Dejadme que os haga llegar a todos vosotros este cantar.

Dispensad la torpeza de este juglar De más hábiles palabras quisiera gozar Más no reparéis en su torpe hablar, tan sólo escuchad la historia y por ella dejaos llevar.

Os cuento la historia de un caballero que no tuvo en su vida más aspiración que servir a su dama, la Orientación.

Doña Orientación

Comenzó desde abajo en el vasallaje para mejor trenzar los hilos de su linaje. Todo tipo de batallas debió librar en el feudo de Baena donde se le vio comenzar.

En su inicio reunió sus armas con gran cuidado: De allá una mesa, de acá una silla, una vieja Olivetti en una estancia tranquila. Y así pertrechado y con sumo esmero de la psicopedagogía se lanzó al sembrado de las nuevas teorías.

Como buen caballero supo apreciar La buena pitanza de aquel lugar: Los chorizos de Espejo, Las magdalenas de Castro, y el aceite de Baena, villa vetusta y buena.

BAENA

Sus grandes méritos le hacen medrar Y tuvo nueva plaza en la capital, En la zona sur por donde corre el río, Zona levantisca, ¡vive Dios! Pero entregada a su nuevo conquistador.

Su nuevo escudo fue pergeñado con yelmo de plumas y corazón leonado para un batallar noble, generoso y esforzado. En esta plaza creció Diego Como persona, como profesional y caballero.

E.O.E. Sector Sur - Centro

Reconocido sus méritos fue elevado Al más alto puesto Que un vasallo de la Orientación Puede ser nombrado: Al Equipo provincial del que llegó a ser coordinador principal.

Desde este lugar se le conmino A organizar, dirigir y gobernar. Mas él replicó al punto: ¡No quiero vasallos! Quiero pares, Amigos, Colaboradores leales. Sólo siento una ambición: Engrandecer los Equipos de Orientación.

Ganó batallas, Tendió puentes,

Advirtió a la Adminisración con su dedo prudente,
pero sobre todo supo hacer de los orientadores sus pares, sus amigos, sus colaboradores leales, sin dejar de ser siempre fiel servidor de su dueña, la Orientación.

¡Dios, que gran vasallo si hubiese buen señor! Pero la Orientación veleidosa no le sostuvo Y la puerta abierta que un día traspuso Le despide hoy entornada, triste, sin ruido y sin lujo.

Siempre fiel caballero a su dama murmura: ³no os dejo señora, en el corazón os llevo, en otra plaza os emplazo, en otra plaza os defiendo.

Para otros los laureles, Para otros los oropeles ¿Para quién las batallas, los puentes, el dedo advertidor y prudente?

Hay quien nace adalid Con una estrella en la frente, Como Mío Cid, que a su caballo atado Hace retroceder a las enemigas huestes De quienes por muerto le dejaron abandonado a su suerte. Ganarás la batalla, no pierdas cuidado Germinará tu pródiga simiente Caballero de corazón leonado Hoy con el músculo relajado Recibe este sencillo homenaje De quienes contigo lucharon No nos olvides, amigo En el corazón te llevamos.

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