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Tema nº 15
Tema nº 15
Tema nº 15 El profeta Jeremías y su libro

El profeta Jeremías y

su libro

Tema nº 15 El profeta Jeremías y su libro

Contenidos

1. Vida y actividad del profeta

2. Ministerio profético: a) Reinado de Josías; b)

Reinado de Joaquín (Yoyaquim); c) Reinado de

Sedecías; d) Ultimos días de Jeremías

3. El libro y sus problemas críticos: a) composición del libro; b) transmisión; c) hipótesis

propuestas; d) resumen 4. Estructura del libro

5. Doctrina del libro de Jeremías: a) La Alianza; b) El culto; c) La salvación gratuita; d) Mesianismo; e) Jeremías en el NT

El profeta Jeremías
El profeta Jeremías
El profeta Jeremías El personaje Contenido Ministerio profético El libro de Jeremías La Alianza El culto
El personaje
El personaje
Contenido
Contenido
El profeta Jeremías El personaje Contenido Ministerio profético El libro de Jeremías La Alianza El culto
Ministerio profético
Ministerio profético
El profeta Jeremías El personaje Contenido Ministerio profético El libro de Jeremías La Alianza El culto
El libro de Jeremías La Alianza El culto La salvación gratuita Problemas críticos Estructura Mesianismo En
El libro de Jeremías
La Alianza
El culto
La salvación gratuita
Problemas críticos
Estructura
Mesianismo
En el NT
Jeremías es un nombre teóforo (Yir- meyahu) que puede significar "el Señor po- ne el fundamento"

Jeremías es un nombre teóforo (Yir- meyahu) que puede significar "el Señor po- ne el fundamento" (de la raíz "rmh"), o "el

Señor exalta" (de la raíz "rym").

No es el único personaje bíblico que

lleva ese nombre (cfr Esd 10,33) y hay do-

cumentos extrabíblicos que mencionan a personas que se llaman así.

De cualquier manera, ya en esta época

el nombre no refleja la misión del persona-

je.

La introducción del libro de Jeremías (Ier 1,1-3) presen- ta al profeta, y su genealogía: según ese testimonio ejerció su ministerio desde el final del reinado de Josías hasta la deporta- ción.

Fueron años especialmente importantes en la configura- ción política de la región porque tuvo lugar la caída del impe-

rio Asirio, el resurgimiento del imperio neobabilónico y la de-

saparición del Reino de Judá con la deportación de los israeli-

tas más preclaros a Babilonia.

Al frente de los que quedaron fue colocado Godolías, pero como simple administrador, pues Judá fue anexionada a Samaría como provincia babilónica.

El imperio Asirio, obra de Teglatfalasar III (745-727), de Salmanasar V (727-722) y de Sargón II (722-705), con-

servó aún su poderío durante el reinado de Asurbanípal

(699-633), el Sardanápalo de los griegos, apreciado por su inmensa biblioteca.

Pero a la muerte de este rey comenzaron los pro- blemas internos y externos: por el Norte, los Medos hacen frecuentes incursiones (hacia el año 620), aunque el nuevo rey de Babilonia es Nabopolasar, quien el año 612 se apo-

dera de Nínive y de la capital, Asur. Con ello Asiria desa-

parece de la historia para siempre.

El nuevo imperio Babilónico nace con Nabopolasar (625-605) que se sublevó y se

apoderó de Asiria,

como se ha señalado, poniendo la capital en

Babilonia. Su hijo el

gran Nabucodonosor (605-562) alcanzó notables éxitos políticos y militares.

El único enemigo serio era Egipto, cuyo faraón Nekao

le hizo frente; pero fue vencido estrepitosamente en la batalla

de Karkemis (605), donde se habían refugiado los últimos asirios (cfr Ier 46,2-12).

Nabucodonosor les obligó a retroceder al valle del Ni- lo y conquistó algunas ciudades marítimas de Palestina; pero volvió a su país para sofocar los problemas que le planteaban los Medos en la parte oriental.

El año 597 volvió a apoderarse de muchas otras

ciudades de Judá, llevándose prisionero al joven rey Joaquín (Jeconías según el libro de Jeremías). Pero no atacó Jerusalén, sino que puso como rey vasallo a Sedecías. Al cabo de diez

años Sedecías se negó a pagarle tributo provocando la invasión definitiva de Jerusalén.

En efecto, Nabucodonosor se apoderó de la Ciudad San- ta, destruyéndola y llevándose consigo a los principales del pueblo. Judá desaparece como reino y es anexionado a la provincia de Samaría. Al frente de la ciudad queda Godolías

como gobernador

En Judá el rey Manasés (687-642) había permanecido como vasallo de Asiria; de este modo consiguió una relativa calma, a costa de un fuerte decaimiento religioso al permitir el culto a los dioses mesopotámicos y a las divinidades cananeas.

La misma situación perduró durante los tres años del reinado

de Amón (642-640) y los primeros de Josías (640-609) que subió al trono a los ocho años de edad. Pero este rey comenzó

una gran reforma religiosa, cuyo centro fue el descubrimiento

en el Templo del "Libro de la Ley" (el Deuteronomio), el año

622 (cfr 2 Reg 22-23). Junto con la reforma religiosa Josías consiguió extender sus dominios hasta el antiguo Reino del Norte, que era provincia de Asiria desde el 722. Todo hacía presagiar un gran esplendor: se renovó la Alianza de Moisés y se hizo de Jerusalén el único lugar de culto.

Pero los acontecimientos se

precipitaron: Josías intentó detener al ejército egipcio de Nekao que se

dirigía hacia Karkemis para luchar contra los babilonios, y murió trágicamente en Meggido (cfr 2 Reg 23,29-30). En su lugar

comenzó a reinar su hijo Joacaz;

pero a los tres meses Nekao consiguió derrocar a este rey judío

y puso en su lugar a su hermano

Joaquín o Yoyaquim (cambiándole su antiguo nombre de Eliaquim).

Pero los acontecimientos se precipitaron: Josías intentó detener al ejército egipcio de Nekao que se dirigía

Así, pues, durante los diez años siguientes (609-

598) el reino de Judá quedó bajo un severo

vasallaje a Egipto. Fueron años difíciles porque el rey abusaba de sus súbditos (cfr Ier 22,13-19) y la reforma religiosa quedaba en el olvido.

Así, pues, durante los diez años siguientes (609- 598) el reino de Judá quedó bajo un
Tras la victoria de Karkemis (605) el rey Joaquín abandonó el vasallaje de Egito y se

Tras la victoria de

Karkemis (605) el rey Joaquín abandonó el

vasallaje de Egito y se

sometió al tributo de Babilonia. Pero nunca lo hizo de buen grado e

incluso llegó a rebelarse (2 Reg 24,1). Esto, junto con el afán expansionista de

Nabucodonosor, provocó la

invasión de Judá y el cerco

de Jerusalén.

Durante el asedio murió Joaquín, siendo colocado en el trono su hijo de 18 años Joaquín

Durante el asedio murió Joaquín, siendo colocado en el trono su hijo de 18 años Joaquín o Yoyaquín (llamado Jeconías

por Jeremías) que no pudo mantener la ciudad, invadida al fin

por los babilonios. El joven rey, su madre, los altos oficiales, junto con un enorme botín fueron llevados a Babilonia.

Es la primera deportación llevada a cabo el año 597.En lugar de Joaquín comenzó a reinar
Es la primera deportación llevada a cabo
el año 597.En lugar de Joaquín comenzó
a reinar Sedecías, hijo de Josías. Pero era
un hombre débil que se debatía entre los
partidarios de someterse a Babilonia y
los partidarios de unirse a Egipto.
Fueron años de conspiraciones y revueltas hasta que Nabucodonosor volvió de nuevo, conquistó Jerusalén, depuso al

Fueron años de conspiraciones y revueltas hasta que

Nabucodonosor

volvió de nuevo, conquistó Jerusalén, depuso al rey (cfr 2

Reg 25,6ss; Ier

52,9-11) y se llevó

deportados a los más importantes del pueblo. Desapareció así para siempre el Reino de Judá.

Jeremías nació hacia el año 650 a.C., según

propio testimonio, en Anatot, una aldea situada a 6 km de Jerusalén: era de familia sacerdotal.

Su procedencia rural queda reflejada en su predicación: observa las costumbres de los ani-

males (Ier 8,7; 17,11), se inquieta por las conse-

cuencias de la sequía (Ier 14,4-5), recoge las

costumbres y los cantos de boda para explicar

"el día de Yahwéh" (Ier 25,10), etc.

Su ascendencia sacerdotal se percibe por el co-

nocimiento del ambiente del clero sadoquita del Tem- plo (Ier 7,12).

Por otra parte, su origen benjaminita como Os-

eas, es patente: como el profeta del siglo VIII ama pro-

fundamente a su pueblo contra el que tiene que pro-

ferir juicios muy severos. Ambos acuden a la historia

del pueblo para deducir enseñanzas; como Oseas fun- damenta su mensaje en las circunstancias familiares,

difíciles también para Jeremías; y como él, conjuga la

severidad de las amenazas con la delicadeza entraña- ble en el lenguaje.

En el relato de su vocación (Ier 1,4-10) Jere-mías

descubre cuatro momentos que reflejan las carac- terísticas de su predicación posterior: "Antes de

formarte

...

,

te conocí,

...

,

te

consagré...,

te destiné como

profeta de las naciones

...

,

pongo mis palabras en tu

boca".

Conocimiento, consagración, misión profética y

eficacia de la palabra de Dios aparecen frecuentemente en su mensaje. Por otra parte, es una escena sencilla y

ordi-naria, sin la solemnidad de la vocación de Isaías

(Is 6) ni la grandiosidad de la visión de Ezequiel (Ez

Ya en la respuesta de su vocación ("yo soy como

un muchacho": Ier 1,6) aparece Jeremías como un hombre tímido y sensible. Los acontecimientos del pueblo le afectarán sobre manera y él mismo, como

símbolo del pueblo entero tendrá que superar su soledad y

sus desalientos.

Probablemente donde mejor traduce su carácter y

su sufrimiento es en las denominadas "confesiones": Ier

11,18-23; 12,1-6; 15,10-21; 17,12-18; 18,18-23; 20,7-18

Estos poemas fueron pronunciados probablemente

en la época más delicada del profeta y del pueblo, durante

el reinado de Joaquín, hacia el año 601.

Los comentaristas suelen hablar de cinco "confe-

siones", pues la sección Ier 12,1-6 la consideran parte del primer poema del cap. 11.

El nombre está tomado de las "Confesiones" de

San Agustín.- Cfr Behler, G.M., Les Confessions de Jeremie, en "Lumière et Vie" 165 (1983) 45-58.

Son poemas en primera persona que expresan el drama del profeta enviado por Dios a pronunciar un

mensaje, que nadie acepta y que sólo le acarrea

desgracias.

Tienen muchos puntos de contacto con los

Salmos, generalmente llamados de "lamentación individual" y que expresan con crudeza el

problema de las desgracias de los justos: Jeremías,

en fecto, es un hombre delicado y sensible,

dispuesto siempre a la concordia entre los

hombres (cfr Ier 17,5-7); sin embargo, rodeado de

violencias e injusticias, tiene que anunciar ruina, soledad y desgracia. Pero con tan escaso éxito que

llega a plantearse si será él el equivocado, si su

función profética carecerá de sentido

En el fondo de este drama, de esta "noche

oscura" brota la luz de la presencia divina y la certeza de una salvación: "Si te vuelves porque yo te hago volver, estarás en mi presencia; y si sacas lo precioso

de lo vil, serás como mi boca (mi portavoz)" (Ier

15,19). Esta experiencia personal de su desgracia y de que la misma desgracia será el principio de la

restauración, fundamenta su mensaje, puesto que

también el pueblo pasará por la misma experiencia de desgracia en el destierro y de restauración

posterior.Conviene hacer notar que Jeremías al igual

que Moisés experimentó los mismos avatares del pueblo. En este sentido es tipo de Jesucristo que también sufre en su carne los horrores de los hombres y al resucitar consigue la justificación (cfr Rom 4,25).

Dentro de las dificultades que implica

la datación de los oráculos de Jeremías,

siempre se ha intentado descubrir cuál fue

la actividad profética bajo los diversos reyes.

933-916 915-913 910-887 870-846 848-841 841 841-835 835-797 796-781
933-916
915-913
910-887
870-846
848-841
841
841-835
835-797
796-781
933-916 915-913 910-887 870-846 848-841 841 841-835 835-797 796-781 Yotán Acaz Ezequías Manasés Amón Josías Joacaz
Yotán Acaz
Yotán
Acaz
Ezequías Manasés Amón Josías Joacaz Joaquín Jeconías
Ezequías
Manasés
Amón
Josías
Joacaz
Joaquín
Jeconías
740-735 735-728 / 716 728-716 / 698 697-643 643-642 642-609 609 609-598 598-587
740-735
735-728 / 716
728-716 / 698
697-643
643-642
642-609
609
609-598
598-587

a) Reinado de Josías (640-609).- Suele aceptarse como fecha inicial de su voca-

ción el año 627, por lo que se distingue la actividad de

Jeremías hasta el año 622, año de la reforma religiosa y la que desarrolló durante la reforma religiosa.

Antes del descubrimiento del libro de la Ley, Je-

remías denuncia la apostasía del pueblo (Ier 2-6); en concreto: * Denuncia la apostasía religiosa (Ier 2); * Invita a la conversión (Ier 3); * Anuncia con severidad el castigo (Ier 4); * Denuncia la depravación moral y social (Ier 5-6).

Algunos autores modernos consideran esta fecha

como la de su nacimiento y mantienen que no comen- zó a predicar hasta el año 609, después de la muerte de

Josías.-

Cfr Holladay, H., Jeremia. 1: A Commentary on the Book of Jeremiah. Chapters 1-25, Philadelphia 1986, p. 1.

Las acusaciones fundamentales al pueblo son:

infidelidad, para lo cual utiliza la imagen espon- sal iniciada por Oseas (Ier 2,2-15);

sensualidad, pues el pueblo ha seguido las prác- ticas aberrantes de los cultos cananeos (Ier 3,6-13);

hipocresía y duplicidad, pues sólo en momentos

de apuro acuden a Dios (Ier 2,27);

injusticia y mentira (Ier 2,13 y 5,1-31), pues el pueblo comete todo tipo de desmanes porque se ha olvidado de Dios.

b) Reinado de Joaquín (Yoyaquim) (609-

598).-

El rey Joacaz quiso continuar la reforma de

su padre; pero no tuvo tiempo, pues murió a los

tres meses a manos de los egipcios que pusieron

en el trono a su hermano Joaquim. Jeremías le dedica una sentida elegía (Ier

22,10-12).

El rey Joaquín, en cambio, reina sometido a

Egipto y permite una progresiva depravación de

costumbres.

Jeremías se opone abiertamente a esta polí-

tica pro-egipcia y denuncia con fuerza los abu- sos. La predicación de esta época está contenida en Ier 7-20, donde están incluidas las famosas "confesiones". También pertenecen a estos años

Ier 25-26 y 35-45. Es posible que la declaración

de su celibato (Ier 16,1-9) fuera hecha en este

período.

El discurso del Templo nos ha llegado en

dos versiones semejantes: Ier 7 y Ier 26; proba- blemente tuvo lugar el mismo día de la corona-

ción de Joaquín (año 609). La introducción (Ier

7,1 y 26,1-3) contiene la finalidad del discurso, que es una llamada a la conversión y a la peni-

tencia. El cuerpo del discurso (Ier 7,2-15 y 26,4- 6) desarrolla la idea de la presencia de Dios en

medio del pueblo; pero no justifica la conducta

de los servidores del Templo, sino que la conde-

na, pues supedita la presencia divina a la conver-

sión.

Las consecuencias del discurso están reco-

gidas sólo en Ier 26,7-24; los sacerdotes y profe- tas oficiales decidieron la muerte de Jeremías.

Este consiguió seguir con vida gracias a la inter-

vención de algunos principales y personas del pueblo, pero nunca más pudo entrar en el Tem-

plo.

Cfr Aguilera, A., La fórmula "Templo de Yahvé"

en Ier 7,4, en "Estudios Bíblicos" 47 (1989) 319-342.-

Alvarez Barredo, M., Discurso de Jeremías sobre el templo: crítica de la praxis religiosa, en

El libro de Jeremías es el más largo de los proféticos y el que mayores cuestiones ha susci-

tado tanto de orden histórico, como se ha puesto

antes de relieve, como de orden crítico.

Es también uno de los más estudiados en la historia de la exégesis. A continuación se expo- nen los datos más importantes en torno a la com-

posición del libro, su transmisión y su estructu-

ra.

a) Composición del libro.- Consta el libro de grandes secciones poéticas junto con otras escritas en prosa; este dato ha llamado siempre

la atención, aunque no llegó a plantear dudas de

autenticidad hasta finales del siglo XIX. Bernard Duhm fue el primero que en 1901 distinguió tres

fuentes del libro: los poemas, que atribuye al propio Jeremías (280 vv.), los relatos biográfi-

cos, escritos por el fiel secretario Baruc (220

vv.) y los "suplementos", añadidos por una ma-

no posterior (850 vv.).

Como se ve se considera que dos terceras

partes del libro son posteriores al profeta.

Sigmund Mowinckel en su monografía de 1914, reelaborada por Rudolf en 1946, reorga- nizó la hipótesis anterior dividiendo el libro en cuatro grupos de textos o de tradiciones que de-

signa con las primeras cuatro letras del alfabeto:

* Textos o fuente A: los oráculos en poesía que se encuentran en Ier 1-25. Son del propio profeta (ipsissima verba Ieremiae), escritos a mediados del siglo VI;

* Textos o fuente B: relatos biográficos en prosa, redactados en tercera persona que suelen comenzar indicando lugar y fecha del acontecimiento. Escritos a finales del siglo VI: Ier 19,1-20,6; 26-44.

* Textos o fuente C: toda una serie de oráculos en prosa o verso que no pertenecen a las fuentes anteriores. Los considera escritos por la escuela deuteronomista en el siglo V. Son los que mayor dificultad plantean a los intérpretes actuales.

* Textos o fuente D: oráculos de restauración, que atribuye a un autor más tardío, cuya fecha es difícil determinar.

Los caps. 46-52 (oráculos contra las naciones)

forman un apéndice posterior. La redacción definitiva del libro habría sido hecha hacia finales del siglo V. La

hipótesis welhausiana ha sido aceptada con más o

menos variantes por los exegetas hasta nuestros días. Las matizaciones van en orden a establecer la relación

entre la tradición poética (textos A) y la tradición en

prosa (textos B y C). Así, por ejemplo, Nicholson y Thiel consideran que los textos en prosa son una

ctualización (relectura) del mensaje de jeremías a las

circunstancias diversas, concretamente del exilio y del postexilio.

En cambio, otros muchos (Cornill, Weiser, Mi-

ller) aceptan la historicidad de los relatos en prosa,

atribuyéndolos a Jeremías. Weipert y Holladay, dan un

paso más y consideran que la prosa de Jeremías es el

primer modelo de la historia deuteronomista: esta escuela nacería en el propio profeta.

Por su parte John Bright intenta demostrar que la

prosa de Jeremías es distinta de la deuteronomista y

que tiene más semejanza con la prosa del siglo VII que

con la historiografía deuteronomista.

En suma, la historia de la composición del libro

de Jeremías no ha logrado describirse con satisfacción para todos; parece claro que hay diversas fuentes y una

coincidencia notable con la doctrina deuteronomista

en muchos textos. Pero estos problemas críticos no pueden paralizar la comprensión del libro, tal como ha

llegado en el canon.

b) Transmisión.- Ningún libro del AT aporta tantos datos como el de Jeremías al tema de la crítica

textual y literaria, puesto que está suficientemente do-

cumentada la existencia de dos textos hebreos diferen- tes hacia el año 200 a.C. y presumiblemente antes de

esa fecha.

El uno ha llegado a nosotros en el texto masoré-

tico, el otro en la versión de los LXX.

Todos los manuscritos que se poseen del TM

pertenecen a la misma familia y entre ellos sólo hay

diferencias de detalle; el texto griego, por su parte, es

sensiblemente más breve, en concreto, un octavo más

corto que el TM (unas 2.700 palabras menos); además

es diferente el orden, especialmente los "Oráculos

contra las Naciones" que en el TM aparecen como

apéndice en los caps. 46-51, mientras que en los LXX

sigue a Ier 23,13, formando la parte central del libro.

Los manuscritos encontrados en Qumrán han

hecho rebrotar la cuestión, puesto que se han

encontrado fragmentos de ambas redacciones: El TM

está amplia-mente documentado en los siguientes

fragmentos: - 2Q Jer con parte de los capítulos 42-44 y 46-51; - 4Q Jer a , con parte de los caps. 7-12; 14; 15; 17; 18; 19 y 22; - 4Q Jer c , con parte de los caps. 8; 19- 22; 25-27; 30 y 33. La versión de los LXX, por su parte, también está documentada en unos fragmentos

encontrados en la Cueva 4: 4Q Jer b , que contiene parte de los caps. 9-10; 43 y 50. El texto hebreo de esos fragmentos coincide en gran medida con la traducción

de los LXX.

Hasta aquí los datos: dos textos (TM y LXX),

que tienen entre sí múltiples variantes de cantidad y de orden, pero que son totalmente independientes, puesto

que son muchísimas más las coincidencias.

c) Hipótesis propuestas.- Las variantes entre ambos textos han dado pie a múltiples investigaciones, cuyos resultados se orientan en tres direcciones:

1) Traducción griega abreviada. Es la opinión tradicional mantenida unánimemente hasta principios de este siglo: los traductores de los LXX que habitualmente amplían el original hebreo, en el caso de Jeremías lo han abreviado. Según esta hipótesis, los problemas que se plantean y su explicación se mantienen en el ámbito de la crítica textual. Se parte del principio axiomático de que el TM representa el texto

original y que el griego, siendo un testigo más tardío y, por

tanto, inferior, sirve únicamente para mejor entender y eventualmente co-rregir al TM.

Ahora bien, hay datos objetivos -los fragmentos del Qumrán- que hacen suponer un texto hebreo diferente del TM. Por tanto, hay que retrotraer la cues- tión; no basta comparar el texto hebreo y "su traduc- ción" griega, sino que hay que establecer el parangón entre el texto hebreo que se integró en el canon y el otro, también hebreo, que está en la base de los LXX.

No es un problema de estricta crítica textual, que se limite a la búsqueda del texto primitivo.

2) Ediciones sucesivas del libro. Ya desde la noticia de los textos divergentes en Qumrán y, sobre todo, a partir del trabajo ya mencio-nado de J. Gerald

Janzen, se ha generalizado el convencimiento de que

coexistieron dos ediciones diferentes de un primitivo texto que no ha llegado hasta nosotros. La edición más

antigua sería la más breve, la que sirvió de base para la

traducción de los LXX. Posteriormente surgió la segunda edición, aumentada en cantidad e incluso con

cambios significativos de orden.

Ambas ediciones no son simples hitos de la transmisión

de un texto ya terminado, sino que reflejan dos textos dife-

rentes de un libro que todavía no se consideraba cerrado, ni había entrado en el Canon.

Los defensores de esta hipótesis suelen hablar de

Edición I (Vorlage de LXX) y Edición II (TM) o también Redacción I y Redacción II. La primera habría sido elbaorada en Egipto y la segunda en Palestina hacia el siglo IV o incluso el V a.C.

El problema en esta hipótesis ya no es de crítica textual, sino de crítica literaria; no cabe preguntarse sobre el único texto original, sino sobre la composición del libro.

Y esto plantea nuevas cuestiones sobre la posiblidad de

varias corrientes ideológicas que convivieron pacífica-mente sobre el uso y valoración que dieron a ambas ediciones o sobre

las razones por las que prevaleció una de ellas. Más aún, estas

mismas cuestiones podrían tras-ladarse a los otros libros de la

Biblia, suscitando cues-tiones interesantes sobre la historia de la redacción y sobre la historia del Canon.

3) Revisión actualizada.

El Prof. E. Tov, como editor del proyecto de la Biblia Hebrea de la Universidad de Jerusalén ha im- pulsado una serie de trabajos encaminados a recons- truir la Vorlage o texto hebreo sobre el que se hizo la versión de los LXX, siempre con el convencimiento de que cons-tituye una edición diferente del TM.

Ahora bien, para poder afirmar que son ediciones

diferentes hay que sopesar las variantes y descubrir si la edición más re-ciente contiene oráculos nuevos o

tradiciones antes desconocidas. Esto es más necesario

tratándose del libro de Jeremías que está formado por

una amalgama de oráculos y narraciones que han

suscitado el interés de los investigadores en este

último siglo. Como se ha indicado, hoy se sigue aceptando, aunque con matices, la hipótesis de

Mowinckel.

Volvamos a la comparación entre los dos textos (LXX y TM). Para aceptar que son dos ediciones diferentes habrá que señalar que contienen tradiciones distintas o que, al menos, la más reciente introduce elementos tan novedosos que pueden

considerarse como libro diferente.

E. Tov en su esfuerzo por demostrar que el texto hebreo es una nueva edición, señala aña-diduras en los tres tipos de textos (A, B y C), y los distribuye en dos grandes bloques:

retoques propios de un editor (editorial aspects) y retoques propios de un exegeta (exegetical aspects).

P.M. Bogaert, por su parte, es mucho más prudente y no

habla de ediciones, sino de redacciones. De hecho, después de de valorar las va-riantes del cap. 10, concluye que es ilusorio

pretender describir la prehistoria del texto de Jeremías, y que

sólamente cabe describir el tipo de relectura que se hizo en los siglos V y IV a.C.

En otro trabajo aparecido en el mismo volumen es algo

más optimista al concluir que la redacción B introduce una serie de cambios y aña-diduras en razón del propio profeta; es decir, la primera redacción pretendería mostrar que Jeremías

es verdadero profeta, apoyándose en el testimonio de Baruc; la se-gunda, en cambio, supone aceptada la autoridad del profeta y hace más hincapié en el contenido de la pro-fecía, con la

intención de alertar a los destinatarios, Israel y pueblos

paganos, a que atiendan las palabras del profeta.

Nosotros estamos más de acuerdo con Bogaert; parece

exagerado hablar de dos ediciones diferentes; incluos hablar de dos redacciones puede inducir a error, porque da a entender

que o las variantes introducen cambios de contenido, o que, al

menos, son irreductibles a un solo texto. Pensamos que más bien hay que hablar de "relectura", dando a entender que esta cuestión apenas aporta nada a la formación del libro; es más

bien un problema de transmisión.

Es decir, el transmisor griego traduce fielmente un libro

ya terminado (Vorlage); no hay que olvidar que la traducción es del siglo II a.C., cuando ya se valora la fidelidad minuciosa.

El transmisor hebreo, por su parte, se permite introducir

algunas va-riantes, pero no con intención de cambiar o aportar nuevos datos, sino únicamente de "aclarar" y de hacer "más asequible" el libro ya existente; es lo que podríamos llamar

una relectura actualizante.

El texto masorético, por tanto, en relación con el griego -y por eso con su Vorlage- únicamente añade aclaraciones concretas o retoques actualizantes. Las aclaraciones abarcan las múltiples adiciones que E. Tov denomina "exegetical

aspects", como son la descripción de personajes ("Jeconías",

hijo de Joaquín: Ier 28,4; Baruc, hijo de nerías: Ier 36,8), fórmulas hechas (Yah-wéh, Dios de Israel), etc.

Los retoques actualizantes son, a simple vista, de mayor

peso y son los que han dado pie a la hipótesis de las dos

ediciones. Pero también éstas son fácilmente explicables si suponemos que el transmisor hebreo escribe con la conciencia de que el protagonista del libro, Jeremías, es el gran profeta, el nuevo Moisés, el profeta de las naciones. Esta triple característica estaba ya contenida, de algún modo, en la Vorlage de LXX, pero el nuevo transmisor lo subraya, coloreando un texto que de ningún modo quiere enmendar.

d) Resumen.- Tras el análisis de estos datos pa- rece claro que el texto hebreo atestigua una serie de

va-riantes de gran interés, pero no tanto que pueda

supo-nerse que es una nueva edición o una nueva redacción. Con lo dicho hasta aquí, puede dar la

impresión de que se ha reducido el problema a una

cuestión terminológica (edición, redacción, transmisión). Pensamos que no; nuestra opinión es que ambos textos (Vorlage de LXX y TM) pudieron coexistir porque no son textos dife-rentes, sino el mismo; el segundo está más actualizado, rasgo que favorece su inclusión en el Canon.

Ciertamente la comparación entre ambos no es meramente de crítica textual, pero tampoco se pueden extrapolar las conclusiones como si cada texto reflejara

ideologías o mentalidades diferentes o aun contrapuestas. La

cuestión hay que trasladarla al campo de la trans-misión textual: los escribas más próximos al original entendían la fidelidad al texto con mayor margen de libertad para posibles aclaraciones, mientras que los más tardíos (es decir, los redactores de la Vorlage de los LXX) la consideraban con meticulosidad estricta. Por tanto, el texto hebreo transmite el

original con retoques actualizantes que no modifican sustancialmente su orientación ni su contenido. El texto griego, por su parte, transmite el original sin permitirse apenas

ninguna modificación.

Partes del libro de Jeremías
Partes del libro de Jeremías

Prólogo: Vocación y misión (1,1-19)

Primera Parte: Oráculos sobre Israel y Judá (2,1-

25-38)

Segunda Parte: Relatos biográficos sobre Jeremías

(26,1-45,5)

Tercera Parte: Oráculos sobre las naciones (46,1-

51,64)

Epílogo: La caída de Jerusalén (52,1-30) Lamentaciones y Baruc

Prólogo: (1,1-3) Vocación y misión de Jeremías
Prólogo: (1,1-3)
Vocación y misión de Jeremías

Vocación (1,4-10) Visión de la vara de almendro (1,11-12)

Visión de la olla hirviendo (1,13-19)

Primera parte (2,1-25,38) Oráculos sobre Israel y Judá
Primera parte (2,1-25,38)
Oráculos sobre Israel y Judá

I. Llamada a la conversión (2,1-4,4)

II. La desgracia que viene del Norte (4,5-

10,25)

III. Actividad profética de Jeremías (11,1-

20,18)

IV. Juicios sobre reyes y profetas (21,1-

I. Llamada a la conversión (2,1-4,4)
I. Llamada a la conversión
(2,1-4,4)

Cuando Israel era fiel, nada tenía que temer (2,1-3) Infidelidad de Israel (2,4-37) Israel, repudiada (3,1-5) Israel y Judá, dos hermanas infieles (3,6-11) Llamada a la conversión (3,12-18) La conversión definitiva (3,19-4,4)

II. La desgracia que viene del Norte (4,5-10,25)
II. La desgracia que viene del
Norte (4,5-10,25)

Amenazas de invasión (4,5-31) El castigo de la rebeldía de Judá (5,1-31)

La invasión inminente (6,1-30)

Corrupción en el culto. Discurso del Templo (7,1-20) Obstinación del pueblo (7,21-8,3) Engaño y desobediencia (8,4-9,15)

Llantos de muerte (9,16-24)

Vanidad de los ídolos (10,1-11) El poder del Dios Creador (10,12-16)

Dispersión inminente (10,17-25)

III. Actividad profética de Jeremías (11,1-20,18)
III. Actividad profética de
Jeremías (11,1-20,18)

La Alianza se ha roto (11,1-17) Primera “confesión” de Jeremías (11,18-12,6) La heredad del Señor desolada (12,7-17) El ceñidor de lino que se pudre (13,1-11) El cántaro de la ira de Dios (13,12-14) Dios llama a la conversión, pero el pueblo no cambia (13,15-27)

Oráculos con ocasión de la sequía (14,1-15,9) Segunda “confesión” de Jeremías (15,10-21) Acciones simbólicas sobre la inminencia del castigo (16,1-21) Dios retribuye según las obras (17,1-13) Tercera “confesión” de Jeremías (17,14-18) Observancia del sábado (17,19-27) Jeremías en casa del alfarero (18,1-12) Israel se olvidó del Señor y quedó desolado (18,13-17) Cuarta “confesión” de Jeremías (18,18-23) La rotura del cántaro y castigo a Jeremías (19,1-20,6) Quinta “confesión” de Jeremías (20,7-18)

IV. Juicios sobre Reyes y Profetas (21,1-25,38)
IV. Juicios sobre Reyes y
Profetas (21,1-25,38)

Respuesta a Sedecías (21,1-10) Oráculos sobre la realeza (21,11-22,9)

Oráculos sobre Joacaz (22,10-12)

Oráculos sobre Yoyaquim (22,13-19) Oráculos sobre Yotaquín (22,20-30) El rey que vendrá (23,1-8)

Oráculos sobre los falsos profetas (23,9-40)

Visión de los cestos de los higos (24,1-10) El exilio, castigo del Señor (25,1-14) La copa de la ira sobre las naciones (25,15-38)

Segunda parte (26,1-45,5) Relatos biográficos de Jeremías
Segunda parte (26,1-45,5)
Relatos biográficos de Jeremías

I. Conflictos con el pueblo, sacerdotes y profetas (26,1-29,32)

II. Libro de la Consolación (30,1-33,26)

III. Conflictos con los Reyes de Judá (34,1-

36,22)

IV. Pasión de Jeremías (37,1-45,5)

I. Conflictos con el pueblo, sacerdotes y profetas (26,1-29,32)
I. Conflictos con el pueblo,
sacerdotes y profetas (26,1-29,32)

Jeremías ante el tribunal (26,1-24) La coyundas y el yugo (27,1-22) Discusión con Ananías (28,1-17) Carta a los exiliados (29,1-32)

II. El Libro de la Consolación (30,1-33,26)
II. El Libro de la Consolación
(30,1-33,26)

Sufrimientos y esperanzas (30,1-24) Promesas de restauración (31,1-14)

El llanto de Raquel (31,15-17)

Arrepentimiento y perdón (31,18-22) Regreso de los deportados (31,23-30) La nueva Alianza (31,31-34)

Protección permanente del Señor (31,35-37)

Reconstrucción de Jerusalén (31,38-40) La compra de un campo (32,1-44) Razones para la esperanza (33,1-26)

III. Conflictos con los reyes de Judá (34,1-36,22)
III. Conflictos con los reyes de
Judá (34,1-36,22)

Anuncio a Sedecías (34,1-7)

Manumisión de esclavos (34,8-22) Visita a los recabitas (35,1-19)

El rollo escrito por Jeremías y quemado

por orden del rey (36,1-32)

IV. Pasión de Jeremías
IV. Pasión de Jeremías
(37,1-45,5)
(37,1-45,5)

Prisión de Jeremías (37,1-21) Jeremías en el aljibe de Malquías (38,1-28)

Jeremías liberado tras la caída de Jerusalén (39,1-

40,6)

Gobierno y muerte de Godolías (40,7-41,18)

Huida a Egipto (42,1-43,7)

Oráculos pronunciados en Egipto (43,8-44,30) Oráculo de consuelo para Baruc (45,1-5)

Tercera parte (46,1-51,64) Oráculos sobre las naciones
Tercera parte (46,1-51,64)
Oráculos sobre las naciones

Egipto (46,2-28) Filistea (47,1-7) Moab (48,1-47) Amón (49,1-6)

Edom (49,7-22)

Damasco (49,23-27)

Quedar y los reinos de Jasor

(49,28-33)

Elam (49,34-39) Babilonia (50,1-51,58)

Proclamación del oráculo de Babilonia (51,59-64)

Lamentaciones
Lamentaciones

Primer canto: Jerusalén desolada

Segundo canto: la desgracia de Sión y sus causas

(2,1-22)

Tercer canto: dolor personal por tanta ruina (3,1-

66)

Cuarto canto: la desgracia de Sión y sus responsables (4,1-22)

Quinto canto: súplica desde la desolación (5,1-22)

Baruc
Baruc

I. Introducción (1,1-14)

II. Confesión de los pecados y petición de perdón (1,15-3,8)

III. Israel y la sabiduría (3,9-4,4)

IV. Conversión y gozo en Jerusalén (4,5-

5,9)

V. Carta de Jeremías (6,1-72)

Tal como nos ha llegado y siguiendo el TM, el libro tiene una estructura sensilla, pues consta de tres

grandes bloques, más una introducción y un apéndice:

a) Introducción (Ier 1,4-19) en la que narra la vocación del profeta;

b) Oráculos contra el pueblo (Ier 2,1-25,14):

predominan los oráculos poéticos, especialmente en

los diez primeros capítulos. La conclusión (Ier 25,13)

es claramente redaccional;

c) Sección narrativa (Ier 26-45): predominan los relatos en prosa con un pretendido orden cronológico. El capítulo 36 narra la redacción de los dos rollos del libro y, de alguna manera, divide esta sección en dos partes. Ier 30-33 puede considerarse como una sección independiente: son oráculos de salvación a favor de Judá e Israel; suele denominarse el "Libro de la consolación" de Jeremías;

d) Oráculos contra las naciones (Ier 46-51), que son un desarrollo de oráculo breve contenido en Ier

25,15-38: forman un solo bloque y tienen un orden

muy pensado, reflejo de la mano del último redactor.

e) Apéndice histórico (Ier 52,1-34), que recoge con muy pocos retoques el texto de 2 Reg 24,18- 25,21. Narra la destrucción de Jerusalén, algunos

pormenores de la deportación y, como final

esperanzador, el trato favorable que recibió el rey

Joaquín en la corte de Babilonia.

1 La Alianza 2 El culto 3 La salvación gratuita 4 El Mesianismo 5 En el
1 La Alianza 2 El culto 3 La salvación gratuita 4 El Mesianismo 5 En el

1

La Alianza

2

El culto

3

La salvación gratuita

4

El Mesianismo

5

En el Nuevo Testamento

La riqueza del libro de Jeremías permite abordar-

lo desde distintos ángulos.

Puede afirmarse que todo gira en torno a la Pala-

bra del Señor, que se impone al profeta, que indefecti-

blemente debe cumplirse, que conduce e interpreta la historia.

Pero también cabe destacar algunos temas, que

siendo patrimonio común con otros libros proféticos,

en Jeremías tienen un tratamiento específico.

En concreto, es importante el tratamiento de la Alianza, del culto, de la salvación y del mesianismo.

a) La Alianza.- Jeremías no insiste tanto en la naturaleza de Dios (transcendencia, santidad, perfección) que, por otra parte, acepta como sus contemporáneos (Ver el episodio en casa del alfarero: Ier 18,1-12), cuanto las relaciones de Dios

con su pueblo. Son frecuentes los diálogos personales (Ver sus

"Confesiones") y comunitarios (son frecuentes las interpela- ciones en segunda persona, cargadas de amor entrañable; por ej.: Ier 2,1-13; 3,19-25, en los que resuena la imagen esponsal

de Oseas).

La relación con su pueblo culmina en la Alianza, cuyos términos son claros: "Yo seré vuestro Dios, vosotros seréis mi

pueblo" (Ier 24,7). Para el tiempo futuro anuncia una Alianza nueva (Ier 31,31-34) y eterna (Ier 32,37-41), que no se cifra en normas externas, sino que penetra en lo más profundo del

hombre.

El pueblo y el hombre se

relacionan con Dios como con un ser próximo, con afecto y con piedad: como un padre (Ier 3,4-19; 31,9-20), como con su protector (Ier 14,8; 13,13).

Jeremías, por tanto, utilizando las mismas imáge- nes que sus predecesores (es- pecialmente Oseas) consigue

profundizar en el alcance de la

Alianza y darle una proyección más perso-nalizada.

El pueblo y el hombre se relacionan con Dios como con un ser próximo, con afecto

Esta interesante perícopa, aunque pertenezca a una ma- no posterior a Jeremías contiene sin duda su pensamiento. Es un oráculo de salvación que los deportados debieron recibir con esperanza, como todos los contenidos en el "Libro de la

Consolación" (Ier 30-32). En cuanto al contenido, cabe señalar

tres partes: a) la superación del pacto del Sinaí (vv. 31-32), que los padres rompieron: será semejante, pero de tal modo que ni el hombre podrá nunca destrozarlo; b) Sus característi- cas (v. 33): Dios será el agente, a pesar de las malas disposi- ciones del hombre; y no estará escrito, sino impreso en el co- razón (interioridad); será connatural al hombre y, por tanto,

para siempre (eternidad); c) Sus consecuencias (v.34): el hom-

bre se guiará por la conciencia sin necesidad de que le enseñen

(libertad). Y Dios actuará perdonando (misericordia) los peca-

dos y trasgresiones.

b) El culto.- Así como se duda del apoyo que Jeremías prestó a la reforma de Josías, también se

discute su actitud ante el Templo.

Algunos comentaristas, como Holladay, llegan a suponer que pronunció sus sermones en la celebración

que cada siete años conmemoraba el hallazgo del Deu-

teronomio; otros como Rudolf, consideran a Jeremías como anónimo oponente del culto, basándose en algu-

nas partes del discurso del Templo (Ier 7,22-29).

Seguramente Jeremías, hijo de un sacerdote de

Ananot (Ier 1,2) conocía bien el culto y lo fomenta-

ba, aunque se oponía abiertamente a considerar las

ceremonias y los objetos cultuales (por ej.: el Templo

o el arca: Ier 3,14-18) como talismanes mágicos de

una inmunidad política.

Coincide también en este punto con la doctrina

deuteronomista que supedita el culto a la obediencia a Dios. En efecto, el discurso del Templo (Ier 7,1-

8,3) pronunciado probablemente en los primeros días

del reinado de Joaquín, contiene la doctrina jere-

miana sobre el culto:

  • a) Dios habita entre los suyos. Pero no tanto en templos

edificados en Silo o Jerusalén, sino en el pueblo entero, siempre que su conducta sea perfecta (Ier 7,1-15; cfr Ier 26,1-10 y 22,1-5);

  • b) No puede compaginarse el templo con el culto idolátrico

a dioses extraños, en concreto a Istar, la diosa de la fecundidad (Ier

7,16-20; cfr Ier 44,15-19);

  • c) Las ofrendas carecen de valor si no van acompañadas de

la Palabra de Dios (Ier 7,21-29; cfr Ier 6,20 y 14,12);

  • d) El culto meramente externo conduce a las mayores

aberraciones, como la inmolación de víctimas humanas a Molok. La

condena será muy severa (Ier 7,30-8,3).

Jeremías, por tanto, no condena el culto, sino su falsa

interpretación: ni son ritos mágicos que preservan del mal, ni

pueden compaginarse con una conducta depravada.

c) La salvación gratuita.- Jeremías tiene conciencia de que el pecado implica la ruptura de las relaciones entre Dios y el hombre, y de que es la causa

del desastre que va a sobrevenir. El, que ha sido

enviado para exterminar y destruir, tiene también la misión de rehabilitar de nuevo, porque tiene autoridad

para re-construir y plantar (Ier 1,10). Con crudeza

describe los pecados, grabados con buril de hierro en el corazón (Cfr Ier 17,1), que ni la lejía puede

blanquear (Ier 2,21-22), como no puede cambiar el color el etíope (Cfr Ier 13,23).

El pecado causa la desgracia en los ignorantes y en los poderosos, en toda la nación (Cfr Ier 5,1-17); e incluso es el origen del caos en la naturaleza (Cfr Ier

4,23-26).

Es el primer profeta que hace a los seres inani-

mados solidarios con la suerte de los hombres.

Puesto que el pecado conduce necesariamente al castigo y a la desgracia, sólo Dios puede conceder la

salvación, y esto de modo gratuito.

En efecto, la destrucción no es la última palabra de Dios, sino que es la restauración.

Son muchos los oráculos de salvación de Jere- mías: los contenidos en el Libro de la Consolación (Ier

30-33), aun en el supuesto de que fueran posteriores al

profeta, recogen bien su pensamiento.

Hay otros muchos, cuyas ideas principales son las siguientes:

* los deportados por las diversas naciones se

reunirán de nuevo y Dios los hará retornar a su país (Vid. el oráculo típico: Ier 16,14-15 = 23,7-8);

* la renovación de la Alianza (Ier 31,31-34), que

lleva consigo el reconocimiento del Dios verdadero

frente a los ídolos de los paganos (Cfr Ier 10,1-16);

* la renovación de la vida religiosa: el

retorno no es fruto de un esfuerzo ético del pueblo, sino un don gratuito de Dios en un doble

sentido: en cuanto que el castigo le ayuda a

comprender la gravedad de su culpa (Ier 2,17-19) y en cuanto que jamás volverán a quebrantar el

pacto eterno (Ier 32,36-41);

* ya no serán ncesarios los viejos pastores, ni los sacerdotes, ni siquiera el rey. Los nuevos gobernantes obrarán la justicia y no engañarán (Ier 23,1-6).

d) El Mesianismo.- La doctrina mesiánica de jeremías no se centra principalmente en un descendiente de David en el trono (mesianismo real).

Más bien será Dios mismo quien guíe y salve al

pueblo, como ha quedado ya dicho (Ier 31,31-34):

los pastores de antaño han engañado al pueblo, pero

los nuevos obrarán la justicia.

Sin embargo, todavía hay en el libro de Jeremías

oráculos que pueden considerarse de mesianismo real, aunque cabe suponer que el énfasis no se pone en la

Monarquía, sino en la herencia davídica que recibirá el

futuro Mesías.

En concreto, los textos mesiánicos son: * Ier 22,4; * Ier 17,23; * Ier 23,5-6; * Ier 30,9; * Ier 30,21; * Ier 33,15-16. Analizaremos el oráculo contenido en

Ier 23,5-6, paralelo a Ier 33,15-16 (éste último falta n

los LXX):

1) Después de la condena de los pastores an-

tiguos y de la promesa de otros nuevos (Ier 23,1-4), se introduce el oráculo salvífico, prometiendo un

personaje excepcional;

2) La expresión "días vendrán, oráculo del Se- ñor" es frecuente en oráculos de salvación con referencia al tiempo escatológico y mesiánico; 3) El "gérmen justo" que alude al Emmanuel de

Isaías (cfr Is 11,1) vendrá a ser término técnico para

de-signar al Mesías (cfr Zach 3,8; 6,12), y llegará hasta el NT;

4) La insistencia en la justicia como atributo del

Mesías, puede venir sugerido por el nombre del último rey Sedecías (etimológicamente significa "justicia de

Yahwéh"), pero indica la íntima relación del Mesías

con Dios, porque la justicia es atributo exclusivo de

Yahwéh: "Yahwéh es nuestra justicia";

5) E difícil concluir si Jeremías está pensando en

un monarca, puesto que la frase "reinará un rey

prudente" falta en el texto paralelo de Ier 33,15-16.

Pro-bablemente Jeremías anuncia un personaje que

guiará al pueblo, asumiendo las caracterísitcas de David, pero sin hacer hincapié en que sea un

descendiente suyo.

En suma, Jeremías puede considerarse el último

profeta que habla del mesianismo real, pero con un ho-

rizonte más amplio donde ya no sea necesaria la

presencia de un monarca, sino de un personaje que,

heredando las mismas prerrogativas, ejerza con perfección sus funciones salvíficas.

d) Jeremías en el NT.- En los libros tardíos del AT se habla de la vocación y del mensaje de Jeremías (Sir 49,7-8), y se cuenta una interesante tradición sobre los consejos del profeta a los deportados (2 Mach 2,1-12; 15,12-16). En el

judaísmo, como lo atestiguan los libros apócrifos y los textos

aparecidos en Qumrán, Jeremías era considerado como un gran profeta.

En el NT, en cambio, cabría esperar mayor atención a su

persona o escritos: era uno de los que, como Elías, habría de volver (Mt 16,14; quizá a él se refiere el texto de Ioh 1,21).

Pero únicamente se le cita dos veces, en un oráculo que hasta

entonces no había tenido gran eco, el llanto de Raquel por sus hijos (Mt 2,17), y en la Pasión, un texto del campo del alfarero (Mt 27,9).