Enjoy millions of ebooks, audiobooks, magazines, and more, with a free trial

Only $11.99/month after trial. Cancel anytime.

El Misterio de la Sociedad Kang: Una Novela de Misterio Sobrenatural, Suspenso y Fantasía: El Círculo Protector, #7
El Misterio de la Sociedad Kang: Una Novela de Misterio Sobrenatural, Suspenso y Fantasía: El Círculo Protector, #7
El Misterio de la Sociedad Kang: Una Novela de Misterio Sobrenatural, Suspenso y Fantasía: El Círculo Protector, #7
Ebook441 pages8 hours

El Misterio de la Sociedad Kang: Una Novela de Misterio Sobrenatural, Suspenso y Fantasía: El Círculo Protector, #7

Rating: 0 out of 5 stars

()

About this ebook

Ryan Goth, el Protector Elegido, tiene una nueva misión: restaurar la magia del Círculo Protector y encontrar una antigua tableta, que puede ser la clave para detener el mal que está emergiendo en su ciudad.

Ahora que Ryan se encuentra de viaje, sus hermanos, Tyler y Warren, idean un plan para detectar amenazas. Su ciudad es un campo de batalla y un imán para las fuerzas del mal, por lo que crean un sitio web para ayudar a personas que hayan sufrido algún ataque sobrenatural en su escuela.

Hay estudiantes que se encuentran desaparecidos desde hace un tiempo y otros son atacados durante las noches en la Universidad de Terrance Mullen. Conforme los Protectores avanzan en sus averiguaciones y hacen un descubrimiento aterrador, Alison decide mudarse al campus universitario, para realizar vigilias nocturnas y mantener a sus amigos al tanto.

Pronto, Alison, Warren, Tyler y su amiga Juliet descubren un misterioso pasadizo que conduce hacia un templo subterráneo, donde opera una sociedad secreta que podría estar detrás de las desapariciones y los ataques a estudiantes.

¿Volverá Ryan a tiempo para ayudar a sus amigos a resolver las desapariciones y averiguar si la sociedad secreta es el verdadero enemigo?

El Misterio de la Sociedad Kang es el séptimo libro de la serie de "El Círculo Protector", una novela de misterio, aventuras y fantasia con elementos sobrenaturales y una dósis de intriga que te mantendrá enganchado página tras página. Una vez que comiences no podrás parar.

Si te gustan las novelas de fantasia con misterios llenos de suspenso, intriga y giros inesperados, El Misterio de la Sociedad Kang es la novela perfecta para mantenerte atrapado desde el inicio hasta el final.

Es una lectura llena de misterio, magia, intriga y personajes interesantes que hará que te desconectes de tu rutina y te metas en la historia.

 

_____________________________________________

Estos son mis otros libros.

 

¿Ya los leíste todos?

 

El Círculo Protector:

 

#0 Orígenes

#2 El Misterio de la Máscara

#2 El Misterio de la Máscara

#3 La Rebelión de los Cazadores

#4 La Venganza de la Reina

#5 La Profecía de las Piedras Sagradas

#6 El Protector Elegido

#7 El Misterio de la Sociedad Kang

 

Los Misterios de Sacret Fire:

 

#1 El Remanente

#2 La Búsqueda

#3 Conspiración Secreta

LanguageEspañol
Release dateFeb 16, 2022
ISBN9798201710378
El Misterio de la Sociedad Kang: Una Novela de Misterio Sobrenatural, Suspenso y Fantasía: El Círculo Protector, #7
Read preview

Read more from Checko E. Martínez

Related to El Misterio de la Sociedad Kang

Titles in the series (8)

View More

Reviews for El Misterio de la Sociedad Kang

Rating: 0 out of 5 stars
0 ratings

0 ratings0 reviews

What did you think?

Tap to rate

Review must be at least 10 words

    Book preview

    El Misterio de la Sociedad Kang - Checko E. Martínez

    EL MISTERIO DE LA SOCIEDAD KANG

    CHECKO E. MARTINEZ

    EL MISTERIO DE LA SOCIEDAD KANG

    (EL CÍRCULO PROTECTOR #7)

    Copyright © 2022 Checko E. Martinez

    Todos los derechos reservados. Esta es una obra de ficción. Los nombres, personajes, lugares e incidentes son usados ficticiamente. Cualquier parecido con los eventos actuales, personas, vivos o muertos es coincidencia. Todos los derechos reservados. Ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida o transmitida en cualquier forma o por medio electrónico o de otro tipo, sin permiso escrito del autor.

    Contents

    Título del Libro

    Derechos Reservados

    Descarga Gratuita

    Capítulo 1

    Capítulo 2

    Capítulo 3

    Capítulo 4

    Capítulo 5

    Capítulo 6

    Capítulo 7

    Capítulo 8

    Capítulo 9

    Capítulo 10

    Capítulo 11

    Capítulo 12

    Capítulo 13

    Descarga Gratuita

    Más Libros del Autor

    Nota del Autor

    Sobre el Autor

    Agradecimientos

    ¡MUCHAS GRACIAS LECTOR!

    Descarga Gratuita - Magnet Book

    POR TIEMPO LIMITADO, obtén una copia gratis de Secretos de una Conspiración en la lista de correos VIP del autor:

    Haz click aquí para descargar tu copia GRATIS:

    https://www.checkomartinez.com/lista

    Capítulo 1

    Imperium Sigillum

    Ryan acomodó su mochila encima del regazo. Tenía la mirada puesta sobre el ventanal. Aquella tarde del 12 de enero se dirigía junto a Albert Bright hacia un rumbo desconocido. No sabía lo que le deparaba o el camino que su vida estaba por tomar. Solo sabía que los integrantes del Magisterio Protector necesitaban verle. La partida le tenía bastante tenso. Había dejado a sus amigos y hermanos en Terrance Mullen, luego de vencer a Gorsukey, su peor enemigo, y lo único que quería era descansar por unos días. Albert, que estaba sentado frente a él, se acomodó en el asiento y bostezó. Sospechó que Ryan no estaba cómodo con el viaje y decidió indagar.

    —Ryan ¿está todo bien? —Albert alzó la mirada.

    —Solo pensaba en mis amigos —dijo el chico, ensanchando sus azulados ojos— me pregunto si estarán bien con esta solicitud del Magisterio.

    —Entiendo que todo fue muy precipitado, pero sabes cómo son estas cosas.

    —Sí, no tienes que decírmelo, aunque todavía no me has dicho hacia dónde vamos. Salimos hace poco de Terrance Mullen, en tren, lo cual me tiene un poco confundido, considerando que existe la magia. ¿Qué no tienes poderes? Digo, pudiste haberme transportado.

    —Hay algunas reglas de las que me informaron en el último momento. Las cosas están tensas en el mundo mágico, tú sabes, desde que Gorsukey murió. No sabemos qué puede estar pasando en el Inframundo y, por ahora, lo mejor es guiarnos con un perfil bajo, hasta que el Magisterio nos haya puesto al tanto de todo.

    Ryan frunció el ceño y después se pasó al otro asiento. Desde ahí vislumbró el pasillo del vagón donde se encontraban. En uno de los asientos del otro lado se encontraba una chica pelirroja y un joven afroamericano de complexión delgada. Los dos, un poco nerviosos, sonrieron cuando Ryan los miraba. Ryan no tuvo la misma reacción y se volvió hacia Albert.

    —¿Es necesario que esos dos nos acompañen?

    —Así es, Ryan. Mira —Albert se sacudió las ropas— muchas cosas han cambiado desde la muerte de los Reyes Mágicos y este nuevo orden quizá, por ahora, no sea tan amigable. Pero estoy seguro de algo...

    —¿De qué?

    —Fue designado para servir de la mejor manera al Círculo Protector.

    —Pudieron haberme dado al menos dos semanas de descanso. Albert —Ryan hizo una pausa y se recargó en el asiento— la batalla contra Gorsukey nos dejó abatidos. Fue muy dura.

    —Lo sé —Albert entendió el punto de Ryan.

    —Además, Antasia y ese secreto... oh por Dios.

    —A mí también me sorprendió, Ryan. Es increíble que ocultaran ese secreto tan grave.

    Una vendedora de aperitivos comenzó su recorrido en el vagón. Pasó cerca de ellos y Ryan, que se acomodaba su negro cabello hacia atrás, alzó la mano para llamar la atención de la señora.

    —¿Tiene chocolates con nueces? —preguntó el joven.

    —Claro —la mujer, que se veía de unos sesenta y tantos, le alcanzó una bolsa transparente pequeña— son ocho dólares.

    Ryan cogió la bolsa y le dio un billete a la mujer. De inmediato, comenzó a comer mientras Albert le miraba con reprobación.

    —¿Qué?

    —¿Qué vas a hacer con todas esas calorías que consumas?

    —Bueno, es mi problema ¿no? Además, estás en la peor posición de reprocharme. Me sacaste de mi casa ¿lo recuerdas?

    Albert bajó la mirada entendiendo el comentario de Ryan, que comía un chocolate tras otro y apenas los masticaba. Ryan se recargó sobre el ventanal, mientras Albert sonreía y hacía un jadeo para mostrar su incomodidad. Cuando dieron las ocho de la noche, el tren llegó a la ciudad de Nueva York. Arribaron a una estación cuyo nombre era Wilburt Union. Ryan, que llevaba solo una mochila, se puso de pie y esperó a que Albert caminara hacia la salida. Daphne y Elliot, sus acompañantes, se adelantaron en el camino y ellos les siguieron. Los dos actuaban como si estuvieran protegiendo a Ryan, quien comenzó a molestarse. Anduvieron por todos los andenes hasta que encontraron la salida y avanzaron hasta una avenida enorme. Había coches formados en hileras recogiendo personas. Esperaron unos minutos mientras Daphne realizaba movimientos en su teléfono móvil.

    —¿Me pueden decir qué hacemos ahora? —Ryan se acercó a la chica.

    —Acabo de pedir un coche de Privver —respondió sonriendo.

    Minutos más tarde, un coche los recogió. Albert, Ryan y Elliot se acomodaron en el asiento trasero mientras Daphne le daba indicaciones al chofer. El transporte los llevó hasta un edificio enorme, ubicado a unos diez minutos, cerca del aeropuerto John F. Kennedy. Ryan fue el primero en bajar del coche y Daphne realizó el pago con la aplicación del teléfono.

    —Lo bueno de este trabajo es que tienes un presupuesto ilimitado —comentó Daphne.

    —¿En serio? —preguntó Ryan.

    —Sí, aunque no estoy segura si debí decírtelo.

    Ryan se quedó parado, sosteniendo las agarraderas de su mochila y mirando el edificio. Era enorme y de color amarillo. Tenía quince pisos y Ryan sospechó que tal vez ahí dormirían. Le hizo unos miramientos a Albert, quién no los entendió a la primera. Elliot se adelantó y caminó hacia la entrada del edificio, que tenía una puerta giratoria.

    —Vengan —dijo muy sonriente y agarrándose el sombrero negro que usaba.

    Aquella zona era bastante transitada. Había personas por todos los lados y un parque enorme enfrente del edificio. Cuando entraron, Elliot los obligó a detenerse e hizo unos movimientos extraños con las manos. Ryan se dio cuenta de que el interior del edificio era diferente a lo que tenía en mente.

    —¿Qué es este lugar? —preguntó Ryan, quién avistó un extenso pasillo, con paredes color café, y que conducía a un gran corredor.

    Había enormes cuadros colgados en las paredes, que contenían pinturas muy surrealistas. Ryan miraba con estupefacto la altura del pasillo. Era realmente impresionante. Daphne caminó detrás de Elliot, que dio unos pasos al frente.

    —Damas y caballeros, bienvenidos al Corredor de las Posibilidades.

    Ryan caminó lentamente, vigilando con precisión los enormes retratos. Algunas pinturas se movían como si estuvieran vivas. Se acercó a una de ellas, pero Elliot lo detuvo.

    —Oh no, Ryan, yo no haría eso —dijo Elliot.

    —¿Por qué?

    —Podrías ser jalado hacia un mundo desconocido.

    Ryan frunció el ceño y Albert se puso las manos en las caderas. Con la mirada exploró cada espacio del corredor. Había unas escaleras en forma de espiral, que conducían a otros niveles del corredor. Era como una biblioteca de pinturas con vida propia.

    —Desde aquí se puede ir a otros mundos. Algunos recuadros son portales dimensionales.

    —¿La orden de Jalkous está involucrada en esto? —preguntó Ryan.

    —Oh no —Elliot aclaró— ellos vigilan que los designios del universo no sean alterados. Este lugar fue creado por los Supremos. Solo los Bibliotecarios tenemos la clave para entrar a este lugar.

    —¿Bibliotecarios? —preguntó Ryan.

    —Elliot es un Agente del Magisterio Protector, pero también es uno de los pocos Bibliotecarios que existen en este mundo y que puede acceder al Corredor de las Posibilidades —respondió Daphne.

    Ryan miró a Elliot, que se paraba de puntas y con las manos detrás de la espalda. Albert arqueó la comisura de los labios y Daphne continuó haciendo cosas en su teléfono móvil.

    —Albert ¿sabías de este lugar? —preguntó Ryan.

    —Nunca he estado aquí. Jamás me pasó por la mente visitar este lugar, aunque me parece genial que los Supremos lo hayan creado.

    —Bueno, es muy reciente —Daphne levantó la cabeza, con el teléfono en manos.

    —Así es —afirmó Elliot— Daphne y yo estuvimos durante meses estudiando en el Castillo Elemental todo lo relacionado con los Protectores. Los Supremos quieren ser más meticulosos, desde que, ya saben...

    —Los Reyes Mágicos —agregó Daphne.

    —Que hicieron mucho bien —Ryan hizo hincapié.

    Elliot y Daphne se miraron. No estaban de acuerdo con el comentario de Ryan.

    Una extraña energía se formó en el aire, muy cerca de ellos, y se sintió un frío aire en el ambiente. La energía tomó la forma de un círculo radiante. Se trataba de un portal dimensional. Un hombre de unos cuarenta y tantos años, calvo y vestido casualmente, salió del portal acomodándose su saco. Se puso las manos en los hombros y mágicamente hizo aparecer una capa de color rojo. Ryan y Albert le miraron sorprendidos, mientras se acercaba desde las lejanías. Caminaba con firmeza y Ryan no le apartó la mirada.

    —Señor Klaus —Elliot saludó, haciendo una reverencia— es un gusto volver a verlo.

    Daphne también mostró sus respetos, inclinando su cabeza. Ryan miró a los dos, con el ceño fruncido. No sabía lo que estaba pasando.

    —¿Quién eres tú? —Ryan se cruzó de brazos.

    El tono de voz tajante que Ryan usó alteró a Daphne y Elliot. Albert esbozó una sonrisa y se puso las manos detrás.

    —Ryan Goth —dijo Klaus, muy sonriente— es un placer conocerte. Me llena de mucha emoción tener este privilegio y lamento todas las molestias que te pude haber causado. Necesitábamos reunirnos contigo. Me llamo Klaus y soy un integrante del Magisterio Protector y ella es...

    Otro portal dimensional se abrió cerca de ellos. Una mujer rubia, peinada de lado y con una coleta hecha, apareció vistiendo muy elegante y una capa que le colgaba de los hombros, igual que Klaus. Se veía que era una mujer muy discreta y caminaba de una forma intimidante. Ella se acercó al grupo, con las manos juntas y una mirada sigilosa.

    —Hola, mi nombre es Niahm —dijo, hablando con acento irlandés— es un gusto conocer al Protector Elegido.

    —Ryan le pedimos a Albert que te trajera a este lugar porque había algunas cosas con las que requerimos tu apoyo. Los Supremos decidieron que Albert y nosotros tomáramos el lugar de los Reyes Mágicos, dado lo que sucedió, y por eso decidimos que lo más prudente era vernos en el Corredor de las Posibilidades.

    —Guau —Ryan los miró a los ojos— estoy impresionado, pero ¿de qué trata todo esto? Me sacaron de mi casa de una manera muy abrupta para traerme a este lugar y no me han dicho exactamente lo que quieren.

    —Sabemos que tenías una ventaja grande sobre Gorsukey al descubrir la Verdad Oculta, gracias a que descifraste el significado de los Seis Mensajes —dijo Niahm.

    —Así es —afirmó Ryan— también fue gracias a mis hermanos. Fue un trabajo en equipo.

    —Lo sabemos, Ryan. Sin embargo, necesitamos de tu apoyo. Mira, eres el único Protector que en tres mil años ha logrado utilizar una habilidad muy valiosa, que nadie más ha podido.

    —¿La Intuición Subconsciente? —preguntó Ryan.

    Albert asintió con una sonrisa. Parecía que eso si lo sabía, aunque escuchó muy atento las afirmaciones de Niahm.

    —Tenemos una serie de tareas que necesitamos que completes. Pensamos que tú y Albert podrían pasar una semana en el Templo Sagrado. Daphne y Elliot estarán con ustedes. Cuando las piedras sagradas se autodestruyeron, algo cambió en ese lugar —afirmó Klaus.

    —¿A qué se refieren? — Ryan comenzó a sentirse un poco inquieto.

    —Maya cree que tu habilidad podría ayudarle a entender lo que está sucediendo en el Mausoleo de los Elementos. Ella ha estado estudiando las energías que se sienten en ese lugar —afirmó Niahm.

    —Existe un problema. Cuando las piedras se autodestruyeron, la conexión entre el tiempo y espacio se fracturó, causando que el tiempo transcurra diferente a como debería ser —agregó Klaus.

    Los Supremos trataron de mantener la energía de las Piedras Sagradas resguardada en el Mausoleo de los Elementos, pero se dieron cuenta que solo el Protector Elegido puede hacerlo —respondió Klaus.

    —El Protector del Control —Ryan comenzó a caer en cuenta.

    —Así es —afirmó Niahm— esa es una de las primeras misiones que te vamos a encomendar. Miren... los Reyes Mágicos no tuvieron la decencia de informarnos sobre muchas cosas. Nosotros pensamos que trabajar en conjunto contigo y Albert sería un buen comienzo.

    —¿Necesitan que yo esté en el Templo Sagrado? —preguntó Ryan.

    —Solo serán unos días. Daphne y Elliot han realizado los arreglos necesarios. Cuando terminen, pasaremos a tu próxima misión.

    —¿Qué hay de mis amigos? ¿Cuándo podré volver a verlos? —Ryan se impacientó—. Ustedes saben del caos que se desató cuando Gorsukey murió. La ciudad está descontrolada y mis amigos me necesitan.

    —Tus amigos estarán bien, Ryan —afirmó Klaus— tenemos agentes monitoreando las zonas que se vieron afectadas. Ellos tienen trabajo por hacer y cuando sea el momento podrás volver con ellos. Por ahora, lo más importante para todos es que nos ayudes a restaurar la magia del Círculo Protector.

    Ryan sintió una fuerte pesadumbre y miró a Albert, que asintió con la cabeza para hacerle entender que estaría con él siempre. Ryan no estaba listo para encerrarse por unos días en el Templo Sagrado, pero tenía que hacer lo necesario para restaurar la magia de los elementos. Klaus y Niahm le habían indicado que aquel camino era el inicio del Nuevo Orden. Lo notable para Ryan y Albert fue el gran respeto que los dos integrantes del Magisterio guardaban hacia el Protector Elegido. Ryan solo esperaba que actuaran igual con sus hermanos y amigas.

    —De acuerdo, comencemos.

    —Cuando termines con tu misión, Ryan, volveremos a vernos en este lugar para el siguiente paso de nuestro plan. ¿De acuerdo? —preguntó Klaus.

    Ryan asintió con la cabeza. Daphne y Elliot le miraron, sonriendo. Niahm alzó la mano e hizo que una de las pinturas colgadas en las paredes mostrara una imagen viva del Templo Sagrado. El cuadro se amplió mágicamente y tomó la forma de una puerta.

    —Entren —sugirió Niahm.

    Elliot entró caminando hacia el recuadro, seguido de Daphne, Albert y Ryan. Una vez que ingresaron, a Ryan se le puso la vista negra y sintió que fue jalado hacia un abismo. De pronto, abrió los ojos y miró los alrededores. Estaban parados en un estrecho sendero rodeado de plantas. Los grandes arbustos eran notables y a lo lejos avistaron las columnas de concreto que iniciaban un enorme pasillo empedrado. Pero algo se veía diferente ese día. El cielo estaba de un color muy tenue y se sentía mucho viento.

    —Supongo que la ubicación del templo sigue siendo desconocida —dijo Ryan.

    —Así es, joven Goth. Por razones muy particulares lo sigue siendo —afirmó Daphne.

    Ryan empezó a caminar hacia la entrada del templo. Daphne y Elliot, cuyas miradas mostraban un enorme júbilo, siguieron al Protector Elegido. Cuando Ryan subió los escalones que conectaban con la entrada, sintió algo extraño y la reacción en su rostro impacientó a Albert, que le seguía detrás.

    —¿Ryan? —preguntó Albert.

    —Hay algo mal aquí. Puedo sentirlo —dijo el joven— además, el templo no está protegido.

    Ryan siguió caminando e ingresó al templo. En el interior pudo ver unas enormes hileras de estatuas que decoraban el camino y al final avistó una cúpula blanca. Daphne, Elliot y Albert caminaron detrás de Ryan. Los dos Agentes miraron con estupefacto las estatuas.

    —Como decían los libros —dijo Daphne admirada— son las estatuas de todos los Protectores que han existido a lo largo de la historia.

    —Exacto —afirmó Elliot— según los libros esto fue obra de los Supremos. Ellos decidieron inmortalizar a todos los Protectores.

    Ryan se detuvo y el resto hizo lo mismo. El joven se giró y contempló los alrededores del templo, que estaba construido de pura piedra y que era iluminado por esferas brillantes que flotaban en el aire.

    —Esa es la Tumba del Boticario —dijo Ryan, señalando la cúpula blanca— hacía mucho tiempo que no visitaba este lugar y nunca pensé que volvería.

    La Tumba del Boticario comenzó a brillar. Ryan se giró y espesó las reacciones de Daphne y Elliot, que no supieron que hacer. Ryan retrocedió, sin perder de vista la tumba y miró a Albert, que le agarró el hombro.

    —Bienvenidos al Templo Sagrado —dijo una voz.

    Ryan y Albert compartieron miramientos y buscaron la procedencia de aquella voz. Movieron la vista hacia las estatuas. Los agentes hicieron lo mismo. De pronto, vieron a una mujer que se acercaba a ellos desde otra zona. Llevaba un vestido blanco, botas negras y el cabello suelto.

    —Ryan y Albert... es un gusto volver a verlos.

    Daphne y Elliot miraron emocionados. Ryan hizo una reverencia. Era Maya, la Guardiana del Templo Sagrado, que esbozaba una sonrisa en el rostro.

    ****

    Tara se acomodó una servilleta sobre el regazo. Tenía su teléfono móvil a un lado y, con frecuencia, realizaba miramientos hacia la otra silla. Se encontraba en la ciudad de Chicago en el interior de la casa de sus padres. Había llegado hacía unas horas. Su semblante mostraba lo triste que estaba ante la muerte de su madre. No había pasado mucho tiempo desde el fallecimiento de Agnes Chamberlain. Tara volvió la mirada hacia su plato de comida, cuando un hombre se acercó lentamente a la mesa. Tenía un teléfono inalámbrico en la mano y estaba demasiado serio.

    —¿Papá? —preguntó Tara.

    El señor Ezra había estado organizando los preparativos para el funeral de su esposa Agnes, que se realizaría la mañana siguiente. Tara había vuelto a Chicago con el cadáver de su madre, y su padre Ezra apenas podía asimilarlo. No podía entender lo que sucedió. Ezra estuvo callado, durante unos segundos, y finalmente pronunció unas palabras.

    —Estuve hablando con los de la funeraria. La recepción será a las diez de la mañana y después habrá una pequeña comida aquí en casa. Mi hermana Vanessa vendrá a ayudarnos.

    —De acuerdo.

    Hubo un silencio prolongado entre ambos. Ezra cogió el tenedor y se quedó mirando su platillo, como si tuviera la cabeza en blanco. Tara no dejaba de mirar a su padre. Ella sabía exactamente lo que ocurría, pero no sabía qué hacer para que se sintiera mejor. Estaba sufriendo por dentro y no quería que cualquier comentario suyo empeorara la situación.

    —Papá...

    —Tara, por favor —Ezra le dirigió una mirada fulminante— no quiero saber más.

    —Lo siento mucho, de verdad.

    —Se suponía que tu madre volvería por ti y estaríamos juntos de nuevo en casa. ¿Cómo pudo haber pasado esto?

    Ezra se puso de pie y golpeó la mesa, con mucha fuerza. Comenzó a sollozar mientras caminaba hacia la chimenea. Tara se puso de pie y se acercó a su padre. Ella lo abrazó mientras Ezra se desahogaba.

    —Teníamos toda una vida juntos y muchos planes por concretar, Tara.

    —Papá, lo sé, pero yo nunca pude prevenir lo que le iba a pasar a mamá. Nos reuniríamos en un lugar y cuando llegué, ella estaba ahí, muerta. No supe lo que sucedió.

    —A tu madre la mataron, Tara.

    —Lo sé, papá.

    —Si ella no hubiera ido a buscarte estaría viva.

    —Papá, estaban pasando cosas horribles en Terrance Mullen. Las comunicaciones se interrumpieron y hubo mucha delincuencia durante esos días negros.

    —Si, escuché algo.

    —¿Algo? Papá, no tienes idea de lo que sucedió allá. Había gente matando a otras personas, a plena luz del día. Mis primas y yo pensamos que esos cambios de humor fueron provocados por alguna clase de enfermedad.

    —¿Y dónde están tus primas?

    Tara giró la mirada, sin saber qué responder. Ezra no entendía por qué las Pleasant ni siquiera los acompañaban en aquellos momentos, incluso Teresa no se molestó en llamarlos.

    —Es complicado, papá. Mamá no tenía buena relación con mi tía o mis primas.

    —Eso no es cierto, Tara.

    —Es la verdad.

    —Mira —Ezra cerró los ojos y agitó las manos— iré a recostarme un rato, por favor, recoge los platos del comedor y nos veremos aquí para cenar.

    Tara asintió con la mirada mientras Ezra se dirigía a su habitación. Tara suspiró profundo, sin saber qué hacer. Ella sabía lo complicado que sería volver a casa y tener que dar respuestas sobre lo que había pasado con su madre. Tara había usado los días negros que ocurrieron en Terrance Mullen para justificar la muerte de su madre, y no tenía la suficiente confianza para pedirle a sus primas que fueran su apoyo. Esa tarde, antes de salir a caminar, la joven miró su móvil y buscó el contacto de Millie. Cuando lo encontró llamó a su prima.

    —¿Hola?

    —Millie, soy yo, Tara.

    —Tara —Millie hizo una pausa— ¿llegaste bien?

    —Sí, gracias.

    Tara se quedó en silencio, por unos segundos.

    —¿Tara?

    —Aquí estoy. Es solo que... papá no tomó bien lo de mi madre.

    —No me digas...

    —Pensaba que... quizás tú... ¿podrías corroborar la historia que le conté?

    —¿Qué historia?

    —Que mamá fue víctima de los atentados ocurridos en Terrance Mullen.

    —Entiendo.

    —No sé qué hacer, Millie. Mi papá ni siquiera sabía sobre la vida secreta de mi madre. Y siento que...

    —Empezará a sospechar.

    —Millie, mi papá se queja de que ustedes no nos están apoyando y yo entiendo perfectamente porqué lo hacen. Es solo que me cuesta explicarle porqué razón no lo hacen.

    —Tara, nosotras sabemos que Agnes te manipuló y usó los celos que sentías por Alison.

    —No estoy segura de eso. Siento que yo también tuve que ver ahí.

    Millie se quedó callada por unos segundos, mientras Tara esperaba una respuesta.

    —Mira, Tara, tomaré el próximo vuelo a Chicago. ¿A qué hora es el funeral?

    —¿Qué? No, Millie, yo solo quería que llamaras a mi papá, le dieras el pésame y le hablaras un poco de los disturbios de Terrance Mullen.

    —No te preocupes. Sé que estás llevando una carga pesada y al final mostraste quién eres verdaderamente.

    —De acuerdo, es a las diez de la mañana.

    Tara colgó la llamada y exhaló una respiración profunda. Estaba agradecida de que Millie hubiera tomado la decisión de asistir al funeral. Esa tarde, Tara salió a caminar. Estaba muy arrepentida de haber ayudado a su madre en sus fechorías y, aunque Millie se estaba portando bien con ella, no estaba segura de sí Alison y Teresa podrían perdonarla algún día. Esa noche, Tara y Ezra cenaron juntos y la conversación que tuvieron giró en torno a los últimos detalles del funeral. Ezra le comentó sobre las llamadas que recibió de conocidos de Agnes, que estaban desechos ante la noticia de su fallecimiento.

    —¿Qué les dijiste? —preguntó Tara.

    —Que mi esposa había sido víctima de la ola de violencia ocurrida en Terrance Mullen. Algunos sabían sobre ello, lo cual me sorprendió.

    —Creo que es lo más pertinente.

    —¿Pertinente?

    —Hablo de lo complicado que es vivir en Terrance Mullen y la inseguridad de la que mi madre fue víctima.

    Ezra levantó su plato de la mesa y fue al fregadero. Tara le miró desde ahí. Ezra fregó los trastos y se dirigió a su habitación. Tara caminó hacia la sala de estar para cerrar las cortinas. Sin embargo, afuera de su casa, logró ver a una persona que le observaba desde el otro lado de la calle. Tara frunció el ceño y se acercó más a la ventana, pero la persona comenzó a caminar sobre la banqueta y se alejó. Tara cerró las cortinas y subió a su habitación.

    ****

    El funeral de Agnes se realizó en un cementerio cercano. Asistieron amigos, conocidos y familiares de la occisa. El ataúd era negro y a un lado se encontraba un sacerdote que oficiaba la misa de despido. Tara estaba vestida de negro. Un velo cubría su rostro y su padre, que tenía las manos juntas, miraba con atención el ataúd de Agnes. Se acomodó las gafas de sol y Tara le agarró el brazo. Ezra le puso el brazo por detrás de la nuca y la abrazó. Había dos columnas de sillas donde los asistentes estaban sentados. Una joven de cabello castaño y piel blanca se acercó desde las lejanías y caminó por el césped. Llevaba una falda negra y un saco del mismo color. Se trataba de la joven Millie Pleasant, quien había decidido asistir al funeral en el último minuto. Ella se quedó parada detrás de la muchedumbre, para no importunar la misa que se estaba realizando. Cuando el sacerdote finalizó de hablar, las personas se acercaron a Tara y Ezra para darles el pésame. El ataúd de Agnes fue cargado por cuatro hombres para ser enterrado. Tara se acercó y dejó caer una rosa sobre el ataúd, que era descendido con unas cuerdas. Minutos más tarde, los hombres llenaron la cavidad de tierra. La muchedumbre comenzó a dispersarse en el lugar, después de dar el pésame a Ezra y Tara. Entre ellos se encontraba Millie, quien fue la última en acercarse a Tara.

    —Hola —saludó Millie.

    —Millie —Tara se le acercó y le dio un abrazo— no puedo creer que hablaras en serio.

    —Ya me conoces —Millie sonrió— lo siento mucho, Tara. En verdad.

    —Gracias —Tara agradeció el noble gesto de su prima.

    —Millie —Ezra se quitó las gafas de sol que llevaba puestas y puso una cara de sorpresa— estás realmente aquí.

    —Hola tío Ezra —Millie se acercó y le dio un abrazo— en verdad lo siento mucho.

    —Gracias.

    Millie sonrió y los miró a los ojos. Ser la única de la familia Pleasant en estar presente realmente le pesó.

    —Mamá y Alison no pudieron venir. Las cosas son un poco complicadas en casa, por ahora. Sin olvidar la situación por la que nuestra ciudad pasó.

    —No tienes que dar explicaciones, Millie —dijo Ezra— Tara me contó un poco. Está bien.

    —Y bueno, después de vivir un tiempo aquí... conozco Chicago —Millie admiró los alrededores— no fue complicado llegar al cementerio.

    Millie acompañó a Ezra y Tara en la recepción del funeral. Se llevó a cabo en casa de los Chamberlain, esa misma mañana. Ezra había contratado a un restaurante para que cocinara la comida que ofrecerían. De esa manera, ni él ni Tara pondrían una hora de trabajo en cocinar. Todos estaban de negro en casa de los Chamberlain y las miradas estaban bien puestas sobre Tara y Ezra. No faltaron los escépticos que hablaban sobre la causa de muerte de Agnes. Millie ayudó a Tara en atender a las personas y serviles un poco de café y té para amenizar la merienda. Ezra, por otro lado, comenzó a beber whisky escocés esa mañana. Un poco más temprano de lo habitual, pero no sabía cómo aliviar el gran dolor que sentía. Tara se acercó a su padre y le pidió que no bebiera, pero Ezra argumentó que lo haría de forma controlada. Millie se acomodó en un sofá, con una taza de café en mano. Puso la taza sobre una mesita y se empujó el cabello hacia la espalda. Enseguida, miró su teléfono móvil. Le había escrito en varias ocasiones a su hermana Alison, que había visto los mensajes, pero no respondido. Millie se sentía incómoda por la situación entre su madre y su hermana y era una razón por la que también estaba en Chicago. Quería alejarse de las tensiones sentidas en casa. Millie miró su teléfono nuevamente, a los cinco minutos, pero no hubo respuesta. Era como si Alison no quisiera hablar con ella.

    —¿Estás bien? —Tara se acercó.

    —Sí, todo bien —Millie bloqueó su teléfono— es que las cosas se complicaron un poco en casa.

    —Espero no haber contribuido a eso —dijo Tara, cabizbaja.

    —Oh no, tú no tienes nada que ver en ello. Es que... Ryan se fue y Alison está un poco distante.

    —¿Se fue?

    —Sí, algo sucedió y las personas que están a cargo de los Protectores requerían de su presencia.

    —Espero que no sea algo grave.

    —Yo también. Creo que todos nos merecíamos un descanso después de lo que... ya sabes.

    —No tienes que ocultarlo para no hacerme sentir mal. Créeme, estoy en paz con la muerte de mi madre. Lo único frustrante es tener que mentirle a mi padre sobre lo que realmente pasó y la doble vida de Agnes. Siento que estoy en una fantasía burocrática para mantener las apariencias.

    —Te entiendo, aunque tienes que hablar con tu papá y contarle toda la verdad. Es la única manera, Tara. Créeme, a nadie nos gusta que nos mientan.

    Tara cerró los ojos y se quedó pensando por un momento. Creía que el comentario de Millie era por lo sucedido con ella.

    —Lo sé, pero es que no conoces al señor Ezra. Lo primero que hará será correrme.

    —No lo hará, Tara —Millie le tomó las manos— tú nos mostraste quien eras realmente cuando las cosas se complicaron, no la persona que tu madre quería que fueras. Desde el momento que salvaste a Wally supe que tu madre ya no tenía más influencia sobre ti.

    Tara sonrió y le agradeció a Millie que creyera en ella.

    —Tú no eres Agnes, Tara. Tienes la oportunidad de escribir una nueva historia a partir de ahora y creo que la mejor manera de comenzar es siendo honesta con tu padre.

    Tara se quedó pensando por unos momentos en los comentarios de Millie. Sabía que podría tener razón, aunque le daba miedo conocer la reacción de su padre si descubriera el secreto de su madre. Algunas personas empezaron a retirarse, pero otros se quedaron conversando con Ezra. Tara sintió mucha presión social en aquel momento. Su madre tenía demasiados conocidos y amigos en la ciudad. Sentía una responsabilidad por mantener la figura de su madre y los hombros le dolían.

    —Tu madre fue una gran mujer, Tara —dijo una voz a espaldas de la joven.

    Tara se giró y observó a una mujer vestida de negro y con la cara arrugada. Tenía los ojos azules y una mirada muy profunda.

    —Señora Jeffery —Tara se giró— que gusto verla.

    —Lo mismo digo, cariño. Fue un gran velatorio el que tu padre y tú prepararon.

    —Gracias.

    —Yo trabajé con tu madre en esa sociedad que formó. ¿Recuerdas?

    —¿Qué sociedad, disculpe?

    —Vamos, querida. Puedes hablar conmigo sobre eso —la señora se acercó al oído de Tara —soy una bruja como tú y tu mamá. No sabes cómo lamentamos la muerte de Agnes.

    —¿Lamentamos?

    —Los integrantes de Los Descendientes de la Noche.

    —Entiendo, señora Jeffery.

    —Pero lo que no entiendo es que Agnes muriera de una forma, tú sabes, poco convincente y justo cuando fue en tu búsqueda.

    —Bueno, Terrance Mullen era una ciudad sumergida en el caos por el terrorismo extremo que se desató.

    —Lo cual es extraño ¿verdad?

    —Sí —Tara sonrió.

    —Ella muere justo cuando va en tu búsqueda.

    La señora Jeffery frunció el ceño y

    Enjoying the preview?
    Page 1 of 1