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Sanando

SANANDO EMOCIONES HERIDAS

RITA CABEZAS
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234.5 C114s

Cabezas Green, Rita. Sanando las emociones heridas / Rita Cabezas Green. —1 ed. —San José, C.R.: R.G.M. Createc, S.A. 1996 36 p.; 21 cm. (Curso de liberación integral, primer nivel #5) ISBN 9968-744-11-5 1. Perdón. 2. Dios - Existencia. 3. Fé. I. Título.

DERECHOS RESERVADOS © 1996 RITA CABEZAS
PROHIBIDA LA REPRODUCCIÓN TOTAL O PARCIAL SIN PREVIA AUTORIZACIÓN DE LA AUTORA. MINISTERIOS RITA CABEZAS RITA CABEZAS APTDO. POSTAL: 618, Tres Ríos, Costa Rica 2250 TELÉFONO: (506) 2273-1245 DIRECCIÓN FÍSICA: Consultorio Rita Cabezas San Ramón de Tres Ríos, 300 m este de iglesia católica, contiguo a Escuela Talárke
A menos que se indique lo contrario, todas las citas bíblicas fueron tomadas de la versión Reina Valera, revisión de 1960. © 1980 Editorial Caribe, usada con permiso
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ÍNDICE Tema 1 RECIBIRÁN CONSOLACIÓN Dios quiere restaurar tu alma Satanás ataca tus emociones 2 DIOS RESTAURA LO QUE PASÓ 1) Pídele a Dios que te guíe 2) Trabaja las áreas que Él te revele 3) Busca ayuda humana 4) Háblale en voz audible al que te hirió 5) Expresa ira y reclamos contra ti mismo 6) Exprésale a Dios todo resentimiento 7) Perdona a los que te dañaron 8) Renuncia a todo resentimiento contra Dios 9) Asume responsabilidad por tus actos 10) Perdónate tú mismo 11) Acepta el perdón de Dios 12) Pídele a Dios que sane tus heridas 13) Declara tu sanidad 14) Bendice a los que te dañaron 15) Bendícete tú mismo 16) Ahora alaba a Dios por tu sanidad 17) Pídele a tu consejero que te ministre 18) Invalida toda enfermedad 19) Renuncia a los demonios 20) Busca tratamiento psicológico cristiano 21) Debes estar alerta a iniciativas del E.S. 3 JESÚS QUIERE SANARTE Profecía CANCIÓN TAREA Página 5 5 6 8 8 9 10 10 15 16 16 18 18 21 22 23 23 23 24 25 25 25 26 27 30 35 37 38 39
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RECIBIRÁN CONSOLACIÓN
Bienaventurados los que lloran, recibirán consolación. porque ellos Mateo 5:4

DIOS QUIERE RESTAURAR TU ALMA En el libro de Juan encontramos el relato del dolor que Jesús experimentó ante la muerte de Lázaro: Habiendo dicho esto, fue y llamó a María su hermana, diciéndole en secreto: el Maestro está aquí y te llama. Ella, cuando lo oyó, se levantó de prisa y vino a él. Jesús todavía no había entrado en la aldea, sino que estaba en el lugar donde Marta le había encontrado. Entonces los judíos que estaban en casa con ella y la consolaban, cuando vieron que María se había levantado de prisa y había salido, la siguieron, diciendo: Va al sepulcro a llorar allí. María, cuando llegó adonde estaba Jesús, al verle, se postró a sus
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pies, diciéndole: Señor, si hubieses estado aquí, no habría muerto mi hermano. Jesús entonces, al verla llorando, y a los judíos que la acompañaban, también llorando, se estremeció en espíritu y se conmovió, y dijo: ¿Dónde le pusisteis? Le dijeron: Señor, ven y ve. JESÚS LLORÓ. Dijeron entonces los judíos: Mirad cómo le amaba. Juan 11:28-36 A veces nos es difícil comprender por qué Jesús lloró en esa ocasión, pero precisamente es en este hecho que vemos plasmada la naturaleza humana de Jesús. Ésta es la evidencia de que Jesús experimentaba las mismas emociones que nosotros. Aun cuando Él sabía que el poder de resurrección iba a fluir a través de Él para levantar a Lázaro de los muertos, la noticia de la muerte de Lázaro y el sufrimiento de sus hermanas ante esta pérdida lo conmovió y lo hizo llorar. Necesitamos aprender de Jesús la expresión de nuestro dolor. En nuestra cultura, los hombres han aprendido a reprimir el llanto. No es socialmente aceptable que los hombres lloren. Se considera señal de debilidad. Pero Jesús puso el ejemplo llorando en público, para que todos aprendamos que el dolor debe salir en llanto a fin de obtener la sanidad del alma. SATANÁS ATACA TUS EMOCIONES Tus emociones son blanco de ataque del Enemigo. Él sabe que si logra hacer que te sientas mal, eso basta para sacarte de combate.

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Las circunstancias externas pueden ser favorables, la gente que te rodea puede ser muy amable y cariñosa contigo, tu cuerpo puede estar sano y todo puede andar muy bien, pero si internamente te sientes mal, no podrás funcionar adecuadamente. Como cristiano necesitas desarollar un método para sanar tus emociones y nuestro Dios ha hecho provisión para esto. Él fue el que creó tus emociones y el Espíritu Santo te guiará en tu proceso de sanidad emocional. A continuación comparto contigo el método que Dios me entregó para tratar a las personas que me buscan para sanidad emocional. Es un método sencillo que puedes aplicar a tu propia vida y también a otras personas que busquen de tu ayuda para sanarse.

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DIOS RESTAURA LO QUE PASÓ
Aquello que fue, ya es; y lo que ha de ser, fue ya; y Dios restaura lo que pasó. Eclesiastés 3:15 1) Pídele a Dios que te guíe. El primer paso a seguir es sentarte con lápiz y papel en mano, en un lugar tranquilo y en un momento que puedas estar solo, sin interrupciones. Pídele a Jesús, quien es la Luz del Mundo, que alumbre los rincones oscuros de tu mente inconsciente y que traiga a tu memoria las áreas donde Él desea trabajar en sanidad, en ese momento. Pídele al Espíritu Santo que sea tu Guía y Consolador en este proceso y pídele al Padre Celestial que puedas sentirlo exactamente como lo que Él es para ti, un Padre amoroso, protector y bondadoso. El Dios trino se encargará de ti y te mostrará cómo colaborar en este proceso de sanidad. Él será la lámpara que guiará tus pasos por la senda que atravesarás.
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2) Trabaja las áreas que Él te revele. Seguidamente, pídele al Señor que te muestre las personas y circunstancias que te han maltratado desde tu concepción. Escribe las cosas que Él te va trayendo a la mente, aun las que te parecen insignificantes. Si Dios te las señala es porque ahí hay una herida. Debes confiar en el tiempo y la sabiduría de Dios. Él tiene un tiempo para cada cosa. No te va a encargar trabajar áreas donde Su Espíritu aún no te ha preparado. Únicamente te va a recordar cosas que estás listo para soltar. Él sabe cuándo estás en el punto preciso para recibir cada ministración porque Él mismo te ha ido preparando para esto. Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. Eclesiastés 3:1 Más adelante, cuando repitas el proceso, es probable que los recuerdos que surjan sean otros. ¡Cada cosa a su tiempo! No intentes dictarle la agenda a Dios. Permite que sea Él quien la controle. Recuerda que: el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo. Filipenses 1:6

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3) Busca ayuda humana. Luego pídele a Dios que te guíe a un consejero cristiano, un pastor o un psicólogo cristiano. Lleva la lista que hiciste como producto del paso anterior. Dile que necesitas expresar algunas cosas y que quieres que él o ella te escuche. Explícale el proceso de sanidad emocional en el que te encuentras. Procede a contarle las cosas que te sucedieron y las heridas que te quedaron a raíz de esas experiencias. En esta etapa no necesitas que te digan nada. Sólo hace falta que te escuchen. 4) Háblale en voz audible al que te hirió. Cierra tus ojos y habla con la persona que te hirió, como si estuviera ahí frente a ti. Esta es la parte que realmente va a ayudarte en tu sanidad porque vas a expresar con tu boca todas las emociones que por años has tenido reprimidas dentro de ti. Hay muchas cosas que pensaste y sentiste cuando te hicieron daño y esas cosas probablemente nunca las dijiste; se quedaron dentro de ti, haciéndote daño. Todo eso es como veneno en tu alma. Va dañándola. Por eso es necesario purgarla, como cuando el médico corta un tejido infectado para que salga todo el pus. Es posible que te cueste comenzar porque romper la represión es difícil, pero totalmente necesario si haz de sanarte.

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Voy a darte un ejemplo de lo que dijo en esta etapa del proceso una paciente mía. Ella comenzó hablando con su madre: —Mamá, ¿por qué me hacías escoger entre papá y tú? Todo el tiempo me hacías esto y yo me sentía culpable de tener que escoger entre ustedes. Ambos eran mis padres y los amaba a los dos por igual. Si ustedes tenían problemas de entenderse a nivel de pareja, eso era asunto de ustedes. No debiste involucrarme a mí en eso. —Mamá, ¡cuánto he necesitado tu cariño y no me lo has querido dar! Aún ahora me acerco a ti para abrazarte y tú me rechazas. En cambio a mi hermana no la rechazas. —Siempre tuviste una preferencia bien marcada hacia mi hermana. Todo lo mejor era para ella: ropa, comida, estudios, cariño. A ella no le negabas nada. En cambio cuando yo te pedía algo, nunca había dinero, ni tiempo, ni disposición. Llegué a odiar a mi hermana por tu culpa, porque la has amado a ella más que a mí. A ella la apoyaste en todo, pero cuando yo te pedía algo, para mí no había. Yo tuve que luchar por mí misma. Ya estoy vieja y me siento frustrada de que no alcancé mis metas. He tenido que contentarme con lo que soy y con lo que tengo. —Necesité tanto de ti, Mamá, pero para mí no estabas. De ti sólo recibí críticas. Yo era la loca, la atarantada, la vaga, la inútil, la rebelde. ¿Es que no veías nada positivo en mí, nada digno de alabanza? Jamás de tu boca salió para mí una palabra de aliento o de consuelo. Mis sufrimientos los he
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tenido que llevar sola. Quería tu apoyo, mamá, pero lo único que recibí de ti fueron reclamos. (Como podrás imaginar ya, a esta altura del proceso, esta mujer estaba llorando y lo que decía, lo decía entre sollozos.) —Todo me lo criticas: mis actitudes, mi ropa, mi casa, mi esposo. Nada te gusta de mí. Por esto he buscado cariño en otras personas. Me duele mucho que nuestra relación sea así, Mamá. Quisiera decirte que te amo porque es cierto, pero no puedo hacerlo porque tú no recibes mi amor. Yo te amo y te necesito pero tú me has rechazado y me has negado tu amor. Dices que te avergüenzas de mí. Eso me duele mucho. Yo necesito contar contigo, Mamá, en las buenas y en las malas. Mi vida no tiene sentido. No tengo madre que me quiera. Luego se dirigió a su padre: Papá me duele mucho tu indiferencia, tu frialdad. Ser padre no es sólo traer lo material a la casa. Ser padre implica también dar apoyo y atención. Me dolió tanto perderte. Te fuiste de este mundo y nunca pude tener de ti lo que necesitaba. Moriste sin poder decirte que te amo. Eras tan celoso papá. Me hacías tener tantos problemas con mis novios. Eras posesivo conmigo; sin embargo no me dabas amor. Seguramente creías que celarme era amarme, pero te equivocaste en eso.

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Una vez casi me ahorcas porque estabas tan bravo conmigo por haber salido con mi novio. Tu actitud me obligó a irme de la casa. Tuve que huir, abandonar mi hogar, por tu culpa. Eso me hizo mucho daño. Me fui a vivir a la casa de una de mis hermanas y terminé casándome con el primer hombre que me ofreció matrimonio. Me casé con él, no porque lo quisiera, sino por huir de mis problemas. Yo te amaba y te necesitaba pero huí de ti por el dolor que me causabas y por tu falta de control cuando estabas enojado. Seguidamente pasó a hablar con su hermana, la preferida de su madre: — Me atormentabas diciéndome que yo era recogida, que no era hija de mamá y papá, y no era cierto. Lo hacías para verme sufrir. ¿Cómo pudiste ser tan cruel? Me hacías tanto daño. Me insultabas. Te burlabas de mí. Me decías: “Gorda, fea, mamá sólo me quiere a mí. Tú eres recogida. Ni siquiera eres de aquí”. —Aún ahora que somos adultas haces diferencia de trato entre mis hijos y los hijos de la otra hermana que tenemos. A mis hijos los desprecias y los apartas igual que lo hiciste conmigo. —¡Me choca tu actitud! ¿Cómo puedes ser tan mala? Aun con tu propio hijo eres despreocupada. Salías y lo dejabas solo en su cuna. Ahora se lo enviaste a Mamá para vivir con ella. No te importa si él sufre o no. Lo único que te importa es estar bien con tu segundo esposo. ¿No entiendes que tu hijo
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necesita estar contigo? Necesita tu amor, tu apoyo. ¿Cómo puedes apartar así a tu hijo? Me duele ver lo que haces con ese niño porque también es mi sobrino. —Mami siempre te compraba lo mejor, a mí, nada. Te las arreglabas para manipularla y conseguir todo lo que querías. Te hacías la débil, la frágil y así manipulabas. Todavía usas a la gente para tu propio provecho. Cuando terminó con su hermana continuó hablando con su esposo: —Cuando nos casamos te quería, pero no mucho. Para mí fuiste más bien un escape para huir de mis padres. Me fue muy mal contigo. Esperaba que me dieras el amor que no recibí de mis padres, pero no fue así. —Cuando estaba embarazada de nuestro primer hijo, el bebé se quiso venir antes de tiempo y tuve que guardar reposo. En vez de apoyarme, te dedicaste a andar con mujeres y a tomar licor. Llegabas de madrugada. Casi ni te veía. —¡Qué mal me trataste! Llegué al punto donde ya no soportaba más dolor, más humillaciones, y por fin decidí separarme de ti, divorciarme. —¡Que daño tan grande nos hicimos el uno al otro! Nos dañamos nosotros y dañamos a nuestros hijos. Ellos están pagando las consecuencias de nuestra mala relación. —Recuerdo que me gritabas todo el tiempo. Un día sacaste
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toda mi ropa del closet y me dijiste: "Lárgate, no quiero verte nunca más." —Busqué cariño en otros, pero no lo encontré. —Los domingos ibas a jugar fútbol con tus amigos y luego ibas a la iglesia a servir a Dios... ¡Já! A servir a Dios. —Nos dejabas a mí y a mis hijos en la casa y te ibas a la iglesia. No nos ponías atención. No nos llevabas a pasear. Sólo te ocupabas de ti mismo. (Con esto te puedes formar una idea de las cosas que uno tiene adentro y que es necesario expresar.) 5) Expresa la ira y los reclamos que tengas contra ti mismo. Después de expresar todo lo que le resientes a otras personas, haz lo mismo con tu propia persona. Dite a ti mismo las cosas que te recriminas. Como ejemplo, veamos lo que esa paciente mía se dijo a sí misma. —Me caes mal. ¿Por qué siempre tienes que andar mendigando amor? ¿Es que no tienes dignidad? Te sometes a todos tratando de comprar un poco de cariño. —Eres gorda y fea. ¿Por qué no haces algo por cambiar tu aspecto físico?

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—¡Eres despreciable! ¿Cómo pudiste hacerte ese aborto? ¡Criminal! Mataste a un bebé inocente sólo por proteger tu propia imagen. 6) Exprésale a Dios todo resentimiento que hayas guardado contra Él. Revisa tu interior para descubrir si tienes algún resentimiento hacia Dios. A veces albergamos actitudes y sentimientos contra Dios porque Satanás nos engaña haciéndonos creer que lo malo que nos pasa es culpa de Dios. Es necesario expresar eso, sacarlo a la luz. Analicemos lo que dijo mi paciente: —Señor, ¿por qué estuviste tan lejos de mí cuando más te necesitaba? No te conocía. Me sentía desamparada, triste, sola, abandonada. ¿Dónde estabas, Dios? Yo te llamaba, pero no me contestabas. En mi ignorancia clamaba, pero como no veía respuesta a mis oraciones, decidí creer que Tú no me querías, que eras igual a mi mamá, que tenías preferencia por otras personas y que yo era una de tus hijas no preferidas. 7) Perdona a los que te dañaron. El siguiente paso es el perdón. Dios dice en su palabra:

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si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas. Mateo 6:15 Es indispensable que decidas perdonar. El perdón es un acto de tu voluntad, no un sentimiento. No perdonas porque sientes hacerlo, porque te nace hacerlo. Perdonas porque Dios te pide hacerlo y porque Él te dice que el perdón es la puerta para obtener tu propia sanidad y perdón. Dios nos pide perdonar a pesar de lo que sentimos. Es una decisión difícil, pero nos conviene hacerlo, porque así nos desatamos de la amargura, el odio, el resentimiento y la venganza. Ese perdón debe ser expresado en voz audible, al igual que expresaste tu dolor y tu frustración y debe ser un perdón bien específico. Veamos el ejemplo de mi paciente: —Mamá, te perdono por no darme tu cariño, por tu falta de apoyo, por rechazarme y criticarme. Te perdono por preferir a mi hermana, por el complejo y la mala autoimagen que me causaste con eso. Te perdono por la culpa que me hiciste sentir al obligarme a tomar partido entre Papá y tú. Te perdono por decir que te avergonzabas de mí.

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8) Renuncia a todo resentimiento contra Dios. En voz audible, declárale al Señor que sueltas todo resentimiento hacia Él. Mi paciente lo hizo con las siguientes palabras: —Señor, por ignorancia te culpé de mis desgracias. No tenía conocimiento de cómo trabaja el diablo en nuestras vidas. No sabía cómo él se mete a influir en las personas que nos rodean y cómo manipula las circunstancias para hacernos caer y para martirizarnos. Ahora entiendo que la culpa de mis desgracias es en parte de Satanás, en parte mía, y en parte de las personas que cometieron errores que me dañaron. —Perdóname por dudar de Ti. Tú nunca me has fallado. Tú nunca has dejado de cumplir tus promesas. Las fallas son humanas y demoníacas, nunca tuyas. Ayúdame a no dudar más de Ti. Ayúdame a confiar a ciegas en Ti, sabiendo que Tú eres un Dios de verdad, de amor y de justicia. 9) Asume responsabilidad por tus actos. Ahora es tiempo de asumir responsabilidad por tus propios errores. Reconoce, ante tu Padre Celestial, todo lo malo que has hecho, tanto lo que hiciste a sabiendas de lo que hacías, como lo que hiciste por ignorancia. Asumir responsabilidad por tus propios errores y pecados es probablemente la parte más difícil de todo tu proceso de
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sanidad. Lo fácil es tratar de encontrar culpables fuera de ti mismo, pero dice la Palabra de Dios que es la verdad la que te hará libre. Si quieres ser sano, si quieres ser libre, tienes que ser sincero contigo mismo, con Dios y con las demás personas. Así lo hizo mi paciente: —Señor, reconozco que cometí un grave error al casarme por los motivos equivocados. Me casé por escapar de mi hogar, no porque quisiera a mi esposo. Eso estuvo mal. No debí casarme por ese motivo. Con eso me hice daño yo misma y, perjudiqué también a mi esposo. —Le puse demandas injustas a mi esposo. Ahora lo reconozco. Quería cobrarle a él los errores de mis padres. Quería que él me diera el amor que no me dieron ellos. ¡Era imposible que me diera el amor de mis padres! Sólo Tú, Padre Celestial, puedes darme el amor de padre que nunca tuve. —Reconozco también que ese aborto que me practiqué fue decisión mía. Por años he culpado a mi novio de ese aborto, porque no quiso apoyarme cuando quedé embarazada. Te culpé también a ti, Dios, por haber permitido que me hiciera ese aborto. Incluso culpé al médico por haberme hecho el aborto. Pero hoy asumo responsabilidad por mi decisión. Nadie me agarró a la fuerza para hacerme ese aborto. Fue mi decisión, una pésima decisión y hoy lo reconozco. Te confieso mi pecado, Señor. Perdóname por ese asesinato. Yo no tenía derecho de matar a mi propio bebé porque la
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vida de todo ser humano, te pertenece sólo a Ti. —Señor, también reconozco que estoy gorda por mi propia falta de control. He culpado a otra gente por mi gordura. He culpado a mis padres diciendo que por no darme amor, he tratado de llenar mis vacíos con comida. Pero la verdad, Señor, la verdad es que yo decidí intentar llenar mis vacíos de amor con comida. Ahora me doy cuenta de mi error. La comida no es amor. Lo que tengo que hacer es llenarme del amor Tuyo. Eso sí me traerá satisfacción verdadera y permanente. La comida sólo me llena por unos instantes y tiene la desventaja de engordarme y deformar mi cuerpo con grasa. —Yo fui la que le hice eso a mi cuerpo. Lo hice porque la comida me da placer y cuando me niego a mí misma ese deseo, siento angustia y ansiedad. Sinceramente, Señor, no he querido pagar ese precio. Ha sido una mala escogencia y esa mala decisión ha traído graves consecuencias a mi salud y mi apariencia física. Al sentirme gorda me siento fea y me rechazo a mí misma, y otros también me rechazan y hasta se burlan de mí. —Además, reconozco que todo ese dinero que gasté en comida, es dinero mal invertido. Ese dinero que despilfarro te pertenece a Ti. Mejor es que te dé ese dinero a Ti, Señor, en lugar de usarlo para seguir adquiriendo grasa, porque después tengo que invertir más dinero para perder ese peso. Reconozco que eso es administrar mal Tu dinero y también es mala administración de mi cuerpo. Sé que el exceso de peso me está trayendo problemas de salud y la culpa de eso
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es mía. —Renuncio a culpar a otros. De aquí en adelante me comprometo contigo a tomar pasos para resolver este problema. Sé que Tú me apoyarás pero también soy yo la que tiene que esforzarse y pagar el precio de negarse a sí misma para dejar de abusar de la comida. 10) Perdónate tú mismo. Ya perdonaste a otros, confesaste tus propios pecados, asumiste responsabilidad por tus errores, ahora perdónate tú mismo. Mi paciente dijo lo siguiente: —Me perdono a mí misma por andar buscando que un ser humano llenara todos mis vacíos de amor. Me perdono a mí misma por haberme casado con mi esposo sin quererlo, por huir de mi padre. Me perdono por el daño que me hice yo misma con ese matrimonio y por el daño que le hice a mi esposo y a mis hijos. Me perdono a mí misma por dejarme engordar, por haberle dado cabida a la glotonería y por los daños que le he causado a mi cuerpo por ese descontrol. Me perdono por el desperdicio de dinero relacionado con el abuso de comida. Me perdono a mí misma por haber abortado a mi bebé. —Reconozco que como ser humano que soy, soy imperfecta y me perdono por eso. Me perdono por todos
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los errores que he cometido en mi vida y renuncio a estarme mortificando por mis errores pasados. Decido fijar mis ojos en Ti, Señor, y en el camino que tengo por delante. Desecho mis fallas del pasado y prosigo a la meta, tal como Tú me lo has pedido en Tu Palabra: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta. Filipenses 3:13-14 11) Acepta el perdón de Dios. Una cosa es pedir perdón y otra es aceptar ese perdón y cerrarle la puerta al Acusador. La palabra de Dios dice: Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. 1 Juan 1:9 Tienes que decidir creer esa Palabra, apropiarte de ella e informarle a Satanás que no le vas a aceptar que te acuse más. Dile que ya tú confesaste tu pecado, que ya Dios te perdonó, que te perdonaste a ti mismo y que ya todo está resuelto. Tápale la boca al Acusador porque él va a intentar mortificarte con sentimientos de culpa que ya no vienen al
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caso porque ya esa área de tu vida está resuelta. Recuerda lo que dice La Palabra: Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador. Apocalipsis 12:10 12) Pídele a Dios que sane tus heridas emocionales. Pídele al consejero, pastor o psicólogo cristiano que te está apoyando en tu proceso, que te unja con aceite y te imponga manos para sanar tus emociones y que ore pidiéndole a Dios que te sane. Dile al Señor que te comprometes a buscar en Él la plena satisfacción de todas tus necesidades y que renuncias a buscar en otras cosas, personas o prácticas, lo que sólo Él te puede dar. 13) Declara tu sanidad. Afirma que ya has trabajado tu área emocional y que, como resultado de esto, recibes la paz de Dios y el amor de Él, que llena todos tus vacíos. ¡Declara tu sanidad! 14) Bendice a los que te dañaron. En el nombre de Jesús, bendice a cada persona que te dañó. Ora por cada una de ellas para que Dios las transforme, les revele sus errores y les dé la misma sanidad que te ha dado a
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ti. Reconoce que estas personas te dañaron por sus propias heridas y que la solución real es que Dios las sane a ellas también para que ya no sigan dañándote a ti ni a otros. Bendícelas con lo que no tienen, con lo que les hace falta. Ejemplo: —Mamá, te bendigo con la habilidad de ser pareja y justa. Te bendigo con el amor de Dios y con la capacidad de expresar y recibir amor. Te bendigo con ojos que puedan ver y reconocer mis virtudes y de pasar por alto mis defectos. —Pido a Dios que sane tus heridas emocionales para que puedas ser feliz tú misma y también hacer felices a los que te rodeamos. 15) Bendícete tú mismo. Así como bendijiste a todos los que te dañaron, también bendícete tú mismo. La bendición activa el poder de Dios hacia ti y te ayuda a superar tus áreas débiles. El poder transformador del Espíritu Santo vendrá sobre ti y te ayudará a cambiar, a mejorar en las áreas donde Dios te pide cambiar. Ejemplo de mi paciente: —Me bendigo a mí misma con dominio propio de parte del Espíritu Santo. Me bendigo a mí misma con el amor de Dios. En el nombre de Jesús, me bendigo a mí misma con la capacidad de controlarme en lo que como. Me bendigo a mí misma con espíritu de gozo, paz, paciencia, tolerancia, claridad de mente y perseverancia.
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16) Ahora alaba a Dios por tu sanidad. Dale gracias a Dios por lo que acaba de hacer en ti. Alábale por lo que Él ha hecho en tu vida y comprométete con Él a continuar aplicando este método de sanidad a tu vida. 17) Pídele a tu consejero que te ministre. Solicítale a tu consejero que te imponga manos, te unja con aceite (símbolo del Espíritu Santo) y te bendiga, soltando el poder restaurador de Dios sobre tu vida. Entre más personas te bendigan, mayor poder de Dios vendrá sobre tu vida, así que recibe bendición de todos los que estén dispuestos a dártela. 18) Invalida toda enfermedad que entró por tu alma. Las emociones negativas que guardas dentro de ti producen consecuencias físicas en tu cuerpo: dolores, síntomas, enfermedades. Éste es precisamente el campo de estudio de la medicina psicosomática. Por esta razón es que Dios te ha mandado a perdonar, a no aferrarte a rencores y deseos de venganza. Él sabe que si no renuncias voluntariamente a esas emociones, el resentimiento acumulado dañará no sólo tu alma sino también tu cuerpo. Él quiere evitar que desarrolles enfermedades. Su mandamiento es medicina preventiva para ti:

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Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados. Hebreos 12:15 Di lo siguiente en voz alta: —Renuncio a todo daño que haya entrado a mi cuerpo por medio de las emociones negativas que surgieron dentro de mí en el pasado. Deshago el efecto que tuvieron estas emociones sobre mi cuerpo. Echo fuera toda enfermedad, en el nombre de Jesús. Recibo el poder sanador del Espíritu Santo sobre mi alma y mi cuerpo para ser restaurado en todo mi ser. 19) Renuncia a los demonios que ejercen influencia en tu vida. Es importante que expulses de tu vida a los demonios que lograron adquirir influencia sobre ti por medio de las heridas de tu pasado. Pronuncia las siguientes palabras en voz audible: En el nombre de Jesús, renuncio a todo espíritu inmundo que tiene influencia sobre mi alma. Renuncio a espíritus de rencor, ira, odio y deseo de venganza. Renuncio a demonios de dolor, tristeza, temor y depresión. Los expulso de mi vida y les cierro la puerta. ¡No regresen! No los quiero en mí.
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¡Fuera! En el nombre de Jesús. Cuando ya completes la sanidad de tu pasado, sentirás un gran alivio, pero no creas que ahí se acabó todo. La sanidad emocional es un proceso continuo porque contínuamente recibes golpes de la gente. Es mejor que las primeras sesiones de sanidad interior, cuando te adentras en tus heridas pasadas, las hagas con el apoyo de un consejero. Sin embargo, si no encuentras una persona de tu confianza, puedes hacerlo solo, ante Dios, sin ayuda humana. Más adelante, conforme van surgiendo heridas en tu caminar diario, tienes que aprender a aplicar este método tú solo con Dios. Es algo que te ayudará mucho a aliviarte de cargas emocionales que te van oprimiendo. 20) Busca tratamiento psicológico cristiano. Una cosa más. Este método que te he dado es para descarga y sanidad emocional. Pero hay áreas de tu vida para las que vas a necesitar de ayuda externa, situaciones de tu vida que están fuera de tu control porque involucran a otras personas. Es importante que un psicólogo cristiano, te ayude a aprender mejores técnicas de manejo de conflicto para manejar tu relación con las demás personas. También, como hijos de Dios, no podemos ser apocados, acomplejados, inseguros, porque el trabajo para el Señor requiere de valentía y un carácter fuerte ante la adversidad. Hay áreas donde ya no es asunto de sanar las emociones dañadas sino de poner metas de cosas que necesitamos
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cambiar en nuestras actitudes y nuestro comportamiento. También hay áreas inconscientes, donde nosotros mismos no nos conocemos bien y en las que necesitamos que una persona objetiva nos confronte en amor y nos apoye en un programa de superación personal. Este tipo de trabajo atañe al profesional en psicología, pero asegúrate de buscar un psicólogo cristiano que comprenda y apoye tu dimensión espiritual. De otra forma podría ser más dañino que constructivo ese tratamiento. Yo soy psicóloga, pero en diversas etapas de mi vida he buscado ayuda en otros profesionales. También me he sometido a tratamiento en sanidad interior y liberación. Todos necesitamos de esto para lograr vivir dentro de la vida abundante que Jesús conquistó para nosotros: yo he venido para que tengan vida y para que la tengan en abundancia. Juan 10:10

Es imposible pasar por este mundo sin recibir algún tipo de herida o contaminación. El apóstol Juan reconoció que: el mundo entero está bajo el maligno. 1 Juan 5:19 El apóstol Pablo se refiere a Satanás como: el dios de este siglo 2 Corintios 4:4
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Nuestro Señor Jesucristo afirmó que Satanás es: el príncipe de este mundo Juan 12:31 Obviamente todos somos tocados en mayor o menor grado por aquel que gobierna este mundo oscuro. Por esto necesitamos ser sanados y liberados de esa influencia. La voluntad de Dios es que vivamos libres y sanos en la victoria que Jesús alcanzó por nosotros en la cruz. Sin embargo, muchísimos cristianos no viven en victoria. Yo soy testigo de eso. Los cristianos en la iglesia gritan y proclaman que viven en victoria, pero, Hermano, lo que dicen no se evidencia en sus vidas. En mi consultorio yo los veo sin sus máscaras, tanto a pastores como a laicos. Muchos están tristes, agobiados, derrotados, enfermos. Dios no quiere que uses máscaras de victoria para tapar tus derrotas. ¡No! Él quiere sanarte. Él quiere liberarte. Él quiere restaurar todo tu ser: todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible. 1 Tesalonicenses 5:23

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21) Debes estar alerta a iniciativas del Espíritu Santo. Quiero alertarte a un hecho. La sanidad del alma y la liberación son procesos continuos. No te equivoques. No pienses que con una vez que alguien te ministre, ya todo va a quedar resuelto en tu vida. ¡No, Hermano! La realidad es que hay experiencias traumáticas que requieren de varias ministraciones a fin de quedar permanentemente sanadas o liberadas. ¡Cuidado con las ministraciones mal hechas, que se abandonan a medio camino! Hacen más mal que bien. Los procesos inconclusos son muy peligrosos. Lo que se comienza, debe seguirse hasta completarse. En palabras del apóstol Pablo: ¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno sólo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis. 1 Corintios 9:24 Lo que interesa no es comenzar tu proceso de sanidad y liberación. Muchos lo inician, pero he observado que pocos lo terminan. Asegúrate de perseverar hasta que lo completes y puedas realmente vivir en santidad y en la libertad plena. Esa es la meta de Dios para tu vida. ¡No te conformes con menos! Si tú se lo permites, si te dispones, el Espíritu Santo va a estar
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trabajando en ti hasta el día en que el Padre te llame a Su presencia. Este proceso que te estoy enseñando debe ser algo continuo en tu vida. Cada vez que alguien te cause una herida, debes aplicarlo. Dios va a estar tratando distintas áreas tuyas, a lo largo de tu vida. Él es un Dios de orden, de respeto. Él te lleva paso a paso hasta lograr tu total transformación. Como dice el apóstol Pablo: estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo. Filipenses 1:6 Para ilustrar esta verdad, permíteme compartir una experiencia de mi propia vida, en cuanto a la importancia de estar alerta al mover del Espíritu Santo en tu vida personal. Hace años, estaba sentada en mi escritorio preparando una predicación cuando de repente comencé a sentirme muy mal a nivel emocional. Sentía una gran tristeza, una angustia profunda. Estaba extrañada de lo que estaba sintiendo, ya que estaba ocupada en mi trabajo y mi mente consciente estaba precisamente en eso. Sin embargo, detuve lo que estaba haciendo, analicé mis sentimientos y comprendí que el Espíritu Santo estaba haciendo algo. Él estaba interrumpiendo mis labores para ministrar mi alma en ciertas heridas emocionales que había detectado ahí.
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Yo estaba ocupada en mi trabajo, pero a Él le preocupaba más el estado de mi alma que la predicación que estaba preparando. Tomé la decisión de permitirle hacer lo que Él quería hacer, aunque mi naturaleza humana consideraba que no era el momento más adecuado. Me fui a mi dormitorio, me senté cómodamente en mi cama y oré: —Señor —pregunté—, ¿qué es lo que estoy sintiendo? Guardé silencio delante de Él y esperé Su respuesta. Inmediatamente mi mente fue inundada por el recuerdo de algo que había sucedido unos días atrás en la iglesia, una conversación que había sostenido con una persona cuyas palabras me hirieron mucho. Hasta ese momento me estaba percatando de que esas palabras me habían hecho tanto daño. Comencé a experimentar un gran dolor y permití que todo ese sentimiento aflorara. Lloré mucho y mientras lloraba, le expresé en voz alta a esa persona, cuánto me habían herido sus palabras. Le reclamé su dureza y su incomprensión. Luego la perdoné y la bendije. Después le pedí a Dios que sanara esa herida. Por último, renuncié al dolor que esa persona me había causado y ordené a los espíritus de dolor y angustia que se fueran de mí, en el nombre de Jesús. Dios me sanó y restauró mi alma. Me desahogué. Recibí el consuelo del Consolador Divino y la paz del Príncipe de Paz. Para entonces ya estaba en condiciones de regresar a mi
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trabajo sin esa carga encima. Obviamente la predicación que estaba preparando quedó mejor de lo que hubiera quedado si Dios no me hubiera ministrado esa herida, porque nuestro ser está integrado y lo que contamina el alma va a influir en todo cuanto hagamos. ¿Qué hubiera sucedido si yo me hubiera negado a sacar ese rato para permitirle al Espíritu Santo que me ministrara, si le hubiera dicho: —Señor, lo siento. Estoy muy ocupada. ¿No ves que estoy preparando un sermón? Espérate a que termine. Cuando por fin me hubiera desocupado y me hubiera dispuesto a lo que Dios quería hacer en mí, me hubiera encontrado con que las emociones que el Espíritu Santo había hecho aflorar ya no estaban ahí. Por lo tanto, no hubiera logrado esclarecer lo que estaba experimentando en mis emociones. Lo hubiera malinterpretado como un ataque del Enemigo y me hubiera quedado con esa raíz de amargura inconsciente que poco a poco me hubiera contaminado. Te prevengo, Hermano, no detengas lo que el Espíritu Santo quiere hacer en tu vida. No le dictes la agenda a Dios. Él sabe mejor que tú cuándo es el tiempo ideal para ministrar cada área. En el mismo momento en que Él tome una iniciativa de sanidad en tu vida, deja lo que estás haciendo y dispónte a recibir lo que Él quiere hacer en ti. Como dijo el apóstol Pablo:

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No apaguéis al Espíritu. 1 Tesalonicenses 5:19 Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención. Efesios 4:30

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JESÚS QUIERE SANARTE
A Nuestro Señor Jesucristo le interesa sanar el dolor de tu pasado. Su Palabra dice: Dios restaura lo que pasó. Eclesiastés 3:15 Recuerda que Él caminó por este mundo y estuvo expuesto a las emociones dolorosas. Él experimentó la soledad, la incomprensión, el quebranto, el dolor, la traición, el abandono, la angustia y el dolor. Él sabe lo que tú sientes cuando sufres. El profeta Isaías se refirió a Él como varón de dolores: Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. Isaías 53:3

Jesús citó las palabras del profeta aplicándoselas a sí mismo:

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El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor. Lucas 4:18-19 El apóstol Pablo quien tuvo que sufrir tanto por el evangelio de Cristo, escribió estas palabras: estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos. 2 Corintios 4:8-9 Quizás tú te puedas identificar con esas palabras. Quizás estés atravesando situaciones difíciles actualmente. Tal vez sientas que tu pena es demasiado grande, que ya no la soportas. Quiero decirte algo. Jesús entiende que el dolor de tu pasado te pesa y por eso te dice: Echa sobre mí tu carga, y yo te sustentaré. No dejaré para siempre caído al justo. Salmo 55:22 Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Mateo 11:28
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Yo cambiaré tu lamento en baile; te desataré de tu cilicio, y te ceñiré de alegría. Salmo 30:11 Yo he venido a consolar a todos los enlutados; a ordenar que a los afligidos de Sion se les dé gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado; y serán llamados árboles de justicia, plantío de Jehová. Isaías 61:2-3 Te ungiré con óleo de alegría más que a tus compañeros. Hebreos 1:9 PROFECÍA Escucha, hijo mío, hija mía, yo estoy aquí para sanarte. Entrégame tu dolor, tu llanto. Ven a mí. Yo soy el que consuela tu alma. Yo soy el que lleva por ti tu carga. Dámela. Para eso he venido. Quiero ministrarte. Quiero que me conozcas como tu Consolador. Quiero que me conozcas como tu Príncipe de Paz. Yo saciaré tu sed de amor, tus vacíos. Yo vendaré tus heridas. Con bálsamo santo te ungiré y te restauraré. Te daré gozo y paz y experimentarás la vida abundante que tengo para ti. El gozo que Yo te daré será tu fortaleza. Te sostendrá en los momentos difíciles.
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¿No te he dicho que estaré contigo todos los días de tu vida hasta el fin del mundo? ¿No te he dicho que enjugaré tus lágrimas? Yo cumplo todas mis promesas. Aunque otros te hayan fallado, yo no te fallaré. Apóyate en mí. Encontrarás que ríos de agua viva fluirán por todo tu ser refrescando tu alma sedienta. Manantial de vida encontrarás en mí. Sé que hay personas que te han fallado y te han maltratado. Sé que hay frustración y quebranto en tu corazón. Yo soy la solución para todo eso. En mi hallarás tu paz y tu estabilidad, porque yo soy tu consejero y tu sanador. Confía en mí. Yo enderezaré las veredas torcidas y te daré descanso y tranquilidad.

CANCIÓN Echa sobre Él tu Carga Cristo es suave, dulce y tierno. Él comprende tu dolor. Y el Espíritu divino es tu gran Consolador. Echa sobre Él tu carga pues Él te sustentará con Su amor. Echa sobre Él tu carga y Su ternura, tus heridas sanará.
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TAREA
1) Aplica todos los pasos del método de sanidad emocional a tu vida, con relación a cada persona que te haya afectado emocionalmente. Hazlo por escrito y entrégalo a tu profesor en el curso. 2) Para avanzar tu proceso personal, busca un consejero o psicólogo cristiano con el cual aplicar este proceso, diciendo todo en voz alta frente a él. 3) Si no tienes alguien en quien confías, hazlo en la presencia de Dios, expresando todo esto en voz audible, como si estuvieras frente a la persona que te dañó. Permite que surjan las emociones. Siente los sentimientos de ira, dolor, etc. Y cuando termines de aplicar cada uno de los pasos, entrégale a Dios tus emociones heridas. Él se la llevará todos esos sentimientos dañinos y te traerá paz y sanidad.

RITA CABEZAS DERECHOS RESERVADOS © 1996 Ministerios Rita Cabezas. P.O. Box:Aptdo. Postal 618, Tres Ríos, Costa Rica 2250. Teléfono: (506) 2273-1245. Dirección Física: Costa Rica, San Ramón de Tres Ríos, 300 m este iglesia católica, contiguo a Escuela Talárke. E-mail: ministeriosritacabezas@gmail.com Página Web: www.ritacabezas.org
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SOBRE LA AUTORA La autora, Rita Cabezas, nació en Pennsylvania, E.E.U.U., pero ha vivido en Costa Rica la mayor parte de su vida. Obtuvo su bachillerato universitario en psicología de la University of South Florida en Tampa, Florida y su licenciatura en psicología de la Universidad de Costa Rica. En los primeros años de su ministerio se dedicó a aprender los métodos bíblicos de guerra espiritual y, al sentirse motivada por los resultados que obtuvo, se involucró de lleno a entrenar a otros en dar “la buena batalla de la fe”. Actualmente atiende en su consultorio privado en Costa Rica donde ejerce la psicoterapia desde una perspectiva cristiana. Personas de todo el mundo asisten a su consultorio para procesos personales intensivos de psicoterapia cristiana y liberación de influencia demoníaca. Además, viaja a nivel internacional dictando seminarios en los campos de sanidad de las emociones, liberación de influencia demoníaca, desarrollo de dones proféticos y guerra espiritual territorial.

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Libros y Transcripción de Conferencias de Rita Cabezas 1) 2) 3) 4) 5) 6) 7) 8) 9) 10) 11) 12) 13) 14) 15) 16) 17) 18) 19) 20) 21) 22) 23) 24) 25) 26) 27) A Personal Guide for Your Daily Spiriual Battle Batalla Espiritual ¡Cómo Caíste, Lucero! (Obra de Teatro) Conociendo a Dios en el Sufrimiento Conquistemos Territorios Depresión: Causas y Manejo Desenmascarado Estrategias del Abusador Sexual Guía de Liberación por Medio de la Palabra Guía de Lucha Espiritual Diaria Healing Hurt Emotions Historia y Realidad de Satanás La Guerra Espiritual como Elemento Clave en el Avivamiento Libera Tus Finanzas Liberación Integral Libérate del Temor Libérate de la Sombra de Muerte Lucha Contra Principados Demoníacos Mi Pueblo Perece por Falta de Conocimiento Por Nada Estéis Afanosos Procurad Profetizar Psicoterapia Cristiana Responsabilizándote de tu Propia Liberación Sanando Emociones Heridas Struggling Against Demonic Principalities Tú Puedes Superar las Secuelas del Abuso Sexual ¡Vete, Miedo!
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