San Pedro y San Pablo

Solemnidad:
29 de junio
“Manténganse con el espíritu alerta, vivan sobriamente y
pongan toda su esperanza en la gracia que recibirán
cuando se manifieste Jesucristo.”
San Pedro
“Como hijos obedientes, no procedan de acuerdo con los
malos deseos que tenían antes,
mientras vivían en la ignorancia”.
San Pedro
“Así como aquel que los llamó es santo, también ustedes
sean santos en toda su conducta, de acuerdo a lo que
está escrito: Sean santos, porque Yo soy santo.”
San Pedro
“Y ya que ustedes llaman Padre a aquel que, sin hacer
acepción de personas, juzga a cada uno según sus obras,
vivan en el temor mientras están de paso en este mundo”.
San Pedro
“Ustedes saben que fueron rescatados de la vana
conducta heredada de sus padres, no con bienes
corruptibles, como el oro y la plata, sino con la sangre
preciosa de Cristo, el Cordero sin mancha y sin defecto,
predestinado antes de la creación del mundo y
manifestado en los últimos tiempos para bien de ustedes.”
San Pedro
“Ámense constantemente los unos a los otros con un corazón puro,
como quienes han sido engendrados de nuevo, no por un germen
corruptible, sino incorruptible:
la Palabra de Dios, viva y eterna. Porque toda carne es como hierba y
toda su gloria como flor del campo: la hierba se seca y su flor se
marchita, pero la Palabra del Señor permanece para siempre.
San Pedro
“Aunque yo haga las obras mas maravillosas del mundo,
si no tengo amor a Dios y al prójimo, nada soy'
(1COR. 13).
San Pablo
“Todo lo puedo en Cristo
que me fortalece”
(FIL. 4, 13)
San Pablo
“'Todo lo que el hombre sembrare,
eso también cosechará”
(GAL. 6:7). ”
San Pablo
“«Si Dios está por nosotros ¿quién contra nosotros?»
(ROMANOS 8, 31).”
San Pablo
«Yo sé bien en quién tengo puesta mi fe, y estoy
convencido de que es poderoso para guardar mi depósito
hasta aquel día», es decir, hasta el día definitivo
(2 TIMOTEO 1,12)
San Pablo
«El que se gloríe, gloríese en el señor»
(1 CORINTIOS 1, 31)
San Pablo
«Sed fervorosos en el espíritu»
y «no devolváis a nadie mal por MAL»
(ROMANOS 12, 11.17).
San Pablo
“La solemnidad de san Pedro y san Pablo es una de las
más antiguas del año litúrgico. Ella aparece en el santoral
incluso antes que la fiesta de navidad. En el siglo IV ya
existía la costumbre de celebrar tres misas una en la
basílica vaticana, otra en san Pablo extra muros y otra en
las catacumbas de san Sebastián, donde se escondieron
las reliquias de los apóstoles durante algún tiempo.”
“Aproximadamente entre el año 64 y el 67,
San Pedro sufrió el martirio en la colina vaticana
y San Pablo en la localidad denominada “Tre fontane”.
Este martirio tuvo lugar en Roma en la época de Nerón”.
“Esta solemnidad festeja a las dos columnas de la Iglesia.
Por una parte, San Pedro es el hombre elegido por Cristo
para ser “la roca” de la Iglesia: “Tú eres Pedro y sobre esta
piedra edificaré mi Iglesia” ( Mt 16,16).
San Pedro, hombre frágil y apasionado, acepta
humildemente su misión y arrastra cárceles y
maltratamientos por el nombre de Jesús.(cf. Hch 5,41).”
“San Pedro, predica con
“parresía”, con valor, lleno del
Espíritu Santo (cf. Hch 4,8).
Pedro es el amigo entrañable de
Cristo, el hombre elegido que se
arrepiente de haber negado a su
maestro, el hombre impetuoso y
generoso que reconoce al Dios
hecho hombre, al Mesías
prometido: “Tú eres el Cristo, el
Hijo de Dios vivo”(cf. Mt 16,16)”.
“Los Hechos de los apóstoles narran en esta solemnidad la
liberación de Pedro de las cárceles herodianas.
“Con esta intervención extraordinaria, Dios ayudó a su
apóstol para que pudiera proseguir su misión. Misión no
fácil, que implicaba un itinerario complejo y arduo. Misión
que se concluirá con el martirio “cuando seas viejo otro te
ceñirá y te llevará donde no quieres” (cf. Jn 21,18)
“Precisamente en Roma,
donde aún hoy la tumba
de Pedro es meta de
incesantes
peregrinaciones de todas
las partes del mundo”
“San Pablo, por su parte,
fue conquistado por la
gracia divina en el camino
de Damasco y de
perseguidor de los
cristianos se convirtió en
Apóstol de los gentiles.
Después de encontrarse
con Jesús en su camino,
se entregó sin reservas a
la causa del Evangelio”.

“También a Pablo se le
reservaba como meta lejana
Roma, capital del Imperio,
donde, juntamente con Pedro,
predicaría a Cristo, único Señor
y Salvador del mundo”.
“Por la fe, también él
derramaría un día su
sangre precisamente
aquí, uniendo para
siempre su nombre al
de Pedro en la historia
de la Roma cristiana”
(Juan Pablo II, 29 de
junio de 2002).

Pablo es el apóstol
incansable que recorre el
mundo conocido en la época
para anunciar la buena
nueva de la salvación en
Cristo Jesús. Sabe que se le
ha dado una misión, una
responsabilidad, una tarea
que no puede declinar.
“Ay de mí si no evangelizare”
(1 Co 9,16).
“Cristo, al instituir a los Doce, "formó una especie de
Colegio o grupo estable y eligiendo de entre ellos a Pedro
lo puso al frente de él". "Así como, por disposición del
Señor, san Pedro y los demás apóstoles forman un único
colegio apostólico, por análogas razones están unidos
entre sí el Romano Pontífice, sucesor de Pedro, y los
obispos, sucesores de los apóstoles".
El Señor hizo de Simón, al que dio el nombre de Pedro,
y solamente de él, la piedra de su Iglesia.
Le entregó las llaves de ella;
lo instituyó pastor de todo el rebaño.

"Está claro que también el Colegio de los apóstoles,
unido a su Cabeza, recibió la función de atar
y desatar dada a Pedro".
Este oficio pastoral de Pedro y de los demás apóstoles
pertenece a los cimientos de la Iglesia. Se continúa por los
obispos bajo el primado del Papa.
“Tú eres Pedro, y sobre esta
piedra edificaré mi Iglesia,
y el poder del infierno no la
derrotará. A ti te daré las llaves
del Reino de los cielos, y lo que
ates en la tierra, quedará atado
en el cielo; y lo que desates en
la tierra, quedará desatado en el
cielo”.
Mateo 16,18


El Papa, obispo de Roma
y sucesor de san Pedro,
"es el principio y fundamento perpetuo y
visible de unidad, tanto de los obispos
como de la muchedumbre de los fieles".
"El Pontífice Romano,
en efecto, tiene en la Iglesia,
en virtud de su función de Vicario de
Cristo y Pastor de toda la Iglesia,
la potestad plena, suprema y universal,
que puede ejercer siempre con entera
libertad".
(Catecismo de la Iglesia Católica 881-
882).

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