ÍNSULAS

Paula Ilabaca Núñez.












Tush, este libro es tuyo.
Lo compuse en Leyda al calor del sol y el agua.
Pensaba en los ríos que nunca vimos.
Pensaba en ti.




















Nota para el lector:
Esta antología personal reúne textos de mis libros, agrupados y ordenados según un ritmo
o alguna obsesión o búsqueda que no sabría cómo explicar. Debajo de ellos hay un
enjambre de canciones y de música; unos suenan más fuertes que otros. Entre todos hay
un tema de J. S Bach que no recuerdo su nombre y casi ni cómo sonaba, pero que está por
sobre estas palabras, perturbando y removiendo lo que toca. Como si fuera un corazón
somnoliento que deambula por las calles, como si fuera mi propio corazón.






















Si leo un libro y hace que mi cuerpo entero se sienta tan frío que no hay fuego que lo
pueda calentar, sé que eso es poesía. Si físicamente me siento como si me levantasen la
tapa de los sesos, sé que eso es poesía. Esa es la única manera que tengo de saberlo ¿Hay
alguna otra?

Emily Dickinson.




















lu-cí-a-de-ro-di-llas-en-el-jar-dín-di-ce-ca-si-lo-gro-nom-brar-lo-que-más-me-da-sus-to-si-
so-lo-pu-die-ra-mi-fi-co-mi-po-bre-co-ra-zón-ca-fé-soy-más-dé-bil-de-lo-que-lu-cí-a-de-ro-
di-llas-en-ji-ro-nes-la-fal-da-tiem-bla-el-jar-dín-el-o-ro-no-pue-do-nom-brar-lo-bus-co-mo-
si-fue-ra-mi-te-so-ro-pa-ra-qué-yo-e-lla-di-ce-te-so-ro-a-pa-re-ce-un-án-gel-ma-rrón-en-te-
rra-do-para-qué




















qué más podría decirle si ya lo he planeado todo y cada paso y cada vez que sea más
hermosa que la anterior algunas veces su inseguridad me hiere en lo más adentro de mí y
no sé si fingir le con la frente en alto diciendo le que no me hiere que me da lo mismo
pero siempre llega el momento decisivo en que la perla se deshace y rompo en lagrimones
salados y muerta de susto que me deje creyendo que no lo amo de que me deje porque
cree tonteras de yo y los otros que no existen que ni siquiera alcanzan sus tobillos mi
criatura mi pequeño demonio mañoseando de celos no deberían salir de su también cómo
no habría de maravillarme que vuelva a amar me que me deje alumbrada por una luz
callejera que entra por su ventana que usted me cree la espalda y vaya meciendo cada
músculo cada fibra que goza por usted que me mira escribiendo me quédese conmigo mi
niño cúbrase con la sábana y ría notas dulces de besos sabrosos depositados en mi cuello
suyo en mi pecho suyo en mi cintura que llora por tenerlo ahora a mi lado hurgando en los
confines de mi pulpa hasta no poder más qué más quiere qué más quiere que lo
demuestre llorando ámeme como yo lo he amado siempre y entregue se a mí como yo a
usted y dos conejitos un sapo de jardín y no no señor mí mi niño no no no no no yo no lo
dejo nunca nunca hasta que usted
7 de julio








una momentánea
diminuto
el instante básico
sobre el coro de lavandas
cae la costura del cierre andrógino
supurando diamantes de hembra
respiración única
mientras el ventrílocuo presiona
la palma jadeante
saliva
represa en los muslos sin oxígeno
y la lengua supone encanto
oído por animal bizarro
comenzando la sacra contienda
rivales que danzan
movimiento unísono
para el despegue de los cuerpos
concedo el escudo ovalado
hacia sus labios canes
las aureolas erectas
la boca dilatada en metal
en alabanzas a himeneo
mármol irrumpe
por ojal que antes
vacío completo.









Contando los días que pasan, la suelta se pasea por el territorio básico, murmurando una
canción. Mira su cama naranja, piensa en los días en los que el sudor bordaba las sábanas,
los besos lo mismo, la pura y santa piedá. Lo mismo y lo mismo. Babear. Hostigar. Correr.
Llegar. La cama. Repleta de oraciones. Bajo la almohada hay unas llaves, sujetas por una
cadena con un corazón de oro, que la suelta mira arrobada, porque ella no tiene corazón.
Más allá, en otro espacio o bajo otro estado, el rey está profundamente dormido. Y no
escucha. Y no siente. Y no sabe que la suelta espera y espera el momento justo en el que
se hará la linda, para luego escapar. Como siempre lo ha hecho, porque no puede, porque
no sabe quedarse o porque simplemente le irrita, le irrita todo lo que parece ir en serio.





















día 2
esta vez sólo
esta vez



















(soy continente?
lucía se estira y dice
el barro contiene? la ciudad contiene?
santiago santiago
mi vul
va en canciones
va en lo alto
ángel marrón ángel marrón
va en la pesadez en los diamantes va
va por carneros va violento por las calles va)












pero el ángel logra entender?
el ángel dice córrete luego amor y moja
acaba luego y moja mi corazón el ángel dice
apúrate vamos acaba en mi corazón
él me usó mamá él me usó
lucía dice yo no supe dejarlo él me usó
el ángel me usó mamá cuando me hinchaba
y la noche se ponía tosca mamá en sus manos en sus alas en el café de sus
el ángel mascaba y decía córrete luego amor y moja
el ángel decía quiero que me mojes el corazón
pero el ángel mamá no entendía
el ángel me usaba y luego se iba en ronquidos
lucía dice me usaba y se iba mamá se iba
tengo tantas ganas mamá tantas
ganas de joder con él de hinchar
su carmesí y que lata fuerte y duro
pero el ángel se coloca brusco
pero al ángel le ha dado por llorar
pero el ángel ha dicho acaba mi corazón y moja
yo se lo acabé mamá
yo lo dejé
pero el ángel
pero el ángel
pero el ángel








todavía queda un poco de tinta.
todavía, también, le quedan hojas a este cuaderno que hice nada de tanto escribirte.
incluso acá hay pedazos de cartas que nunca terminé o que no me gustaron o que cambié
por otras.
me dijiste que la última carta estaba fuerte. el día que la escribí la había pasado mal
contigo y contigo todo es predecible, por eso escribí la carta, porque lo sabía. es harto
estúpido estar de mi lado. es harto estúpido saber qué es lo que quieres de mí y continuar
cerca tuyo.
antes no me podía convencer de que te hubieses ido. cuando me convencí el siguiente
paso fue el no-consuelo. m ¿por qué? m m m m m m ¿dónde estás ahora? ¿qué lugar
sostiene el rumor de tus alas? los perros ladran esta noche y esta podría ser cualquiera de
las noches que entrabas por mi ventana para amarme y dormir junto a mí…
si continúas siendo el niño hermoso que una vez me amó
¿por qué te resistes? ¿ por qué no vienes?
29 de diciembre

















de mí mi miseria es la ciénaga as he jumps the puddle to try to turn into loving this se abre
se moja tighter tighter tighter el barro chicharreando y si mi ojo cierro y si mi ojo cierro al
despelote de hundirme dice el ángel y si mi ojo cierro al despelote de hundirme sin más
lucía dice de mí mi miseria es este légamo y si me mojo la punta de mí mi miseria es ella
dice ángel marrón nadando en la ciénaga se aleja






















Mientras saca cuentas, la suelta se observa una y otra vez. Entra y sale del baño, mira
hacia la calle. Cruza hacia el balcón. Comienza a regar las plantas de la terraza, que ahora
se queman con el frío de los últimos días del otoño. Vendrá el invierno, pronto. Y ellas, las
quemadas, recuerdan ese día de sol en que la suelta le dijo: son como nuestro amor; han
vuelto a nacer. Pero era una pura lata. Y el eunuco lo sabía y calló, con el falo encogido,
como siempre. La suelta reconsideró, por ejemplo, cuando se paseaba en pelotas frente a
la ventana, o con ropa o con ganas. Y era sólo un ejemplo de todas las maneras con las
que inventaba trampas para él. Pero con el eunuco nada ocurría de todas formas. Nada. O
mejor: nada había ocurrido, porque él era un trasto cerrado y terco, un poco torpe, un
poco lerdo, cogidas lacias sepultas en la memoria, una estela, un estado al que se podía
recurrir.















141
nada ocurre a las dos de la tarde nada la nada se pega a los cuerpos repartidos en el lugar
del tedio nada ocurre nada el teléfono suena muchas veces hay veintiocho grados y está
nublado una avioneta pasa el teléfono suena y si contestara interferencias para variar
nada ocurre y el tedio se pega y crece con la tarde nada las sábanas están revueltas el
teléfono suena y hay veintiocho grados porque una voz lo sopla adentro de la oreja no
levantaré el auricular una avioneta pasa de nuevo y el teléfono suena hay veintiocho
grados y está nublado los perros comienzan a ladrar esta vez se acabó y el tedio es un
perro que ladra en el cemento de la tarde hay veintiocho grados y el viento sopla y está
nublado y hace calor la nada se pega a los cuerpos repartidos en el tedio la ventana
repercute y se crea un instante misterioso el teléfono suena y el auricular se coloca
mojado porque la mano me suda y no puedo soltarlo hay veintiocho grados y el tedio qué
hacer con el tedio de las dos de la tarde el teléfono suena muchas veces que se prolongan
el auricular se humedece y chorrea sudor yo no puedo soltarlo la avioneta transcurre de
nuevo y son las dos de la tarde hay veintiocho grados otra vez la ventana y el viento que
sopla los perros se callaron y queda el tedio y el tedio se pega muy fuerte a los cuerpos
nada ocurre y con la otra mano libre lo busco y lo encuentro frío las sábanas no logran
calentarlo y los veintiocho grados no sirven y yo lo tomo y me río lento y digo es mío y lo
acaricio la avioneta y el teléfono vuelven a sonar y mi mano chorrea mucha agua y con la
otra mano lo tomo y me lo entierro abro las piernas y me lo entierro porque el tedio
porque las dos de la tarde porque el tedio de los veintiocho grados porque todo se pega
porque yo


















lucía revienta su mano para así jamás volver a buscarlo lucía la mano detrás el motivo de
su violencia casi al extremo se pinta en el jardín mientras el ángel mientras el ángel se
mueve en su frenesí dorado es de oro mamá es de oro su forma de sudar mamá el ángel
atrapado en la ciénaga es de oro mamá de oro lucía tan muñeca en la espalda la pared no
no no no no te voy a mostrar mi corazón lucía dice mamá su corazón de carey y leche y
jugo mi corazón de barro mi corazón












día 12
lleva sangrando doce
días completos hervidos
sienta la mano en la mesa
callada
mira derrumbarse estirpes
colgadas en células mira
resbala su vez en la entre
pierna las lepras
yo tuve balbucea yo tu
ve tantas ganas de ser
otra carencia erguida otra
mancha el piso ríe
todo por algo mancha tirita
articula voces de susto
las murallas son bellas rocas
restriega el rostro
en el ladrillo di
yo tuve la faz
tan clara di
ahora enjuta saliva ordena
partes tan claras yo
creo estas
manos antes frescas
son asesinas al cuerpo no
hay más que









Es así mismo. Me toman del cuello y observan mi pera. Examinan lo que ya saben, la
mueca de la suelta, el sabor de la que ya regresó. Hoy volveré a comer. El amo ya lo sabe.
Hoy comienza una nueva tirada, hoy y después, hasta que ya no queden estupideces por
recordar. Me veo a mí misma en el polvo del baño, el polvo de la pieza y el polvo que me
gustaría en el sillón. Esta casa está llena de desidia, esta casa y la sombra de un miembro
perturbándolo todo; esta casa, sus rincones limpios, el ruidito de la canción famosa de los
picos gemelos.




















no no no no no no no no no














arañamiento 1

esa vez noche
esa vez me palpó la grupa insecta
antigua maña de peinar vellos
me contrajo y estiró a su gusto
hasta quedar pelota de carne
araña arañita
fruncía la mandíbula
el veneno palpitando la cabecita opaca
bastaba un escupo de polvo
pero me entretuve en la cintura
siempre rasgada doble
queriendo perpetuar el acecho
con la pata dibujaba crías
en el pasillo entablado
arrastraba reverencias maestras
secretando de la glándula madre
toda la diluida lana
amanecía hilando transparente
la capacha rotativa
para nosotros querida hembra
pequeña mía aráñame
el huevo que te ofrendo mutilado
lo hice al revés el polvo
se lo hice redondo










Como si la mejor forma fuera crear y crear un espacio nítido y pleno para el enganche,
para la construcción de la joya, el destello de lo inseparable, la fricción del hilo que cose y
une, el collar, la perla, el collar. Y los ojos del joyero que pule, los ojos. Casi muerta, casi
viva, en un proceso constante, la perla se pierde en todas las aristas de la piedra, del
engranaje luminoso, que será joya, que serán las manos del joyero, que será vida, que
será belleza. Que no dejará a nadie mirando de pie. A nadie.













al mismo tiempo en el que creía que todo podía cambiar
al mismo tiempo que se me acababa la respiración
como cuando intuía golpes o veces hechas cruces
o los caninos ladrando en el barro o la oscuridad
lucía dice tengo ganas mamá tengo ganas
al mismo tiempo en que creía en que así era el amor
al mismo tiempo en que joder mamá era tan hermoso
o como cuando su pesadez hinchaba mi corazón
o como cuando su leche no me dejaba hablar mamá
o los golpes la cornisa el ojo del que yo hablaba
la luz el oro el eco su transpiración
la forma de joderme despacio su tranquilidad
lucía dice mamá mamá tengo ganas tengo tantas ganas
como cuando se me hincha todo lo que toca
lucía di cuando se me hincha
cuando tengo un nudo y lo quiero botar mamá
ella me da ganas él me da ganas
tengo tanto miedo mamá tengo tantas
ganas de joder con él lucía dice
pero el ángel se pone brusco cuando me escucha
pero el ángel dice córrete sola en tu ciudad y mánchala
pero el ángel me escucha y ronca en demonios mamá
pero el ángel
pero el ángel
pero el ángel

carita de cuna

caridad sólo un poco de
el fin de la noche es la mañana
ritual espejo
ojeras rictus amarga en declive
melena suelta caridad sólo un poco de
caminar dormida dentrifico tricolor en
ducha agria jabón entrepierna espumosa
caridad sólo un poco de
milagro en tina lavando cabellos
multiplicación óvulos multiplicación óvulos oh
entradas y salidas bullentes
agua corre piedras rasgan espalda
sólo un poco de caridad sólo un
ver morir niños en desagüe
alcantarilla infantil dolor un poco de
salida de baño toalla abrigo
mirar relojes en atriles por murallas
gatear de pronto aparecer en cocina
luego el cuchillo en pecho volver
a enterrar volver a enterrar volver una
caridad sólo un poco de











Ya verán cuando esto se me pase, dice la perla mientras se arregla en secreto, en un ritual
repetido, malvado, interno. O en todas esas pajas que se pega a solas, porque lo sabe,
porque ya lo descubrió. Mientras tanto, la suelta se acicala y se acicala. Y no pasa nada.
Por aquí, por esta cama naranja, por esta casa revuelta, no pasa nada. Y para qué debería
pasar, pronuncia o murmura la suelta en medio de su gesto repetido y constante de
mirarse al espejo. Esto es así, recita en un enjambre de palabras mielosas que se le pegan
al cuerpo, esto es así, lo dice cuando camina en pelotas, pensando en la perla y en los ojos
del rey; inevitablemente arranca. Así es esto, así será. Le dice la suelta a la perla mientras
ve cómo la otra se corre.




















¿Dónde estás ahora?
¿Qué pedazo de noche escucha el rumor de tus alas?
El sueño me atrapa a instantes. Sé que mi lugar no existe en esta pieza a la que adoro, si
no que junto a ti
Y me dibujo en honor a tus labios que
¿Por qué ladran los perros? ¿De rabia? ¿De pena? ¿De desesperación?
Me pregunto por la actitud de mi cama solitaria por la tarde
La misma que ahora sostiene mis músculos
¿Dónde estás ahora?
26 de enero 00















todo lo que toco se convierte en barro todo lo que toco
haz de mí las maneras del dolor
mamá te lo muestro es de oro mamá es de oro
lloro y es oro mamá es oro que rebota en el barro
cuando el ángel me chupa los ojos y traga mis lágrimas
para poder comprender me marca
caricias en el pecho y brota
y brota un jardín mamá un jardín de barro un jardín


















Mientras saca cuentas, la suelta se observa una y otra vez. Entra y sale del baño, mira
hacia la calle. Cruza hacia el balcón. Comienza a regar las plantas de la terraza, que ahora
se queman con el frío de los últimos días del otoño. Vendrá el invierno, pronto. Y ellas, las
quemadas, recuerdan ese día de sol en que la suelta le dijo: son como nuestro amor; han
vuelto a nacer. Pero era una pura lata. Y el eunuco lo sabía y calló, con el falo encogido,
como siempre. La suelta reconsideró, por ejemplo, cuando se paseaba en pelotas frente a
la ventana, o con ropa o con ganas. Y era sólo un ejemplo de todas las maneras con las
que inventaba trampas para él. Con el eunuco nada ocurría de todas formas. Nada. O
mejor: nada había ocurrido, porque él era un trasto cerrado y terco, un poco torpe, un
poco lerdo, cogidas lacias sepultas en la memoria, una estela, un estado al que se podía
recurrir.




















mientras duerme la ciudad se estira como ángel que duerme y no sabe que la ciudad lucía
se estira y dice mira las plantaciones eléctricas mira los arreboles que se opacaron al
crepúsculo mira todas las huellas de la acera demonio en el sueño donde todavía yace la
penumbra mira como la sirena ambulatoria le canta la frente mientras duerme sobre la
torre y la ciudad sueña con un ángel marrón que duerme de lado y respira por la boca
todos los demonios de la luz se agachan y se suben a la colchoneta lucía canta y quién lo
cuidará esta noche a mi niño marrón a mi ángel quién lo va a arrancar de la pesadilla por
el pasillo no pasea mira como me diluye y espera y no me deja entrar y me tira a la ciudad
que me doblega y me tira un poco de cemento y eyacula una avenida por donde camino
mira como duele mira mientras sueño que me tiro junto a



















Aún quedan hábitos de antes. Aún quedan malformaciones, espacios sin rumbo en la
quejumbre de la histeria. Aún quedan dando vueltas torsos tétricos, indeseables,
característicos de los días en que en la cama naranja se iba y se iba sin saber hacia dónde.
Aún quedan espacios en su corazón. Aún quedan espacios temidos, costrosos, coléricos.
Aún le quedan risotadas a la perla, aún le pasan por encima esos restregones lejanos, esos
llantos por el ojo denso, sin lágrimas. Aunque ella diga, aunque ella no lo diga, aunque
camine en pelotas por la casa, mirándose en el espejo disléxico, en las maneras que la han
hecho sobreponerse, rígida, regia. Sin embargo, aún se retuerce en el fondo de una
madeja de lana negra, en la que la perla se atrapa y no sabe, no sabe cómo poder salir. Sin
embargo todos la miran y dicen, cómo brilla, cómo encandila esta otra.














(recuérdame como si fuera la última gota que cayó
sobre tu hombro
recuérdame como cuando la sangre y el barro
no me dejaban respirar
recuérdame como esa arista desnuda de la ciénaga
ángel ángel
recuérdame como cuando rezaba para poder acabar
junto a ti
se apagan los rezos
se apagan las luces de la ciudad se apagan
se apagan los violentos
las violentas heces que sacaste de mí
se apagan los llamados el sonido de tus alas se apagan
se apagan ya no sé más de mí
ángel ángel
ya no sé más de mí)















Nada se le compara. Nada. Piensa la perla mientras suspira un tanto melancólica, sin
poder asir todo lo que ve o lo que le suena, cómo huele, hasta dónde llega. Y todo lo que
se le viene es él. Todo eso es él. Sólo él. La manipulación de su elemento la ha vuelto
arisca. Por eso ahora la perla se pasea y es como si dijera, mírenme, mírenme, no tendrán
nada de mí. Nada conseguirán. Nada. Que venga el rey, que murmure ronquidos el
eunuco; no les voy a dar la pasá. No.


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