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José

Génesis 37 - 50
José
La historia de José va a ocupar 14 capítulos del libro
de Génesis. Los acontecimientos de su vida podrían
ser considerados y estudiados dentro de dos etapas
bien definidas:
La humillación de José, cuando es vendido y llevado
a Egipto.
Su exaltación, cuando es designado gobernador de
Egipto.
Por sus características, la vida de José es un tipo de
la vida de Cristo.
1) La humillación de José
José era el primer hijo de Raquel, la amada de Jacob, nacido en
Padán-aram. También José era muy amado por su padre porque
le había nacido en la vejez (37:3). Sería por esa razón que
vestía a José con una túnica de colores o de mangas largas, que
le había hecho hacer especialmente (el uso de estas prendas
daba categoría de heredero o príncipe en una tribu oriental).
Tal distinción sembró en los hermanos de José una gran
desconfianza, pensando que su padre quería conferir a José el
derecho de la primogenitura. Por esta razón no podían hablarle
pacíficamente (37:4). Por otro lado, José daba cuenta a su padre
del mal proceder de sus hermanos cuando apacentaban las
ovejas (37:2).
Familia de Jacob
Jacob
Lea
esposa
Raquel
esposa
Zilpa
(sierva)
Bilha
(sierva)
Rubén
Simeón
Leví
Judá
Isacar
Zabulón
José
Benjamín
Gad
Aser
Dan
Neftalí
José el soñador
José comparte con sus hermanos los sueños que ha tenido
(37:6-7,9). Entendiendo el carácter profético de los mismos, la
envidia que ya sentían por José se hace más profunda (37:8-
11).
Es posible que José tuviese una sincera e íntima comunión con
Dios que permitía ser ya, a esa edad (17 años), un recipiente de
su revelación. No se nos dice que José tuviese la interpretación
de los sueños. Tampoco la tenía Jacob; pero meditaba en esto,
conociendo que Dios le había hablado en sueños en dos
ocasiones (28:12 y 31:10).
En el caso de José los acontecimientos posteriores demuestran
que fueron genuinos.
José vendido por sus hermanos (Gén. 37:18-36)
El episodio es relatado cuidadosa y detalladamente. El odio y
la frialdad con que actúan los hermanos de José tienen su
explicación en los celos y la envidia que anidaban en sus
corazones (37:18-20). José es enviado por Jacob para traer
informes acerca del bienestar de sus hermanos. Esta era la
gran oportunidad para ellos.
José se entera que sus hermanos se habían trasladado a
Jotam, unos 18 km. al norte; la importancia de este lugar es que
estaba en la ruta de las caravanas que viajaban a Egipto. Hacia
allí se dirigió José, sin saber que su vida cambiaría
drásticamente de rumbo.
Por intervención de Rubén, sus hermanos deciden no matar a
José, y en el momento oportuno apareció una caravana de
ismaelitas o madianitas (se llamaban de ambas maneras), a
quienes Dios usó para llevar a José a Egipto (37:28).
José vendido por sus hermanos (Gén. 37:18-36)
Podemos ver claramente en todo este relato que Dios utilizó
hasta las situaciones más adversas como instrumentos a
través de los cuales pudiera cumplir sus propósitos divinos
en la vida de José.
Para los hijos de Jacob el problema había concluido. El
orgullo, los celos y la envidia habían endurecido sus
conciencias; de tal manera que no vacilaron en preparar una
mentira que desgarraría el corazón de su propio padre
(37:31-33).
Ahora el luto y la tristeza estarían sobre la vida de Jacob
(37:34-35) y lejos de allí, en un escenario desconocido para
José, comenzaba un proceso intensivo que pondría en
marcha el plan de Dios para su vida.
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Egipto Egipto
Delta del Nilo Delta del Nilo
Mar Mediterráneo Mar Mediterráneo
Foto NASA
Sinaí Sinaí
Canaán Canaán
© EBibleTeacher.com
Viaje de José a Egipto Viaje de José a Egipto
José vendido José vendido
en la en la
caravana caravana
Potifar y el Potifar y el
Faraón Faraón

INDICE
En la casa de Potifar (Gén. 39:1-19)
José fue llevado a la capital de Egipto y fue vendido a Potifar,
capitán de la guardia real, persona de influencia en la corte real.
Recordemos que José era un adolescente y, además, el mimado
de su padre, así que lógicamente habrá sufrido el dolor de la
separación de su casa y de su padre. Es notable que no se
registran señales de protestas o enojos de su parte sino que se
brindó de buena voluntad a cumplir con sus deberes de esclavo.
³Y Jehová estaba con él...´ (39:2-3,21,23) En esta frase
encontramos la clave de la prosperidad de José (cuatro veces se
registra). Esta convicción de que el Dios de Abraham y el Dios de
su padre estaba cada minuto de su vida a su lado le haría
mantener la calma, no perder la paz, y esperar pacientemente el
cumplimiento de los sueños que Dios le había dado.
En la casa de Potifar (Gén. 39:1-19)
Potifar reconoció que Dios prosperaba a José y lo puso
como administrador de su casa, y Dios bendijo
abundantemente; pero tenía para José otro lugar de
preparación antes de ser levantado. La esposa de
Potifar lo incitó a pecar pero José mantuvo su
integridad por dos razones: porque había decidido en
su corazón no pecar contra Dios y porque huyó de la
tentación (2º Tim.2:22).
En la cárcel (Gén. 39:21 - 40:23)
Humanamente no había más esperanzas para José, pero
Dios lo llevó allí porque le enseñaría muchas cosas. José
encomendó su causa a Dios con la certeza de que no sería
defraudado.
Muy pronto el jefe de la cárcel notó su disposición y
responsabilidad y le encargó el cuidado de todos los presos.
Habrá sido maravilloso ver el rostro de José en contraste con
los rostros de los demás presos, resentidos y angustiados.
El pesar, la privación y el yugo llevado en la juventud,
contribuiría a formar un carácter firme, paciente y maduro
para que José prestara grandes servicios a Dios y a los
hombres cuando llegara el momento oportuno.
En la cárcel (Gén. 39:21 - 40:23)
En este episodio se manifiesta otra cualidad de
José: la compasión y el interés por la necesidad de
los demás. A pesar de estar en dificultad no se
encerró en su problema sino que extendió su mano
para ayudar, en este caso al copero y al panadero
Puesto en libertad el copero, José le pidió que se
acordara de él ante Faraón .
En el tiempo de Dios, José fue llevado ante el
Faraón para interpretar los sueños que el rey había
tenido.
2) La exaltación de José (Gén.41)
A los 30 años y después de trece años de disciplina, Dios llevó a
José al lugar que le tenía preparado, para que desde allí le sirviera, le
honrara y llevara a cabo aquello para lo cual lo había llamado.
El secreto de su prosperidad era su constante relación con Dios; esto
lo mantuvo triunfante, paciente, confiado, humilde, dispuesto.
José sabía que nada era por mérito propio sino que la gracia de Dios
estaba sobre su vida, de ahí que no se atribuyera mérito alguno al
interpretar los sueños, y podemos suponer que ni se habría
imaginado que Faraón lo nombraría en el segundo lugar después del
rey.
Para que tuviera rango social le fue dado un nombre egipcio:
Zafnat-Panea y como esposa a Asenat.
José no se mareó con el cargo, ni usó la autoridad para su propio
provecho; era una persona trabajada por Dios, quebrantada,
consagrada, que sabía quién lo había puesto allí y para qué estaba
ocupando ese lugar. Inmediatamente puso manos a la obra y
comenzó a trabajar en lo que se le había encomendado.
José llega a ser primer ministro
Dios le dio dos hijos a José. Al primero lo llamó
Manasés, que significa: ³el que hace olvidar´.
Esto nos demuestra que José no guardaba rencores ni
resentimientos. Había vencido la amargura, por eso es
que no pasó los años lamentándose ni quejándose de
su situación, sino que en toda su vida se desprende
una nota de triunfo.
Al segundo hijo lo llamó Efraín, que significa:
³fructífero´. Dice P.Hoff: ³Dios hace fructificar a los que
saben perdonar y olvidar´.
José pudo fructificar porque tenía sus raíces en Dios y
estaba constantemente en relación con Él.
Ante sus hermanos (Génesis 42 al 45)
Pasaron los 7 años de abundancia y comenzó a haber hambre, no
sólo en Egipto, sino también en Canaán. Viendo Jacob que en
Egipto había alimentos mandó a sus hijos para que compraran.
Estos tres capítulos nos relatan detalladamente el encuentro de
José con sus hermanos y nos ofrecen numerosas enseñanzas
para nuestra vida cotidiana.
Hay que destacar que José no se dejó llevar por sus impulsos;
deseaba darse a conocer, pero entendió que debía esperar el
momento oportuno.
Era necesario ver si sus hermanos habían cambiado de actitud o
si persistían en la dureza de sus corazones, porque si todavía
guardaban la envidia y los resentimientos no iban a poder disfrutar
del estar juntos nuevamente, ni de las bendiciones que vendrían
para toda la familia.
Ante sus hermanos (Génesis 42 al 45)
En el episodio en que José pidió que Benjamín se quedara como esclavo,
se evidenció el cambio de corazón en sus hermanos. Todos a uno
quisieron tomar el lugar de Benjamín, todos se ofrecieron como
sustitutos. Estaban más preocupados por su hermano que por sí mismos.
Judá intercedió con verdadera compasión, demostrándole a José su
verdadero arrepentimiento. Ahora sí, convencido de que Dios había
obrado en ellos, se dio a conocer.
Para José las cosas viejas habían pasado y todas eran hechas nuevas.
No solo perdonó a sus hermanos sino que proveyó para sus necesidades
abundantemente y los consoló diciéndoles que había sido la mano de
Dios que lo introdujo en Egipto: ³Dios me envió delante de vosotros para
preservar prosperidad sobre la tierra y para daros vida por medio de gran
liberación´ (45:7).
José podía bendecir y libertar a sus hermanos porque primeramente él
había sido libre. No podemos ayudar a otros si todavía en nuestra vida
no hemos sido libres.
José mandó a sus hermanos a que trajesen a sus familias y a Jacob a
Egipto.
Jacob y su familia entran en Egipto
(Gén. 46:1-47:26)
Desde el capítulo 46 hasta el 49 la persona que más sobresale es Jacob.
¡Qué increíble habrá sido para el patriarca la noticia de que su hijo José no
había muerto sino que era el gobernador de Egipto! Al ver los presentes
que su hijo le enviaba creyó y su corazón cobró ánimo.
Anteriormente Dios le había indicado a Abraham que su descendencia
habitaría en tierra extraña (Gén.15:13,16), y lo maravilloso es que Jacob no
entró como un refugiado, sino que entró como jefe de una familia, que de
acuerdo a las promesas de Dios, se convertiría en una nación grande.
Jacob y sus hijos habitaron en la tierra de Gosén, la región nordeste del
delta del Nilo, separada geográficamente del resto de Egipto, por unos 20
Km. de la sede central de José, Tamis.
Faraón les dio la mejor tierra. Era una región rica e ideal para que los
israelitas pudieran multiplicarse, enriquecerse, conservar sus costumbres y
hablar su propio idioma, aislados de la influencia egipcia.
Jacob bendice y profetiza sobre sus
descendientes
Un estudio minucioso de las profecías de Jacob acerca de
sus hijos nos revelan que el patriarca profetizó con
discernimiento las características de las doce tribus.
En Hebreos 11:21 aparece como muestra de la fe de
Jacob la bendición impartida a los hijos de José. Adoptó a
Efraín y a Manasés como hijos propios (48:16) y le dio a
José el privilegio de ser padre de dos tribus.
A Manasés y a Efraín les dio la bendición de la
primogenitura que le correspondía a Rubén, quien perdió
este derecho.
Muerte de Jacob y muerte de José
Tanto Jacob como José esperaban el cumplimiento de la
promesa de Dios: la vuelta de su pueblo a la tierra
prometida.
Jacob, por expreso pedido, fue sepultado en el cementerio
de Macpela (allí se encontraban los restos de sus padres,
abuelos y de Lea su esposa).
Viendo los hermanos de José que su padre había muerto,
temieron que José los aborreciera, pero éste nuevamente
les dijo que lo que había sucedido estaba dentro de
planes de Dios.
A los 110 años murió José y le recordó a sus hermanos la
promesa de salir de Egipto e ir a la tierra que Dios había
jurado a Abraham, Isaac y Jacob, que les daría.
Palabras Finales
³José se destaca entre los patriarcas con preeminencia en algunos
aspectos. Su nobleza de carácter, su pureza de corazón, su vida y
su grandeza de alma como gobernador y hermano, lo hacen más
que cualquier otro personaje del Antiguo Testamento...
No se encuentra José entre las personas mencionadas en las
Escrituras como símbolo de Cristo, pero ningún otro ilustra
mejor la vida y obra del Salvador.
Él obtuvo la salvación para quienes lo traicionaron y le
rechazaron; se humilló, perdonó a los que le maltrataron; y así
como en el caso de Cristo, también a él todos tenían que ir en
busca de socorro, o sino perder.µ (M.G.Kyle)