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EL Aleph

El aleph Josrge Luis borges

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Hablaba con alegre ferocidad. Con otra voz dio fina lahistoria: —Murié sin miedo; en tos mds viles hay alguna virtud, —{Dénde ocurtié lo que has contado? le preguntt —. (En una alqueria? Por primera vez me mir en los ojos. Luego aclaré con lentitud, midicndo las palabras: —Dije que en una alqueria le dieron cércel, no que lo juzgaron abi. En esta ciudad lo juzgaron: en una casa como todas, como ésta. Una casa no puede diferir de otra lo que importa es saber si esté edificada en al infiemo 0 en el cielo. Le pregunté por el destino de los conjurados. No sé —me dijo con paciencia— Estas cosas ccurrieron y se olvidaron hace ya muchos afios. Quizé los condenaron los hombres, pero no Dios Dicho fo cual, se levanté. Senti que sus palabras me despedian y que yo habia cesado para él, desde aquel ‘momento. Una turba hecha de hombres y mujeres de todas las naciones del Punjab se desbord8, rezando y cantando, sobre nosotros y casi nos bamrig: me azoré que de patios tan angostos, que cran poco mas que larzos zaguanes, pudiera salir tanta gente. Otros salian de las casas del vecindario; sin duda habian saltado las tapias. ‘A fuerza de empujones e imprecaciones me abri camino. En el iiltimo patio me crucé con un hombre desmudo, coronado de flores amarillas, a quien todos besaban y agasajaban, y con una espatia en la mano. La espada ‘estaba sucia, porque habia dado muerte a Glencairn, cuyo cadaver mutlado encontré en las caballerizas del fondo” EL ALEPH 0 God, I could be bounded in a nutshell and count myself a King of infinite space. Hamlet, 1, 2 Butthey will each us that Fteity is the Standing il ofthe Present Time, 2 Nie-stans (sth Schools call it: which neither they, nor any else understand, no smore than they would aHic-stans for an Infinite ereamese of Place. Leviathan, 1,46 La candeate matiana de febrero en que Beaviz Viterbo musi, despots de una imperiosaagonia que no se reba un slo instante nia seatimentalismo a al risdo, note que las caneleres de fino de la Plaza Constucién habian renorado 20 sé qué aviso de cigamllo rubs, el hecho me dol, pes comprend que cf incesante yrasto universe ya se apataba de ella y que es cambio eral primero de una seri infinta,Cambiaré el univers pero yo no, pecsé com melncdticavanidd, algo ve, fo, mi vana devocdn la habia exasperado; rmuera, yo podia consagrame a su memoria sin csperanza, pero también sin humillacén. Cosideré que 130 de abil era su cumpleaios:vstr ese dia a cas la calle Garay para salodar a su pace y a Carls Argentino Danes, so. primo hermano, era un acto. cor, ‘meprochable tl vez ineloible. De mevo agvardaia en ef crepsculo de la abanorada sali, de nvevo estudiaria fas ceunstancas de sus muchos setts, Beatiz ‘Viterbo, de peril, en colores; Bez, con aig, en los camavales de 1921; la primera comunign de Beat Beatriz, el dia de sx bode con Robero Alessandi: Beanz, poco desputs del dvorcio, en un amuerao del (Cub Hipico: Beatriz, en Quilmes, con Delia San Marco Porcel y Carlos Argentino: Beatz con el pends que le reqalé Villegas Haodo; Beatz, de fcate y de tes cats, sonrendo; [a mano en el mentén.. No estria bligndo, como oras veces, a jsificar mi presencia con smisicas oftendas de libros: libros coyas pina, finalmente, area cone, para no comprobar, meses lesputs, que estahan intcts. Beatriz Vitesbo mori en 1929; desde entonces no ej pasar un 30 de abril sin volver a su casa. Yo solia llegar a las siete y euro y quedarme unos veintcinso sminsos: cada ao aparecia un poco més tarde ¥ me cquedaba un rato ms; en 1933, una lia torencial me favorecié: wvieron que invitarme a comer. No esperdivié. como es natural, ese buen precedente: en 1934, apareci, ya dadas las ocho con un alfgjor santafeesn: con toda naturalidad me quedé a comer. As en aniversarios melancélices y vanamente eréticos,recibi sradvalmente confidencias de Carlos Argentino Daner. Beatriz era ata, fig, muy ligeramente inclinada: ‘habia en su andar (si el oximoron es tolerable) una como eraciosa torpeza, un principio de éxtasis; Carlos Argentino es rosado, considerable, canoso, de rasgos finos. Berce no sé qué cargo subaltemo en una biblioteca ilegible de los amabales del Sur; e= autoriario, pero también es ineficaz; aprovechaba, hasta hace muy poco, las noches y las fiestas para no salir de su casa. A dos generaciones de distancia, la ese italiana y la copiosa gestcnlacion staliana sobreviven en él. Su actividad ‘mental es continua, apasionada, versitil y del todo ‘nsignifcente. Abunda en inservibles analogias y en cociosos escripulos, Tiene (como Beatriz) grandes y afiladas manos hermosas. Durante algunos meses padecio Js obsesidn de Paul Fort, menos por sus baladas que por a idea de una gioriaintachable. “Es el Principe de fos oetas en Francia”, repetia com fatidad. “En vano te revolverds contra él: no lo aleanzard, no, la mas infcionada de tus suet.” EL 30 de abril de 1941 me permiti agregar al alfajor sna botella de cofiac del pais. Carlos Argentino lo prob, ‘ojuzg6 interesante y emprendié, al cabo de unas copas, ‘una vindicacin del hombre modemo —Lo evoco —dijo con una admiacién algo ‘nexplicable— en su gabinete de estudio, como si

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