien y de cincuenta Entonces Él tomó
los cinco panes y los dos pescados,
y levantando los ojos al cielo,
pronunció la bendición, partió los
panes y los fue entregando a sus
discípulos para que los distribuyeran.
También repartió los dos pescados
entre la gente.
Todos comieron hasta saciarse, y se
recogieron doce canastas llenas de
sobras de pan y de restos de
pescado.
Los que comieron eran cinco mil
hombres.

Jesús camina sobre el agua
Una vez que los despidió, se retiró a la
montaña para orar. Al caer la tarde, la
barca estaba en medio del mar y él
permanecía sólo en tierra. Al ver que
remaban muy penosamente, porque
tenían viento en contra,
cerca de la madrugada fue hacia
ellos caminando sobre el mar, e
hizo como si pasara de
largo. Ellos, al verlo caminar sobre
el mar, pensaron que era un
fantasma y se pusieron a gritar,
porque todos lo habían visto y
estaban sobresaltados. Pero él les
habló en seguida y les dijo:
"Tranquilícense, soy yo; no
teman".

Luego subió a la barca con ellos y
el viento se calmó. Así llegaron al
colmo de su estupor, porque no
habían comprendido el milagro de
los panes y su mente estaba
enceguecida.

Curaciones en la región de
Genesaret
Después de atravesar el lago, llegaron
a Genesaret y atracaron allí.
Apenas desembarcaron, la gente
reconoció en seguida a Jesús, y
comenzaron a recorrer toda la región
para llevar en camilla a los enfermos,
hasta el lugar donde sabían que Él
estaba.

En todas partes donde entraba,
pueblos, ciudades y poblados, ponían
a los enfermos en las plazas y le
rogaban que los dejara tocar tan sólo
los flecos de su manto, y los que lo
tocaban quedaban curados.
Marcos, 6: 1-56
Jesús ayuda a la gente y a los
discípulos a entender mejor el
significado que la pureza tiene ante
Dios. Desde siglos, para no volverse
impuros, los judíos observaban
muchas normas y costumbres
relacionadas con comida, bebida,
ropa, higiene del cuerpo,
lavado de los vasos, contacto con
personas de otra religión y raza,
etc.
No tenían permiso para entrar en
contacto con los paganos y para
comer con ellos. En los años 70,
época de Marcos, algunos judíos
convertidos decían: “Ahora que
somos cristianos tenemos que
abandonar estas costumbres
antiguas que nos separan de los
paganos convertidos.” Pero otros
pensaban que debían continuar a
observar estas leyes de la pureza
(Cf. Col 2,16.20-22).

“Por tanto, que nadie os critique por
cuestiones de comida o bebida, o a
propósito de fiestas, de novilunios o
sábados.
Una vez que habéis muerto con
Cristo a los elementos del mundo
¿por qué sujetaros, como si aún
vivierais en el mundo, a preceptos
como "no tomes", "no gustes", "no
toques", cosas todas destinadas a
perecer con el uso y debidas
a preceptos y doctrinas puramente
humanos? ”
Colosenses, 2: 16, 20-22
Jesús abre un nuevo sendero para
que la gente se acerque a Dios. Dice
a la multitud: “¡Todo lo que de fuera
entra en el hombre no puede
contaminarle!”. Jesús invierte las
cosas: lo impuro no viene de fuera
para dentro, como enseñaban los
doctores de la ley, sino de dentro para
fuera. De este modo, nadie más
precisa preguntarse si esta o aquella
comida o bebida es pura o impura.
Jesús coloca lo puro y lo impuro a
otro nivel, a nivel del comportamiento
ético. Abre un nuevo sendero para
llegar hasta Dios y, así, realiza el
deseo más profundo de la gente.

Discusión sobre las tradiciones
Los fariseos, en efecto, y los judíos
en general, no comen sin lavarse
antes cuidadosamente las manos,
siguiendo la tradición de sus
antepasados; y al volver del
mercado, no comen sin hacer
primero las abluciones. Además,
hay muchas otras prácticas, a las
que están aferrados por tradición,
como el lavado de los vasos, de las
jarras y de la vajilla de bronce.
Entonces los fariseos y los escribas
preguntaron a Jesús: "¿Por qué tus
discípulos no proceden de acuerdo
con la tradición de nuestros
antepasados, sino que comen con
las manos impuras?". Él les
respondió: "¡Hipócritas! Bien
profetizó de ustedes Isaías, en el
pasaje de la Escritura que dice: Este
pueblo me honra con los labios, pero
su corazón está lejos de mí. En vano
me rinde culto: las doctrinas que
enseñan no son sino preceptos
humanos. Y les decía: "Por
mantenerse fieles a su tradición,
ustedes descartan tranquilamente el
mandamiento de Dios.
Porque Moisés dijo: Honra a tu padre
y a tu madre, y además: El que
maldice a su padre y a su madre
será condenado a muerte.
En cambio, ustedes afirman: "Si
alguien dice a su padre o a su
madre: Declaro corbán –es decir,
ofrenda sagrada– todo aquello con
lo que podría ayudarte...". En ese
caso, le permiten no hacer más
nada por su padre o por su
madre. Así anulan la palabra de
Dios por la tradición que ustedes
mismos se han transmitido. ¡Y
como estas, hacen muchas otras
cosas!".

La enseñanza sobre lo puro y lo
impuro
Y Jesús, llamando otra vez a la
gente, les dijo: "Escúchenme
todos y entiéndanlo bien.
Ninguna cosa externa que entra
en el hombre puede mancharlo;
Pensaba que habían entendido la
parábola. En la explicación a los
discípulos va hasta el fondo de la
cuestión de la pureza. ¡Declara
puros todos los alimentos! Es decir:
ningún alimento que entra en el ser
humano puedo volverlo impuro, pues
no va hasta el corazón, sino que va
al estómago y termina de nuevo
fuera del ser humano. Sino que lo
que vuelve impuro, dice Jesús, es
aquello que sale del corazón para
envenenar la relación humana.
Y enumera: prostitución, robo,
asesinato, adulterio, ambición, etc.
Así, de muchas maneras, por la
palabra, por la convivencia, Jesús
fue ayudando a las personas a ver y
a conseguir la pureza de otra
manera. Por la palabra, purificaba a
los leprosos (Mc 1,40-44), expulsaba
a los espíritus impuros (Mc 1,26.39;
3,15.22 etc.),
lo que lo hace impuro es aquello que
sale del hombre.
¡Si alguien tiene oídos para oír, que
oiga!".
Los discípulos no entendieron bien lo
que Jesús quería decir con aquella
afirmación. Cuando llegaron a casa
pidieron una explicación. A Jesús le
extraño la pregunta de los discípulos.
Las leyes de la pureza en el
tiempo de Jesús. La gente de
aquella época se preocupaba
mucho por la pureza. La ley y las
normas de la pureza indicaban
las condiciones necesarias para
que alguien pudiera presentarse
ante Dios y sentirse en su
presencia. No era posible
presentarse ante Dios de
cualquier manera. Pues Dios es
Santo. La Ley decía: “¡Sed
santos, porque yo soy Santo!”
Levítico, 19:2 Los impuros no
podían llegar cerca de Dios para
recibir de él la bendición
prometida a Abrahán. La ley de lo
que es puro e impuro
Levítico, 11 a 16 se escribió
después del cautiverio en
Babilonia,
y vencía la muerte que era fuente
de toda impureza.
Gracias a Jesús que la toca, la
mujer excluida como impura
queda curada Marcos, 5:25-34.
Sin miedo a ser contaminado,
Jesús come junto con las
personas consideradas impuras
Marcos, 2:15-17
Sus discípulos le preguntaron por
el sentido de esa parábola.
Él les dijo: "¿Ni siquiera ustedes
son capaces de comprender?
¿No saben que nada de lo que
entra de afuera en el hombre
puede mancharlo, porque eso no
va al corazón sino al vientre, y
después se elimina en lugares
retirados?". Así Jesús declaraba
que eran puros todos los
alimentos.
Luego agregó: "Lo que sale del
hombre es lo que lo hace impuro.
Porque es del interior, del corazón
de los hombres, de donde
provienen las malas intenciones,
las fornicaciones, los robos, los
homicidios, los adulterios, la
avaricia, la maldad, los engaños,
las deshonestidades, la envidia,
la difamación, el orgullo, el
desatino.
unos 800 años después del Éxodo,
pero tenía sus raíces en la mentalidad y
en las antiguas costumbres del pueblo
de la Biblia. Una visión religiosa y mítica
del mundo llevaba a la gente a apreciar
cosas, animales y a las personas,
desde la categoría de la pureza.
Génesis, 7:2; Deuteronomio 14,13-21;
Números, 12:10-15; Deuteronomio,
24:8-9
Él le respondió: "Deja que antes se
sacien los hijos; no está bien tomar el
pan de los hijos para tirárselo a los
cachorros". Pero ella le respondió: "Es
verdad, Señor, pero los cachorros,
debajo de la mesa, comen las migajas
que dejan caer los hijos". Entonces Él
le dijo: "A causa de lo que has dicho,
puedes irte: el demonio ha salido de tu
hija". Ella regresó a su casa y encontró
a la niña acostada en la cama y
liberada del demonio.

Curación de un sordomudo
Entonces le presentaron a un
sordomudo y le pidieron que le
impusiera las manos. Jesús lo separó
de la multitud y, llevándolo aparte, le
puso los dedos en las orejas y con su
saliva le tocó la lengua.
Curación de la hija de una
cananea
En seguida una mujer cuya hija
estaba poseída por un espíritu
impuro, oyó hablar de Él y fue a
postrarse a sus pies. Esta mujer,
que era pagana y de origen
sirofenicio, le pidió que expulsara de
su hija al demonio.
Aunque todavía no había llegado el
tiempo de llevar la Buena Noticia a los
paganos, Jesús incursiona en tierra
extranjera. También allí pone de
manifiesto el poder de Dios sobre las
enfermedades y sale al encuentro de
las necesidades humanas, anticipando
el momento en que "el pan de los hijos"
(7. 27) sería compartido por todos.
Durante este viaje fuera del territorio de
Israel, tiene lugar la profesión de fe de
Pedro, que es como la clave de todo el
Evangelio de Marcos. Este Apóstol,
portavoz de los demás, lo reconoce
como "el Mesías" (8. 29), o sea, el
"Cristo", el "Ungido" de Dios por
excelencia.
Jesús acepta ese título, pero impide
divulgar el "secreto mesiánico", que
sólo en su Muerte se iba a revelar
plenamente.
Después, levantando los ojos al
cielo, suspiró y le dijo: "Efatá", que
significa: "Ábrete".
Y en seguida se abrieron sus
oídos, se le soltó la lengua y
comenzó a hablar normalmente.
y, en el colmo de la admiración,
decían: "Todo lo ha hecho bien:
hace oír a los sordos y hablar a los
mudos".
Marcos, 7:3-23,25-30,32-35,37
El hilo que une los varios episodios de
esta parte de Marcos es el alimento, el
pan. Después del banquete de la
muerte viene el banquete de la vida
Durante la travesía del lago, los
discípulos tienen miedo, porque no
entendieron nada de la multiplicación
del pan en el desierto. En seguida,
Jesús declara puros todos los
alimentos. En la conversación de
Jesús con la mujer Cananea, los
paganos van a comer las migas que
caen de la mesa de los hijos.

La segunda multiplicación de los
panes
Marcos relata la segunda
multiplicación del pan
La situación de la gente y la reacción
de Jesús.
A partir de ese momento, comienza
a instruir más detenidamente a sus
discípulos y les anuncia su Muerte y
su Resurrección. Un signo
anticipado de esta última es la
transfiguración del Señor en
presencia de tres de sus Apóstoles.
y ¡se queda tres días con él!
b) Jesús no manda resolver el
problema. Apenas manifiesta
su preocupación a los
discípulos. Parece un
problema sin solución. porque
hace ya tres días que
permanecen conmigo y no
tienen qué comer. ¡Si los
despido en ayunas a sus
casas, desfallecerán en el
camino!” En esta
preocupación de Jesús
despuntan dos cosas muy
importantes: La gente olvida
casa y comida para ir detrás
de Jesús en el desierto. Ellos
mismos perciben que es un
gran problema y no
encuentran otra para
resolverlo.
a) aLa multitud, que se reúne
alrededor de Jesús en el
desierto, estaba sin comer.
Jesús llama a los discípulos y
expone el problema: “Siento
compasión de esta gente, Señal
de que Jesús tiene que haber
tenido una simpatía ambulante,
hasta el punto que la gente le
sigue en el desierto
“En seguida, manda la gente a
sentarse. Después, tomando los
siete panes y dando gracias, los
partió e iba dándolos a sus
discípulos para que los sirvieran.
Hizo lo mismo con los peces.”
Como en la primera multiplicación
la forma en la que Marcos describe
la actitud de Jesús recuerda la
Eucaristía. El mensaje es éste: la
participación en la Eucaristía tiene
que llevarnos a dar y a compartir
con los que no tienen pan. Todos
comieron, quedaron saciados y
¡hasta sobró! En la primera
multiplicación, sobraron doce
cestos. Aquí, siete. En la primera
había cinco mil personas. Aquí,
cuatro mil. En la primera, había
cinco panes y dos peces. Aquí,
siete panes y algunos peces.
Es decir: si Jesús insiste en
no mandar a la gente de
vuelta a casa, ¡no habrá
solución para el hambre de
la gente! Jesús encuentra
una solución. Pregunta
cuántos panes tienen:
“¡Siete!”
Al igual que Moisés en el Antiguo
Testamento, Jesús había dado de
comer al pueblo en el desierto,
realizando la multiplicación de los
panes. Señal de que se
presentaba ante el pueblo como
un nuevo Moisés.
El signo rehusado a los fariseos
Los fariseos no fueron capaces
de percibir el significado de la
multiplicación de los panes.
Comenzaron a discutir con Jesús y
piden un signo “venido del cielo”. No
habían entendido nada de lo que
Jesús había hecho. “Jesús suspira
profundamente”, probablemente de
desahogo y de tristeza ante una
ceguera tan grande. Y concluye “¡No
se dará a esta generación ningún
signo!” Los dejó y se fue a la otra
orilla del lago. No sirve de nada
mostrar una linda pintura a quien no
quiere abrir los ojos. ¡Quien cierra los
ojos no puede ver!

Advertencia contra la actitud de los
fariseos y de Herodes
Jesús advierte a los discípulos:
“Guardaos de la levadura de los
fariseos y de Herodes”. Pero ellos no
entendían las palabras de Jesús.
La expresión “tienen ojos y no ven, oídos
y no oyen” evocaba no sólo a la gente sin
fe, criticada por Isaías (Isaías, 6: 9-10),
sino que también a los adoradores de los
falsos dioses, de los cuales el salmo
decía: “Tienen ojos y no ven, tienen oídos
y no oyen”
(Sal 115,5-6).

Curación de un ciego
Cuando llegaron a Betsaida, le trajeron a
un ciego y le rogaban que lo tocara.
Él tomó al ciego de la mano y lo condujo
a las afueras del pueblo. Después de
ponerle saliva en los ojos e imponerle las
manos, Jesús le preguntó: "¿Ves algo?".
El ciego, que comenzaba a ver, le
respondió: "Veo hombres, como si fueran
árboles que caminan”.
Jesús le puso nuevamente las manos
sobre los ojos, y el hombre recuperó la
vista. Así quedó curado y veía todo con
claridad.
Piensan que habla así porque habían
olvidado comprar el pan. Jesús dice una
cosa y ellos entienden otra. Este
desencuentro era el resultado de la
influencia insidiosa de la “levadura de los
fariseos” en la cabeza y en la vida de los
discípulos. Los discípulos mismos tenían
un “corazón endurecido”. Ahora, los
discípulos mismos no entendían nada,
porque “tienen ojos y no ven, oídos y no
oyen”
El primer anuncio de la Pasión
Y comenzó a enseñarles que el
Hijo del hombre debía sufrir
mucho y ser rechazado por los
ancianos, los sumos sacerdotes
y los escribas; que debía ser
condenado a muerte y resucitar
después de tres días; y les
hablaba de esto con toda
claridad. Pedro, llevándolo
aparte, comenzó a reprenderlo.
Pero Jesús, dándose vuelta y
mirando a sus discípulos, lo
reprendió, diciendo: "¡Retírate,
ve detrás de mí, Satanás!
Porque tus pensamientos no
son los de Dios, sino los de los
hombres".

La profesión de fe de Pedro
Jesús salió con sus discípulos hacia los
poblados de Cesarea de Filipo, y en el
camino les preguntó: "¿Quién dice la gente
que soy yo?". Ellos le respondieron:
"Algunos dicen que eres Juan el Bautista;
otros, Elías; y otros, alguno de los
profetas". "Y ustedes, ¿quién dicen que
soy yo?". Pedro respondió: "Tú eres el
Mesías". Jesús les ordenó
terminantemente que no dijeran nada
acerca de Él.
y el que pierda su vida por mí y por la
Buena Noticia, la salvará.
¿De qué le servirá al hombre ganar el
mundo entero, si pierde su vida?
¿Y qué podrá dar el hombre a cambio de
su vida? Porque si alguien se avergüenza
de mí y de mis palabras en esta generación
adúltera y pecadora, también el Hijo del
hombre se avergonzará de él cuando
venga en la gloria de su Padre con sus
santos ángeles".
Marcos, 8: 1-38

Condiciones para seguir a
Jesús
Entonces Jesús, llamando a la
multitud, junto con sus
discípulos, les dijo:
"El que quiera venir detrás de
mí, que renuncie a sí mismo,
que cargue con su cruz y me
siga. Porque el que quiera
salvar su vida, la perderá;
Continúa la segunda parte de:
“Vida Pública de Jesús
según San Marcos

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