Hablaba con alegre ferocidad. Con otra voz dio fina
lahistoria:
—Murié sin miedo; en tos mds viles hay alguna
virtud,
—{Dénde ocurtié lo que has contado? le preguntt
—. (En una alqueria?
Por primera vez me mir en los ojos. Luego aclaré
con lentitud, midicndo las palabras:
—Dije que en una alqueria le dieron cércel, no que lo
juzgaron abi. En esta ciudad lo juzgaron: en una casa
como todas, como ésta. Una casa no puede diferir de otra
lo que importa es saber si esté edificada en al infiemo 0
en el cielo.
Le pregunté por el destino de los conjurados.
No sé —me dijo con paciencia— Estas cosas
ccurrieron y se olvidaron hace ya muchos afios. Quizé los
condenaron los hombres, pero no Dios
Dicho fo cual, se levanté. Senti que sus palabras me
despedian y que yo habia cesado para él, desde aquel
‘momento. Una turba hecha de hombres y mujeres de
todas las naciones del Punjab se desbord8, rezando y
cantando, sobre nosotros y casi nos bamrig: me azoré que
de patios tan angostos, que cran poco mas que larzos
zaguanes, pudiera salir tanta gente. Otros salian de las
casas del vecindario; sin duda habian saltado las tapias.
‘A fuerza de empujones e imprecaciones me abri camino.
En el iiltimo patio me crucé con un hombre desmudo,
coronado de flores amarillas, a quien todos besaban y
agasajaban, y con una espatia en la mano. La espada
‘estaba sucia, porque habia dado muerte a Glencairn, cuyo
cadaver mutlado encontré en las caballerizas del fondo”
EL ALEPH
0 God, I could be bounded in a nutshell
and count myself a King of infinite space.
Hamlet, 1, 2Butthey will each us that Fteity is
the Standing il ofthe Present Time, 2
Nie-stans (sth Schools call it: which
neither they, nor any else understand, no
smore than they would aHic-stans for an
Infinite ereamese of Place.
Leviathan, 1,46
La candeate matiana de febrero en que Beaviz
Viterbo musi, despots de una imperiosaagonia que no
se reba un slo instante nia seatimentalismo a al
risdo, note que las caneleres de fino de la Plaza
Constucién habian renorado 20 sé qué aviso de
cigamllo rubs, el hecho me dol, pes comprend que
cf incesante yrasto universe ya se apataba de ella y que
es cambio eral primero de una seri infinta,Cambiaré
el univers pero yo no, pecsé com melncdticavanidd,
algo ve, fo, mi vana devocdn la habia exasperado;
rmuera, yo podia consagrame a su memoria sin
csperanza, pero también sin humillacén. Cosideré que
130 de abil era su cumpleaios:vstr ese dia a cas la
calle Garay para salodar a su pace y a Carls Argentino
Danes, so. primo hermano, era un acto. cor,
‘meprochable tl vez ineloible. De mevo agvardaia en
ef crepsculo de la abanorada sali, de nvevo estudiaria
fas ceunstancas de sus muchos setts, Beatiz
‘Viterbo, de peril, en colores; Bez, con aig, en los
camavales de 1921; la primera comunign de Beat
Beatriz, el dia de sx bode con Robero Alessandi:
Beanz, poco desputs del dvorcio, en un amuerao del
(Cub Hipico: Beatriz, en Quilmes, con Delia San Marco
Porcel y Carlos Argentino: Beatz con el pends que le
reqalé Villegas Haodo; Beatz, de fcate y de tes
cats, sonrendo; [a mano en el mentén.. No estria
bligndo, como oras veces, a jsificar mi presencia con
smisicas oftendas de libros: libros coyas pina,
finalmente, area cone, para no comprobar, meses
lesputs, que estahan intcts.
Beatriz Vitesbo mori en 1929; desde entonces no
ej pasar un 30 de abril sin volver a su casa. Yo solia
llegar a las siete y euro y quedarme unos veintcinso
sminsos: cada ao aparecia un poco més tarde ¥ mecquedaba un rato ms; en 1933, una lia torencial me
favorecié: wvieron que invitarme a comer. No
esperdivié. como es natural, ese buen precedente: en
1934, apareci, ya dadas las ocho con un alfgjor
santafeesn: con toda naturalidad me quedé a comer. As
en aniversarios melancélices y vanamente eréticos,recibi
sradvalmente confidencias de Carlos Argentino Daner.
Beatriz era ata, fig, muy ligeramente inclinada:
‘habia en su andar (si el oximoron es tolerable) una como
eraciosa torpeza, un principio de éxtasis; Carlos
Argentino es rosado, considerable, canoso, de rasgos
finos. Berce no sé qué cargo subaltemo en una biblioteca
ilegible de los amabales del Sur; e= autoriario, pero
también es ineficaz; aprovechaba, hasta hace muy poco,
las noches y las fiestas para no salir de su casa. A dos
generaciones de distancia, la ese italiana y la copiosa
gestcnlacion staliana sobreviven en él. Su actividad
‘mental es continua, apasionada, versitil y del todo
‘nsignifcente. Abunda en inservibles analogias y en
cociosos escripulos, Tiene (como Beatriz) grandes y
afiladas manos hermosas. Durante algunos meses padecio
Js obsesidn de Paul Fort, menos por sus baladas que por
a idea de una gioriaintachable. “Es el Principe de fos
oetas en Francia”, repetia com fatidad. “En vano te
revolverds contra él: no lo aleanzard, no, la mas
infcionada de tus suet.”
EL 30 de abril de 1941 me permiti agregar al alfajor
sna botella de cofiac del pais. Carlos Argentino lo prob,
‘ojuzg6 interesante y emprendié, al cabo de unas copas,
‘una vindicacin del hombre modemo
—Lo evoco —dijo con una admiacién algo
‘nexplicable— en su gabinete de estudio, como si