4 CONSEJOS PRÁCTICOS PARA IMPROVISAR

1.- Reflexionar antes de contestar Parece obvio, pero no lo es tanto cuando estamos bajo la mirilla. Cuando se nos pide comentar sobre algo, vale más darse unos segundos para reflexionar brevemente sobre lo que vamos a decir y luego decirlo. No hacer esto y contestar de forma precipitada hará que, en gran parte de los casos, no contestemos tan bien como quisiéramos (en otros meteremos la pata hasta lo más hondo). Ciertamente, cuando somos los que hablamos, una pausa de tres segundos puede parecer una eternidad. No obstante, ésta nos permite, no sólo organizar nuestras ideas, sino también calmarnos y proyectar una imagen ecuánime. Y además, para quien nos escucha, tres segundos de silencio no son nada. 2.- Parafrasear la pregunta Repetir la pregunta o cuestión sobre la que tenemos que hablar con nuestras propias palabras tiene varias ventajas. Nos gana tiempo para reflexionar sin la necesidad de prolongar el silencio más de la cuenta. Nos ayuda a entender mejor el tema que debemos elaborar. Aclara cualquier tipo de malentendido; si no hemos entendido bien, se notará en la paráfrasis y quien haya planteado el asunto se verá obligado a explicarse (lo que concede aún más tiempo para pensar). 3.- Asociar una anécdota al tema en cuestión Ser capaces de encajar una historia de nuestra propia vida a aquello sobre lo que nos vemos obligados a hablar de forma improvisada cumple tres propósitos. Primero, nos ayuda a comenzar a hablar con seguridad y soltura. Nadie puede hablar mejor que nosotros mismos sobre nuestras propias historias y anécdotas. Segundo, la historia es el medio más efectivo para transmitir un mensaje. Permite captar y mantener la atención de quien escucha, y facilita la comprensión del mensaje. Tercero, a medida que narramos la historia, el mero hecho de hacerlo nos ayuda a que surjan otras ideas susceptibles de encajar con el tema central, permitiéndonos elaborar mejor nuestra respuesta improvisada. 4.- Pensar en una estructura de discurso Del mismo modo que un discurso previamente planificado suele tener un propósito claro, las demás situaciones comunicativas (a mi juicio) también han de tenerlo. Por ello, ser capaces de plantear una estructura a la intervención improvisada (con introducción, cuerpo y conclusión) hará que nuestra intervención sea altamente efectiva (e incluso memorable). Mientras reflexionamos sobre lo que vamos a contestar, sacarnos tres palabras clave de debajo de la manga que estén relacionadas con lo que nos preguntan hará que podamos dar estructura a nuestra respuesta sin irnos por las ramas. Iniciamos con una breve anécdota, desarrollamos las tres palabras como cuerpo de nuestra repuesta, finalizamos con un resumen de estas tres, y voilà, un mini discurso.

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