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HERRAMIENTAS DE DERECHOS HUMANOS PARA DOCENTES. CURSO 2: EDUCACIÓN, GÉNERO Y SEGURIDAD.

DIÁLOGOS
NECESARIOS EN LA COMUNIDAD EDUCATIVA
b) Lugar de realización: * Salta Capital: Sede de la Asociación Dr. Miguel Ragone; Gral. Güemes Nº561. * Ciudad de Cafayate: 12 de Octubre 285 * Metán: 25 de Mayo Nº 219 * Rosario de Lerma: 9 de Julio Nº 14 c) Duración. Fecha de Inicio: 27 de Mayo de 2013 • • • • • 1º Jornada: 01 de Junio de 2013 de 09 a 13,30 Hs. Salta Capital. 2º Jornada: 06 de Julio de 2013 de 09 a 13,30 Hs. Salta Capital. 3 º Jornada: 27 de Julio de 2013 de 09 a 13,30 Hs. Salta Capital. Evaluación Final: 19 de Agosto de 2013 de 19 a 22 Hs. Salta Capital. Fecha de Finalización: 27 de Agosto de 2013. Salta Capital. En cada jornada, se iniciara con una ponencia del capacitador, un trabajo práctico grupal, en el encuentro y un trabajo práctico individual, el cual será entregado en los próximos 7 días.

1º Jornada: 22 de Junio de 2013 de 09 a 13,30 Hs. Ciudad de Cafayate.

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2º Jornada: 20 de Julio de 2013 de 09 a 13,30 Hs. Ciudad de Cafayate. 3 º Jornada: 10 de Agosto de 2013 de 09 a 13,30 Hs. Ciudad de Cafayatel. Evaluación Final: 25 de Agosto de 2012 de 19 a 22 Hs. Ciudad de Cafayate. Fecha de Finalización: 27 de Agosto de 2013. Ciudad de Cafayate. En cada jornada, se iniciara con una ponencia del capacitador, un trabajo práctico grupal, en el encuentro y un trabajo práctico individual, el cual será entregado en los próximos 7 días. • 1º Jornada: 16 de Mayo de 2013 de 09 a 13 Hs. Rosario de Lerma. • 2º Jornada: 17 de Junio de 2013 de 09 a 13 Hs. Rosario de Lerma. • 3 º Jornada: 17 de Julio de 2013 de 09 a 13 Hs. Rosario de Lerma. • Evaluación Final: 23 de Agosto de 2012 de 19 a 21 Hs. Rosario de Lerma. • Fecha de Finalización: 27 de Agosto de 2013 . Rosario de Lerma. En cada jornada, se iniciara con una ponencia del capacitador, un trabajo práctico grupal, en el encuentro y un trabajo práctico individual, el cual será entregado en los próximos 7 días. • 1º Jornada: 08 de Junio de 2013 de 09 a 13,30 Hs. Metan. • 2º Jornada: 13 de Julio de 2013 de 09 a 13,30 Hs. Metan. • 3 º Jornada: 03 de Agosto de 2013 de 09 a 13,30 Hs. Metan. • Evaluación Final: 21 de Agosto de 2013 de 19 a 22 Hs. Metan. • Fecha de Finalización: 27 de Agosto de 2013 . Rosario de Lerma. En cada jornada, se iniciara con una ponencia del capacitador, un trabajo práctico grupal, en el encuentro y un trabajo práctico individual, el cual será entregado en los próximos 7 días.

d) Destinatarios. • • Docentes de todos los niveles educativos. Docentes de Áreas Especiales

e) Justificación y encuadre Como se expuso en el curso anterior,” DIMENSIÓN SOCIAL, ECONÓMICA, JURÍDICA Y CULTURAL DE LOS DDHH EN ARGENTINA”, la escuela y los que por ella circulan y se establecen, actúan como caja 2

de resonancia de los fenómenos que afectan a la sociedad. En este sentido, la sociedad argentina y la salteña específicamente, expresan con preocupación la creciente inseguridad, que a entender de algunos sectores solamente se solucionan con acciones consolidadas en políticas de “mano dura” o “tolerancia cero”, ejecutadas preferentemente sobre sectores considerados peligrosos o productores de riesgo para el resto de la sociedad. Si bien estas políticas aparentemente parecen tener éxito, el mismo no puede ser sustentado a largo plazo porque exige el despliegue de recursos, económicos y humanos, desgastantes y agotadores. No siempre es posible ejercer un control absoluto y más aún si los encargados de brindar y planificar la seguridad no se interesan por conocer las razones por las cuales estos sectores de riesgo se convirtieron en tales. Ni las biografías, ni la clase, la etnía o el género interesa al momento de diseñar un proyecto de seguridad que se atreva a transformar las estructuras generadoras de las desigualdades y que a su vez fortalezca los derechos de ciudadanos/as estigmatizados como peligrosos/as. Por otra parte, y como consecuencia indeseada de esta noción restringida de la seguridad, estos sectores estigmatizados, representados en la figura de los y las jóvenes, son objeto de prácticas discriminativas por parte de sus pares, de los adultos, prácticas que actúan como muros invisibles que bloquean el acceso y la posibilidad de experiencias saludable o gratificantes de determinados derechos, como lo es la educación. Ante este escenario, la comunidad educativa, debe atreverse a construir y participar activamente en un diálogo donde todos y todas los/as miembros puedan expresarse y lograr imaginar soluciones creativas a las problemáticas que se les presenta. En este sentido es importante la capacitación en los temas de discriminación, seguridad y género, porque si bien la comunidad educativa es un conjunto heterogéneo de personas con creencias, intereses o concepciones del mundo diversas, ella enfrenta problemáticas que pueden ser comprendidas apelando a estos temas que las atraviesan transversalmente.

f) Fundamentación En la última década, en nuestro país se ha planteado la necesidad como política de estado de instalar un nuevo paradigma sobre seguridad pública. Este nuevo paradigma o modelo sostiene el otorgar a la comunidad organizada una participación plena y comprometida para la prevención de conductas ilegales, violentas o de conflicto social en todo tipo de contexto. Es así como se plantea a la seguridad no ya como “algo” de exclusiva injerencia de la policía sino como un espacio de

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responsabilidad ciudadana, que fomenta la construcción de una ciudadanía activa, necesaria para la vida democrática. Entonces, al hablar de seguridad ya no solo nos referimos a la represión de un delito o a la imposición de un castigo, por el contrario se hace referencia a la prevención, prevención que debe ser desarrollada en todos los ámbitos de la vida social. La familia, el trabajo, la escuela se convierten así en los espacios de excelencia para las acciones de prevención, lo cual abrirá el horizonte y el registro de problemáticas invisibilizadas por ser consideradas propias de la esfera privada (la violencia de género por ejemplo) o del ámbito estatal (la violencia entre los jóvenes). Capacitar en este sentido a los y las docentes implica brindar herramientas para poder situarse desde un lugar adecuado y poder analizar aquello que pueda estar sucediendo en sus aulas y entre sus alumnos. Es por ello que proponemos partir de las consideraciones de la seguridad, relacionada con la temática de género, desde lo que se desarrolla en las instituciones como la Policía, para así poder entender lo que diariamente ocurre en la comunidad educativa. Es una propuesta que apela al principio del extrañamiento antropológico, que consiste en sorprenderse e interesarse por cómo otros/as interpretan u organizan su mundo sociocultural; en la medida en que ese mundo y sus reglas son distintas de quien se observa como forastero/a, éste/a se encuentra en la posibilidad de percibir en lo ajeno la diversidad y complejidad de las conductas propias, desnaturalizando lo que se presentaba como natural o predeterminado. Consideramos que es una estrategia válida para reflexionar sobre las dicotomías actuales entre los DDHH y todo tipo de discriminación, que se dan cita diariamente en las aulas y entre los que conviven en ellas. g) Objetivos de la acción Objetivo general: • Acercar herramientas, conceptuales y estratégicas, a los y las docentes para la implementación áulica de las temáticas de Derechos Humanos, contextualizadas en los campos de lo social, la economía, la salud y la seguridad. Objetivos específicos • Visualizar a la educación en Derechos Humanos como un componente central del proceso de democratización de la sociedad en su conjunto.

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• Incentivar y desarrollar en los y las docentes una visión de las personas y sus interacciones sociales basada en la percepción que los DDHH ofrecen sobre dichos temas. • Integrar teorías y reflexiones para identificar, describir, analizar situaciones concretas, tanto en el contexto áulico como en la comunidad educativa, en claves de Derechos Humanos. • Posibilitar que los y las docentes, en conjunto con la comunidad educativa, elaboren e implementen acciones que puedan incidir en sus territorios socioculturales a favor de la promoción y fortalecimiento de los DDHH en las áreas que consideren más vulnerables. h) Contenidos/temáticas a desarrollar Unidad 1: Comunidad educativa y discriminación. A cargo de la Lic. Prof. María Gabriela Vuistaz Unidad 2: Policías (con) ciudadanos: nuevos horizontes en las políticas públicas de seguridad. A cargo del Sr. Fernando Pequeño Ragone Unidad 3: ¿Tienen género los derechos humanos? El caso de las mujeres en instituciones de seguridad. A cargo de la Lic. Julieta Rivera i) Programa Módulo 1. Comunidad educativa y discriminación a. Discriminación: Intolerancia y prejuicio b. La discriminación vista desde los DDHH c. Discriminación entre pares: el bullying Módulo2: Policías (con) ciudadanos: Nuevos horizontes en las políticas públicas de seguridad a) Consideraciones para una Policía democrática b) Componentes de la militarización c) Antecedentes de la militarización de la policía d) Una Policía democrática e) Contribuciones para un debate informado en torno a la ‘seguridad pública’ f) Prevención del Delito. Una herramienta de democratización policial g) Obstáculos internos de la institución policial para su democratización h) La policía democrática del futuro 5

i)

Disminuir la distorsión de valores: una ética de los pequeños grupos.

Módulo 3. ¿Tienen género los derechos humanos? El caso de las mujeres en instituciones de seguridad a) Las mujeres y los derechos humanos, recorrido histórico. b) Género, como categoría de análisis y como herramienta política transformadora. c) Los movimientos de mujeres y la inclusión de las diversidades. d) Cuando las mujeres se apropian del espacio público: el trabajo en instituciones de seguridad (policía, ejército, servicio penitenciario) y su impacto en las representaciones sobre el "ser mujer". e) Nuevas políticas nacionales y provinciales en torno a las mujeres y las diversidades en las fuerzas de seguridad estatales: formación y trabajo cotidiano. f) El género en el nuevo modelo de seguridad ciudadana y democrática. Vinculaciones con la comunidad educativa j) Modalidad Semipresencial k) Metodología de trabajo El curso de capacitación está organizado mediante el dictado de tres módulos, uno en cada mes de la duración establecida, con el fin de poder brindar a los y las asistentes las posibilidades de incorporar y apropiarse de los conocimientos de una forma progresiva y productiva, asumiendo la responsabilidad de su propio aprendizaje. Cada tema se conforma como una posibilidad de dialogar y reflexionar sobre el lugar que les asignamos en nuestras vidas, personales y profesionales, a los derechos humanos. En este sentido la metodología de enseñanza-aprendizaje de cada módulo tenderá a promover la interacción entre los y las asistentes y los y las capacitadores/as, una interacción que buscará construir estrategias que favorezcan la apropiación progresiva de los contenidos y la 6

exploración de situaciones concretas, cercanas a los ámbitos de desempeño de los y las asistentes, que permitan la aplicación de los contenidos impartidos. Los encuentros presenciales constarán de la siguiente planificación 1. Exposición teórica por parte de los y las capacitadores/as 2. Lectura de textos, escritos o audiovisuales, que favorezcan el debate en relación a los contenidos explicitados en la disertación inicial 3. Intercambio de opiniones y reflexiones 4. Elaboración de un trabajo práctico individual en base a lecturas sugeridas Actividades Exposición temática con material de apoyo en formato digital (power point), que genere la reflexión y participación de los y las asistentes, en base a los conocimientos previos que cada uno posea en relación a los Derechos Humanos. Trabajos prácticos al final de cada clase, que fortalezcan el aprendizaje estratégico, planteando una situación problemática cercana a los contextos de los y las asistentes, donde se los y las invite a involucrarse en la resolución de una parte de la misma desde la perspectiva de los Derechos Humanos. Elaboración de ensayos al final de cada módulo, los cuales posibilitarán la conexión creativa de los saberes adquiridos en cada módulo anterior y permitirá, al finalizar el curso, la presentación del trabajo final que acreditará el curso. Evaluación La evaluación que se propone es coherente con los objetivos, contenidos y actividades que se trabajaron en cada clase y en cada módulo, lo que nos habla también sobre una ética (relacionada en sí con los derechos humanos) de la evaluación, en el sentido que cada asistente tiene el derecho a saber sobre qué se lo va a evaluar, de qué manera, para qué realizar la evaluación, cómo se va a calificar su desempeño , en qué momento se va hacer, cuánto tiempo va a tener para hacerlo y qué recursos podrá usar .

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En por ello que las evaluaciones van a ser permanentes para así favorecer el proceso de apropiación de los conocimientos impartidos y el desarrollo de competencias válidas para el desempeño profesional de los y las asistentes. Las formas de evaluación comprenderán la elaboración de textos y la participación activa en cada clase que está en relación directa con la asistencia a las mismas, exigida en una proporción del 80%. La evaluación final del curso se concretará con la presentación de un trabajo integrador que dé cuenta del proceso metacognitivo de los y las asistentes, como así también de la posibilidad de aplicar los saberes apropiados a situaciones que son cercanas a la vida profesional de los y las participantes, relacionadas a algunos de los temas propuestos en el programa. l) Bibliografía La bibliografía que se cita a continuación forma parte de las lecturas complementarias y/o ampliatorias de cada módulo. Cabe expresar que cada uno de los módulos contará con un material de apoyo, textos escritos especialmente por los y las capacitadores/as especialistas para cada unidad de los módulos, donde estarán explicitados la bibliografía obligatoria y todos los recursos complementario disponibles en la web. Módulo 1: COMUNIDAD EDUCATIVA Y DISCRIMINACIÓN

Tizio, Hebe (2003) El dilema de las instituciones: segregación o invención, en http://www.scbicf.net/nodus/contingut/article.php?art=130&rev=22&pub=1 TIzio, Hebe (2002) La educación en tiempos de incertidumbre: las apuestas de la Pedagogía Social, Ed. Gedisa, Barcelona JORDAN M. (2003) La escuela multicultural. Editorial Paidós, Buenos Aires. TENTI FANFANI, Emilio (compilador) (2006) El rendimiento escolar en la Argentina, Editorial Losada, Buenos Aires. LUZ, María (2011) De la integración a la escuela a la escuela integradora, Editorial Paidós, Buenos Aires. MODULO 2: POLICÍAS (CON) CIUDADANOS: NUEVOS HORIZONTES EN LAS POLÍTICAS PÚBLICAS DE SEGURIDAD 8

Álvarez Leguizamón, Sonia. 2004. ‘La pobreza: configuraciones sociales, relaciones de tutela y dispositivos de intervención. Salta, primera mitad del siglo xx’. En Abordajes y perspectivas. Publicación del Concurso Provincial de Ensayos 2003. Secretaría de Cultura de la Provincia de Salta. Salta. Barón de Neiburg, Raquel y Fernando Pequeño. 2006. ‘Violencia familiar, social y abuso sexual. Un enfoque cultural de la violencia’. Edición de los autores. Salta. Boletín Oficial de la República Argentina. Presidencia de la Nación. 2005. Hacia un Plan Nacional contra la Discriminación. La Discriminación en Argentina. Diagnóstico y respuestas. Suplemento a la edición Nº 30747 de la Primera Sesión del día martes 27 de setiembre de 2005. Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal de México, Instituto para la Seguridad y la Democracia, A.C. (Insyde), Centro de Derechos Humanos ‘Miguel Agustín Pro Juárez’, A.C., Fundar, Centro de Análisis e Investigación, y Red ‘Todos los Derechos para Todos’. 2004. ‘Seguridad pública, prevención del delito y derechos humanos: construyendo alternativas desde la sociedad civil y los organismos públicos de derechos humanos’. México. Corbacho, Myriam y Raquel Adet. 2002. ‘La historia contada por sus protagonistas. Salta, primeras décadas del siglo XX’. Editorial Mactub, Salta. Foucault, Michel. 2006. Seguridad, Territorio, Población. Curso en el Collège de France (1977 – 1978). Fondo de Cultura Económica. Bs. As. [Primera edición e francés, 2004. Seuill / Gallimard] Giddens, Anthony. 2000. ‘Sociología’. Alianza, Madrid. Gómez Rojas, Patricia C. 2008. ‘Militarización de la Policía Nacional y Policiamiento del Ejército Nacional en Colombia’. Centro de Estudios Hemisféricos de Defensa (CHDS). Conferencia Sub Regional (SRC) realizada del 29 Julio - 1 agosto de 2008. Panamá. On line en http://www.ndu.edu/chds/SRC-panama08/PDF-papers/GomezC-Col.pdf Instituto Interamericano de Derechos Humanos. 2005. Manual de Derechos Humanos para las Fuerzas Armadas. ASDI (Agencia Sueca de Cooperación Internacional para el Desarrollo). Guatemala.

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Kessler, Gabriel. 2009. Seguridad y ciudadanía. Nuevos paradigmas y políticas públicas. Ponencias en los foros del bicentenario. Editorial Edhasa. Bs. As. León – Escribano, Carmen R.; Mario M. Turcios y Leslie Sequeira Villagrán. 2004. Manual de Seguridad Preventiva y Policía Comunitaria. Guatemala. IEPADES (Instituto de Enseñanza para el Desarrollo Sostenible) Pequeño Ragone, Fernando. 2008. Policías (Con) ciudadanos. Una perspectiva de derechos humanos. Manual para una contribución al trabajo que la fuerza policial realiza en la incorporación de los derechos humanos como valor central entre sus miembros. Edición digital del autor. Disponible en línea: http://es.scribd.com/doc/54046543/Policias-ConCiudadanos Polanyi, Karl. La gran transformación. Crítica del liberalismo económico. Ed. La Piqueta. Madrid, 1999. UNESCO. 1981. La violencia y sus causas. París.

MODULO 3: ¿TIENEN GÉNERO LOS DERECHOS HUMANOS? EL CASO DE LAS MUJERES EN INSTITUCIONES DE SEGURIDAD

Carrique Violeta; Palacios, María Julia (1994) Las mujeres estamos destinadas a otras cosas, Universidad Nacional de Salta. Castillo Godoy, Delia (2007) La ciudadanía de las mujeres es…una historia propia y en construcción, Revista de Derechos Humanos, Año V-Nº8, Guatemala Castillo Godoy, Delia (2009) Los Derechos Humanos de las mujeres, en www.oj.gob.gt/.../149derechos-humanos-de-las-mujeres-el-derecho-... Kalinsky, Beatriz (2006) “Ser mujer” en trabajos fronterizos: Las marcas de género, Revista de Estudios de Género La Ventana, Nº 024, México Kalinsky, Beatriz (2007) El agente penitenciario: La cárcel como ámbito laboral, Runa v.28 n.28, Buenos Aires ene.

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Palacios, María Julia (1997) ¿Historia de las mujeres o historia no androcéntrica?, Universidad Nacional de Salta Palacios, María Julia (comp.) (1999) Defender los Derechos Humanos, Universidad Nacional de Salta. Rivera; Julieta (2011) Subordinación y Valor. La experiencia de las mujeres en la Policía de Salta, un estudio de género, Universidad Nacional de Salta. Sau, Victoria (2000) Diccionario ideológico Feminista, Icara Editorial, Barcelona m) CV de los y las capacitadores/as Lic. María Gabriela Vuistaz Lic. Julieta Rivera Sr. Fernando Pequeño

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HERRAMIENTAS DE DERECHOS HUMANOS PARA DOCENTES. CURSO 2: EDUCACIÓN, GÉNERO Y SEGURIDAD. DIÁLOGOS
NECESARIOS EN LA COMUNIDAD EDUCATIVA

Material bibliográfico

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Módulo 1: Comunidad educativa y discriminación

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¿CÓMO ENFERMAN LOS SUJETOS HOY? En primer lugar, ante este título me parece que se abren dos ejes, responder por una parte a la causalidad, es decir el porqué del enfermar de los sujetos, y en segundo lugar cómo se presentan actualmente en las consultas de una forma más específica, aquejados de qué, y que demanda presentan en torno a sus síntomas. Se podría también enunciar como la articulación de los síntomas que presentan los sujetos con la cultura contemporánea y a su vez lo que esos mismos síntomas exponen de esa cultura. I. Las Causas:

Freud descubre que detrás de la forma de enfermar es decir del síntoma está lo sexual. Por otra parte escribió en 1930 El malestar en la cultura, en donde alrededor de la sexualidad y de la pulsión de muerte, añade lo que incide en el sujeto la relación con la cultura de la época. Ya en este texto surge la articulación entre el inconsciente, la sexualidad y la cultura y las cuestiones en torno a cómo la forma de enfermar producida por el conflicto con la sexualidad muestran al mismo tiempo por las identificaciones, la cultura de la época en que le ha tocado vivir al sujeto. Piensa que la sociedad le pide al individuo que renuncie a las pulsiones, y que esta renuncia bajo los ideales produce los síntomas.

Si pasamos a Lacan, la frase sobre: “No hay relación sexual”, que quiere decir no hay simetría entre los sexos, no hay forma de simbolizar del todo la relación sexual, es otra forma de denominar el conflicto del sujeto con lo sexual. Hay algo que no pasa por el
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lenguaje, por el significante, que no se “civiliza”, que sin embargo produce en cada uno un real traumático que unido a los avatares de la sociedad en que se vive, produce los síntomas. Ese algo, lo llama superyo, definido como un imperativo de goce, que incita al sujeto a gozar, es decir a ir más allá del placer, de forma mortífera, en un intento de tapar la falta de goce propia del ser humano y que constituye la posibilidad de desear. Por otra parte, allí donde Freud hacía hincapié en la civilización, Lacan en 1970 en su Seminario sobre El Revés del psicoanálisis, trata de esta civilización como los distintos discursos (nos da cuatro) además de nombrar al Discurso Capitalista, que rigen los lazos sociales y enmarcan el goce del sujeto. En definitiva, los discursos vehiculan la cultura, constituyen una suplencia de esta falta de relación sexual. De forma estructural, el freno a esto traumático viene dado por la falta de goce originada por el hecho del lenguaje mismo, que constituye la represión originaria que funda lo simbólico. Vayamos a la cultura de “hoy”, sabemos que es la del discurso capitalista, la del neoliberalismo feroz, que Lacan dice que deshace los lazos sociales. Lo dice en relación a los demás discursos que da en el seminario citado antes, en que cada uno de ellos (el del Amo, el del Histérico, el Universitario y el Analítico) tienen bien delimitados el agente y el Otro. En el Discurso capitalista, versión moderna del Discurso del Amo, el Agente ya no es el Amo, sino que el sujeto como agente está atravesado por los objetos de consumo que son el producto de este mismo discurso. Los sujetos entonces, están obligados no sólo a producir sino a consumir los objetos que son un intento de sustituir la falta de goce del sujeto. Pero al mismo tiempo, estos objetos no hacen que el sujeto elimine esta falta, aunque la quiere llenar a toda costa. Producen un imperativo de goce que lleva al sujeto al paroxismo, desembocando en un No es eso…, con el corolario de la angustia y de un sentimiento de vacío que producirá distintas versiones sintomáticas.

En el Discurso Capitalista, la plus-valia robada al trabajador engrosa el capital según nos dijo Marx. Lacan en 1970, le da una vuelta más al decir que esta plus-valia, es el objeto causa tanto del capitalista, como del trabajador que también lo quiere tener y que va a dar como resultado la cadena de producción y de consumo, consumir para sostener la producción de ese objeto que todos quieren. Algo que en nuestra situación de crisis actual, estamos oyendo continuamente. En esto, cada sujeto está con sus objetos, en un
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mundo cerrado en su propio goce que dará una clínica determinada. Por otra parte, en la actualidad asistimos al derrumbe de esta forma de capitalismo feroz en la caída de esta cadena de producción porque algo de ese querer tapar la falta, no evidenciar los límites en la economía de mercado, ha llevado a su propio fracaso. ¿Que saldrá de ahí? Está por ver…

II.

Efectos posibles en los sujetos:

1- Empuje a lo mismo, la llamada globalización, el sujeto quiere los mismos objetos en lugares muy lejanos geográficamente.

2- Una exaltación de estos objetos de consumo, en la publicidad, versión moderna del superyo: Goza¡ consumiendo.

3- El encierro de cada uno con su goce, es decir la deriva a la soledad. Lo que C. Soler llama el sujeto “narcínico”.

4- Nuevas formas de vinculación social, la sociedad de los “single” los que viven solos, hace poco leía que aparecían en el mercado tiendas dirigidas a ellos.

5- Nuevas formas de querer tener un hijo, en ocasiones sin vínculo simbólico ni sexual con otro, como deseo de uno solo.

6- Empuje a una imagen ideal, sin fisuras en una “modelación a la carta”.
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7- La prisa, la inmediatez, y la necesidad de triunfo social y económico, que quiere producir la ilusión de ser libre, de tener éxito a toda costa y que genera la culpa del que no lo logra.

8- Una especie de perplejidad ante el horror sin poder rebelarse.

Todos estos puntos y sin duda otros que me habré dejado, configuran una sociedad que no tiene en cuenta el don simbólico, el dar lo que no se tiene, que según Lacan constituye el amor, y por supuesto está lejos de facilitar que el sujeto se pregunte por su deseo. El toque de atención del derrumbe económico tal vez configure una forma de regulación del totalitarismo capitalista. Es un totalitarismo que da como resultado un cortocircuito a la satisfacción pulsional, intentando poner al objeto de consumo en el lugar del objeto fantasmático. Por otra parte, en este trueque, asistimos a la sociedad del espectáculo, los objetos que pueden saciar son dados en imágenes y de forma inmediata, en una sugestión fetichista. Es una cultura que al igual que otras totalitarias captura e hipnotiza al ser humano, poniendo como Ideal a los objetos de consumo. El Capitalismo funciona como una gran adicción, lo que explica el carácter compulsivo de muchos de los llamados nuevos síntomas: Bulimia, consumismo exacerbado, trabajo compulsivo, consumo de drogas, o bien el rechazo a este consumo en otros síntomas como anorexia, fracaso escolar, depresión, fracaso laboral… III. Lo que dice el síntoma acerca de esta cultura:

Si el Capitalismo intenta tapar a toda costa la falta de goce, las consecuencias acerca del enfermar de los sujetos, constituyen especificamente una clínica del lleno/vacío, en lugar de la clínica de la falta. La clínica de la falta es la clínica del deseo inconsciente, y del retorno de lo reprimido en el síntoma articulado al fantasma. Su centro es la falta en ser y el deseo, es la clínica clásica
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de las neurosis que por supuesto también encontramos hoy en día y a la que también llegamos en muchos pacientes después de quitarle la “coraza” al lleno/vacío. En efecto, en lugar de encontrar un síntoma que le haga pregunta al sujeto, lo que vemos con más frecuencia, es una clínica del vacío, con una falta de la representación de falta que produce en el sujeto una sensación de vacío y la consiguiente angustia que bloquea o en caso contrario los pasajes al acto o de violencia. Así, las formas con que acuden los sujetos a la consulta, son expresión de esta angustia que no logra localizarse en síntomas definidos. Aparecen en muchas ocasiones, quejándose de crisis de angustia, de ataques de pánico, de sentimientos de vacío, de cansancio y de falta de vitalidad, de somatizaciones, de dificultades en relación a la comida, de adicciones, de sentimiento de fracaso, de baja laboral por no poder continuar en un ritmo trepidante, de una falta de deseo sexual, de un temor en la actualidad a la pérdida del puesto de trabajo, al cese de las empresas en que trabajan, a la pérdida en bolsa de sus ahorros… y todo ello sin que lo puedan articular con una causa más inconsciente, al menos en un primer momento. Es asimismo una clínica del fenómeno más inmediato, del acto compulsivo o del acto violento en ocasiones, que no tiene en cuenta el dolor de existir propio de la falta en ser, sin poder conectarlo en una red significante en relación a una biografía y sin que sin embargo sea signo de una psicosis. Vienen pidiendo soluciones rápidas, y sólo en un segundo momento podrán conectar sus síntomas con sus causas, y entrar en un cuestionamiento acerca de ellas. En principio sus síntomas carecen del eje de metáfora dirigido al Otro, que provoca en el sujeto la pregunta de ¿Qué soy? sino que vienen diciendo: Soy, soy un depresivo, un adicto a tal droga, una anoréxica, en ocasiones incluso se describen a través de un síntoma somático. Todas estas formas indican una fijación de goce que identifica al sujeto y que hacen difícil que aparezca el inconsciente. En ocasiones, son manifestaciones que no incluyen un intercambio con el Otro, que encierran al sujeto en un goce Uno, cerrado en sí mismo, como las adicciones o las formas depresivas. En esta forma de presentación, el vacío, no tiene nombre, el malestar no se puede explicar. Es algo muy común el que digan que no pueden poner un nombre a lo que les ocurre, a no ser un nombre muy concreto. Ya dije que la referencia es las distintas
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modalidades de angustia. Algo del objeto que no se puede colmar a pesar de la cultura actual, emerge con fuerza, o bien es otro tipo de objeto que está de más, que estorba para poder desear, que el sujeto no sabe como quitárselo de encima. Está encerrado en un circuito de intentar acceder a la ficción de una satisfacción directa de goce. Nos dice Maximo Recalcati en un libro titulado: Clínica del vacío, que es una clínica de falsas identidades, que instituyen al sujeto no por su deseo sino por su goce, y los sujetos mismos se segregan de los demás por esa forma de denominación. El sujeto intenta escapar de la alienación en relación al Otro. Estas formas de rechazo y de intento de separación sin alienación, es decir sin pasar por el circuito del deseo del Otro, pueden llevar a actos violentos. Es una clínica en que no hay el juego histérico de la identificación al deseo del Otro.

Por otra parte, en El País, del 12 de Diciembre del 2008, en la sección de Vida y Artes, como exponente de los malestares actuales, leí un artículo en torno a como la crisis económica se plasmaba en miedo al despido, miedo al estrés y decía acertadamente como esos temores “son nuevas apariencias de temores más ancestrales”. Este artículo, comentaba algo curioso y es que miles de internautas compartían todos los días sueños desalentadores en torno a estos temas para buscar apoyo entre ellos, y tratar de sus malestares a través de los sueños. ¿Nuevas formas de expresión, tal vez de intentar preguntarse, aunque sea de forma un tanto precaria, por los males de la época y de pasar por el circuito del deseo del Otro? Volviendo a los sujetos que presentan ese tipo de clínica, es sólo después de un tiempo de trabajo, que ese vacío puede adoptar la expresión de una falta en ser, algo falta que produce un dolor de existir que el sujeto poco a poco puede poner en palabras y hacerse responsable de ello, introduciéndose en una demanda ya no sólo de curación rápida sino de pregunta por lo que le ocurre. IV. Formas Clínicas más comunes

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No pretendo ser exhaustiva, sólo tratar de las formas más comunes con las que acuden, aparte de las crisis de angustia y de los pasajes al acto, manifestación como dije de intentar escapar a la alienación al deseo del Otro, sin elaborarlo. En primer lugar, los sujetos que se presentan como depresivos, como dejados caer del deseo del Otro, como fracasados de los ideales de éxito y de felicidad actuales. Es una pérdida del tener que sacude al ser del sujeto, que no tiene en cuenta como dije antes la cuestión del don del amor, en el dar lo que no se tiene. Ante esto, el sujeto se deja caer él mismo, oculta la falta del Otro y la suya y prefiere conservar aunque sea de forma petrificada el Ideal. Es un fenómeno relevante de la época actual, la protesta silenciosa y “cobarde” en el sentido de cobardía moral que Lacan le dió a este estado de ánimo, es una enfermedad propia del capitalismo, la otra cara de la moneda del Ideal de felicidad. Sólo elaborando su historia particular y sus identificaciones el sujeto podrá tratar su síntoma y salir de la inercia de la queja silenciosa. Evidentemente, no hablo de sujetos melancólicos que reenviarían a un trastorno más grave, dentro de las psicosis, que se manifestarían no por una falta en el tener, sino por una falta en el sentido de que el Yo se vacía, pierde sus referencias. En segundo lugar, los sujetos anoréxicos, identificados a la nada o al vacío. Ponen el Ideal por encima de lo pulsional y se dedican a través de su rechazo al alimento o al saber (los fracasos escolares son otra forma de anorexia) a salvaguardar su deseo por encima de la demanda que perciben como invasora del Otro. Hay una afinidad con la histeria pero no hay pregunta, hay una especie de saber solidificado que es una defensa de preguntarse por su verdadero deseo. También aquí hay que establecer un diagnóstico diferencial con la anorexia psicótica en donde el deseo está reducido a la nada, y de la que Lacan en un texto sobre La Familia dice que se trata de un suicidio diferido. En tercer lugar las adicciones, en donde falla lo simbólico de la metáfora, el sujeto se identifica con el objeto droga, se confunde con él. En lugar del deseo representado por un objeto causa, es un deseo inmediato de goce cerrado en sí mismo, sin conexión con el deseo del Otro. Se puede decir también que el deseo es invadido por el goce. La Droga tapa el objeto perdido, inalcanzable en una ilusión de completud. En todas las patologías de la dependencia ya sea a la droga, a las maquinas, al juego, al trabajo, a los objetos de consumo, a la comida, en la bulimia, es la dependencia del objeto que intenta borrar la
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dependencia estructural del sujeto con respecto del Otro. El objeto del que se goza no es el de un intercambio simbólico sino el puesto a disposición para el consumo, que ofrece la ilusión de borrar la falta en ser. Es la forma moderna y más extrema de realizarse sin el Otro, de excluirlo. En cuarto lugar, las somatizaciones en un sentido amplio, como fenómenos transclínicos pero que voy a comentar las que se dan en sujetos neuróticos. El deseo aparece congelado, y son sujetos que tratan de su malestar sin interpelar al Otro. El órgano enfermo es un órgano que condensa el goce mortífero del sujeto y que lleva la marca de lo no simbolizado. Los sujetos acuden muchas veces derivados por sus médicos y aunque son conscientes de que su trastorno es psíquico no se hacen responsables de él, lo sufren como algo que les acontece sin más, en una expulsión de lo simbólico, permaneciendo el goce en el cuerpo. Es un retorno en lo real del cuerpo de lo que no se simbolizó.

Todas estas formas de enfermar no tienen en cuenta el registro del amor, son una expresión de rechazo al Otro, que va a incidir en una violencia o sobre el propio sujeto, o sobre el Otro con pasajes al acto violentos. Se podría decir que es un odio al Otro en cuanto que tiene una falta, no está completo y que esto le reenvía a su propia falta. Es en el don simbólico, que hay una lógica basada en el Otro donde el sujeto busca algo del objeto perdido. El amor es la suplencia de la falta de relación sexual, y vuelve posible la relación entre el sujeto y el Otro. Como dice Lacan el amor hace condescender del goce al deseo. En todas estas patologías hay una gran dificultad para dejar la ilusión en un goce completo y condescender al deseo. Será también en el trabajo de transferencia que esto podrá trabajarse para que el sujeto consienta a pasar por los desfiladeros del don de amor. Por último, y sin desarrollar más, tenemos todas las formas de histeria actuales entre las afectadas en el cuerpo pero como metáfora dirigida al Otro, hasta las histerias que aún con su particular forma actual, la prisa, la “devoción” al trabajo, manifiestan una pregunta dirigida al Otro, poniéndole en muchas ocasiones en un impasse. Son las ejecutivas modernas que sin embargo interpelan al Otro.
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Y también tenemos los enfermos del pensamiento, los obsesivos que pasan por la vida del deseo como furtivos, para no enfrentarse al deseo del Otro. Sin embargo, tanto éstos como las formas de histeria descritas antes presentan más claramente la clínica de la falta y del dolor de existir. Con todo lo dicho, hay un reto para el psicoanálisis, el estar a la altura de los tiempos que cambian, y proponer para esos pacientes que llegan con estos síntomas actuales, la subversión de que el sujeto se introduzca a otro tipo de lazo social que le suscite un deseo diferente del de tener. Barcelona, 27 de Febrero del 2008. Clotilde Pascual Revista Electrónica de Psicología Social «Poiésis» ISSN 16920945 Nº 22 – Diciembre de 2011 Revista «Poiésis». FUNLAM. Nº 22 – Diciembre de 2011. Docente-investigador del Programa de Psicología-Funlam Magíster en Ciencias Sociales y Humanas de la U. de A. Psicólogo U.S.B. Psicoanalista “No hay ninguna otra definición de la droga que ésta: es lo que permite romper el casamiento con la cosita de hacer pipí” Jacques Lacan (1975, p. 9) Hernando Alberto Bernal La respuesta a esta pregunta es compleja, como complejo es el ser humano. Son muchos los factores y causalidades a tener en cuenta para poder dar respuesta a ella, y por lo tanto, variadas también serán las perspectivas y soluciones a dicha pregunta. Lo primero
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que hay que decir es que no sólo el adolescente consume drogas; lo hacen también los adultos y otros tipos de poblaciones, pero lo que sí se puede asegurar, es que el adolescente hace parte de la población más vulnerable al problema del consumo de sustancias psicoactivas. Y no sólo se consumen drogas; hoy vivimos en una época en la que se puede decir que se consume de todo, a tal punto que ya se habla de nuevas adicciones. Ya la adicción al alcohol y las drogas parece vieja; hoy se habla de la adicción a las nuevas tecnologías –de la cual los adolescentes sí que hacen parte–, al juego – ludopatía–, al sexo, al ejercicio –vigorexia–, al trabajo, y en fin, casi que se podría ser adicto a cualquier objeto o actividad que el mercado ofrece hoy en día o que la contemporaneidad le demanda al sujeto. Incluso, es un hecho que en la modernidad nos hemos hecho adictos a los objetos de la tecnología; vivimos pegados al computador, el celular, las consolas de juego, el GPS, los dispositivos de audio y video –mp3, mp4–, las tabletas, etc., así como en su momento nos volvimos adictos a la radio, la televisión, el reloj, el bíper, etc. La vida de todos los sujetos está atravesada hoy en día por el empuje al consumo de todo tipo de “gadgets”, convirtiendo al individuo en un consumidor que a la vez es consumido por los objetos mismos. “El consumo te consume”, dice un grafiti en una ciudad española. Y con respecto al consumo de drogas, se puede decir también que los hombres, en todos los momentos de su historia y en todas las culturas, se han entregado al consumo de sustancias psicoactivas, solo que ahora es un problema de enormes dimensiones y de carácter global gracias, precisamente, a la sociedad de consumo y las economías de mercado en las que vivimos. Las drogas son objetos que la sociedad ha aceptado y cuyo consumo ha sido fomentado en muchas culturas, y cuando se habla de consumo, no sólo hay que pensar en las drogas prohibidas, sino también en aquellas cuyo consumo no está penalizado –alcohol, tabaco, etc.–, y las que se adquieren en cualquier farmacia y que también generan adicción –el consumo de drogas lícitas es hoy en día grave y de enormes dimensiones. Casi que lo que habría que preguntarse es: ¿por qué los seres humanos tendemos a ser adictos? Hoy en día casi que se podría plantear la adicción a un objeto o a una actividad como parte de las características de cada ser humano, por eso nos podemos preguntar por qué los seres humanos somos tan “adictivos”, cosa que no sucede con los animales. El
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acto de drogarse, entre otros, distingue al ser humano de los animales; es como si el hombre fuese por «naturaleza» un ser predispuesto a la drogadicción. Algo tenemos los seres humanos, algo hace parte de nuestro ser, que nos hace sujetos proclives a la adicción. Y si a esto se le suman las demandas de la sociedad de consumo, casi que se podría decir: ¡Todos adictos! Pero antes de dar respuesta a esa pregunta, veamos por qué los adolescentes son una población muy vulnerable al consumo, no solo de drogas, sino de todo lo que le ofrece el mercado. Lo primero que hay que decir es que el “adolescente” como concepto es algo más bien reciente, incluso hay quienes piensan que es un invento de la modernidad, un "funesto invento", según González (1999), que hizo su aparición especialmente con el surgimiento de la sociedad de consumo, la cual ya preveía la capacidad consumidora de este grupo. Es decir que el concepto nace a la par del surgimiento de consumismo, a finales del siglo XIX y ¿Por qué los adolescentes consumen drogas?

Al comienzos del XX, en la que el avance del desarrollo industrial capitalista hace posible el mercado de bienes y servicios, disponibles gracias a la producción masiva de los mismos. Y justamente, con la sociedad de consumo, es decir, con las economías de mercado y el capitalismo, surge también el problema de las adicciones a las drogas en la modernidad. Lo uno va de la mano de lo otro, o mejor, lo uno no es sin lo otro. Resumiendo, en la cultura occidental la adolescencia es algo reciente; ella no existía antes del siglo XIX y la población de jóvenes no era objeto de interés de ningún discurso humano. Si la adolescencia produce tratados desde hace sesenta años, es debido a la nueva organización social derivada del desarrollo industrial, el capitalismo y el impacto de los medios de comunicación, los cuales han centrado la atención sobre esta franja de edad que va entre los doce y veintiún años, más o menos. Sobre todo para el mercado, el adolescente se ha vuelto objeto de particular interés; él es un consumidor en potencia que se puede manipular fácilmente con ayuda de la publicidad; ésta ha llegado al extremo de convertir la adolescencia en una “clase social”, con una “identidad”, unas costumbres, unos gustos y un “modo de ser” propios. De hecho, los mensajes publicitarios dirigidos a los adolescentes se apoyan precisamente en los aspectos críticos de este momento: la
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libertad y el amor, es decir, la autonomía y la sexualidad. A ello se suma la universalización de las costumbres y la caída de los valores que regían las generaciones pasadas; con este panorama los aspectos críticos de la adolescencia se han convertido en un problema que trasciende barreras sociales y culturales. Por todo lo anterior se puede decir, entonces, que los adolescentes conforman hoy en día una población que se puede denominar de alto riesgo, ya que ellos se hayan desamparados ante las sugestiones de los medios de comunicación y el crecimiento de ideales utilitaristas. Y si están desamparados es porque en la familia ya no se comparte un saber en relación con una posición ética ante la vida y las instituciones sociales. Además, las perturbaciones que se presentan en la adolescencia, ya sea en el ámbito mental o en el comportamental, resultan muy difíciles de tratar debido a la tendencia del joven a la actuación. El adolescente es alguien que prefiere actuar antes que pensar, por eso pasa por alocado, impulsivo, irracional o insensato. Los muchachos parecen no medir las consecuencias de sus actos, los cuales, como todo acto, cambian radicalmente su vida y su posición subjetiva: embarazos indeseados, abortos, graves accidentes, hechos delincuenciales, y por supuesto, la adicción a la droga y al alcohol; los adolescentes se constituyen, entonces, en una población muy vulnerable a la adquisición de todo tipo de adicciones. Para el psicoanálisis la toxicomanía no constituye una categoría clínica; se trata más bien de un síntoma, y por lo tanto, no es la causa, sino una consecuencia. Esto es muy importante subrayarlo: la adicción a una droga no es el problema, sino la consecuencia de algún problema del sujeto. En términos generales se puede decir que la droga es una respuesta, una «solución» a un malestar particular del sujeto. La droga no es la causa de la adicción, como suele pensarse; la droga es la consecuencia. Sobre la causa hay una incógnita, por eso es a la causa a la que hay que apuntar. La toxicomanía es pensada entonces como un síntoma que, paradójicamente, para el adicto se presenta como una solución para hacer frente a un sufrimiento; por eso se dice que la droga es una forma de escapar de las dificultades que plantea la existencia. Y por esto es que es importante tener en cuenta, en el momento de abordar el problema del consumo de drogas, que a cada toxicómano la droga le sirve de una forma particular. En el psicoanálisis se trabaja caso por caso, apuntando a la relación particular del sujeto con la
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droga; de este modo, se trata de ubicar cuál es la función y la lógica que el tóxico adquiere en la economía psíquica del sujeto. Se puede decir, entonces, que no existe la adicción o la toxicomanía, sino que lo que existe son las adicciones y las toxicomanías, es decir, los adictos y toxicómanos, uno por uno, en su singularidad; por eso es importante determinar la función de la droga en cada caso y el contexto social en el que se desenvuelve el adicto. Esto significa también que la solución de la drogadicción no está en separar al toxicómano de la droga; incluso hay algunos que necesitan de ella para mantener un equilibrio psíquico, y si se les quita la droga bruscamente, se puede desencadenar una crisis grave. Esto no es algo que se presente en todos los casos, ni debe ser un argumento que utilice el toxicómano para seguir con el consumo. Pero se trata de algo que de cierta manera es contrario a los parámetros de la Salud Pública, la cual tiene el ¿Por qué los adolescentes consumen drogas? Con el propósito de apartar a «todos» los toxicómanos de las drogas, sin pensar en la particularidad del caso. Cuando se busca apartar al drogadicto de la droga, a éste se lo trata como una víctima, y no como un sujeto responsable de sus elecciones. En este sentido es que se hace importante, desde el psicoanálisis, buscar una salida al problema del consumo que no necesariamente implique la abstinencia. Otro aspecto importante en el abordaje de este problema, es determinar el origen de la toxicomanía en cada sujeto, el origen de la decisión de ser toxicómano. Esto significa que en algún momento de la vida el toxicómano ha decidido ser así. Y por ser una elección del sujeto, es también su responsabilidad. Se puede ilustrar con un caso: un hombre de treintena años recuerda una escena, a los nueve años, durante la Nochebuena. Su padre, que hasta entonces se había comportado como un buen padre, un padre amable, entra en su habitación y sale poco después enfurecido, rompe todos los regalos y pega brutalmente a la madre. Él no entiende qué pasó; para él no hay ninguna explicación que venga a dar cuenta del comportamiento del padre. Esta escena la recordará durante toda su infancia. En un momento de su vida –a los doce años, es decir, justo cuando iniciaba su adolescencia–, él se ve obligado a tomar una decisión fundamental con relación a esta situación de la madre pegada por el padre: «yo tenía dos posibilidades: matar a mi padre o ser toxicómano; elegí la toxicomanía». Mejor toxicómano que parricida: he aquí un

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ejemplo que ilustra la decisión particular de un sujeto en ser toxicómano para dar respuesta a algo que le resulta doloroso. Ahora bien, el concepto que designa en el psicoanálisis el hecho de que un sujeto se aferre compulsivamente a un objeto, y que por lo tanto lo hace un adicto, es el concepto de goce. Se trata de un modo de adicción que va más allá del placer. “Es decir, uno se engancha con algo y puedo incluso pasar a una adicción con la comida, el sexo, el trabajo, la tele, la pantalla, el juego. Un modo de adicción que va mucho más allá del placer. Y es esta zona que designa el goce.” (Laurent, 2011 citado en Pavón, 2011). El goce es un concepto específico de Lacan. En términos muy generales podemos indicar que el goce tiene que ver con las relaciones que establece un sujeto deseante con un objeto deseado, y el monto de satisfacción que él puede experimentar del usufructo de dicho objeto. El término goce conjuga, entonces, por un lado, a la satisfacción sexual cumplida, y por el otro, el goce de un bien, lo que se llama «usufructo» en términos jurídicos, o lo que Marx denominó «plusvalía». El sujeto toxicómano es, en este sentido, un sujeto paradigmático de lo que es sacarle provecho a un objeto con el que se satisface sexualmente. ¿Por qué decimos sexualmente?, porque la tesis de Freud con respecto al síntoma, es que éste es una satisfacción sexual sustitutiva, es decir, que el síntoma sustituye a la satisfacción sexual. Pero en la toxicomanía no sólo hay sustitución de la satisfacción, sino que también se presenta, como dice Laurent (1988), un rompimiento con el goce fálico. Un caso clínico expuesto por Stevens (2011) nos puede dar luces sobre este aspecto. Se trata de un sujeto que devino alcohólico al inicio de su adolescencia. Decía que eso había sucedido para no escuchar los gritos de sus padres que se peleaban; él se encerraba a tomar en el sótano de su casa mientras ellos discutían. Se volvió adicto al alcohol hasta su adultez, y en una entrevista con el psicoanalista éste le pregunto: "Durante todo este tiempo, ¿qué pasó con las mujeres?". Y él respondió que las mujeres no son ningún problema para él, que las he tenido regularmente, pero que no estaba seguro de haber paseado una sola vez con una de ellas teniéndola de la mano, mientras que a su botella siempre la tenía en la mano. Se ve claramente cómo el sujeto no se separa de su síntoma y muestra “lo que está en juego en la toxicomanía en forma predominante, es lo consumible antes que el ideal o el sexo. Es un goce que, como dice Lacan, evita pasar por
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"la cosita de hacer pipí". (Steven). La “cosita de hacer pipí” no es otra cosa que el goce fálico y la expresión “ruptura con el goce fálico” Lacan la utiliza para pensar las psicosis (Laurent, 1988). En las psicosis no sólo hay ruptura con el goce, sino que hay ruptura de la identificación paternal, es decir, en términos de Lacan, forclusión del Nombre del Padre. El Nombre del Padre es el significante que inscribe en el inconsciente del sujeto, la Ley de prohibición del incesto y la castración simbólica. En la psicosis, esta inscripción falta, está precluída, nunca se presentó, y entonces tenemos la psicosis. Lacan se va a preguntar, entonces, si la ruptura con el goce fálico implica la forclusión del Nombre del Padre. “Seguramente la utilización de tóxicos lleva a pensar que puede haber producción de esta ruptura con el goce ¿Por qué los adolescentes consumen drogas? fálico, sin que haya por lo mismo forclusión del Nombre del Padre” (Laurent, 1988, párr. 8). Esto quiere decir que el toxicómano que es psicótico es diferente del toxicómano que no lo es, y que la función que cumple la droga en estos dos tipos de sujetos es diferente. En la psicosis la droga puede cumplir una función de suplencia, y esto significa que la droga le sirve al sujeto psicótico para estabilizarse, para no desencadenar la psicosis como tal. Este punto es bien problemático, de ahí la importancia del diagnóstico diferencial, y es que si se le retira la droga a un psicótico, droga que en él cumple una función de suplencia, a este se le puede desencadenar una psicosis esquizo-paranoica, con todo lo problemático que es esto. El goce de la sustancia puede ser el retorno de ese goce extraído del Nombre del Padre (Laurent). Entonces, lo mejor es dejar que el sujeto siga consumiendo antes que pasar a desintoxicarlo. No se trata simplemente de separar al toxicómano de la droga; hay algunos que necesitan de ella para mantener un equilibrio psíquico, y si se les quita la droga bruscamente, se puede desencadenar una crisis grave. Esto no es algo que se presente en todos los casos, ni debe ser un argumento que utilice el toxicómano para seguir con el consumo. Pero se trata de algo que de cierta manera es contrario a los parámetros de la Salud Pública, la cual tiene el propósito de apartar a «todos» los toxicómanos de las drogas, sin pensar en la particularidad del caso. Algo que caracteriza a los toxicómanos psicóticos es que son sujetos que no se presentan bajo el modo “yo soy toxicómano” (Laurent, 1988). Ellos son diferentes a los sujetos neuróticos que sí se presentan así, identificados a su síntoma, lo cual le ayuda al drogadicto a hacerse a una «identidad» en la medida en que hay una «identificación» con
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el objeto-droga. «Ser alcohólico» o «ser drogadicto» es tener ya asegurada una identidad, un lugar en el mundo, a la vez que recurrir a una sustancia psicoactiva le cierra al drogadicto el acceso a la cuestión de resolver su «identidad» como hombre o como mujer. De cierta manera, cuando la droga brinda una respuesta al nivel de la «identidad», el sujeto se aparta de la pregunta por su «identificación» sexual. Esta es otra manera de decir que el sujeto toxicómano rompe con el goce fálico. El psicótico que consume alguna sustancia, se puede decir de él que para nada es toxicómano. Su goce está, como dice Laurent (1988), perfectamente limitado; además, ellos escapan a las leyes del mercado, ya que ellos quieren algo específico. La mayoría de los toxicómanos no quieren algo preciso, sino que consumen lo que el mercado les ofrece, dependiendo de la mercancía que esté circulando o del lugar donde se encuentren; puede ser cocaína, cannavis, crack, perico, opio, no importa. Esto es algo que caracteriza al toxicómano: toma lo que haya en el mercado, toma lo que se presenta. Y es un drama, dice Laurent, “porque cuando la policía logra eliminar ciertos mercados abiertos, zonas de producción, otra se presenta inmediatamente, y en el fondo eso cambia. Esta es la idea justamente, que la ruptura con el goce fálico suprime las particularidades” (Laurent).

Esta supresión de las particularidades en la toxicomanía tiene su importancia, sobre todo respecto de la estructura perversa. Se puede sostener con toda seguridad (Laurent, 1988), que el toxicómano no es un perverso, ya que la perversión supone el uso de las particularidades del fantasma. El fantasma, en el psicoanálisis, es la manera singular que tiene un sujeto de gozar o hacer uso de un objeto que satisface la pulsión sexual, y cuando se habla de fantasma hay que incluir en él a la castración. La perversión supone el uso del fantasma –es la estructura donde mejor se puede ver esto–, en cambio, en la toxicomanía, hay un uso del goce por fuera del fantasma. Es una especie de cortocircuito, dice Laurent, en el que la ruptura con el “pequeño pipí” tiene como consecuencia que se puede gozar sin fantasma. Gozar sin el fantasma tiene otra consecuencia para el toxicómano, y es que para él lo legal o lo ilegal no le concierne. Lo ilegal no es una atracción para el toxicómano en tanto que tal. Seguramente para algunos drogadictos la ilegalidad es importante en el momento de
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elegir la droga que va a consumir, pero para el toxicómano lo ilegal o legal no le dice nada (Laurent, 1988). Esta es otra de las consecuencias de esa ruptura con la castración, ya que la castración implica la ley, y la ley es la que hace al trasgresor. Sin ley no hay trasgresión. Esta consecuencia trae, a su vez, otra consecuencia con respecto a la legalización de la droga, tema en el cual se piensa ahora bastante, y es la siguiente: legalizar la droga no traería ninguna consecuencia en el consumo. Habría sí cambios a nivel del mercado y las ganancias, pero la legalización no serviría como tratamiento para el consumo. Publicaciones como The Economist ha apoyado recientemente por la legalización de la droga, ya que los economistas saben perfectamente que dicha legalización hace decaer los ¿Por qué los adolescentes consumen drogas? grandes beneficios que ella produce a los narcotraficantes de un pequeño país que logra inundar a todo el planeta con su tóxico (Laurent, 1998). Dice entonces Laurent que a la droga hay que legalizarla para que ella no beneficie más a nadie más. Además, esta sería la única forma de reducir los daños que su consumo produce. Ahora bien, como las leyes del mercado regulan los precios de la droga, ella inunda dicho mercado, que ahora es globalizado. Esto tiene como efecto la integración del mercado único de los goces, es decir, que todo el mundo goza de los mismos objetos de consumo, lo cual uniforma el goce, haciendo insoportable un goce diferente, borrando las diferencias. Esto tiene como efecto en el mundo, como señala Laurent (1998), fenómenos de segregación y de racismo. Dice Laurent: Cómo la forma "Estado" podrá hacer coexistir goces diferentes sin que se susciten estos fenómenos de odio racial, es la apuesta decisiva en la cual vivimos. Y bien, me parece, más allá de la forma "Estado", es decir el mercado único, él, se coloca en la perspectiva, de un goce uno, más allá de estos goces diferentes. Es lo que hace, después de todo que un solo país pueda ser el productor de droga para el universo entero y producirla en cantidad suficiente: no hay ningún obstáculo industrial para esto, la cocaína puede ser producida en cantidad suficiente para satisfacer el consumo mundial.” (1998). Resumiendo, la toxicomanía no es una estructura clínica particular; es más bien un síntoma que tiene una función diferente en cada una de las estructuras, por eso es muy importante abordar el caso por caso. En este sentido, no existe la toxicomanía, sino los sujetos toxicómanos. También es frecuente encontrar desencadenamientos de psicosis en
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sujetos a los que se les priva de su adicción, lo cual hace delicado el tratamiento de dichas adicciones en sujetos prepsicóticos. Y por último, Lacan va a poner el acento en el borramiento del saber del inconsciente, el borramiento del goce sexual. Hay un rechazo del inconsciente por parte del sujeto adicto, lo que supone, a su vez, separarse de la relación con el pene, con el goce fálico (Aksenchuk, 2006). Por otra parte, el sujeto drogadicto es el paradigma de la relación del sujeto moderno con el objeto de consumo, un sujeto que depende esencialmente del modo de gozar actual, un goce que depende de la relación establecida entre el mercado y el capitalismo, y que permite la explotación del deseo humano cuando el mercado le promete al sujeto toda una serie de objetos que colmarían su deseo. Con el mercado se desencadena un consumismo alocado que hace del sujeto drogadicto un sujeto pegado a su objeto de goce, aislándolo de todo lazo social y asegurándole su lugar como toxicómanos. BIBLIOGRAFÍA Aksenchuk, R. (2006) Toxicomanía y psicoanálisis. Del goce globalizado a la ética de la diferencia. . Recuperado de http://www.psikeba.com.ar/articulos/RAtoxicomania.htm

Gonzales, C. (1999) ¿Adolescencia o adolescencias?...Representaciones y contextos, Memorias del V Seminario-Taller. Capítulo (…) Un Funesto Invento Moderno: Su Majestad el Joven. Ed. Instituto Jorge Robledo, Medellín. Lacan, J. (1975). Jornadas de estudio de los carteles en la Escuela Freudiana de París. Buenos Aires: Biblioteca de psicoanálisis “Oscar Masotta”. Laurent, E. (1988). Tres observaciones sobre la toxicomanía. TYA (Toxicomanías y alcoholismo). . Recuperado de http://www.wapol.org/pt/las_escuelas/TemplateImpresion.asp?intPublicacion=4&intEdici on=1&intIdiomaPublicacion=9&intArticulo=168&intIdiomaArticulo=1 Pavón, H. (2011, 14 de julio). La pregunta de la época es: ¿Qué vas a hacer hoy para gozar más? . Recuperado de http://www.clarin.com/sociedad/pregunta-epoca-vas-hacergozar_0_406759351.html
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Stevens, A. (2011, 19 de enero). Nuevos síntomas en la adolescencia. . Recuperado de http://www.blogelp.com/index.php/nuevos_sintomas_en_la_adolescencia_alexa

Módulo 2: Policías (con) ciudadanos: nuevos horizontes en las políticas públicas de seguridad

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‘La legitimidad de toda Policía se basa en la credibilidad que alcance frente a la comunidad’. Robert Pell, 1820, Creador de la Policía Metropolitana de Londres

Presentación

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En toda oportunidad que aquí aludamos al concepto de ´lo militar’ estaremos aludiendo a modelos militarizados de comportamiento, educación y visión de sí mismos y de los ‘otros no militares’; que caracteriza a todas las instituciones que tienen la facultad de usar legítimamente la fuerza física, delegada por el poder civil representad en las instituciones de gobierno del Estado de Derecho. Por tal motivo aludiremos de maneras ambiguas por momento a la institución policial como al resto de las instituciones armadas, no obstante existen claras delimitaciones en sus funciones relacionadas a la seguridad interna y externa. Todos los seres humanos que ambicionan herramientas de poder para cambiar la sociedad en que viven corren el riesgo de ser pensados y devorados, inutilizados y alienados, por el pensamiento hegemónico del tiempo y de las instituciones en que se mueven. Ya sea que se transite por instituciones cercanas a la academia universitaria, las que acumulan un tipo de poder y una forma de memoria que es el conocimiento técnico – humanístico del funcionamiento de lo social; o que se transite por instituciones cercanas al poder político, las que detentan fundamentalmente la capacidad para la acción y la intervención social. Cuando la energía vital innovadora y creadora; de pensadores, funcionarios, activistas, militantes, dirigentes; va quedando alienada en las redes sociales por las que circula el poder que sostiene a todos y cada uno; las personas se paralizan, sus ideas y actos devienen solo en declamaciones, perdiendo la capacidad transformadora. Creyendo pensar el mundo en que viven, son pensados por un poder abstracto, hegemónico, deshumanizado y difícilmente identificable. Existe un punto de intersección en el que todos los seres humanos se tornan precarios más allá de los derechos de ciudadanía que cada uno pueda ejercer en la desigual distribución de los mismos. Ese punto es la ‘sustituibilidad de los cuerpos’, un mecanismo del poder que convierte a las personas singulares en abstracciones que pueden desaparecer y dejar de existir sin que el sistema social se ponga en riesgo. La sustituibilidad de todos y cada uno asegura el poder institucional. Intelectuales, activistas, funcionarios políticos, ejecutivos de grandes corporaciones, policías, todos son sustituibles sin que se produzcan perturbaciones en la dinámica institucional a largo plazo. Sin embargo, todos, como los policías, se vuelven insustituibles y singulares en el sufrimiento que la violencia de sus propias instituciones les produce, consecuencia de la distancia entre lo que desean ser, lo que deben ser y lo que efectivamente consiguen ser. El caso particular del cuerpo de los y las policías está atravesado por lo que les demanda la sociedad civil y el poder político por un lado, y los principios de la propia institución policial; la que no escapa a una lógica de ascenso social en la que operan los mismos mecanismos de corrupción institucional que existen en las corporaciones del poder político, de la academia o del mundo empresarial. 34

El presente módulo en este curso de Derechos Humanos aborda cuestiones pertinentes a la seguridad pública desde una mirada centrada en las ciencias sociales, particularmente la antropología y la sociología, y se distancia de cualquier conceptualización anclada en la hegemónica tradición del derecho penal. El objetivo es contribuir a un debate informado sobre la manera en que los y las policías puedan pensarse como seres únicos e insustituibles cargados de valor para sí mismos y la sociedad en que se desempeñan. El personal policial por la especialidad de su función represiva en el Estado queda muchas veces atrapado –para la opinión del gran público poco informado– en visiones negativas producidas por la percepción pública de dobles pactos de la institución policial, por un lado con algunos sectores del poder político, y por otro con sectores del propio mundo delictual. Dobles pactos que persiguen la acumulación o la retención de poder por parte de algunas cúpulas policiales —también algunos funcionarios políticos— que van deslegitimando la propia institución social; ya que la única legitimidad de la Policía es la credibilidad que alcance frente a su comunidad más cercana. Es en este sentido que tanto la sociedad civil, como los especialistas, expertos e intelectuales, el poder político y los propios intelectuales orgánicos de la institución policial; están llamados a contribuir con la democratización de la institución con primordial objetivo de disminuir el sufrimiento que la propia violencia institucional les produce, requisito primario para cambiar la visión de su propio cuerpo singular, de su cuerpo institucional y de la relación de esos cuerpos con la ciudadanía cuando ejercen la ineludible función de represión, la que dimensionada y humanizada nada tendría que ver con el abuso de la fuerza y mucho menos de la autoridad. Cada institución humana ejerce mecanismos particulares sobre sus miembros para asegurar su sustitución sin que nada ocurra, en el caso de las y los policías, el mecanismo central y más poderoso es la ‘militarización’. Sin embargo existen muchos sentidos de militarización y muchos componentes que la constituyen. Discutirlos trasciende el honor, el poder y la construcción de una masculinidad escindida de los sentimientos; partes importantes del sentido de estar siendo un militar. Es precisamente el componente verticalista de la militarización, el que lleva a la distorsionada experiencia de la ‘obediencia debida’ entre jefes y subalternos; el que produce consecuencias no deseadas en el disciplinamiento y la administración interna de justicia de los sistemas de las fuerzas de seguridad que dejan a muchos de sus miembros desamparados frente al poder altamente discrecional de sus jefes, por un lado; y el que daña la relación de confianza entre las fuerzas de seguridad y la ciudadanía. Por otro lado, ese mismo componente verticalista facilitó que las instituciones de policías fueran presas altamente eficientes y disciplinadas de diversos grupos de poder políticos a lo largo de la historia y de una historia bastante reciente en nuestro país, para la tarea de represión que hizo posible la instalación de políticas públicas imposibles sin la eficacia del ejercicio brutal del miedo y de la fuerza. Discutir esos sentidos de la militarización es 35

imperativo para la democratización de la institución policial, una tarea que les excede a los propios policías en el sentido que no es factible solo con la elección voluntaria de sus miembros, ya que la seguridad excede la propia institución de policía. Democratización –es preciso aclarar– que nada tiene entonces que ver con la ‘sindicalización’ de las fuerzas que eventualmente podrían poner en peligro la eficacia de la función social de las mismas. El debate que proponemos sobre la seguridad pública resultará efectivo solo si se complementa poniendo en movimiento distintos tipos de activismos sociales por la democratización policial y por los derechos de los policías con los consecuentes cambios en la Ley y en las conciencias. Para que el debate se produzca, es preciso trabajar en el doble sentido de disminuir el prejuicio de las organizaciones sociales hacia las policías y de discutir la necesidad de apertura de la institución a la vida civil en la mente de muchos miembros de la cúpula policial. Pretendemos contribuir a acrecentar el conocimiento sobre los valores fundamentales vinculados con la libertad, la igualdad y la dignidad de las personas, entre todos los ciudadanos que se desempeñan en la fuerza de policía y que han incorporado los valores de la institución como parte central de sus vidas, tanto en la teoría como en la práctica. Fortalecer la institucionalidad democrática de los organismos estatales de seguridad en la provincia es la guía conductora de la experiencia educativa que se busca desarrollar, en la que es de vital importancia la recuperación del saber policial como un conocimiento autorizado. Una experiencia de fortalecimiento necesaria porque la democracia no puede alcanzarse a través de una simple elección; evoluciona de acuerdo con las necesidades y tradiciones de los diversos grupos sociales que la componen y de sus particulares luchas por estar mejor en el mundo en un momento determinado, que la convierte siempre en un proceso en construcción, con expansión y restricción de derechos. Por tal motivo es preciso fortalecer el vínculo entre los movimientos democráticos locales, vínculo basado en el compromiso común con el gobierno representativo y la libertad como estilo de vida; en el trabajo por la construcción de la paz, basada en la justicia social y en la organización comunitaria. En un contexto democrático, la función policial encuentra su mayor fundamento, en la contribución a un mejor nivel de vida de la población, mediante actividades preventivas que disminuyan la incidencia delictiva y generen confianza entre la comunidad y la policía; la cual estaría llamada a procurar una estrecha relación con el ciudadano y la comunidad donde se desenvuelve. Es necesario avanzar sobre la democratización de la vida policial, en base a un modelo que focalice la prevención y una idea de orden contraria a la mano dura y la tolerancia

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cero; a la vez que incluir una mirada sobre los derechos humanos de l@s policías en relación a la sociedad en general y al sistema de justicia interno que l@s rige. Consideraciones para una policía democrática 1 Objetivo: Definir el marco de actuación de la institución policial en una sociedad democrática a partir de conceptualizaciones que permitan relacionar la prevención del delito, la seguridad y la historia policial, estableciendo criterios para la construcción de una policía orientada a un proceso de democratización interior. 1.- Componentes de la militarización ¿Cuál es el papel de la Policía en el gobierno de una sociedad democrática? La policía es una institución que evoluciona y se transforma a sí misma en el tiempo, a partir de su composición interna, de los jefes que la comandan, de su relación con el poder político y la sociedad en general, de las funciones que en cada época sus integrantes tienen y creen tener; en definitiva, de la mirada que sus propios miembros tienen de sí mismos como parte de la institución. Su transformación está íntimamente ligada al cambio que sufre la noción social de ‘seguridad’, y su contrapartida la ‘inseguridad’. En los primeros cincuenta años del siglo xx Salta evolucionó de la aldea a la ciudad moderna. Una parte de su ‘gente decente’ se modernizó también en la continuidad histórica de la construcción de hegemonía política, social, de usos y costumbres, de ciudadanía, de derechos; por parte del Estado; concomitantemente las clases subordinadas se adaptaron y reconstruyeron en un juego simultáneo sus usos y visiones del mundo. En su doble papel de dominador y dominado, la institución policial se adaptó y cambió. Entender ese cambio para poder visualizar lo que sería una policía moderna democrática hace necesario historizar la policía local2 y las concepciones que sobre la misma y la seguridad, tuvo el poder político hegemónico en el país en el siglo xx, sobre todo, en su segunda mitad, por la importancia que tuvieron sobre la institución policial los totalitarismos latinoamericanos de los setenta. La ideología de la sociedad estamental de salta y el país en los primeros cincuenta años — heredada de la época colonial— plasmada en la identidad y la jerarquía social; hacía del honor del

Algunas ideas centrales aquí planteadas surgen en dialogo con el Manual de Seguridad Preventiva y Policía Comunitaria. Guatemala. IEPADES. De León Escribano y otros. Ver bibliografía para el presente módulo. 2 Una tarea de historización de la Policía de Salta ha sido realizada por el policía e historiador Oscar Rojas conjuntamente con el policía Ciro Vais y otros. Actualmente inédita.

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género masculino una cuestión prevalente. Se sumaba la rígida lógica racial en la que las diferencias culturales definidas alrededor de la oposición barbarie-civilización; fueron los criterios primordiales para determinar el estatus de las personas. Barbarie - civilización, honor masculino militarización; son ideales concatenados en la estructura de la personalidad de los miembros de las instituciones de seguridad que hacen uso de la fuerza legítima del Estado. Se trata de una ideología de la cultura mediterránea europea importada con la colonia principalmente por los españoles conquistadores y reforzada luego por la gran masa de inmigración italiana de fines del siglo xix. En esta ideología el honor tanto femenino como masculino tenía dos dimensiones, una natural y otra cultural: la dimensión ‘natural’ de la masculinidad era el machismo, entendido como la capacidad de dominación. El valor, la virilidad, la autonomía y el don de mando eran las bases ‘naturales’ del poder y del honor-predominancia en los hombres. En su dimensión cultural, el honor-virtud masculino estribaba en la socialización de las cualidades ‘naturales’, esto es, en la capacidad de controlar los instintos y pasiones naturales por medio de la razón y la moral3. Esta construcción de la masculinidad estructuraba las relaciones de autoridad y obediencia en las que abrevaron las leyes de policía y los rituales visibles e invisibles de sus miembros como códigos de pertenencia a la institución y como valores centrales en sus vidas: la legitimidad del uso del poder público — y privado— quedó construida sobre un principio contradictorio: la autoridad legítima podía y debía ejercer el mando recurriendo por igual, tanto al consentimiento como a la fuerza física y simbólica. Con esa visión contradictoria del poder, en tanto uno de los componente de la masculinidad, el Estado propició en las instituciones que detentaron desde su nacimiento el uso legítimo de la fuerza, una militarización que vinculaba la reputación y el honor masculinos tanto al valor guerrero de la destrucción del 'enemigo interno y externo', como a la 'protección' y 'provisión' de cuidado de los propios, y por último al sentido de 'pertenecer' al grupo capaz de propiciar esos cuidados y detentar la fuerza física y simbólica como herramienta fundamental para proveerlos.

El enunciado es una de las tesis centrales en el trabajo sobre la construcción y la transformación militar de los campesinos colonos de la frontera norte de México a fines del siglo xix. Alonso, Ana María Alonso ‘Thread of Blood. Colonialism, Revolution and Gender on Mexico’s Northern Frontier. Hegemony and Experience: Critical Studies in Anthropology and History’. Tucson, University of Arizona Press, 1995. (Hilo de sangre. El colonialismo, Revolución, y Género en la Frontera Norte de México) No existe traducción al español. Una reseña bibliográfica del mismo por Patricia Fernández Castro puede verse en Revista FRONTERA NORTE, vol. 9, núm. 18, julio-diciembre de 1997. Versión digital en
http://aplicaciones.colef.mx:8080/fronteranorte/articulos/FN18/12-f18_Resena_Thread_of_Blood.pdf

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2.- Antecedentes de la militarización de la policía Para establecer claramente las funciones y competencias que la normatividad y el sentido común más o menos informado de los ciudadanos otorga a la Policía, es preciso recorrer los antecedentes y causas que han dado origen y en muchos sentidos aún sostienen los componentes negativos del proceso de militarización de la Policía. No porque la militarización sea una característica negativa en sí misma, sino por el contrario, para diferenciar los diversos componentes de la misma, y visibilizar en ella algunas consecuencias negativas para la propia función policial; de manera tal que el sentido militar y de honor de las y los policías, contribuya al crecimiento de la institución sin que necesariamente se vuelva en contra de las vidas de sus miembros4. A diferencia de las policías municipales primigenias que surgen como institución en el siglo xvi y xvii en Europa, totalmente distanciadas del sentido militar moderno que comienza a configurarlas en el viejo continente ya a mediados del siglo xviii; las policías latinoamericanas surgieron como empresas con funciones militares5. A lo largo de su existencia, muchos fueron los momentos de reforzamiento de ese sentido. En el país y en la región el proceso de militarización más reciente y también el de sentido más fuerte y belicoso, se gestó en los sesenta; se visibilizó en la década de los setenta, y está indisolublemente ligado a la militarización de la política. El fenómeno consiste, precisamente, en calificar y tratar como militares los problemas políticos y sociales más variados, sustituyendo su solución por medidas represivas, que agravan con el tiempo esos problemas y tergiversan el ideal democrático de la ciudadanía en general y de la propia fuerza policial. Esa militarización de las problemáticas sociales y económicas retrasó el desarrollo de la democracia. Así es como un militarismo totalitario en el sentido de una autoridad basada en un código contradictorio de masculinidad hegemónica que entremezcla seguridad —en el sentido de protección— con uso por igual de consentimiento y fuerza física; surgió como pretendida solución a las crisis políticas, sociales y económicas que afectaban al país. Pretensiones que evidentemente

Visibilizados por ejemplo en una importante cantidad de sumarios disciplinatorios internos de la institución policial, o en las causas de violencia familiar en las que uno de los cónyuges es policía. Y evidenciados también en el rechazo de un importante sector de la ciudadanía por la figura policial ligada a casos de ‘gatillo fácil’, ‘abuso de autoridad’ y ‘corrupción’. 5 Maldonado Prieto, Carlos. ‘Militarización de la policía: una tendencia histórica chilena’. On line en el Portal de la Dirección de Archivos y Bibliotecas de Chile, http://www.memoriachilena.cl/archivos2/pdfs/MC0018154.pdf

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nunca pudieron dar soluciones sostenibles en el tiempo y que sumerge a las fuerzas de seguridad en una violencia institucional que perjudica a sus propios miembros. La finalización de la II Guerra Mundial trajo consigo la creación de un mundo bipolar, basado en dos sistemas económicos y sociales contrapuestos con altos niveles de armamentismo. Este período denominado la Guerra Fría limitó la noción de seguridad en el campo de las relaciones internacionales a la protección del territorio contra la agresión del enemigo, la defensa de los intereses nacionales en política exterior y a los esfuerzos tendientes a evitar el holocausto nuclear. En el marco de este contexto internacional, surge y se desarrolla la noción de ‘seguridad nacional’ que tiene su origen en el Estado de Seguridad Nacional estadounidense, que asume su base filosófica en el Acta de Seguridad Nacional promulgada por EE.UU. en 1947. Ese acuerdo y ese documento son el antecedente para que todos los países latinoamericanos suscriban el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) ese mismo año de 1947. Por este tratado los gobiernos latinoamericanos acordaban el desarrollo del modelo de la estrategia militar internacional de Estados Unidos. La firma del tratado dio lugar a un marco de cooperación en materia de seguridad y defensa entre EE.UU. y Latinoamérica, implementándose Programas Bilaterales de ‘Ayuda Militar’ (MAP) con los países latinoamericanos entre los años de 1952- 1958 propiciando los entrenamientos de militares latinoamericanos en EE.UU. y en el Canal de Panamá, sede inicial de la escuela de las Américas. Esa ‘ayuda militar norteamericana’ dio como resultado que la seguridad de los estados entre sí se articulase frente al peligro que representaban estados sospechosos por considerarse de alguna manera opuesta a la conducción política norteamericana. La influencia norteamericana y la tendencia cada vez más acelerada a la internacionalización de los procesos sociopolíticos después de la Segunda Guerra, generó una mirada limitada de los problemas y conflictos que se presentaron en el ámbito internacional, que tenía como característica fundamental la aproximación política - militar a cualquier hecho, en cualquier parte del mundo. Esta concepción de la seguridad internacional liderada por Estados Unidos, permitió que los militares latinoamericanos consideraran la mayor parte de los problemas sociales como manifestaciones subversivas. A mediados del siglo xx, eI triunfo de la Revolución Cubana y el surgimiento de múltiples grupos opositores a los gobiernos nacionales dependientes del potencial político, armamentístico y económico de Estados Unidos; facilitó que en el marco de la doctrina de seguridad nacional de esos gobiernos dependientes, se concibiese el comunismo y sus manifestaciones como el enemigo interno a destruir. En el caso de nuestro país se trataba en su mayoría de grupos imbuidos de la doctrina peronista, movimiento que evoluciona al tiempo de 40

esta concepción de seguridad internacional y nacional, concomitante con el surgimiento y evolución del actual paradigma de derechos humanos en el seno de los organismos internacionales que aparecen después de la Segunda Guerra; los que fueron referenciados en la militancia política como ‘montoneros’ y ‘erp’, y nominados ‘guerrilleros’ en el imaginario común. El proceso de militarización de las policías en el país, se sostiene entonces en ese contexto internacional y nacional, que hace primar la ideología de un tipo de militarización extrema en el ejército y luego en las policías. Históricamente, además, las policías surgen en los territorios coloniales latinoamericanos ya fuertemente militarizadas. Cabe agregar, que durante el proceso de construcción de la idea de seguridad internacional en los cincuenta y sesenta, Estados Unidos tuvo un interés fundamental en capacitar a los oficiales militares como de policía de América Latina, en técnicas de contrainsurgencia en la Escuela de las Américas desde la década de los 40; y en la doctrina de seguridad y defensa nacional en el Colegio Interamericano de Defensa; incentivando en la misma formación el protagonismo permanente de las fuerzas de seguridad en el ámbito político de cada uno de los países latinoamericanos. Para el caso de nuestro país, además, se agrega la influencia de la escuela militar francesa en contacto directo con los líderes de la política militarizada de la última dictadura militar argentina6. A partir de 1945 se construyó una noción de seguridad completamente ajena a la vida de los seres humanos y a las necesidades de los ciudadanos comunes. Una visión que hoy se intenta rescatar. La estrechez del concepto hizo que se dejara de lado las preocupaciones legítimas de la gente común que procuraba tener seguridad en su vida cotidiana. En la década de los ’90 las relaciones de dominio de los países centrales con Latinoamérica cambian. Fortaleciendo el paradigma de derechos humanos y en base a políticas de ajuste económico, el viejo esquema político de la Guerra Fría se transfigura en un nuevo orden mundial representado en el paradigma del ‘desarrollo humano sostenible’. En 1994 la Organización de Naciones Unidas (ONU) planteó por primera vez el concepto de ‘seguridad humana’, consecuente con la visión del desarrollo humano sostenible diseñado por la misma organización a principios de
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Marie-Monique Robin. ‘Escuadrones de la Muerte. La escuela francesa’. Ed. Sudamericana. Bs. As. 2006. Existe versión documental para TV. Mientras investigaba sobre la organización transnacional que anudaba a estas dictaduras militares de la década del ’70 en Latinoamérica, conocida como ‘Plan Cóndor’, esta periodista y documentalista de la TV franco-alemana pudo visibilizar el rol secreto que cumplieron los militares franceses en esta región. El libro explica cómo Francia y sus Fuerzas Armadas formaron a los oficiales de las Juntas del Gobierno Militar argentino en los métodos de lucha antisubversiva, que los franceses adquirieron durante las guerras coloniales en Indochina y Argelia.

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los años 90. El concepto enfatiza que ‘no sólo suscita un crecimiento económico sino que también distribuye equitativamente los beneficios, regenera el medio ambiente en lugar de destruirlo y fomenta la autonomía de las personas en lugar de marginarlas’. A partir de los ’90 la certidumbre en el empleo, el ingreso, la salud, la integridad personal entre otras, constituyen la seguridad integral deseada por todos los ciudadanos del mundo. En consecuencia los Estados van a reconocer que la seguridad de los seres humanos ‘se expresa en un niño que no muere, una enfermedad que no se difunde, un empleo que no se elimina, una tensión étnica que no explota en violencia, un disidente que no es silenciado; la seguridad humana no es una preocupación por las armas: es una preocupación por la vida y la dignidad de las personas’7. Sin embargo cuando se creía que la ampliación de la noción de seguridad necesariamente generaba un deslinde de los problemas sociales, políticos, económicos, y culturales de la aproximación militar, al replantearse la noción de seguridad nacional y dar cabida a la noción de seguridad humana integral; se produce un nuevo sobredimensionamiento del concepto de seguridad nacional, colocando la prioridad ahora en el combate al narcotráfico, la protección del medio ambiente, el control de las migraciones internacionales y el crimen organizado. Una vez más, los nuevos problemas que atentan contra la seguridad nacional son del resorte de las fuerzas militares. El actual proceso de revigorización de las fuerzas armadas no debiera traducirse en la formación de l@s policías, preparándolos más para el combate que para el acercamiento con la ciudadanía, ni en el hecho que por enseñar las actividades propias que demandan el uso de la fuerza, se dejen de lado el diálogo y la mediación.

3.- Una Policía democrática Es posible concebir un proceso de democratización policial coexistente con la revigorización de las fuerzas armadas alrededor de sus funciones de seguridad nacional.

Organización de Naciones Unidas, ONU. Informe sobre el desarrollo humano 1994. Publicado por Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo PNUD y Fondo de Cultura Económica FCE. México. (En Gómez Rojas, C., 2008)

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López Portillo8 ha referido al mismo diciendo que La democratización policial es un proceso por medio del cual, con base en el conocimiento teórico y empírico y la aplicación de instrumentos técnicos, se conduce a las instituciones policiales, desde un esquema de comportamiento signado por la arbitrariedad, hacia otro contenido con cuatro principios: atención prioritaria al ciudadano, respeto a la ley, a los derechos humanos y a la transparencia. La idea de ‘conducción’ resulta central en la divisoria de aguas de concepciones diversificadas en torno a la capacidad transformadora de sí misma por parte de la institución policial. Para muchos funcionarios políticos y expertos, la transformación sería un proceso impuesto desde afuera a partir de decisiones políticas y demandas de la sociedad civil, aludiendo significativamente a expresiones autoritarias como ‘limpieza de la policía’, pensando en una especie de confrontación con las mismas ‘armas’ que dicen querer desarmar. Para otros grupos, la democratización es una necesidad sentida por amplios sectores de la misma institución, y cualquier cambio por mínimo que sea puede y debe partir de la propia dinámica interna de la organización policial, el cual puede ser fortalecido con un acompañamiento comprometido fundamentalmente por la ciudadanía, y de hecho por los organismos públicos que intervienen en la seguridad desde los poderes judicial, legislativo y ejecutivo. No se ha organizado hasta ahora un debate público que articule la función policial a la consolidación de nuestra democracia en la provincia, de forma tal que incluya a todos los sectores involucrados. La falta de información anula al debate; a su vez, la inexistencia de tal debate ha sido la causa fundamental de que se pospongan las posibilidades de una reforma policial acorde con las exigencias de un Estado democrático de Derecho, como una necesidad sentida por amplios sectores de la propia institución. El surgimiento de los cuerpos policiales está vinculado al nacimiento de las ciudades (Ver http://es.scribd.com/doc/54046543/Policias-Con-Ciudadanos pág. 108). Cuando las ciudades se fueron consolidando como los centros de poder político y económico, hacia finales de la Edad Media, también surgieron las necesidades de defensa de la seguridad en las ciudades que fueron experimentando un crecimiento importante en el número de personas que la componían y concomitantemente el aumento de hechos que ponían en riesgo su seguridad. Por eso fue

Ernesto López Portillo es investigador del Instituto para la Seguridad y la Democracia, A.C., de México. Trabaja observando procesos globalizados en las transformaciones policiales. Ver Com. DDHH Distrito Federal, 2004 en bibliografía.

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haciéndose necesaria la creación de instituciones que protegieran a las personas y sus bienes. En este sentido, la policía es la más antigua institución de protección social y expresión de autoridad. ‘Policía’ significó entonces, la función administrativa, la organización de la ciudad en el más amplio sentido y se puede traducir como ‘mantener el nuevo orden de la ciudad’. Sus primeras formas de organización se vincularon a las autoridades municipales de aquel entonces y se referían a funciones administrativas más amplias de las que hoy se relacionan con el término. Las funciones policiales, tal como hoy las entendemos, generalmente fueron realizadas por los ejércitos. Las primeras organizaciones policiales propiamente eran fuerzas pequeñas, de diversa composición, integradas con los mismos ciudadanos, sin mayor organización y entrenamiento. Su ámbito de acción fue siempre la ciudad. Los modelos policiales modernos responden a los cambios que se produjeron durante el siglo XVIII, en la constitución de un orden político burgués (ver ¡Error! Marcador no definido.). Estos cambios ocurridos fundamentalmente en Europa, crearon modelos de policía de carácter profesional, jerarquizados, con normas y disciplina que estaban bajo el mando de una autoridad y su campo de acción se expandió a todo el territorio del continente y luego a la colonia, con el fin de mantener el orden público e investigar el delito. Desde mediados del siglo xviii, la policía tuvo cada vez más una estructura verticalista y militarizada. Durante la segunda mitad del siglo XX, se iniciaron procesos de reforma de los diferentes modelos policiales y se produjo su orientación hacia el servicio a la comunidad, la protección de los derechos y libertades de los ciudadanos, así como la determinación de su carácter civil. Básicamente podemos distinguir dos modelos policiales: 1.- el clásico de características militares y 2.- el moderno de carácter civil.

Características del modelo de policía de carácter profesional desde mediados del siglo xviii: 1. Organización y presencia en la sociedad; disciplina y dirección central, control de la sociedad obligándola a cumplir las normas legales. 2. Adquisición de información política útil y centralización de la misma. 3. Ejercicio de la violencia policial y militarización para reprimir y dominar disturbios y violencia colectiva. 44

4. Responder a la necesidad básica de un modelo militar, que implica una primera mediada fundamental: la necesidad de los gobernantes de garantizar la lealtad de la fuerza al gobierno. Es su organización militar lo que permitió fácilmente disciplinarlas bajo la voluntad de este. En la actualidad se refuerza el modelo civil de la policía basado en un conjunto de ideas sobre el servicio público que busca proteger derechos y libertades fundamentales de los ciudadanos a través de la prevención, investigación y persecución del delito. Características deseables de una policía moderna Bajo estos criterios, una policía moderna a principios del siglo xxi debería desarrollar las siguientes características: 1.- Estar al servicio de la comunidad y representarla, siendo su razón de ser, el libre y pacífico ejercicio de derechos y libertades de los ciudadanos, sin ningún tipo de discriminación. 2.- La función policial está ordenada por la ley, lo cual implica que su organización institucional está bajo el mando civil, expresando su funcionamiento valores democráticos, lo que implica básicamente que tienda a: - Su desmilitarización - Estar al servicio del interés del bien común - Un carácter apolítico9 e imparcial - La no injerencia política en su funcionamiento - La persecución únicamente de hechos criminales - El respeto de las libertades democráticas de los ciudadanos, superando el modelo policial con un sentido negativo de la militarización (ver en la página 37) que se caracterizaba por su orientación represiva contra opositores políticos, su ineficacia en la investigación del delito, la corrupción y abusos de autoridad.

Esta a-politicidad refiere a las relaciones internas a la vida institucional, de ninguna manera a la bandería política de los policías como ciudadanos y miembros de una sociedad, de los que se espera un compromiso cívico igual al de cualquier miembro social.

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3.- La creación de códigos de conducta o de ética profesional y su aplicación mediante controles internos y externos 4.- Incrementar la profesionalidad de sus miembros extendiendo y abriendo su capacitación de manera tal de reforzar una carrera policial. 5.- Su función principal es la prevención del delito. La persecución del delito se desarrolla dentro de los límites que establece la ley y bajo la dirección fiscal y judicial. 6.- Establecer una relación con la comunidad, que se caracterice por la participación de la misma en la prevención del delito. Existe un consenso social sobre las funciones básicas de una moderna policía democrática: • La prevención del delito, favoreciendo la creación de un clima de seguridad ciudadana, disminuyendo la incidencia criminal y generando la sensación entre la población, de un cuerpo policial capaz de responder a sus necesidades. La persecución del delito, como parte del sistema de administración de justicia, que incluye la investigación y la detención. El mantenimiento del orden y seguridad pública, asegurando la normalidad y las condiciones bajo las cuales los ciudadanos puedan ejercer libremente sus actividades y en las que estén ejerciendo sus derechos y libertades.

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4.- Contribuciones para un debate informado en torno a la ‘seguridad pública’ 10 Las sociedades del presente viven un mundo que las condena a ver – entender pero que a la vez provoca el problema de la inseguridad. Por momentos pareciera que no hay salida segura de la exclusión – expulsión del mundo incierto en el que las personas interactúan con crecientes niveles de desesperanza e impotencia que devienen de manera natural en altos grados de parálisis.

Sobre adaptaciones de las intervenciones de expertos nacionales en Seguridad, con una tradición de pensamiento en el marco de las ciencias sociales, a partir de sus intervenciones en un debate celebrado en 2008 en el marco de acciones por el Bicentenario de la Nación, coordinado por Gabriel Kessler. (Ver referencia bibliográfica). Se incluyen también adaptaciones de la memoria del debate sobre seguridad, de expertos que trabajan desde las ciencias sociales, celebrado por la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal de México durante 2004, el que reunió a especialistas de toda Latinoamérica. (Ver referencia bibliográfica)

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Hobbes y Rouseau coinciden en señalar que la génesis del contrato social es la seguridad que el Estado debe brindar a los ciudadanos. Por ese motivo la inseguridad pone en entredicho al Estado en su razón de ser y existir. Y consecuentemente a la viabilidad del contrato social que lo sustenta. La inseguridad rompe el contrato social y moral. La historia constitutiva de las instituciones que hacen uso de la fuerza legítima del Estado en Latinoamérica, particularmente a partir de las concepciones posteriores a la Segunda Guerra Mundial que perfilaron en la región el concepto de ‘seguridad nacional’ y la modificación que éste sufriera en los noventa involucrando sustantivamente la noción de ciudadanía; ligan estrechamente las ideas sobre la seguridad —y su contrapartida la inseguridad— con las nociones sobre las acciones posibles y los actores involucrados en un proceso de democratización de la institución policial. Existe un estado precario de conocimiento sobre la problemática de la inseguridad y un debate poco informado entre el gran público por varios motivos, entre los que sobresalen el tratamiento sensacionalista de los medios de comunicación, la oscuridad en la rendición de cuentas de las policías en relación a su administración y sus procesos internos de toma de decisiones, y la manera en que se generan estadísticas sobre la seguridad, ligadas a los procesos de organización de las propias instituciones policiales. Resulta fundamental por esta desinformación en el debate sobre la seguridad y la inseguridad, el involucramiento de actores que han sido tradicionalmente pensados desvinculados de la problemática. Por un lado, va surgiendo una relación nueva e incipiente entre investigadores y miembros de los organismos de seguridad. Concomitantemente es preciso visibilizar las bases para la construcción de un modelo democrático de la policía, y ver cómo puede incidir la sociedad civil en las políticas públicas de seguridad. Kessler11 y Binder12 han evidenciado recientemente en un debate de expertos en seguridad en el marco de foros por el bicentenario, que la inseguridad no es sinónimo de delito. Creen que la preocupación social por el tema es constitutiva de la definición de ‘seguridad’; conformándose por la intersección de ciertos delitos, según la consideración del sistema legal, que generan

Gabriel Kessler es doctro en sociología por el EHESS de París, investigador del Conicet y profesor asociado de la Universidad de General Sarmiento. Autor del texto Sociología del Delito Amateur, publicado por Paidos, Bs. As., 2004. 12 Alberto Binder es abogado, profesor de posgrado de la UBA, del Comahue y de la Universidad Nacional San Juan Bosco de la Patagonia; y director de CEPPAS (Centro de Políticas Públicas para el Socialismo)

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preocupación pública y una serie de sentimientos como el temor y la indignación, así como demandas de protección en sentido de derechos de ciudadanía, hacia el Estado. Natalia Tello13 realizó para la ciudad de México una encuesta sobre inseguridad en la que encontró que es percibida como el principal problema público. Sostiene acertadamente que independientemente del crecimiento real o no del delito, y que a veces sea mayor la percepción de inseguridad que el delito real, el problema fundamental es el incremento grande de quienes perciben como mayor problema social el tema de la inseguridad. Es importante porque crea un clina sociopolítico favorable para la descomposición social: aumento de la polarización, de la fragmentación y de la desconfianza. En Argentina el pensamiento hegemónico en torno a la seguridad, heredado de la larga tradición de militarización de las fuerzas públicas, tendió a naturalizar la linealidad entre derecho – seguridad – justicia, tanto en los miembros de las mismas instituciones armadas como en la ciudadanía en general. Sin embargo la inseguridad tiene un carácter procesual y dinámico: varía según los países, entre los distintos grupos de cada sociedad y a través del tiempo. En Argentina la sensación de inseguridad incluye la visión que el público tiene de las propias fuerzas de seguridad. En sectores pobres o empobrecidos del interior de las provincias, la amenaza aparece también como la acción de grupos o individuos ligados al poder local, ya sea político, policial o económico. Es preciso entonces romper —desnaturalizar— la linealidad entre derecho, seguridad y justicia. Pérez García14 ha sostenido que en la idea de seguridad coexisten dos connotaciones, una objetiva y otra subjetiva; porque alude a la realidad palpable y al mismo tiempo a la percepción individual o colectica del tema. No existe correlación lineal entre delito, violencia e inseguridad porque no todos los delitos ni todas las violencias generan inseguridad en la población. Resulta difícil imaginar una definición única sobre la inseguridad en una sociedad, a la vez que no todos los factores de inseguridad se derivan de la ruptura de la ley por parte de la población estigmatizada como una amenaza, ya sea por su pobreza o por pertenecer a grupos vulnerabilizados por algún motivo discriminante. Por ejemplo, los jóvenes de sectores populares o que viven en zonas consideradas peligrosas.

Es trabajadora social por la Escuela Nacional de Trabajo Social de la Universidad Nacional de México. Gabriela C. Pérez García es investigadora del Centro de Análisis e Investigación FUNDAR, Distrito Federal de México.
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En nuestro país los funcionarios estatales tomadores de decisiones, conciben la seguridad pública como un servicio y/o una función que el Estado mismo debe ejercer, por lo que es una responsabilidad compartida por los tres niveles de gobierno: ejecutivo, legislativo y judicial. No resulta tan clara la visión entre los funcionarios sobre la participación de la sociedad civil en el problema de la seguridad. Considerando esa idea de seguridad como función y servicio, extendida entre funcionarios, el Estado se piensa a sí mismo como protagonista en dos sentidos, en relación a la seguridad pública: la provisión de un servicio, y la ejecución de una función. La seguridad pública sería un servicio que el Estado está obligado a proporcionar a la ciudadanía, pero también una función para la cual está habilitado a ejercer el uso legítimo de la fuerza pública. (Pérez García, G. pp. 55-62, en Com. DDHH Distrito Federal, 2004) Existe una correlación entre la estructura social y la estructura de la personalidad de sus miembros15, que nos permite enunciar una correlatividad entre ‘servicio’ del Estado a la demanda de la ciudanía con sentido del honor masculino como protección y provisión de cuidados; y una relación entre la concepción social de uso legítimo de la fuerza pública y el honor masculino como mandato de la ‘función’ del Estado —y de la idea de un varón dominante hegemónico— del uso de la fuerza física y/o simbólica para ejercer y proveer protección o seguridad. Entre los funcionarios representantes de la toma de decisiones de la conducción del Estado, existe un mismo principio contradictorio de la visión del poder que mencionáramos antes (ver en la página 37) como estructurantes tempranos en los rasgos de la personalidad de los argentinos y que marcaron las concepciones de autoridad y obediencia que conforman la personalidad de los miembros de las instituciones armadas, entre ellas la Policía, reforzadas en un período reciente por los procesos de militarización de la política y de las instituciones armadas del estado tanto en el país como en toda Latinoamérica (ver en la página 39). Es una idea sobre el poder que construye y distribuye a los individuos en el espacio social dotándolos de jerarquías y status en relación a su género, clase social y tradición familiar de origen. Los funcionarios, al igual que los policías, hacen del honor del género masculino una cuestión prevalente, enraizada en otra idea estructurante de la personalidad de los argentinos alrededor de la oposición barbarie-civilización. (Ver nota ¡Error! Marcador no definido. ¡Error! Marcador no definido.) A partir de una idea natural y otra cultural del honor masculino; funcionarios y policías conciben el valor, la virilidad, la autonomía, el don de mando —constituyentes ‘naturales’ de la masculinidad— y el control de los
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Elias, Norbert. 1992 (1968). ‘El proceso de la civilización. Investigaciones sociogenéticas y psicogenéticas’. Ver especialmente la introducción, pp 13-25. FCE, Bs. As.

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instintos y la pasión natural por medio de la razón y la moral —constituyentes culturales— como parte del poder que les otorga la legitimidad de su uso en la esfera pública y privada para ejercer el mando recurriendo por igual, tanto al consentimiento como a la fuerza física y simbólica. Con esa visión contradictoria del poder, en tanto uno de los componente de la masculinidad, los funcionarios estatales a partir de su propia estructura de personalidad igualan protección y consentimiento como provisión de servicio público, por un lado; con dominación y ordenamiento a través de la fuerza física y simbólica, por otro lado, como función del Estado a la cual están llamados y legitimados tanto por la delegación social del poder, como por la visión de sí mismos de 'pertenecer' al grupo capaz de propiciar esos cuidados y detentar la fuerza física y simbólica como herramienta fundamental para proveerlos. El sistema de seguridad pública en el que intervienen —entre otros actores— funcionarios y policías, con una concepción particular e histórica del poder público y privado como lo acabamos de mencionar, propicia el orden y la paz social, en el que están garantizados tanto la integridad física y los derechos de los individuos y sus bienes, como la reparación del daño para las víctimas de un delito. Es decir, no es suficiente en materia de seguridad, garantizar la estabilidad del gobierno y sus instituciones manteniendo el orden público, sino también es necesario crear las condiciones para que los individuos puedan gozar plenamente de los derechos que la Constitución otorga, mediante la prevención y el castigo de la delincuencia. (Pérez García, G. pp. 55-62, en Com. DDHH Distrito Federal, 2004) Binder sostiene que la conceptualización dominante de la criminalidad esta naturalizada en los actores que la debaten, por lo que no es una realidad natural sino el entrecruzamiento entre fenómenos culturales y políticas estatales. Una distinción que es asumida por la criminología moderna, pero que sin embargo no resulta tan clara para quienes debaten los problemas de seguridad en todos los niveles, para los funcionarios y expertos formuladores de políticas públicas de seguridad y para los operadores del sistema penal. ¿Por dónde empezar a pensar el complejo tema de la seguridad? Kessler cree que un camino posible es a partir de observar los cambios en las tasas y formas del delito, en las políticas criminales, y en el aumento de la seguridad privada cuando llega a niveles de competencia con la seguridad pública. Continuando por pensar el delito de un modo tal que pueda trascender la referencia a la ley y al orden como eje central y ver la complejidad de lo social, tomando en cuenta la conflictividad de base propia del orden democrático.

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La tradicional teoría política sobre la democracia a iluminado una idea de orden como paradigma elemental de compresión de la criminalidad y la seguridad, en donde la criminalidad es un caso especialmente grave de desorden social o de desviación del equilibrio social. A sesenta años promedio del surgimiento y desarrollo de un nuevo paradigma de pensamiento que ha influenciado la teoría política con el desarrollo de los derechos humanos, tal vez la vieja y tradicional idea de orden que remitía a sociedades estratificadas y excluyentes desde la visión del presente —en el que la base de derechos se ha extendido a pesar de lo mucho que queda por lograrse—, no resulte ya del todo democrática y sea conveniente reemplazarla por la idea de ‘gestión de conflictividades sociales’ entre segmentos que luchan por una permanente extensión de sus derechos de ciudadanía. Al respecto Binder ha señalado que el paradigma de la conflictividad se sostiene en el pensamiento complejo, intentando establecer el origen y alcance del conflicto en la estructura social y no en el caso, resultando valioso para la vida y el sistema democrático que en la conflictividad no predomine el más fuerte. El autor diferencia algunos puntos que surgen de pensar la seguridad en razón de uno y otro sistema de pensamiento, y propone: Paradigma orden Paradigma conflictividad

El que gana se impone al más Distribución de las ganancias en fuerte los conflictos Se recurre a la violencia estatal Evitar abuso violencia de poder y

El conflicto es un desequilibrio a Visión holística restablecer Es regulativo Ve personas y no casos Es regulativo Ve la estructura social

Sobre esta diferenciación, propone revisar las formas actuales de concebir y gestar políticas de seguridad, las que la mayor parte de las veces se construyen solamente en base a recuento de datos y de la identidad social de los actores, sin profundizar en procesos ni regularidades.

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Desde este punto de vista cree que gran parte de la ineficacia de las políticas de seguridad, surge de la misma concepción que los actores involucrados tienen de la seguridad, la que lleva al aparato de seguridad muchas veces a hacer uso de la violencia por el Estado para imponer seguridad, perpetuando la desigualdad. Insiste que toda criminalización del conflicto social implica pensar en el uso de la violencia por parte del Estado; y que la magnitud de un conflicto no debiera medirse solo por los atributos del mismo sino por los métodos de respuesta integral que los organismos de seguridad puedan dar sobre el mismo. Sostiene que para el tratamiento de la seguridad es necesario un alto nivel de coordinación; permanente y estable en el tiempo, acompañado de todo el aparato técnico y político propio de las políticas públicas modernas, lo que incluye recursos humanos, técnicos y económicos, que exceden con creces cualquier presupuesto de las instituciones de seguridad. El debate, diseño, ejecución y evaluación de políticas de seguridad debe darse simultáneamente y retroalimentase de cada uno de los tiempos diferentes y áreas sociales que intervienen en la problemática. El hecho que no se logre una mayor efectividad en la implementación de políticas de seguridad no puede ni debe adjudicarse a una gestión de gobierno determinada, siendo más bien el resultado de una actitud muchas veces evasiva del poder político, de la cerrazón de algunos altos mandos policiales y del debate proco informado que evidencian una confianza irracional e ideológica en el paradigma del orden; el que naturaliza la criminalidad y constituye la visión dominante del problema social de la seguridad. ¿Por qué motivo pueden resultar ineficientes e insuficientes las medidas que el poder político y el alto mando policial toman para generar políticas de seguridad que disminuyan la inseguridad? Una respuesta provisoria surge de las ideas que hemos tenido posibilidad de recuperar en observaciones y diálogos informales con personas de distintos rangos en las áreas mencionadas. Para funcionarios y policías en lugares de decisión sobre la institución, existen dos imaginarios sobre la inseguridad: 1.- que es un fenómeno natural que no se puede revertir sino solo disminuir a límites ‘tolerables’ por la población que demanda seguridad, y un costo insoslayable de la existencia moderna como contrapartida del aumento de nivel de vida; y en la otra punta de la escala hay quienes conciben que, 2.- la inseguridad se termina con decisión política, con bravura personal y con honestidad.

Enraizadas en los procesos sociales de transformación de la élite dominante y como contraparte, de transformación de los sectores dominados, principalmente en los primeros cincuenta años del 52

siglo xx cuando Salta se transformó en una ciudad moderna, ciertas ideas de salteñidad (ver ¡Error! Marcador no definido. y la nota ¡Error! Marcador no definido.) ligadas a la transformación de la vieja caridad religiosa, la beneficencia —que se convierte de religiosa a laica— y de ideas higienistas —que aún hoy resultan posibles rastrear a nivel local entremezcladas en el relato internacional del nuevo paradigma de salud pública de la Organización Mundial de la Salud— que operan a nivel de la ciudadanía en general y también de los tomadores de decisiones políticas, motivan un lento avance en políticas de seguridad. Binder ha focalizado entre muchas, la ‘sensación de peste’ y el ‘mesianismo’. El uso de la idea de peste como metáfora de la violencia social permite manipular la idea de seguridad. Si asimilamos la violencia y la inseguridad a la idea de peste, éstas se transforman en males indeterminados en su extensión en sus formas y en sus causas, y también en males intangibles y mortales. Los mecanismos sociales de defensa contra una peste divide a la sociedad en cuatro categorías: los enfermos, las potenciales víctimas, los transmisores y los incontaminables. La peste se asocia a otro mecanismo de defensa de las sociedades: el mesianismo que promete una salvación milagrosa. Es una defensa basada en la esperanza, la que mantiene activa el espíritu de lucha y cohesión social. Implica la restauración del dolor y de la paz a través de una figura emergente del poder. Los discursos sobre peste y mesianismo han servido para construir tiempos inclementes y autoritarios en las sociedades de todos los tiempos. Como efecto dilatado y retardado de esos mecanismos de poder y de esas transformaciones sociales modernizadoras, el conservadurismo ideológico, poco dispuesto a profundizar en el análisis y menos a arriesgar posiciones políticas lleva muchas veces a la dirigencia política a inmovilizarse. Como contrapartida agravante, la inseguridad comienza a ser un negocio de múltiples intereses. Y justamente el hecho que sea un negocio implica que no se avance mucho en el diseño de políticas de seguridad, o que los diseños fracasen. Otro grupo de conceptos para pensar la inseguridad se edifican en torno a la dimensión de la producción de información: la forma de producirla, su análisis e interpretación para la toma de decisiones y los actores e instituciones que la producen. Asistimos a políticas pensadas desde una lógica preponderante en ‘contar personas y casos y no la estructura social’, propone Binder. El análisis criminal no debería enfocarse en casos y personas sino en estructuras sociales y en procesos. La tradición moralista de ciertos exponente locales y nacionales del derecho hace pensar que el problema es el de la conducta que merece un reproche y por lo tanto debe ser castigada. Sin embargo la política de seguridad debe hacerse desde el análisis político y desde la criminología y no desde el derecho penal, que es la visión predominante en muchos programas de formación 53

policial y claro, una distorsión en las abultadas expectativas de los estudiosos del derecho penal, reacios al pensamiento transdisciplinario, (ver ¡Error! Marcador no definido.) que termina naturalizando el enfoque del derecho penal sobre la violencia y la seguridad. El límite de ver solo el caso es moverse solo con regularidades y no ver las excepciones o los fenómenos aislados emergentes; tanto como en la regularidad, no ver el contexto social en que actúa la misma. Binder proporciona un ejemplo para proponer un abordaje estructural y no en base a casos y personas: considerando la regularidad para explicar - investigar el delito, buena parte de la criminalidad urbana común gira en torno a estructuras de mercado. Por eso interesan las personas en tanto forman parte de esa estructura. La estructura no es un conjunto racional en donde las personas actúan respecto a fines específicos. Los actores no se mueven solo por un juego de inventivos personales. Pueden actuar por cuestiones aparentemente irracionales o por la racionalidad que produce el mismo campo de un determinado tipo de conductas ilícitas. El no reconocimiento del carácter estructural del problema de la inseguridad lleva a la inexistencia de planteos de transformaciones estructurales como medidas para revertir la dinámica de exclusión —base de gran parte de la conflictividad social que la origina— y que se aborden aisladamente cuestiones como el funcionamiento de las instituciones de seguridad con la profesionalización de los policías, por ejemplo. Se trabaja sobre la seguridad como problema político o problema técnico, separando las incumbencias, y cuando se aborda el factor económico de la misma, se la liga inmediatamente a la pobreza y se invisibilizan, por ejemplo, los delitos de 'cuello blanco' como cuestiones que exceden la estigmatización de grupos vulnerados en sus derechos. Los sectores sociales objeto de la aplicación disciplinar de la acción policial, las instituciones ligadas a luchas de derechos de ciudadanía, y las élites políticas y sociales, se refieren muchas veces con desprecio y prejuicio a los tecnicismos del lenguaje policial y a sus formas de nominar. Sabrina Frederic16 ha propuesto que una contribución al debate informado sobre seguridad implica dejar de mirar a la policía como una institución con límites tan precisos en la sociedad, que marcarían un adentro y un afuera de la vida policial; y analizarla como un entramado social más general, en la que se delegan cuestiones culturales profundas sobre las que poco puede hacer la institución para producir un cambio en el sentido de disminuir la inseguridad o de reprimir el delito con cierto grado de éxito. En esta dirección es preciso pensar si los conceptos que la misma utiliza como categorías de definición que se presentan como propios de la institución, no son en
Frederic es doctora en antropología social por la Universidad de Utrecht, Holanda; e investigadora del CONICET. También profesora asociada a la Universidad Nacional de Quilmes.
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realidad creados por la propia sociedad en que se mueve la institución policial, la que termina apropiándose de estigmas sociales generados por la misma sociedad. De ocurrir así, las miradas sociales y políticas sobre la policía, la recargarían con lo que en realidad está siendo un mandato social y político. La policía sería un ‘chivo expiatorio’ de la propia sociedad en la que trabaja. ¿Cuáles son los inconvenientes que dificultan la institucionalización de políticas públicas en el país? La institucionalización no puede separarse de la planificación y en ambas facetas de la producción de políticas públicas los movimientos sociales y las organizaciones no gubernamentales tienen roles fundamentales de incorporación o de rechazo y oposición a los planteos de soluciones posibles. Por la historia política del país donde la democracia es todavía débil y a escaso tiempo de la implementación del terrorismo de estado como práctica política, los movimientos sociales en general y los de derechos humanos en particular, tienen un carácter contestatario y anti estatal. Que participen en seguridad mas allá de su importe rol en la lucha contra la violencia institucional, es difícil porque implica alianzas con agentes estatales, actitud que puede ser considerada y valorada positiva o negativamente desde diferentes ideologías y desde diferentes sectores de poder estatal, pero que existe y debe ser respetada como una de las marcas a superar dejadas por los procesos de los setenta. (Saín17 en Kessler, 2009) Resulta necesario el involucramiento de otros actores en el debate sobre seguridad pública, así como erradicar los prejuicios con los que se discute el tema. En este sentido resulta fundamental ampliar la base de documentación y denuncia de casos que tradicionalmente estuvo en manos de organismos de derechos humanos. Hay que visibilizar las bases para la construcción de un modelo democrático de la policía, y ver cómo puede incidir la sociedad civil en las políticas públicas de seguridad, un trabajo que puede partir, justamente, del principal protagonista, la policía. Natalia Tello ha sostenido que el aporte de soluciones a la inseguridad implica necesariamente producir hechos que le permitan a la gente orientar recíprocamente sus acciones en base a los intereses encontrados o a veces contrapuestos de los actores sociales involucrados: básicamente la ciudadanía, la policía y las autoridades políticas. En la implementación de diferentes etapas del Proyecto ‘Comunidad segura’, un modelo de trabajo social para intervenir en el problema de la inseguridad pública; pudo observar la desconexión institucional entre funcionarios políticos, personal de seguridad y la ciudadanía. Las personas de las instituciones de seguridad y de la función pública - política, surgieron de la sociedad pero se han desvinculado de ella. La función ‘se

Marcelo Saín es doctor en ciencias sociales por la Universidad de Campinas, Brasil. Docente e investigador del departamento de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Quilmes.

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come al sujeto’ y lo que permanece es una figura abstracta que se impone a los miembros de la sociedad como algo dado e inamovible. Consecuencia de la desconexión es la percepción naturalizada de la gente sobre la institución de seguridad y sobre los funcionarios políticos involucrados. A los ojos de la sociedad, las autoridades son corruptas e ineficientes, responden a sus intereses, los de su grupo o los de su partido. Las y los policías son actores a su servicio que prolongan la cadena de la corrupción, se alían con los delincuentes y les brindan protección en vez de cumplir con la función que la sociedad les otorgó; siendo la principal consecuencia el deterioro de las relaciones sociales hasta el grado de llegar a fracturarse, con lo que aparecen dos bandos: el de la comunidad, por un lado, y el de l@s policías y l@s autoridades por el otro, que paulatinamente van desarrollando antagonismos irreconciliables. ¿Qué responsabilidad urgente le cabe al poder político en materia de seguridad? Funcionarios expertos como Arslanián18 consideran que sería un grave error pensar que las secretarías o ministerios de seguridad pueden manejar todo el mundo del delito. En relación a la estructuración de poder en el sector legislativo, señala el poco o escaso debate desde las campañas electorales sobre tema seguridad. En muchos sectores de poder político, jurídico, académcio y económico; se imagina como solución mágica la ‘reforma’ de la policía concebida como corrupta y como un solo cuerpo homogéneo. Esa actitud correctamente fundada en algunos sentidos pero prejuiciosa en otros, ya por desconocimiento, ya por posición ideológica, deja fuera del campo de soluciones posibles a la propia policía. Por otro lado, la vasta experiencia en el tema del ex Ministro de Justicia de la Nación le permite sostener que la ‘reforma’ de la policía es solo una herramienta, ya que la reforma del sistema de seguridad excede a la policía; y sostiene que se debe mejorar el funcionamiento de todas las agencias del estado específicamente dedicadas a enfrentar el delito. Cuando hablamos de ‘reforma’ policial nos referimos aquí al cambio en el modelo de ordenamiento, la organización y la cultura de la institución y no a una actitud persecutoria sobre las cúpulas policiales como vulgarmente se recepciona el concepto. Cuando se establece el Código Penal Nacional en 1921, se pensaba que la criminalidad toda podía manejarse desde el sistema de seguridad; con una política que tradicionalmente se llamó 'garantista' en el sentido de que ciertas figuras legales (libertad condicional, probation,
León Carlos Arslanian es abogado por la UBA. Ha sido juez de la Cámara Federal de la Capital, Ministro de Justicia de la Nación y Ministro de Justicia y Seguridad de la Provincia de Bs. As.
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excarcelación durante el proceso, etc.) constituían un freno a la mano dura. Sin la posibilidad de abrir el juego a otros organismos estatales y sectores de la sociedad, durante mucho tiempo este esquema produjo que la seguridad estuviera exclusivamente en manos de los estados mayores policiales. Así la persecución penal en tanto investigación del delito quedó exclusivamente en manos policiales. Arslanian sostiene que al definir, controlar y juzgar el delito, la policía entró en crisis por ‘autonomización19 del poder’, sobre el resto de los resortes de contralor que deberían ejercer los otros poderes estatales, como el judicial y el legislativo. Con esta autonomía la policía decidía qué delitos investigar y qué tipo de material llevarle al juez para que impulsara la investigación. En muchos lugares del país comienzan a surgir como demandas de la democracia, proyectos y movimientos para la revisión de criterios y estrategias para el abordaje de fenómenos de la inseguridad. Es un nuevo punto de partida para la refundación del pacto social y moral que sostiene todo lo social sobre la creencia de la gente en el funcionamiento de las instituciones para satisfacer los motivos por los que surgieron. Sin embargo en Salta es precios generar el debate y fortalecer la demanda del mismo por parte de la sociedad civil. Arslanián sostiene que toda reforma democrática de la policía debiera buscar restituir a los jefes policiales su verdadero rol de conducción operativa; en tanto fija un lugar en el que se dividen las aguas y la responsabilidad: La conducción policial es profesional y es de los policías; la conducción estratégica es transversal a una serie de problemas y es producible por quienes detentan el poder político y la información que a partir de él manejan. 5.-Prevención del Delito. Una herramienta de democratización policial La policía orienta su trabajo desarrollando actividades proactivas, buscando garantizar la seguridad, antes que se llegue a cometer un hecho delictivo; y actividades reactivas al llevar a cabo la persecución y captura del infractor. De acuerdo a los nuevos paradigmas sobre seguridad es necesario que la policía priorice estrategias proactivas, sobre actitudes reactivas.

Arslanián define la autonomización policial como el crecimiento policial en responsabilidades que no le debían ser propias y que sin embargo las debió asumir.

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En función del objetivo de seguridad ciudadana, la Policía desarrolla actividades disuasivas, que pretenden advertir al ciudadano sobre los peligros a su seguridad y a los posibles infractores sobre las consecuencias de la conducta delictiva. La prevención20 se aplica a todos los ámbitos de la vida. Las acciones de intervención para la prevención del delito están marcadas por los siguientes contrastes: 1.Correctivas / disuasivas. Las medidas correctivas, constituyen el conjunto de procedimientos considerados en el proceso judicial, ante la comisión de un delito. Mientras que la disuasión, constituye la actividad previa, que pretende señalar las consecuencias de la actividad delictiva o la responsabilidad penal del delito. 2. Proactivas / reactivas. Las medidas proactivas, pretenden adelantarse a posibles situaciones, eventos o condiciones, que podrían facilitar o conllevar a la comisión de un hecho delictivo. En lo que respecta a las medidas reactivas, están son consecuencias del hecho delictivo y pretenden reducir la incidencia de los mismos. 3. Delincuentes / víctimas. Al referirnos al tema de la prevención, desde el punto de vista de los delincuentes y víctimas, deben considerarse dos tipos de circunstancias: cuando se ha registrado ya un hecho delictivo y cuando se han identificado grupos vulnerables. Cuando se ha registrado ya un hecho delictivo, la prevención garantizar el acceso al Sistema de Justicia, desde la persecución, judicialización y cumplimiento de la pena. En el caso del cumplimiento de la pena, es necesario que el sistema penitenciario se constituya como un centro de orientación, articulando además, medidas orientadas a la reinserción social del individuo, luego de cumplida su sentencia. Cuando la prevención se realiza en un ámbito orientado a víctimas y delincuentes, se suscribe a una visión restitutiva y no vindicativa, lo que implica que esta se base en la educación del infractor y la restitución y protección a la víctima, procurándosele acceso a la ayuda profesional (legal, psicológica, médica, económica, material, etc.) La Prevención del Delito, también puede catalogarse de acuerdo a la visión epidemiológica en:

‘Prevenir’ implica anteponerse o adelantarse a posibles circunstancias que puedan ser previamente solventadas o por lo menos consideradas, de modo tal de poder optar por las herramientas o condiciones, para que a su paso no ocasionen mayores problemas.

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1.Prevención primaria; la que tiene como objetivo a la población en general y entornos físicos; haciendo referencia al conjunto de medidas abordadas dentro de la comunidad, en función de promover condiciones estables que faciliten el desarrollo de la misma. 2.Prevención secundaria; centrándose en la población en riesgo de delinquir o ser víctimas. Dicha medida no pretende crear perfiles o estigmatizar grupos, en el caso de los posibles delincuentes; más bien, busca visualizar condiciones sociales o situacionales que fomenten conductas delictivas. El tema de las posibles víctimas puede ser abordado en la misma línea, en tanto que se informe sobre posibles conductas o situaciones que pueda ser factor de riesgo. 3.Prevención terciaria; cuando el objetivo son los sujetos, delincuentes y victimizados. En este esquema, se abordan medidas de readaptación social en el caso del delincuente y medidas restitutivas (materiales, psicológicas, legales, etc.) en el caso de la víctima. Otra manera de clasificar la prevención es: 1. Situacional; cuando actúa sobre las situaciones pre-delictuales y ocasionales, abarcando la administración, diseño y manipulación del entorno físico, a fin de reducir las oportunidades para la comisión de delitos. 2. Social; cuando actúa sobre infractores potenciales y sus disposiciones, abarcando tanto lo actual como el desarrollo; su preocupación radica en incidir en los procesos sociales. Las medidas de este tipo se dirigen a actuar sobre el individuo y se trabaja sobre el medio escolar, los cómplices y bandas juveniles y el mercado de trabajo. 3. Mixta o comunitaria; cuando combina tanto las medidas situacionales como las sociopreventivas. 6.- Obstáculos internos de la institución policial para su democratización Muchos policías están convencidos que lo mejor para la institución es una clara separación del mundo ‘civil’ y el mantenimiento de una estructura que privilegie y garantice el disciplinamiento interno aún a costa de la sensación de desasosiego de sus miembros. El modelo policial tradicional recurría solamente al sistema penal y establecía una relación lejana con la sociedad. Tradicionalmente el esquema de seguridad se basaba en la militarización de la policía y de la sociedad. Sin embargo hoy el policía debe estar abierto a resolver conflictos que no necesariamente implican respuestas al sistema de justicia penal.

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En el mundo policial es frecuente la discusión generacional sobre la manera de concebir la vida institucional. En general los mayores acuerdan que es mejor estar ‘lo más separados posibles de la comunidad para poder imponer el orden’; convencidos que la institución debe permanecer cerrada como modo de asegurar el honor y la disciplina policial. Los más jóvenes tienen una visión más abierta al mundo civil. Debe considerarse de igual modo, el inadecuado, lento y burocrático funcionamiento de los controles internos de la policía que terminan atentando contra la moral de la propia fuerza. Algunas dificultades que inhiben un cambio democratizador, son el bajo nivel de organización de la sociedad civil; y sobre todo, la naturalización de la violencia en la sociedad, generando debates de seguridad ciudadana que lejos de evocar una imagen benigna de la policía, proyecta la de la ejecución de la justicia por mano propia, modelos de justicia paralelos, y modelos de mano dura y tolerancia cero. Superar el prejuicio y discriminación institucional sobre grupos en situación de vulnerabilidad por condiciones especiales es otro de los obstáculos que la comunidad policial debe comprometerse a erradicar. Muchas de las condiciones de esos grupos especiales discriminados, forman parte de la misma fuerza policial. El trato desigual y discriminatorio hacia determinados grupos de ciudadanos fue un rasgo común de las policías del pasado. Siempre existen sectores (minoritarios o no) que históricamente se encuentran en una situación de desventaja (mujeres, desempleados, por ejemplo), vulnerabilidad (niños, ancianos, discapacitados, por ejemplo) o marginación (los indígenas, minorías religiosas, homosexuales, prostitutas). La policía puede planificar estrategias específicas para los problemas de estos grupos, tomando en cuenta que un trato igual en condiciones de desigualdad, también puede significar discriminación o trato desigual. 7.- La policía democrática del futuro Las policías tradicionales fuertemente militarizadas hacían referencia en su accionar a un interés único, manifestado en la pronunciación del Estado mediante las clases gobernantes; una policía democrática, en cambio, atiende a las demandas, intereses y necesidades de la población. Las policías democráticas basan su desempeño bajo la óptica de la promoción y respeto del marco legal vigente y los Derechos Humanos; adecuándose a las necesidades de cada población, sin trastocar necesariamente los valores fundamentales desarrollados desde la visión constitutiva del Estado. 60

Una policía en proceso de democratización, lejos de orientar su desempeño en función de la sospecha, la contención y la represión del delito, irá desplazando su modalidad operativa a disminuir la incidencia del mismo, mediante estrategias orientadas a mejorar las relaciones sociales de la comunidad; mediando para el establecimiento de normas mínimas de convivencia entre los vecinos; procurando alianzas estratégicas con grupos que pudiesen aportar soluciones mínimas a condiciones de vulnerabilidad dentro de la población o a mejorar las capacidades para enfrentar un riesgo; y por último, incidiendo en el mejoramiento de espacios físicos, que puedan exacerbar la condición y/o la percepción de inseguridad dentro de la población. El mismo proceso de democratización institucional implica un cambio en la visión que sus miembros tienen de su propia actividad, para centrarse cada vez más en la disminución del delito y su incidencia en la comunidad, mediante la procuración de mejores prácticas sociales comunitarias, que en la persecución del delito. Una policía democrática debe poseer capacidad de enfrentar una alteración súbita de la paz y la tranquilidad, ocasionada por la manifestación de un hecho delictivo, siendo su obligación contenerlo y/o reprimirlo para que no trascienda a mayores proporciones; teniendo fundamental consideración en la racionalidad en el uso de la fuerza y el respeto al debido proceso.

La complejidad de las sociedades modernas, hace inútil la tradicional lucha contra el delito únicamente desde la reacción policial y el sistema penal en general. EI mantenimiento del orden y la persecución del delincuente ha sido a lo largo de los años, el principal papel de todo el aparato de control social formal. EI sistema penal era la respuesta fundamental y prácticamente única al delito de todo tipo. La persecución del delincuente era, desde esta perspectiva, el objetivo fundamental de la policía. Hoy sin embargo la criminología moderna y cada vez más las ciencias sociales, reconocen la importancia fundamental de la situación ambiental y social en el desarrollo de los delitos. EI delito se produciría, desde esta perspectiva, cuando confluyen el posible delincuente, la víctima u objetivo apropiado y el entorno adecuado. Sin embargo es preciso ir un paso más adelante desmitificando un supuesto implícito en esa visión y que es precisamente la idea que se tiene sobre quién es ‘el delincuente’. En la práctica, desmitificar la idea de ‘delincuente’ implica muchos cambios en las organizaciones policiales. Sobre todo se trata de un cambio cultural. Es importante para ello cambiar como se percibe la policía a sí misma pero también como define la sociedad civil y el poder político qué tipo 61

de policía necesita. Es necesario que los policías estén plenamente integrados en el tejido social; que el Policía no sea un elemento más del mobiliario urbano, sino un auténtico profesional, y esto implica que la toma de decisiones no sea patrimonio de un sector de la organización, sino de todos los profesionales implicados, empezando por el policía de base. En un sistema social bien cohesionado, el aparato de control social informal es el principal método de regulación del comportamiento individual para poder convivir en sociedad. EI control formal coactivo, con sus prisiones, el uso de la fuerza, y el régimen sancionador de todo tipo, sólo son un último recurso cuando el sistema informal falla. La policía sigue pues constituyendo una parte importante del aparato de control social coactivo y penal, pero la prevención, la mediación, la potenciación de la integración social, son instrumentos mucho más importantes que la propia represión. Actualmente la demanda social exige de la policía soluciones concretas a sus problemas y la sola aplicación de la ley no proporciona siempre mecanismos para abordarlos. La policía, orienta cada vez más su actividad a la resolución de problemas; lo cual implica organizaciones policiales bien integradas con el resto de los agentes sociales con competencias en el tema y con los recursos suficientes para abordar el problema. La Policía forma con el sistema penitenciario y con el judicial, los principales mecanismos de control social formal del Estado, sin embargo en una sociedad moderna la participación de la Policía en aspectos más preventivos, colaborando con otras instancias de control social informal como la familia, la escuela o los servicios sociales es cada vez más necesaria. La imagen del policía dedicado preferentemente a la persecución del pequeño delincuente desde potentes vehículos, está hoy en crisis. Hoy se deben potenciar en la Policía conceptos como el trabajo en equipo, la policía comunitaria, el tratamiento de los problemas sociales, o la búsqueda de la calidad máxima del servicio. Por otro lado, en la práctica, contrasta fuertemente la enorme ilusión y entrega de que hacen gala los policías recién ingresados en el Cuerpo, con la apatía y desmotivación que se apodera de muchos de ellos pocos años después. La sublimación de la función policial, con sus componentes añadidos de espíritu de sacrificio y entrega a los demás, da paso muchas veces a un cierto fatalismo y desinterés. La rutina y la desmotivación son un auténtico problema para los directivos de las organizaciones de policiales, dado lo extendido de estos factores. Uno de los principales problemas en el proceso de motivación de los policías locales, es la ambigüedad de las metas que se espera que deben alcanzar. 62

Se parte generalmente del mito que el trabajo policial es impredecible, y que por tanto la programación y planificación del mismo sólo puede alcanzar algunos aspectos marginales. Esto hace que el establecimiento de objetivos y el control del nivel que se alcanza de los mismos, no suele referirse a los fines de la función policial, sino a los instrumentos cuantificables utilizados. Así, el número de denuncias formuladas, de detenciones realizadas, o de comunicados tramitados, suele constituir en muchas policías locales el principal sistema para marcar objetivos y por tanto para controlar su nivel de ejecución. Estos datos son útiles para justificar el trabajo realizado, o para proteger la organización de posibles acusaciones de inoperancia. Permiten objetivar el trabajo realizado y por tanto cuantificarlo, plasmarlo en gráficas, estadísticas y memorias. Se pueden analizar resultados, compararlos con los ejercicios anteriores e incluso valorar el peso relativo de cada tipo de actuaciones en el conjunto de actividad policial. Sin embargo, estos datos objetivos se refieren casi siempre a los medios utilizados para alcanzar un fin que sólo queda reflejado de manera indirecta. La demanda social, y por tanto la finalidad de la actuación policial, no se refiere por ejemplo, al aumento de detenciones de ladrones de vehículos, sino a la disminución del robo de los mismos, ni el aumento de denuncias de tráfico vehicular es el deseo último de los que piden mayor seguridad en la calle o espacios de paso de los peatones libres de vehículos estacionados en ellos. La represión es un instrumento más de los que puede disponer el policía, pero no un fin en sí mismo. Se pueden realizar actividades de disuasión, prevención, información, investigación etc. que, sin tener tampoco un carácter finalista, persiguen un mismo objetivo que la denuncia o la detención. Los policías necesitan hoy actuar desde una actitud altamente positiva de prevención y participación de los problemas, de implicación personal en la resolución de todo tipo de conflictos y en la búsqueda de alternativas, en la movilización de recursos tanto públicos como privados para abordar esos problemas de manera global e interdisciplinaria. En definitiva, hablamos de pasar de una filosofía eminentemente reactiva a otra básicamente proactiva. Esto implica forzosamente la máxima implicación posible en el tejido social por parte de la policía, de toda las divisiones policiales existentes. Para lograr una fuerte implicancia de la policía en la comunidad y viceversa es preciso considerar, desde diversas perspectivas, el papel de la policía en relación a las entidades sociales que la rodean. Puede tratarse de asociaciones, instituciones, o profesionales de todo tipo, siempre que

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su marco de actuación confluya en la misma problemática social en la que trabaja la policía. Sin embargo los policías suelen ser reacios a que esa relación trascienda la mera colaboración. En general se acepta, casi sin discusiones, que la eficacia de la policía depende en gran parte de la colaboración ciudadana. Se pide esa colaboración a los ciudadanos para que denuncien los delitos, para que aporten la información que conozcan, o para que ayuden a la policía en sus investigaciones21. Sin embargo hoy, esta concepción del ciudadano colaborador está ampliamente superada. En las sociedades modernas la policía trabaja cada vez más de manera interdisciplinaria, con múltiples agentes sociales que intervienen de alguna manera en el tema de la seguridad. La filosofía inherente al proceso de democratización policial es que la institución por sí sola no puede solucionar ninguno de los grandes problemas sociales en los que interviene. Drogas, medio ambiente, violencia doméstica, delitos económicos, son algunos de los temas en los que la actuación policial es sólo una parte de la solución, y muchas veces la menos decisiva. Las diferentes entidades sociales, tanto si son asociaciones, como instituciones o bien profesionales independientes, así como los ciudadanos en general, no debieran ser hoy para la policía una mera fuente de información o unos colaboradores potenciales. Son en sí mismos una parte trascendental para poder abordar eficazmente los diferentes problemas sociales. Son una parte integral del sistema de seguridad de las sociedades actuales. Por ello la interdisciplinariedad de la policía y la plena interrelación con el resto del tejido social son absolutamente imprescindibles. Es evidente que cada institución debe ceñirse a aquellos temas de su propia competencia. EI policía es ante todo una parte del aparato de control social formal de cualquier Estado, y por tanto su misión primordial es velar por el cumplimiento de la ley y la persecución del delito, pero no es este su único papel en las sociedades modernas. Hoy se configura un nuevo rol para la policía. La sociedad actual ya no ve al policía únicamente como un profesional del control social, como la

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El flujo de información en el esquema del acercamiento policía - comunidad, no implica ver al ciudadano como un informante, ya que dicha circunstancia incidiría en alentar sentimientos de desconfianza y peor aún peligrando la seguridad de los individuos. La información vital, no necesariamente es aquella que señala o alimenta la sospecha contra individuos o grupos, más bien es aquella que permite: conocer, organizar, accionar, coincidir o unificar esfuerzos en función de mejorar las capacidades de la población para enfrentar cualquier tipo de riesgo.

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fuerza al servicio de la ley, sino además, como un potente modulador de conflictos, un factor de mediación e integración social. La población no se conforma con la confección de un informe o con la detención de un delincuente. No se conforma con una respuesta burocratizada, ni acepta que lo que para él en ese momento es un grave problema, para el policía sólo represente una anécdota o algo de escasa importancia y que por tanto actúe de manera rutinaria o desconsiderada. Hoy la sociedad demanda a la Policía respuestas y soluciones concretas, un elevado nivel de conocimientos profesionales, una fuerte implicación en los temas, una actitud claramente positiva de mediación y de búsqueda de alternativas. Se pide en definitiva profesionalización. Es evidente que la sociedad pide a la Policía que sea eficaz en Ia captura de los delincuentes que han delinquido, o en la represión de los infractores que con sus actos afectan la calidad de vida de la población en general. Sin embargo, por muchos delincuentes que capture la policía, por muchos vehículos que retire la grúa, o por muchas denuncias que se realicen; el ciudadano no se sentirá satisfecho si no ve disminuir el número de delitos y de infracciones. Para una persona que no puede pasar por una vereda porque está llena de vehículos mal estacionados lo importante no es saber cuántos autos retira allí la grúa, sino que la vereda esté libre de autos. Que aumente el número de autos retirados para quien usa la vereda es algo puramente anecdótico, lo que de verdad importa a esa persona es que no se produzcan estacionamientos en zonas no permitidas para que pueda transitar libremente por la vereda. La Policía de hoy no puede limitarse a buscar la cooperación ciudadana; deben potenciarse los espacios naturales de encuentro entre la policía y el resto de agentes sociales adecuado en cada caso. Esto implica pasar de una concepción de la Policía como mero factor de control y persecución del delito a otra en la que, además, se constituya en un factor más de integración social. En las sociedades modernas no basta con que el policía sea un representante del Estado, un agente de la autoridad, ni con que sea un buen defensor de la ley. Debe ser percibido, además de todo ello, como un factor de integración social, como un miembro más de la colectividad trabajando profesionalmente desde esa misma colectividad, codo a codo con jueces, asistentes sociales, educadores, asociaciones de vecinos, en definitiva con todo el tejido social. 8.- Disminuir la distorsión de valores: una ética de los pequeños grupos. EI cambio en las actitudes, así como el cambio en la cultura profesional que necesariamente ello conlleva, no es fácil de lograr como seguramente la mayoría de mandos de Policía comprueban a diario. 65

Estas dificultades, sin embargo, se ven acrecentadas por no tener en cuenta aspectos que la teoría de las organizaciones hace ya mucho tiempo destacó como necesarios para conseguir la implantación de un cambio organizativo de magnitud. El punto de partida para conseguir profesionales motivados es la decisión de empezar por tratar al personal policial como auténticos profesionales y dar a los grupos informales en los que el personal comparte la vida cotidiana de la institución, la atención que merecen como condicionantes de las actitudes de cada uno de sus miembros. No se debe olvidar que el trabajo diario de un Policía se desarrolla en el seno de un grupo, formado con otros policías que actúan con sus mismos condicionantes. La actividad concreta de cada día se realiza efectivamente solo o en pareja, pero la presencia del grupo se hace patente en casi todas la intervenciones que realiza un policía durante su servicio. En todo grupo humano se produce una serie de interacciones que contribuyen a identificarlo como grupo y a cada uno de sus miembros. En el caso de la Policía estas interacciones son poderosísimas y constituyen la esencia del propio grupo. Todo policía sigue en sus actuaciones unas pautas influidas por múltiples factores, pero muy especialmente por los diferentes patrones informales de comportamiento, que se hallan previamente establecidos en su grupo de referencia profesional: su pequeño grupo. Los grupos de referencia son básicos en la formación y modificación de actitudes, pero mucho más en el de los comportamientos. La presión del grupo ejerce un control social sobre cada uno de sus miembros que supera ampliamente la influencia de la organización formal, los mandos o las normas. Fenómenos como la corrupción, el estilo policial imperante o la motivación de los policías, no pueden abordarse seriamente si no se tiene en cuenta la fuerza de los grupos de referencia. La compatibilidad entre los objetivos informales y el sistema de valores imperante en cada pequeño grupo y los objetivos generales de la organización presenta algunas dificultades. La orientación predominantemente burocrática y legalista de muchas organizaciones policiales, hacen que la normativa y las instrucciones generales no resuelvan los problemas concretos que el policía encuentra en la calle en su servicio diario. En esos casos el grupo desarrolla sus propios modelos de comportamiento y respuesta al margen de la estructura formal. Conocer esos modelos informales, reconducirlos abiertamente mediante la participación del propio grupo, y asumirlos de manera contingente a la realidad de ese turno, barrio o tipo de servicio, evitará la existencia de comportamientos incompatibles con los objetivos de la organización o incluso de la ley. 66

No es prohibiendo la corrupción como evitaremos que aparezcan conductas corruptas, sino estableciendo mecanismos claros y eficaces de control y sobre todo, haciendo que esas conductas sean incompatibles con el sistema de valores del grupo. Ningún policía usa por mucho tiempo más fuerza de la debida, acepta gratificaciones, o falsea sus informes si ese comportamiento no está aceptado, o al menos tolerado, en el seno del pequeño grupo. La Policía que nuestra sociedad está demandando, pasa precisamente por una actitud profesional que es responsabilidad de todos los policías tanto de altos mandos, como agentes de base. Conseguir esa Policía es el reto y la responsabilidad de la sociedad civil organizada, del poder político y de la propia institución policial. Bibliografía Álvarez Leguizamón, Sonia. 2004. ‘La pobreza: configuraciones sociales, relaciones de tutela y dispositivos de intervención. Salta, primera mitad del siglo xx’. En Abordajes y perspectivas. Publicación del Concurso Provincial de Ensayos 2003. Secretaría de Cultura de la Provincia de Salta. Salta. Barón de Neiburg, Raquel y Fernando Pequeño. 2006. ‘Violencia familiar, social y abuso sexual. Un enfoque cultural de la violencia’. Edición de los autores. Salta. Boletín Oficial de la República Argentina. Presidencia de la Nación. 2005. Hacia un Plan Nacional contra la Discriminación. La Discriminación en Argentina. Diagnóstico y respuestas. Suplemento a la edición Nº 30747 de la Primera Sesión del día martes 27 de setiembre de 2005. Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal de México, Instituto para la Seguridad y la Democracia, A.C. (Insyde), Centro de Derechos Humanos ‘Miguel Agustín Pro Juárez’, A.C., Fundar, Centro de Análisis e Investigación, y Red ‘Todos los Derechos para Todos’. 2004. ‘Seguridad pública, prevención del delito y derechos humanos: construyendo alternativas desde la sociedad civil y los organismos públicos de derechos humanos’. México. Corbacho, Myriam y Raquel Adet. 2002. ‘La historia contada por sus protagonistas. Salta, primeras décadas del siglo XX’. Editorial Mactub, Salta.

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Foucault, Michel. 2006. Seguridad, Territorio, Población. Curso en el Collège de France (1977 – 1978). Fondo de Cultura Económica. Bs. As. [Primera edición e francés, 2004. Seuill / Gallimard] Giddens, Anthony. 2000. ‘Sociología’. Alianza, Madrid. Gómez Rojas, Patricia C. 2008. ‘Militarización de la Policía Nacional y Policiamiento del Ejército Nacional en Colombia’. Centro de Estudios Hemisféricos de Defensa (CHDS). Conferencia Sub Regional (SRC) realizada del 29 Julio - 1 agosto de 2008. Panamá. On line en http://www.ndu.edu/chds/SRC-panama08/PDF-papers/GomezC-Col.pdf Instituto Interamericano de Derechos Humanos. 2005. Manual de Derechos Humanos para las Fuerzas Armadas. ASDI (Agencia Sueca de Cooperación Internacional para el Desarrollo). Guatemala. Kessler, Gabriel. 2009. Seguridad y ciudadanía. Nuevos paradigmas y políticas públicas. Ponencias en los foros del bicentenario. Editorial Edhasa. Bs. As. León – Escribano, Carmen R.; Mario M. Turcios y Leslie Sequeira Villagrán. 2004. Manual de Seguridad Preventiva y Policía Comunitaria. Guatemala. IEPADES (Instituto de Enseñanza para el Desarrollo Sostenible) Pequeño Ragone, Fernando. 2008. Policías (Con)ciudadanos. Una perspectiva de derechos humanos. Manual para una contribución al trabajo que la fuerza policial realiza en la incorporación de los derechos humanos como valor central entre sus miembros. Edición digital del autor. Disponible en línea: http://es.scribd.com/doc/54046543/Policias-ConCiudadanos Polanyi, Karl. La gran transformación. Crítica del liberalismo económico. Ed. La Piqueta. Madrid, 1999. UNESCO. 1981. La violencia y sus causas. París.

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Actividades a) Expresar una opinión en base a la lectura del caso que presentamos a continuación, sobre cuál división policial o qué profesional resolvió finalmente el conflicto. El caso ilustra el cambio de estilo en la actuación de la policía que demanda la sociedad actual. Trabajar grupalmente. Presentamos caso: En un barrio de los alrededores de Salta se detectó por parte de la policía un aumento de la demanda ciudadana por motivos de inseguridad. Las quejas se centraban por parte de los vecinos en aspectos relacionados directa o indirectamente con una fuerte sensación de disminución de la seguridad ciudadana. Había sensación de aumento de los robos, del tráfico de drogas, de mayor suciedad en la calle, de venta ambulante irregular, niños sin escolarizar. En general la inseguridad percibida en el barrio se asociaba al fuerte aumento (aumento real, por otra parte) de inmigración brasilera en los últimos años en esa zona. Ante este aumento de las quejas, de las llamadas al servicio 911 de la Policía, se respondió con los sistemas policiales clásicos en estos casos: mayor presencia policial en la zona, más rigor en el control de las documentaciones, aumento de las sanciones por infracciones administrativas, en definitiva una cierta saturación de la zona con actividades policiales clásicas, es decir control, presencia, disuasión y hasta operativos de fuerza con enfrentamientos violentos. Sin embargo, transcurridos algunos meses se pudo constatar que a pesar del paso del tiempo la situación apenas había variado. La sensación de inseguridad, y con ella las quejas de los vecinos, crecían inmediatamente en cuanto se retiraba el servicio intensivo de la Policía. Las quejas abarcaban desde aspectos concretos, como el sacrifico de corderos degollados en lugares semipúblicos, hasta aspectos más indefinidos como miedo a pasar por determinadas zonas. La inutilidad de la actuación policial clásica venía siendo advertida desde el inicio de la operación por el equipo de policía comunitaria asignado al barrio. Ellos habían propuesto desde antes de que el problema se agudizara una serie de medidas que no habían sido atendidas por sus mandos. Ante esta situación, se optó por retirar toda la presencia policial de la zona excepto el equipo de policía comunitaria de aquel barrio, autorizándoles a tomar las medidas que estimasen oportunas para solucionar el problema. AI poco tiempo las quejas habían cesado y el problema concreto desaparecido. AI estudiar las medidas tomadas por los policías del equipo de barrio, se pudo constatar que prácticamente todas ellas consistieron en potenciar y coordinar las actuaciones de diferentes departamentos e instituciones que de alguna manera ya trabajaban en el tema, pero de manera descoordinada entre sí. Así, por ejemplo, se estableció un sistema de cooperación con el líder religioso de parte de la comunidad brasilera asentada en la zona, a través del cual se llegó al 69

resto del colectivo; la asociación de vecinos organizó actividades y encuentros que facilitaron el conocimiento mutuo de unos y otro; a través del veterinario municipal se canalizó el sacrificio ritual de los corderos por el líder espiritual del grupo brasilero, pero en un matadero municipal; se escolarizó los niños de la comunidad brasilera desde con un programa municipal a través de su secretaría de acción social; desde urbanismo se arregló el acceso a la zona para que pudieran entrar los camiones de recogida de basuras y desde el servicio correspondiente se estableció la instalación de contenedores de basura y su recogida diaria. b) En grupos, realizar una lectura analítica de los siguientes textos: … ‘La reestructuración de las fuerzas de seguridad, su profesionalización y educación en el respeto de la ley, la democracia, los derechos humanos y en una cultura de paz, tienen como objetivo principal convertir la función policial en un auténtico servicio público a los ciudadanos. Esto conlleva el carácter exclusivamente civil de la institución policial. Frente al desprestigio de las instituciones policiales del pasado por graves violaciones a los derechos humanos y la deficiente calidad del servicio de seguridad pública prestado a la comunidad, la Policía deberá cumplir en su doctrina, desempeño profesional y formación las características de una policía profesional moderna acorde con los principios mínimos de una actuación policial respetuosa de los derechos humanos, las libertades públicas, el Estado de Derecho y la democracia contenidos en los instrumentos internacionales aplicables’. … ‘Se reconoce que la paz firme y duradera requiere el respeto de los derechos humanos y al carácter multiétnico, y pluricultural de la nación, así como la participación social, la conciliación de intereses y el fortalecimiento de la institucionalidad democrática. Así pues, los cuerpos de seguridad del Estado en el pasado fueron utilizados para reprimir al ciudadano, en esta nueva etapa se espera que esos cuerpos, es decir, la policía, se conviertan en el instrumento del ciudadano para garantizar la seguridad humana. …’Históricamente debido a la composición de los cuadros policiales que directamente provenían de la estructura del Estado contrainsurgente se desarrolló un proceso de desconfianza mutua entre la policía y la sociedad. Partiendo de este hecho, es necesario tomar en consideración que el primer paso a seguir para establecer algún tipo de relación en ese orden, es tratar de ir recobrando los niveles de confianza y tolerancia’. c) En base a la lectura anterior, proponer ideas para la creación de un programa de la institución policial que permita la capacitación de la misma sobre relaciones étnicas y de género.

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MODULO 3: ¿TIENEN GÉNERO LOS DERECHOS HUMANOS? EL CASO DE LAS MUJERES EN INSTITUCIONES DE SEGURIDAD

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Introducción De acuerdo a lo denunciado a diario por los medios de comunicación, la inseguridad circula por nuestra sociedad sin ningún tipo de control o con horizontes de seguras soluciones para aminorarla. Frente a este panorama, se alzan voces que reclaman una mayor “mano dura” por parte de las instituciones de seguridad y judiciales, que se justifica por una concepción, bastante generalizada, que plantea que la culpa de la mayor inseguridad lo tienen “los ddhh”, que son herramientas de uso exclusivo de los que delinquen y que menoscaba la verdadera “autoridad”. ¿Pero qué se entiende entonces por autoridad? ¿La autoridad sería exclusivamente el ejercicio de cierto poder (físico, económico) sobre sectores menos favorecidos para mantenerlos controlados, o por el contrario quiere decir algo más? Si bien las políticas de seguridad de “tolerancia cero” aparentemente parecen tener éxito, el mismo no puede ser sustentado a largo plazo porque exige el despliegue de recursos, económicos y humanos, desgastantes y agotadores. No siempre es posible ejercer un control absoluto y más aún si los encargados de brindar y planificar la seguridad no se interesan por conocer las razones por las cuales estos sectores de riesgo se convirtieron en tales. Ni las biografías, ni la clase, la etnía o el género interesa al momento de diseñar un proyecto de seguridad que se atreva a transformar las estructuras generadoras de las desigualdades y que a su vez fortalezca los derechos de ciudadanos/as estigmatizados como peligrosos/as. Este desprecio por lo particular y subjetivo de cada grupo social, da como resultado que, por ejemplo, en ciudades donde se aplican estas políticas duras, se responde con más violencia hechos originados por años de violencia institucional, social, etcétera, creando un clima de tensión permanente que estallaba cuando las barreras de las estrategias inflexibles se relajaban o no son

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lo suficientemente eficaces, manifestándose espectacularmente en ciertos espacios como pueden ser las escuelas22. Entonces, como plantear una discusión sobre el tipo de seguridad necesaria y adecuada para nuestra sociedad sin caer en la dicotomía de los grupos amenazantes y las víctimas, donde para proteger a estas solo la intervención controladora y represiva de las organizaciones estatales de seguridad (policía, ejército) es la solución para mantener un orden que en cierto sentido refuerza una jerarquía social excluyente, para el cual la presencia de los ddhh son un obstáculo que entorpece la pretendida hegemonía de este. En este sentido, en este módulo proponemos a ustedes, miembros fundamentales de la comunidad educativa discutir, reflexionar, construir argumentos y prácticas que pongan en tensión la noción de seguridad que es vislumbrado como la “única solución posible” porque es inflexible y dura, y que genera prácticas discriminativas que actúan como muros invisibles que bloquean el acceso y la posibilidad de experiencias saludable o gratificantes de determinados derechos, como lo es la educación. Y el debatir la noción de seguridad es hacer además un recorrido por la última década en nuestro país, el cual se ha planteado la necesidad como política de estado de instalar un nuevo paradigma sobre seguridad pública. Este nuevo paradigma o modelo sostiene el otorgar a la comunidad organizada una participación plena y comprometida para la prevención de conductas ilegales, violentas o de conflicto social en todo tipo de contexto. Es así como se plantea a la seguridad no ya como “algo” de exclusiva injerencia de la policía sino como un espacio de responsabilidad ciudadana, que fomenta la construcción de una ciudadanía activa, necesaria para la vida democrática. Hablar de seguridad ya no solo es referirse a la represión de un delito o a la imposición de un castigo, por el contrario se hace referencia a la prevención, prevención que debe ser desarrollada en todos los ámbitos de la vida social. La familia, el trabajo, la escuela se convierten así en los espacios de excelencia para las acciones de prevención, lo cual abrire el horizonte y el registro de

Los hechos conocidos de matanzas en escuelas en EEUU, llevados a cabo por menores, adolescentes, es un claro ejemplo de cómo el modelos de seguridad de mano dura presenta fisuras que son insalvables. La posesión de armas por parte de civiles, que las adquieren en los supermercados al igual que un litro de leche, justificada en pos de la seguridad personal , refuerza las otras violencias que atraviesan cada espacio de la vida de la sociedad norteamericana , provocando hechos dramáticos ante los cuales aparentemente no existe solución.

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problemáticas invisibilizadas por ser consideradas propias de la esfera privada (la violencia de género por ejemplo) o del ámbito estatal (la violencia entre los jóvenes). Debemos recordar que nuestra provincia la problemática de violencia de género es una cuestión acuciante , que incluso se manifiesta en las aulas a diario mediante pequeñas agresiones que son tomadas como “cosas de chicos” cuando ocurre entre pares o como “cosas que siempre fueron así” cuando se refieren al personal docente en relación a las jerarquías dentro de los establecimientos. Lamentablemente son las mujeres el blanco de estas violencias en su gran mayoría, cuando no las personas pertenecientes a otros colectivos de identidad sexual. Y si bien en los últimos años hubo avances en la protección de los derechos de estos grupos, el camino a la igualdad en el respeto y la dignidad exige un compromiso de toda la comunidad. Y el compromiso en ello es también apostar por una concepción de la seguridad participativa y ciudadana. Capacitar en este sentido a los y las docentes implica brindar herramientas para poder situarse desde un lugar adecuado y poder analizar aquello que pueda estar sucediendo en sus aulas y entre sus alumnos. ¿Pero cómo hacerlo de manera tal que podamos ser capaces de desnaturalizar lo cotidiano? Para ello recurriremos a una estrategia propia de la disciplina antropológica, el extrañamiento antropológico, que consiste en sorprenderse e interesarse por cómo otros/as interpretan u organizan su mundo sociocultural; en la medida en que ese mundo y sus reglas son distintas de quien se observa como forastero/a, éste/a se encuentra en la posibilidad de percibir en lo ajeno la diversidad y complejidad de las conductas propias, desnaturalizando lo que se presentaba como natural o predeterminado. Como dijimos anteriormente, en las aulas las cuestiones de género y la seguridad son vividas desde una cierta naturalidad que es necesario deconstruir, desmontar, si deseamos educar en vista de una vida social plenamente democrática y respetuosa de los ddhh. En vista de esto proponemos partir de las consideraciones de la seguridad, relacionada con la temática de género, en un territorio que parece ajeno a nuestra cotidianeidad y en cierta medida resistido como consecuencia de los hechos ocurridos en nuestra historia reciente, pero en donde la seguridad es el hilo conductor de su existencia. En este módulo formularemos un análisis crítico a partir de lo que sucede en la Policía, en principio extrañándonos por las aparentes diferencias, para luego descubrir argumentos que se replican en nuestras aulas, en nuestra comunidad educativa. De esta manera lo cotidiano podrá ser interpelado y despojado de aquello que imposibilita un pleno ejercicio de la ciudadanía y la vivencia de los ddhh.

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El siguiente material, que es acompañado de lecturas complementarias, ofrecerá las herramientas conceptuales esenciales para conocer y comprender qué es eso que llamamos género, cómo se relaciona con los ddhh y cómo ambos deben estar presentes en las formas adecuadas de seguridad pública en nuestra democracia. Al final del módulo se realizará una actividad integral que permitirá el apropiamiento de los conceptos como también el desarrollo de un pensamiento crítico. Género, como categoría de análisis y como herramienta política transformadora El género, como concepto, categoría, es promovido en los años ’70 por las académicas feministas anglosajonas con la pretensión de diferenciar las construcciones sociales de la biología. En esta categoría confluía no solamente un objetivo científico sino también un objetivo político. Al demostrar que las características femeninas de las mujeres no eran “naturales” y que respondían a procesos sociales complejos, se buscaba cuestionar el determinismo biológico que sustentaba la desigualdad de las mujeres frente a los hombres. El devenir posterior del concepto llevó al reconocimiento de una variedad de formas de interpretación, simbolización y organización de las diferencias sexuales en las relaciones sociales y perfiló una crítica a la existencia de una esencia femenina. Pero el concepto de género tiene una complejidad intrínseca en cuanto al ámbito y sujetos a los cuales se refiere. Desde las diversas definiciones de acuerdo al idioma en que es enunciado pasando inclusive a si se usa básicamente para referirse únicamente a las mujeres. No obstante es indudable la utilidad teórica y metodológica que ha prestado a diversas disciplinas. En la antropología, la disciplina que se ha preguntado desde siempre por las relaciones entre naturaleza y cultura, el género ha venido a representar al conjunto de diversos comportamientos y significados culturales que distinguen a varones y mujeres, y que nada tienen que ver con lo biológico (igualado conceptualmente a la “naturaleza”). Además, el género a partir de su componente cultural, ha posibilitado aprehender cómo relaciones de dominación son legitimadas al envestirlas de una naturaleza biológica que en sí misma es una construcción social naturalizada, tal como sucede con la subordinación de las mujeres u otros colectivos sociales segregados. Ahora bien, el género visibiliza de tres dimensiones. La primera hace referencia a entender como género a la definición cultural del comportamiento que se define como apropiado para cada sexo dentro de una sociedad determinada y en un momento determinado. El género es un conjunto de papeles

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sociales. Es un disfraz, una máscara, una camisa de fuerza dentro de la cual hombres y mujeres practican una danza desigual. Esa definición cultural remite tanto al universo simbólico que la sostiene, al campo de relaciones que se desarrollan, a los aspectos históricos en la construcción de identidades y a algunas diferencias biológicas. La segunda dimensión da cuenta del género como una variable de la identidad personal, no sólo la consecuencia de condicionantes de distinta índole sino construido por acción positiva de los individuos. Por último, el género puede ser tomado y utilizado como una categoría de análisis científico, al igual que clase o raza, de las relaciones sociales en diferentes procesos históricos, pero superando los límites de convertirse en una mera descripción de situaciones únicamente femeninas, y ser capaz de poder hacer visible las relaciones sociales entre varones y mujeres, llegando así a explicaciones significativas tanto para mujeres y varones sobre los papeles que les tocan actuar, como también de las relaciones de poder que están implícitos en estos. Además, el género al ser el campo primero “donde y por medio de” se articula el poder, al ser además una categoría analítica desarticula las nociones sobre el orden como unificado y centralizado en un solo espacio, por ejemplo el Estado. Es Joan Scott a quien se le debe esta consideración práctica del concepto de género, definiéndolo como un elemento constitutivo de las relaciones sociales basadas en las diferencias que distinguen los sexos y es una forma primaria de relaciones significantes de poder. Ambas proposiciones están inter-relacionadas pero son analíticamente distintas por implicar la primera un conjunto de elementos que hacen posible esas relaciones y diferencias. Símbolos, mitos que evocan representaciones múltiples, conceptos normativos que son manifestaciones de las interpretaciones de esos símbolos, instituciones sociales y las identidades subjetivas que resultan de la combinación de lo anterior, son los elementos de la primera proposición de género. La segunda proposición resulta una teorización sobre el poder y el género que denota las oposiciones, las formas de organización y las luchas por los cambios estructurales que se desarrollan entre mujeres y varones. El siguiente texto introduce algunos elementos que permiten comprender las dimensiones que están involucradas en el concepto de género.
ACERCA DEL GÉNERO COMO CATEGORÍA ANALÍTICA. Yuliuva Hernández Garcia (en http://www.ucm.es/info/nomadas/)

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[…] 3. Dimensiones de la categoría género Una de las principales fortalezas de la categoría género, es que ella supone en su interior un conjunto de dimensiones que posibilita un análisis verdaderamente integrador de la realidad social de las mujeres y los hombres en su devenir histórico. Marcela Lagarde, señala cinco dimensiones fundamentales que contiene el género, que considero oportuno fundamentar teniendo en cuenta los aportes de otros autores: - Biológica: Esta dimensión en el análisis de género, viene dado por el bimorfismo sexual de las sociedades en su mayoría. La expresión material del bimorfismo sexual lo constituyen los cuerpos. El género emerge en tanto se construye en torno a los cuerpos y la sexualidad, en los que al bimorfismo sexual se le han asignado elementos de vida. La categoría género incluye la dimensión del sexo como conjunto de características biológicas, que en la especie humana es bimórfica y agrupa a los sujetos de acuerdo a cinco áreas fisiológicas: genes, hormonas, órganos reproductivos internos, órganos reproductivos externos y gónadas. Al respecto Marta Lamas, ofrece una información integral, explicando que estas áreas controlan cinco tipos de procesos biológicos en un continuum (y no una dicotomía de unidades) cuyos extremos son lo masculino y lo femenino, de ahí que las investigaciones actuales en la dimensión biológica de la sexualidad, hallan necesitado introducir la noción de ”intersexos” , aquel conjunto de características fisiológicas en que se combina lo femenino con lo masculino. Así, dentro de este continuum, se pueden encontrar una gran variedad de posibilidades combinatorias de caracteres, por lo cual como mínimo se obtendrían cinco sexos. A partir de estos postulados, hoy las cuestiones sobre la identidad de género (muy estrechamente relacionada con la dimensión subjetiva) se tornan sumamente complejas, por cuanto el género mismo, en su arraigada dicotomía femenino-masculino, es insuficiente para abarcar la gran cantidad de posibilidades distintas de combinaciones sexuales. Una vez más se constata que dicha dicotomía es más una realidad simbólica o cultural que una realidad biológica. - Económica: Esta dimensión del género se expresa en tanto en las sociedades organizadas genéricamente, existen actividades concebidas para las mujeres y actividades para los hombres. A esto, desde la teoría de los géneros, se le denomina “organización del trabajo por género” y no se ve como “natural”. En las sociedades patriarcales, las actividades de reproducción social son asignadas,

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como atributo esencial, al género femenino y las actividades de producción visible, activa, asignadas al género masculino. Un indicador importantísimo hoy de la dimensión económica del género, lo constituye la feminización de la pobreza, de la agricultura, la prostitución, la discriminación económica y laboral en función del género, entre otros. - Psicológica: A nivel del individuo, aparece para el análisis una realidad específica, no obstante en relaciones de determinación recíproca con lo social más general: la subjetividad, que designa el modo en que nos pensamos y relacionamos con nosotros mismos en un determinado momento histórico (Foucault, 1982). Marcela Lagarde la define, como la síntesis individual de la experiencia social, de la experiencia de vida, de la cultura. Siendo así, plantea que la subjetividad tiene definiciones de género. Y es que, viéndolo de esta manera, podría pensarse que el género existe como entidad aparte, externa a la subjetividad. Por tanto, considero que lejos de plantear que la subjetividad tiene definiciones de género, debería enunciarse que la subjetividad misma se construye, se configura en función del género con mayor o menor reproducción de sus contenidos, lo cual no significa negar el papel del sujeto en esa construcción restringiéndose a constituirse un “receptáculo” pasivo del género; por el contrario, en relación inversa, podría pensarse a la propia subjetividad en la construcción del género en el individuo. Por supuesto, esto implicaría un nivel bastante superior del desarrollo personológico, en el que el individuo puede erigirse protagonista de su propia existencia como sujeto de género. Lo psicológico, como dimensión del género, significa la subjetivación individual de un orden social ya genérico, dado en las prácticas históricas y simbólicas, subjetivación que tiene lugar precisamente por la existencia de “otros” que se encargan de reproducir ¿o socializar?, más o menos concientes, dicho orden social, y es un proceso que ocurre precisamente en el devenir del sujeto por los diferentes ámbitos e instituciones sociales por los que atraviesa su recorrido humano. En este sentido, Foucault apunta en sus trabajos el papel de los discursos en la configuración de la subjetividad. Si los discursos se enuncian desde una posición de poder del orden patriarcal, es lógico entonces que tengan un efecto poderoso en dicha configuración, ya que tales discursos, elaborados en la lógica del género, como explica Bordieu, están tan profundamente arraigados que no requieren ser justificados, legitimados, en tanto se imponen a sí mismos como autoevidentes, y se toman como naturales gracias al acuerdo casi perfecto e inmediato que obtienen de las estructuras sociales (como la organización social de espacio y tiempo y la división sexual del trabajo), y de estructuras cognitivas inscritas en los cuerpos y en las mentes mediante el mecanismo básico y universal de la oposición binaria.

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De lo anterior, emerge la complejidad de las transformaciones sociales y subjetivas en el orden de los géneros, en tanto su lógica ha estado “inscrita por muchísimos años en la objetividad de las estructuras sociales y en la subjetividad de las estructuras mentales”. No obstante, retomo la capacidad activa del sujeto en el proceso de construcción de su subjetividad, por su carácter sociohistórico que implica la posibilidad de cambios, de transformación en el tiempo con las prácticas. - Social: Esta dimensión del género implica a las normas y prohibiciones que se convierten en tabú en el contexto donde emergen para cada sociedad. Las atribuciones, o asignaciones que se hacen a los géneros, también implican deberes de género y constituyen una de las formas más eficaces de las sociedades para que las personas cumplan con el orden social que se les asigna. Esta dimensión explica que el género se construye a partir de deberes y prohibiciones: relación fundamental para construir lo que son las mujeres y los hombres, de ahí que las opciones sean pocas si se sale de esta relación. Ante estas relaciones y deberes que oprimen, muchas personas se revelan porque la carga psicológica, cultural y de otra índole son muy grandes. Así, quien se sale de la norma, es sancionado socialmente por los mecanismos de control social. Desde esta dimensión, es posible ver que las relaciones de género están en todas las dimensiones sociales: desde las relaciones de parentesco, las económicas, las instituciones y otros. Algunas instituciones de género lo constituyen la pareja, la familia, las instituciones médicas, las iglesias, las escuelas, los medios de comunicación, la sociedad civil y los partidos políticos. Estas son instituciones de género en tanto se encargan de reproducirnos como mujeres y como hombres. Acerca de las instituciones de género, Marcela Lagarde habla de las mujeres como guardianas del orden de género. Así se encargan de reproducirse a sí mismas dentro de esta lógica (porque además este es uno de los mandatos culturales del género) y de reproducir a otras mujeres como mujeres y a los hombres como hombres, por cuanto juegan un papel básico en la aculturación del género como educadoras, pedagogas del género. El padre por su parte, en este orden social, es una institución de género, cuya función es la de ostentar el poder y aplicar las sanciones. De todo lo anterior, es posible constatar la gran fuerza de los agentes de socialización en el mantenimiento del orden genérico (con mayor o menor conciencia de ello y deseos de reproducirlos). De ahí la necesidad de volcar los valores actuales de muchas de esas instituciones, si no todas, hacia posiciones más democráticas y equitativas en la educación y otras prácticas sociales.

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- Política: No por última en esta explicación, menos importante. Por el contrario, supone una de las dimensiones más complejas e integradoras de las problemáticas de género. En esta dimensión, considero que convergen todas las anteriores en tanto deviene un resultado complejo de ellas. Marcela Lagarde plantea: “La política, entendida como el conjunto de relaciones de poder en todos los ámbitos de la vida y de la sociedad, tiene contenido de género, es además, el espacio privilegiado para reproducir los géneros”. Esto es así porque los géneros constituyen un orden de relaciones de poder, un orden político. La categoría género como categoría política en las teorías de género, trata una de las maneras en que la sociedad organiza a los sujetos para monopolizar y distribuir los poderes. Como bien se ha explicado, el género como principio de organización social no opera de forma neutra, simétrica en las relaciones mujeres-hombres (ya sea como resultado del orden simbólico, o resultado de la aparición de la propiedad privada). La organización social en base al género, distribuye sus poderes jerárquicamente a los hombres en la mayor parte de las sociedades conocidas, y el patriarcado responde a ese orden histórico. Como los poderes se materializan de diversas maneras, las mujeres quedan sometidas en una relación de subordinación económica, social, cultural, erótica, afectiva, subjetiva, política, entre otras. Es por ello que en esa relación de los géneros y por medio de ella, se articula el poder. Este orden político de dominación masculina y subordinación femenina, se fundamenta en la diferencia sexual. Desde las teorías discursivas y de las construcciones simbólicas y sus representantes, se ofrecen explicaciones de este fenómeno que resultan muy interesantes. Desde estas perspectivas se entiende que lo que define al género es la acción simbólica colectiva. Mediante el proceso de constitución del orden simbólico en una sociedad se fabrican las ideas de lo que deben ser los hombres y las mujeres. Así, los seres humanos en todas las sociedades, simbolizan lo que es idéntico en cada una, la diferencia corporal, el sexo. A esta diferencia se le atribuyen significados (desde la instauración del patriarcado), que constituye la raíz de la subordinación femenina. En esta red simbólica de los significados de la diferencia sexual, la dominación masculina se explica por el diferente lugar que ocupa cada sexo en el proceso de reproducción, idea también del pensamiento judeocristiano. Se instaura así la lógica del género, que parte de una oposición binaria: lo propio del hombre y lo propio de la mujer (lo esencial en la feminidad y la masculinidad), y dicha lógica del género es una lógica de poder, de dominación. Para Bordieu, esta lógica es la forma paradigmática de la violencia simbólica, y la eficacia masculina radica en el hecho de que legitima una relación de dominio al inscribirla en lo biológico.

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Desde lo simbólico, lo biológico se asocia a la “naturaleza” dado en la mujer fundamentalmente en su capacidad reproductora exclusiva, “la pasividad erótica” y otros; lo biológico en el hombre se asocia con la fuerza y la virilidad. Por su función reproductora la mujer es limitada culturalmente al ámbito privado (inferior, dependiente), mientras que el hombre sale a hacer la cultura (crear, lo superior). Muchos ubican así en lo simbólico, el origen de la subordinación femenina, aunque las investigaciones actuales sobre la sexualidad humana son inmensas y demuestran la complejidad que engendra la lógica del género. Aunque no comparto todos los planteamientos del Psicoanálisis, quien creo que contribuye en su explicación a “naturalizar” el destino biológico de las mujeres y que además es en extremo patriarcal, muchos autores lo toman como fundamento para explicar muchos de los significados de la diferencia sexual (lo relacionado con el complejo de Edipo, el miedo a la castración, la carencia del falo en la niña en la estructuración psíquica, aspectos todos que son muy cuestionables para la teoría feminista); sin embargo, esta misma corriente plantea que no hay características o conductas exclusivas de un sexo, que no existe una esencia femenina o masculina y el deseo humano no tiene más límite que el que la sociedad logra imponerle. Los estudios antropológicos sobre las representaciones culturales de la diferencia sexual, también lo demuestran. De todo lo explicado se constata, la inconsistencia de sostener la diferencia sexual como fundamento de la desigualdad entre los géneros. “Si somos capaces de cambiar la significación de las representaciones de la diferencia sexual, produciremos efectos estructurantes que posibilitarán una subjetividad más autónoma en las mujeres” (Martínez Benlloch, 1996). Desde una dimensión política del género, en esta perspectiva discursiva y de construcciones simbólicas, la propia política debe dirigirse a modificar el orden simbólico actual, y en especial el universo de significados que la cultura ofrece para conocerse. Otros análisis, como ya se ha dicho, encuentra en el origen de la subordinación femenina, en el surgimiento de la propiedad privada y con ello la instauración del patriarcado a costa de la derrota de otras formas de organización social, no necesariamente el matriarcado. Los hombres se apoderaron de las riquezas para heredarlas a sus hijos, que estaban en poder de las mujeres por las características del ejercicio de la sexualidad en este momento histórico. Una vez hecho esto, “se favoreció la idea del control de la sexualidad de las mujeres a través del matrimonio y el confinamiento al espacio de la casa como garantía de seguridad de la paternidad de la descendencia y la conservación de los bienes acumulados ” (Vasallo Barrueta, 2005). Pasó la mujer de esta manera, de un status de libertad al de subordinación.

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De esta forma, la dimensión política del género descubre las relaciones desiguales de los géneros que atraviesa todas las restantes esferas de la vida social, modelando, determinando y construyendo posibilidades asimétricas y jerárquicas en cuanto al acceso a los recursos materiales y simbólicos, al desarrollo socioeconómico, a la cultura y a la vida misma, relación en la que las mujeres son las menos favorecidas. Siendo así, todas estas dimensiones del género se hallan estrechamente relacionadas en su dinámica configurando, de algún modo, las situaciones vitales de hombres y mujeres. […] Bibliografía: Barbieri, Teresita de: Los ámbitos de acción de las mujeres. Bordieu, Pierre: La dominación masculina. http://identidades.org/debates/bordieu_dominacion_introduccion.htm Fraisse, Genevieve: El concepto filosófico del género. Gómez, Lucía: Subjetivación y feminismo: análisis de un manifiesto político. Revista Atenea Digital, 2004 Lagarde, Marcela: Identidad femenina. Lagarde, Marcela: La multidimensionalidad de la categoría género y del feminismo. Lamas, Marta: La antropología feminista y la categoría género. Lamas, Marta: La perspectiva de género. Revista Digital La Tarea. Lamas, Marta: Problemas sociales asociados al género. Lamas, Marta: Usos, posibilidades y dificultades de la categoría género. Martínez Benlloch, Isabel: Subjetividad y género. Ediciones Episteme, SL. 1996. España. Mayobre, Purificación: Decir el mundo en femenino. Sitio Web Modemmujer. Montecino, Sonia: Palabra Dicha. Colección Libros Digitales. Universidad de Chile. 1997. Rivera G., María Milagros: La teoría de los géneros. Sitio Web Modemmujer. Rubin, Gayle: El tráfico de mujeres: notas sobre la economía política del sexo. En Marta Lamas Compiladora “El género: la construcción cultural de la diferencia sexual”. PUEG, México. 1996. Vasallo Barrueta, Norma: El Género: un análisis de la “naturalización” de las desigualdades. Cátedra de La Mujer. Universidad de La Habana.

Las mujeres y los Derechos Humanos, recorrido histórico Si entendimos que el género es un concepto que encierra una dimensión política, ilustrativa de las relaciones desiguales de la distribución del poder en una sociedad y que dan lugar a estructuras organizativas jeráquicas, desiguales y constrictivas para las consideradas minorías (por su ‘naturaleza’, ‘debilidad’, ‘antinaturalidad’, etcétera), la cuestión del reconocimiento de los ddhh para estos grupos no fue algo fácil, sino que supuso una ardua batalla para visibilizar que aún a

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costas de las diferencias y diversidades que pueden existir, la condición humana es algo que no se puede ni debe negar ni ocultar. Con respecto a las mujeres las cosas nunca fueron fáciles y es así que los ddhh fueron elementos que arribaron a sus vidas con cierta dificultad. Si bien los ddhh nacieron en el nombre de la libertad y la igualdad universales en el siglo XVIII, su aplicación se circunscribía a quienes eran ciudadanos y por lo tanto las mujeres, al no ser sujetos de ciudadanía, fueron excluidas y reducidas a los espacios domésticos. Fue recién en el siglo XX, como resultado de las luchas políticas y sociales de las mujeres, cuando las condiciones de vida de muchas mujeres, atravesadas por la violencia y la explotación, fueron conocidas y debatidas dentro del marco de los ddhh. Es por ello que en este momento histórico cobra mayor fuerza la noción de Derechos Humanos de las Mujeres, una perspectiva que posibilita a las mujeres y a otros colectivos desplazados representarse como ciudadanas con ‘derecho a tener derechos’. En esta sección realizaremos un recorrido por lo que ha significado en el proceso histórico-social la visibilización de las problemáticas de las mujeres como cuestiones de ddhh y los resultados de estas consideraciones en legislaciones que han sido creadas y promulgadas por el estado argentino (en referencia a nuestro contexto local), como el impacto que han tenido en la vida cotidiana de todas y todos nosotras/os. Los textos que siguen a continuación nos orientarán con respecto a los cambios que buscaron mejorar la vida de las mujeres, como seres humanos y sujetos plenos, garantizando una protección que es extensible a sus hijos o hijas. Por otra parte, estos textos destacan la impronta de los movimientos feministas, quienes desde siempre han sido los abanderados en la consecución de la plena ciudadanía de las mujeres, y que han sido los orígenes de las posteriores luchas de otros colectivos excluidos como los son los LGBTI. Finalmente, se anexa un apartado donde se mencionan leyes sancionadas en nuestro país recientemente y que buscan crear un marco normativo para la defensa de los ddhh de las mujeres. Cabe destacar que esta defensa es una tarea exhaustiva e interminable, porque la sola existencia de las leyes no significan que las agresiones o las violencias cesen, por el contrario se observa que ante un mayor empoderamiento de las mujeres, ante una mayor conciencia de sus derechos, se exacerba la violencia ejercida sobre sus cuerpos o sobre los cuerpos de sus hijos, lo cual nos obliga a plantearnos nuevamente las relaciones existentes entre seguridad y género ¿Son las actuales estrategias de seguridad lo suficientemente adecuadas para proteger la vida de las mujeres y sus hijos/as?, ¿es necesario discutir en comunidad formas que eliminen la violencia de manera integral y comprometiendo a toda la comunidad? 83

LA LUCHA DE LAS MUJERES, UNA PERSPECTIVA HISTÓRICA- Dr. Eduardo Luis Duhalde, Secretario de Derechos Humanos (en http://www.derhuman.jus.gov.ar/publicaciones/pdfs/Mujeres.pdf) UNA LUCHA DE 2000 AÑOS La lucha de las mujeres por la igualdad, por su plena participación política y social, contra el sometimiento y la violencia de género, recorre la historia universal desde hace al menos 2000 años. Una historia plagada de avances y también de retrocesos, que reconoce en sus orígenes valientes formas testimoniales de reclamo, que en el siglo XX y en la primera década del presente siglo han tenido un formidable impulso colectivo, que se refleja más en los avances normativos, que en la asunción de esos derechos en la conciencia social, todavía impregnada culturalmente de los resabios de una cultura machista y discriminatoria. En el plano universal, las luchas de las mujeres por la igualdad, la plena ciudadanía y el reconocimiento de la diferencia estuvieron atravesados por el derecho, ya a partir del año 195 de la era cristiana. En esa fecha, las mujeres romanas invadieron el Senado, bloquearon las calles que conducían al Foro, interpelaron a los magistrados e injuriaron a Catón –el cónsul defensor de la ley Oppia– hasta que, finalmente, lograron ganar la causa. En ese largo camino, once siglos después, en 1405, Christine de Pizan, una veneciana educada en París, con el apoyo de la reina de Francia, reivindicó en La Ciudad de las Mujeres la dignidad cultural de su género, su función pedagógica y su alta moral, contra los prejuicios cristianos que las marginaban y subordinaban al varón. Ni esta singular escritora ni las que siguieron su camino durante casi cuatro siglos pudieron transformar la educación y la política de su tiempo. Recién la reivindicación de la igualdad entre todos los hombres y los principios de libertad y fraternidad de los Derechos del Hombre y del Ciudadano (1789) permitieron situar en la discusión política las instancias de liberación y de derechos de las mujeres. Durante la Revolución francesa, muchas mujeres de distinta condición social y cultural, se sintieron impulsadas a reunirse en clubes, suerte de instancias políticas de la época. Se redactaron los dos primeros textos de defensa de las garantías individuales de las mujeres, frente al Estado y a los hombres. Así nacieron la Declaración de los derechos de la mujer y de la ciudadana, de Olympe de Gouges (pseudónimo de Marie Gouze) publicado en septiembre 12 de 1791; y Vindicación de los derechos de la mujer, de 1792, de la librepensadora inglesa Mary Wollstonecraft. Olympe de Gouges había fundado varias de las “Sociedades Fraternas de Ambos Sexos” que surgieron entre 1790 y 1791 y redactó su Declaración con un doble fin: informar al Estado de la voluntad de las mujeres y hacer conscientes a las mujeres de los derechos que les eran negados por el nuevo Estado naciente. Su declaración expuso “los derechos naturales, inalienables y sagrados de la mujer”. La respuesta a su prédica fue contundente: su cabeza, guillotinada por Robespierre, rodó el mismo día que las de Mme. Roland y María Antonieta, el 3 de noviembre de 1793.

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Unos cincuenta años más tarde, en 1848, en el continente americano, en Séneca Falls, Nueva York, se reunió un centenar de mujeres –y algunos hombres que las apoyaban– para exigir sus derechos a la educación, a la propiedad y al ejercicio económico, así como el derecho al voto activo y pasivo. Ese meeting, que culminó con la redacción de una Declaración de Sentimientos, dio inicio al feminismo histórico. Sufragistas y feministas, desde entonces y hasta las tres primeras décadas del siglo XX, fueron las abanderadas internacionales de los derechos de la mujer, nutridos los movimientos de activistas por el anarquismo, el socialismo y el comunismo. Desde entonces y hasta el presente, es mucho lo que se ha avanzado en la lucha por un derecho autonomizado e igualitario de la mujer pero sigue vigente –aunque en menor grado– la trama subordinadora y negadora de aquella autonomía. El 25 de noviembre, día internacional de la no violencia contra la mujer, recuerda la violación y asesinato de las jóvenes hermanas Patria, Minerva y María Teresa Mirabal –conocidas como “las Mariposas”– en una pequeña provincia de la República Dominicana. Estas mujeres tuvieron la valentía de luchar por la libertad política de su país, oponiéndose firmemente a una de las tiranías más férreas que ha tenido Latinoamérica, la de Rafael Leónidas Trujillo. Actitud por la que fueron perseguidas, encarceladas varias veces y, finalmente, brutalmente asesinadas el 25 de noviembre de 1960. ARGENTINA: LAS MUJERES EN LUCHA En nuestro país, la lucha de las mujeres comenzó en tiempos del Virreinato del Río de la Plata, y se trasladó luego a la incipiente independencia argentina. No fue una actitud elaborada bajo principios teóricos, sino en acto, con su participación activa y protagónica. Al respecto, no podemos dejar de mencionar a esa joven adolescente Mariquita Sánchez, que conmovió a las capas altas de la sociedad de Buenos Aires negándose a aceptar la decisión familiar de casarla con un pariente suyo, recurriendo a la autoridad del Virrey Sobremonte, solicitando la venia para hacerlo con el elegido por ella, Martín Thompson, lo que logró tras dura lucha, en el año 1804, a través del juicio de disenso, excepcionalidad compartida por otra joven María Antonina Echeverría; o la participación destacada de mujeres como Manuela Pedraza, la negra María Remedios del Valle y Martina Céspedes, verdaderas heroínas en la resistencia cívico-militar a las invasiones inglesas de 1806 y 1807, o la influencia política de Madame Ana Perichón –una suerte de cortesana virreinal– sobre Santiago de Liniers. Tras la Revolución de Mayo, la participación de diversas mujeres en los ejércitos patrios como la mencionada Remedios del Valle –la capitana– que al lado de Belgrano luchó en el Ejército del Norte, en Huaqui, Vilcapugio y Ayohuma, Tucumán y Salta, sufriendo diversas heridas de gravedad, o Juana Azurduy, figura emblemática de la gesta de la independencia patria, o Macacha Güemes al lado de su hermano Martín Miguel. Todas ellas, partícipes en un plano de igualdad, y no meras auxiliares de los ejércitos. 13

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A lo largo del siglo XIX, fueron muchas las mujeres que en todos los planos, con coraje desafiante, no aceptaron la sumisión y el disvalor con que eran tratadas sus congéneres, inscribiendo sus dotes personales en la historia argentina y efectuando el invalorable aporte que abrió nuevos espacios para la práctica política, cultural y social de todas las mujeres en nuestro país. Se trata de figuras que no han quedado solamente como ejemplos heroicos, destacados o singulares, sino que sobre todas las cosas, a través de su acción han promovido el cambio en las representaciones simbólicas acerca de las potencialidades de las mujeres y se han convertido en referentes, vigentes más allá de su tiempo histórico-social. Basta mencionar la influencia política de Mariquita Sánchez, Encarnación Ezcurra, Severa Villafañe, o la propia Manuela Rosas. O la participación en las luchas del caudillo Pancho Ramírez, de su compañera la Delfina, y la de las mujeres de las montoneras: Victoria Romero –junto al Chacho–, de Dolores Díaz y Martina Chapanay en las rebeliones de Felipe Varela; o en las artes y las letras, como la actriz Trinidad Guevara o la primera novelista argentina: Juana Manuela Gorriti; o la decisión de Camila O´Gorman, desafiando al poder civil y el eclesiástico huyendo con su amado Uladislao Gutiérrez, el cura de la iglesia del Socorro, terminando ambos trágicamente frente a un pelotón de fusilamiento. Mención aparte merecen aquellas mujeres que en la Gaceta Mercantil, en abril de 1833, presentaron una lista de candidatos que recomendaban, bajo el título “Las Porteñas Federales” y en el cual expresaban: “Compatriotas: si vuestra injusticia nos privó del derecho que el pacto social nos condecía de tener voto activo y aun pasivo en la elección de los ciudadanos que deben representarnos, no podrá impedirnos el que manifestemos por medio de la prensa nuestra opinión sobre un asunto que nos interesa tanto como a vosotros. Felizmente, se aproxima la época en que recobrando el bello sueño de sus derechos primitivos, salga de una vez del anonadamiento en que ha vivido. Nuestros nietos, o quizás nuestros hijos verán una mitad de los asientos de la Sala de la provincia ocupados por mujeres que darán lustre a su patria. Entonces, no serán tachadas de entremetidas, pedantes, etc., las que discurran sobre asuntos de interés público. Mientras llega esa época feliz, contentémonos con intervenir indirectamente en los asuntos públicos. Nosotras, pues, hemos formado después de una madura reflexión lista de candidatos para representantes de la provincia que recomiendan a nuestros compatriotas”. Como igualmente debe recordarse a la uruguaya Petrona Resende de Serra, que en 1830, encaró en Buenos Aires una publicación –“La Aljaba”– que alcanzó 18 números, enfatizando por sobre todo, la necesidad del acceso de la mujer a la educación. Escritoras y poetas como Eduarda Mansilla hermana de Lucio V., Juana Manso, con su Album de Señoritas, pianistas y actrices, y sobre todo docentes, va generando el activismo critico en la segunda mitad del siglo XIX, junto a las trabajadoras de oficios varios, como las empleadas domésticas, vendedoras callejeras y las costureras que se van sumando con voz propia al incipiente mundo proletario de las fabriqueras. La huelga de las maestras de San Luis (1881) inició una seguidilla de protestas y paros de los talleres de costureras, las mucamas y nodrizas, las cocineras, las telefonistas, etcétera, que sufrían

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la explotación salarial y las condiciones de trabajo, pero también la desigualdad de trato frente a los trabajadores varones en todos los órdenes. Mujeres anarquistas, socialistas, librepensadoras, y luego las comunistas, alentaron estas luchas y al mismo tiempo los esfuerzos de sindicalización. No faltaron tampoco las mujeres de la Unión Cívica.14 DERECHOS HUMANOS DE LAS MUJERES EN LA ARGENTINA Entre las primeras organizaciones sindicales de trabajadoras, se destacaban la Sociedad Cosmopolita de Obreras Costureras (1894), le siguieron otras que nuclearon a Tejedoras y Devanadoras, a Chalequeras y Pantaloneras, etcétera. En 1893, un grupo de militantes socialistas fundó la Unión Gremial Femenina (UGF) que adhirió a la UGT, la central socialista Unión General de Trabajadores. Una de las huelgas más importantes de comienzo del siglo XX paralizó la Refinería Argentina de Rosario, donde hombres y mujeres compartieron la lucha, exigiendo la jornada de 8 horas. En 1902, se amplían las demandas de las obreras, superando el reclamo salarial, la limitación horaria y las condiciones de trabajo como objetivos únicos: las tejedoras entran conflicto protestando por la situación de acoso sexual de los capataces. La huelga de inquilinos de 1907 en Buenos Aires tuvo una masiva participación de las mujeres. De aquellas primeras luchas laborales, quedan los nombres directrices de Fenia Chertkoff, Cecilia Baldovino, Virginia Bolden, Carolina Muzzili la que denunciaba la explotación inhumana del trabajo de niños y niñas. Paralelamente, algunas mujeres rompieron el aislamiento de las aulas universitarias, que les estaban negadas: Elida Passo, farmacéutica (1885); Cecilia Grierson, la primera médica argentina (1889), a la que siguieron Julieta Lanteri, Elvira Rawson, Teresa Ratto y Alicia Moreau, médicas; Sara Justo, Catalina Marni, odontólogas; Celia Tapia y María Angélica Barreda, abogadas; Elvira y Ernestina López, primeras graduadas de la Facultad de Filosofía y Letras. Ellas no se contentaron con el simple ejercicio de sus profesiones y fueron protagonistas del feminismo organizado en los albores del siglo veinte. Fundaron la sección argentina del Consejo Internacional de Mujeres, la Asociación de Mujeres Universitarias Argentinas (que presidió Petrona Eyle), La Liga Feminista Nacional (sufraguistas), etcétera. En 1910, opuesto al Congreso Patriótico de Mujeres, organizado dentro de los fastos del Centenario por la oligarquía agro-ganadera, aquellas mujeres en lucha le opusieron el Congreso Internacional Femenino, convocado entre otras organizaciones por la Asociación de Universitarias Argentinas, que propició el sufragio universal para ambos sexos, el divorcio absoluto, la educación obligatoria y laica para niños y niñas, la jornada de ocho horas de trabajo y otras reivindicaciones.

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En 1911, con Julieta Lanteri y Raquel Camaña a la cabeza se fundó la Liga para los Derechos de la Mujer y del Niño, que en 1913, organizó el Primer Congreso del Niño en nuestro país, de enorme resonancia.Así fueron acrecentando su capacidad de lucha, enfrentando los oídos sordos de una sociedad que defendía su estructura patriarcal, como parte del control social. En ese crecer de la contestación femenina, surgieron como arquetipos de ese feminismo rebelde, mujeres del arte como Lola Mora, de las letras como Alfonsina Storni y de la música popular con las cancionistas de tango, Azucena Maizani, Rosita Quiroga, Mercedes Simone y tantas otras. En 1926, el movimiento feminista, logra arrancar al Estado, su primera gran conquista: los derechos civiles hasta entonces negados. La sanción de la ley 11.357 otorgó una capacidad civil aunque en parte restringida a la mujer, a quien el Código Civil de Vélez Sarsfield le había dado el estatuto de incapaz de hecho. Un enorme avance en la dignificación de las mujeres significó la llegada del peronismo al poder, en 1946. Dentro de la política de inclusión que favoreció tanto a los trabajadores como a las trabajadoras, así como en la acción social desarrollada por la Fundación que presidía Eva Perón, dio fuerte impulso a la formación profesional y capacitación de las mujeres.15 La principal medida de equipamiento político trascendente fue el dictado de la ley 13.010, que consagró el voto femenino en igualdad con el voto masculino protegido por la Ley Sáenz Peña, promulgada el 23 de septiembre de 1947 y puesta en vigor en las elecciones nacionales del 11 de noviembre de 1951, posibilitando la llegada de las mujeres al Parlamento argentino. Previamente, en 1949, Eva Perón había creado el Partido Peronista Femenino, jerarquizando la acción política de las mujeres. También a instancias de Evita, la Constitución Nacional de 1949 (derogada por el golpe de Estado de 1955) estableció en el artículo 37 (II.1) la igualdad jurídica en el matrimonio y en la patria potestad. Asimismo, durante el segundo gobierno del Gral. Perón se sancionó, en 1954, la Ley de Divorcio Vincular, también derogada por la dictadura del 55. EL PENSAMIENTO CRÍTICO HOY El común denominador de la epistemología crítica feminista es la demolición del modelo androcéntrico de la ciencia y la construcción de un modelo alternativo. Es decir, el descubrimiento del simbolismo del género que se oculta en el modelo imperante y, por otro, la introducción del punto de vista de la lucha emancipatoria de las mujeres. Sin embargo, este mínimo denominador presupone que no se pierda jamás la distinción entre sexo (biológico) y género (social) (Harding). Es la construcción social del género, y no la diferencia biológica del sexo, el punto de partida para el análisis crítico de la división social entre mujeres y varones en la sociedad moderna, en las

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esferas de la producción, de la reproducción y de la política y, también, a través de la separación entre lo público y lo privado. Si no se comprende este hecho, no es posible desmitificar el círculo vicioso de la ciencia y del poder masculino que, sintéticamente, consiste en perpetuar, a un mismo tiempo, las condiciones y las consecuencias de las desigualdades sociales de los géneros. Por lo tanto, la lucha por la igualdad de los géneros no tiene como objetivo estratégico un reparto más igualitario de los recursos y de las posiciones entre ambos sexos sino la “desconstrucción” de aquella conexión ideológica, así como una reconstrucción social del género que supere las dicotomías artificiales que están en la base del modelo androcéntrico de la ciencia y del poder masculino. El derecho es uno de los pilares discursivos en los que se asienta el control social de las sociedades modernas. Las políticas de control rigen todas las relaciones sociales, aun cuando esto no sea fácilmente perceptible y permanezca ocluido tras una aparente indiferenciación y neutralidad de las normas y las prácticas judiciales. El sistema jurídico –sobre todo el derecho codificado, con su impregnación discriminatoria y tutelar– envía mensajes a la comunidad respecto de cuáles son las formas correctas de caracterizar las relaciones sociales, marcando en este campo, una forma de control social tan efectiva como la sanción misma. El Estado, de conformidad con la supremacía masculina, ha erigido históricamente las cualidades valoradas desde el punto de vista masculino en los criterios liminares para la construcción e implementación del derecho. Así, el derecho constituye el resultado de creencias implícitas que apuntala, difunde y proyecta en el imaginario social un sutil sistema hegemónico ocultando las discriminaciones genéricas que consagran para la mujer las relaciones de subordinación. El control social informal es un fenómeno complejo. El papel asignado a las mujeres dentro del sistema es definido históricamente tanto por la familia, la escuela y el trabajo, como por la ciencia médica. En él las mujeres cumplen el papel de reproductoras. Son, ante todo, madres, y su vida sexual gira en torno de ese papel. La educación reproduce el rol. Los medios de comunicación lo refuerzan con mensajes que responden al modelo social requerido, organizado sobre los ejes activo-pasivo, dominante-dominado, masculino-femenino. Se asigna a las mujeres un modelo de docilidad y pasividad, cierta “invisibilidad” y un restringido ámbito de acción. Este tipo de intervención es evidente también en lo que hace a la disciplina de la sexualidad y la reproducción. La “sexualidad” y la “maternidad”, definidas como los lugares centrales del status social de las mujeres, son también los espacios de la reglamentación, de la disciplina, de la represión. Se trata de normas en las que las mujeres son tuteladas en relación con el orden familiar y la maternidad, y reprimidas si los rechazan...

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Aún hoy, en el imaginario social predominante, esas mujeres son vistas como esposas, madres, hermanas, hijas, es decir, como componentes de la familia en su rol dependiente; y en relación con el embarazo y el parto, la mujer es considerada sólo en su papel de madre. Éste es el estereotipo del rol femenino, el viejo cartabón en retroceso, pero aún, dando batalla. Maternidad, sexualidad y dependencia son las características de la mujer como objeto de represión y/o tutela. Y cuando se las concibe por fuera de ese estereotipo, es para incluirlas entre otro tan férreo como aquel: el de meros objetos sexuales, suerte de “muñecas de lujo”, exhibida y poseída, como parte del status económico de varones exitosos. Claro está que el derecho, concebido como protección de la mujer, se convierte en una herramienta de transformación social. El importante avance en la legislación protectora de la mujer, ocurrido en la Argentina de las últimas décadas, es el resultado de esta lucha y de los niveles de conciencia del activismo de las organizaciones de la mujer, y de su protagonismo en las estructuras políticas institucionales y sociales. Sin duda, la década del 70 del siglo pasado fue un punto de clivaje, porque impulsadas por aquellas ONG, las ciencias sociales comenzaron a utilizar el concepto de género, con un nuevo significado, que permitió en la discusión socio-cultural, que se introdujera la idea de que las prácticas de las mujeres y de los hombres no se determinan por sus características biológicas, sino que son determinadas por construcciones socio-culturales enraizadas, que generan la asunción de identidades de género, que en muchos casos contradicen la percepción biológica. En el plano internacional se ha dado un gran salto de calidad en la adopción de la Convención de la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW) y su protocolo facultativo. Igualmente, con la aprobación de la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres (Convención de Belem do Pará). La primera de ellas, con rango constitucional, ha sido ratificada por la República Argentina. En la introducción de este trabajo se señalan los principales avances legislativos a los cuales podríamos también agregar las leyes nacionales: • Ley 24.417 de Protección contra la Violencia Familiar. • Ley 25.087 de Delitos contra la Integridad Sexual, modificación del Código Penal. • Ley 25.543 de Test Diagnóstico del Virus de Inmunodeficiencia Humana a toda Mujer Embarazada.

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• Ley 25.584 de Prohibición en establecimientos de educación pública de acciones que impidan el inicio o continuidad del ciclo escolar a alumnas embarazadas o madres en período de lactancia. También se remarcan los preceptos constitucionales tras la reforma del año 1994, como un avance en este camino.

PERSPECTIVA INTEGRAL DE GÉNERO. Por Juliana Di Tullio (Diputada Nacional por la Provincia de Buenos Aires), (en http://inadi.gob.ar/wp-content/uploads/2011/11/Libro_Camino_Igualdad.pdf) La Ratificación del Protocolo Facultativo de la CEDAW fue un puntapié inicial para todo lo que vino posteriormente en cuanto a sanción de leyes relacionadas con conquistas de derechos de las mujeres (quienes representan más de la mitad de la población) y que implicó una mejora en la sociedad en su conjunto. Varios presidentes fueron protagonistas del proceso de ratificación del Protocolo Facultativo de la CEDAW, hasta Néstor Kirchner, Fernando De La Rua y Eduardo Duhalde habían enviado el proyecto de ley al Senado de la Nación pero con una restricción o enmienda. El Protocolo Facultativo de la CEDAW no admite enmiendas, por lo tanto lo que se hizo fue incluir una salvedad que denominaron “declaración interpretativa”, y se le pidió al Senado de la Nación y a la Cámara de Diputados que ratificara el Protocolo pero incluyendo esa declaración interpretativa. La misma expresaba que en Argentina los derechos sexuales y reproductivos no contemplaban bajo ningún punto de vista al aborto o la despenalización del aborto, y que el país estaba comprometido con los derechos del niño por nacer. En el año 2003, cuando asume Néstor Kirchner, me convocan para encabezar el Área de la Mujer de la Cancillería, allí uno de mis primeros proyectos fue iniciar el camino para la Ratificación del Protocolo Facultativo de la CEDAW. Una vez que tuve la aprobación de todos los ministerios y ministros del gabinete, hablé con Néstor Kirchner quien inmediatamente acordó la necesidad de enviar ese instrumento al Congreso Nacional sin ningún tipo de declaración interpretativa, ni enmienda. Se acordó que se ingresara por la Cámara de Senadores, en ese momento Cristina Fernández de Kirchner era Senadora de la Nación y fue una de las impulsoras junto con Alicia Kirchner, finalmente se ratificó en el Senado y el año siguiente en la Cámara de Diputados. Que la Argentina haya ratificado esa Convención y que hoy tenga rango constitucional, significa que a partir de la Ratificación del Protocolo Facultativo de la CEDAW, las mujeres de la Argentina tienen derecho, una vez agotadas todas las instancias internas, a hacer una denuncia ante el Comité por violación a cualquiera de sus derechos.

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Al cumplirse 10 años de la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, donde se aprobara la Plataforma de Acción de Beijing, se realizó un evento en Mar del Plata donde asistieron mujeres y organizaciones sociales de todo el país; para esa ocasión se contó con la presencia de Louise Arbour, quien en ese momento ocupaba el cargo de Alto Comisionado para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Arbour se entrevistó con Néstor Kirchner y le preguntó sobre la ratificación del Protocolo Facultativo de la CEDAW, ya que en aquel momento la Argentina lo único que no tenía ratificado en términos de derechos humanos era aquel Protocolo; el ex presidente respondió que el proyecto ya había sido enviado al Senado de la Nación, y mencionó que estaba presente la Senadora Cristina Fernández de Kirchner, quien como miembro del Senado se comprometía a ratificar dicho Protocolo. El Alto Comisionado felicitó al ex presidente, afirmando que no había un solo instrumento que la Argentina le debiera a su pueblo. Se fue muy satisfecha de encontrarse con un país que no tenía miedo a ningún instrumento que tenga que ver con la garantía de los derechos de su pueblo. La Ratificación del Protocolo Facultativo de la CEDAW tiene que ver con la visión que tenía el ex presidente acerca de los derechos de la población en general, y de las mujeres en particular. Antes de proceso electoral del 2003 Néstor Kirchner me encargó que elaborara las políticas de género para el futuro gobierno, que se incluirían en la plataforma política que presentábamos a elección en el 2003. Cuando hablamos de la política de género con el ex presidente y con Cristina Fernández de Kirchner se evidenciaba una conciencia enorme en las líneas a seguir, lo que se notó en términos de políticas puras y en términos de sanciones legislativas. Hemos tenido en la agenda de género un significativo adelanto, es muy importante la conquista de derechos para la sociedad en general y para las mujeres en particular. Lo que se hace es construir una mejor sociedad para todos y todas. Por mi parte en el caso de la ratificación del Protocolo tuve un doble rol, primero como embajadora de ese proyecto y segundo como Diputada de la Nación me tocó votar la sanción definitiva. El trabajo legislativo que significó conseguir votos para que se aprobara la ratificación no fue fácil, en un país donde todavía hay un poder histórico conservador que siempre tiene estrategias efectivas y concretas para avanzar en términos de derechos, con esto me estoy refiriendo a la Iglesia Católica. Nos hemos enfrentado en la ratificación del Protocolo Facultativo de la CEDAW, en el proyecto de ley de Ligaduras de Trompas y Vasectomía, en el proyecto de ley de Educación Sexual Integral en las escuelas, en el proyecto de Matrimonio Igualitario, básicamente en todo lo que tiene que ver con derechos sexuales y reproductivos. El Protocolo fue uno de esos momentos álgidos donde la Iglesia Católica mostró su poder en ambas Cámaras. Seguido a esto vino el tratamiento de la ley de Ligaduras de Trompas y Vasectomía, un proyecto interesante porque tiene que ver con el Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable. Dicho programa establece la distribución gratuita de métodos anticonceptivos para que cualquier hombre y mujer tenga derecho a decidir cuál será el tamaño de su familia, y que método anticonceptivo usar, además de ejercer su sexualidad de forma placentera

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y plena. Fue la primera vez en el Congreso Nacional - por lo menos en la Cámara de Diputados que la ley de Salud Sexual y Procreación Responsable se utilizó como argumento para la media sanción de la ley de Ligaduras de Trompas y Vasectomía, se generó un debate muy interesante sobre el derecho que tienen las mujeres centralmente (que son las que más recurren a esta práctica) a tener una sexualidad placentera, donde el placer en la sexualidad y en el ejercicio como derecho fue uno de los más grandes argumentos. En cuanto a la sanción de la ley de Educación Sexual Integral en las escuelas, fue una ley que vino a aportar cambios significativos, ya que no sólo tiene que ver con la mejora educativa de los niños y niñas, sino que tiene grandes lineamientos para construir una sociedad mucho más equitativa en términos de género. Una materia como educación sexual es muy importante ya que uno de los temas fundamentales es la prevención de abuso en la niñez, una de las cuestiones fundamentales es educar en términos de mi cuerpo es mío y nadie tiene derecho a tocarlo sin mi consentimiento. Un acercamiento sexual entre un varón y una mujer tiene que ver con el acuerdo absoluto, donde no puede haber ninguna duda sobre ese acuerdo, donde no tiene que haber ejercicio de poder de uno sobre otro. Hay dos pilares fundamentales en la ley de Educación Sexual Integral, uno es evitar discriminación en término de género y de poder, y el otro tiene que ver con prevenir abusos en niñas, niños y adolescentes. Fue un proyecto discutido, debatido y resistido en la Cámara de Diputados de la Nación, centralmente por lo que tiene que ver con los complejos educativos que imparten o no este tipo de educación. La iglesia católica entendía que la educación sexual tendría que impartirse solamente en escuelas públicas, y no en escuelas de pertenencia religiosa. La materia Educación Sexual Integral ha sido construida por el Ministerio de Educación y de Salud de la Nación, por un equipo que tuvo en cuenta todas las visiones filosóficas, políticas y religiosas de la Argentina. No hay posibilidad de que una institución diga que tiene una objeción de conciencia. Cuando la sociedad avanza en la conquista de un derecho siempre hay alguna fuente de poder que intenta retrasar esa conquista. Este tipo de políticas públicas evidencian sus resultados luego de un período de tiempo, los veremos reflejados en la siguiente generación, es un proceso social y seguramente habrá que realizar ajustes. Otro ejemplo de ello es la Ley 26.364 para Prevenir y Sancionar la Trata de Personas, donde hay que ajustar o modificar algunos puntos. Cuando asumí en el año 2003, como responsable del Área de la Mujer de la Cancillería, no se conocía la problemática de trata, y la Argentina era un país de tránsito. La trata de personas es la forma más aberrante de esclavitud del siglo XXI, además es un delito que tiene características trasnacionales. En el mundo se reconocen tres negocios importantes para la delincuencia: el primero es el tráfico de drogas, el segundo de mujeres, niños y niñas, y el tercero el de armas. Lo que representa que para la instancia delictiva el ser humano tiene un valor de intercambio, representa una mercancía.

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El Estado argentino comienza a tomar conciencia de esta problemática, primero se reconoce como país de tránsito, por lo que decide tomar recaudos y comienza modificando la Ley de Migraciones. Esta es la primera toma de conciencia por parte del Estado, en el año 2004, y en segunda instancia programa una política de Estado en términos no solo de prevención, erradicación o sanción para este tipo de delito, sino también de atención a las víctimas que se rescatan, que desde que la sanción de la ley ha sido más de dos mil mujeres. En concordancia con la Ley para Prevenir y Sancionar la Trata de Personas, esta el del Plan Nacional de Erradicación de Violencia contra las Mujeres, donde el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación y el Concejo Coordinador de Políticas Sociales realizaron una gran labor en su armado. Fueron parte del proceso de reglamentación de la Ley junto con todas las organizaciones sociales que forman parte del movimiento de mujeres en Argentina, todos los ministerios y secretarías que tienen injerencia en el tema, los medios de comunicación, etc. Este es un tema que se debe seguir trabajando, porque hay que tipificar el delito de violencia, hay que tenerlo en el código penal. La aplicación de la política pública se ve con el tiempo, no son cuestiones inmediatas. Si tuviéramos hoy tipificado el delito de violencia contra las mujeres o de femicidio se vería inmediatamente esta cuestión, ya que los hombres acusados de matar a sus parejas, ex parejas, novia, ex novia, o esposa o ex esposa, no serían condenados por homicidio agravado por el vínculo, serían condenados por femicidio. Son dos situaciones legales diferentes, además de sincerar una situación que viene sesgándose hace tiempo en la Argentina, y en la mayoría de los países que no tienen esta norma. El efecto positivo en la construcción de una sociedad más justa se ve con el tiempo, no es un proceso inmediato, es un proceso transformador de cuestiones ligadas a lo cultural que están extremadamente arraigadas en nuestra cultura y en nuestro país, y modificarlas a través de políticas públicas es lo adecuado, pero es lento. Lo importante es que estamos avanzando en una dirección que es la correcta. Acompañando a la Ley de Erradicación, Sanción y Prevención de Violencia contra las Mujeres, la más reciente de las sanciones definitivas fue la de Imprescriptibilidad de los Delitos de Abuso Sexual. Fue una ley que la Cámara de Diputados votó varias veces, porque se perdió su estado parlamentario al no ser tratada cuando correspondía. Esta ley se aprobó en el año 2011, y es mal llamada Ley de Imprescriptibilidad de Delitos de Abuso Sexual, dado que lo que establece es que a partir de que cumplen la mayoría de edad, los niños y niñas que fueron víctimas de abuso sexual tienen diez años más para realizar la denuncia. Tiene que ver con dejar atrás la impunidad de los abusos, donde la mayoría de los casos en un enorme porcentaje - entre un 80 o 90 por ciento de las víctimas de abuso sexual - son en la niñez, por lo general no se lo cuentan a nadie, ya que el ejercicio de poder es enorme, y recién cuando son mayores de edad denuncian en forma social a su abusador. Lo hacían de forma social porque no existía la posibilidad de hacerlo legalmente, dado que era un delito prescripto, entonces lo que se consideró es la realidad de la víctima, que cuando es menor de edad no realiza la

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denuncia. Por lo tanto se estableció que a partir de la mayoría de edad, tienen diez años más para denunciar a su abusador o abusadora sin ninguna restricción en el Código. Esta ley también representa una forma de prevenir futuros abusos. La conjunción de la Ley de Educación Sexual Integral, la Ley de Imprescriptibilidad de los Delitos de Abuso Sexual y la Ley de Violencia contra las Mujeres, crean un contexto que tiende a erradicar un flagelo que está instalado en nuestro país por cuestiones culturales que están basadas en lo patriarcal y en el abuso del poder. Todas estas políticas de Estado tienden a mejorar nuestra sociedad, a hacerla más justa e igualitaria. Que la agenda de género tenga correlato en el parlamento, no está escindida de esa visión de Estado que han tenido tanto Néstor Kirchner, como Cristina Fernández de Kirchner, están englobadas en la misma visión de construir una sociedad más igualitaria basada en el respeto irrestricto de los Derechos. No hay una cuestión de mirar hacia una porción de la población, sino que se vincula con una idea integral, y ésta postura la tiene no solamente el Estado argentino, sino también el Sistema de Naciones Unidas, la OEA, el resto de los Estados. Desde ya que hay que especificar cuando uno está tratando de pugnar por un derecho, de lo contrario no hubiera habido ni ley de voto femenino, ni tampoco leyes de para los trabajadores. También hay que particularizar para ver cómo se avanza, dónde está enquistadas las mayorías de las dificultades que una sociedad tiene en términos de discriminación y de violencia. Todo este paquete de leyes tiene que ver con esta cosmovisión, que involucra al Estado y a un proyecto político específico. No es casual, que sea importantísima la representación en la Cámara de Diputados y Diputadas que tenemos las mujeres, en términos del concierto de las naciones somos uno de los parlamentos con mayor representación femenina. Aunque no todas representan la agenda de género o tienen una visión estratégica sobre la conquista de derechos de una porción de la población; eso a estas mujeres les parece un tema menor o tienen otras prioridades. Si no hay una visión política de Estado, es muy difícil que se pueda avanzar en términos de agenda de género, en este sentido los dos últimos presidentes, Néstor Kirchner primero y Cristina Fernández de Kirchner después, han sido dos estadistas que pensaron y piensan en la construcción y reconstrucción de una sociedad más justa. El Decreto para Erradicar la Difusión de Mensajes e Imágenes sobre Explotación Sexual es parte de lo mismo, hay como en la mayoría de los avances en la agenda de género, una resistencia de quienes ejercen la doble moral, y esa resistencia tiene que ver con intereses ideológicos, filosóficos, religiosos y con los negocios. Una vez más, se ve a la mujer como un objeto, comerciada y contribuyendo a un mercado institucionalizado.

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La visión de la Presidenta - que se observa en su discurso el día que firma el decreto de eliminación del Rubro 59 - es la visión de una estadista que ve cómo se construye y cómo se reconstruye una sociedad más igualitaria, enmarcada en la visión política de un proyecto político global. Lo cual va más allá de la política y la visión particular, porque la perspectiva de Estado se funda en un proyecto político concreto.

LEYES DEL ESTADO NACIONAL EN CONSONACIA CON LOS DDHH DE LAS MUJERES (en http://inadi.gob.ar/wp-content/uploads/2011/11/Libro_Camino_Igualdad.pdf) 1. Ley Nº 26.485. Nueva Ley Nacional de Protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres en los ámbitos en que desarrollen sus relaciones interpersonales. 2. Ley N° 26.364. Ley para prevenir y sancionar la Trata de Personas. Y Decreto 936/2011. Para erradicar la difusión de mensajes e imágenes sobre explotación sexual. 3. Ley N° 26.150. Programa Nacional de Educación Sexual Integral. 4. Ley N° 26.171. Ratificación de Protocolo facultativo del Convenio sobre Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW)

Los movimientos de mujeres y la inclusión de las diversidades Previamente mencionamos la importancia de los movimientos de mujeres, algunos de ellos identificados con el compromiso político feminista. Ahora bien, conjuntamente a las reivindicaciones de los derechos de las mujeres, estos movimientos visibilizaron y acompañaron a otros colectivos con identidades sexo-afectivas diversas. La lucha por hacer posibles los derechos de las mujeres, para la igualdad en los campos de la política, la economía, la educación y la eliminación de todo tipo de violencia, ha sido la que introdujo la mirada sobre aquellos/as diversos que sufrían y padecían lo mismo, o aún peores situaciones dentro del sistema patriarcal. Los movimientos LGBTI se iniciaron de la mano con las feministas, logrando en nuestro país la consideración de ciertos aspectos como primordiales para los ddhh de estas diversidades, como clara muestra de que la democracia no se construye solamente con la “tolerancia” sino con la ampliación de más y plenos derechos de ciudadanía y de vida para tod@s. Los siguientes textos textos referidos a las leyes del matrimonio igualitario y a la ley de identidad de género y atención integral de la salud de las personas trans, ilustran sobre las concepciones socio-culturales que han dado lugar a estas legislaciones.

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LA LEY DE MATRIMONIO IGUALITARIO NOS LLENA DE ORGULLO A LOS ARGENTINOS. Vilma Ibarra, Diputada nacional por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (en http://inadi.gob.ar/wp-content/uploads/2011/11/Libro_Camino_Igualdad.pdf) La sanción y entrada en vigencia de la ley 26.618 conocida como “matrimonio igualitario”, ha representado un avance trascendental en la construcción de la igualdad y la dignidad para todas las personas y familias, y nos ha puesto ante los nuevos desafíos que conlleva el pleno ejercicio y reconocimiento de la diversidad familiar. Hemos avanzado con el convencimiento de hacerlo por el mejor camino para encarar tales desafíos. Decidimos ir paso a paso, con la seguridad de haber comenzado por el principio, habiendo establecido un nuevo paradigma acorde al derecho constitucional de familia desde el cual deberán abordarse aquellos debates, y a luz del cual debe aplicarse todo nuestro ordenamiento jurídico, que debe interpretarse siempre a favor de la igualdad. Este nuevo paradigma que ha quedado plasmado en el Código Civil, ha tenido impacto no sólo en las leyes y en las normas, en las libretas rojas, en las actas de nacimiento que ahora deben reconocer a los niños y niñas su realidad familiar, en los numerosos formularios que debieron adecuarse a la diversidad de cónyuges. Sobre todo ha inaugurado, una vez más en nuestra historia, el reconocimiento de la diversidad que somos, haciéndonos a todos y todas sentirnos parte, encontrándonos en un país inclusivo. Haber sancionado la ley de matrimonio igualitario es una conquista que nos llena de orgullo a muchísimos argentinos, porque hemos liderado con éxito un debate de ampliación de derechos civiles en Latinoamérica, que está expandiéndose en los países hermanos. No se trató, por cierto, de discutir sólo si se podía realizar una boda más o menos. En cualquier caso, para una persona no es poca cosa poder decidir libremente si quiere o no casarse, en vez de tener prohibida esa opción. Ni tampoco es menor tener la posibilidad, como cualquiera, de ir al Registro Civil, recibir la libreta y tirar arroz. Pero lo central del debate fue y es la igualdad de derechos de todas las personas, y no hemos podido encontrar hasta acá, ningún argumento valioso que permita justificar que se les otorgue a algunas personas un derecho que se les niega a otros, fundamentando la prohibición en su orientación sexual. La sanción de la ley de matrimonio igualitario tiene un contenido simbólico muy fuerte, porque ha modificado una institución que durante siglos ha servido como instrumento de poder, para consolidar reinados, conquistar tierras y personas, declarar la guerra o hacer la paz. Es una institución central del patriarcado, que nació desigual porque precisamente estuvo hecha para diferenciar: impedía los casamientos de esclavos, o los casamientos interraciales; sometía a las mujeres y dividía a los hijos con derechos o sin derechos, según fueran matrimoniales o extramatrimoniales, reconocía mayores derechos a los primogénitos y sobre las bases de su celebración se fundamentó gran parte del derecho sucesorio. Hablar entonces de una ley de matrimonio igualitario es dar cuenta de un nuevo paso en la democratización de esta institución, con todo el peso simbólico que eso conlleva. Porque se trata, también, de democratizar el concepto de familia, recogiendo la enorme diversidad de familias que construimos las personas en la pluralidad que somos como sociedad, descartando

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la idea culturalmente hegemónica que dice que una familia sólo la pueden constituir una mamá y un papá con sus hijos. Finalmente, hay algo realmente audaz y desafiante en la sanción de esta ley, que debe destacarse: se ha demostrado que se pueden discutir y poner en crisis estructuras sociales que parecían intocables e inamovibles. ¡Es que se han naturalizado tantas injusticias! A lo largo de la historia se ha dicho muchas veces que era natural que la mujer fuera inferior al hombre, que era “natural” que hubiera amos y esclavos, que era “natural” que hubiera explotadores y explotados. Al sancionar esta ley hemos dicho también que en realidad, nada de eso es natural, sino histórico, cultural y social. Y que puede cambiarse.

¿QUIÉN ES? María Pía Ceballos*(en http://www.laotravozdigital.com/spip.php?article1958) Muchos preguntan “quién es”, o tal vez “que es”, otros quizás “es”, pero nos animamos a decir solo “es”. A largo de nuestra vida construimos mediante un proceso de relaciones entre los diferentes grupos humanos “nuestra identidad”. Esta identidad esta colmada de identificaciones con el otro, donde elegimos y tomamos decisiones de lo que nos gusta y de lo que no nos gusta en materia de música, deporte, moda, etc. Cuando venimos al mundo es decir cuando nacemos, lo primero que determina nuestra identidad es el sexo/género con el que nacemos, varón o mujer será la denominación de inscripción en el Registro Civil, a partir de allí serán llamados “Juan, Lucia, Agustín, Sofía” etc., también se utilizaran colores celestes y rosas para identificarlos, juguetes como muñecas para ellas y pelotas para ellos, irán a salitas educativas que compartirán juntos; pero que tendrán que separarse en el contexto áulico los varoncitos para un sector y las mujercitas para otro sector, los baños serán destacados por imágenes según los dos sexos determinados, transcurrirán la escuela primaria donde prevalecerá esta división que desde el nacimiento fue marcado e impuesto. Y en la escuela secundaria para continuar con la línea estructural de la sociedad, prevalece la división antes mencionada y marcada por la institución, los grupos y otros. Ahora bien esto que parece tan inmóvil y solo un mandato social de modelos de varones y mujeres, de lo femenino y los masculino, tiene una contracara que es la “realidad” o “realidades”, digo esto porque las personas somos tan distintas unas de otras, y tenemos múltiples realidades y esto se debe a la dinámica e interacción que vivimos desde que nacemos hasta que morimos. Sin lugar a duda es un “proceso” que pasamos desde que nacemos y vamos recorriendo diferentes estadios de nuestra vidas, en ella vamos incorporando identificaciones en sus más diversos matices desde los rosa, celeste, negro, grises, etc., escuchamos desde tango, rock, cumbia, etc., jugamos con autos, muñecos, pelotas, barbys y por su supuesto un ken, lo prohibido es lo que nos mueve, lo que no está permitido será un motor que movilizara nuestras exploraciones, y los grupos colectivos de amistad serán los que nos impulsen a encontrarnos con ese ser tan hermoso que es la esencia de lo que somos, no somos ni Juan, ni Lucia, ni Agustín, tampoco Sofía, somos personas ciudadanas/os con derechos, que si tenemos un nombre impuesto, pero tenemos un

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nombre de cariño construido con mucho dolor, alegría, y sacrificio, esta construcción no es individual sino colectiva, lo diferente no es lo malo, lo malo es que nos caratulen como el diferente en la sociedad. A lo largo de nuestras vidas llegamos a abandonar sueños, metas, estudios, trabajos, etc., pero no la abandonamos por caprichos, la abandonamos porque nos excluyen, nos discriminan, nos dicen que solo podemos optar por salir “montada a la calle” y nuestro rol en la sociedad se reduce al “trabajo sexual”, que tenemos que dormir de día para no salir a la calle y avergonzar a la sociedad y debemos salir de noche para satisfacer a los maridos de la sociedad. Tanta hipocresía que nos humillan día a día, y nos preguntamos donde están los derechos?. Nos callaron durante mucho tiempo, nos reprimen cada vez que tienen oportunidad, nos matan cuando pueden, pero una cosa si es segura moriremos luchando por una sociedad más justa e igualitaria, donde las minorías tengamos seamos realmente sujetos de derechos. Necesitamos Ley de identidad de Género que nos incluyan. La identidad[1] es uno de los aspectos más importante de la identidad personal pues se halla presente en todas las manifestaciones de la personalidad de sujeto. “El derecho a la identidad, al que definen como el derecho a ser uno mismo y no otro, lo que se ha denominado –con cita de Fernández Sessarego- “ la mismidad de cada ser humano, absolutamente equiparable a la libertad o la vida”… se fue perfilando con caracteres autónomo, dentro de los derechos al nombre, pero con el transcurrir del tiempo se le fueron agregando otros componentes que apuntan cada uno a una parte de la personalidad: la imagen, la filiación, el sexo, el estado civil, entre otros. Lejos de constituir un numerus clausus, estos componentes están en continua evolución”[2] Solo nosotras y solamente nosotras comprendemos y sabemos lo que es la discriminación, la humillación, la violencia, degradación, y seguiremos luchando; una conquista marco la cancha, pero la cancha sigue a oscura, por ello vamos por todo, ya no más de “esto no se habla”, queremos nuestros nombres no por capricho sino por respeto a nuestra identidad, queremos derechos. *Integrante de ALUDIS Asociación en Lucha por la Diversidad Sexual [1] Fundamento de la Ley de identidad de género, exp 1736-D-2009 [2] Kiper, Claudio Marcelo, Derechos de las minorías ante la discriminación, Ed. Hammurabi, 1998,p 405

LEYES • • Ley Nº26.618. Matrimonio Igualitario ( enhttp://inadi.gob.ar/wpcontent/uploads/2011/11/Libro_Camino_Igualdad.pdf) Ley N° 26743 de Identidad de Género y atención integral de la salud de las personas trans, aprobada por el Senado de la Nación el 9 de mayo de 2012 (en http://www.leydeidentidad.org/) 99

Cuando las mujeres se apropian del espacio público: el trabajo en instituciones de seguridad (policía, ejército, servicio penitenciario) y su impacto en las representaciones sobre el "ser mujer" Hasta ahora nuestra incursión por las relaciones entre seguridad, género y ddhh ha sido realizada dentro de los límites de un marco general, que nos sirvió para conocer los orígenes y el rumbo que en nuestro país han tomado estos temas. Como lo expusimos al principio de este módulo, hemos propuesto la experiencia del extrañamiento, echando una mirada a la institución policial, como territorio particular que nos hace evidente las dimensiones que la noción de género supone. Para comenzar este ejercicio, nos preguntaremos qué es lo que sucede cuando las mujeres se arriesgan a ingresar en el espacio público, trabajando además en tareas que históricamente han sido desarrolladas por varones, como lo es la seguridad brindada por el estado. En esta sección se presenta un resumen de una investigación referida a las primeras mujeres policías en Salta que permite re-conocer las dificultades y obstáculos que surgen cuando las mujeres desean otros horizontes que confrontan con lo que socialmente se espera de ellas; además el caso de las mujeres policías permite reflexionar sobre las situaciones que enfrentan otras en otros campos laborales, como por ejemplo la educación

“SUBORDINACIÓN Y VALOR”. LA PRIMERA INCURSIÓN DE LAS MUJERES EN LA POLICIA DE SALTA, 1958-1968. Julieta Rivera Aráoz En Salta, durante el gobierno del General Juan Antonio Álvarez de Arenales se organizó un Departamento de Policía con un Reglamento sancionado y puesto en vigencia el 26 de marzo de 1825. A partir de esa fecha, la institución policial tuvo un lugar en cada uno de los procesos sociales-políticos-culturales que afectaron y transformaron al Estado provincial, un lugar que estuvo regido desde el inicio por un único imperativo, “Subordinación y Valor para Defender el Orden”, llevado a cabo exclusivamente por varones. I Hasta la década del ‘50, en Salta era imposible que una mujer pudiese aspirar a ingresar a la institución como agente, profesión cuya injerencia estaba destinada al control de los espacios públicos y grupos de la población calificada como peligrosa. Las mujeres se consideraban personas consideradas “débiles”, “pasivas”, “indefensas” y por lo tanto incapaces de poder enfrentarse con situaciones que alterasen el orden o la tranquilidad social. Si bien en Estados Unidos ya se contaba con mujeres policías desde 1905 y en la provincia de Buenos Aires desde el año 1947, en Salta las primeras mujeres fueron incorporadas recién en

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1958, a través del “Cuerpo de Policía Femenino”, una división especial creada como parte de una reforma estructural de la Institución, originada esta como respuesta a una fuerte crisis interna, y además como solución a requerimientos de seguridad y “decencia” por parte de los sectores “patricios” de la ciudad capital. Estas primeras policías femeninas emprendieron sus funciones en condiciones de inferioridad en relación a sus compañeros varones ya que eran prácticamente imperceptibles para la institución como también para la población en general. Hacia 1968 se designó por primera vez al frente del Cuerpo Femenino a una mujer civil y su gestión significó una nueva organización de la estructura de la División, la preparación de personal eficiente y con un gran deseo en lograr lugares destacados en la Policía. Esta breve recorrido pretende analizar el período de 1958-1968, la primera década de mujeres policías, desde una perspectiva que considere la noción de género como una categoría de análisis científico, como lo propone Joan Scott en su descripción del género como “un elemento constitutivo de las relaciones sociales basadas en las diferencias que distinguen los sexos y es una forma primaria de relaciones significantes de poder” (SCOTT, 1990.) Este punto de vista permite entender las circunstancias, causas y consecuencias del primer proceso de incorporación de mujeres a una institución dominada por formas de hacer, pensar masculinos, donde el poder de mando, la sujeción a la orden, el dominio de alguien, explicitado por el lema de la Institución, “Subordinación y Valor”, se ha ejercido desde siempre de manera vertical y a favor de los varones. Metodológicamente se recurre a técnicas “arqueológicas de género” . Ello encuentra su razón en que la Policía de Salta tiene como regla quemar documentación que exceda los veinte años de antigüedad, por lo que todo aquello relacionado con la década de 1958-1968 es casi inexistente en sus archivos. La mayoría de la información de esta investigación ha surgido de una”excavación” en los diarios de la época, censos de población de la provincia, Reglamentos vigentes, registros de trayectoria laboral y los relatos de algunas de las primeras femeninas. El objetivo principal de este trabajo reside en la intención de ofrecer una reconstrucción de una década importante en la inclusión de mujeres en organismos dedicados a la seguridad pública, destacando la posición de subordinación y la violencia, por acción u omisión, a la que se veían expuestas. II La Policía de Salta desde sus inicios fue una Institución masculina, formada por varones con probada fortaleza física y moral, como así también respetuosa de los mandatos de la familia patriarcal. Por su parte, las figuras femeninas aparecían en las reglamentaciones bajo los títulos de “Delitos contra la honestidad” y “Delitos contra las personas”, poniendo de manifiesto representaciones sobre las mujeres que las mostraban como víctimas o transgresoras, sin dejar de lado que además podían ser las hijas, las madres, las hermanas, las esposas, las sobrinas o las tías de los agentes policiales. Las primeras mujeres que desearon incorporarse a la Policía de Salta lo pudieron lograr a través de la creación del Cuerpo de Policía Femenino, llevada a cabo durante la gestión del Mayor Dn. Carlos Calcina como Jefe de Policía y bajo el gobierno provincial constitucional de Don Bernardino Biella, en el año 1958.

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En ese año, Argentina era gobernada por Arturo Frondizi, proveniente de la Unión Cívica Radical Intransigente, aunque su autoridad era ferozmente puesta en cuestionamiento por sectores conservadores, peronistas e inclusive radicales. Los niveles de inflación eran alarmantes y hasta se vivieron momentos de desabastecimiento de productos básicos de la canasta alimenticia. En Salta, el gobernador constitucional Biella, radical intransigente también, no era ajeno a esa tensión generalizada que estallaba cada tanto en diferentes espacios y con un grado mayor o menor de virulencia. Es así que a principios de septiembre de 1958 se produjo un amotinamiento de efectivos policiales en Jefatura, que duró un par de días, motivado por un conflicto entre el Jefe policial, Mayor Juan Calcinas, y el personal, además de un reclamo salarial importante. Para noviembre, aún se sentían las repercusiones de esa crisis, por lo que las autoridades de la plana mayor de la policía y del poder Ejecutivo dieron a conocer una reforma que apuntaba a mejorar la situación del personal y la institución. Entre las modificaciones, la más trascendental fue, sin lugar a dudas, la creación del Cuerpo Femenino de Policía. La incorporación de las mujeres a la Policía se consideró como parte necesaria para la renovación y modernización de la institución. Además, la necesidad de contar con mujeres en las filas respondía paralelamente a objetivos relacionados con formas de control a determinados grupos sociales considerados peligrosos, cuando no molestos para la “gente de bien” de la ciudad de Salta, que lo manifestaban en los diarios más importantes. La mayor visibilidad de la marginalidad y prostitución femenina, sumado al mayor consumo de drogas y el juego clandestino incontrolable, llevó a que el diario “El Tribuno” inicie una “cruzada salvadora”, denunciando esta creciente indecencia imperante en la ciudad. La preocupación cobró tal volumen que la Policía de Salta se vio obligada a llevar adelante lo que se llamó “Campaña Moralizadora”, cuyas tácticas consistían sobre todo en procedimientos de allanamientos y detención de mujeres en locales sospechados, para posteriormente identificarlas y trasladarlas a las instituciones pertinentes (Hogares, Hospitales, Cárcel). Para poder realizar todas esas tareas se hacía necesario un personal adecuado para tratar con mujeres y niños, sin ser proclives a un comportamiento sospechoso. Hasta esos momentos, la Policía había mantenido lo que llamaban “un entorno parental” dedicado a los menores huérfanos, a través de educar en oficios “útiles” y alimentación, pero luego de los hechos de septiembre, el personal masculino fue percibido como sedicioso y violento, por lo que se hizo necesario la incorporación de personas idóneas, ya que “la Policía no podía abandonar esta tradición protectora y en estos tiempos modernos la suplió creando un cuerpo especializado femenino para paliar las necesidades de los carenciados. La sección policial femenina tenía la delicada misión de prevenir la contravención y el delito producido por la mujer, el menor y el anciano, a la vez de proyectar la asistencia social, velando por la integridad de la familia, el núcleo central de la sociedad”. Por todo esto, la incorporación de esas primeras femeninas a la Policía de Salta en el año 1958, respondía a fines útiles para las autoridades masculinas más que a propiciar a las mujeres nuevos espacios para su crecimiento profesional o económico, apelando a los principios de una “maternidad social”, tal como lo plantea Farge, es decir que en el proceso de conceder lugares en el espacio público a las mujeres (en este caso referido a tareas de seguridad), esos lugares

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estuvieron relacionados con el socorrer, educar y controlar a las poblaciones consideradas amenazantes o necesitadas . Es por ello que al respecto del primer grupo de femeninas se decía que debían estar dispuestas a realizar un trabajo que “les exigía las prácticas de las virtudes de la ternura, la psicología, la aguda inteligencia, la voluntad, la buena educación, para cumplir limpiamente con los objetivos perseguidos de proteger al desamparado, no solo a través de la aplicación de la ley fría y ecuánime, sino también con la potencialidad del sentimiento puro y humano” . A mediados del mes de noviembre de 1958, la Policía procedió a la selección mujeres para ocupar unos veinte cargos para desempeñarse como policías. Dichos cargos no estaban sujetos a concurso pero suponían una breve capacitación en la Escuela de Policía. Se presentaron un total de 400 aspirantes, pero el cupo establecido se mantuvo. Mediante Decreto de Gobierno provincial Nº 3948, del 15 de diciembre de 1958, se designaba a partir del día 1 de ese mes, en Jefatura de Policía, en el cargo de agente en comisión y en vacante de presupuesto, a 24 agentes mujeres. Este primer grupo tuvo que esperar hasta mayo del año 1960 para ser confirmadas en el cargo mediante Decreto Nº 1832. El 15 de abril de 1959, mediante Resolución de Jefatura Nº 161, emanada por el nuevo Jefe de Policía, Dn. Olber Dominiquelli, se estipulaba que un grupo de doce de estas agentes fueran designadas como pertenecientes al “Cuerpo Femenino de Policía”; las restantes estuvieron destinadas a las Direcciones de Investigaciones y de Seguridad. Para este reducido grupo de mujeres la situación presentó desde sus inicios matices particulares que las diferenciaban y disminuían frente a los “masculinos”. Un ejemplo de esto es que esas primeras femeninas no contaban con autorización para usar un uniforme con atributos, ni portar armas de fuego al igual que un policía varón. El estar autorizado para ello posibilitaba un ejercicio de poder sobre el medio, sobre las personas; el no portarlas, por el contrario, las situaba en el lugar de los que padecían ese ejercicio de poder. Para las autoridades policiales y gubernamentales, todos ellos varones, las “femeninas” estaban destinadas a cumplir tareas acordes a su condición de mujeres: maternales, sensibles y delicadas. Desde la perspectiva de las veinte mujeres policías, si bien las razones humanitarias de prestar un servicio a la comunidad hayan estado presentes al momento de elegir ingresar a la Policía, creo que es útil lo sugerido por Álvarez al respecto del acceso de los sectores medios a la administración pública en Salta para la década del 50, como forma de ascenso social o de mejora de sus condiciones económicas (ALVAREZ, 2003). La crisis económica por la cual atravesaba el país por ese entonces era importante, lo que pudo motivar el ingreso a la fuerza como oportunidad de poder contar con una cierta estabilidad laboral e independencia económica, además de una eventual carrera ascendente en la Institución. III La edad promedio de las mujeres al momento de la incorporación rondaba alrededor de los veinte años, en su gran mayoría nacidas y residentes en la ciudad de Salta, con una instrucción del nivel primario completo, aunque se presentan casos de secundario incompleto , o de conocimientos en

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mecanografía, taquigrafía, cocina o corte y confección. En su mayoría, se trataban de mujeres solteras y aquellas que no estaban casadas tenían a su cargo familiares directos (padres, hermanos menores). Sobre las tareas que les fueron asignadas a las mujeres que se desempeñaban en la Dirección de Investigaciones estas estaban relacionadas a trabajos en “Gabinete”, trabajos en oficinas, realización de prontuarios. Por el contrario, las actividades que les tocaron realizar a aquellas que se desempeñaban en el Cuerpo Femenino, se encontraba relacionadas con el servicio general de calle y con el traslado de detenidas a instituciones como el Hogar del Tránsito. A lo largo de cinco años, en el caso del Cuerpo Femenino de Policía, este no tuvo una continuidad segura en su existencia, dejando de funcionar en algunos momentos y retornando en otros. Además el número de efectivas menguaba por renuncia o cesantía, o por el traslado a otras dependencias de la administración pública provincial, seguramente en búsqueda de un mejor espacio y oportunidades laborales, ya que las diferencias en cuanto a los salarios entre varones y mujeres eran abismales. Para 1958, un agente varón cobraba $4000 moneda nacional al momento del ingreso a la Institución, mientras que una mujer recibía una remuneración de $2200, diferencias que desconocían que las femeninas tenían el primario completo y otras instrucciones, a diferencia de los varones, que de acuerdo al Reglamento general que estaba vigente, solamente debían saber leer y escribir. Esta situación se mantuvo hasta 1962 en que mediante el Decreto Nº 6619 todos los haberes de los agentes, mujeres y varones, fuero igualados. Esa falta de interés y desigualdad se tradujo inclusive en los datos que la Dirección de Estadísticas y Censos elaboró sobre la Policía de Salta para 1961, al no considerar a las mujeres como grupo diferenciado de los agentes varones en categorías que expliciten su presencia en la Policía de Salta. Para 1963, el total de efectivas que conformaban el Cuerpo Femenino era de aproximadamente diez mujeres, de estas, solamente cuatro habían formado parte del grupo del 58. Desde ese año y hasta 1968, el destino del Cuerpo Femenino, como así también el de las mujeres que se encontraban trabajando en otras divisiones fue incierto. En abril de1968, siendo Jefe de Policía el Vicecomodoro (R) Luís Herrero, se convoca a la Sra. Francisca Barberá de Zuviría para asumir como Jefa del Cuerpo Femenino, suceso trascendental porque hasta ese momento la dirección solamente estaba bajo al mando de un varón, policía o militar. Mediante un contrato convenio Decreto Nº 9095/68, se la designa como Directora del Cuerpo de Policía Femenina, hasta el 31 de diciembre de ese mismo año. No obstante este contrato, la Sra. de Zuviría exigió para sí el otorgamiento de la máxima jerarquía a la que una mujer podría aspirar, como manera de garantizarse el respeto del personal masculino. Es por ello que mediante Resolución de Jefatura Nº 126/68 del 2 de abril de ese año, se le otorgó la jerarquía extraordinaria de Comisario Inspector, siendo la primera mujer dentro de la Policía que detentaba ese cargo y la primera incluso en el resto del país. Al momento que ella asumió, se encontró con una División casi devastada, con femeninas que se encontraban lejos de las funciones de bien público para las cuales habían sido incorporadas diez años antes y con condiciones deplorables para las mujeres detenidas. En el tiempo en que duró su contrato, la nueva Directora buscó darle una nueva dinámica de trabajo al personal a su cargo, capacitándolas e instruyéndolas en la mejora de su labor. Las tareas de las cuales se hacía cargo

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esta renovada División estaba orientado, además de las detenciones y traslados a los Juzgados de mujeres o menores, a brindar una especie de asistencia social, una nueva proyección de esa “maternidad social” , encontrando en la Directora su mejor ejemplo. En esos pocos meses logró cimentar las bases de un grupo de mujeres policías calificadas, que “hicieron carrera” dentro de la Institución, llegando a alcanzar altas jerarquías, dentro de los límites impuestos por la Institución. A partir de 1968, los sucesivos Jefes a cargo de esa División Especial fueron policías varones y hubo de esperar hasta principios del siglo XXI para que nuevamente una mujer esté al frente de esta. IV Al día de hoy, las cifras de la cantidad de personal policial en Salta reflejan una sensible desigualdad entre masculinos y femeninas. Esto torna visible que “tanto las relaciones de clase como las de género se reproducen en las organizaciones a través de estructuras o sistemas abstractos sobre supuestos de género que implican subordinación y exclusión de mujeres”. En este sentido, creo que es fundamental entender a la Policía de Salta como una Institución donde se pone de manifiesto una representación que apela a una “masculinidad hegemónica” , que sostiene y legitima por una parte el lugar de poder de la policía en tanto administradora del orden y la seguridad pública, como también la sumisión de los civiles o de las mujeres que se desenvuelven en su interior. Esa “masculinidad hegemónica” está presente desde los inicios mismos de la Policía y ha guiado el desenvolvimiento laboral de todas las femeninas desde 1958. Si bien la inclusión de mujeres supuso un des-orden al orden policial establecido, las razones para sus incorporaciones y las labores que debían llevar a cabo conducían a una exaltación de las cualidades que el género, como representación social e histórica, asignaba a las mujeres. Esto constituyó una muy buena estrategia para establecer un control sobre la participación y las actividades de las “femeninas”, excluyéndolas de las jerarquías que implicaban mayores niveles de complejidad, habilidades y responsabilidades. Por otra parte, el valerse de mujeres para controlar mujeres, más allá de haber sido una propuesta “moralmente adecuada” (por el contacto corporal, sobre todo), conducía también al rompimiento de la solidaridad femenina, suplantada por una forma de compensación a la dominación de los varones, bajo la forma de permitir a las policías la posibilidad de ejercer un tipo de poder sobre mujeres situadas en lugares considerados “bajos” desde valoración social del momento (prostitutas, dementes, ancianas). Para 1968, las realidades de las femeninas y las detenidas eran prácticamente iguales, ningunas eran beneficiarias de un buen trato por parte de las autoridades masculinas, pero sin embargo las policías no cuestionaban las malas condiciones de las presas y por el contrario se sumaban al maltrato que se les brindaba a estas. Desde 1958, muchas mujeres policías han cuestionado los lugares que se les había asignado y lograron subvertir ese ordenamiento. Ejemplos de ello lo encontramos en aquellas que alcanzaron un alto nivel profesional en la Policía, la puesta en discusión del acoso sexual como una falta que se debe considerar, la revocación de lo establecido por la Carta Orgánica que limitaba la carrera de

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las mujeres pertenecientes al personal superior, como así también la aceptación de los años requeridos para los ascensos en las mismas condiciones que los varones. Por último, si bien hay mujeres que se re-plantean la “naturaleza” de su condición de policías y les indigna el trato que reciben a diario por parte de sus compañeros o superiores varones, ellas aún son presas de la ilusión de la necesaria complementariedad de las tareas dentro de la Policía, ilusión exaltada en cada uno de los emotivos discursos dados en cada aniversario policial existente. Esa complementariedad oculta la segregación de las mujeres, la exclusión…y tal como dice Farge “papeles complementarios quizás, pero subordinados el uno al otro” . “Subordinación y Valor para defender el Orden” reza el lema institucional, doble subordinación por ser mujer/policía y valor para soportarlo. BIBLIOGRAFÍA Acker, Joan (1987): “Jerarquías, trabajos y cuerpos: Una Teoría sobre las organizaciones dotadas de género”, en: Navarro M. y Stimpson, C. (comps.)(1999): Sexualidad, género y roles sexuales, Buenos Aires, F.C.E. Álvarez, Sonia (2003): Políticas asistenciales. Pobreza y representaciones sociales. Tesis doctoral. Carrique, Violeta (2003): Los “nuevos derechos” y la construcción de ciudadanía. CEFISA, Salta. Donzelot, Jaques (1981): Espacio cerrado, trabajo y moralización. Génesis y transformaciones paralelas de la prisión y del manicomio, en: Foucault, Michel y otros, Espacios de poder, España, Ediciones de La Piqueta. Farge, Arlette: La historia de las mujeres. Cultura y poder de las mujeres. Ensayo de historiografía. s.f. Lerner, Gerda (1990): La creación del patriarcado, España, Editorial Crítica. Scott, Joan (1990: “El género: una Categoría útil para el análisis histórico” en Amelang, J y Nash, M. Historia y Género. Las mujeres en la Europa Moderna y contemporánea, Alfons el Magnanim. S,l. Reglamento General de Policía (1927). Salta-Argentina. Archivo personal De Ugarriza, Julio (1963) Antecedentes sobre la creación de la Policia de Salta. Archivo y Biblioteca Históricos de Salta. Informe de antecedentes realizado por la Cabo 1° Mi lagros de Copa para el Cuerpo de Policía Femenino, 1987. Biblioteca del Cuerpo de Policía Femenino de la Provincia de Salta. Revista ilustrativa de la policía de Salta (1963) Año I, Nº 63. Archivo y Biblioteca Históricos de Salta. Informe del personal en actividad de la Policía de Salta, 2008. Departamento de Personal, D-1Archivo de la Dirección de Personal de la Provincia de Salta. www.polSalta.gov.ar

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Nuevas políticas nacionales y provinciales en torno a las mujeres y las diversidades en las fuerzas de seguridad estatales: formación y trabajo cotidiano Luego de conocer lo que sucedió con las primeras mujeres policías en Salta, debemos señalar que las dificultades para desarrollarse laboralmente en las mismas condiciones que sus compañeros varones fue un deseo largamente esperado y negado a las mujeres. Por ejemplo, recién en el 2007, mediante una resolución de la Secretaría de Seguridad de la provincia, se dejó sin efecto una disposición del Reglamento policial que imponía trabas incomprensibles para el ascenso del personal femenino, que imposibilitaba por ejemplo que las que pertenecían al escalafón superior pudiesen aspirara a convertirse en Jefas de Policía. Como dijimos anteriormente, la existencia de las leyes, reglamentaciones que abogan por la igualdad, no significan que sean la solución y que las situaciones de discriminación cesen. La defensa de los ddhh, en este caso relacionados a la esfera laboral, deben luchar en las trincheras de las costumbres y las imposiciones culturales, las cuales conllevan un proceso de trasformación necesaria que es resistido, inclusive por aquellas que se pueden beneficiar por él. Sin embargo, en Argentina, a partir de año 2003, en lo que respecta al ámbito de la seguridad pública en general, en nuestro país se han introducido en las políticas de gestión, consideraciones referidas a las problemáticas de género, como forma de brindar mayores posibilidades igualitarias para el personal de las fuerzas de seguridad y policiales. Y no solamente ello se relaciona con las mujeres, sino también es contemplada la diversidad sexual como un tema esencial para el bienestar de una gran parte de los funcionarios de la seguridad, en consonancia con las disposiciones legales sobre la misma en nuestro país. En este sentido se presenta a continuación un texto de la ministra de seguridad de la nación que se relacionan con el nuevo paradigma sobre la seguridad, el cual se incorpora en la vida social y cultural de nuestro país, destacando la importancia de los ddhh, no solo para los ciudadanos/as sino además para quienes se desempeñan como funcuionari@s al interior de las instituciones. Esto significa un salto cualitativo importante en cuanto a los derechos y la ciudadanía, que remienda los efectos nefastos en el tejido social producidos por la última dictadura y la etapa del neoliberalimo de los 90. Así mismo sugerimos leer el cuadernillo del Ministerio de seguridad de la Nación “Género y Seguridad Ciudadana. En busca de la igualdad” (http://www.minseg.gob.ar/g%C3%A9nero-y-

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seguridad-ciudadana-en-busca-de-la-igualdad), para tomar conocimiento sobre el avance de los ddhh relacionados al género en las organizaciones de la seguridad pública.

"Género y seguridad ciudadana: en busca de la igualdad" Durante mi gestión como Ministra de Defensa, aproveché cada 8 de marzo para dar cuenta de todas las acciones realizadas en materia de género y renovar el compromiso hacia el futuro. Desde el cargo que ocupo ahora, Ministra de Seguridad, quiero continuar esa tradición y presentarles hoy "Género y seguridad ciudadana: en busca de la igualdad". La implementación de políticas de género constituye un nuevo paradigma que, basado en la equidad y la igualdad, pretende impactar de modo diferencial en las formas de organización de la vida familiar, el trabajo y el desarrollo profesional de las personas, sean estas varones o mujeres. La seguridad no es un tema que interpele a todos y todas por igual. En sus múltiples formas de ser concebida, tanto como derecho, como garantía y también como espacio laboral posible, la seguridad se fue definiendo como un tema netamente masculino, en tanto fueron los ciudadanos varones quienes tenían el poder político de diseñar los lineamientos de gobierno vinculados a la seguridad de la ciudadanía -masculina también-. Fueron los varones quienes trabajaban en todos los sistemas asociados a ella (jueces, policías, abogados, prefectos, gendarmes) y quienes, además, se presentaban como potenciales amenazas de la misma. Esta impronta masculina que caracterizó en sus comienzos a la cuestión de la seguridad y la justicia hizo que mujeres y varones se vincularan de modo diferente a ella. La seguridad de la mujer estaba garantizada por los hombres de la familia, quienes le proveían (al menos en principio) un espacio seguro que resguardara su reputación y le permitiera realizar las tareas vinculadas al cuidado del hogar y la familia. Uno de los efectos más evidentes de esta situación era el desentendimiento del Estado respecto de la violencia que las mujeres pudieran atravesar dentro de los límites del hogar. Al ser considerado una cuestión del ámbito privado, los derechos de las mujeres quedaban negados o sin ser cuestionados. Así, las instituciones encargadas de resguardar la seguridad ciudadana se fueron organizando sobre la base de lógicas institucionales que interpretaban el universal masculino como políticamente neutro. Todas las Fuerzas comparten entre sí hitos fundacionales sustentados en simbologías que remarcan ciertas capacidades de sus miembros: el ejercicio de mando, el liderazgo, la fuerza física, entre otras. Todas ellas resultan aptitudes consideradas básicas para los cuerpos policiales y generalmente asociadas, en nuestra sociedad, a atributos o cualidades masculinas. Hoy, que nos encontramos en el desafío de construir un modelo democrático de seguridad ciudadana, debemos emprender seriamente la tarea de pensar a los derechos humanos –y a la igualdad de género- tanto como un principio que debe ser garantizado y resguardado por el sistema de seguridad del Estado, pero que también debe ser garantizado al interior de ese mismo sistema.

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No basta con incluir las cuestiones de género de modo declarativo. El desafío es modificar las prácticas cotidianas que continúan reproduciendo los estereotipos sociales, al ubicar a las mujeres en situaciones de mayor vulnerabilidad y discriminación que a sus pares varones. Es precisamente esta situación la que, lejos de anular la acción política, promueve constantes desafíos en pos de la concreción de los principios democráticos. Incorporar estos lineamientos implica revisar modos históricos de funcionamiento y actuación de varones y mujeres en relación a las fuerzas, pero también en relación a otros ámbitos de la vida. El desafío es grande, porque la desigualdad de género no es patrimonio exclusivo de las instituciones vinculadas a la seguridad, sino que encuentra su razón en los valores de una época y una sociedad determinada, así como en las historias personales y los procesos de socialización por los que hemos atravesado. La incorporación de mujeres a los contingentes policiales y de seguridad es una cuestión que ha sido resuelta en diferentes momentos en cada fuerza. Muchas veces, dentro de una misma institución, el proceso de ingreso fue desigual entre escalafones de oficiales y suboficiales. A pesar de estos modos diferenciales de incorporación, todas las fuerzas comparten el número significativamente menor de representación femenina. Es de notar que la mayoría de mujeres se ubica en los escalafones subalternos y que son pocas aún las que llegan a los altos puestos jerárquicos. Todas estas circunstancias nos impulsan a diseñar una política de género que comience a revertir, en el ámbito de la seguridad pública, las situaciones estructurales de desventaja reseñadas. El material que aquí presentamos da cuenta de las tareas realizadas en este primer año de gestión. En primer lugar, encontrarán una síntesis del diagnóstico sobre las condiciones de mujeres y hombres en las Fuerzas Policiales y de Seguridad, que presenta los resultados de la encuesta desarrollada durante el año 2011, de modalidad anónima, que tuvo por objeto contar con una fotografía inicial de la situación. Quisimos comenzar escuchando las vivencias de quienes integran las fuerzas. Esta primera etapa de diagnóstico y observación fue acompañada por el análisis de las pautas institucionales que regulan las condiciones de ingreso, permanencia y ascenso de las mujeres en las Fuerzas Policiales y de Seguridad, por parte de un Grupo de Trabajo creado a tal efecto. La labor de dicha comisión y las recomendaciones efectuadas también se encuentran reseñadas. A continuación, encontrarán la serie de resoluciones adoptadas a fin de asegurar un trato igualitario y no discriminatorio, eliminando las pautas que concebían a la maternidad como un obstáculo o límite en el ingreso, permanencia o ascenso dentro de las Fuerzas. De este modo, en relación al ingreso, se prohibieron acciones que lo impidieran o limitaran la permanencia en los Institutos de Formación/Reclutamiento de las personas con hijos/as a cargo, o con personas legalmente a cargo y mujeres embarazadas y lactantes. En relación a la permanencia, se adoptaron pautas mínimas para los Regímenes de licencia por maternidad y lactancia en el ámbito de las Fuerzas Policiales y de Seguridad y para el Régimen de guardias, actividades de tiro, ejercicios de combate, de instrucción y otros para mujeres embarazadas y en período de lactancia. En el mismo sentido, se establecieron pautas para asegurar que las MINISTERIO DE SEGURIDAD mujeres embarazadas o en período de lactancia no vieran obstaculizadas o retrasadas sus oportunidades de ascenso por dicha circunstancia. Por otra parte, se dictó una resolución tendiente

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a eliminar la necesidad de solicitar una venia o autorización de los y las integrantes de las Fuerzas para contraer matrimonio como requisito previo para su realización. En el mismo orden de ideas, y a fin de asegurar condiciones de ingreso equitativas a las Fuerzas, se prohibió la limitación de vacantes por género en las fuerzas policiales. En el entendimiento de que una mirada institucional sensible al género debe asegurar espacios destinados a la recepción de las consultas y denuncias de los integrantes, se crearon en el ámbito de cada una de las Fuerzas, Centros Integrales de Género, entendidos como espacios de orientación, denuncia y asesoramiento en vistas a fortalecer la integración de las mujeres en las Fuerzas. Asimismo, con el fin de estimular la difusión y el acceso a los mismos en todo el territorio, se conformó un sistema de referentes de dichos Centros. Los integrantes del Centro y sus referentes han realizado el Curso Virtual de Género y Derechos Humanos realizado junto con la Subsecretaría de Promoción de Derechos Humanos del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, a cargo de María Cristina Pérceval, a quien agradecemos su generosa colaboración. La adopción de medidas positivas, para asegurar el acceso de los y las denunciantes a las instancias competentes, fue una especial preocupación del Ministerio de Seguridad. En este sentido, además de difundir canales de denuncias, como el 0800 555 5065, y la creación de centros especializados de atención, adoptamos una resolución para proteger a los y las integrantes de las Fuerzas Policiales y de Seguridad que se presenten a denunciar casos de acoso sexual, violencia laboral, o cualquier otra irregularidad cometida por miembros de esas instituciones. En otro orden de cosas, y entendiendo que nuestra sociedad históricamente ha legitimado una única concepción del género y la sexualidad, produciendo diversas formas de discriminación y exclusión hacia las personas que, en el desarrollo de su personalidad, conforman una identidad que no coincide con el sexo morfológico con el que fueron inscriptas al nacer; se han implementado medidas a fin de asegurar el respeto a la identidad de género adoptada por personas travestis, transexuales, transgénero e intersexuales. Bajo la premisa de que una política de seguridad, para ser considerada democrática, debe poner especial atención a los delitos que afectan a las mujeres, reseñamos las políticas en curso relacionadas a la violencia de género y el rol fundamental que tienen los integrantes de las Fuerzas destinados al área metropolitana, en tanto tienen el primer contacto los ciudadanos y las ciudadanas. En este aspecto, hemos trabajado coordinadamente con el Programa las Víctimas contra las Violencias, dependiente del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, a fin de establecer pautas de actuación frente a víctimas de violencia sexual. Por otra parte, gracias a la invalorable colaboración de la Oficina de Violencia Doméstica de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, a cargo de la Dra. Elena Highton de Nolasco, con quien celebramos un Convenio de Cooperación, hemos capacitado a las Fuerzas en la problemática de la violencia intrafamiliar, asegurando un abordaje específico para garantizar la protección de las víctimas de estos delitos. El desafío de una agenda de género desde y hacia las fuerzas implica un trabajo que debe ser sostenido en el tiempo. También implica analizar las lógicas que subyacen en las estructuras profundas de la organización, enfocándose en sus prácticas. La atención de casos y denuncias de

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discriminación en razón de género, de acoso sexual o de incorrecta intervención policial frente a hechos de violencia de género, nos han dado la oportunidad para detectar y remover los factores que favorecen estas prácticas y desde allí comenzar a pensar nuevas formas de trabajo. Este primer año de gestión ha contado con la valiente cooperación de mujeres que se han animado a poner en conocimiento del Ministerio las situaciones padecidas. Gracias a ellas, hemos podido detectar normas y prácticas existentes en las Fuerzas Policiales y de Seguridad que requerían reformas indispensables para su adecuación a la Constitución Nacional y a los Instrumentos Internacionales de Protección en materia de Derechos Humanos, sin por ello descuidar sus demandas individuales. Por último, quiero destacar que las políticas reseñadas tienen como fundamento la convicción de que, si las Fuerzas Policiales y de Seguridad carecen de los principios de respeto a las normas básicas de diversidad y pluralismo, pilares de una sociedad democrática, difícilmente puedan ser un instrumento útil para la garantía de los derechos de los ciudadanos y las ciudadanas. Es esta la creencia que nos anima a enfrentar los desafíos por delante. Dra. Nilda Garré, Ministra de Seguridad de la Nación (en http://www.minseg.gob.ar/g%C3%A9neroy-seguridad-ciudadana-en-busca-de-la-igualdad)

El género en el nuevo modelo de seguridad ciudadana y democrática. Vinculaciones con la comunidad educativa Finalmente, debemos detenernos en este ejercicio de extrañamiento y realizarnos algunas preguntas ¿Qué lugar poseen las mujeres dentro del nuevo paradigma de la seguridad que se proyecta en nuestro país en los últimos años? Como dijimos antes, en nuestra provincia la violencia hacia las mujeres se acrecienta día a día y parecería ser que las acciones por parte del estado no fueran suficientes o adecuadas. Cada día asistimos a nuevos hechos de agresión hacia las mujeres, mayores, jóvenes o niñas, recogidos por los medios de comunicación y que se instalan como problemas sobre los cuales nada podríamos hacer. Lo mismo ocurre con los feminicidios o la trata de personas. Ahora bien, la seguridad se plantea hoy ya no como una competencia exclusiva de las instituciones tradicionalmente encargadas de ella, como lo ha sido la policía, sino que involucra a todos los actores y organizaciones sociales, pero no desde una perspectiva de “justicia por mano propia”; por el contrario lo que se conoce como seguridad democrática abre el juego a los y las ciudadanos/as en lo que se refiere a la prevención mediante la participación comunitaria. Desde el lugar como educadores/as, involucrarse en desde este nuevo modelo de seguridad supone entablar un diálogo con toda la comunidad educativa y con las otras organizaciones que se relacionan directamente con esta, pero no sólo para evitar que sus miembros sean potenciales 111

víctimas, sino también para evitar factores que pueden desembocar en conductas ilegales, violentas y conflictos sociales de diverso tipo. Y es en la escuela en donde esos conflictos se manifiestan de manera visible y dolorosa, por lo que se hace urgente el trabajo mancomunado de la comunidad, lo cual no implica para nada que el estado se desentienda, por el contrario conlleva a un ejercicio pleno de la ciudadanía y la defensa de los ddhh. Mientras la seguridad fue un problema exclusivo del Estado, los gobernantes hicieron de la seguridad una manera de defenderse de la sociedad, y las instituciones de la seguridad cometieron abusos contra los ciudadanos y contra sus mismos miembros. Es en este momento cuando se invita a la comunidad a organizarse, se reconoce su responsabilidad, mediante la construcción de la ciudadanía activa que necesita la democracia. Si desde las aulas comenzamos no solo a educar en este sentido, sino a erigirlo como una forma de vida tendremos plena garantía que las bases de la seguridad que se anhela estará asegurada, sobre todo si también se comienza a introducir como prioridad de la seguridad aquellas situaciones que tienen como protagonista a las cuestiones de género, como se mencionó al principio. Pero para ello, los y las educadores/as deben haberse apoderado de los principios defendidos por los ddhh, hacerlos propios y un estilo de vida, denunciando cuando estos no se cumplan o propiciando a que se propaguen en la convivencia diaria en la comunidad educativa. El ejemplo de lo que sucedía con los colectivos de la diversidad sexual, con la exclusión y negación social de la cual eran víctimas, o lo que tuvieron que experimentar las primeras mujeres (y las que continuaron) policías al arriesgarse atrevidamente a desear ser policías, son ambas situaciones que nos ilustran y ayudan a comprender las tensiones y conflictos que emergen en nuestras comunidades educativas. Esas tensiones son las hijas conspicuas de las relaciones particulares que se desarrollan en los establecimientos educativos entre lo que se ha construido culturalmente como género(se espera por ejemplo que la maestra sea la ”segunda mamá” lo cual puede derivar en un ocultamiento y menoscabo de su formación profesional como educadora), la vivencia de los ddhh (las docentes son las que en su gran mayoría son víctimas de violencia institucional y ante esto difícilmente se encuentre una solución integral que no sea solamente la carpeta médica)y con la seguridad (que es percibida en su cariz represor y que no ofrece soluciones para la violencia creciente entre los jóvenes). Si los y las docentes no pueden experimentar enteramente lo que significa una vida en comunidad, en paz e igualdad, difícilmente las aulas sean los espacios para el desarrollo de la ciudadanía de los 112

niños/as y jóvenes que por allí transiten. Reflexionar, discutir y animarse a transformar las estructuras de la violencia y la discriminación son las herramientas para lograr los cambios que cimienten las bases de nuestra democracia. A continuación proponemos la lectura de un texto que aclara cuestiones referidas a lo que es la participación ciudadana en seguridad, a lo cual sumaremos un análisis sobre la violencia sobre las mujeres y la necesidad del involucramiento de la sociedad para detenerla.
Seguridad ciudadana y participación comunitaria (en http://www.minseg.gob.ar/seguridad-yderechos-humanos) Más allá de que la seguridad es un deber del Estado, en una democracia los ciudadanos deben comprometerse y aquél debe crear las condiciones para su participación. La seguridad se completa entonces con el activismo social, necesita del protagonismo (compromiso) de los ciudadanos. Los ciudadanos, a través de las distintas instituciones de las que forman parte, pueden y deben participar activamente tanto en el diseño como en la implementación, el control y evaluación de las políticas de seguridad y de la policía. Hasta hace un tiempo, la seguridad -en tanto seguridad pública- era un tema de exclusiva competencia del Estado. Éste tenía el monopolio de la seguridad. Los ciudadanos eran simples espectadores. El Estado definía, diseñaba, implementaba y controlaba las políticas de seguridad, de espaldas a la sociedad, más allá de las necesidades y los diferentes puntos de vista de la comunidad. Cuando el Estado debia protegerse de la sociedad, entonces ésta o alguna de sus partes eran identificadas como sospechosas o problemáticas. La ciudadanía no sólo es el destinatario sino el objeto de impacto de aquéllas. La ciudadanía no es un sujeto de seguridad sino objeto de seguridad. Desde una perspectiva democrática, la seguridad no es un bien privado sino un bien público, algo que nos incumbe a todos. Por tanto, hay que implicar a la comunidad en la seguridad, pero para ello resulta primordial cambiar el modelo de seguridad. La seguridad es una obra de todos, se construye entre todos. “Todos” no son los ciudadanos sueltos sino los ciudadanos en cada una de las organizaciones de la sociedad civil de la que forman parte. La sociedad no es una sumatoria de indivi-dualidades, sino un entramado social. Los vínculos sociales se tejen a través de la mediación de agrupamientos colectivos que nos identifican y agregan nuestros intereses, nuestros problemas. Participamos a partir de esas mediaciones sociales, con las discusiones que se dieron en su interior, según su punto de vista. Por eso no basta con que el Estado genere instancias de participación. Se necesita que cada una de las instituciones civiles (clubes, cooperadoras escolares, gremios, partidos polí-ticos, movimientos sociales, centros culturales, casas juveniles, bibliotecas, etc.) evalúe también a la seguridad como un tema primordial en sus respectivas agendas. Que generen sus propios ámbitos de reflexión y discusión para luego ir a los espacios públicos (por ejemplo, los foros de seguridad) a reflexionar y debatir con otras instituciones qué entienden por seguridad. Los ciudadanos no son espectadores ni meros consumidores: tienen que ser actores, protagonistas de las políticas de seguridad democrática. Recordemos que la seguridad es un bien

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colectivo y no un bien privado que se resuelve según la capacidad de consumo de cada jefe de familia. La participación no es algo que se improvisa ni se decreta. Hay que construirla. Durante mucho tiempo la democracia estuvo acotada al sufragio electoral. La democracia consistía en asistir a las elecciones y optar entre los diferentes candidatos. Después había que regresar a nuestros hogares y seguir los debates por televisión. Si los ciudadanos estaban disconformes tenían que esperar las próximas elecciones para manifestar su desacuerdo. Como dicen muchos que todavía desconfían de la movilización social, el pueblo no delibera sino a través de sus representantes. Por el contrario, en una democracia participativa los representantes no están para sustituir a los representados sino para convocarlos y generar marcos que profundicen su participación. Pero esa participación no se logrará de un día para el otro. Deben procurarse canales y marcos para que aquélla pueda manifestarse. El Ministerio de Seguridad propone a la participación comunitaria preventiva como núcleo constituyente del modelo democrático de seguridad ciudadana. No se trata de una opción preventiva sino de una política pública central. Una política de Estado, que se concreta en la formulación del “Plan Nacional de Participación Comunitaria”, prevé la formación ciudadana en políticas de participación comunitaria en seguridad y la conformación e institucionalización de ámbitos de participación comunitaria en seguridad, entre otras líneas de acción. Uno de estos espacios son las Mesas Barriales de participación comunitaria. De ello nos ocuparemos en este capítulo.

¿Cómo detener la violencia hacia las mujeres? : Violeta Carrique. Comisión de la Mujer UNSA – 2004 (en http://www.laotravozdigital.com/)

La crónica diaria abunda en casos aterradores de violencia de toda índole. Entre éstos, siempre hay alguna acción de maltrato, secuestro, abuso, violación, de la que es víctima alguna mujer o niña. A pesar de las estrategias desplegadas por diversos organismos estatales y no gubernamentales para prevenir estas formas de violencia y atender a sus protagonistas, no han disminuido. Algunas veces nos parece que aumentan, aunque sólo sea porque ahora se denuncia lo que antes se callaba, admitido como “natural”.

La violencia contra las mujeres, ejercida por padres, maridos, jefes, o cualquier otro varón con poder sobre ella, ha sido tolerada –cuando no fomentada- en casi todas las épocas y las sociedades. ¿Qué es lo que está en la base de la violencia que se ejerce contra las mujeres?: una sociedad donde las relaciones entre los sexos, han permanecido –a pesar de los cambios- signadas por una condición de desigualdad; una sociedad patriarcal, estructurada históricamente sobre la jerarquía masculina en la que las mujeres han sido subordinadas en todos los niveles, lo que ha permitido y

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muchas veces estimulado la violencia hacia ellas. El lugar de sometimiento en que ha transcurrido la vida de las mujeres ha hecho posible que sea colocada con más frecuencia en una situación de daño físico, psicológico y moral. Debemos analizar los mecanismos de producción de la violencia que sufren las mujeres, y que de no cambiar el modo de relación entre los sexos, seguirá produciéndose en el futuro. Porque junto a la violencia explícita de los golpes y el maltrato, se encuentra una violencia “invisible”, que no se percibe como tal, aceptada porque pertenece a las creencias de las personas más que a la realidad, y que tiene que ver con los roles históricamente asignados a las mujeres en la sociedad. Nuestras adolescentes, todavía, guardan unos estereotipos culturales falsos sobre el amor y las relaciones, que las expone a ser protagonistas de hechos de violencia por parte de sus parejas. Las prácticas violentas atraviesan a todos los grupos sociales y no sólo a quienes viven en situación de vulnerabilidad social y económica. En Capital Federal, la mitad de las mujeres golpeadas pertenecen a la clase media y el 30% son profesionales. Y en Francia, país que cuenta con adecuados dispositivos legales, una de cada 10 mujeres es víctima de violencia conyugal, sumada a la que soporta en otros ámbitos. Para poder desarrollar estrategias exitosas en la lucha contra la violencia de género se debe, en primer lugar, analizar y poner al descubierto los mitos culturales que sirven de base a las distintas expresiones de la violencia. Por ejemplo, que algunas mujeres admiten los golpes como muestras de cariño (“porque te quiero…”), que provocan con su comportamiento la violencia del compañero, que se debe callar para mantener la estabilidad familiar, que es un problema de pobreza, que les gusta, que es un incentivo para las relaciones sexuales, entre otras justificaciones. En segundo lugar, entender que la violencia no es un problema individual sino social; informar y hacer tomar conciencia a toda la comunidad, a través de todos los medios posibles (educativos, de comunicación masiva, etc.) sobre la importancia de no callar ante hechos de violencia, y trabajar en todos los ámbitos: familiar, legal, laboral, cultural, etc. para combatir sus causas. Y lo más importante, ocuparse de los modelos familiares, proponiendo un funcionamiento familiar más democrático y relaciones entre los sexos basadas en la igualdad y no el sometimiento. Es fundamental la adopción de herramientas que tengan en cuenta la desigualdad de poder entre varones y mujeres como causa de la violencia contra las mujeres. Porque todas tenemos derecho a vivir una vida libre de violencia.

Actividad para finalizar el módulo
En base a las lecturas que se han realizado en este módulo, responda desde una visión crítica: 1. ¿Considera que está “todo dicho “en relación a los derechos de las mujeres o por el contrario existen problemáticas que aún no han sido consideradas como de importancia capital? 2. Los colectivos trans, así como organizaciones de ddhh, aseguran que muchas personas son excluidas del sistema educativo por su identidad sexual, siendo despojadas de un

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derecho fundamental ¿Cuál es su opinión al respecto?, ¿creé que las nuevas leyes pueden cambiar estas situaciones? Para fundamentar su respuesta sugerimos leer http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/soy/1-2201-2011-11-18.html o mirar http://www.youtube.com/watch?v=bM1S-1CUD78 (programa Bajada de Línea, a partir del minuto 10)

3. ¿Podría establecer algunas vinculaciones entre el relato de las primeras mujeres policías y el relato histórico de las docentes? ¿Se tratan de dos realidades diferentes o existen elementos propios de la vida laboral femenina que se pueden reconocer entre ambas? Para responder a estas preguntas puede relacionar lo expresado por las nuevas disposiciones sobre equidad de género en las fuerzas de seguridad con algunas disposiciones propias del trabajo docente. También puede visualizar el siguiente video sobre la historia de las primeras mujeres en la policía de salta. http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=majHaYDHQYI

4. Al respecto de las disposiciones sobre el respeto a la identidad sexual de personal de las fuerzas de seguridad y policías (en cuadernillo Género y seguridad ciudadana, pág.171 http://www.minseg.gob.ar/g%C3%A9nero-y-seguridad-ciudadana-en-busca-de-laigualdad), en su opinión ¿en qué medida esto puede ser positivo o negativo para la seguridad en general? Se recomienda visualizar el siguiente documental sobre diversidad en el trabajo policial: http://cda.gob.ar/serie/748/salida-de-emergencia y el fragmento de una entrevista http://www.youtube.com/watch?v=NsuaX1AZkJY

5. Desde su experiencia como docente enfrentando diversas situaciones en las aulas, sugiera una problemática y la acción puntual para solucionarla. En la elaboración de la acción debe tener en cuenta recurrir a una perspectiva que parta de la noción de género y apele a los principios de la participación ciudadana.

Las preguntas deben ser respondidas en forma individual, por escrito y con una extensión de hasta cuatro páginas.

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Bibliografía
Carrique Violeta; Palacios, María Julia (1994) Las mujeres estamos destinadas a otras cosas, Universidad Nacional de Salta. Castillo Godoy, Delia (2007) La ciudadanía de las mujeres es…una historia propia y en construcción, Revista de Derechos Humanos, Año V-Nº8, Guatemala Castillo Godoy, Delia (2009) Los Derechos Humanos de las mujeres, en www.oj.gob.gt/.../149derechos-humanos-de-las-mujeres-el-derecho-... Kalinsky, Beatriz (2006) “Ser mujer” en trabajos fronterizos: Las marcas de género, Revista de Estudios de Género La Ventana, Nº 024, México Kalinsky, Beatriz (2007) El agente penitenciario: La cárcel como ámbito laboral, Runa v.28 n.28, Buenos Aires ene. Palacios, María Julia (1997) ¿Historia de las mujeres o historia no androcéntrica?, Universidad Nacional de Salta Palacios, María Julia (comp.) (1999) Defender los Derechos Humanos, Universidad Nacional de Salta. Rivera; Julieta (2011) Subordinación y Valor. La experiencia de las mujeres en la Policía de Salta, un estudio de género, Universidad Nacional de Salta. Sau, Victoria (2000) Diccionario ideológico Feminista, Icara Editorial, Barcelona

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