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La Liturgia Del Tigre Blanco Cap 1

La Liturgia Del Tigre Blanco Cap 1

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por Daniel Salinas Basave
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Índice

Introducción, 11 Primera parte, 15

La siniestra extravagancia, 17 El nieto de un político pobre, 23 La velada con los barbudos, 31 El niño al que amaban las serpientes, 37 La oveja negra del pelo largo, 43 Un ingeniero que vende cetáceos, 53 Cuando Tijuana era una fiesta, 63 Un segundo nacimiento, 71 Libres como el viento, 75 Morir bajo la lluvia de abril, 83 Todos los caminos conducen al Hipódromo Agua Caliente, 95 Semáforo en rojo, 105 Mujeres divinas, 113 A la caza del tigre blanco, 119 El invierno del patriarca, 127 Segunda parte, 133 Cuéntame una de periodistas fronterizos, 137 Un hipódromo sin caballos, 143

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Mirar a los ojos del tigre blanco, 155 Bien y de buenas, 161 Un periodista muere por la espalda, 169 PRI-mero de agosto, 173 Una helada coronación, 179 El martes del mesías rojo, 183 El discípulo del Negro Durazo, 193 El hijo del verdugo, 199 Una sopa de tigre para desayunar, 209 Un vicio sin rehabilitación, 213 Farándula y bacanal, 217 El juguete nuevo, 223 El adiós de la leyenda, 229 A la conquista de Baja California, 233 Un largo invierno, 243 Indeseable y sospechoso, 247 Un hogareño arsenal, 255 Un político preso ¿es un preso político?, 265 Libertad, 273 Un día cualquiera, 281 Apurados destapes y pájaros en el maletero, 289 Epílogo, 293 Índice de nombres, 297

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ué es lo que viene a nuestra mente al escuchar o leer el nombre Jorge Hank Rhon? Sin duda las palabras mafia, gánster, cacique o narcopolítico encerradas dentro de un halo de misterio; la suya es una leyenda siempre escurridiza y cubierta de niebla que nunca puede ser transformada en verdad jurídica. No hay en el México del siglo xxi un personaje sobre el que se hayan creado tantos y tan alucinados mitos y tan pocas verdades “oficiales”. Tijuana es, de por sí, un mito. Aunque sus efemérides son adolescentes y su supuesto nacimiento “oficial” ocurrió hace apenas 123 años, existe una mitología fundacional que coquetea con el surrealismo. Una mitología que la historiografía seria y los investigadores colegiados no han podido extirpar del todo. Que si el reino de las Californias fue el de las amazonas gigantes; que si la Tía Juana fue una meretriz decimonónica que regenteaba un gran burdel; que si en la barra más larga del mundo se embriagó toda la armada estadunidense al retornar triunfal de la primera guerra mundial; que si fue la Gomorra más grande de América con sus shows zoofílicos de burros; que si Al Capone, Rita Hayworth y Clark Gable disfrutaron el glamur del Casino Agua Caliente; que si Charles Bukowski fue un empedernido apostador en el Hipódromo; que si Jim Morrison bailó la danza del Rey Lagarto desnudo y drogado en la calle Coahuila. Basta con contar cuántas versiones diferentes y contrastantes existen sobre el verdadero origen de la ensalada César, el gran icono gastronómico tijuanense. En esta ciudad, la leyenda de Jorge Hank Rohn es una de las favoritas. La diferencia entre Tijuana

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y Jorge Hank es que Tijuana lucha todos los días por borrar su oscuro pasado, mientras que a Jorge Hank no parece incomodarle, o por lo menos nunca lo niega en forma expresa. Las anécdotas que sobre él se cuentan bien pueden emparentarlo con el Chivo de Vargas Llosa, el Patriarca de García Márquez o el Supremo de Roa Bastos. Aunque pensándolo bien, en su existencia no hacen falta artificios literarios. Su vida misma es como una novela y él se siente cómodo dentro de su personaje. Jorge Hank Rohn es un barroco heredero de las tradiciones paternalistas. En él conviven la derrochadora opulencia de Iturbide, la vocación teatral de López de Santa Anna, el simpático cinismo de Gonzalo N. Santos y los afanes mesiánicos que en mayor o menor medida ha padecido todo caudillo latinoamericano. Hank asume su condición de oscura leyenda y se regodea en ella. En febrero de 2005 durante su primera y única visita como alcalde al periódico Frontera de Tijuana, le pregunté si no lo afectaba la mala fama pública que arrastraban algunos integrantes de su recién conformado gabinete municipal. Me respondió con otra pregunta: “¿Puedes decirme si hay alguien en el gabinete que tenga peor reputación que yo?”. Si algo le han enseñado los años, es que la fama pública no basta para pisar la cárcel. ¿Cómo es posible Jorge Hank? Un país corrupto de leyes torcidas y justicia enferma podría ser la respuesta más simple, pero no es tan sencillo. Durante años se habló de falta de voluntad política, de gobiernos cómplices o miedosos que temían enfrentarlo, sin embargo, a Felipe Calderón no le faltó voluntad ni coraje. Vaya, no se puede decir que el poder ejecutivo sea cómplice de Hank, pues en Los Pinos harían lo que fuera por refundirlo en la cárcel y no pueden. Pero ¿qué pasó? ¿Es sólo cuestión de la incapacidad de la pgr de armar bien el caso? Hank no es un prófugo que viva exiliado u oculto. Está libre, está activo y con más posibilidades que nunca de volver a tomar el poder. Podría pensarse que Hank puede burlar a los tribunales pero no al implacable e inequívoco juicio social, pero no es así. La sociedad tijuanense —léase líderes empresariales, eclesiásticos, políticos y medios de comunicación— ha demostrado ser pusilánime y complaciente. Jorge Hank es absuelto por tribunales sociales.

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Éste es un relato que abreva aquí y allá de las más diversas y contrastantes fuentes. Fuentes de aguas turbulentas que caen en furiosa catarata y fuentes de aguas pantanosas que llevan años estancadas. Hay una labor de buceo en las apolilladas profundidades de hemerotecas, traducida en horas de dedos manchados leyendo y releyendo lo que los colegas reporteros escribían sobre Jorge Hank Rhon hace un cuarto de siglo. Fue precisa también una inmersión en los expedientes judiciales que contienen las escasas verdades jurídicas que ha arrojado la vida de este hombre. Por supuesto, paralelas a las horas de formales entrevistas grabadora en mano, hay demasiadas tardes de café, cantina, fila de banco, parada de camión y sabiduría de taxista, pues en Tijuana casi todo mundo tiene algo que decir y opinar sobre Jorge Hank Rhon. Más de una vez me he visto inmerso en debates de calafia (microbús) o taxi colectivo tijuanense en donde el chofer va escuchando una tribuna radial en la que un radioescucha apasionado se comunica a cabina para alabar a Hank o despotricar contra él acusándolo de ser el anticristo. De pronto un pasajero de la calafia —por regla general una señora— se solidariza con el radioescucha tribunero o lo contradice con vehemencia y entonces el chofer u otro pasajero interviene para contradecir a la señora revelando una verdad sobre Hank que sólo él conoce, pues se la ha dicho alguien “muy enterado”, y de pronto, en cuestión de minutos, ya se ha armado un debate colectivo, y, cuando Hank Rhon es el tema a debatir, lo imposible es dar con un comentario que tenga una mínima dosis de moderación u objetividad. En este libro las voces de la calle son tan importantes como los párrafos con sello judicial y las palabras firmadas por editorialistas expertos. Por supuesto, una voz importantísima es la del propio Jorge Hank Rhon, con quien conversé en diversas sesiones durante varias horas con el objetivo de que él me contara su vida. Guié las entrevistas con una estructura cronológica lineal, buscando que Jorge Hank agotara todos sus recuerdos y anécdotas de infancia, para después pasar a la adolescencia y juventud. La voz de Jorge Hank está presente en cada capítulo de este libro. Debo admitir que la fuente principal es la propia experiencia. Este libro es una investigación, sí, pero advierto que tiene más de testimonio; el testimonio de un reportero que ha pateado y repateado las

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calles tijuanenses y que en alguna época fue la incómoda sombra diaria de Jorge Hank. Algunas cosas las sé porque las he leído o me las han platicado o porque el propio Jorge Hank me las ha dicho, pero son más las que sé porque las he visto y palpado. En infinidad de reportajes he leído, como el non plus ultra de la siniestra extravagancia, la historia del tequila afrodisiaco con pedazos de víbora y testículos de león que Jorge Hank bebe antes de la comida, algo que parece obsesionar a los medios de todo el mundo. Pues bien: si yo escribo sobre ese tequila en este relato no es citando a una fuente bibliográfica, sino citando a mi propio paladar, pues Jorge Hank me ha dado a beber de su potaje un par de veces. Lo del testículo de león no me consta, pues acaso no haya sabido distinguirlo en el licor, pero lo de los pedazos de serpiente flotando dentro de la botella como gusanos mezcaleros sí que es realidad y nadie me lo ha platicado. Si digo que Jorge Hank admira a Gustavo Díaz Ordaz y a Arturo el Negro Durazo, es porque él mismo me lo ha dicho. Si hablo de un gigantesco felino híbrido con melena de león y rayas de tigre llamado ligre, es porque he estado parado frente al animal en el zoológico privado de Hank y no por haberlo leído en un tratado medieval de zoología fantástica. Bromas aparte, lo que este libro intenta es aproximarse al perfil de un personaje que encarna los valores y la cultura del patriarca o el caudillo, al mismo tiempo benefactor y siniestro, mesiánico y malicioso. Un personaje profundamente latinoamericano. Creció viendo a los jerarcas del país haciendo fila para besar la mano de su padre y pedirle la imprescindible bendición que les permitiera acceder a cargos públicos o contratos con el poder. Hank Rhon es un personaje de otros tiempos que, sin embargo, se muestra terriblemente vigente. En una época políticamente correcta con liderazgos bajos en calorías y candidatos metrosexuales de manitas cuidadas y rostros depilados, tenemos a un líder barbón, greñudo, que viste pieles rojas de cocodrilo. Un hombre que, en tiempos en que el discurso de la igualdad de género se ha vuelto sacramental, no duda en llamar a la mujer su animal favorito y confía más en la línea vertical de mando y las decisiones personalísimas que en los incómodos cabildos e instituciones que sólo entorpecen lo que se puede lograr con un simple tronar de dedos.

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Ése es Jorge Hank Rhon y ésta es su historia, pero es también la historia de la sociedad que lo ha hecho posible; la historia del ecosistema político que lo ha creado; el retrato de una sociedad que lo teme y lo desea; que lo abomina y lo aclama; la historia de los periodistas que lo queman en hogueras de tinta antes de caer seducidos ante un millonario contrato. El imperio de Jorge Hank se ha multiplicado porque ha encontrado la tierra fértil para florecer. Un personaje así sería impensable en otro tipo de sociedad y, sin embargo, en este “laberinto de la postmodernidad” o escuela de la globalización llamado Tijuana, Jorge Hank se regodea en sus altares de mesías. El redentor yace en la tierra prometida donde los hombres besan la mano de sus demonios. Pues bien; ésta es la historia del demonio… y también la de sus adoradores.

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