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EL DESARROLLO SOSTENIBLE

Profesor Dr. ALBERTO GÓMEZ FUERTES


 DOCTOR EN CRIMINOLOGIA Y CIENCIAS DE LA SEGURIDAD
 DOCTOR EN TEOLOGIA
 DOCTOR HONORIS CAUSA EN CIENCIAS DE LA EDUCACIÓN Y LA SEGURIDAD
 DOCTOR HONORIS CAUSA EN CIENCIAS POLÍTICAS
 DOCTOR HONORIS CAUSA EN HUMANIDADES
Se define «el desarrollo sostenible como la satisfacción de «las necesidades
de la generación presente sin comprometer la capacidad de las generaciones
futuras para satisfacer sus propias necesidades». (Informe titulado «Nuestro
futuro común» de 1987, Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el
Desarrollo), el desarrollo sostenible ha emergido como el principio rector para
el desarrollo mundial a largo plazo.

Consta de tres pilares, el desarrollo sostenible trata de lograr, de manera


equilibrada, el desarrollo económico, el desarrollo social y la protección del
medio ambiente.

En 1992, la comunidad internacional se reunió en Río de Janeiro,


Brasil, para discutir los medios para poner en práctica el desarrollo
sostenible. Durante la denominada Cumbre de la Tierra de Río, los
líderes mundiales adoptaron el Programa 21, con planes de acción
específicos para lograr el desarrollo sostenible en los planos
nacional, regional e internacional. Esto fue seguido en 2002 por la
Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible, que se aprobó el
Plan de Aplicación de Johannesburgo. El Plan de Aplicación se
basó en los progresos realizados y las lecciones aprendidas desde
la Cumbre de la Tierra, y prevé un enfoque más específico, con
medidas concretas y metas cuantificables y con plazos y metas.
1.- NACIONES UNIDAS Y
LA AGENDA 2030
QUE HERENCIA VAMOS A DEJAR A NUESTROS JOVENES? , A LAS GENERACIONES
FUTURAS?…
TENEMOS QUE HACER SOCIEDADES MAS IGUALITARIAS E INCLUSIVAS, EN LATINOAMERICA
LAS SOCIEDADES DE DOS VELOCIDADES SON MUY PELIGROSAS… PORQUE PUEDEN
GENERAR MÁS CONFLICTOS SOCIALES…
EL MUNDO ESTA EN NUESTRAS MANOS, NOSOTROS TAMBIEN SOMOS
MANOS PARA EL MUNDO, EL MUNDO NECESITA NUESTRAS MANOS…
DESDE LA FE, DESDE NUESTRO COMPROMISO PERSONAL TODO
ESTO NOS IMPLICA A VIVIR EN EL MUNDO, LUCHANDO POR
CONSEGUIR ESTO:
PERSONAS… PLANETA…. ALIANZAS …. PAZ…. PROSPERIDAD…
MUY IMPORTANTE: DESDE LA FE HAY QUE DAR UNA RESPUESTA A LOS RETOS
DEL MUNDO, DESDE EL COMPROMISO CON NUESTROS SEMEJANTES TENEMOS
QUE COMPROMETERNOS EN HACER UN MUNDO MEJOR.

El desarrollo sostenible expresa dos ideas muy claras: el uso racional de los recursos naturales y la
protección del ecosistema mundial en las figuras de los ciudadanos (respeto al medio, cambio de
hábitos), ciencia (conocimientos y soluciones) y poderes públicos (legislación y cooperación con
otros países).
2.- ATLAS DE JUSTICIA AMBIENTAL
El Atlas incluye conflictos ambientales en 16 países de
América Latina y el Caribe, destacando a nivel
regional, que el país con mayor cantidad de conflictos
es Colombia (72), seguido por Brasil (58), Ecuador
(48), Argentina (32), Perú (31) y Chile (30),
principalmente relacionados con extracción minera y
de combustibles fósiles.

http://ejatlas.org/
Una de las causas del creciente número de
conflictos ecológico-distributivos en el mundo
es el cambiante metabolismo social
expresado en crecientes flujos de energía y
materiales. Hay conflictos en la extracción de
recursos, en su transporte y en la
evacuación o disposición de los residuos.
Hay por tanto muchas protestas locales
como muestran el Atlas de Justicia Ambiental
(EJAtlas) y otros inventarios.
Pero no hay solamente protestas, hay también muchos
ejemplos exitosos en que los proyectos se frenan o se paran y
se desarrollan otras alternativas, lo cual es testimonio de la
existencia de un movimiento global por la justicia ambiental
tanto rural como urbana.

Además, a partir de las décadas de 1980 y 1990, este


movimiento despliega un conjunto de conceptos y lemas para
describir y para participar en tales conflictos. Por ejemplo,
“racismo ambiental”, epidemiología popular, el ecologismo de
los pobres e indígenas, la biopiratería, “las plantaciones de
árboles no son bosques”, la deuda ecológica, la justicia
climática, la soberanía alimentaria, el acaparamiento de
tierras, la justicia hídrica, entre otros.

Estos términos nacieron del activismo socio-ambiental aunque


a veces han sido elaborados también académicamente por
economistas ecológicos y ecologistas políticos, quienes, por
su parte, han añadido otros conceptos al movimiento global de
justicia ambiental como, por ejemplo, el “comercio
ecológicamente desigual” y la “huella ecológica”.
3.- LA DOCTRINA DE LA IGLESA
La fe de Israel vive en el tiempo y en el espacio de
este mundo, que se percibe no como un ambiente
hostil o un mal del cual liberarse, sino como el don
mismo de Dios, el lugar y el proyecto que Él
confiaba a la guía responsable y al trabajo del
hombre. La naturaleza, obra de la acción creadora
de Dios, no es una peligrosa adversaria. Dios, que
ha hecho todas las cosas, de cada una de ellas “vio
que estaba bien” (Gn 1, 4.10.12.18.21.25). En la
cumbre de su creación, el Creador colocó al hombre
como algo que “estaba muy bien” (Gn 1, 31). Al
HOMBRE el Señor confía la responsabilidad de
toda la creación, la tarea de tutelar su armonía y
desarrollo (Cf. Gn 1, 26-30). El vínculo especial con
Dios explica la posición privilegiada del hombre en
el orden de la creación.
La relación del hombre con el mundo es un elemento constitutivo de la
identidad humana. Se trata de una relación que nace como fruto de la unión
todavía más profunda, del hombre con Dios. El Señor ha querido a la persona
humana como su interlocutor: sólo en el diálogo con Dios la criatura humana
encuentra la propia verdad, en la que halla inspiración y normas para proyectar
el futuro del mundo, un jardín que Dios le ha dado para que sea cultivado y
custodiado (cf. Gn 2, 15). Ni siquiera el pecado suprime esta misión, aun
cuando haya marcado con el dolor y el sufrimiento la nobleza del trabajo (cf. Gn
3, 17-19).

La creación es constante objeto de alabanza en la oración de Israel: “¡Cuán


numerosas tus obras, oh Yahvéh! Todas las has hecho con sabiduría” (Sal 104,
24). La salvación de Dios se concibe como una nueva creación, que restablece
la armonía y la potencialidad de desarrollo que el pecado ha puesto en peligro:
“Yo creo cielos nuevos y tierra nueva” (Is 65, 17) —dice el Señor—, “se hará la
estepa un vergel … y la justicia morará en el vergel … Y habitará mi pueblo en
albergue de paz” (Is 32, 15-18).
El agua, por su misma naturaleza, no puede ser tratada como
una simple mercancía más entre las otras, y su uso debe ser
racional y solidario. Su distribución forma parte,
tradicionalmente, de las responsabilidades de los entes
públicos, porque el agua ha sido considerada siempre como un
bien público, un característica que debe mantenerse, aun
cuando la gestión fuese confiada al sector privado. El derecho
al agua, como todos los derechos del hombre, se basa en la
dignidad humana y no en valoraciones de tipo meramente
cuantitativo, que consideran el agua sólo como un bien
económico. Sin agua, la vida está amenazada. Por tanto, el
derecho al agua es un derecho universal e inalienable.
Los graves problemas ecológicos requieren un efectivo cambio
de mentalidad que lleve a adoptar nuevos estilos de vida, “a tenor
de los cuales la búsqueda de la verdad, de la belleza y del bien,
así como la comunión con los demás hombres para un desarrollo
común, sean los elementos que determinen las opciones del
consumo, de los ahorros y de las inversiones”. Tales estilos de
vida deben estar presididos por la sobriedad, la templanza, la
autodisciplina, tanto a nivel personal como social. Es necesario
abandonar la lógica del mero consumo y promover formas de
producción agrícola e industrial que respeten el orden de la
creación y satisfagan las necesidades primarias de todos. Una
actitud semejante, favorecida por la renovada conciencia de la
interdependencia que une entre sí a todos los habitantes de la
tierra, contribuye a eliminar diversas causas de desastres
ecológicos y garantiza una capacidad de pronta respuesta
cuando estos percances afectan a pueblos y territorios. La
cuestión ecológica no debe ser afrontada únicamente en razón de
las terribles perspectivas que presagia la degradación ambiental:
tal cuestión debe ser, principalmente la dimensión mundial.
La actitud que debe caracterizar al hombre ante la
creación es esencialmente la de la gratitud y el
reconocimiento: el mundo, en efecto, orienta hacia el
misterio de Dios, que lo ha creado y lo sostiene. Si se
coloca entre paréntesis la relación con Dios, la
naturaleza pierde su significado profundo, se la
empobrece. En cambio, si se contempla la naturaleza
en su dimensión de criatura, se puede establecer con
ella una relación comunicativa, captar su significado
evocativo y simbólico y penetrar así en el horizonte del
misterio, que abre al hombre el paso hacia Dios,
Creador de los cielos y de la tierra. El mundo se
presenta a la mirada del hombre como huella de Dios,
lugar donde se revela su potencia creadora,
providente y redentora.
En los últimos años, la protección del medio ambiente se ha convertido en una
de las principales preocupaciones de la humanidad, inquietud respaldada, sobre
todo, por el debate generado en torno al cambio climático. Si bien dicha
preocupación no debe ocultar ni ensombrecer la importancia de otros graves
problemas a los que nos enfrentamos, la salvaguarda del medio ambiente es un
verdadero desafío para la sociedad del siglo XXI. La Iglesia Católica, desde sus
orígenes, ha concedido una importancia capital a la conservación del planeta
como acto de respeto a la creación de Dios si bien, el mensaje de la Iglesia
Católica a favor del respeto al medio ambiente, se ha redoblado en las últimas
décadas, en especial, en numerosos documentos generados por parte de los
Papas Juan Pablo II y Benedicto XVI. El espíritu de respecto a la naturaleza
está presente en el mensaje de la Iglesia y en los pronunciamientos, más o
menos formales y solemnes, de los distintos pontífices, al mismo tiempo que
ocupa un destacado lugar en la actividad de la diplomacia vaticana, siendo una
de las materias que, cada vez más frecuentemente, es tratada en sus
numerosas intervenciones internacionales.
La Iglesia, inspirándose en las enseñanzas del Concilio Vaticano II subraya que
el hombre “creado a imagen y semejanza de Dios, ha recibido el mandato de
gobernar el mundo en justicia y santidad, sometiendo al suelo con todo lo
creado, porque sometiendo todas las cosas al hombre, sea grande el nombre de
Dios en la tierra”. El Concilio enseña también que el esfuerzo de los hombres a
través del tiempo mejorar las condiciones de vida de cada persona.

Por eso, los resultados de la ciencia y la tecnología son de por sí positivo y las
consideraciones del Magisterio de la Iglesia, en general se aplican también
para el entorno natural y la agricultura.

El hombre no debe olvidar, sin embargo, que su capacidad de transformar y


crear el mundo con su trabajo debe realizarse sobre la base del primer regalo
original dado por Dios. La doctrina social de la Iglesia, en materia de Medio
Ambiente, rechaza no obstante, la visión cientificista y tecnócrata que tiende a
afectar la relación con la naturaleza, y explica que una visión correcta de la
creación no puede reducir la naturaleza a un mero objeto de uso de la
manipulación y la explotación.
Las Iglesia, inspirándose en las enseñanzas del Concilio Vaticano II subraya
que el hombre “creado a imagen y semejanza de Dios, ha recibido el mandato
de gobernar el mundo en justicia y santidad, sometiendo al suelo con todo lo
creado, porque sometiendo todas las cosas al hombre, sea grande el nombre de
Dios en la tierra”. El Concilio enseña también que el esfuerzo de los hombres a
través del tiempo mejorar las condiciones de vida de cada persona.
Por eso, los resultados de la ciencia y la tecnología son de por sí positivo y las
consideraciones del Magisterio de la Iglesia, en general se aplican también
para el entorno natural y la agricultura.

El hombre no debe olvidar, sin embargo, que su capacidad de transformar y


crear el mundo con su trabajo debe realizarse sobre la base del primer regalo
original dado por Dios. La doctrina social de la Iglesia, en materia de Medio
Ambiente, rechaza no obstante, la visión cientificista y tecnócrata que tiende a
afectar la relación con la naturaleza, y explica que una visión correcta de la
creación no puede reducir la naturaleza a un mero objeto de uso de la
manipulación y la explotación.
El Papa Benedicto XVI reflexionando sobre la necesidad de preservar el Medio
Ambiente decía que hoy era “esencial” e “indispensable” para convivencia pacifica
de los pueblos, salvaguardar la Naturaleza y todo lo que ella comporta. “Si quiere la
Paz defiende la creación” era su lema, a propósito de la Jornada Mundial Por la Paz
de este año 2010 que apena comienza. “Es fundamental” decía el Santo Padre
“llegar a compromisos firmes y serios para evitar que el degrado ambiental pueda
desestabilizar la convivencia entre los hombres y generar más guerras y violencias”
Guerra, conflictos internacionales y regionales, actos terroristas y violaciones de los
derechos humanos, crueldades del hombre sobre el hombre, amenazan
constantemente la convivencia pacifica de la humanidad.

Llamaba la atención también sobre la desertificación las problemáticas que derivan


de fenómenos como el cambio climático, la contaminación de los ríos y de las
faldas acuíferas, el degrado y la pérdida de productividad de vastas áreas agrícolas,
la pérdida de la biodiversidad, el aumento de eventos naturales extremos, la
deforestación de áreas ecuatoriales y tropicales.
La visión cristiana de la creación, afirma la Iglesia, requiere de una opinión positiva
sobre la legalidad de las acciones del hombre sobre la naturaleza, incluidos los otros
seres vivos y al mismo tiempo, un firme llamamiento al sentido de responsabilidad. "La
naturaleza no es, en realidad, una cosa sagrada o divina, retirado de la acción
humana. Más bien es un don dado por el Creador a la comunidad humana, confiado a
la inteligencia y la responsabilidad moral del hombre.

El Magisterio insiste en que los bienes de la tierra fueron creados por Dios para ser
utilizado sabiamente por todos "y ser" compartido en forma equitativa, con justicia y
caridad.

El uso sostenible del medio ambiente, no debe utilizarse como pretexto para
decisiones políticas y económicas que no estén en consonancia con la dignidad de la
persona humana. La actitud que debe caracterizar al hombre frente a la creación es
esencialmente de gratitud y aprecio, frente al misterio de Dios que ha creado todas
las cosas.
Una de las sorpresas del pontificado del Papa Francisco ha sido la
publicación de la encíclica ‘Laudato si’ sobre el cuidado de la Casa
Común en la que aborda el problema ecológico a la luz de una
razón iluminada por la fe.

El Papa no se ha quedado en un mero análisis superficial, de


síntomas, sino que ha profundizado en las actitudes humanas que
están en la raíz del problema: consumismo, afán exclusivo de lucro,
corrupción, individualismo, materialismo… Y en las consecuencias
negativas que provocan: paro, migraciones, masificación, pobreza,
explotación,…

Recogiendo los perfiles que se muestran en esta Encíclica tenemos


que procurar no sólo hacer una revisión al estado de nuestro
planeta sino también a los hombres que lo habitan y gobiernan. Por
ello, tenemos que hacer el siguiente análisis: el que toma el pulso al
estado de nuestro planeta con temas como: ecosistemas, recursos,
calentamiento global y sus consecuencias, la contaminación del
agua y la atmósfera,… desde la acción irresponsable del hombre.
La visión cristiana de la creación, afirma la Iglesia, requiere de
una opinión positiva sobre la legalidad de las acciones del
hombre sobre la naturaleza, incluidos los otros seres vivos y al
mismo tiempo, un firme llamamiento al sentido de
responsabilidad. "La naturaleza no es, en realidad, una cosa
sagrada o divina, retirado de la acción humana. Más bien es un
don dado por el Creador a la comunidad humana, confiado a la
inteligencia y la responsabilidad moral del hombre.

El Magisterio insiste en que los bienes de la tierra fueron creados


por Dios para ser utilizado sabiamente por todos "y ser"
compartido en forma equitativa, con justicia y caridad.

El uso sostenible del medio ambiente, no debe utilizarse como


pretexto para decisiones políticas y económicas que no estén en
consonancia con la dignidad de la persona humana. La actitud
que debe caracterizar al hombre frente a la creación es
esencialmente de gratitud y aprecio, frente al misterio de Dios
que ha creado todas las cosas.
En el segundo bloque ha que ver las acciones políticas,
financieras, económicas que generan este deterioro de la
naturaleza y los conflictos y desigualdades entre los
hombres.

Finalmente, en un tercer bloque, habría que estudiar el


papel de los medios de comunicación social, la familia, la
escuela y otras entidades en la creación de una cultura
ecológica.

Y todo ello con el estilo que se muestra también en la


Encíclica: ver, juzgar y actuar. Por hay que buscar la
descripción de los problemas, pero también encontrar las
razones del porqué de los problemas y, mostrar propuestas y
realidades transformadoras.
NUESTRO MUNDO NECESITA LIDERES…. LIDERES QUE SEAN CAPACES DE
SONREIR AL MUNDO… QUÉ IMPORTANTE ES LEVANTARSE DE LA CAMA Y
SONREIR A LA VIDA… CUANDO LE SONREIMOS A LA VIDA … HASTA EL
VIENTO FUERTE ACARICIA NUESTROS ROSTROS…
TRABAJANDO POR HACER UN MUNDO MEJOR NOS VAMOS A EQUIVOCAR
MUCHAS VECES, PERO MAS NOS EQUIVOCAREMOS SINO HACEMOS
NADA…
4.- ALGUNAS CUESTIONES
MUCHAS GRACIAS