A CONTRACORRIENTE / UPSTREAM Sandra Dermark Resumen: Cuando Rina, princesa sirena del Atlántico Norte, recibe el beneplácito de la Reina

del Agua de subir a la superficie por primera vez, ella remonta el Loira. Encuentra a Camus, antes de que éste sea llevado al Santuario: un varoncito perseguido por los nazis... Época: 3er Reich, Francia ocupada Elenco: Rina, Camus, un oficial y soldados alemanes, otros niños, la Reina del Agua, las damas de la corte de Rina, Sartre (candidato fallido a Caballero de Acuario) Continuidad: Crossover PPP/Saint Seiya

1. ¡AL FINAL! 2. EL VALLE DEL LOIRA 3. EL NIÑO DE HIELO 4. COSAS QUE CONTAR

1. ¡AL FINAL! -¿Has visto a Rina? -le preguntó Hilda a Gisela, con impaciencia. -¿Qué quieres que te diga? -le respondió una sirena de cabellos verde pastel y aleta del mismo color, que debería tener noventa años. -Su Alteza siempre ha sido una temeraria rebelde... -Di más bien un garçon manqué. -respondió su congénere más joven, de larga melena chartreuse recogida en un moño. -Ruega a la Reina del Agua para que regrese viva... Hoy es su quincuagésimo cumpleaños, cuando la tradición marca que cada princesa sirena suba a la superficie. Y conociéndola, no me extraña. Es la más atrevida de las siete. -Querrás decir la más valiente. -¡PAAAAZ! -interrumpió una tercera sirena, de melena verde oscuro a lo paje y que llevaba una sencilla tiara de perlas verdes. Era hasta más joven que Hilda. Al verla, le dedicaron sendas reverencias. -¿Y cómo habéis pasado vuestro cumpleaños? -irrumpió Gisela, severa. -¡Os vais sin decirnos ni una palabra! -Karen y Noëlle... Daba muchos problemas ser “hija única” y criada en una corte tan austera y formal. Por eso, Rina frecuentaba a sus dos hermanas menores Karen y Noëlle, gemelas nacidas en pleno invierno y herederas de otros dos reinos. La introvertida Karen y la sensible Noëlle sabían poner contrapunto a la “pequeña rebelde”, y ella les hacía ganar en autoestima. -Ya entiendo. ¿Eres consciente de...? -Sí. -lo dijo fingiendo frialdad. Ella había esperado con impaciencia este día de finales de verano. Sara y Coco ya habían visto la superficie, pero ella iría aún más lejos. Así que no podía esperar aún más. Iría tierra adentro, para ver muchas más cosas y, tal vez, descubrir algo nuevo a lo que poner su nombre. 2. EL VALLE DEL LOIRA Ya habían pasado unas horas desde que Rina subiera a la superficie y empezara a remontar el Loira, consciente de la valía que atribuía a su empresa. El agua dulce, las nuevas especies, todo le parecía digno de mención. En el valle se sucedían verdes colinas tapizadas de viñedos; castillos y palacios renacentistas asomaban en medio de bosques de hojas multicolores que iban del chartreuse al naranja; y oía el canto de las aves de tierra adentro, llegando a memorizar en qué se diferenciaban el del herrerillo y el del carbonero palustre. El sol, como

una bola de fuego blanco en un cielo despejado, la obligaba a sumergirse para refrescar sus ardientes mejillas. Todo era nuevo para ella. En un remanso, halló a un niño humano de unos siete años sentado a la orilla. Se le veía muy cansado y asustado. Era un varoncito frágil y delgado, con el pelo tal vez negro, tal vez azul. Estaba pálido como la cera y miraba hacia el bosque, a veces. Llevaba una camisa y pantalones ajados de color blanco. Él se postró para beber y lavarse la cara, y ella levantó la cabeza para verle más de cerca. Azorada, Rina pudo ver cómo su nuevo conocido huía ligeramente de ella y unos hombres adultos -bueno, casi niños- surgían de entre el sotobosque. Eran rubios y altos, y hablaban un idioma para ella desconocido, amén de vestir uniformes negros. -Der Knabe muss hier sein, Herr Untersturmführer...-oyó decir a uno de ellos en la distancia. No sabía si eran de fiar, ni le asustó el que llevaran armas de fuego. 3. EL NIÑO DE HIELO -Welche Glück! Nicht nur der Knabe, sowie auch ein Mädchen, die auch zu Résistance gehören kann! Quien dijo éstas palabras era uno de los de uniforme. El que llevaba visera en lugar de casco. Llevaba también una perra loba, rojiza y negra, en correa, a la que acariciaba y decía: “Ruhig, Kriemhild”. El varoncito se retrajo. Los de uniforme dirigieron sus armas hacia su desvalido pecho. Rina volvió a meter la cabeza bajo el agua. Él se hizo un ovillo al momento en que ésto sucedió, sufriendo una violenta convulsión. Encima de su cabeza, la tercera princesa sirena notó formarse una capa de hielo, algo inusual en aquella época del año. Luego, pudo sentir los pasos del perseguido y ver sus piececitos descalzos deslizarse por el hielo sobre ella. En la superficie, los soldados habían soltado sus fusiles, víctimas de un intenso dolor. Y el teniente estaba herido en las manos por un frío cortante, dejando que su sangre manchara la hierba -escarchada- de aquel tramo de ribera. La capa de hielo cedió al pasar uno de los perseguidores. Rina se vio obligada a volver a subir. En una orilla, estaba el niño moreno, que se adentró en el bosque sin volver la vista atrás. En la otra, estaban los demás de uniforme: pero uno menos. El oficial tiró de la correa de su perra al ponerse ésta a ladrar: “Ruhig, Kriemhild”. De nuevo bajo el agua, la sirena de cola verde emprendió el regreso a su hogar. Había buscado emociones fuertes... pero no tantas ni tan intensas. 4. COSAS QUE CONTAR -Y entonces, vi a un humano de mi edad. Se le veía triste y frágil de salud -Rina les explicaba a Karen y Noëlle. Las dos gemelas escuchaban con impaciencia el relato de su hermana y mejor amiga hasta que concluyó: -Nunca olvidaré los hermosos bosques, con toda su diversa flora y fauna; ni las risueñas colinas; ni las fortalezas; ni los castillos; ni los humanos, que nadan sin tener cola... Dentro de unos años, sería su turno. Verían la superficie bajo otra luz, por la estación del año; y no entrarían, por simple prudencia, tan tierra adentro. Noëlle se puso a soñar despierta con lo que le contaba Rina, como si estuviera en su lugar, mientras Karen, más realista, no estaba para visualizaciones. Había sido una velada muy especial, ya que fue la tercera princesa quien invitó a la cuarta y la quinta a dormir con ella. La mañana siguiente, Rina aún guardaba el recuerdo. Lo escribiría todo. Eso sí. El varoncito moreno, perseguido por los militares extranjeros, llegó a una granja en ruinas

donde se escondían varios miembros de la Resistencia. Ya estaba a salvo, aunque perplejo: ¿cómo se las habría hecho para detener a los nazis? ¿Había producido su cuerpo frío, en lugar de calor? ¿Qué le sucedía? Entre los partisanos, había un forastero pelirrojo y de mirada grave, que vestía una gabardina verde. Se dirigió al mozalbete con éstas palabras: -¿Eres Camus? -Sí... -obtuvo una tímida contestación. -Represento a la Fundación Kido. Tienes que venir conmigo al Santuario. Te espera tu destino. Le cogió de la mano y salieron juntos, camino de Marsella, para alcanzar desde allí el Santuario. Camus estaba, a la vez, nervioso y preocupado. ¿Y si el supuesto benefactor fuera en realidad un traidor que quisiera entregarle a los nazis? Sartre le atusó los cabellos, largos y azulados. Se había mostrado indigno de la Armadura de Acuario, pero el Patriarca le había dado las instrucciones para encontrar al elegido. Y ello significaba regresar a su patria, aunque ésta estuviera en guerra y ocupada por el enemigo. Les salió al paso un destacamento militar. El pelirrojo cargó al varoncito sobre sus espaldas y comenzó a brillar, para luego dejar tras de sí a los nazis yaciendo sobre la carretera, privados de vida. -¿Qué ha hecho? ¿Lo mismo que yo? -Déjame ahora explicarlo, hijo. He aumentado mi cosmos... A Sartre le quedaban muchas lecciones por explicar, pero había conseguido que el futuro Caballero de Acuario aprendiera a confiar en él. Aquella noche, durmieron en una estrecha lancha que había zarpado, al ocaso, desde Marsella. Camus soñaba con nazis, con hielo, con sus compañeros de la Resistencia y con una niña sirena de cabellos verdes y cortos, acunado por la respiración de Sartre.

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