GUBERNAMENTALIDAD Y CIUDADANÍA EN LA SOCIEDAD NEOLIBERAL1 Rodrigo Castro Orellana (Univ.

Valparaíso, Chile) Los procesos de modernización de la sociedad occidental en las últimas tres décadas se han caracterizado por su velocidad trepidante y por la irrupción de nuevos escenarios de conflicto y contradicción. Por una parte, el capitalismo ha alcanzado un estadio de desarrollo global que ha supuesto la desterritorialización del mercado y las lógicas de consumo que lo acompañan. Este proceso, altamente exitoso desde la perspectiva del incremento de la riqueza de los grupos económicos ha sido ligado a la consolidación planetaria de un modelo democrático de contenido neoliberal, cuyo eje lo constituye el individuo y el aparente universo de libertades en que éste habitaría (Friedman, 1966; Von Hayek, 1978). Sin embargo, por otro lado, puede observarse la existencia de una serie de fenómenos que evidencian una crisis asociada al modelo de modernización en que nos desenvolvemos. La falta de equidad del sistema, por ejemplo, representa un problema creciente y dramático en algunas zonas del mundo cuya realidad no puede ser separada de un dinamismo económico que precisamente parece reforzar nichos de pobreza y marginación. Asimismo, el discurso de las libertades propio de las democracias occidentales queda cuestionado en su valor político si consideramos lo que Habermas ha denominado privatismo cívico, es decir, el proceso cultural por el cual los individuos se orientan cada vez más hacia el consumo, el ocio, el placer o el estatus privado (Habermas, 1989a). Este último fenómeno daría cuenta no sólo de una legitimidad débil del modelo por su cuestionamiento permanente desde los intereses privados y particulares, sino que además pone sobre el tapete una cierta descomposición del espacio público y una jibarización de la ciudadanía –entendida como el desenvolvimiento de una razón universal- en beneficio de un individualismo radicalizado. Así pues, la ciudadanía se nos presenta como un concepto poderosamente interpelado desde las propias lógicas del neoliberalismo que tienden a la promoción de

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Este trabajo es producto del proyecto de investigación postdoctoral Nº 3070060 financiado por FONDECYT y la Universidad de Valparaíso (Chile).

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los pensadores frankfurtianos y otros como Arendt o Levinas. considero que una ciudadanía deseable y posible solamente puede vislumbrarse una vez que nos aproximemos a una lectura crítica de la globalización neoliberal. En este último sentido. En este último caso. cabría agregar que esta negación empírica y contemporánea de la ciudadanía. La consecuencia de estos enfoques para una revisión de la idea de ciudadanía resulta evidente. una merma de los vínculos de solidaridad. así como del grado de conexión que existiría entre los modos de ser sujeto y los mecanismos de poder que articula el capitalismo tardío. es decir. Debord se refería a este mismo proceso como la «supresión de la calle». Se trata de un cuestionamiento que responde al proceso material de expansión de las actividades económicas como objeto central de la actividad política. ¿Cómo pensar la ciudadanía democrática cuando la ilusión del sujeto constituyente se ha borrado de un plumazo? ¿Es posible articular un concepto de ciudadanía en una época post-humanista y post-metafísica? La neutralización empírica y epistemológica de la idea de ciudadanía obliga a repensar este concepto a la luz de los dilemas que involucra el nuevo escenario de la sociedad globalizada y en función de una comprensión del sujeto que no suponga un retroceso a formas teóricas arcaicas no exentas de numerosos peligros. Dicho trabajo tendría que alcanzar como resultado una dilucidación del régimen de subjetividad vigente en nuestra actualidad. como la pérdida del espacio político sustantivo en donde el hombre vivencia su libertad como actor de un proyecto colectivo (Debord. Por otro lado. resultan paradójicos todos los discursos de los gobiernos que circulan hoy en día defendiendo una política de la ciudadanía o proponiendo una educación para la ciudadanía. En efecto. 2 . por ende.subjetividades atomizadas y autorreferenciales en la red normalizada del consumo2. Esta dinámica determinaría el debilitamiento de la capacidad de construcción intersubjetiva de la realidad y.en el orden epistemológico. cabría señalar que el actual debate sobre educación para la ciudadanía en España oculta (tal vez de forma intencionada) el problema de fondo que aquí subyace. nos han hecho observar el contenido totalitario que parece anidar en la matriz filosófica de la modernidad y que evidencia un lazo subterráneo entre el humanismo racionalista y la espiral genocida del siglo XX. tiene su equivalente –aunque de una naturaleza muy distinta. Más allá de la cuestión del laicismo subsiste el desafío de una educación crítica y transformadora del orden social. a partir de una crítica radical de los valores del humanismo ilustrado. 2 En tal sentido. 1999: 146). la tradición filosófica reciente ha problematizado insistentemente la idea de ciudadanía. En este contexto.

toda vez que observamos en la discusión teórica imperante una serie de insuficiencias respecto a la descripción y explicación de la complejidad que caracteriza a las sociedades neoliberales. 3 . tal inquietud nos parece especialmente relevante y urgente. por su parte. la pregunta por la naturaleza del diagrama de relaciones de poder y por las formas emergentes de construcción de la individualidad en nuestro presente. la teoría social sobre la modernización y las lecturas filosóficas de la modernidad (Vázquez.evidencian limitaciones muy significativas: el análisis cultural del capitalismo. estos autores. evidencia tres dificultades significativas. desde nuestro punto de vista. el énfasis otorgado a la dinámica del individualismo cultural no se completa con una reflexión sobre la forma de inserción de estos procesos en los dispositivos de poder imperantes. Tal es el caso de Sennett. De este modo. 2002). 1999). quien sostiene que asistimos en nuestra cultura a un desarrollo patológico del narcisismo que involucra la imposibilidad de entender el mundo social como una esfera de relaciones impersonales. Además. lo que no se condice con el devenir contradictorio y heterogéneo que ha alcanzado el régimen de subjetividad neoliberal. atribuye este vacío existencial a un proceso cultural de raíz filosófica que implica la plena realización de la postmodernidad y del dictum nietzscheano de la muerte de Dios (Lipovetsky. 1986). Lasch destaca la experiencia del vacío que se relaciona con esta búsqueda compulsiva del bienestar personal (Lasch.Lecturas del capitalismo avanzado Así pues. el cual se centra en el fenómeno del individualismo narcisista. En segundo término. y esto es aplicable de manera particular al análisis de Sennett. cuestión que se traduce en una comprensión del fenómeno narcisista como pérdida de un espacio político en-sí. Finalmente. Desde el mismo punto de vista. El primer nivel se refiere a una serie de autores que han realizado un estudio semiológico del capitalismo avanzado. Tal fórmula. A continuación nos referiremos a tres niveles de interpretación que –si bien aportan sugerentes observaciones. Lipovetsky. constituye una condición previa para alcanzar una reflexión que problematice el concepto de ciudadanía. ajenas al ámbito sentimental del yo (Sennett. la comprensión de la cultura como una totalidad de expresiones coherentes. pretenden efectuar una interpretación de la cultura contemporánea a partir de un conjunto de signos que remiten a una misma matriz de sentido: el individualismo nihilista. En primer lugar. 1980). se observa una evidente nostalgia por los lazos cívicos y comunitarios.

se articularía un intenso proceso de individualización en el cual se nos impone la libertad y se nos insta permanentemente a optar. Los peligros e inseguridades no sólo tienen un carácter global o ambiental. sólida. El sociólogo británico ha destacado el papel de las fuerzas dinamizadoras características de las dimensiones institucionales de la modernidad como formadoras de un tipo de subjetividad autopoiética. Por ende. más libre y capaz de autodeterminarse (Giddens. Esto condicionaría de un modo ambivalente la experiencia de los individuos. es decir. Sin embargo. autores como Giddens. En este proceso de licuefacción de la realidad. el vínculo que identifican aún parece demasiado abstracto y se apoya en una comprensión de la subjetividad como constante histórica que adopta formas variables.Por otro lado. sino una nueva lógica política postradicional en que prima la proliferación de estilos de vida y la esfera privada. efectuando una radical historización del yo. Se trata de una visión bastante optimista de la génesis de la sociedad neoliberal. a un desplazamiento de la sociedad industrial de clases a la sociedad del riesgo. atrapados en la encrucijada entre lo satisfactorio de las posibilidades (el placer del consumo) y la inquietud por la indeterminación del mundo (la angustia de la libertad). 1998. 4 . sino que también afectan al orden biográfico y cultural. Tal exigencia evidencia. que el primado del interés individual es más una autodeterminación obligada que una huída de lo social. 1993. 1994). por tanto. lo cual supone situarse en un sistema donde la incertidumbre y la inestabilidad son inherentes (Beck. condensada y sistémica –que es enemiga acérrima de la contingencia y la variedad. por su parte. Bauman. Beck o Bauman han articulado una teoría social sobre el proceso de modernización de indudable impacto en los últimos años. En este contexto. que en ciertos aspectos rivaliza con la visión más sombría de Ulrich Beck. Giddens. Beck y Bauman desmienten el repliegue narcisista del individuo estableciendo la dependencia de la subjetividad respecto a una red de vínculos institucionales y a una nueva forma de construir espacios de sociabilidad y acción política. el mundo se convierte en una colección infinita de posibilidades efímeras. 2003). en la actualidad. Según este último. considera que se ha producido un desplazamiento desde una modernidad pesada. En suma.a una modernidad fluida donde el capital ya no se encuentra fijado a un lugar sino que se desplaza y se deslocaliza. aquí permanece pendiente una reflexión que logre delimitar con claridad la funcionalidad política del régimen de subjetividad descrito sin recurrir a una antropología fundamental. Esta modulación del yo no implica una despolitización. asistiríamos.

Existe una primacía de los afectos personales frente al cálculo personal o del bienestar privado ante la moral del logro y del rendimiento. se rechaza la homologación de las diferencias a la que se intenta conducir al mundo contemporáneo (Lyotard.En otro orden de consideraciones. Hoy en día la subjetividad no es objeto de nivelación sino que se la entiende flexible y plural. Desde este prisma. Además. 1984. en el primer caso. de cualquier recurso al individualismo que desconozca el imperio de la ley racional. Según Ferry y Renaut. esta perspectiva filosófica clausura su mirada en el antagonismo entre una individualidad auténtica (perdida) y una individualidad alienada (propia de la actualidad). las estructuras y las lógicas del poder contemporáneo son inmunes a la política postmoderna de la diferencia. de la crítica al individualismo de masas como efecto natural del individualismo originario del derecho de propiedad privada y de libre iniciativa. Como afirman Hardt y Negri. Este enfoque –según nuestro criterio. 2002: 139). La segunda lectura filosófica de la modernidad que cabe destacar supone una interpelación radical de la anterior. 1998) y la restricción de las posibilidades de vida por la lógica de una razón tecno-instrumental (Adorno. toda vez que ellas cooperan en la afirmación de las hibridaciones y la superación de las reducciones binarias (Hardt.también resulta insuficiente puesto que corresponde a la dinámica excluyente y normalizadora del capitalismo de mediados del siglo XX y no al régimen actual del capitalismo avanzado que consiste precisamente en una promoción de las diferencias y las singularidades (Bauman. Respecto a este último punto de vista. esta 5 . Heidegger y sus herederos habrían erosionado la tradición contribuyendo al cultivo de una individualidad irresponsable y al desgaste de toda forma de universalismo (Ferry. la reducción técnica del ser humano (Heidegger. a su vez. bajo una crítica al pensamiento antihumanista por su negación de elementos valiosos e irrenunciables de la filosofía del sujeto. Negri. 1984). Horkheimer. Por otra parte. desde el punto de vista filosófico pueden identificarse dos lecturas contrapuestas del devenir de la modernidad y del modelo de subjetividad a ella asociado. Renaut. Entre el homo economicus y nuestro actual homo psychologicus operan ineludibles continuidades. Se trata. 1985). 2001). puede señalarse que incurre en un olvido de los múltiples vasos comunicantes que existen entre la subjetividad contemporánea y el sujeto autónomo y universal de la tradición humanista. 2002). Este análisis enlaza con los argumentos de Apel (1985) y Habermas (1989b) respecto a la necesidad de recuperar la tradición del humanismo ilustrado tomando distancia de la metafísica y.

Lanceros. En este contexto. los cálculos y las tácticas. De hecho. llega a afirmar que «el modo de relación propio del poder es el gobierno» (Foucault. 1995.: Álvarez Yagüez. al modelo del gobierno como dinámica organicista que apunta a la acción de los individuos. Ortega. desde el modelo bélico del poder como mecanismo disciplinario de intervención de los cuerpos individuales. Sauquillo. 1999. Schmid. Gubernamentalidad y biopolítica Ciertamente. Deleuze. Todo esto bajo la hipótesis de que las dificultades mencionadas anteriormente en los diversos enfoques teóricos sobre la modernización pueden ser resueltas recurriendo a la analítica foucaultiana del poder desarrollada en la década de los setenta. Según el autor francés. la aparición del problema de la población en el Siglo XVIII resulta decisiva para el desarrollo de una tecnología de gobierno que se articula fuera de los márgenes del principio de soberanía. proponemos un nuevo enfoque de las dinámicas constitutivas de la modernidad y de las formas de individualización a ellas asociadas. Esta transición. En efecto. 1989. Rajchman. Postulamos que el trabajo de Foucault sobre esta materia proporcionaría las herramientas necesarias para dar cuenta de la complejidad de las relaciones de poder y subjetivación que se despliegan en las sociedades neoliberales. 1983.. 1987. los controles reguladores diseminados que permiten ejercer una forma de poder cuya meta principal es la población y la apropiación política de la vida (Foucault. escasamente estudiada por los comentaristas de la obra (Cfr. conduce al filósofo de Poitiers. 1988: 234). En tal sentido. Gabilondo. 1996. Morey. los procedimientos. Es decir. 1999a: 195). Precisamente en dicha perspectiva. 1987. 2002). emerge la noción de gubernamentalidad (governamentalità) como el conjunto constituido por las instituciones. se produce un deslizamiento en los objetivos del «buen gobierno» desde el fortalecimiento de la potencia del soberano (o 6 . esta hipótesis implica observar el desplazamiento que se produce en la analítica del poder entre 1976 y 1979. análisis y reflexiones. el concepto de gobierno sería aquél que permite comprender más adecuadamente el funcionamiento de la práctica política propia de la modernidad. cabría apostar por una comprensión de la subjetividad en la modernidad tardía que no suponga una resurrección más o menos maquillada del sujeto constituyente o su reemplazo por la vorágine de las máscaras. 1990.perspectiva nos hace retornar a la defensa de un antropologismo fundamental que redunda en una deshistorización del yo.

2006). la gubernamentalidad arrastra los efectos de la biopolítica hasta la escena contemporánea. entonces. 2003). además. el suscitar o el facilitar (Foucault. De hecho. regulada y puesta en entredicho por los dispositivos de poder (Foucault.a una lógica de poder que se caracteriza por el dejar hacer. De esta manera. etcétera. con efectos económicos específicos. Este descubrimiento de la población como un campo de regularidades propias. La libertad. la gubernamentalidad corresponde a una línea de fuerza en la historia de Occidente que se caracteriza por el desarrollo de una serie de aparatos de poder-saber cuya finalidad reside en mejorar el destino de las poblaciones. a la medicalización de la sociedad en el siglo XIX. su salud. Cabe agregar. Terrel. la cual aún no ha sido disociada en el presente. de acuerdo a una sólida conexión que se establece entre gobierno-población y economía. a la problematización de la población en el siglo XVIII. expresando de manera creciente las consecuencias de un poder que ya no encuentra en el territorio y la soberanía su interés. En esta genealogía resulta decisiva la transformación que se produce en la razón gubernamental alrededor del siglo XVIII y que supone un paso desde formas de intervención estrictamente reglamentarias –centradas en la razón de estado y la policía. el filósofo francés establece. la duración de su vida. a las «artes del buen gobierno» en los discursos de los siglos XVI y XVII. 1999a: 192). En dichos escritos. sus flujos y su actividad en general (Foucault. entonces. Así pues. al desarrollo del mercantilismo durante el siglo XVII. que la biopolítica ha sido decisiva para la génesis del capitalismo. se va a convertir en un elemento indispensable de este nuevo arte de gobernar. sino que se desterritorializa para hacer de las subjetividades su soporte principal. lo cual representa el primer 7 . una naturaleza eminentemente biopolítica.del Estado) al aseguramiento y la administración de los fenómenos propios de la masa. emerge un nuevo modelo de intervención que apuesta por la gestión de procesos y por procurar que las regulaciones necesarias y naturales actúen en el orden de los fenómenos humanos. en primer lugar. 1998). explicaría el nacimiento de una tecnología política cuyo fin último lo constituye la gestión del cuerpo-especie. Dicha tecnología de gobierno evidencia. una genealogía de la gubernamentalidad que nos conduce al modelo del gobierno de las almas y los cuerpos en la pastoral cristiana. lo cual se traduce en que la vida del hombre como ser viviente se halla intervenida. Foucault analiza esta temática de las tecnologías de gobierno principalmente en los cursos que dictó en el Collegè de France entre 1977 y 1979 (Le Blanc.

Estamos 8 . se fundamenta en la superación de la dicotomía poder-libertad. al final de cuentas. En primer lugar. sino ante un nuevo tipo de gubernamentalidad. la modernidad supone el descubrimiento de un nuevo desafío para los sistemas de poder: la producción y la administración de la vida de los individuos. En este contexto. Los imperativos culturales. como una tecnología que busca reformar y racionalizar la gubernamentalidad del Estado. de una situación paradójica en la cual el neoliberalismo aboga por un gobierno frugal y minimizado en su rol interventor. sino el saber cómo decir sí al deseo y la administración de los movimientos circulatorios de la población. y sólo como una aproximación preliminar. Una nueva lógica de poder cuyo problema principal no es la restricción del deseo y el disciplinamiento exhaustivo de los cuerpos. Así pues. ante una superación de la lógica gubernamental de la sociedad disciplinaria o de la razón de Estado. No estamos. pueden mencionarse cuatro contribuciones de esta analítica del poder que involucran diversas líneas de investigación. por tanto. Libertad. son claros. asignando al mercado la función de testear y medir los excesos y los límites del «buen gobierno». En concreto. puede vislumbrarse la nueva lógica política en que se ancla el dispositivo liberal como sistema de gobierno que precisamente se apoya en la libertad. la noción de gubernamentalidad ofrece un nuevo panorama respecto a las tecnologías de poder en la sociedad global y sus formas de individualización. La noción de gubernamentalidad. Se trata. el liberalismo debería ser pensado. En suma. La gubernamentalidad liberal demuestra que –para alcanzar los objetivos biopolíticos. No obstante. vida y resistencia Puede concluirse que la temática del gobierno en Foucault permite observar fenómenos que operan en las sociedades neoliberales que otros enfoques teóricos parecen no poder identificar con absoluta precisión. el problema del concepto mismo de libertad. extendiendo al mismo tiempo la racionalidad administrativa del mercado a cualquier dominio de la vida humana. como ya puede haberse visto. De esta forma.antecedente de la dinámica característica de una gubernamentalidad liberal. para lograr dicho propósito no es siempre necesaria una intervención directa y brutal de la vida material.basta con una tecnología reguladora que se pliegue a los ritmos de la vida con tanta fineza que el estado de dominación parezca identificarse con ella misma. en este sentido.

¿qué sentido tiene una noción de ciudadanía en un sistema social que nos fuerza a ser «empresarios de nosotros mismos»? ¿Qué significa ser libre y ciudadano. En el paroxismo de un mercado ilimitado de posibilidades. Esto último supone que el poder no sólo opera en un 9 . La promoción neoliberal de las libertades privadas y la diferenciación se manifiesta de forma creciente como una libertad para siempre lo mismo (Adorno.conminados a hacernos cargo de nosotros mismos. Esto significa que hay vidas que circulan financieramente y otras que no. Tercer elemento: la existencia de una clara imbricación entre las tecnologías de gobierno y las tecnologías del yo. Se trata de sistemas que encuentran en la vida una fuente de consumo y riqueza. Esta nueva biopolítica emerge con absoluta claridad en dos dimensiones fundamentales del capitalismo contemporáneo: la industria de los seguros y la industria de la salud. Cabría entonces preguntar: ¿qué sentido adquiere la demanda de emancipación propia del pensamiento crítico en un orden que exige a los gobernados ser libres? Desde tal perspectiva. a saber vendernos o insertarnos en el mercado laboral. De este modo. Y si la emancipación se halla puesta entre paréntesis. 1994: 212). Tal proceso no implica únicamente una apropiación de los cuerpos en el mercado global. sería la propia ambigüedad de la libertad lo que subyace en la doble experiencia del sujeto contemporáneo: una libertad que es goce (la oferta del consumo) y una libertad que es angustia (la oferta terapéutica). sino además su exclusión o desecho. dentro del marco de un nuevo tipo de biopolítica que determina la monetarización de la existencia. los individuos eligen rutinas cada vez más previsibles. finalmente. Horkheimer. en que las opciones seleccionadas dentro del menú conducen a una repetición obsesiva de las formas de vida. en la misma medida en que administran una política del dejar morir. podría afirmarse que la mutua dependencia del poder y la libertad explicarían la coexistencia aparentemente contradictoria del malestar cultural con la servidumbre voluntaria y la falta de potencial transgresor de las masas. en un contexto cultural que fomenta un estilo de vida gregario (bajo el imperativo del hombre-masa) del mismo modo que promueve la autogestión existencial? Se trata nuevamente de una paradoja singular. Dicho de otro modo. el neoliberalismo evidencia en último término que la aparente desterritorialización de los mercados se sustenta en un recurso estrictamente territorial: los procesos de subjetivación de los individuos. Segundo aporte: la relación entre gubernamentalidad y liberalismo pone en evidencia la función decisiva de la gestión biopolítica de la población para los intereses del mercado. a gestionar nuestras posibilidades y.

aportarían ciertas ventajas o rendimientos propicios que refuerzan el modelo de sociedad neoliberal. En ello. Cuarto aspecto: el problema de la resistencia. caída del telón. cuando nos preguntamos por las formas de resistencia que subyacen en el escenario de relaciones de poder desplegadas por el sistema neoliberal resulta evidente que existe una enorme dificultad para poder observarlas y registrarlas. clausura del drama milenario del hombre. donde los sujetos tienden a experimentar los conflictos estructurales de la sociedad como asuntos que corresponde resolver en el ámbito de lo personal. Se trata de una lógica de cierre que involucra un aspecto inédito de esta forma de gubernamentalidad con respecto a otros episodios históricos. pueden ser situados como piezas decisivas de un dispositivo político. de la cultura psicoterapéutica. El poder no se inscribe en el orden del bien y del mal. donde ya nada más puede ser. Pareciera que el fenómeno del individualismo. claro está. esto nos obliga no solamente a reformular dicha categoría. se produce una invisibilización de la dimensión social de los problemas y todo «queda atado y bien atado» en la simple docilidad del individuo. de los imperativos de autogestión personal o de cuidado del propio cuerpo. Fin de la historia. Esta limitación podría explicarse por un rasgo central de la propia gubernamentalidad neoliberal que consiste en presentarse como el eje articulador del «mejor de los mundos posibles». Sin embargo. Tales modos de subjetivación. reside el máximo peligro de 10 . ¿Cuáles son los nuevos modos de exclusión que produce un sistema cuyo énfasis se halla en la demanda de la autogestión individualista? ¿Dónde reside la dimensión intolerable de este nuevo régimen de subjetividad? ¿Cuáles son los costes de las formas de individualización que nos son asignadas? ¿En qué sentido y bajo qué categorías el dispositivo poder-libertad del neoliberalismo podría ser denunciado como mecanismo de control? Si efectivamente la libertad puede ser un punto de apoyo para el poder. Foucault insiste en reiteradas oportunidades que donde hay poder hay resistencia. sino que incorpora la relación que el individuo establece consigo mismo dentro de los sistemas reguladores. sino que supone fundamentalmente algo peligroso. De esta forma. lo cual determina que el juego sea abierto y fascinante. sino sobre todo a articular una nueva concepción de la resistencia. Aquí correspondería preguntar por la forma que adquieren estas tecnologías del yo en la gubernamentalidad liberal.plano heteroformativo. así como los nuevos recortes biográficos que supone el uso extensivo del crédito de consumo o la invención del hombre-hipotecado. Asistiríamos a una suerte de privatización de las contradicciones.

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