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I.- ORACIONES PARA SANTIFICAR LA JORNADA 1.- Ofrecimiento de obras al Corazón de Jesús Ven, Espíritu Santo, inflama nuestros corazones en las ansias redentoras del Corazón de Cristo, para que ofrezcamos de veras nuestras personas y obras en unión con Él, por la redención del mundo. Señor mío y Dios mío Jesucristo: por el Corazón Inmaculado de María, me consagro a tu Corazón, y me ofrezco contigo al Padre en tu santo sacrificio del altar, con mi oración y mi trabajo, sufrimientos y alegrías de hoy, en reparación de nuestros pecados y para que venga a nosotros tu Reino. Te pido en especial: por el Papa y sus intenciones; por nuestro Obispo y sus intenciones, por nuestro párroco y sus intenciones. 2.- Angelus: El Ángel del Señor anunció a María; y concibió por obra del Espíritu Santo. (Avemaría)

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He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra. (Avemaría) Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros. (Avemaría) Ruega por nosotros Santa Madre de Dios. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo. Oración: Derrama, Señor, tu gracia sobre nosotros, que, por el anuncio del Ángel, hemos conocido la encarnación de tu Hijo, para que lleguemos por su pasión y cruz, con la intercesión de la Virgen María, a la gloria de la resurrección. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén 3.- Regina coeli:

(En tiempo Pascual en lugar del Ángelus se recita esta oración)
Reina del cielo, alégrate, aleluya, porque el Señor, a quien mereciste llevar, aleluya, ha resucitado, según su palabra, aleluya. V. Gózate y alégrate, Virgen María, aleluya. R. Porque resucitó verdaderamente el Señor, aleluya.

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Oración: ¡Oh, Dios, que por la resurrección de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, te has dignado alegrar al mundo! Concédenos, te rogamos, que por la intercesión de su Madre la Virgen María, alcancemos los gozos de la vida eterna. Por el mismo Jesucristo, nuestro Señor. Amén. 4.- Bendición de la mesa: Bendice, Señor, los alimentos que vamos a tomar; que nos den fuerza para hacer el bien a los demás. Dios, que nos ha dado para hoy, nos dé para mañana: su gracia y su bendición, salud para el cuerpo y salvación para el alma. Amén. Te damos gracias, Padre de bondad, por el alimento que nos regalas y por todos tus beneficios: a ti, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén. 5.- Acto de contrición: ¡Señor mío, Jesucristo! Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser Vos quien sois, Bondad infinita, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón el haberos ofendido; también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno. Ayudado de vuestra divina gracia, propongo

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firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me sea impuesta. Amén. 6.- Comunión Espiritual: Creo, Jesús mío, que estás presente en el Santísimo Sacramento del Altar; te amo sobre todas las cosas y deseo recibirte dentro de mi alma. Mas, no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven espiritualmente a mi corazón. No permitas, Jesús mío, que jamás me aparte y separe de ti. Así sea. 7.- Invocación al Espíritu Santo: Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. V. Envía, Señor, tu Espíritu y habrá una nueva creación.

R. Y renovarás la faz de la tierra.

Oración: Oh Dios, que has iluminado los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo; haznos dóciles a sus inspiraciones para buscar siempre el bien y gozar de

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su consuelo. Por Cristo Nuestro Señor. Amén. 8.- Acción de gracias al acostarse: Te adoro, Señor y Padre mío, y te amo con todo mi corazón. Te doy gracias por haberme creado y hecho cristiano, y por haberme conservado en este día. Guárdame en el descanso y líbrame de todos los peligros. Perdona los males que hoy he cometido y acepta el bien que he hecho. Sálvame, Señor, despierto, y protégeme mientras duermo, para que viva con Cristo y descanse en paz. Amén. Jesús, José y María, os doy el corazón y el alma mía. Jesús, José y María, asistidme en mi última agonía. Jesús, José y María, descanse con vosotros en paz el alma mía.

(Rezo del Padrenuestro y tres Avemarías)

9.- Salve: Dios te salve, Reina y Madre de Misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra. Dios te salve. A ti llamamos, los desterrados hijos de Eva; a ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas.

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Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos, y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María! Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.

II.- LETANÍAS DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO Señor, ten misericordia de nosotros, Jesucristo, ten misericordia de nosotros, Señor, ten misericordia de nosotros, Jesucristo, óyenos, Jesucristo, escúchanos, Antídoto del pecado Jesús eucarístico, Sosiego de las pasiones, Árbol de la vida, Formador de vírgenes, Maná celestial, Fuente de toda gracia, Cordero Pascual, Fuerza de los apóstoles, Pontífice según el orden de Melquisedec, Lazo de unidad,

(Bendícenos, Señor)

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Jesús, Dios-Hombre con nosotros, Viático de los moribundos, Misterio de fe, Pan de la vida, Máximo don de Dios, Prenda de la gloria futura, Substancialmente presente, Jesús, en cada misa, Entero bajo las especies de pan y vino, Renovador del sacrificio de la cruz Hijo de María, Víctima y sacrificador, Rector del universo, Infinita adoración de Dios, Rey de todos los pueblos, Gratitud sin medida, Centro del culto de la Iglesia, Propiciación por vivos y difuntos, Dignísimo de homenajes sociales, Siempre vivo para interceder por nosotros, Jesús eterno, Salvador del mundo, Buen Pastor, Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, Principal mediador, perdónanos Señor. Ejemplar de las virtudes, Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,

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(Bendícenos, Señor)

Horno de la mayor Caridad, escúchanos Señor. Jesús en el Santísimo Sacramento, Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, Sagrado convite ten misericordia de nosotros. V. El Señor misericordioso hizo un memorial de sus maravillas

R. Dio un manjar a los que temían.
Oración: Señor Jesucristo, que por el exceso de tu amor, estableciste la admirable Eucaristía, concede que acudamos fielmente a este manantial infinito de la gracia y gocemos de él plenamente Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

III.- LETANÍAS DE CRISTO, SACERDOTE Y VÍCTIMA Señor, ten piedad Cristo ten piedad Señor, ten piedad Cristo, óyenos

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Cristo, escúchanos Dios Padre de los cielos Dios Hijo Redentor del Mundo Dios Espíritu Santo Trinidad Santa un solo Dios Jesús, Sacerdote y víctima Jesús, Sacerdote para siempre según el rito de Melquísedec Jesús, Sacerdote enviado por Dios para evangelizar a los pobres Jesús, Sacerdote que en la última cena instituiste el sacrificio perpetuo Jesús, Sacerdote que vive siempre para interceder por nosotros Jesús, Pontífice al que el Padre ungió con Espíritu Santo y fortaleza Jesús, Pontífice tomado de entre los hombres, Jesús, Pontífice constituido a favor de los hombres Jesús, Pontífice de nuestra confesión Jesús, Pontífice de mayor gloria que Moisés Jesús, Pontífice del tabernáculo verdadero Jesús, Pontífice de los bienes futuros Jesús, Pontífice santo, inocente y puro Jesús, Pontífice fiel y misericordioso Jesús, Pontífice encendido en celo de Dios y de las almas

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(Ten misericordia de nosotros)

Jesús, Pontífice perfecto para siempre Jesús, Pontífice que por tu propia sangre penetraste los cielos Jesús, Pontífice que iniciaste para nosotros un camino nuevo Jesús, Pontífice que nos amaste y nos lavaste de los pecados con tu sangre Jesús, Pontífice que te entregaste a Dios como oblación y hostia Jesús, Hostia de Dios y de los hombres Jesús, Hostia santa e inmaculada Jesús, Hostia que aplaca Jesús, Hostia pacífica Jesús, Hostia de propiciación y de alabanza Jesús, Hostia de conciliación y de paz Jesús, Hostia en la que tenemos la confianza y el acceso hasta Dios Jesús, Hostia que vive por los siglos de los siglos Muéstrate propicio perdónanos, Jesús Muéstrate propicio escúchanos, Jesús De entrar temerariamente en el clero Del pecado de sacrilegio Del espíritu de incontinencia Del deseo impuro De toda mancha de simonía

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(Líbranos, Jesús)

(Ten misericordia de nosotros)

De una dispensa indigna de las tareas eclesiásticas Del amor al mundo y de su vanidad De una celebración indigna de tus Misterios Por su sacerdocio eterno Por la santa unción con que fuiste constituido como Sacerdote de Dios Padre Por tu espíritu sacerdotal Por tu ministerio, con el que glorificaste al Padre sobre la tierra Por tu propia inmolación cruenta hecha en la cruz de una vez para siempre Por tu único sacrificio renovado cada día en el altar Por tu potestad divina, que ejerces invisiblemente a través de tus sacerdotes Para que te dignes conservar a todo el orden sacerdotal en la santa religión Para que te dignes proveer a tu pueblo de pastores según tu corazón Para que te dignes llenarlos de tu espíritu sacerdotal Para que los labios de los sacerdotes prediquen la sabiduría Para que te dignes enviar operarios fieles a tu mies Para que te dignes multiplicar los ministros fieles de tus misterios

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(Te rogamos óyenos)

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo Perdónanos, Señor Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo Escúchanos, Señor Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo Ten piedad de nosotros, Señor Jesús, Sacerdote óyenos Jesús, Sacerdote escúchanos Jesús, Sacerdote ten misericordia de nosotros Oremos: Oh Dios, santificador y custodio, suscita en tu Iglesia por tu Espíritu, ministros idóneos y fieles de tus santos misterios, para que con tu ayuda el pueblo cristiano sea dirigido por el ministerio y ejemplo de ellos. Por Cristo nuestro Señor. Amén.

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(Te rogamos óyenos)

Para que te dignes darles perseverancia en el servicio a tu voluntad Para que te dignes concederles mansedumbre en el ministerio, habilidad en la acción y constancia en la oración Para que te dignes promover en todas las partes a través de ellos el culto al Santísimo Sacramento Para que te dignes recibir en tu gozo a los que te sirvieron bien

IV.- HIMNO EUCARÍSTICO LITÚRGICO PANGE LINGUA
Que la lengua humana cante este misterio de la preciosa Sangre y el precioso Cuerpo. Quien nació de Virgen, Rey del Universo, por salvar al mundo dio su Sangre en precio. Adorad postrados este Sacramento; cese el viejo rito, establézcase el nuevo. Que la fe supla con asentimiento la duda de los sentidos. Himnos de alabanza, bendición y obsequio; por igual la gloria y el poder y el reino al eterno Padre con el Hijo eterno, y al divino Espíritu que procede de ambos. Amén.

Pange, lingua, gloriosi Corporis mysterium. Sanguinisque pretiosi. Quem in mundi pretium, fructus ventris generosi Rex effudit gentium. Tantum ergo Sacramentum veneremur cernui; et antiquum documentum novo cedat ritui. Præstet fides supplementum sensuum defectui. Genitori, Genitoque laus et iubilatio; salus, honor, virtus quoque sit et benedictio; procedenti ab utroque compar sit laudatio. Amen

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V.- VISITAS AL SANTÍSIMO A) Textos bíblicos para la meditación:

Is 55, 10 ss – (…) como la lluvia y la nieve caen del cielo y no vuelven a él sin haber fecundado la tierra y hecho germinar las plantas, así es la Palabra que sale de mi boca, no vuelve a mí, sin haber cumplido mis proyectos. Ez 36, 26 - Os daré un corazón nuevo y os infundiré un
espíritu nuevo; os arrancaré el corazón de piedra y os daré un corazón de carne. bendijo, lo partió y se lo dio a sus discípulos, diciendo: tomad y comed, éste es mi cuerpo. Y tomando el cáliz dio gracias, y se lo dio diciendo: Bebed todos de él, porque ésta es mi sangre de la nueva alianza.

26Mt 26, 26-28 - Estando cenando, tomó Jesús el pan, lo

Mt 28, 20 - Sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo. Jn 6, 27 - Trabajad para tener no tanto el manjar que se
consume, sino el que dura hasta la vida eterna, el cual os dará el Hijo del hombre.

32Jn 6, 32-33 - Os aseguro que no fue Moisés quien os dio

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el pan del cielo. Es mi Padre quien os da el verdadero pan del cielo. El pan de Dios viene del cielo y da la vida al mundo.

Jn 6, 35 - Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no

volverá a tener hambre; el que cree en mí nunca tendrá sed. Quien coma de este pan, vivirá eternamente, y el pan que Yo daré es mi misma carne para la vida del mundo.

51Jn 6, 51-52 - Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo.

54Jn 6, 54-57 - El que come mi carne y bebe mi sangre,
tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, habita en mí y yo en él. El Padre, que vive, me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí.

Jn 10, 10 - He venido para que tengan vida y la tengan en
abundancia.

14, Jn 14, 6 - Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va
al Padre sino por mí.

Jn 14, 23 - El que me ama guardará mi palabra, y mi
Padre lo amará, y vendremos a él y moraremos en él.

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14, Jn 14, 27 - La paz os dejo, mi paz os doy: no os la doy
como la da el mundo. Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde.

15, Jn 15, 4 - Permaneced en mí y yo en vosotros. Como el
sarmiento no puede dar fruto por sí si no permanece en la vid, así tampoco vosotros si no permanecéis en mí.

15, Jn 15, 5 - Yo soy la vid, vosotros los sarmientos: el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Cor 10, 161 Cor 10, 16-17 - El cáliz de bendición que bendecimos,
¿no nos hace entrar en comunión con la Sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no nos hace entrar en comunión con el Cuerpo de Cristo? Pues si el pan es uno solo y todos participamos de ese único pan, todos formamos un solo cuerpo.

Cor I Cor 11, 26 - Cada vez que coméis de este pan y bebéis
del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva.

I Jn 4, 16 - Y nosotros hemos conocido el amor que Dios
nos tiene y hemos creído en él. Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios, y Dios en él.

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B) Otros pensamientos para la meditación:

Juan Pablo II, Ecclesia Eucharistia Juan Pablo II, Ecclesia de Eucharistia - En la Eucaristía,
«Cristo también nos recibe a cada uno de nosotros».

Concilio Vaticano II - El Sacrificio eucarístico es «fuente y
cima de toda la vida cristiana».

San Ignacio de Antioquía - El pan de Dios quiero, que es la
carne de Jesucristo, de la semilla de David; su sangre quiero por bebida, que es amor incorruptible. el que comemos con Cristo, comemos a Cristo, y somos comidos por Cristo.

San Agustín de Hipona - La eucaristía es un banquete en

Beata eresa Calcuta Beata M . Teresa de Calcuta - «Para mí, Jesús es el
Sacrificio ofrecido en la Santa Misa por los pecados del mundo y por los míos propios»

Juan Pablo Juan Pablo II - «La Eucaristía es misterio de fe, prenda de
esperanza y fuente de caridad con Dios y entre los hombres».

San Ambrosio - La Eucaristía es el remedio de nuestra
necesidad cotidiana.

San Pío X - Acerquemos a los niños a la Eucaristía y veremos frutos de Santidad.

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C) Antífonas eucarísticas: 1.1.- ¡Oh sagrado banquete, en que Cristo es nuestra comida, se celebra el memorial de su pasión, el alma se llena de gracia y se nos da la prenda de la gloria futura! 2.2.- ¡Qué bueno es, Señor, tu espíritu! Para demostrarnos a tus hijos tu ternura, les has dado un pan delicioso, bajado del cielo, que colma de bienes a los hambrientos y deja vacíos a los ricos hastiados. 3.3.- Salva, cuerpo verdadero, nacido de María Virgen, verdaderamente atormentado, inmolado en la cruz por el hombre, de cuyo costado traspasado manó agua y sangre. Seas saboreado por nosotros en el trance de la muerte, ¡oh Jesús dulce, oh Jesús piadoso, oh Jesús, hijo de María! 4.4.- Yo soy el pan vivo bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá eternamente; y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo. D) Alabanzas al Santísimo Sacramento: Bendito sea Dios.

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Bendito sea su Santo Nombre. Bendito sea Jesucristo verdadero Dios y verdadero hombre. Bendito sea el Nombre de Jesús. Bendito sea su Sacratísimo Corazón. Bendita sea su Preciosísima Sangre. Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar. Bendito sea el E s p í r i t u Santo Paráclito. Bendita sea la excelsa Madre de Dios, María Santísima. Bendita sea su Santa e Inmaculada Concepción. Bendita sea su gloriosa Asunción. Bendito sea el nombre de Maria Virgen y Madre. Bendita sea María Santísima Madre de la Iglesia. Bendito sea su castísimo esposo San José. Bendito sea Dios en sus Ángeles y en sus Santos. E) Adoro te devote - Te adoro con devoción Te adoro con devoción, Dios escondido, oculto verdaderamente bajo estas apariencias. A Ti se somete mi corazón por completo, y se rinde totalmente al contemplarte. Al juzgar de Ti, se equivocan la vista, el tacto, el gusto; pero basta el oído para creer con firmeza; creo todo lo

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que ha dicho el Hijo de Dios: nada es más verdadero que esta Palabra de verdad. En la Cruz se escondía sólo la Divinidad, pero aquí se esconde también la Humanidad; sin embargo, creo y confieso ambas cosas, y pido lo que pidió aquel ladrón arrepentido. No veo las llagas como las vió Tomás pero confieso que eres mi Dios: haz que yo crea más y más en Ti, que en Ti espere y que te ame. ¡Memorial de la muerte del Señor! Pan vivo que das vida al hombre: concede a mi alma que de Ti viva y que siempre saboree tu dulzura. Señor Jesús, Pelícano bueno, límpiame a mí, inmundo, con tu Sangre, de la que una sola gota puede liberar de todos los crímenes al mundo entero. Jesús, a quien ahora veo oculto, te ruego, que se cumpla lo que tanto ansío: que al mirar tu rostro cara a cara, sea yo feliz viendo tu gloria. Amén.

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VI.- PREPARACIÓN PARA LA MISA Y COMUNIÓN Oración de San Ambrosio: Señor mío Jesucristo, me acerco a tu altar lleno de temor por mis pecados, pero también lleno de confianza porque estoy seguro de tu misericordia. Tengo conciencia de que mis pecados son muchos y de que no he sabido dominar mi corazón y mi lengua. Por eso, Señor de bondad y de poder, con mis miserias y temores me acerco a Ti, fuente de misericordia y de perdón; vengo a refugiarme en Ti, que has dado la vida por salvarme, antes de que llegues como juez a pedirme cuentas. Señor no me da vergüenza descubrirte a Ti mis llagas. Me dan miedo mis pecados, cuyo número y magnitud sólo Tú conoces; pero confío en tu infinita misericordia. Señor mío Jesucristo, Rey eterno, Dios y hombre verdadero, mírame con amor, pues quisiste hacerte hombre para morir por nosotros. Escúchame, pues espero en Ti. Ten compasión de mis pecados y miserias, Tú que eres fuente inagotable de amor. Te adoro, Señor, porque diste tu vida en la Cruz y te ofreciste en ella como Redentor por todos los hombres

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y especialmente por mí. Adoro Señor, la sangre preciosa que brotó de tus heridas y ha purificado al mundo de sus pecados. Mira, Señor, a este pobre pecador, creado y redimido por Ti. Me arrepiento de mis pecados y propongo corregir sus consecuencias. Purifícame de todas mis maldades para que pueda recibir menos indignamente tu sagrada comunión. Que tu Cuerpo y tu Sangre me ayuden, Señor, a obtener de Ti el perdón de mis pecados y la satisfacción de mis culpas; me libren de mis malos pensamientos, renueven en mí los sentimientos santos, me impulsen a cumplir tu voluntad y me protejan en todo peligro de alma y cuerpo. Amén. Oración de Santo Tomás de Aquino: Dios eterno y todopoderoso, me acerco al sacramento de tu Hijo unigénito, nuestro Señor Jesucristo, como se acerca al médico el enfermo, el pecador a la fuente de misericordia, el ciego al resplandor de la luz eterna y el pobre e indigente al Dios del cielo y de la tierra. Muéstrame, Señor, tu bondad infinita y cura mis debilidades, borra las manchas de mis pecados, ilumina mi ceguera, enriquece mi indigencia y viste mi desnudez, a fin de que pueda yo recibir, en el Pan de

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los Ángeles, al Rey de los Reyes y Señor de los Señores, con toda la humildad y la reverencia, el arrepentimiento y el amor, la pureza, la fe y el deseo que son necesarios para la salvación de mi alma. Haz, Señor, que no sólo reciba yo el sacramento del Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, sino también la fuerza que otorga el Sacramento, y que con tal amor reciba yo el Cuerpo que tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, recibió de la Virgen María, que quede yo incorporado a su Cuerpo místico y pueda ser contado como uno de sus miembros. Concédeme, Padre lleno de amor, llegar a contemplar al término de esta vida, cara a cara y para siempre, a tu amado Hijo, Jesucristo, a quien voy a recibir hoy, oculto en este sacramento. Por el mismo Cristo nuestro Señor, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

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VII.- ORACIONES PARA DESPUÉS DE COMULGAR

Aspiraciones de San Ignacio: Alma de Cristo, santifícame. Cuerpo de Cristo, sálvame. Sangre de Cristo, embriágame. Agua del costado de Cristo, lávame. Pasión de Cristo, confórtame. ¡Oh buen Jesús! óyeme. Dentro de tus llagas, escóndeme. No permitas que me aparte de ti. Del maligno enemigo, defiéndeme. En la hora de mi muerte, llámame, y mándame ir a ti, para que con tus santos te alabe por los siglos de los siglos. Amén. Donación de la propia persona: Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad; todo

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mi haber y mi poseer, Vos me lo disteis, a Vos Señor lo torno, disponed de ello a toda vuestra voluntad. Dadme vuestro amor y vuestra gracia que ésta me basta. Amén. Oración de Santo Tomás de Aquino: Gracias te doy, Señor Santo, Padre todopoderoso, Dios eterno, porque a mí, pecador, indigno siervo tuyo, sin mérito alguno de mi parte, sino por pura dignación de Tu misericordia, te has dignado alimentarme con el precioso Cuerpo y Sangre de tu Unigénito Hijo mi Señor Jesucristo. Suplícote que esta sagrada Comunión no me sea ocasión de castigo, sino intercesión saludable para el perdón: sea armadura de mi fe, escudo de mi buena voluntad, muerte de todos mis vicios, exterminio de todos mis carnales apetitos, y aumento de caridad, paciencia y verdadera humildad, y de todas mis virtudes: sea perfecto sosiego de mi cuerpo y de mi espíritu, firme defensa contra todos mis enemigos visibles e invisibles, perpetua unión contigo, único y verdadero Dios, y sello de mi muerte dichosa. Ruégote que tengas por bien llevar a este pecador a aquel convite inefable, donde Tú, con tu Hijo y el Espíritu Santo, eres para tus Santos luz verdadera,

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satisfacción cumplida, gozo perdurable, dicha consumada y felicidad perfecta. Por el mismo Cristo nuestro Señor. Amén. Oración de S. Pío de Pietrelcina: Quédate conmigo, Señor, porque es necesario tenerte para no olvidarte. Tú sabes con cuánta facilidad te abandono. Quédate conmigo, Señor, porque soy débil y tengo necesidad de tu fortaleza para no caer tantas veces. Quédate conmigo, Señor, porque tú eres mi luz y sin ti quedo en las tinieblas. Quédate conmigo, Señor, porque tú eres mi vida y sin ti disminuye mi fervor. Quédate conmigo, Señor, para mostrarme tu voluntad. Quédate Señor, conmigo, para que oiga tu voz y la siga. Quédate, Señor conmigo, porque deseo amarte mucho y estar en tu compañía. Quédate conmigo, Señor, si quieres que te sea fiel. Quédate conmigo, Señor, porque aunque mi alma sea tan pobre, desea ser para ti un lugar de descanso, un nido de amor. Quédate, Señor, conmigo. No te pido tu Divina

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consolación, porque no la merezco, pero el don de tu santísima presencia, ¡oh sí, te lo pido! Quédate, Señor conmigo pues a ti solo busco: tu amor, tu gracia, tu voluntad, tu corazón, tu espíritu, porque te amo y no quiero otra recompensa que amar. Quiero un amor ferviente y profundo. Quiero amarte con todo mi corazón, en la tierra para seguir amándote con perfección por toda la eternidad. Así sea.

Oración de unión con Cristo sacramentado: Santo, Santo y bendito Dios y señor de los ejércitos, dueño soberano y admirable de todo cuanto tiene ser, Santísimo Dios fortísimo, Santísimo Dios inmortal, Santísimo Dios incomprensible, Santísimo Dios incomparable y Santísimo Dios admirable en todas vuestras obras, y más admirable en Vos mismo y en el Santísimo Sacramento: Señor, todo depende de Vos, y Vos no dependéis de nadie; los cielos y la tierra están llenos de vuestro poder, de vuestra magnificencia, de vuestras riquezas, de vuestra sabiduría y también de vuestra bondad, clemencia y misericordia, para todos los que os aman y desean. Y conociendo que no pudiera darnos en el mundo otra mayor muestra de

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amor, que dejarnos Dios su misma carne y sangre en mantenimiento y en remedio, como lo significó el Salvador en aquellas palabras que dijo: “Quien come mi carne y bebe mi sangre, él está en mí, y yo en él; y así como por estar mi Padre en mí, la vida que yo vivo es en todo conforme a la de mi Padre (que es vida de Dios), así aquél en quien yo estuviere por medio de este sacramento, vivirá como yo vivo; y así ya no vivirá vida de hombre, sino vida de Dios”. Porque éste es aquél altísimo Sacramento, en el cual Dios es recibido corporalmente, no para que Él se mude en los hombres, sino para que los hombres se muden en Él por amor y conformidad de voluntad. Porque este divino manjar obra en quien dignamente le recibe, lo mismo que en él se obra y representa cuando se consagra. Porque así como por virtud de las palabras de la consagración, lo que era pan se convierte en sustancia de Cristo Señor nuestro, así por virtud de esta sagrada comunión el que era hombre se viene por una maravillosa manera a transformar espiritualmente en Dios. De suerte que, así como aquel sagrado pan una cosa es, y otra parece, y una era antes de la consagración, y otra después, así el que come de él, una cosa es antes de la comunión, y otra después, y una cosa parece en el exterior mas otra mucho más alta y excelente es en el interior, pues el ser tiene de hombre, y el espíritu de Dios.

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¿Pues qué gloria puede ser mayor que ésta? ¿Qué dádiva más rica, qué beneficio más grande, qué mayor muestra de amor? ¡Oh, maravilloso Sacramento! ¿Qué diré de ti? ¿Con qué palabras te alabaré? Tú eres vida de nuestras ánimas, medicina de nuestras dolencias, consuelo de nuestros trabajos, memorial de Jesucristo, testimonio de su amor, manda preciosísima de su testamento, compañía de nuestra peregrinación, alegría de nuestro destierro, brasas para encender el fuego del amor divino, medio para recibir la gracia, prenda de la bienaventuranza y tesoro de la vida cristiana. Con este manjar está unida el ánima con su esposo, con esto se alumbra el entendimiento, despiértase la memoria, enomórase la voluntad, acreciéntase la devoción, ábrense las fuentes de las lágrimas, adormécense las pasiones, despiértanse los buenos deseos, y fortalécese nuestra flaqueza, para caminar hasta el monte de Dios. ¿Qué lengua podrá dignamente contar las grandezas de este Sacramento? ¿Quién podrá agradecer tal beneficio? ¿Quién no se derretirá en lágrimas cuando vea a Dios unido consigo? Faltan las palabras al considerar las virtudes de este soberano misterio. ¿Pues qué deleite, qué suavidad, qué suavidad, qué aromas de vida siente en el alma el justo en la hora que le recibe? Porque allí el alma devota, por virtud de este venerable sacramento, es toda interiormente renovada, es inspirada de gozo, recreada con devoción, mantenida

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de paz, fortalecida en la fe, confirmada en la esperanza, atada con lazos de caridad a su dulcísimo Redentor. De aquí viene cada día a hacerse más ferviente en el amor, más fuerte en la tentación, más presta para el trabajo, más solícita en el buen obrar y mucho más deseosa en la frecuencia de este sagrado misterio. Tales son tus dones, oh buen Jesús, tales las obras y deleites de tu amor, los cuales sueles comunicar a tus amigos por medio de este divino Sacramento para que con estos tan grandes y tan poderosos deleites menosprecien todos los otros vanos y engañosos. Pues abre desde ahora ¡oh melifluo amor! abre ¡oh divina luz! los ojos interiores de tus fieles para que con rayos de fe viva te conozcan. Y dilata sus corazones para que te reciban en ellos, para que, enseñados por ti, te busquen por ti y descansen en ti, y sean finalmente por medio de este sacramento unidos contigo como miembros con su cabeza y como sarmientos con su vid; para que así vivan por tu virtud y gocen de las influencias de tu gracia por los siglos de los siglos. Amén.

Petición al Señor de su amor: Inclinadas las rodillas, con todo mi corazón postrado y sumido en el abismo de mi vileza, con todo el

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acatamiento y reverencia que son posibles en una pobre criatura, me presento ante ti, Dios mío, como una de las más humildes obras de tu creación. Aquí me pongo ante tu misericordia, ante el influjo de tu gracia, ante el resplandor del verdadero sol de justicia, que se derraman por toda la tierra y se comunican generosamente a todos aquéllos que con humildad te buscan y desean. Pues ¡oh Dios mío y de todas las cosas! ¿por qué no te amaré yo con todos los amores? Tú eres, Dios mío, verdadero Padre mío santo, Señor mío piadoso, Rey mío grande, sabiduría mía cierta, simplicidad mía pura, heredad mía rica, misericordia mía grande, redención mía cumplida, esperanza mía segura, caridad mía perfecta, vida mía eterna, alegría y bienaventuranza mía perdurable. Pues si tú, Dios mío, eres todas estas cosas para mí, ¿por qué no te amaré yo con todas mis entrañas y con todo mi corazón? ¡Oh amor que siempre vives y siempre hierves en el pecho divino! Sea yo encendido en ese fuego, siga yo a ti mi amado, a lo alto, cante yo a ti canción de amor y desfallezca mi alma en tus alabanzas con júbilos de inefable amor. Dulcísimo, benignísimo, carísimo, suavísimo, preciosísimo, amabilísimo, hermosísimo, piadosísimo, clementísimo, altísimo, divinísimo, admirable, inefable, inestimable, poderoso, grande, incomprensible, infinito, inmenso, todopoderoso, todo piadoso, todo amoroso; ¡oh todo

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amable! ¡oh todo dulce! ¡oh todo deleitable! ¡oh santísimo Padre! ¡oh clementísimo Hijo! ¡oh amantísimo Espíritu Santo! ¿Cuándo en lo más íntimo de mi alma, Padre amantísimo, te hallarás y del todo me poseerás? ¿Seré yo todo vuestro y tú todo mío? ¿Cuándo vendrá ese día? ¡Oh Dios mío! Esposo de mi alma, descanso de mi vida, luz de mis ojos consuelo de mis trabajos, puerto de mis deseos, paraíso de mi corazón, centro de mi alma, prenda de mi gloria, compañía de mi peregrinación, alegría de mi destierro, medicina de mis dolencias, juez piadoso de mis culpas, maestro de mi ignorancia, guía de mis caminos, puerto en que mi alma se salva, espejo en que se mira, báculo a quien se arrima, piedra sobre la que se funda y tesoro preciosísimo en que se gloría. Pues si tú, Señor, eres todo esto para mí, ¿Cómo será posible olvidarme de ti? Si me olvidare de ti, sea echada en olvido mi diestra; pégueseme la lengua al paladar si no me acordare de ti y no te pusiere yo, Señor, delante de todas mis alegrías. No descansaré, oh beatísima Trinidad, no daré sueño a mis ojos ni reposo a los días de mi vida hasta que halle lugar en mi corazón para el Señor, morada para el Dios de Jacob, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

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Oración a la Santísima Virgen: Oh, María, Virgen y Madre Santísima, he recibido a tu Hijo amadísimo, a quien concebiste en tu seno inmaculado, engendraste, alimentaste y estrechaste suavemente entre tus brazos. Te presento y ofrezco, con amor y humildad, Aquel mismo, cuya presencia te alegraba y te llenaba de gozo, para estrecharlo con tus brazos, amarlo con tu corazón y ofrecerlo como supremo culto de latría a la Santísima Trinidad, por tu honor y gloria, y por mis necesidades y las de todo el mundo. Te ruego, queridísima Madre, que me obtengas el perdón de todos mis pecados y abundante gracia para servirle a partir de ahora con más fidelidad, y la gracia de la perseverancia final para que pueda contigo alabarle por todos los siglos de los siglos. Amén.

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VIII.- ACTO DE DESAGRAVIO Por las blasfemias contra la sagrada Eucaristía, Por los robos sacrílegos… Por el derribo de tantos templos… Por la profanación de cálices, copones y demás vasos sagrados… Por la violación de los Sagrarios… Por la despreocupación respecto del decoro de las casas de Dios… Por las risas y charlas en los templos… Por la inmodestia en los pensamientos, miradas y vestidos en las iglesias… Por la comprensión de la necesidad y obligación cristiana y apostólica de contribuir al culto eucarístico… Por el trabajo dominical y festivo… Por el incumplimiento de la Misa dominical y festiva… Por el desconocimiento general de la Misa… Por la ignorancia general acerca del Pan de vida… Por el descuido en frecuentar la sagrada Mesa, conforme a los deseos de la Iglesia… Por el desprecio de la misma Comunión pascual…

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(Perdón, Señor, perdón)

Por la negligencia en la Comunión de los enfermos… Por la dejadez en la administración del Viático… Por la despreocupación respecto de la primera y frecuente Comunión de los niños… Por las comuniones tibias y frías… Por las comuniones sacrílegas… Por la conciliación de la Misa y Comunión con la vida frívola y hasta pecaminosa… Por la denegación de los derechos de la Eucaristía a homenajes solemnes y públicos… Por la persecución sistemática, violenta o solapada, de los Sacerdotes… Oración: Oración Señor nuestro, Jesucristo, que has querido permanecer en el Sacramento hasta la consumación de los siglos para dar a tu Padre una gloria infinita y a nosotros el alimento de la inmortalidad; que te has expuesto a todos los ultrajes de los impíos antes que abandonar a tu Iglesia; concédenos la gracia de llorar con verdadero dolor los ultrajes y descuidos que cometen los hombres contra el mayor de los sacramentos, danos celo eficaz para reparar los oprobios que has sufrido en este misterio inefable. Tú que vives y reinas con Dios Padre, en unión del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

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(Perdón, Señor, perdón)

Oración a Jesucristo crucificado Miradme, ¡oh mi amado y buen Jesús!, postrado en vuestra santísima presencia; os ruego con el mayor fervor imprimáis en mi corazón vivos sentimientos de fe, esperanza y caridad, verdadero dolor de mis pecados y propósito firmísimo de enmendarme, mientras que yo, con todo el amor y con toda la compasión de mi alma, voy considerando vuestras cinco llagas, teniendo presente aquello que dijo de vos, ¡oh buen Jesús!, el santo Profeta David: Han taladrado mis manos y mis pies, y se pueden contar mis huesos Acto de adoración Adorable Majestad de Dios, de quien todo lo que hay de más grande en el cielo y en la tierra se reconoce indigno de parecer, ¿qué puedo hacer yo aquí en vuestra presencia, sino callar y honraros en el más profundo anonadamiento de mi alma? Yo os adoro ¡oh Dios santo! Y os entrego mis justos tributos de adoración y respeto a esta grandeza suprema, delante de la cual toda jerarquía y dignidad se humillan; en comparación con la cual toda potencia es debilidad, toda prosperidad miseria, y las más brillantes luces espesas tinieblas.

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A Vos sólo, gran Dios, rey de los siglos, Dios inmortal, a vos sólo pertenece todo honor y toda gloria. Gloria, honor, salud y bendición a aquél que viene en nombre del Señor. Bendito sea el Hijo Eterno del Altísimo, que se digna unirse tan íntimamente conmigo y tomar posesión de mi corazón. ¡Bendito el que viene en nombre del señor! Sólo tú eres, Señor, sólo tú altísimo Jesucristo.

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IX.- QUINCE MINUTOS A JESÚS SACRAMENTADO

No es menester, hijo mío, saber mucho para agradarme; basta que me ames con fervor. Háblame sencillamente, como hablarías al más íntimo de tus amigos, o a tu madre, o a tu hermano.
1. ¿Necesitas hacerme en favor de alguien una súplica cualquiera? Dime su nombre, bien sea el de tus padres, bien el de tus hermanos y amigos: dime al punto qué quisieras hiciese actualmente por ellos. Pide mucho, mucho; no vaciles en pedir; me gustan los corazones generosos, que llegan a olvidarse en cierto modo de sí mismos para atender a las necesidades ajenas. Háblame con sencillez, con llaneza, de los pobres a quienes quisieras consolar, de los enfermos a quienes ves padecer, de los extraviados que anhelas volver al buen camino, de los amigos ausentes que quisieras ver otra vez a tu lado. Dime por todos una palabra de amigo, entrañable y fervorosa. Recuérdame que prometí escuchar toda súplica salida del corazón, ¿y no ha de salir del corazón el ruego que me dirijas por aquellos que tu corazón ama especialmente?

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2. Y para ti ¿no necesitas alguna gracia? Hazme, si quieres, una lista de tus necesidades y léela en mi presencia. Dime francamente que sientes soberbia, amor a la sensualidad y al regalo; que eres tal vez, egoísta, inconsciente, negligente..., y pídeme luego que venga en ayuda de los esfuerzos, pocos o muchos, que haces para sacudir de encima de ti tales miserias. No te avergüences, ¡pobre alma! ¡Hay en el cielo tantos justos, tantos santos de primer orden, que tuvieron esos mismos defectos! Pero rogaron con humildad..., y poco a poco se vieron libres de ellos. Ni menos vaciles en pedirme bienes espirituales y corporales: salud, memoria, éxito feliz en tus trabajos, negocios o estudios; todo eso puedo darlo, y lo doy, y deseo que me lo pidas en cuanto no se oponga, antes favorezca y ayude a tu santificación. Por hoy, ¿qué necesitas? ¿Qué puedo hacer en tu bien? ¡Si supieras los deseos que tengo de favorecerte! ¿Traes ahora mismo entre manos algún proyecto? Cuéntamelo todo minuciosamente. ¿Qué te preocupa? ¿Qué piensas? ¿Qué deseas? ¿Qué

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quieres haga por tu hermano, hermana, por tu amigo, por tu superior? ¿Qué desearías hacer por ellos? ¿Y por mí? ¿No sientes deseos de mi gloria? ¿No quisieras poder hacer algún bien a tus prójimos, a tus amigos, a quienes amas mucho y que viven quizá olvidados de mí? Dime qué cosa solicita hoy particularmente tu atención, qué anhelas más vivamente y con qué medios cuentas para conseguirlo. Dime si te sale mal tu empresa, y Yo te diré las causas del mal éxito. ¿No quisieras que me interesase algo en tu favor? Hijo mío, soy dueño de los corazones, y dulcemente los llevo, sin perjuicio de su libertad, adonde me place. 3. ¿Sientes acaso tristeza o mal humor? Cuéntame, cuéntame, alma desconsolada, tus tristezas con todos sus pormenores. ¿Quién te hirió? ¿Quién lastimó tu amor propio? ¿Quién te ha despreciado? Acércate a mi Corazón, que tiene bálsamo eficaz para curar todas esas heridas del tuyo. Cuéntamelo todo, y acabarás en breve por decirme que, a semejanza de Mí, todo lo perdonas, todo lo olvidas, y en pago recibirás mi consoladora bendición. ¿Temes por ventura? ¿Sientes en tu alma aquellas vagas melancolías que, no por ser infundadas, dejan de ser desgarradoras? Échate en brazos de mi Providencia.

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Contigo estoy; aquí, a tu lado me tienes; todo lo veo, todo lo oigo, ni un momento te desamparo. ¿Sientes desvío de parte de personas que antes te quisieron bien, y ahora, olvidadas, se alejan de ti sin que les hayas dado el menor motivo? Ruega por ellas, y yo las volveré a tu lado, si no han de ser obstáculo a tu santificación. 4. ¿Y no tienes tal vez alguna alegría que comunicarme? ¿Por qué no me haces partícipe de ella como buen amigo? Cuéntame lo que desde ayer, desde la última visita que me hiciste, ha consolado y hecho como sonreír tu corazón. Quizá has tenido agradables sorpresas, quizá viste disipados negros recelos, quizá recibiste faustas noticias, alguna carta o muestra de cariño; has vencido alguna dificultad o salido de algún lance apurado. Obra mía es todo esto, y Yo te lo he proporcionado: ¿por qué no has de manifestarme por ello tu gratitud y decirme sencillamente, como hijo a su padre: ¡Gracias, Padre mío, gracias! El agradecimiento trae consigo nuevos beneficios, porque al bienhechor le agrada verse correspondido. Ahora bien, hijo mío: vuelve a tus ocupaciones habituales; al taller, a la familia, al estudio...; pero no olvides los quince minutos de grata conversación que

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hemos tenido aquí los dos, en la soledad del santuario. Guarda en cuanto puedas silencio, modestia, recogimiento, resignación, caridad con el prójimo. Ama a mi Madre, que lo es también tuya, y vuelve otra vez mañana con el corazón más amoroso, más entregado a mi servicio. En mi Corazón hallarás cada día nuevo amor, nuevos beneficios, consuelos nuevos. 5. ¿Tampoco tienes alguna promesa que hacerme? Leo, ya lo sabes, en el fondo de tu corazón. A los hombres se les engaña fácilmente, a Dios no; háblame, pues, con toda sinceridad. ¿Tienes firme resolución de no exponerte ya más a la ocasión aquella de pecado? ¿De privarte de aquel objeto que te dañó? ¿De no leer más aquel libro que avivó tu imaginación? ¿De no tratar más a la persona que turbó la paz de tu alma? ¿Volverás a ser dulce, amable y condescendiente con aquella otra a quien, por haberte faltado, has mirado como enemiga?

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Alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar
Índice:
I. Oraciones para santificar la jornada ........................... 4 1.- Ofrecimiento de obras al levantarse .............................. 4 2.- Ángelus .......................................................................... 4 3.- Regina Coeli .................................................................. 5 4.- Bendición de la mesa ..................................................... 6 5.- Acto de contrición ......................................................... 6 6.- Comunión Espiritual ...................................................... 7 7.- Invocación al Espíritu Santo .......................................... 7 8.- Acción de gracias al acostarse ....................................... 8 9.- Salve .............................................................................. 8 II.- Letanías del Santísimo Sacramento .......................... 9 III.- Letanías de Cristo, Sacerdote y Víctima ...............11 IV.-Himno Eucarístico Litúrgico Pange Lingua .......... 16 V.- Visitas al Santísimo ................................................... 17

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A) Textos bíblicos para la meditación .............................. 17 B) Otros pensamientos para la meditación ....................... 20 C) Antífonas eucarísticas .................................................. 21 D) Alabanzas al Santísimo Sacramento ............................ 21 E) Adoro te devote ……………………............................ 22 VI.- Preparación para la Misa y Comunión….……..... 24 Oración de S. Ambrosio………......................................... 24 Oración de Santo Tomás de Aquino ................................. 25 VII.- Oraciones para después de comulgar .................. 27 Aspiraciones de San Ignacio ……………………………..27 Donación de la propia persona ……...……………………27 Oración de Santo Tomás de Aquino ................................. 28 Oración de S. Pío de Pietrelcina ....................................... 29 Petición al Señor de su amor ……………………………. 33 Oración de unión con Cristo sacramentado ...................... 30 Oración a la Santísima Virgen .......................................... 36 VIII.- Acto de desagravio ............................................... 37 Oración a Cristo crucificado . ........................................... 39 Acto de adoración………………….…………………… 39 XI.- 15 Minutos a Jesús Sacramentado ........................ 41

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