Tal como lo ha hecho la semiología teatral, entendemos el teatro como un fenómeno en que diferentes sistemas de signos convergen y se confrontan en escena (Pavis, 1998: 87-113). Se experimenta con el lenguaje escénico, abriéndose la teatralidad a: › la performance, › a la corporalidad, › la experiencia biográfica de los actores, › a la incorporación de instrumentos procedentes de las nuevas tecnologías › y a una palabra (y silencio) más espesa.

Desjerarquización de los elementos teatrales , por ejemplo, el texto deja de ser el elemento hegemónico estructurante de la puesta en escena. Es sólo un elemento más que no impone ninguna relación de poder ni de pre-existencia; así el nuevo texto teatral compartirá el escenario con la danza, la pintura, la iluminación, la música, la arquitectura, el videoclip, sin que haya un elemento más importante que los otros. “performance”. Esta contaminación subraya, sobre todo, la preponderancia de la presencia física del actor-performer por sobre la vieja concepción dramática del personaje, concepto que comienza a borrarse. En lugar de la creación de un personaje a partir de una acción que tiende a la mímesis (Aristóteles) observamos aquí la importancia dada al cuerpo del artista, a su propia materialidad carente de ficción.

“Se caracteriza por su ambigüedad, discontinuidad, heterogeneidad, subversión, .. deconstrucción, que es antimimético y se resiste a la interpretación …arte como ficción y el teatro como proceso, `performance,´ no textualidad, […] se abre a todos los medios de comunicación (pluralidad de códigos: música, danza, luz, elementos olfativos), …y cualquier lugar pasa a ser lugar de representación (cafés, garajes, aparcamientos, […]) (Alfonso de Toro,).

De esta manera el escenario ya no será el punto de llegada de la creación (el teatro como mímesis de una realidad preexistente, el teatro como “doble” de la realidad), sino que, en cambio, será punto de partida, lugar de creación absoluta.

Por teatro posdramático se entiende más bien una lógica estética, puesto que éste no persigue la rotulación de textos y obras, sino reconocer en ellos elementos que problematicen las formas tradicionales del drama, referentes tanto a la textualidad como a la enunciación escénica. La problematización resulta trascendental, ya que se entiende que la estructura del teatro del drama aún subyace en lo posdramático, aunque desgastada, de manera que ambos dialogan. En palabras del propio Lehmann: “Se puede describir así el teatro posdramático: los miembros o las ramas del organismo dramático están siempre presentes, aún como material moribundo, y constituyen el espacio de un recuerdo que estalla y que es un estallido de placer al mismo tiempo” (17).

Landscape Play de la poetisa estadounidense Gertrude Stein, tiene que ver con un tipo de percepción estética: mirar una obra de teatro como si mirásemos un paisaje.  La intención es eliminar la percepción dramática y remplazarla por una mirada no jerarquizada que ya no lee el escenario de izquierda a derecha, del principio a fin, nudo y desenlace, sino que lo contempla como si contemplase un paisaje.  La obra como un cuadro para ser mirado, una atmósfera, una situación, en el que las palabras forman también parte del paisaje, perdiendo su sentido racional que es remplazado por el aspecto sonoro, significante.  Se producen de esta manera nuevas relaciones entre el tiempo de la producción y el tiempo de la recepción, vínculos configurados por esta ruptura en el tiempo de la narración. …proceso abierto

La actividad del espectador consiste entonces, en el inicio de la pieza, en no intentar comprender todo de manera racional (de izquierda a derecha) sino más bien quedarse en una suerte de estado de vigilia latente que le permitirá encontrar relaciones, correspondencias escondidas entre los diferentes elementos diseminados en el espacio y el tiempo. De esta manera cada espectador construirá su propia versión del espectáculo, cada espectador elegirá su propio camino, su manera de pensar la pieza, su manera de mirarla, de visitarla (existe un sector de la crítica teatral que habla de la necesidad de mirar una pieza de teatro de la misma manera con la que recorremos un museo, eligiendo nuestro propio camino), elaborando interpretaciones múltiples y cambiantes

Estas nuevas experiencias artísticas abrevian la unidad del tiempo con un principio y un final que sirve de marco de cierre de la ficción teatral para llegar a una dimensión del tiempo compartido en todos los sentidos del término, entre el público y los actores como un proceso abierto que ya no dispone ni de principio ni de final El tiempo se transforma así en una experiencia directa, compartida entre el público y los actores, al mismo tiempo que se convierte en objeto de experimentación teatral. Ante este tipo de manifestaciones, la percepción se activa y se disemina en el espacio ya que la percepción lineal ya no es posible.

El texto dramático ha sido desplazado porque para estos dramaturgos no es relevante la linealidad de la fábula o, en algunos casos, siquiera contar una historia, pues subyace el interés por preguntarse por la representación teatral y su sentido, así como por el fin del teatro mismo en una época tensionada por las cicatrices históricas y la postmodernidad.

La fragmentación obedece al interés por incluir entre las temáticas a aquellos sujetos y problemas sociales siempre existentes pero escasamente visibilizados, como por ejemplo: “el huacho, el indígena, el marginal en diferentes acepciones, el rebelde, el abuso de clase y sexual, la violencia intrafamiliar, los problemas existenciales y los idearios religiosos y políticos…” (Hurtado, 16), figuras y problemas que para Cristián Opazo (2009)  Sujetos que cuestionan su lugar de enunciación.

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