You are on page 1of 68

MIGUEL RIVILLA SAN MARTIN

LA DIVINIDAD DE JESUCRISTO
COLECCION ARCO IRIS N.º 32

MIGUEL RIVILLA SAN MARTIN

LA DIVINIDAD DE JESUCRISTO

COLECCION ARCO IRIS N.º 32

AL LECTOR El folleto que tienes en tus manos, amigo lector, es el número 32 de la colección Arco Iris. Lleva por título La Divinidad de Jesucristo. Un tema siempre actual y candente. Sobre él descansa toda nuestra fe y nuestra santa religión cristiana-católica. Viene a llenar un hueco de formación en la fe de nuestros cristianos corrientes y sencillos, que a veces ignoran lo principal de su fe y se encuentran inermes frente a la perniciosa influencia de las sectas. Dado el desconocimiento de la Biblia para la generalidad de nuestros fieles, he querido encomendar la parte central y principal del folleto a un experto conocedor de la Palabra de Dios. En la confección y contenido del mismo, han colaborado generosa y desinteresadamente varios autores, todos ellos amigos míos, excelentes personas y coherentes creyentes católicos. Abarca tres partes bien diferenciadas. A saber: Un sencillo prólogo de presentación de la personalidad de don Antonio Sánchez-Fortún, que ha llevado el peso principal de la disertación sobre La Divinidad de Jesucristo. Tras él, una 1ª Parte con la selección de algunas de mis colaboraciones presentes y pasadas sobre el tema de Jesucristo y la fe, publicadas todas en diversos medios. Una 2ª Parte con un precioso estudio bíblico de don A. S. Fortún, sobre el tema del que es especialista. Una 3ª Parte de varios escritores actuales que forman
2

un anexo interesante y que completan la exposición principal. Finalmente un Indice para que el lector pueda encontrar pronta respuesta a los temas que le interesen. Termino deseando de corazón que todos los que lean este trabajito, salgan afianzados más y más, en la convicción de que el conocimiento y amor a la persona de Jesucristo es el Tesoro y el Fin de sus Vidas.

Miguel Rivilla San Martín

3

PRÓLOGO Hace más de treinta años que tuve la suerte de conocer y tratar al coautor del presente folleto, don Antonio Sánchez Fortún. Estaba, el que esto escribe, de párroco en la parroquia suburbial madrileña de Santo Domingo Savio, en el barrio de San Blás. Eran tiempos preconciliares y ya empezaban a difundirse por el extrarradio de las grandes urbes el influjo de las sectas, sobre todo de los Testigos de Jehová, haciendo entre la gente sin mucha formación cristiana, su labor proselitista y demoledora. La visita de esta secta por las casas de la parroquia me preocupa grandemente. Fue entonces cuando entré en contacto con “Fe Católica”, organización fundada por el padre jesuíta Sánchez de León, cuya sede estaba en la calle Maldonado de Madrid, dedicada a ilustrar y fortalecer con toda clase de folletos y publicaciones la fe católica en todos los rincones de España. A esta organización pertenecían católicos de ambos sexos que, bien formados por los PP. Jesuítas, en el conocimiento y familiaridad con la Biblia dedicaban su tiempo y sus esfuerzos, a ir por las parroquias ofreciendo su ayuda y colaboración. A mi parroquia vino don Antonio Sánchez Fortún, celoso seglar, insigne publicista y graduado en biblia, con cuya ciencia y experiencia, organizamos una sólida defensa y formación en la fe de algunos parroquianos, contrarrestando, de algún modo, el influjo y visita a las casas de los Testigos. Desde entonces una
4

duradera amistad nos unió a ambos en los diversos sitios donde desarrollé mi ministerio sacerdotal. He podido seguir desde entonces la trayectoria valiente y coherente de este estupendo seglar, dedicado por todos los medios -charlas, conferencias, cartas, artículos y toda clase de colaboraciones orales y escritas a defender la fe católica, con un amor intenso a la Iglesia y a su magisterio. Con el paso de los años, nuestra amistad se ha consolidado, manteniendo una especie de simbiosis muy provechosa para ambos. El, con gran confianza acude a mi persona en demanda de consejo, de orientación y de parecer, en los diversos trances que se le presentan en la vida y servidor, de igual modo acudo a él, para que en la parroquia donde me encuentro de Santa María la Blanca de Alcorcón, ilustre con su conocimiento bíblico y sólida formación católica a los hermanos en la fe. Me ha hecho llegar un valioso material sobre el tema, siempre actual y básico, de la divinidad de Jesús. Me ha parecido su lectura un arsenal completo de conocimientos bíblicos y una exposición clara, precisa y contundente de la verdad principal y nuclear de nuestra fe. Hoy que, desgraciadamente, nuestros cristianos adolecen de un profundo conocimiento de su fe y de la Biblia, mientras las sectas, continúan sembrando por doquier sus deletéreas doctrinas, combatiendo y negando sobretodo -de ahí su peligro y maldad- la verdad fundamental de nuestra fe, la divinidad de Jesús de Nazaret creo que en el presente folleto, que hace el número 32 de mi colección Arco Iris, encaja perfectamente en el índice de la misma. Sólo me resta desear ardientemente que el presente librito se difunda por todas partes y ayude a disipar dudas e ignorancias, sobre lo que constituye la verdad nuclear de la fe católica. En nombre propio y de los futuros lectores, doy las
5

gracias a don Antonio Sánchez Fortún, deseándole que el esfuerzo realizado, fructifique para gloria del Hijo de Dios y provecho espiritual de los lectores. Que al término de su camino terrenal, también el autor de este folleto pueda escuchar las consoladoras palabras, que, creo dirigió a Santo Tomás, Jesús: “Bien has escrito de Mí, Antonio. “Yo seré tu paga”. Afmo y reconocido amigo. Miguel Rivilla San Martín Año Santo Jubilar. 2000 años del nacimiento de Jesús de Nazaret.

6

PRIMERA PARTE CENTRARSE EN LO ESENCIAL No se puede por más tiempo ocultar ni maquillar la realidad de la situación religiosa española en esta etapa de gobierno socialista. De nada serviría pretender ignorarla, metiendo la cabeza bajo el ala, ponerse una venda en los ojos o mirar para otro lado cuando salta a la vista y es evidente, para cualquier espíritu crítico, el deterioro “progresivo” de gran parte de nuestro tejido social y familiar en nuestra patria. Hoy casi del todo, se ha realizado ya, la promesa del Señor Guerra (la única cumplida por los socialistas): “España no la conocerá ni la madre que la parió”. Y eso a la vista está. Y no me baso para hacer esta aseveración en los diversos y profundos análisis sociológicos que hay, ni en las encuestas o test realizados, ni en las consultas de opinión más o menos fiables. Lo hago desde mi condición de cristiano de a pie y como sacerdote en contacto diario con la realidad pastoral de la gente del pueblo. Como un observador, más bien crítico del entorno, que se nos ofrece a todos a través de los diversos medios de comunicación. Si en pocas palabras hubiese que dar el diagnóstico de la situación actual religiosa de los españoles, bien podría ser éste: Hemos pasado en pocos años y casi sin darnos cuenta, de una sociedad
7

tradicionalmente católica y cristiana (nacional-catolicismo) a una sociedad semi-pagana. Fruto de una imparable desacralización, propiciada por el liberalismo, comunismo, y consumismo y también por un post-concilio mal entendido, mal aplicado y no digerido del todo, hemos pasado, sin apenas solución de continuidad , al secularismo; de éste al agnosticismo, para desembocar en un paganismo practico y en un indeferentismo generalizado. Si por cristiano se entiende el seguimiento e identificación con Cristo, en los juicios, palabras, aptitudes y comportamientos de la vida, los españoles estamos bastante distantes de nuestro modelo, en lo personal, en lo social y colectivamente. Difícilmente se podría decir, sin faltar a la verdad que la nuestra es una sociedad cristiana. Es cierto que el 90% de los españoles están bautizados. Pero en la gran mayoría todo y sólo queda en eso. Tanto más cierto será -nos guste o noque va siendo cierto el dicho azañista: “España ha dejado de ser católica”. Si por católico entendemos la adhesión afectiva y efectiva, cordial y práctica a la persona y al magisterio del Papa, reconociéndole como Vicario de Cristo en la tierra, no es menos cierto que bastantes sectores de la sociedad española no están ni en común-unión con el Papa. Basta tener los ojos y oídos bien abiertos para captar esta realidad en diversos estratos de nuestra sociedad actual. Y esto a pesar del vociferado “·totus tuus” o del entusiasmo popular ante el Papa en sus viajes a España. Alguien quizá podrá tacharme de exagerado o pesimista. Creo no ser ni una cosa ni otra. Con ciertas matizaciones, muchos pastores y fieles laicos comprometidos me darían plenamente la razón, y aún dirían que me quedo corto. Nuestra sociedad española en grandes lineas y a mi modo de ver es una sociedad mayoritariamente “bautizada”, de nombre y gestos “cristiana”, de poca conciencia “católica” medianamente “practicante”, de escasos convencidos y comprometidos, de mínimos vocacionados y de una gran masa

8

entre pasotas, buena gente, agnósticos y los que ni son chicha ni limoná, tan paganos, como los de las misiones. Estos últimos además, con el agravante de “estar de vuelta, vacunados, contra toda influencia religiosa”. ¡Así está el patio!. Esta situación se percibe claramente desde la base, donde uno se mueve en su tarea cotidiana. Como encargado de la pastoral prematrimonial de mi parroquia, trato personalmente cada año más de 140 parejas de novios que vienen a pedir casarse por la iglesia. Pues bien, se cae el alma a los pies al comprobar el grado supino de ignorancia en lo fundamental, que tiene la mayoría de estos jóvenes. Jesucristo es casi totalmente ignorado, tanto su persona como sus palabras y sus hechos. Muy pocos son los que confiesan y creen claramente que es el “Hijo de Dios hecho hombre”. Muchos lo consideran al mismo nivel de Buda, Mahoma, Gandhi u otro fundador de religión. Sobre la iglesia la ignorancia, los prejuicios, y la desafección son enormes. Ni creen, ni entienden lo que es la iglesia, ni el papel del Papa, y los curas en la misma. No se sienten parte de la comunidad, a pesar del bautismo y de la Primera Comunión que la mayoría recibieron de pequeños. Y con este grado de ignorancia casi total vienen a pedir casarse por la Iglesia. Sin cargar las tintas sobre el tema, creo se podría decir, casi otro tanto, de los padres que vienen a pedir el bautismo o la primera comunión para sus hijos. Al comprobar “de facto et in situ” tal situación real, no sería exagerado decir que: “España es tierra de misión”. Ante este panorama nada idílico de nada sirven los lamentos ni las quejas, ni buscar los culpables ni enredarse en discusiones bizantinas. Se precisa en todos los hombres de iglesia (Obispos, Sacerdotes y Agentes de pastoral) una concienciación clara de la gravedad del momento presente que
9

vivimos y cuanto antes poner manos a la obra sin irnos por las ramas. La descristianización de la sociedad española es un hecho y a ningún responsable debe dejar indiferente. El problema ya no es de número, como en tiempos pasados, sino de vida o muerte, de ser o no ser, de identidad, de volver a lo del Evangelio, de ser, “sal, levadura, pequeño rebaño, testigos”, etc. En una masa semipagana que no viven los valores del Evangelio ni de la fe cristiana. Y es aquí donde radica precisamente el meollo del asunto. Se precisa a todos los niveles, en todos los estratos sociales, y por todas las fuerzas vivas de la iglesia española, cuanto antes y sin pérdida de tiempo emprender una nueva evangelización” para volver a los orígenes de nuestra fe cristiana, como profética y acertadamente ha mandado el Papa Juan Pablo II. O nos tomamos todos esta tarea en serio o “cerramos la tienda”. Ya está bien de hablar de sociología barata, de opciones políticas, de cambios estructurales o del sexo de los angeles... Habrá que emprender entre todos con el Evangelio y el catecismo en la mano una tarea misionera, para que nuestro pueblo conozca, aprecie y viva lo fundamental de la fe de la iglesia, ni más ni menos como nos lo trasmitieron los apóstoles y los primeros cristianos. A mi pobre entender hay que centrarse y volver a lo esencial, es decir: “predicar, oportune e importune” a Jesucristo muerto y resucitado, su mensaje de amor universal y la conversión de todos para el perdón de los pecados. La verdad fundamental de la fe cristiana: el misterio de la Santísima Trinidad, el más importante, ha de ser lo primero que el pueblo cristiano conozca, confiese, proclame y viva, como base de toda nuestra religión:

10

la creación, encarnación, redención, santificación, Iglesia y sacramentos en vigilante espera de la llegada del Señor. Esto es lo nuclear de nuestra fe. No gastemos pólvora en salvas, ni fuerzas inútilmente en otras batallitas. “Non multa sed multum” decían los antiguos. Pues eso. Cuando un edificio se agrieta y hace aguas por muchos sitios, lo importante es reforzar los cimientos, si queremos que continúe en pie. Esto mismo es lo que habrá que hacer en la iglesia española, reforzar bien los cimientos de la fe de todos los bautizados, por activa, pasiva y perifrástica. Lo demás es lo de menos, sin despreciar nada ni a nadie. El momento es apremiante y no hay que andarse por las ramas. No es tiempo de discusiones filosóficas ni lucubraciones teológicas, de buscar culpables o justificaciones de divisiones internas, de progres o conservadores, de “si galgos o podencos” etc. Es esta la hora de celosos apóstoles, que con la luz y la fuerza del espíritu recibido nos lancemos todos a dar testimonio de palabra y de obra que: “Jesús es el Señor y que vive”. En nombre de Dios pidamos a todos una auténtica conversión , y ofrezcamos en su nombre la salvación y el perdón de los pecados. En definitiva: nada nuevo. Está ya todo inventado y requete-inventado. Lo que importa es que se viva con alegría y entusiasmo aquello que decimos creer. La tarea que nos aguarda es apasionante y merece la pena. Es tiempo ante todo de evangelizar, de predicar la conversión (vuelta a Dios) de todos los hombres, mujeres, niños, jóvenes y ancianos y de valorar debidamente cada sacramento celebrado y administrado, especialmente el del bautismo de niños. Esta es la asignatura pendiente de la iglesia española de donde debe arrancar todo lo demás. Quizá la solución de todo esté en volver a empezar, centrándonos en lo esencial. Al menos a mí así me lo

11

parece. EL VERDADERO ROSTRO DE DIOS Desgraciadamente aún persiste en la mente y en la imaginación de mucha gente, una falsa imagen de Dios, que muy poco o nada tiene que ver con el auténtico rostro de Dios, que su amado Hijo, Jesucristo nos ha venido a revelar, haciéndose hombre. De mil maneras y por todos los medios es ya hora de que todos los que nos llamamos y somos cristianos nos esforcemos en rechazar estas falsas imágenes que anidan en la mente de muchos, y presentemos de palabra y de obra el auténtico rostro de Dios cristiano. Pienso, que si todavía hay gente que rechaza a Dios -el que presenta la Iglesia o el evangelio- es porque no le conoce suficientemente, pues es imposible rechazar a Dios, si se le conoce debidamente. Nunca olvidaré el consejo que un santo obispo nos daba a los sacerdotes, a propósito de nuestra predicación: “Por favor, os ruego, que sepáis dejar siempre en buen lugar a Dios”. Con el Evangelio en la mano, y a modo de ejemplo, extracto unas pocas frases donde se presenta con plena autenticidad el rostro que nos anunció su Hijo Jesucristo. - “Es padre de todos los hombres” (Mt 6.9) - “Hace salir su sol sobre buenos y malos, sobre justos e injustos (Mt 5,45) - “Nos llama a compartir con El la vida eterna” (Jo II.25-26) - “Dios es amor” (I.ª Jo .4.16) - “Prefiere el amor fraterno a la ofrenda ante el altar” (Mt 5,24) - “No pone límite a nuestros innatos

12

deseos de superación” (Mt 5,58) - “Mira el corazón de los hombres (Mt 6.26) - “Sabe lo que necesitamos antes que se lo pidamos” (Mt 6.7) - “Cuida de las flores del campo y de todo lo creado” (Mt 6.28) - “Se hizo pobre y no tiene dónde reclinar su cabeza” (Mt 8, 20) - “Perdona los pecados y cura las enfermedades” (Mt 9, 5-8) - “Come con publicanos y pecadores” (Mt 9.11) - “Siente compasión de la multitud” (Mt 9.36) - “Recompensa hasta un vaso de agua dado por su amor” (Mt 10.42) Me haría interminable, aduciendo citas, que cada cual puede sacar del Evangelio. Gritemos pues: “Este es el Dios de mi salvación: en El confío y nada temo”. RECONOCÍ SU ROSTRO 1. Durante muchos días fue noticia mundial. Tenía 33 años, hijo de un carpintero de Texas. Su nombre, David Koresh, líder de los “davidianos”. Se hacía pasar por Jesucristo. El y sus seguidores -unos 150- se atrincheraron frente a la policía en una granja de la amplia llanura texana. Hubo violencia, licencias sexuales, alienación, fanatismo, muertes, mucho morbo informativo... Un caso más de superchería y fanatismo religioso. Decididamente Cristo no estaba presente allí. 2. Segunda Cadena de TVE (7 de febrero) en el programa “Pueblo de Dios”. Aparecen unas religiosas de la Caridad cuidando unos enfermos y enfermos de Sida. Han habilitado a tal efecto un pequeño chalet “Hijas de

13

Marillac”. Ellas, las hermanas, se muestran alegres, entregadas en cuerpo y alma a su humanitaria y cristiana labor. Miman a sus enfermos y se desviven por ellos. Tienen cierto rubor ante las cámaras de TV, que rompen su intimidad. Se las ve felices. Ellos, los enfermos, no tienen recursos ni familia. Estaban marginados y algunos en estado casi terminal. Han sido víctimas de la droga. Ahora empiezan a tener esperanza y ganas de vivir. Se encuentran como en familia. No les importa vivir mucho, sino la calidad de su vida, a la cual han encontrado por fin sentido, gracias a las hermanas. Habla desde la cama un joven de 32 años. Con fatiga y apenas un hilo de voz, pues sólo tiene piel y huesos, pero con brillo todavía en su mirada, va trabajosamente respondiendo preguntas del periodista. “Se encuentra ahora tranquilo y feliz. Ha encontrado lo que nunca tuvo, una familia. Las hermanas son muy buenas y Dios también es muy bueno con él... Ahí si. En aquel pobre chalet, en la persona de aquellas hermanas y en esos pobres enfermos de sida, estaba presente Jesucristo. Yo al menos pude reconocer su rostro. LA FE EN PELIGRO “Dios es paciente porque es eterno” (San Agustín 354430) El mayor don de Dios que hemos recibido, gratuitamente los creyentes, es la fe. Más valiosa que las riquezas, la posición social, la sabiduría humana, la fama, la familia e incluso la propia vida. Con ella queda iluminado el sentido actual y último de la vida humana y se tiene respuesta adecuada a los interrogantes más profundos y acuciantes de la propia existencia. Una persona se dice que tiene fe en otra, cuando confía
14

en su palabra y se fía de ella en lo bueno y en lo malo, sin exigirle pruebas ni demostraciones a cada paso. Esto se llama fe humana. Cuando alguien, se fía del Ser supremo, dios que se revela a los hombres y confía en él, en su Palabra, en sus promesas, en las diversas y cambiantes circunstancias de la vida.... Esto es fe divina. La fe no se adquiere por estudio, por razonamientos o silogismos. La da Dios - nunca se le niega a quien le busca - a quien quiere y como quiere. Todo creyente en un solo Dios, vivo y verdadero, (llámese Yahvéh, Alá o Jesucristo) tiene fe divina, sea judío, mahometano o cristiano. Dios se ha revelado de muy diversas maneras a la humanidad a lo largo de los siglos. Todas las religiones, incluso las politeístas, tienen parte de esa revelación y son caminos más o menos claros, para encontrarse con el único Dios, omnipotente, creador, principio y fin de todo lo que existe. Ahora bien, esto no ha de entenderse como que todas las religiones son iguales; que da lo mismo una que otra; y que son igualmente verdaderas. La plenitud de la revelación divina se encuentra en la religión cristiana. Dice el apóstol judío Pablo, escribiendo a los Hebreos: “En diversas ocasiones y bajo diversas formas, Dios habló a nuestros padres por medio de los profetas, hasta que en estos días, que son los últimos, nos habló por medio de su hijo (Jesucristo). A Él le constituyó dios heredero de todo, ya que por Él hizo el mundo”... Heb. 1, 1-2. La revelación escrita hecha por Dios a su pueblo está en la Biblia (A.T.) y en el N.T. Jesucristo solamente es reconocido como el hijo unigénito de Dios (único hijo engendrado, no creado, de la misma naturaleza o sustancia del Padre) por los cristianos. Solamente es verdadero cristiano quien acepta libremente por la fe, la persona y la enseñanza de Jesucristo, reconociendo y confesando su divinidad, y se esfuerza en seguirle como la palabra definitiva de dios a los hombre. Él es la luz, el camino, la
15

verdad y la vida, para todo hombre que viene a este mundo. Según los evangelios y todo el N.T. -Enseñanza escrita, posterior a la predicación de los apóstoles y de la primitiva IglesiaJesucristo es verdadero hombre y verdadero Dios, quien “fue crucificado bajo Poncio Pilato y resucitó al tercer día”. Este es el acontecimiento pascual, que recuerdan, celebran y actualizan los cristianos en todo el mundo, en el triduo de semana santa y en especial el viernes y domingo de resurrección. Aquí radica el fundamento, el meollo y la verdad básica de nuestra religión cristiana. Quien niega esto, no es, ni puede llamarse cristiano, ni miembro de la Iglesia de Jesucristo, edificada sobre Pedro y presidida por el sucesor de Pedro, el Papa. Este es el núcleo de la fe, que después de 20 siglos, nos ha sido proclamada, conservada, testimoniada y celebrada en todo el mundo por la Iglesia católica, a la que se unen, en lo fundamental, otras muchas confesiones cristianas como los ortodoxos, los protestantes, los anglicanos etc. con sus diversas ramificaciones. Pero en modo alguno no son “cristianas”, aunque se apropien la denominación de tales, todas las sectas que pululan en la actualidad y sobre todas, los Testigos de Jehová, pues no reconocen a Jesucristo como la Palabra de Dios hecha hombre en el seño virginal de María. Al extender sus enseñanzas anticristianas por doquier, están llevando al confusionismo y a la pérdida de la verdadera fe -con lo que esto supone de disgregación familiar y eclesial- a centenares de cristianos sencillos y buenos, pero, poco o nada instruidos en el conocimiento de su fe y de la Biblia.

16

Es necesario que toda la Iglesia española cobremos conciencia de esta penosa situación. Se debe pasar de una indiferencia o mal entendida tolerancia (aceptación de personas Sí, de sus errores No) a una formación seria de los fieles en la fe con el manejo de la Biblia y familiaridad con la Palabra de Dios, escrita y proclamada en la comunidad eclesial. Habrá que estar, sobre todo los pastores, muy en guardia, para detectar las infiltraciones deletéreas y poner urgente remedio. No debería haber parroquia, institución eclesial, centro de estudios etc... donde no se organizasen clases, cursillos de formación bíblica, al menos en lo referente a lo esencial y nuclear de la fe. Considero un católico inerme y desprotegido el que no sepa defender su fe, hoy día, con la Biblia en la mano. Siempre se ha dicho y es la verdad, que la mejor defensa es un buen ataque. Pues bien, si queremos que la plaga de las sectas disminuya, cuando no que desaparezcan, es urgente e imprescindible que nuestros católicos sepan vivir su fe en con la Biblia en una mano y la realidad socio-político-religiosa en la otra. LUZ DEL MUNDO Situación del mundo actual No hace falta ser un lince para constatar la realidad en la que estamos inmersos. El panorama que percibimos - sin ser pesimistas - dista mucho de ser halagüeño. Nuestro mundo anda en tinieblas, en la oscuridad de la increencia, del mal y del pecado. La sociedad en que vivimos está corrompida a todos los niveles y en todos los estratos. La familia se disgrega y descompone y los individuos caminan como ciegos, impulsados por el materialismo, el secularismo y el consumismo. Es doloroso decirlo, pero en este cuadro un tanto descorazonador,
17

Dios, para la gran masa de gente, apenas cuenta ni importa. Es el gran ausente, olvidado y preterido, incluso por almas buenas. Acertadamente lo expresa la letra de ese canto popular de Adviento: “El mundo muere de frío, el alma perdió el calor, los hombres no son hermanos el mundo no tiene amor. Envuelto en sombría noche, el mundo sin paz, no ve buscando va una esperanza; buscando, Señor, tu fe. Al mundo le falta vida. Al mundo le falta luz. Al mundo le falta el cielo. Al mundo le faltas Tú.” Jesús, Luz del Mundo. Ningún humano, jamás -fuera de Jesús-, ha tenido la pretensión de mostrarse como luz del mundo. He aquí las palabras del Señor tomadas del Evangelio de San Juan. “Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no anda en tinieblas, sino que tiene la luz de la vida” (Jo 8,12). Esta misión de Jesucristo fue anunciada siglos antes por el profeta Isaías, cuando dijo: “Te voy a poner como luz para los gentiles, a fin de que mi salvación llegue hasta el último extremo de la tierra” (Is 49,6). La pena y al mismo tiempo la gran tragedia de Israel y del mundo es que rechazó la luz y prefirió la oscuridad. “La luz vino al mundo y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas: ahí está la condenación. El que obra mal, odia la luz y no viene a la luz, para que su maldad no sea descubierta y condenada. Pero el que camina en la verdad, busca
18

la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios” (Jn 3, 19-21). En efecto, Jesús, desde su nacimiento, fue el “sol de justicia” que dio la luz, el calor y la vida al mundo entero. Sus palabras -”de vida eterna”-, su enseñanza, su actitud y su vida entera, desde el nacimiento a la cruz, fueron ese faro luminoso, cuya luz intermitente, perdura a lo largo de los siglos y llega hasta los rincones más ignotos del planeta. Ahora bien, así como la luna y los astros no tienen luz propia de por sí, sino que reflejan la que reciben del astro rey, así los cristianos, al ponerse en la órbita divina del Salvador, se iluminan y luego deben de reflejar, por todas partes, la luz recibida. Sólo así se comprende el mandato insistente de Jesús a sus discípulos: “vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse la ciudad que está sobre la colina, ni los hombres encienden la luz para ponerla bajo el celemín, sino sobre el candelero, de manera que alumbre a todos los que están en la casa. Que vuestra luz brille ante los hombres de manera que, viendo vuestras buenas obras, glorifiquen a vuestro Padre que está en el cielo” (Mt 5,14-16). Responsabilidad y compromiso de los cristianos. De las anteriores palabras de Jesús se deducen claramente la misión, responsabilidad y compromiso de los cristianos, que tan maravillosamente expuso S. Pablo: “Vosotros sois una raza elegida, un sacerdocio real, una nación consagrada, un pueblo que Dios eligió como heredad, para proclamar sus maravillas. Dios os llamó de las tinieblas a su luz admirable”, (1Pe 2,9). Y a más abundancia, el mismo apóstol Pablo escribiendo a los cristianos de Filipo, he aquí como se expresa: “Así no tendréis fallo ni reproche y seréis hijos de Dios en medio de una raza descarriada y pervertida. Debéis brillar entre ellos como las
19

estrellas que alumbran el firmamento” (Fl. 2,15). Como colofón de lo dicho, traigo aquí las hermosas palabras del apóstol Juan en la primera de sus cartas: “Si decimos que estamos en comunión con él, mientras andamos en tinieblas, somos unos mentirosos y no andamos conforme a la verdad. En cambio, si nuestra vida es luz, y si andamos en la luz, del mismo modo que él está en la luz, estamos en comunión unos con otros, y la sangre de Jesús, el Hijo de Dios, nos purifica de todo pecado” (1 Jn 1,6-7). CRISTO Y LA IGLESIA Coherencia y Unidad Si algo caracteriza al catolicismo, respecto a las demás religiones o confesiones, es precisamente la coherencia. Todo en él está perfectamente ensamblado y unido. Tanto el dogma como la moral, la liturgia y la pastoral, forman una unidad admirable. Son como piedras de un edificio, sólidamente construido sobre unos cimientos que dan consistencia a todo. La base fundamental del cristianismo y por consiguiente del catolicismo, no es otra que la divinidad de Jesucristo. En Jesús reconocemos los cristianos una sola persona divina con dos naturalezas; la divina y la humana. Es decir, confesamos como verdad absoluta, que Jesús es verdaderamente hombre y al mismo tiempo es verdadero Dios. Es la Palabra de Dios hecha carne. Lo que él enseñó, como lo que él hizo mientra vivió en la tierra, es la manifestación clara del designio de Dios en favor de la salvación de toda la humanidad. No se ha dado otro salvador

20

en el cielo y en la tierra fuera de Jesucristo. El es el único Mediador entre Dios y los hombres. Cristo sí, Iglesia también. El pretender, disociar la persona de Jesús de su obra, que es la Iglesia, es empeño vano. Quien acepta a Jesús como el Hijo de Dios hecho hombre, necesariamente habrá de admitir la Iglesia por él querida y fundada. Lo primero que hay que admitir, según el Concilio Vaticano II, es que la Iglesia es sacramento universal de salvación “Es obra de Dios y no de los hombres. En los evangelios encontramos datos más que suficientes para afirmar que la Iglesia fue fundada por Jesucristo. La fundación de la Iglesia no se realizó con un solo acto de Jesús, como si se tratara de erigir una sociedad jurídica, mediante la firma de un documento constituido. La realidad divino-humana de la Iglesia abarca un conjunto de los actos en la vida de Jesús: la elección de los discípulos, la institución de la eucaristía, etc... a la que llamó Iglesia. Esta comunidad de creyentes recibió de Jesús la misión de continuar en la historia la misión divina que Él recibió durante su vida histórica. Esta misión consiste en anunciar e instaurar el Reinado de dios y de Cristo en medio del mundo; es decir predicar el mensaje salvífico de Jesús y en bautizar a las gentes para establecer una comunión de vida sobrenatural con Dios aquí en la tierra, que alcanzará su consumación en el cielo. Jesús fundó el colegio apostólico Por los evangelios sabemos que Jesús, entre los numerosos discípulos que reunió en torno a sí, eligió el grupo de los Doce. En el evangelio de Marcos (3,13-19) se nos dan el nombre de los doce escogidos. Este número tiene un profundo significado pues corresponde a los doce Patriarcas de Israel y

21

ellos representan el Nuevo Pueblo de Dios, la Iglesia fundada por Jesús. Se pone de manifiesto la continuidad del Antiguo y el Nuevo Testamento. Los Doce reciben la misión de predicar el evangelio y de distribuir la gracia -expulsar demonios sin olvidar el deber de caridad ante las necesidades temporales- curar enfermedades. Lo específico de la misión de los Apóstoles es ser continuadores de la misión de Jesús: “como tú me has enviado al mundo, así yo les he enviado al mundo” (Jo. 17,18) Jesús se identifica con ellos: “El que a vosotros oye a mí me oye, el que a vosotros desprecia a mí me desprecia. Y el que a mí me desprecia, desprecia al que me envió” (Le. 10,16). Para realizar esta misión divina, Jesús les confiere unos poderes sagrados: “Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo” (Mt. 18,18). La misión y los poderes sagrados quedarían confirmados y explicitados antes de subir Jesús a los cielos (ver Mt.28,16-20). Jesús instituyó el primado de Pedro Para conocer la voluntad de Cristo recurrimos al evangelio. El texto Mateo 16,16-19 es clarificador al respecto. En él vemos cómo Cristo le cambia el nombre de Simón por el de Cefas, roca. Significa que Pedro será un fundamento vigoroso e inquebrantable de la Iglesia. En los hechos de los Apóstoles, Pedro aparece como el representante de la comunidad cristiana. También Cristo le da “las llaves del Reino de los Cielos”, es decir le da el poder o capacidad para decidir
22

sobre la admisión o exclusión de un determinado miembro de la comunidad eclesial. El poder de “atar y desatar” significa la plenitud del poder de gobierno sobre la Iglesia. El Colegio Apostólico también recibió la plenitud del poder, pero Pedro la tiene solo, independiente de los demás apóstoles... Esta promesa sería confirmada por Cristo después de su resurrección (ver Juan 21,15-17). La iglesia continúa la misión de Jesús Al fundar Jesús una única Iglesia visible, jerárquica, la quiso hacer continuadora de su misma misión en la tierra. La Iglesia de Cristo es instrumento necesario de salvación para todos, pues ésta sólo se logra según las palabras de Cristo, por la fe y el bautismo: “el que crea y sea bautizado se salvará; pero el que no crea se condenará” (Me. 16,16). La necesidad de la fe y del bautismo para la salvación hace necesaria la Iglesia. El magisterio de la Iglesia De mil modos y maneras hoy en día es cuestionado el magisterio de la Iglesia católica, la única verdadera. A lo largo de los siglos el Papa, cabeza visible de la Iglesia y vicario de Cristo en la tierra, ha venido ejerciendo su magisterio “para confirmar a sus hermanos en la fe”. El rechazo u oposición al magisterio del Papa referentes a la fe o la moral, constituye un rechazo frontal a Cristo. Si la enseñanza del Papa es ejercida de un modo solemne y oficial, obliga a un asentimiento pleno por parte de todos los fieles, pues está en juego la infalibilidad de la Iglesia asistida por el Espíritu Santo. Quiero terminar con unas sabias palabras de un gran creyente católico, el profesor y catedrático don Ángel Gutiérrez Sanz en su obra “Humanismo y fe” (pág. 109) al respecto: “No se puede alardear de espíritu independiente diciendo que lo único que importa es el compromiso cristiano,
23

aunque no se tenga en cuenta el magisterio eclesial, ya que el sentir con la Iglesia es imprescindible en la vida del católico, miembro elegido del pueblo de Dios. Es el mismo Cristo quien ha querido que así fuera, hasta el punto de que puede hablarse de cierta mediatización. “Quien a vosotros oye a mí me oye, quien a vosotros desprecia a mi me desprecia” (Le. 10,16). CATÓLICOS ADORMILADOS Es una triste realidad el constatar la persistente y eficaz labor de zapa, que, como termitas en edificios aparentemente sólidos, están llevando a cabo las sectas, en muchos sitios de España. En ambientes de escasa formación religiosa y cultural, aprovechándose de la buena fe de la gente, y ante la necesidad de llenar el vacío existencial y espiritual de una masa bautizada mayoritariamente en la fe católica, pero apenas evangelizada, van sembrando, día a día la semilla del confusionismo religioso, logrando más y más adeptos a su causa. Me da la impresión que aunque ya se han hecho oír dentro de la Iglesia española algunas voces de alarma al respecto, todavía, en general, los pastores de la misma no han cobrado conciencia plena de lo que se está jugando para el futuro de la fe de nuestro pueblo. Quizá, al paso que vamos, dentro de unos años, tengamos que lamentar aquí lo que en parte de Hispanoamérica se ha venido en considerar como uno de los más graves problemas de la Iglesia católica en ese continente hermano. La sangría de católicos que abandonan la Iglesia y se pasan a las sectas es alarmante y, en algunos sitios, casi imparable. Los católicos españoles nos estamos dejando comer

24

el terreno igualmente. En virtud de una mala interpretación de lo que es libertad de religión o de conciencia, o de apelar a la tolerancia para con los demás, se está asistiendo, casi pasivamente, sin reacción alguna contraria, al fenómeno del proselitismo sectarioreligioso. En muchas mentes de gente normal persiste la idea de que todas las religiones son iguales; que da lo mismo una que otra, con tal de hacer el bien, y que la verdad no la tiene nadie. La religión católica, piensan, es una de tantas religiones existentes en el mundo, y cada religión tiene parte de verdad, pues ésta no es patrimonio exclusivo de ninguna. Si a esto se añade la falta de coherencia en los comportamientos morales o prácticos de muchos católicos, a nadie debe extrañar que se caiga en el relativismo o subjetivismo más craso en materia religiosa. Luego, lo normal, será pasar de religión (pasotismo religioso) o pasarse a aquella que se presente como más acogedora o gratificante. La penosa realidad es comprobar que, en muchos católicos españoles, el edificio de su fe carece de sólidos cimientos. Se basa en una difusa religiosidad, en la que el sentimiento cuenta más que el convencimiento, o en una práctica cultural-rutinaria, que aporta más bien poco para la vida a la intemperie, que viven la mayoría. Mientras no tengamos católicos que sepan dar razón de su fe y de su esperanza, con el conocimiento claro y profundo de la Palabra de Dios en la Biblia, y del Magisterio de la Iglesia, tendremos soldados desarmados, frente a los embates de las sectas o de las demás, confesiones religiosas. Hoy, no se atacan o niegan cosas accesorias de la fe, sino las verdades fundamentales. No basta saber o recitar el credo de memoria, sino que hay que fundamentar esas verdades son la Sagrada Escritura la Tradición y la enseñanza de la Iglesia. Uno de los fallos más notables de los católicos, en general, es no saber refrendar su fe con la Biblia en la mano, como hacen los Testigos
25

de Jehová, aún con sus evidentes tergiversaciones y citas memorísticas. Tenemos bastantes católicos comprometidos en las labores de tipo social, no tantos en las tareas políticas, y más bien pocos, en el conocimiento, profundización y defensa de la fe. Es verdad que el Catecismo de la Iglesia Católica, fue un gran boom de ventas y hasta un best selller, pero no se ha adaptado convenientemente para ser conocido y asimilado por el pueblo de Dios. Preocupación prioritaria de nuestros pastores debería ser la formación bíblica de los cristianos de las diversas comunidades eclesiales o parroquiales y no permitir tareas de catequesis a personas sólo de buena voluntad, pero carentes de formación bíblica. En modo alguno quisiera que estas sencillas ideas, un tanto deslavazadas, fuesen interpretadas como crítica antijerárquica. Sólo pretendo que sirvan como pequeño revulsivo para algunos lectores, que sintiéndose católicos convencidos, caigan en la cuenta, que hoy día, para poder dar razón de su fe y de su esperanza, se necesita estar bien pertrechados con las armas de la formación. Sin ellas, el católico, es como un soldado sin armas. Y hoy día, los enemigos de la fe cristiana, están bien armados. No hay más remedio que espabilarse. AL GRANO La historia humana casi siempre se repite. Se justifica el
26

dicho “No hay nada nuevo bajo el sol”. Los comportamientos humanos -máxime en el aspecto sexual- han sido más o menos los mismos desde que el mundo es mundo. La sexualidad humana, a pesar de los progresos científicos, sociales o tecnológicos, se ha mantenido invariables a lo largo de los siglos en los diversos lugares de la tierra. Así, sin ir más lejos, hace veinte siglos, en el mundo grecorromano existían idénticos comportamientos sexuales a los de hoy día. La naturaleza humana no está sujeta a variaciones esenciales. Pues bien, el apóstol San Pablo se puso en contacto con este mundo para darles a conocer el mensaje del Evangelio, que es universal. Se fue derecho a Atenas, cuna y asentamiento de la democracia, del politeísmo y de toda corrupción, para anunciarles el mensaje salvífico. He aquí lo que narran los Hechos de los Apóstoles (CP. 17,16-24). Mientras Pablo esperaba en Atenas estaba indignado al ver la ciudad llena de ídolos. Discutía en la sinagoga con los judíos y con los que adoraban a Dios, y diariamente en el ágora, con los que por allí se encontraban. Trababan también conversación en él algunos filósofos epicúreos y estoicos. Unos decían: “¿Qué querrá decir este charlatán?” Y otros: “Parece ser un predicador de divinidades extranjeras”. Porque anunciaba a Jesús y la resurrección. Le tomaron y le llevaron al Areópago y le dijeron. “¿Podemos saber esa nueva doctrina que tú expones? Pues te oímos decir cosas extrañas y querríamos saber qué es lo que significan.” Todos lo atenienses y los forasteros que allí residían en ninguna otra cosa pasaban el tiempo, sino en decir y oír la última novedad.

27

Pablo, de pie en medio del Areópago, dijo: “Atenienses, veo que vosotros sois por todos los conceptos los más respetuosos de la divinidad. Pues al pasar y contemplar vuestros monumentos sagrados he encontrado también un altar en el que estaba grabada esta inscripción: Al Dios desconocido. Pues bien, lo que adoráis sin conocer, eso os vengo yo a anunciar... Dios, pasando por alto los tiempos de la ignorancia, anuncia ahora a los hombres que todos y en todas partes deben convertirse, porque ha fijado el día en el que va a juzgar al mundo según justicia, por el hombre que ha destinado, dando a todos una garantía al resucitarlo de entre los muertos”. Al oír la resurrección de los muertos unos se burlaron y otros dijeron: “Sobre esto ya te oiremos otra vez”. Así, Pablo salió de enmedio de ellos. Pero algunos hombres se adhirieron a la fe y creyeron; entre ellos, Dionisio Areopagita, una mujer llamada Damaris y algunos otros con ellos. En verdad saltan a la vista las innumerables semejanzas de la experiencia de Pablo en Atenas con las del mundo y sociedad actual: idolatría, inmoralidad, indiferencia, curiosidad por lo religioso, desconocimiento del verdadero Dios, etcétera. Lo que aparece claro en esta situación es que San Pablo no se anduvo por las ramas. Fue derecho al grano. Después de suscitar su curiosidad “les habla de la necesidad de conversión y les anuncia el meollo del mensaje cristiano, la muerte y la resurrección de Cristo”. Hay que ir derechos al grano y no perder o malgastar el tiempo en los actuales foros o aerópagos modernos (radio, televisión...), Donde no se escucha ni se anuncia lo nuclear del mensaje cristiano, perdiéndose en cuestiones menos importantes sobre los comportamientos sexuales de la gente. Casi siempre lo
28

que se pretende en tales ocasiones es fomentar el morbo de a audiencia, y mientras tanto faltan auténticos testimonios de lo que es ser cristiano. JESUCRISTO ES LA RESPUESTA Estamos viviendo todos en la actualidad, en todas partes y también en España, tiempos de profunda convulsión y de cambios acelerados en el orden político, social y económico. Son muchos los que ante esta situación se preguntan entre perplejos y angustiados por el sentido último de sus vidas y de la historia humana. La Iglesia, madre y maestra de los hombres y experta en humanidad, ante las inquietudes del hombre actual, ha proyectado su luz a través de los documentos emanados del último Concilio Vaticano II. En el número 10 de la Constitución pastoral Gaudium et spes dice lo siguiente: “Ante la actual evolución del mundo, son cada día más numerosos los que se plantean o los que acometen con nueva penetración las cuestiones más fundamentales: ¿Que es el hombre?. ¿Cuál es el sentido del dolor, del mal, de la muerte, que a pesar de tantos progresos hechos, subsisten todavía? ¿Qué valor tienen las victorias logradas a tan alto precio? ¿Qué puede dar el hombre a la sociedad? ¿Qué puede esperar de ella? ¿Qué hay después de esta vida temporal?. Cree la Iglesia que Cristo, muerto y resucitado por todos, da al hombre su luz y su fuerza por el Espíritu Santo, a fin de que pueda responder a su máxima vocación, y que no ha sido dado bajo el cielo a la humanidad otro nombre en el que haya de encontrar la salvación. Igualmente cree que la clave, el centro, y el fin de toda la historia humana se haya en su Señor y Maestro. Afirma además la Iglesia que bajo la superficie de lo cambiante hay muchas cosas permanentes, que tienen su último fundamento en Cristo, quien existe ayer, hoy y siempre”.
29

Hermosas palabras que deberían ser meditadas por todos, pero especialmente por los católicos, en estos tiempos de desconcierto y pesimismo.

SEGUNDA PARTE LA DIVINIDAD DE JESUCRISTO Jesucristo es el Hijo natural de Dios Padre y, por lo mismo, es Dios. Con lo cual queremos decir que en Él hay dos naturalezas, divina y humana, subsistentes en una misma persona, que es el Verbo. El título de Hijo de Dios es el que le ha conquistado más seguidores y más acérrimos enemigos. Negaron la divinidad de Jesucristo: en la antigüedad muchos herejes como los adopcionistas, arrianos y nestorianos; modernamente los protestantes unitarios y liberales, los racionalistas, los positivistas y los llamados Testigos de Jehová. Observamos que en ninguna parte del Evangelio leemos en boca de Jesús una afirmación tajante y evidente como ésta: “Yo soy Dios, consubstancial al Padre”. Pero señores míos, semejante terminante declaración en un ambiente judaico que ignoraba el misterio de la Trinidad, hubiera provocado el escándalo. Por eso Jesús descubre poco a poco su divinidad
30

bajo fórmulas enigmáticas cuyo sentido conocerán más tarde los Apóstoles enseñados por el Espíritu Santo. Jesús les decía en la noche de la cena: “Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no podéis entenderlas; cuando viniere el Espíritu de la verdad, Él os guiará a toda verdad”. -De hecho Jesucristo enseñaba implícitamente en los Evangelios sinópticos que Él es Dios: -Enseña como Dios (con suprema autoridad), interpreta y perfecciona la ley mosaica, se llama Señor del Sábado, prohíbe el divorcio. Perdona los pecados con autoridad propia (Mt 9, 1 al 8). -La antítesis es manifiesta: “Mi Padre, vuestro Padre” y la refieren con el mismo rigor los cuatro Evangelios. -Se coloca por encima de los profetas y de los personajes del Antiguo Testamento; por encima de los hombres y de los ángeles (Mt. 12, 41-42). -Pone la fe en Él y su amor a Él como condiciones necesarias o imprescindibles para conseguir la salvación (Mt. 10, 37). Promete a sus discípulos su presencia y asistencia perpetua (Mt. 18, 20). -Promete premio eterno a las buenas obras hechas por Él (Mt. 5, 11). Profetiza el juicio final, en el que Él será el supremo juez (Mt. 25, 31). -Recibe homenajes que son propios de Dios; consiente que el leproso, el poseso de Gerasa y el jefe de la sinagoga y Jairo se postren delante de Él y le adoren. -La divinidad de Jesús también está explícitamente expuesta: A) En la disputa con los fariseos Jesús quiere humillar su altivez proponiéndoles una dificultad que únicamente puede ser contestada admitiendo que en Él se abrazan la naturaleza divina
31

y la humana en la única persona (divina) del Hijo de Dios (Mt. 22, 41 al 46). B) Cuando se acercaba la Pascua, Jesús quería manifestar menos veladamente su divinidad y echar en cara a los fariseos y saduceos su ingratitud; y les propone la parábola de la viña dada en arriendo a los labradores (Marcos 12, 1-12). Con ella quiso Jesús significar directamente los cuidados de Dios Padre para con los judíos y la ingratitud del pueblo que maltrataba a los profetas. Pero además quiso decir a los israelitas que Él tenía la dignidad de ser Hijo en sentido propio y no a la manera que lo es un ángel del cielo. El Mesías es el Hijo Unigénito de Dios, el Amado Hijo, el Heredero de todo. Los judíos comprendieron bien que Jesús se hacía igual a Dios y juzgaron sus palabras como verdaderas blasfemias en los labios de un hombre. C) Hablando del mutuo conocimiento que hay entre el Padre y el Hijo, dice Jesús: “Nadie conoce al Hijo, sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quisiera revelarlo” (Mt. 11,27). Luego hay relación de igualdad entre el Padre y el Hijo. D) En el proceso de su Pasión, Jesús confiesa ante los jueces que es el Hijo de Dios vivo. Caifás califica la respuesta de blasfemia y Jesús entonces no protesta, aunque por ello es condenado. El Hijo es de la misma naturaleza del Padre; es su propio Hijo. Desde luego que el Hijo no es Dios Padre. Pero el que engendra es igual al engendrado. E) La fórmula bautismal (Mt. 28, 19) es la afirmación más clara del dogma de la Trinidad de personas en Dios, el Hijo es de igual dignidad divina que las otras dos personas. De estos pasajes en que Jesús se

32

dice a sí mismo Hijo de Dios, la fórmula del bautismo (Mateo. 28, 19) y la expresión hallada en Mateo 11, 27, revelan con mucha claridad la distinción y la consustancialidad del Padre y del Hijo. Cuando los Testigos de Jehová y ciertos protestantes liberales dicen que Jesucristo jamás afirmó de ninguna manera su divinidad, hay que decir que no saben lo que dicen y hay que orar por ellos. En la conferencia que Jesús tuvo con Nicodemo (fariseo principal entre los judíos), Jesús confiesa ser Hijo de Dios no adoptivo, sino único engendrado (Juan 3, 16). Ya San Pablo habló del “propio Hijo de Dios” (Rom. 8, once). Jesús ha sanado en Sábado al paralítico de la piscina de Betsaida. Lo saben los judíos y quieren dar muerte a Jesús. Entonces Jesús confirma que es Hijo del Padre Dios (Juan 5, 18). Jesús se compara al buen pastor que da la vida por defender a sus ovejas. Sus palabras promueven disensión o contienda; entonces Jesús prueba su filiación por las obras que hace, entre las cuales está dar la vida eterna a los discípulos, simbolizados en las ovejas. La vida eterna solamente puede darla Dios. Luego el Padre y Jesús son una cosa (Juan 10, 30), es decir, tienen una misma naturaleza divina. Al oír estas palabras, los judíos quieren apedrearle como a blasfemo porque se hace Dios. Pero Jesús defiende su divinidad: “el Padre está en mí y yo en el Padre” (Juan 10); “Soy Hijo de Dios” (Juan 10, 36); “El Padre y yo somos una sola cosa”. No dice el sagrado texto Sean, sino somos. El sagrado texto -Juan 10, 30- quiere decir: Soy Dios como mi Padre. La identificación del Señor Jesús con el Padre es dogma de fe, es una verdad indiscutible. En la oración sacerdotal de Jesús, después de la Santa Cena, es tan claro el pensamiento del Señor sobre su identificación con la persona del Padre, que, ante esos textos,
33

siempre he dicho que está clara la filiación divina de Jesús. Y la carta a los Hebreos (1, 3) nos da la razón: el resplandor o gloria de Jesús es la misma del Padre, ya antes de que el mundo fuese. Y no se diga “antes de que el mundo fuese”, pero “no desde la eternidad”. Porque sin el Hijo no se hizo nada, no se hizo ninguna cosa de cuantas han sido hechas (Juan 1, 3). Eso de que el Padre creó a su Hijo, eso de que el Padre creó a un agente o intermediario para que éste creara las demás cosas, es la gran mentira de los arrianos; mentira de hombres que interpretan torcidamente la Biblia. El Hijo está en el Padre y el Padre está en el Hijo. Todas las cosas del Padre son del Hijo y todas las cosas del Hijo son del Padre. Padre e Hijo son una misma naturaleza, aunque dos personas distintas. Pero las personas de la Trinidad divina, aunque distintas, están unidas en la esencia o naturaleza. Esta unidad de Jesús con el Padre (Juan 10, 30); está inmanencia recíproca; esta solidaridad de vida y de acción y de pertenencia, eliminan esa hipótesis de un Intermediario en la creación, por trascendental que se le suponga. En la creación de Dios, sólo intervino Dios, es decir; una misma naturaleza, aunque Dios es tres personas. Solo sin nadie, creó Dios (Isaías 44, 24). La eternidad del Padre (Deuteronomio 33, 27); la eternidad del Hijo (Juan 8, 58; Colosenses 1, 17; Hebreos 13, 8; Apocalipsis 1, 18 con Isaías 44, 6; Hebreos 13, 8); y la eternidad del Espíritu Santo (Hebreos 9, 14); no deja, en la Sagrada Escritura, lugar a dudas. No hay más que un Dios, pero este no es solitario. Sólo los ignorantes en Sagrada Escritura afirman que hay muchos dioses y que Cristo es uno de ellos. “Es verdad que San Pablo no pretende probar la filiación divina de Jesucristo”, me dijo una vez un Testigo de Jehová. Le
34

respondí: querido amigo, por eso mismo el testimonio del Apóstol tiene un valor especial, como testigo singularísimamente autorizado de la fe de la Iglesia de su tiempo (Romanos 8, 32). Jesucristo es Hijo propio y único engendrado; la Biblia no miente. VERDADERO DIOS Y VERDADERO HOMBRE -Cristo se atribuye a sí mismo atributos de Dios: -Existe antes de Abrahám (Juan 8, 58). -Es uno con el Padre (Juan 10, 30) -Quien le ve, ve también al Padre (Juan 14, 9) Al exigir de quienes le siguen la renuncia a todo, aun a la propia vida, se atribuye Cristo a sí mismo la capacidad de llenar del todo las aspiraciones del hombre; Él es el sumo e infinito Bien (Mateo 10, 37-39). -En Cristo están encerrados todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia (Colosenses 2, 3). -En Él reside toda la plenitud de la Divinidad corporalmente (Colosenses 2, 9). -Tiene la forma, la naturaleza de Dios (Felip. 2, 6) “Tu trono, ¡oh Dios!, Por los siglos de los siglos” (Hebreos 1, 1) -Engendrado, no creado (Juan 1, 18; Juan 3, 14 al 16). ¡Único engendrado por el Padre!. -Jesucristo dijo: “Destruid este templo y en tres días le reedificaré” (Juan 2, 19); esto lo dijo del templo de su cuerpo (versículo 21). -Las santas mujeres “asieron, abrazaron sus pies, lo que denota la

35

realidad de su resurrección. Las santas mujeres tocaron el cuerpo de Cristo resucitado (Mateo 28, 9). -Los guardias pagados por los judíos negaron la realidad del hecho de la resurrección (Mateo 28, 11 al 15). -Los discípulos palpan a Cristo para convencerse de que no ven simplemente un espíritu (Lucas 24, 39) y Cristo come con ellos después de resucitado (Lucas 24, 42) (Juan 20, 19. 20. 24. 28). Cristo se aparece en el Cenáculo y a los ocho días a Tomás: ¡Mi Señor y mi Dios! (Juan 20, 28). -Si Cristo no resucitó, vana es nuestra fe (1ª Corintios 15, 12 al 17). Pero Cristo ha resucitado. Se reanima nuestra esperanza de cristianos con la firme confianza de que nosotros también resucitaremos en Cristo (1ª Corintios 15, 20 al 22). Se robustece nuestra fortaleza cristiana con el pensamiento de que Jesucristo nos recompensará en la otra vida lo que por Él hubiéramos padecido (Romanos 8, 17; 2ª Corintios 4, 17). Los Testigos de Jehová dicen que no hay ningún pasaje del Evangelio en el que se diga literalmente y llanamente que Él era Dios, por lo que se refiere al testimonio de Jesucristo sobre su propia divinidad. En cambio -agregan los Testigos de Jehováhay pasajes que afirman que Él no era Dios, y citan Juan 12, 4950. Nosotros los católicos no creemos que esos textos (Juan 12, 49-50) afirmen que no es Dios. Afirma Jesús que es un enviado del Padre, eso sí, y los cristianos no hemos negado nunca que Jesucristo sea un enviado de Dios. Pero no es un enviado cualquiera, como Abraham, Moisés o Isaías, sino un enviado muy especial, que puede decir literalmente: “El Padre y yo somos una misma cosa... El que me conoce a mí, conoce a mi Padre... “En suma, Jesucristo es enviado de Dios y Dios mismo, a la vez. No hay, es verdad ningún pasaje en que Jesús diga en el Evangelio que Él era Dios; pero ¿hay, por el contrario, alguno en que diga también literalmente que no es Dios? Tampoco.

36

Entonces ¿en que quedamos?. En que hay que buscar sus equivalentes, y de pasajes equivalentes están llenos los cuatro Evangelios. El dogma de la Trinidad lo enseñó Jesucristo, fue revelado por Él (Mateo 28, 19) y no surgió con posterioridad a Jesús. Fue predicado por los Apóstoles (2ª Corintios 13, 13). Dios es tres personas (Juan 14, 16) y uno en esencia o sea, Dios es un solo Ser (Deuteronomio 6, 4), Dios es único, pero no solitario. Que Dios es uno en la esencia y al mismo tiempo se trata de tres personas y un solo Dios, es incomprensible, pero no absurdo ni contradictorio. Eso se lo reservamos a Dios, que Él sí que comprende lo que nosotros no podemos comprender. Pero nos basta con creer. Los Testigos de Jehová dicen que el Hijo no es Dios, sino el ángel San Miguel. En cambio el Apóstol San Pablo coge las palabras del Salmo 2, 8 y se las aplica a Jesús dicho Apóstol, diciendo a los Hebreos: “¿A cual de los ángeles ha dicho Dios alguna vez tú eres mi Hijo?” Como si dijera; de ningún ángel ha dicho Dios que sea su Hijo, como lo ha dicho del Cristo. Es verdad que el hombre caritativo se hace hijo de Dios. El rey David es llamado “hijo” de Dios. Los ángeles son llamados hijos de Dios, etc. Jesús es llamado muchas veces “Hijo de Dios”, pero en ciertos casos no en sentido amplio, sino en sentido estricto: Mateo 26, 63-64 (cuando es condenado a muerte). En sentido estricto: Juan 1, 18 (cuando es “Hijo único”). En sentido estricto también: Juan 3, 16 (cuando es Hijo Unigénito de Dios). Jesús es el Hijo único de Dios porque existían en la forma o condición de Dios (Filipenses 2, 6).
37

Dice Dios por boca de Isaías: “Mi gloria no la daré a otro” (Isaías 42, 8). Es decir: No dejaré que nadie me la usurpe. Y, en efecto, a Lucifer, que la quiso usurpar, le arrojó del cielo y “le hundió en el abismo” (Apocalipsis 20, 3). ¿En qué consistió la arrogancia de Luzbel?. En querer conseguir la independencia de Dios, pues dijo: “he de ser igual al Altísimo” (Isaías 14, 14). Pero bajó “a las profundidades del abismo” (Isaías 14, 15), al infierno fue abatido. Ahora bien, el Padre que abatió la arrogancia del ángel, a orillas del Jordán honró, dio gloria a Jesús proclamándole Hijo suyo en sentido estricto, en sentido propio. Se abrió el cielo, y se oyó la voz del Padre que dijo: “Este es mi Hijo muy amado, en quien tengo todas mis complacencias”. Luego Jesús no era puro hombre y nada más, como dicen los Testigos de Jehová, sino hombre y Dios; era el único, “el Unigénito del Padre hecho hombre (Juan 1, 18.16) y no pretendió jamás para sí honra que no le correspondiese. Los Testigos de Jehová dicen que antes del concilio de Nicea, los cristianos no creían que Cristo era Dios; y es mentira, es engaño de dicha organización. El Nuevo Testamento prueba la divinidad de Jesucristo (Juan 1, 1.3; Colosenses 2, 9; 1ª de Juan 5, 20...) y San Ireneo, obispo de Lyón y discípulo de San Policarpo, que lo había sido del Apóstol San Juan dice: “Cristo con el Padre es el Dios de los vivientes, el mismo que habló a Moisés”. El Papa Ceferino, del siglo III, anterior al Concilio de Nicea (año 325), declaró la divinidad de Cristo, diciendo: “Reconozco un solo Dios, Jesucristo, como lo declaró el Apóstol Tomás, y fuera de Jesús, a ningún otro”. Si Jesús, aludiendo a su humanidad, decía que el Padre es mayor que él, en otro lugar, donde se refiere a su condición divina (a su divinidad) dice que el Padre y él son lo mismo: “Ego et Pater unum sumus” (Jn 10, 30).
38

Se dice en el Evangelio que Jesús niño crecía en sabiduría porque la iba mostrando cada vez un poco más. Así, decimos que el sol crece con claridad según la va mostrando al subir sobre el horizonte, y no porque en realidad se aumente su luz. El joven que a Jesús llamó “bueno” no creía que Jesús fuese Dios. Es, pues, como si dijera Jesús: puesto que no me crees dios, no me llames bueno; sólo Dios lo es plenamente. Así lo interpreta San Jerónimo. Jesús dijo que no sabía cuándo había de ser el fin del mundo porque no lo sabía con ciencia para comunicarla. Lo que no puede decirse o revelarse, puede negarse. Habiendo en Cristo dos naturalezas, no hay más que una persona (la divina). Jesús no es persona humana, aunque tiene dos naturalezas: divina y humana. Es hombre y Dios. -Jesús es eterno, es “antes que todo” (Colosenses 1, 16), porque es Dios. Y nació de mujer, porque es hombre (Gálatas 4, 4). -Jesús es inmortal, porque es el Verbo y el Verbo es dios como el Padre. Decimos que Jesús murió, porque su alma (su espíritu) se separó o se apartó de su cuerpo. Cuando dicen los Evangelios que Jesús es el Hijo de Dios, entendemos, en muchos casos, que lo es por naturaleza y no por adopción. Jesús alabó a Pedro, porque le declaró Hijo en sentido propio; si esa filiación era adoptiva, ninguna alabanza merecía Pedro, pues hijo adoptivo de Dios lo era cualquier judío que estuviera en gracia. El Pontífice judío no habría tratado a Jesús de blasfemo, ni los jueces le habrían condenado a muerte por llamarse hijo adoptivo del Padre, pues también ellos se tenían por hijos adoptivos. Jesús es llamado en las Escrituras “Unigénito del Padre”, “Hijo Único de Dios”; si
39

fuera hijo adoptivo, no sería único, pues hijos adoptivos de Dios hay muchos. Los títulos de Mesías e Hijo no son sinónimos por la etimología, porque Mesías significa Ungido, e Hijo, engendrado en la eternidad de la substancia divina. Los Testigos de Jehová dicen que Jesús tiene algo divino, que eso -añaden- fue creciendo poco a poco en la opinión de algunos cristianos, hasta que al fin lo tuvieron por Dios. Pero eso no es así. Los Evangelios y Epístolas dicen que Jesús es Dios y que fue adorado en el cielo (Apoc. 5, 8). El Papa Víctor, que murió mártir el año 196, siglo II, condenó o excomulgó a Teódoto Coriario (llamado también Teodoro de Bizancio) porque enseñaba que Jesús no es Dios. Si Jesús no fuese Dios no se hubiese levantado del sepulcro tres días después de enterrado y no hubiese subido al cielo en presencia de sus discípulos. El mismo Jesús afirma ser Dios: verle a Él es ver a Dios (Juan 14, 9); el Padre y Él son una misma cosa (Juan 10, 30). Obsérvese que en este capítulo el mismo Jesucristo dicen “somos” y no sean. La obra de Cristo es la obra de Dios, puesto que Cristo es el autor de la vida (Juan 1, 4; Juan 11, 25). Cristo es Dios porque es el perdonador de los pecados (Hechos 10, 43 compárese con Miqueas 7, 18) y “no hay salvación en ningún otro” (Hechos 4, 12). Y si Yavé es Señor (Js. 40, 10), el único Señor es Jesucristo (Judas Tadeo, verso 4). -Hay muchas profecías sobre Cristo en el Antiguo Testamento, que eran conocidas a los judíos que amaban a Dios. Pues bien, Jesús mismo afirma que Él es el prometido, que en Él se cumplen las profecías; por ejemplo, en Lucas 24, 27 se dice que “les fue declarando cuanto a Él se refería en todas las Escrituras”. Isaías predice su nacimiento (Isaías 7, 14), y su contemporáneo Miqueas (unos 560 años antes de Cristo) anuncia que su nacimiento será en Belén, y su “origen”, desde

40

los días de la eternidad (Miq. Capítulo 5). Por eso dice Isaías (35, 4 ) que “viene Dios mismo a salvarnos”. Pero Jesús, además de Dios, también es hombre como está escrito: sufrió pasión, fue despreciado, cargó con nuestros dolores... no abrió la boca, “como cordero llevado al matadero” (Isaías 53, 3 al 7). Jesús padeció, era hombre, además de ser Dios mismo (Isaías 35). Y padeció para que se cumpliesen las Sagradas Escrituras (Lucas 24, 25). Llama a Dios su Padre y se hace Igual a Dios (Juan 5, 18); ¡como que es el único que conoce al Padre plenamente! (Mto. 11, 27), el único que se atribuye el conocimiento de Dios. El único que reclama la misma honra divina: “que todos honren (o glorifiquen) al Hijo como honran al Padre” (Juan 5, 23). Es decir, que hay que honrar al Hijo de la mismísima manera que se honra al Padre. En la revisión de la “biblia” del año 1967 que hizo la demoledora secta jehovista que recorre los domicilios de toda España, dicen en Hebreos 1, hablando de Jesucristo, “que todos los ángeles le rindan homenaje”. En cambio las verdaderas biblias traducen adoración. Y que es adoración se desprende también de lo dicho por los mismos jehovistas en su biblia del año 1967, en el capítulo 5 de Apocalipsis, versículo ocho. Es vano e inútil el intento de esos señores jehovistas de ocultar en la Biblia la verdadera adoración a Cristo, el Señor. El Sagrado Libro bien claro dice que hay que rendir verdadera adoración a Dios y por otra parte manda que a sólo Dios hay que adorar, con lo cual se afirma bíblicamente que Jesucristo es Dios
41

mismo. En efecto, en Filipenses 2, 10 San Pablo dice que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo y en la tierra, y son palabras que Pablo toma de la Biblia aplicando a Cristo lo que dice de Dios. La cita es de Isaías (45, 24), donde el profeta, hablando de Yavé, dice: “Ante mí se doblará toda rodilla”. Y Pablo, buen conocedor del Antiguo Testamento, ha querido aplicar a Cristo este texto que habla de la adoración a Dios. Y si lo ha querido aplicar a Cristo, es que Cristo es Dios mismo. En Apocalipsis 5, 8 los 24 ancianos (los salvados) tributan a Cristo la misma adoración que en Apocalipsis 4, 9-10 rinden a Dios. Las mismas alabanzas dirigidas a Dios (Apocalipsis 4, 11), están también dirigidas a Jesucristo (Apoc. 5, 13). En Apocalipsis 5, 8 los cuatro seres (los querubines) y los 24 ancianos adoran a Cristo postrándose ante él. Y cuando San Juan en Apocalipsis 19, 10 quiere postrarse ante un ángel, éste no se lo permite. Luego las postraciones o adoraciones se deben sólo a Dios. Aunque las Sagradas Letras, proclaman que el Verbo o Hijo es Dios (Juan 1, 1), los equivocados jefes de los Testigos de Jehová niegan la divinidad de Jesús y, perdieron ellos de vista la Encarnación (o sea, perdiendo ellos de vista que también es hombre) citan Juan 14, 28. Cuando leen Colosenses 1, 15 ignoran que “primogénito” significa en este texto que el Hijo de dios es primero en posición como Dios creador que es y no “primer ser creado”, ni “primera criatura de Dios en el tiempo”, como ellos dicen. “El es antes que todo” (Colosenses 1, 17) significa que Cristo, en cuanto Dios, es eterno. Usan mucho los jehovistas la expresión “el principio de la creación de Dios” (Apocalipsis 3, 14). No se dan cuenta que “principio está sacado del griego arje, que tiene sentido de origen, por lo que el Hijo es el iniciador de la creación de Dios (Hebreos 1, 3), pero jamás el primer ser creado, como se
42

desprende de Juan 1, 3 y Colosenses 1, 16. El “nacido de mujer” era Dios, pero su divinidad no quedó al descubierto corporalmente. Como Jesús también era hombre, tenía naturaleza humana, cuerpo humano. En cuanto hombre, es criatura de Dios; por eso sería un disparate hablar de su divinidad corporal. Él tiene la naturaleza humana porque es hombre, y la naturaleza divina porque es Dios. Él era Hijo de Dios desde toda la eternidad. La dignidad de Dios la tenía de su Padre celestial. En el tiempo se hizo hombre. De María, la más pura de las vírgenes, a quien llamarón Madre de Dios, tenía la dignidad de hombre. Es decir, tomó la forma de siervo, hecho a la semejanza de hombre y hallado en la condición humana (Filipenses 2, 7). Cristo fue verdadero Dios y verdadero hombre al mismo tiempo. Es Dios desde la eternidad, y en el tiempo se hizo hombre. El ángel dijo a María que sería llamado Hijo de Dios. Quería decir: Tu hijo será un hombre y el Hijo de Dios. Es un disparate hablar de su divinidad corporal, porque el Hijo tomó un cuerpo humano mortal, sólo así podía sufrir y morir y redimirnos. Por eso descendió del cielo a la tierra, y por eso también dijo el ángel a José: “Redimirá a su pueblo de los pecados”. El Hijo se hizo hombre para poder sufrir y morir por nosotros, pues, como Dios, ni podía sufrir ni morir. La humanidad podía verse en Cristo; su divinidad no; estaba velada, oculta. Como Dios y como hombre, ha vuelto al cielo. Como hombre y como Dios, está sentado a la diestra de Dios Padre. Como hombre y como Dios volverá Cristo para juzgar a los vivos y
43

a los muertos. Ahora creemos en el que es hombre y Dios a la vez, como en su día creyeron lo mismo los Apóstoles; lugo, le contemplaremos cara a cara, “tal cual es”. ¿Dónde se halla ahora, además de estar en el cielo, el que es Dios y hombre? Vive entre nosotros, en medio de nosotros, oculto bajo las apariencias del pan. Quiso quedarse entre nosotros y convertirse en alimento, en manjar de nuestras almas. Por medio del sacramento depositiva en nuestros corazones el germen de la vida eterna (resurrección gloriosa y eterna felicidad en el cielo). Ese a quien recibimos al comulgar es Dios, porque todo el ser divino está en el Hijo (Colosenses 2, 9), y todas las cosas las puso el Padre debajo de los pies de su amado Hijo (Efesios 1, 22). Sin embargo, los testigos de Jehová dicen que Jesús no es Dios, puesto que Jesús crecía en sabiduría y en gracia y Dios no puede crecer... (Lucas 2, 52). La respuesta católica a tal objeción es la siguiente: Desde la encarnación, Cristo tuvo toda sabiduría y santidad (Colosenses 2, 3). Por eso, Lucas 2, 52 quiere decir: Cristo es Dios y a medida que crecía, como hombre, en edad mostraba más -cada vez más-, en sus obras y en sus palabras, la sabiduría y gracia. Los Testigos de Jehová dicen: Jesús no es Dios, porque Dios no puede nacer de una mujer; María no puede ser Madre de Dios. La respuesta a esa “salida” es como sigue: María dió a luz al que es Dios; es, pues, Madre de Dios. Ya Santa Isabel la llamó con este nombre (Lucas 1, 43). El error de Nestorio, que María se había de llamar sólo Madre de Jesús o Madre de Cristo (Christipara), fue condenado por el Concilio de Efeso, en el año

44

431. Si nuestro Señor Jesucristo es Dios, como así lo confesó Santo Tomás, ¡Cómo no sería Madre de Dios aquella santa mujer, la Virgen, que le engendró? Aunque la madre no engendra el alma del niño, no por eso dejamos de llamarla Madre del niño. Así pues, hemos de llamar Madre de Dios a María, Aunque en Cristo no engendró la naturaleza divina. Los Testigos de Jehová insisten: Cristo no es Dios, es sólo hombre y, por lo tanto, lo que Cristo hacía eran acciones humanas, precisamente porque es hombre. El católico instruido rebate de la manera siguiente: Las acciones de un rey son acciones humanas porque él es hombre; pero son al propio tiempo acciones regias, porque es rey. Lo mismo acontecía con las acciones de Cristo. Lo que Cristo hacía eran acciones humanas, indudablemente que sí, porque es hombre; pero eran también acciones divinas, porque es el verdadero Dios (1ª de Juan 5, 20). Como un hierro candente arde, no porque tenga por su naturaleza esta propiedad, sino porque está penetrado por el fuego, así también el cuerpo de Cristo tenía eficacia divina, tenía fuerza o virtud divina para hacer las cosas que hacía, no por sí mismo (”Yo no puedo hacer nada por mí mismo”) sino porque estaba unido con el Verbo. Los Testigos de Jehová enseñan que no se debe adorar a Cristo -en esto insisten bastante- porque Cristo es hombre. El católico instruido opina que la adoración no se refiere a la naturaleza humana, sino a la persona divina de Jesús. Tampoco el niño que besa la mano de su padre, honra presamente la mano, sino que honra a la persona del padre, cuya mano es del padre. Quien honra a un cardenal, honra al mismo tiempo la púrpura cardenalicia que lleva. Así pues, adoramos en Cristo la humanidad unida con la divinidad porque la humanidad de Cristo no puede separarse de su divinidad (Colosenses 2, 9). Los testigos de Jehová se colocan fuera de la Biblia
45

cuando afirman que el Hijo fue creado por el Padre en el cielo. Ellos no quieren reconocer al Hijo Unigénito de Dios y que Él mismo se dio este nombre (Juan 3, 16). Llámase Hijo Unigénito porque es la segunda persona divina. El Hijo Unigénito (no creado, sí engendrado) aparece en Juan 1, 14; Juan 1, 18; (1ª de Juan 4, 9). ¿Que podemos decir “del único Dios”, de Juan 5, 44? Podemos decir y debemos que “el Padre y el Hijo” (Juan 10, 30) son Uno. O sea, el Padre y el Hijo son una naturaleza o esencia y, por consiguiente, “el único Dios verdadero” (Juan 17,3 con 1ª de Juan 5, 20). Y lo que hace el uno lo hace igualmente el otro (Juan 5, 19). Por otra parte, el que se hace igual a Dios es Dios (Jn. 5, 18). El Padre crea por medio del Hijo (Hebreos 1, 2). El Hijo es el Creador (Colos, 1, 16) de todo lo que no ha existido antes de existir (Juan 1, 3). El Hijo es el creador de la creación natural. También el hijo es el autor de otra creación, llamada Sobrenatural. Esta creación sobrenatural se halla en Juan 15, 56: “El que permanece en mí, y yo en Él, si alguno no permanece en mí, será arrojado fuera como el sarmiento que se seca, lo echan al fuego y arde”. Permanecer en él, permanecer unido a él, es permanecer en la creación sobrenatural. Permanecer unido con Cristo, es la fe que vive por la caridad. “En Él (en el Hijo o Verbo) estaba la vida” (Juan 1, 4), la sobrenatural, la vida que nos redime nos salva. En Juan 1, 4, traducen los dirigentes de la secta de los “Testigos”: “Por medio de Él era la vida”. Pero resulta que en el texto original griego no figura “por medio de Él”, sino “en Él”. El Verbo o Palabra no es un intermediario por medio de quien se da la vida, sino que la posee en sí mismo: “en

46

Él estaba la vida”. El Verbo es Dios (Juan 1, 1). El Verbo tiene la vida en sí mismo, como la tiene también el Padre (Juan 5, 26). El Hijo tiene la vida sobrenatural y eterna, porque se la dio o se la comunicó el Padre (comunicación eterna del Padre): 1ª de Juan 1, 1-2: “...os anunciamos la vida, la que estaba en el Padre y se nos manifestó” (1ª de Juan 1, 2). “Yo Soy” (estilo usado solamente por el Hijo propio) la resurrección y la vida” (Juan 11, 25). Es una manera clarísima de decir que el Hijo es el propio Dios. “El que cree en mí, aunque muera, vivirá (en cuanto llegue la resurrección). “Aunque muera físicamente vivirá” (Juan 11, 25), el que crea en Jesús. El que así habla es Dios. En Juan 5, 23, los líderes o jefes de los jehovistas traducen: “Para que todos honren al Hijo así como honran al Padre”. La palabra “así” no figura en el original. Con esta traducción es fácil predicar el error de que así como hay que honrar al Padre hay que honrar al Hijo, pero no de igual manera. “Jesucristo no es Dios”, dicen los “testigos”. Contesto: Isaías 44, 6. Indica que solo hay un Dios (Isaías 44, 24), declara que sólo Dios -y nadie más- es creador de todo. La carta a los Hebreos, 1, 10; dice que los cielos son obra de Cristo el Señor, igual que el Salmo 102, 26 dice que son obra de Dios. Por tanto, Cristo es también ese único Dios creador. Pero en toda la Biblia se ve que Cristo no es el Padre. Luego ya tenemos a las dos primeras personas de la Trinidad: una no es la otra, pero las dos son el único Dios. Jesús, el Hijo de Dios, no es Dios, es el dislate mayor de
47

los jefes de los Testigos de Jehová. Pero no es esto lo que enseña la Sagrada Escritura. San Juan (Juan 1, 3) enseña en su Evangelio que, sin Él (sin el Hijo de Dios) no se hizo nada de cuanto ha sido hecho. San Pablo asegura que Cristo creó todo sin excepción (Colosenses 1, 16). Por tanto, Cristo es anterior a todo sin excepción (Colos. 1, 17) y es “el primogénito de la creación” (Colos. 1, 18), es decir, el que tiene el dominio sobre la creación entera, el primero en posición como Dios creador que es: “Todo fue creado por Él (Cristo) y para Él”. Al igual que Cristo llamó Dios al Padre (Juan 20, 17), el Hijo es llamado Dios por el Padre en Hebreos, 1, 8 y Dios no puede engañarse ni engañarnos. Y porque Cristo es Dios, Cristo merece adoración. En efecto, en Filipenses 2, 10, San Pablo dice que al nombre de Jesús toda rodilla se doble, y son palabras que el Apóstol toma de la Biblia aplicando a Jesucristo lo que dice de Dios. La cita es de Isaías (45, 23), donde el profeta, hablando de Yavé, dice: “Ante mí se doblará toda rodilla”. Si Pablo, buen conocedor del Antiguo Testamento, ha querido aplicar a Cristo el texto de Isaías 45, 23 que habla de la adoración a Dios, es que Cristo es Dios (Filip. 2, 10), aunque al mismo tiempo es hombre (Gálatas 4, 4), y como tal nació en el tiempo en Belén de Judá y experimentó todas las limitaciones de los hombres, menos el pecado. -Cristo es Dios con nosotros (Isaías 7, 14) con Mateo 1, 23). -Cristo es Dios Redentor (Isaías 43, 14 con 1ª de Pedro 1, 18-19). -Cristo es Dios Señor de Israel (Miqueas 5, 2 con Mateo 2, 6 y Juan 7, 42) -Cristo es el juez del tribunal que traerá toda clase de obra a juicio (2ª Corintos 5, 10 con Eclesiastés 12, 14). -El Dios que salva es el Salvador

48

nuestro. Cristo Jesús (Tito 2, 13), pues no hay Salvador fuera de Yavé (Oseas 13, 14). -El Dios Creador es el Hijo (Juan 1, 3; Colosenses 1, 16 con Isaías 40, 28). -Yavé es el Señor nuestro (Salmo 8, 9) y Jesucristo es llamado Señor nuestro porque lo es (Juan 13, 13-14). Sto. Tomás: “Señor mío”. -Si el principio y el fin es Yavé, el primero y el último es el Hijo (Apoc. 1, 17-18 y Apoc. 22, 13). -Cristo es Dios porque es la vida (Juan 1, 4). La vida sólo es Yavé (Salmo 36, 9). -Cristo es el eterno viviente (Jeremías 10, 10; Daniel 6, 26; Apoc. 1, 18 y Juan 14, 19). -Cristo es Dios por ser el resplandor o reflejo de la gloria de Dios, y la imagen o la representación misma (o exacta) del mismo Dios (Hebreos 1, 3). -A Cristo lo adoran todos los ángeles de Dios (Hebreos 1, 6). Los ángeles no rinden homenaje a nadie que no sea Dios. -El mismo Cristo dice que es Dios (Juan 14, 9). -“El Padre y yo somos una misma cosa” (Juan 10, 30). -Cristo es el autor de la vida (Juan 11, 25). -Cristo perdona todos los pecados (Hechos 10, 43) con Jeremías 31, 34). -Cristo es el Salvador del Mundo (Hechos 4, 12 con Oseas 13, 4). -La adoración que se tributa a Dios en el cielo, es la misma que se tributa a Cristo (Apoc. 11, 16 con Apoc 5, 11 al 14). -Cristo es Dios porque resucita a quien cree en él (Juan 11, 25). Inhabitante= habita dentro de nosotros. El Padre es inhabitante (Juan 14, 23). El Hijo es inhabitante (Juan 14, 23). El Espíritu Santo es inhabitante (Romanos 8, 11; 1ª Cor. 3,
49

16). Las tres divinas Personas son Uno en la esencia (Deuteronomio 6, 4) y trino en persona: Padre (1ª Cor. 8, 6). Hijo (1ª Cor. 2, 1). Espíritu Santo (Juan 14, 16; 2ª Cor. 3, 17; Hechos 10, 19). El Padre es eterno (Isaías 40, 28) y el Hijo también (Juan 1, 1-3; Colosenses 1, 17). “Hijo Unigénito” (Juan 3, 16) significa único engendrado, no creado y único en su clase. En Filipenses 2, 6 leemos: “el cual , siendo en la forma (o condición) de Dios, no estimó ser igual a Dios como cosa a qué aferrarse”, ¡porque era Dios!: “haciéndose igual a Dios” (Juan 5, 18). Y porque Jesús es dios, después de resucitado, se presenta delante de Tomás y este dice al Señor: “Mi Señor y mi Dios” (Juan 20, 28). En Mateo 9, 4 y Juan 2, 25 está Dios omnisciente que es Jesucristo. Jesús tenía poder para andar sobre el mar (Mt. 14, 26). Poder para multiplicar los panes (Mateo 15, 34 al 37). Poder para levantar a una jovencita (Mt. 9, 25). Poder para perdonar los pecados de los hombres (Mt. 9, 2). Poder para dar poder a sus discípulos y éstos acaben con toda suerte de mal (Mt. 10, 1). etc, etc. Yavé Dios es el primero y el último (Isaías 48, 12); Jesucristo es el primero y el último (Apocalipsis 2, 8). Jesucristo es Dios, osea, “la imagen (visible) del Dios invisible” (Colosenses 1, 15). El sustentador de todas las cosas (Hebreos 1, 3). “La Palabra de Dios” (Apocalipsis 19, 13). Jesucristo es “el que tiene los siete espíritus de Dios” (Apocalipsis 3). Los siete espíritus de Dios, es el Espíritu Santo que procede de Jesús como el soplo de su boca (Juan 20, 22). Jesús es el Alfa y la Omega (Apoc. 22, 13), el eterno, es decir, Dios y el Verbo.

50

TERCERA PARTE DIOS Y HOMBRE VERDADERO Tan unidas están en la esencia la persona divina del Padre y la persona divina del Hijo (Hebreos 1, 2-3), que éste último dice que él es el mismo Dios: -”El que me ve a mí, ve al Padre”
51

(Juan, 14). -”Nadie conoce al Padre, sino el Hijo (Mateo 11, 27). -”El Padre y yo somos uno” (Jn. 10, 30). -”Del mismo modo, de la misma manera que honráis al Padre, habéis de honrar al Hijo” (Jn. Cap. 5). “Yo no puedo hacer nada por mí mismo”. Esto lo dice Jesucristo en cuanto hombre. El tiene voluntad divina, pero como Dios que es, decide hacerse hombre; en dependencia total de Dios (Filipenses 2, 5 al 11) vivió como hombre, pues se anonadó a sí mismo tomando forma de siervo, de esclavo. Y en este sentido, en cuanto hombre, el Padre es mayor. EL CREADOR DE TODAS LAS COSAS El Hijo de Dios es el creador de todas las cosas y no una cosa creada como pretende la organización jehovista, fundada por Carlos T. Rusell. La Biblia de los “Testigos”, denominada “Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras”, “Traduce”: “porque por medio de Él (del Hijo) todas las otras cosas fueron creadas”. Introduciendo ellos la palabra Otras que no existe en ningún manuscrito del Nuevo Testamento, los dirigentes de los Testigos de Jehová clasifican la creación de la siguiente manera: por una parte el Hijo, como ser creado; por otra, todas las otras cosas creadas. Pero no es eso lo que enseña la Santa Biblia. San Pablo el inspirado asegura que el Hijo creó todo sin excepción: “Todo fue creado por Él y para Él “(Colosenses 1, 16); Él es anterior a todo (Colos. 1, 17). El primogénito de
52

la creación (Colos 1, 15) no es el primer ser, creado, sino el que tiene el dominio sobre la creación entera. Primogénito, aquí, es el que tiene la primacía sobre algo, y el Hijo la tiene sobre la creación, ya que todo fue creado por el Hijo y para el Hijo. En el momento en que Dios desampare a su Hijo encarnado, la naturaleza, obra de sus manos, reacciona a ese dolor, único en la Historia: el sol se oculta tras un velo de tinieblas. Cuando muere, la tierra tiembla. Es proclamado Señor por Dios Padre; es conocido de los ángeles, temido por los demonios y adorado por aquellos a quienes salvó. Jesucristo es el gran enviado de Dios (Jn. 17, 3) y el mismo Dios (Jn. 1, 1; 1ª de Juan 5, 20). CRISTO ES EL MISMO DIOS Los santos obraban los milagros en el nombre de Dios o de Cristo, como bien sabemos; Pedro y Juan, en la puerta del templo de Jerusalén, usaron el nombre de Jesús. Pero Cristo obraba en su propio nombre. No dice Jesús: En nombre de Dios, levántate, etcétera, sino: Joven, “Yo te lo digo, levántate” (Lucas 7, 14). ¡Quiero, sé limpio! (Mateo 8, 3). ¡Calla, enmudece! (Marcos 4, 39). Si oró muchas veces a su Padre, lo hizo para que vieran que no hacia los milagros por el poder del demonio. Cuando los fariseos quisieron apedrear en el Templo a Jesucristo, por la confesión de su divinidad, se fue Él por en medio de ellos y le cedieron el paso (Juan, cap. 10). No hizo sino hablar a los soldados en el huerto de Getsemaní, y cayeron de espaldas por el terror (Juan 18, 6). El mismo Pilatos le temió
53

(Juan 19, 5). Cristo es el mismo Dios; adorémosle. CRISTO EN CUANTO HOMBRE NO PUDO PECAR Cristo, ni de palabra ni por obra pecó (1ª de Pedro 2, 22). Así como la luz no sufre cerca de sí ninguna oscuridad, así el verbo encarnado no sufre culpa alguna en su naturaleza humana. Desde su encarnación, Cristo tuvo toda sabiduría y santidad (Colosenses 2, 3) y en ellas no pudo crecer. Jesús crecía en sabiduría, en edad y en gracia (Lucas 2, 52), significan: A medida que Jesús crecía en edad, mostraba más, en sus obras y palabras, la sabiduría y gracia de Dios. Como el sol va aumentando su esplendor desde el alba hasta el mediodía, así lo hizo Cristo, sol espiritual. “En esto conocemos el Amor: en que dio su vida por nosotros (1ª de Juan 3, 16). ESTA ES LA FE CATÓLICA Esta es, en resumen, la Fe católica respecto a la Trinidad: Una es la persona del Padre, otra la del Hijo y otra la del Espíritu Santo. Son tres personas, no una. Pero la divinidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo no son tres divinidades, sino una. Increado el Padre, increado el Hijo, increada la 3ª persona. Pero no son tres eternos, sino uno. O sea, en las tres divinas personas sólo hay un increado y un

54

solo inmenso Señor. Tampoco hay tres omnipotentes. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo no son tres dioses. Decir tres dioses o señores es un gravísimo disparate. Decir tres personas en una, otro disparate. El Hijo procede del Padre y este último lo engendra mentalmente. Pues el conocimiento que el Padre tiene de sí mismo es la segunda persona. El Espíritu Santo es uno sólo, no hay tres Espíritus. El Espíritu es el amor del Padre y del Hijo y es Dios (Hech. 5, 3-4). Quien quiera ser salvo, crea en la Trinidad. El Concilio de Nicea asegura sin error que el misterio fundamental de la fe católica es el de la Trinidad. La Trinidad fue revelada por Jesucristo (Mt. 28, 19) y predicada por los mismos santos Apóstoles (2ª Corin. 13, verso 13). CRISTO ES Y SERÁ SIEMPRE NUESTRO DIOS El Apóstol Tomás confesó solemnemente su creencia en la divinidad de Cristo. He aquí lo que escribe S. Pablo en Colosenses 2, 9: “en Cristo reside toda la plenitud de la divinidad corporalmente”. Esto quiere decir que en Cristo está todo el ser divino. La Iglesia Católica ha enseñado en todo tiempo que Cristo es verdadero Dios y Un ser con el Padre (Juan, 10, 30). La Iglesia Católica enseña siempre lo mismo que San Pablo: “Al nombre de Jesús dóblese toda rodilla...” (Filipenses 2, 10). Doblar la rodilla quiere decir adorar. E s t o s e h a c e solemnemente y solamente ante Dios, a n t e J e s ú s sacramentado. Todas las criaturas deben adorar a Cristo, lo propio que todos los ángeles de Dios (Hebreos 1, 6). Sin duda que Cristo es verdadero Dios como el

55

Padre. Cristo es Dios desde toda la eternidad. Pero, sin dejar de ser Dios, tenía la dignidad humana. Por esto dijo el Apóstol: “Tomo forma de siervo, hecho a la semejanza del hombre y hallado en la condición como hombre” (Filipenses 2, 7). Cristo fue, por consiguiente, después de la Encarnación, verdadero Dios y verdadero hombre. Así lo creemos los cristianos. Es Dios desde toda la eternidad. Se hizo hombre en el tiempo. Y así pudo morir y redimirnos. El Hijo se hizo hombre para poder sufrir y morir por nosotros; pues como Dios, no podría sufrir ni morir.

PLEGARIA EUCARÍSTICA

Te Alabamos, Padre santo, porque eres grande, y porque hiciste todas las cosas con sabiduría y amor. A imagen tuya creaste al hombre, y le encomendaste el universo entero, para que, sirviéndote sólo a ti, su Creador, dominara todo lo creado. Y cuando por desobediencia perdió tu amistad, no lo abandonaste al poder de la muerte sino que compadecido tendiste la mano a todos para que te encuentre el que te busca.

56

Reiteraste, además, tu alianza a los hombres; Por los profetas les fuiste llevando con la esperanza de salvación. Y tanto amaste al mundo, Padre santo que, al cumplirse la plenitud de los tiempos, nos enviaste como salvador a tu único Hijo. El cual se encarnó por obra del Espíritu Santo, nació de María la Virgen, y así compartió en todo nuestra condición humana menos en el pecado: anunció la salvación a los pobres, la liberación a los oprimidos y a los afligidos el consuelo. Para cumplir tus designios él mismo se entregó a la muerte y resucitando nos dio nueva vida. Y por que no vivamos ya para nosotros mismos sino para él, que por nosotros murió y resucitó envió, Padre al Espíritu Santo como primicia para los creyentes a fin de santificar todas las cosas llevando su obra en el mundo.

LA MANO DERECHA DE DIOS

¡No me hable mal de las monjas ni una palabra siquiera! porque ellas son de Dios, de Dios su mano derecha.

57

Ellas a cambio de nada entregan su vida entera en favor de los demás, sin esperar recompensa. Están en los hospitales, en asilos y en escuelas, con locos, niños y ancianos, lavándoles sus vergüenzas. Están haciendo el trabajo que las familias desechan creyendo que ya han cumplido pagando treinta monedas. Otras en tierras lejanas son valientes misioneras, hacen a veces de madres, de maestras o enfermeras. Y se tragan sus dolores sus agravios y tristezas, sólo pensando en los pobres, aliviando sus dolencias. Y pasan calamidades que sólo a Jesús cuentan, y sufren persecuciones, y alguna la muerte encuentra. Y no me hable usted de esas otras que en su clausura se encierran, pidiendo a Dios por el mundo, y que acaben tantas penas.

58

¡Que terminen tantos odios y que cesen tantas guerras!, por los niños abandonados llenos de hambre y miseria. Y se rompen las rodillas de tanto hincarlas en tierra, para que nuestros errores Dios no los tome en cuenta. Y es seguro que al Señor le duele ya la cabeza de oír tantas peticiones como las que piden ellas. Por eso le digo a usted ¡que nunca más las ofenda! son preferidas de Cristo por ser la sal de la tierra. Ellas sostienen el mundo, son pilares de la Iglesia, ¡porque ellas son de Dios... de dios...su mano derecha!. ¡QUÉDATE SEÑOR, CONMIGO! Has venido a visitarme como Padre y como amigo. Jesús, no me dejes solo. ¡Quédate, Señor, conmigo!

59

Por el mundo envuelto en sombras soy errante peregrino. Dame tu luz y tu gracia. ¡Quédate, Señor, conmigo! En este precioso instante abrazado estoy contigo. Que esta unión nunca me falte. ¡Quédate, Señor, conmigo! Acompáñame en la vida Tu presencia necesito. Sin Ti desfallezco y caigo. ¡Quédate, Señor, conmigo! Declinando está la tarde Voy corriendo como un río al hondo mar de la muerte. ¡Quédate, Señor, conmigo! En la pena y en el gozo sé mi aliento mientras vivo, hasta que muera en tus brazos. ¡Quédate, Señor, conmigo!

60

61

62

INDICE
Al lector Prólogo PRIMERA PARTE: CENTRARSE EN LO ESENCIAL Centrarse en lo esencial El verdadero rostro de Dios Reconocí su rostro La fe en peligro Luz del mundo Cristo y la Iglesia Católicos adormilados Al grano Jesucristo es la respuesta SEGUNDA PARTE: LA DIVINIDAD DE JESUCRISTO La divinidad de Jesucristo Verdadero Dios y verdadero hombre TERCERA PARTE: DIOS Y HOMBRE VERDADERO Dios y hombre verdadero El creador de todas las cosas Cristo es el mismo Dios Cristo en cuanto hombre no pudo pecar Esta es la fe católica Cristo es y será siempre nuestro Dios Plegaria eucarística La mano derecha de Dios ¡Quédate Señor, conmigo! 51 52 53 53 54 55 56 57 59 30 35 7 12 13 14 17 20 24 26 29 2 4

63

COLECCIÓN

ARCO IRIS
(PARA TU FORMACION CRISTIANA)
TITULOS PUBLICADOS DEL MISMO AUTOR
01. Yo Pregunto. 02. Verdades a medias. 03. Palabras de vida. 04. Los jóvenes y la fe. 05. Testimonio de fe. 06. Para pensar, rezar y vivir. 07. El mayor don de Dios: LA VIDA. 08. El mayor fracaso del hombre: LA MUERTE. 09. Desde mi ventana (1ª parte). 10. Desde mi ventana (2ª parte). 11. Vivir con Dios. 12. Vivir sin Dios. 13. Moral y sexo (1ª parte). 14. Moral y sexo (2ª parte). 15. Sacramentos (1ª parte). 16. Sacramentos (2ª parte).
PEDIDOS A:

17. Miscelania (1ª parte). 18. Miscelania (2ª parte). 19. Confesarse hoy católico? (1ª parte). 20. Confesarse hoy católico? (2ª parte). 21. Testigos de Jesucristo. 22. Testigos de Jehová. 23. Escritos y cartas de "Epoca". 24. Creo en la Iglesia. 25. La Iglesia Española. 26. El año litúrgico. 27. El sentido de la vida. 28. Con mirada de Fe. 29. Cultura religiosa (I) 30. Cultura religiosa (II) 31. Al paso de los días (I) 32. La divinidad de Jesucristo

Miguel Rivilla San Martín
C/. Las Eras, 5 - 4º D 28921 ALCORCON (Madrid) Teléf.: 91 610 53 91