Letanías de la Preciosísima Sangre de Cristo

Kyrie, eleison Christe, eleison Kyrie, eleison Christe, audi nos Christe, exaudi nos. Pater de caelis, Deus, R/. Miserere nobis. Fili, Redemptor mundi, Deus, Spiritus Sancte, Deus, Sancta Trinitas, unus Deus, Señor, ten piedad. Cristo, ten piedad. Señor, ten piedad. Cristo, óyenos. Cristo, escúchanos. Dios Padre celestial, R/. Ten misericordia de nosotros. Dios, Hijo, Redentor del mundo, Dios, Espíritu Santo, Trinidad Santa, un solo Dios,

1. Sanguis Christi, Unigeniti Patris aeterni, R/. Salva nos. 2. Sanguis Christi, Verbi Dei incarnati, 3. Sanguis Christi, Novi et Aeterni Testamenti, 4. Sanguis Christi, in agonia decurrens in terram, 5. Sanguis Christi, in flagellatione profluens, 6. Sanguis Christi, in coronatione spinarum emanans, 7. Sanguis Christi, in Cruce effusus, 8. Sanguis Christi, pretium nostrae salutis, 9. Sanguis Christi, sine quo non fit remissio, 10. Sanguis Christi, in Eucharistia potus et lavacrum animarum, 11. Sanguis Christi, flumen misericordiae, 12. Sanguis Christi, victor daemonum, 13. Sanguis Christi, fortitudo martyrum, 14. Sanguis Christi, virtus confessorum, 15. Sanguis Christi, germinans virgines, 16. Sanguis Christi, robur periclitantium, 17. Sanguis Christi, levamen laborantium, 18. Sanguis Christi, in fletu solatium, 19. Sanguis Christi, spes poenitentium 20. Sanguis Christi, solamen morientium, 21. Sanguis Christi, pax et dulcedo cordium, 22. Sanguis Christi, pignus

1. Sangre de Cristo, Sangre del Unigénito del Padre Eterno R/. Sálvanos. 2. Sangre de Cristo, Sangre del Verbo Encarnado 3. Sangre de Cristo, de la nueva y eterna Alianza. 4. Sangre de Cristo, corriendo por la tierra en la agonía 5. Sangre de Cristo, brotando en la flagelación 6. Sangre de Cristo, emanado en la coronación de espinas 7. Sangre de Cristo, derramada en la Cruz 8. Sangre de Cristo, el precio único de nuestra salvación 9. Sangre de Cristo, sin la cual no hay perdón 10. Sangre de Cristo en la Eucaristía, bebida y baño de las almas 11. Sangre de Cristo, Fuente de Misericordia 12. Sangre de Cristo, vencedora de los demonios 13. Sangre de Cristo, fortaleza de los mártires 14. Sangre de Cristo, fuerza de los confesores 15. Sangre de Cristo, que engendra vírgenes 16. Sangre de Cristo, constancia de los tentados 17. Sangre de Cristo, alivio de los enfermos 18. Sangre de Cristo, consuelo de los que lloran 19. Sangre de Cristo, esperanza de los que hacen penitencia 20. Sangre de Cristo, alivio de los moribundos 21. Sangre de Cristo, paz y dulzura de los corazones 22. Sangre de Cristo, prenda de la Vida

vitae aeternae, Eterna 23. Sanguis Christi, animas 23. Sangre de Cristo, que libera a las liberans de lacu Purgatorii, almas del Purgatorio 24. Sanguis Christi, omni 24. Sangre de Cristo, dignísima de toda gloria et honore dignissimus, gloria y honor Agnus Dei, qui tollis peccata mundi, R/. Parce nobis, Domine. Agnus Dei, qui tollis peccata mundi, R/. Exaudi nos, Domine. Agnus Dei, qui tollis peccata mundi, R/. Miserere nobis, Domine. V/. Redimisti nos, Domine, in sanguine tuo. R/. Et fecisti nos Deo nostro regnum. Oremus. Omnipotens sempiter-ne Deus, qui unigenitum Filium tuum mundi Redemptorem constituisti, ac eius sanguine placari voluisti: concede, quaesumus, salutis nostrae pretium ita venerari, atque a praesentis vitae malis eius virtute defendi in terris, ut fructu perpetuo laetemur in caelis. Per eundem Christum Dominum nostrum. R/. Amen. Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo R/. Perdónanos, Señor. Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo R/. Escúchanos, Señor. Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo R/. Ten misericordia de nosotros. V/. Señor, Tú nos redimiste en tu Sangre R/. E hiciste de nosotros un Reino para Dios y Padre tuyo. Oremos. Omnipotente y Sempiterno Dios, que constituiste a tu Unigénito Hijo Redentor del mundo y quisiste aplacarte con su Sangre; te suplicamos nos concedas que de tal modo veneremos el precio de nuestra Redención, que por su virtud seamos preservados en la tierra de los males de la vida presente, ¡para que gocemos en el cielo de su fruto eterno! Por Jesucristo, Nuestro Señor. R/. Amén.

LA PRECIOSÍSIMA SANGRE DE CRISTO
Juan Pablo II, 1 de julio de 200 Amadísimos hermanos y hermanas, ¡es grande el misterio de la Sangre de Cristo! Desde los albores del cristianismo, ha conquistado la mente y el corazón de tantos cristianos y, particularmente, de vuestros santos fundadores y fundadoras, que hicieron de él el distintivo de vuestras congregaciones y asociaciones. El Año jubilar da nuevo impulso a una devoción tan significativa. En efecto, al celebrar a Cristo en el bimilenario de su nacimiento, también estamos invitados a contemplarlo y adorarlo en la humanidad santísima asumida en el seno de María y unida hipostáticamente a la Persona divina del Verbo. Si la Sangre de Cristo es fuente preciosa de salvación para el mundo, se debe precisamente a su pertenencia al Verbo, que se hizo carne para nuestra salvación. El signo de la "sangre derramada", como expresión de la vida entregada de modo cruento para testimoniar el amor supremo, es un acto de condescendencia divina con nuestra condición humana. Dios ha elegido el signo de la sangre, porque ningún otro signo es tan elocuente para indicar la participación total de la persona. El misterio de esta entrega tiene su fuente en la voluntad salvífica del Padre celestial y su realización en la obediencia filial de Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, a través de la obra del Espíritu Santo. Por esta razón, la historia de nuestra salvación lleva en sí la impronta y el sello indeleble del amor trinitario. Ante esta maravillosa obra divina todos los fieles se unen a vosotros, queridos hermanos y hermanas, para elevar himnos de alabanza al Dios uno y trino por el signo de la Sangre preciosa de Cristo. Pero además de la confesión de los labios debe darse el testimonio de la vida, según la exhortación que nos dirige la carta a los Hebreos: "Teniendo, pues, hermanos, plena libertad para entrar en el santuario en virtud de la sangre de Jesús, (...) fijémonos los unos en los otros para estímulo de la caridad y las buenas obras" (Hb 10, 19. 24). Muchas son las "buenas obras" que nos inspira la meditación del sacrificio de Cristo. En efecto, nos impulsa a una entrega total de nuestra vida por Dios y por nuestros hermanos, usque ad effusionem sanguinis, como han hecho tantos mártires. ¡Cómo no reconocer siempre el valor de todo ser humano, cuando Cristo derramó su sangre por todos y cada uno, sin distinción! La meditación de este misterio nos impulsa, en particular, hacia cuantos podrían ser aliviados de sus sufrimientos morales y físicos y que, en cambio, languidecen marginados por una sociedad de la opulencia y la indiferencia.

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