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“Por mucho que diga la Real Academia de la Lengua que a los 70 años uno es viejo, yo me niego”

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cara a cara

Arturo Fernández
Por mucho que diga la Real Academia de la Lengua que a los 70 años uno es viejo, yo me niego

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TEXTO: MIGUEL NUÑEZ FOTOS: LEONARDO CASTRO

sus 83 años Arturo Fernández sigue siendo un joven de espíritu relajado y feliz. Pertenece a una generación de actores que han percibido la vida desde la responsabilidad nacida y educada en la familia. La apariencia con la que nos recibe es ejemplar. Las secuelas de una operación de hernia discal le han dejado “más vulnerable fuera del escenario”, pero sobre él, recupera el glamour, la presencia y ese atractivo físico al que sólo hay que espolvorear unas gotas de Chanel nº 5 para disfrutar de la alta comedia.

en los grandes amores y pasiones, eso puede ocurrir una vez en la vida.
¿Qué importancia ocupa la sinceridad en tu relación de pareja, en el trabajo, en la amistad?

al trabajo, y eso se nota en la gente de mi generación, de la que creo no existe otra igual. Eso es sinceridad.
En tu caso el contraste ha sido evidente, pasar de palpar la pobreza a disfrutar del lujo, ¿para qué sirve cada una?

Cuando te llegan los años eres más consciente de las cosas porque eres tolerante y dejas pasar situaciones que cuando eras joven no lo hacías. Creo que la pareja es un problema de educación de los dos. No creo

El público que viene a verte me dice que nadie mejor que tú para saber cómo están las relaciones de parejas…

Siempre he sido muy auténtico. En mi vida hay amor a mi mujer, a mis hijos, a mis perros, a todo lo que me rodea y me proporciona felicidad. Me considero un hombre feliz, no existe amargura en mi vida, y eso que he vivido varias posguerras. Somos de una generación perdida que disfrutamos como nadie con veinte años y que levantamos este país. Hemos heredado de nuestros padres el cariño, el amor, la responsabilidad

No lo olvides nunca, siempre se estará mejor en el lujo. Si está a tu alcance, cógelo, pero procura que no se te escape nunca. La pobreza sólo sirve para huir de ella.
¿Y ahora cómo se encuentra Arturo Fernández en esta sociedad, en este país?

Cuando me hablan de esta crisis me río. Nunca hubo más coches,

“Estoy operado de una hernia discal, me he caído, he perdido masa muscular, pero cuando estoy en el escenario todo se me pasa, me siento seguro allí arriba”.

los fines de semana todo el mundo se marcha, cuando hay puentes se desplazan siete millones de vehículos, ¿dónde está la crisis? Todo el mundo, de una manera o de otra vive bien. Comparado con lo que hemos pasado nosotros me entra mucha risa.
Sesenta años sobre el escenario, ochenta y tres de vida, ¿Qué cansa más?

La vida pasa y ni te enteras. Me he dedicado sólo a mi profesión, no he vivido para otra cosa que el teatro y en menor medida el cine y la televisión. Llevo con mi propia compañía 51 años, sin haber pedido jamás una subvención a un Gobierno, un caso único en España. Soy productor, director y protagonista de mi última obra de teatro “Los hombres no mienten”, no sé hacer otra cosa que no sea subirme a un escenario, sería la persona más desgraciada de no hacerlo. Nunca sabe uno cuándo terminará esto, pero en mi caso, seguro que es con un proyecto en marcha porque no me siento viejo, lo es el que quiere serlo. Creo que soy un primer actor con un físico agradable que sabe reproducir y expresar el texto que ha escrito otro. Yo siempre digo que hay que creerse lo que estás haciendo. Si el personaje es muy atractivo, tú te lo crees aunque no lo seas.
¿Crees entonces que se envejece mejor en el teatro que en el cine o la televisión? ¿Quién es ahora Arturo Fernández?

Por supuesto, el teatro es una magia. No verás nunca a un actor de teatro viejo. Estoy operado de una hernia discal, me he caído, he perdido masa muscular, pero cuando estoy en el escenario todo se me pasa, me siento seguro allí arriba. Cuando salgo del teatro soy una persona normal y corriente, no entiendo que la gente me salude y me pida autógrafos, pero lo agradezco.
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cara a cara
Esa imagen tuya que tan bien has sabido cuidar de galán, educado y culto, ¿ha tenido que convivir con muchos sacrificios durante toda tu vida?

He tenido que cuidar esa imagen porque pertenezco al público y por ello me niego a ir mal vestido por la calle porque un actor es glamour. Hoy no es así. Cuando veo a una persona mal vestida por la espalda, sé que es actor y no me equivoco, es algo espantoso. Hay un problema de dignidad, el público quiere verte bien en el escenario y en la calle. He conocido actores que no tenían ni para café, pero que iban con dignidad y bien vestidos, eso es parte de nuestra vida.
¿Te cuidas más por la edad o por las exigencias del guión a representar?

Tu vida es algo muy importante, por eso hay que cuidarse. Nada me causa más felicidad que estar arriba de este escenario y para ello hay que hacer sacrificios. Para cenar tomo una manzana para dormir bien, te limpia el estómago y hace que no pases hambre. No es un régimen, es acostumbrarse.

“No sé hacer otra cosa que no sea subirme a un escenario, sería la persona más desgraciada de no hacerlo. No me siento viejo, lo es el que quiere serlo”.
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No hay nada más triste que seguir un régimen, eso es terrible para la persona porque acaba un poco con su felicidad. Si duermo siete horas no me encuentro bien y mi organismo se resiente. Lo que echo de menos es andar y llevo cinco años sin poder hacerlo como me gustaría. Eso sí, sigo en los 76 kilos y mido 1,82. Toda esta forma de vida y bienestar ayuda a pensar que conmigo el público jamás sale defraudado.
Instantes previos a la entrevista has vuelto al camerino para arreglarte, para observarte en el espejo. ¿Qué aprecias más allá de una imagen admirable?

¿Alguna vez has tenido que estar a régimen o cambiar tu fisionomía según el guión?

“Me niego a ir mal vestido por la calle porque un actor es glamour. El público quiere verte bien en el escenario y en la calle. He conocido actores que no tenían ni para café, pero que iban con dignidad y bien vestidos, eso es parte de nuestra vida”.
Eres de la generación de otro gran actor como Tony Leblanc, del que recuerdo esta frase con 90 años,“Como he dicho tantas tonterías, diré otra, daría mi vida por seguir viviendo” … Hablando de memoria, después de sesenta años sobre el escenario, ¿alguna vez te has tenido que bajar de él por un problema de salud?

No quiero pensar el día que deje de besar a mis hijos, de acariciar a mi mujer, de sonreír a mis perros… Podría pensar que hay gente más mayor por esta vida, pero somos egoístas y sólo puedo pensar en mí. Por eso me niego a envejecer y perder esa galanura con la que vivo y trabajo con el público. Por mucho que diga la Real Academia de la Lengua que a los 70 años uno es viejo, yo me niego.
Estamos celebrando el año europeo del Envejecimiento Saludable. ¿Cómo hay que envejecer en esta sociedad?

Cuando me operaron de la hernia discal, me recomendaron estar un mes y medio de recuperación. A las dos semanas estaba encima de un escenario, sabiendo las consecuencias físicas que debía de soportar, pero no puedo tolerar un teatro cerrado ante un éxito. Debo de ser distinto, pero ahora cualquier actor te cierra el teatro y le importa un rábano las responsabilidades, todo ocurre por no haber empezado por abajo. Hay mucha gente que no siente esta profesión.
¿Te queda alguna confesión que aún no hayas desvelado de ese eterno galán que adoras?

El envejecimiento saludable es encontrarte a gusto contigo mismo y sobre todo con tu conciencia. Es muy importante saber que estás en la vida y que has proporcionado felicidad a tu familia. En mi caso, creo que no he hecho ningún mal a nadie. Últimamente me veo más deteriorado. La operación de hernia discal no ha sido fácil y más con 83 años. Es inevitable mirarme al espejo y preguntarme, ¿por qué ha pasado tan rápido el tiempo?, ¿por qué no puedo volver a los cuarenta años?
Hablabas antes de los beneficios de la manzana, pero, ¿qué come o desarrolla Arturo Fernández para tener tan buena memoria?

Mi comida preferida es la manzana (se ríe), pero te confesaré algo: no sé jugar a las cartas, ni al golf, ni a nada, incluso, habiendo trabajado en unos talleres electrotécnicos, a día de hoy no sé poner una bombilla. Mi capricho y hobby es subirme al escenario.
Se va a levantar el telón una tarde más, y como has dicho muchas veces, “vamos a disfrutar de la alta comedia con un olor a Chanel nº 5” …

No me gusta decirlo, pero tengo una memoria innata aunque haya leído poco. Eso sí, tengo una cultura magnífica.

Sí, pero falta el champán y el caviar. El lujo es parte importante. Yo siempre he sido multimillonario… ¡de felicidad! porque los personajes me lo han permitido, chatín. 

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