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Primera Carta de

San Pedro

«El cielo proclama la
gloria de Dios; de Su
Creación nos habla la
bóveda celeste. Los días
se lo cuentan entre sí; las
noches hacen correr la
voz» SALMO 19:1-2


Francisco Martínez A.

Noviembre 2013

Fuente: Sagradas Escrituras, Catholic.net
Sinopsis
Simón Bar Jona (hijo de
Jonás), el que había de ser
San Pedro (Hech. 15, 14);
“Simeón ha referido cómo
Dios ya al principio intervino
para procurarse entre los
gentiles un pueblo para su
Nombre.”
1 Pedro, 15:14

En Mt. 16, 17-19, Jesús lo
distinguió entre los otros
discípulos, haciéndolo
"Príncipe de los Apóstoles“
Y Jesús le dijo:
"Feliz de ti, Simón, hijo de
Jonás, porque esto no te lo
ha revelado ni la carne ni la
sangre, sino mi Padre que
está en el cielo.
Y yo te digo: Tú eres Pedro,
y sobre esta piedra edificaré
mi Iglesia, y el poder de la
Muerte no prevalecerá contra
ella.
Yo te daré las llaves del
Reino de los Cielos. Todo lo
que ates en la tierra, quedará
atado en el cielo, y todo lo
que desates en la tierra,
quedará desatado en el
cielo".
En (Juan 21:15,16,17).
“Después de haber
comido, dice Jesús a
Simón Pedro: "Simón de
Juan, ¿me amas más que
éstos?" Le dice él: "Sí,
Señor, tú sabes que te
quiero." Le dice Jesús:
"Apacienta mis corderos.”
Vuelve a decirle por
segunda vez: "Simón de
Juan, ¿me amas?" Le
dice él: "Sí, Señor, tú
sabes que te quiero." Le
dice Jesús: "Apacienta
mis ovejas.“
Le dice por tercera
vez: "Simón de Juan,
¿me quieres?"
Se entristeció Pedro
de que le preguntase
por tercera vez:
"¿Me quieres?"
y le dijo:
"Señor, tú lo sabes
todo; tú sabes que te
quiero." Le dice
Jesús:
"Apacienta mis
ovejas.
Juan, 16: 17-19
S. Pablo nos hace saber
que a él mismo, como
Apóstol de los gentiles,
Jesús le encomendó en
forma directa (Gál. 1,
11,12...) el evangelizar a
éstos,
“Porque os hago saber,
hermanos, que el
Evangelio anunciado por
mí, no es de orden
humano, pues yo no lo
recibí ni aprendí de
hombre alguno, sino por
revelación de Jesucristo…”
Gálatas, 1: 11-12… ;
A Pedro, como a Santiago
y a Juan, la evangelización
de los circuncisos o
israelitas (Gál. 2, 7-9; cf.
Sant. 1, 1).
“Antes al contrario, viendo
que me había sido confiada
la evangelización de los
incircuncisos, al igual que a
Pedro la de los
circuncisos, pues el que
actuó en Pedro para hacer
de él un apóstol de los
circuncisos, actuó también
en mí para hacerme
apóstol de los gentiles
y reconociendo la
gracia que me había
sido concedida,
Santiago, Cefas y
Juan, que eran
considerados como
columnas, nos
tendieron la mano en
señal de comunión a
mí y a Bernabé:
nosotros nos iríamos
a los gentiles y ellos
a los circuncisos”;
Gálatas, 2: 7-9

Santiago, siervo de
Dios y del Señor
Jesucristo, saluda a las
doce tribus de la
Dispersión.
Es decir, a las
comunidades
judeocristianas
diseminadas fuera de
Palestina, que
constituían el "nuevo
Israel".
Santiago, 1:1
Después de Pentecostés,
Pedro predicó en Jerusalén
y Palestina. En el año 42
“Consciente de su situación,
marchó a casa de María,
madre de Juan, por
sobrenombre Marcos,
donde se hallaban muchos
reunidos en oración.”
Hechos, 12:17
no sin haber antes admitido
al bautismo al pagano
Cornelio (Hech. 10), como
el diácono Felipe lo había
hecho con el "prosélito"
etíope
(Hech. 8, 26-39).
Su primera Carta se
considera que fue
escrita poco antes de
estallar la persecución
de Nerón, es decir,
cerca del año 64 d.C.,
desde Roma a la que
llama Babilonia por la
corrupción de su
ambiente pagano
(5, 13).

Os saluda la que está
en Babilonia, elegida
como vosotros, así
como mi hijo Marcos.
1 Pedro, 5:13
Su fin es consolar principalmente
a los hebreos cristianos dispersos
(1, 1-2) que, viviendo también en
un mundo pagano, corrían el
riesgo de perder la fe.

“Pedro, apóstol de Jesucristo, a
los que viven como extranjeros en
la Dispersión: en el Ponto,
Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia,
elegidos, según el previo
conocimiento de Dios Padre, con
la acción santificadora del
Espíritu, para obedecer a
Jesucristo y ser rociados con su
sangre. A vosotros gracia y paz
abundantes.
Sin embargo, varios
pasajes atestiguan que
su enseñanza se
extiende también a
los convertidos de la
gentilidad
(2, 10).

“Vosotros que en un
tiempo no erais pueb
lo y que ahora sois el
Pueblo de Dios, de los
que antes no se tuvo
compasión, pero
ahora son
compadecidos.”
1 Pedro, 2: 10
La primera carta de San Pedro
es una exhortación a un grupo
de Iglesias situadas en cinco
provincias romanas de Asia
Menor. Allí, como en otras
regiones del Imperio,
comenzaba a vislumbrarse un
horizonte sombrío para las
incipientes comunidades
cristianas.
Los creyentes no cuestionaban
las estructuras sociales o
políticas de su tiempo (2. 13-14),
pero habían introducido un estilo
de vida nuevo, que los hacía
vivir como "extranjeros" en su
propio ambiente (1. 1; 2. 11).
“Sed sumisos, a causa del Señor, a
toda institución humana: sea al rey,
como soberano, sea a los
gobernantes, como enviados por él
para castigo de los que obran el mal
y alabanza de los que obran el bien.”
1 Pedro, 2: 13-14
“Pedro, apóstol de Jesucristo, a los
que viven como extranjeros en la
Dispersión: en el Ponto, Galacia,
Capadocia, Asia y Bitinia, elegidos
Queridos, os exhorto a que,
como extranjeros y forasteros, os
abstengáis de las apetencias
carnales que combaten contra el
alma.”
1 Pedro, 1:1, 2:11
Esta forma de vida diferente
no tardó en hacerse
sospechosa, y la reacción de
la sociedad pagana tampoco
se hizo esperar. El simple
hecho de ser cristiano se
convirtió en un delito,
"sancionado" con la calumnia,
el desprecio y la hostilidad
más o menos abierta
(4. 14-16).

“Dichosos de vosotros, si sois
injuriados por el nombre de
Cristo, pues el Espíritu de
gloria, que es el Espíritu de
Dios, reposa sobre vosotros.”
“Que ninguno de
vosotros tenga que
sufrir ni por criminal ni
por ladrón ni por
malhechor ni por
entrometido: pero si
es por cristiano, que
no se avergüence,
que glorifique a Dios
por llevar este
nombre.”
1 Pedro, 4: 14-16
Pedro alentó a los
cristianos a profundizar
cada vez más su
compromiso bautismal
(3. 21),

“A ésta corresponde
ahora el bautismo que
os salva y que no
consiste en quitar la
suciedad del cuerpo,
sino en pedir a Dios
una buena conciencia
por medio de la
Resurrección de
Jesucristo.”
Abandonando
definitivamente las
malas costumbres (4. 3)

“ Ya es bastante el
tiempo que habéis
pasado obrando
conforme al querer de
los gentiles, viviendo en
desenfrenos,
liviandades, crápulas,
orgías, embriagueces y
en cultos ilícitos a los
ídolos.”
1 Pedro, 3:21, 4:3
Y desmintiendo con el
testimonio de su
conducta las
calumnias de los
paganos.
De allí que la
preocupación central
de la Carta sea el
comportamiento
cristiano, no sólo
dentro de la
comunidad eclesial,
sino también en
relación con el
mundo.
(2. 12; 3. 15-16; 4. 4).
“Tened en medio de los
gentiles una conducta
ejemplar a fin de que, en
lo mismo que os
calumnian como
malhechores, a la vista
de vuestras buenas
obras den gloria a Dios
en el día de la Visita.” “Al
contrario, dad culto al
Señor, Cristo, en
vuestros corazones,
siempre dispuestos a dar
respuesta a todo el que
os pida razón de vuestra
esperanza.
Pero hacedlo con dulzura y
respeto. Mantened una
buena conciencia, para
que aquello mismo que os
echen en cara, sirva de
confusión a quienes
critiquen vuestra buena
conducta en Cristo.”
“A este propósito, se
extrañan de que no corráis
con ellos hacia ese
libertinaje desbordado, y
prorrumpen en injurias.”
1 Pedro, 2:12, 3:15-16,
4:4
Las repetidas alusiones
al Bautismo
(1. 3, 22-23; 2. 2; 3. 21)
hacen pensar que
Pedro, al escribir su
exhortación, se inspiró
en la catequesis y en la
liturgia bautismal de la
Iglesia primitiva.
Además, su enseñanza
presenta muchos
puntos de contacto con
la doctrina de Pablo.
“Bendito sea el Dios y
Padre de nuestro Señor
Jesucristo quien, por su
gran misericordia,
mediante la
Resurrección de
Jesucristo de entre los
muertos, nos ha
reengendrado a una
esperanza viva,”
“Habéis purificado
vuestras almas,
obedeciendo a la
verdad, para amaros los
unos a los otros
sinceramente como
hermanos.
Amaos intensamente
unos a otros con
corazón puro,” “pues
habéis sido
reengendrados de un
germen no corruptible,
sino incorruptible, por
medio de la Palabra de
Dios viva y permanente.”
1 Pedro, 1:3, 22-23

Este hecho es
perfectamente
explicable, ya que
Silvano o Silas,
el antiguo compañero
del Apóstol de los
paganos (Hech. 15. 22;
18. 5),

“Entonces decidieron los
apóstoles y presbíteros,
de acuerdo con toda la
Iglesia, elegir de entre
ellos algunos hombres y
enviarles a Antioquía
con Pablo y Bernabé; y
estos fueron Judas,
llamado Barsabás, y
Silas, que eran
dirigentes entre los
hermanos.”
“Pero como se trata de discusiones
sobre palabras y nombres y cosas
de vuestra Ley, allá vosotros. Yo no
quiero ser juez en estos asuntos.”
Hechos, 15:22, 18:5

debió prestarle una amplia
colaboración en la redacción de
esta Carta (5. 12).

“Por medio de Silvano, a quien
tengo por hermano fiel, os he
escrito brevemente, exhortándoos
y atestiguándoos que esta es la
verdadera gracia de Dios;
perseverad en ella.”
1 Pedro, 5: 12
Primera Carta de
Pedro

Pedro, apóstol de
Jesucristo, a los que viven
como extranjeros en la
Dispersión: en el Ponto,
Galacia, Capadocia, Asia
y Bitinia, elegidos según el
previo conocimiento de
Dios Padre, con la acción
santificadora del Espíritu,
para obedecer a
Jesucristo y ser rociados
con su sangre. A vosotros
gracia y paz abundantes.
Bendito sea el Dios y Padre
de nuestro Señor Jesucristo
quien, por su gran
misericordia, mediante la
Resurrección de Jesucristo de
entre los muertos, nos ha
reengendrado a una
esperanza viva, a una
herencia incorruptible,
inmaculada e inmarcesible,
reservada en los cielos para
vosotros, a quienes el poder
de Dios, por medio de la fe,
protege para la salvación,
dispuesta ya a ser revelada en
el último momento.
Por lo cual rebosáis de alegría,
aunque sea preciso que todavía
por algún tiempo seáis afligidos
con diversas pruebas, a fin de
que la calidad probada de
vuestra fe, más preciosa que el
oro perecedero que es probado
por el fuego, se convierta en
motivo de alabanza, de gloria y
de honor, en la Revelación de
Jesucristo. A quien amáis sin
haberle visto; en quien creéis,
aunque de momento no le
veáis, rebosando de alegría
inefable y gloriosa; y alcanzáis
la meta de vuestra fe, la
salvación de las almas.
Sobre esta salvación investigaron e
indagaron los profetas, que
profetizaron sobre la gracia
destinada a vosotros, procurando
descubrir a qué tiempo y a qué
circunstancias se refería el Espíritu
de Cristo, que estaba en ellos,
cuando les predecía los
sufrimientos destinados a Cristo y
las glorias que les seguirían. Les
fue revelado que no administraban
en beneficio propio sino en favor
vuestro este mensaje que ahora os
anuncian quienes os predican el
Evangelio, en el Espíritu Santo
enviado desde el cielo; mensaje
que los ángeles ansían contemplar.
Por lo tanto, ceñíos los lomos
de vuestro espíritu, sed
sobrios, poned toda vuestra
esperanza en la gracia que
se os procurará mediante la
Revelación de Jesucristo.
Como hijos obedientes, no os
amoldéis a las apetencias de
antes, del tiempo de vuestra
ignorancia, más bien, así
como el que os ha llamado es
santo, así también vosotros
sed santos en toda vuestra
conducta, como dice la
Escritura: Seréis santos,
porque santo soy yo.
Y si llamáis Padre a
quien, sin acepción de
personas, juzga a cada
cual según sus obras,
conducíos con temor
durante el tiempo de
vuestro
destierro, sabiendo
que habéis sido
rescatados de la
conducta necia heredada
de vuestros padres, no
con algo caduco, oro
o plata, sino con una
sangre preciosa, como
de cordero sin tacha y
sin mancilla,
Cristo, predestinado antes
de la creación del mundo y
manifestado en los últimos
tiempos a causa de
vosotros;
los que por medio de él
creéis en Dios, que le ha
resucitado de entre los
muertos y le ha dado la
gloria, de modo que vuestra
fe y vuestra esperanza
estén en Dios. Habéis
purificado vuestras almas,
obedeciendo a la verdad,
para amaros los unos a los
otros sinceramente como
hermanos.
Amaos intensamente unos
a otros con corazón
puro, pues habéis sido
reengendrados de un
germen no corruptible, sino
incorruptible, por medio de
la Palabra de Dios viva y
permanente. Pues toda
carne es como hierba y todo
su esplendor como flor de
hierba; se seca la hierba y
cae la flor; pero la Palabra
del Señor permanece
eternamente. Y esta es la
Palabra: la Buena Nueva
anunciada a vosotros.
1 Pedro, 1: 1-25
Rechazad, por tanto, toda
malicia y todo engaño,
hipocresías, envidias y toda
clase de
malidicencias.Como niños
recién nacidos, desead la
leche espiritual pura, a fin de
que, por ella, crezcáis para
la salvación, si es que
habéis gustado que el Señor
es bueno. Acercándoos a él,
piedra viva, desechada por
los hombres, pero elegida,
preciosa ante Dios, también
vosotros, cual piedras vivas,
entrad en la construcción de
un edificio espiritual,
para un sacerdocio santo, para
ofrecer sacrificios espirituales,
aceptos a Dios por mediación
de Jesucristo.
Pues está en la Escritura: He
aquí que coloco en Sión una
piedra angular, elegida,
preciosa y el que crea en ella
no será confundido. Para
vosotros, pues, creyentes, el
honor; pero para los
incrédulos, la piedra que los
constructores desecharon, en
piedra angular se ha
convertido, en piedra de
tropiezo y roca de
escándalo.
Tropiezan en ella porque no
creen en la Palabra; para
esto han sido destinados.
Pero vosotros sois linaje
elegido, sacerdocio real,
nación santa, pueblo
adquirido, para anunciar las
alabanzas de Aquel que os
ha llamado de las tinieblas a
su admirable luz, vosotros
que en un
tiempo no erais pueblo y
que ahora sois el Pueblo de
Dios, de los que antes no
se tuvo compasión, pero
ahora son compadecidos.
Queridos, os exhorto a que,
como extranjeros y
forasteros, os abstengáis
de las apetencias carnales
que combaten contra el
alma.
Tened en medio de los
gentiles una conducta
ejemplar a fin de que, en lo
mismo que os calumnian
como malhechores, a la
vista de vuestras buenas
obras den gloria a Dios en
el día de la Visita. Sed
sumisos, a causa del
Señor, a toda institución
humana:
sea al rey, como
soberano, sea a los
gobernantes, como enviados
por él para castigo de los que
obran el mal y alabanza de
los que obran el bien. Pues
esta es la voluntad de Dios:
que obrando el bien, cerréis
la boca a los ignorantes
insensatos. Obrad como
hombres libres, y no como
quienes hacen de la libertad
un pretexto para la maldad,
sino como siervos de Dios.
Honrad a todos, amad a los
hermanos, temed a Dios,
honrad al rey.
Criados, sed sumisos, con todo
respeto, a vuestros dueños, no
sólo a los buenos e
indulgentes, sino también a los
severos. Porque bella cosa es
tolerar penas, por
consideración a Dios, cuando
se sufre injustamente. ¿Pues
qué gloria hay en soportar los
golpes cuando habéis faltado?
Pero si obrando el bien
soportáis el sufrimiento, esto es
cosa bella ante Dios. Pues para
esto habéis sido llamados, ya
que también Cristo sufrió por
vosotros, dejándoos ejemplo
para que sigáis sus huellas.
El que no cometió pecado, y en
cuya boca no se halló engaño; el
que, al ser insultado, no
respondía con insultos; al
padecer, no amenazaba, sino que
se ponía en manos de Aquel que
juzga con justicia; el mismo
que, sobre el madero, llevó
nuestros pecados en su cuerpo,
a fin de que, muertos a nuestros
pecados, viviéramos para la
justicia; con cuyas heridas
habéis sido curados. Erais como
ovejas descarriadas, pero ahora
habéis vuelto al pastor y guardián
de vuestras almas.
1 Pedro, 2: 1-25
Igualmente, vosotras,
mujeres, sed sumisas a
vuestros maridos para que, si
incluso algunos no creen en
la Palabra, sean ganados no
por las palabras sino por la
conducta de sus mujeres, al
considerar vuestra conducta
casta y respetuosa. Que
vuestro adorno no esté en el
exterior, en peinados, joyas y
modas, sino en lo oculto del
corazón, en la
incorruptibilidad de un alma
dulce y serena: esto es
precioso ante Dios
Así se adornaban en otro
tiempo las santas mujeres que
esperaban en Dios, siendo
sumisas a sus maridos; así
obedeció Sara a Abraham,
llamándole Señor. De ella os
hacéis hijas cuando obráis
bien, sin tener ningún temor.
De igual manera vosotros,
maridos, en la vida común sed
comprensivos con la mujer que
es un ser más frágil,
tributándoles honor como
coherederas que son también
de la gracia de Vida, para que
vuestras oraciones no
encuentren obstáculo.
En conclusión, tened todos
unos mismos sentimientos,
sed compasivos, amaos
como hermanos, sed
misericordiosos y humildes.
No devolváis mal por mal, ni
insulto por insulto; por el
contrario, bendecid, pues
habéis sido llamados a
heredar la bendición. Pues
quien quiera amar la vida y
ver días felices, guarde su
lengua del mal, y sus labios
de palabras
engañosas, apártese del mal
y haga el bien, busque la
paz y corra tras ella.
Pues los ojos del Señor miran
a los justos y sus oídos
escuchan su oración, pero el
rostro del Señor contra los que
obran el mal. Y ¿quién os hará
mal si os afanáis por el bien?
Mas, aunque sufrierais a
causa de la justicia, dichosos
de vosotros. No les tengáis
ningún miedo ni os turbéis. Al
contrario, dad culto al
Señor, Cristo, en vuestros
corazones, siempre dispuestos
a dar respuesta a todo el que
os pida razón de vuestra
esperanza. Pero hacedlo con
dulzura y respeto.
Mantened una buena conciencia,
para que aquello mismo que os
echen en cara, sirva de confusión a
quienes critiquen vuestra buena
conducta en Cristo. Pues más vale
padecer por obrar el bien, si esa es la
voluntad de Dios, que por obrar el
mal. Pues también Cristo, para
llevarnos a Dios, murió una sola vez
por los pecados, el justo por los
injustos, muerto en la carne,
vivificado en el espíritu. En el espíritu
fue también a predicar a los espíritus
encarcelados, en otro tiempo
incrédulos, cuando les esperaba la
paciencia de Dios, en los días en que
Noé construía el Arca,
en la que unos pocos, es
decir ocho personas, fueron
salvados a través del agua; a
ésta corresponde ahora el
bautismo que os salva y que
no consiste en quitar la
suciedad del cuerpo, sino en
pedir a Dios una buena
conciencia por medio de la
Resurrección de
Jesucristo, que, habiendo ido
al cielo, está a la diestra de
Dios, y le están sometidos
los Ángeles, las
Dominaciones y las
Potestades.
1 Pedro, 3: 1-22
Ya que Cristo padeció en la
carne, armaos también
vosotros de este mismo
pensamiento: quien padece
en la carne, ha roto con el
pecado, para vivir ya el
tiempo que le quede en la
carne, no según las pasiones
humanas, sino según la
voluntad de Dios. Ya es
bastante el tiempo que habéis
pasado obrando conforme al
querer de los gentiles,
viviendo en desenfrenos,
liviandades, crápulas, orgías,
embriagueces y en cultos
ilícitos a los ídolos.
A este propósito, se
extrañan de que no
corráis con ellos hacia
ese libertinaje
desbordado, y
prorrumpen en injurias.
Darán cuenta a quien
está pronto para juzgar a
vivos y muertos. Por eso
hasta a los muertos se ha
anunciado la Buena
Nueva, para que,
condenados en carne
según los hombres, vivan
en espíritu según Dios. El
fin de todas las cosas
está cercano.
Sed, pues, sensatos y
sobrios para daros a la
oración. Ante todo, tened
entre vosotros intenso
amor, pues el amor cubre
multitud de pecados.
Sed hospitalarios unos
con otros sin murmurar.
Que cada cual ponga al
servicio de los demás la
gracia que ha recibido,
como buenos
administradores de las
diversas gracias de Dios.
Si alguno habla, sean
palabras de Dios; si
alguno presta un servicio,
hágalo en virtud del poder
recibido de Dios, para que
Dios sea glorificado en todo
por Jesucristo, a quien
corresponden la gloria y el
poder por los siglos de los
siglos. Amén. Queridos, no
os extrañéis del fuego que
ha prendido en medio de
vosotros para probaros,
como si os sucediera algo
extraño, sino alegraos en la
medida en que participáis
en los sufrimientos de
Cristo, para que también os
alegréis alborozados en la
revelación de su gloria.
Dichosos de vosotros, si
sois injuriados por el
nombre de Cristo, pues el
Espíritu de gloria, que es
el Espíritu de Dios, reposa
sobre vosotros. Que
ninguno de vosotros tenga
que sufrir ni por criminal ni
por ladrón ni por malhechor
ni por entrometido: pero si
es por cristiano, que no se
avergüence, que glorifique a
Dios por llevar este nombre.
Porque ha llegado el tiempo
de comenzar el juicio por la
casa de Dios.
Pues si comienza por
nosotros, ¿qué fin
tendrán los que no
creen en el Evangelio
de Dios? Si el justo se
salva a duras penas
¿en qué pararán el
impío y el pecador? De
modo que, aun los que
sufren según la
voluntad de Dios,
confíen sus almas al
Creador fiel, haciendo
el bien.
1 Pedro, 4: 1-19
A los ancianos que están entre
vosotros les exhorto yo, anciano
como ellos, testigo de los
sufrimientos de Cristo y
partícipe de la gloria que está
para manifestarse. Apacentad la
grey de Dios que os está
encomendada, vigilando, no
forzados, sino voluntariamente,
según Dios; no por mezquino
afán de ganancia, sino de
corazón; no tiranizando a los
que os ha tocado cuidar, sino
siendo modelos de la grey. Y
cuando aparezca el Mayoral,
recibiréis la corona de gloria
que no se marchita.
De igual manera, jóvenes, sed
sumisos a los ancianos;
revestíos todos de humildad
en vuestras mutuas relaciones,
pues Dios resiste a los
soberbios y da su gracia a los
humildes. Humillaos, pues,
bajo la poderosa mano de Dios
para que, llegada la ocasión,
os
ensalce; confiadle todas vues
tras preocupaciones, pues él
cuida de vosotros. Sed sobrios
y velad. Vuestro adversario, el
Diablo, ronda como león
rugiente, buscando a quién
devorar.
Resistidle firmes en
la fe, sabiendo que
vuestros hermanos
que están en el
mundo soportan los
mismos sufrimientos.
El Dios de toda
gracia, el que os ha
llamado a su eterna
gloria en Cristo,
después de breves
sufrimientos, os
restablecerá,
afianzará,
robustecerá y os
consolidará. A él el
poder por los siglos
de los siglos. Amén.
Por medio de Silvano, a
quien tengo por hermano
fiel, os he escrito
brevemente,
exhortándoos y
atestiguándoos que esta
es la verdadera gracia de
Dios; perseverad en ella.
Os saluda la que está en
Babilonia, elegida como
vosotros, así como mi hijo
Marcos. Saludaos unos a
otros con el beso de
amor. Paz a todos los que
estáis en Cristo.
1 Pedro, 5: 1-14