Daniel Medvedov

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¿Qué es “lo Sublime”?
¿Y lo “subliminal?
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Madrid
2014
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Los chinos llaman “lo Sublime” al signo del
Yin y del Yang: es la traducción de la
expresión TAI CHI.



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En latín “lo sublime” quiere decir “alto,
elevado” – “sublimis” – “muy alto, elevado
en el aire”. Es lo que es muy elevado, en las
jararquía de los valores morales, estéticos,
intelectuales, etc.: lo que merece la
admiración, lo bello, lo divino, lo
extraordinario, lo noble, lo perfecto, lo
trascendente.
En la química, un “sublimado” es un sólido
obtenido por la condensación directa e un
sólido vaporisado sin pasar por el estado
líquido/ - pasar del estado sólido directo al
estado gaseoso, depurado, refinado.
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Lo “subliminal” es lo que se muestra por
debajo, o inferior al umbral del estado de
consciencia –[“limen, -inis” – “umbral”].
Yo llamo “subliminal” algo “metido con
vaselina”. ¡Qué gacioso que lo “sublime sea
“lo alto y lo elevado” y que lo “subliminal
sea “ lo que se mete con vaselina por debajo
del umbral de la consciencia”!
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A pesar de que a mi me parece que el término griego
equivalente a “lo Sublime” es la palabra APEIRON –
“lo inefable y lo ilimitado”, en el griego clásico los
diccionarios designan a lo ssublime con la palabra
“To Ypselón” - YPSELOS y EXOKHOS.

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La “búsqueda” de lo sublime no es ningúna
búsqueda, pues ello no es algo que se pueda
“encontrar” con el acto de “buscar” sino un
estado de beatitud que es un regalo de lo
Alto.


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¿Podemos, acaso, - sentir, pensar y
representar a lo sublime en la actual época
de nuestra cultura? La respuesta es - ¡No!
No podemos “sentir” a lo Sublime, ni pensar
“lo Sublime”, ni representar a “lo Sublime”
puesto que es inasible, impensable, y sin
forma.
Aunque se ventile por doquier la etimología
latina de lo "sublime" -‘sublimis’ - que
habla de lo muy alto y de "sublimar" que
evocaba el acto de levantar, o elevar algo a
alturas incomensurables, no existe hoy ni
nunca una literatura “elevada”, ni una
música “elevada”, ni una estética “elevada”.
Sin embargo, entre nosotros, andan
econdidos seres espléndidos que a causa de
nuestra superficialidad de miras no somos
capaces siquiera de entrever. No es que
sean “superiores” a nosotros, pero si que son
“distintos”. Hoy día, la mención de la
palabra y del concepto y categoría de “lo
sublime” mueve a una cierta sonrisa
arrogante y llena de cinismo burlón.
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Para nuestra arrogancia, en este mundo
nuestro no hay nada de sublime, nada de
excelso, no hay nada tan grandioso que no
podamos aguantar, nadie eminente, ni
espléndido.
Lo Sublime ha sido trocado en lo
“subliminal” y de eso sí que hay bastante en
la actual manipulación política, educativa,
comercial, terapeútica y demás.
Hay un famoso tratado sobre Lo Sublime,
escrito por Longino, donde esa palabra
[“sublime”] – se presenta como una
categoría estética, y en este famoso texto
!"#! "$%&' - "Sobre lo sublime"- del
retórico griego el concepo es la evocacación
de la "grandeza" y espléndida belleza, un
motor capaz de elevar a cualquiera en un
estado de éxtasis y beatitud excelsa y que
llega en ituciones extremas a provocar dolor,
un fenómeno diametralmente opuesto al
placer provocado por el dolor.


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Longino declara que lo sublime posee nada
menos que cinco causas. Lo sublime se
manifiesta hasta en el lenguaje y de ello se
embelezan los poetas. Longino es
categórico: lo sublime – afirma - pesente en
el KAIRÓS - o momento oportuno - es
capaz de transfigurar como un rayo, las
cosas todas, y en un instante sin duración
muestra la energía y el poder del Cosmos
siemprevivo y eterno. Frente a lo Sublime
toda oposición es exterminada y en la
memoria queda indeleble "su duradero
recuerdo” [7.5].
Lo sublime ha sido asociado por Longino
al "silencio" de la “música callada” y la
“soledad sonora” de los bosques nemorosos
de la humanidad, como lo llamaba Juan de
la Cruz. La "suspensión" del pensamiento
que genera el contaccto con lo Sublime es
como el estado adquirido a causa de un
KOAN Zen.

7



“Grandiosas son las palabras de aquellos
que tienen pensamientos profundos” – dice
Longinus.


Ante lo grandioso nos maravillamos cada
uno de nosotros, tal como puede, y de
pronto caemos en una suerte de asombro
casi infantil que congela el pensamiento. A
la vez, sentimos una graciosa quietud
motora y un deleite existencial.
El APEIRON – y lo ilimitado de sus
límites es la fuente de lo sublime y la
imposibilidad de vislumbrar sus límites,
sentimos como “infinito” aquello que no
sabemos nombrar, ni sabemos discernir. La
infinidad y el infinito es una curiosa palabra,
pues su carácter es positivo, a pesar de la
negación de su prefijo “in-“.

8
La palabra "ὸ ἄ#$%&'( – “apéiron” : sin
límites, sin definición - , donde el
prefijo/afijo "[a-]" es, en este caso, una
negación, aunque en otros casos se toma
como un afijo/prefijo aumentativo, y por
ende, positivo. “Ápeiron” quiere decir “lo
indefinido”, lo “indeterminado” - del griego
apeihron, ilimitado -, aquello que no tiene
fin, ni cabo. El concepto aparece en
Anaximandro para designar a la substancia
[y no “materia”] – infinita e indeterminada.
Los pitagóricos llamaron “ápeiron” al
principio inasible e intangible de la “sin
forma”, lo “sin límite” y junto con su
contrario - el “límite”- es la base de la
existencia – “los límites de lo ilimitado son
lo ilimitado de sus límites” - tal como
traducía el padre jesuita Carmelo Elorduy el
texto taoísta de Chuang Tse donde se definía
al WU – el Vacío. Este “ápeiron” es la
unidad matemática, el “uno-sin-dos-mismo”.


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En un texto de 1947, - “The sublime is
now”, - Barnet Newman declara lo
siguiente: “la única pregunta que se impone
hoy es cómo crear un arte de lo sublime”, lo
cual requiere una previa destrucción de la
[supuesta] belleza. Tal empresa está presente
y cumplida – según Newman - en el arte
abstracto americano de su país, que dejó de
imitar bellas formas naturales, y así
“reafirma el deseo natural del hombre por lo
exaltado y nuestra relación con las
emociones absolutas”.


En su “Crítica de la Razón Pura” – [1790]
Immanuel Kant declara que lo sublime es -
“aquello en comparación con lo cual, toda
otra cosa es pequeña”.




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Lo sublime no es asunto de “intensidad”
sino del resplandor del entendimiento.

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El lema de la modernidad [propuesto por
Kant], es el “atrévete a pensar” - sapere
aude- que no ha pedido su poder y todavía
hoy es el método de la educación
polimecánica. Los que promueven la
búsqueda de una exhortación nueva, algo
así como “dejémonos conmover, con
moderado entusiasmo y con criterio de buen
humor”- por todo lo que es grande, noble y
hermoso en este mundo, algo así como
“Atrévete a sentir” es un despropósito,
pues precisamente por eso y a causa del
“sentir” extra-vagante, el mundo de hoy
anda como si no tuviera rumbo.



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El lema que yo propongo es - “¡trata de
entender!” - nada de “atrévete”, pues ya de
atrevidos políticos sin nada en la cabeza
estamos hartos.


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