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Taller y laboratorio

por Marc Boada
Febrero 2012, InvestigacionyCiencia.es 87
Energía, casi, gratuita
Tenemos a nuestro alcance numerosos materiales idóneos para captar cantidades
ingentes de energía. El reto consiste en conseguirlo a un coste mínimo
L
a experimentación científica y la
práctica técnica nos conducen a ve-
ces a lugares inhóspitos y poco acoge-
dores. Ello se acentúa sobre todo en in-
vierno, cuando el frío arrecia y nos encon-
tramos en un gélido taller. Así estaba yo a
principios de este invierno, experimentan-
do a solo 12
o
C mientras en el exterior lu-
cía radiante nuestra estrella, el Sol. Lo de
radiante no es solo una metáfora. Se trata
dc un lcimino cicnlífco. El Sol consliluyc
una potentísima fuente de radiación en
una amplísima región del espectro elec-
tromagnético. Las radiaciones que más
contribuyen a caldear el ambiente son las
ultravioletas, las visibles y, en especial, las
infrarrojas.
Miremos al Sol y percibamos su calor,
un Fu¦o in¸cnlc dc cnci¸ía iadianlc quc
podcmos apiovcclai sin dcmasiadas dif-
cultades para ganar confort y reducir el
consumo y las cmisioncs. Esla afimacion
se hace más cierta cuando observamos
nuestro universo tecnológico más cerca-
no. Nos hallamos rodeados de materiales
sofisticadísimos, que, combinados con
pragmatismo, sentido común y soporte
cicnlífco, pcimilcn caplai canlidadcs no-
tables de energía. Para ello basta con poco
más de lo que puede encontrarse en un
laboratorio escolar: dos termómetros idén-
ticos, a ser posible con una lectura de dé-
cimas de grado, un sensor de tamaño re-
ducido y una inercia térmica mínima. Con
ello ya podemos abordar un reto ambicio-
so: captar un máximo de calor solar con
un estipendio mínimo y un no menos re-
ducido esfuerzo técnico.
¿Qué cantidad de energía nos llega del
Sol? ¿Cuánta es la energía radiante dispo-
niblc. Dado quc cslc paiámclio Fuclúa
con las estaciones y el estado atmosférico,
la cuestión es: ¿Cuánta energía podemos
captar en la práctica? Midamos primero
el calor que podemos acumular por uni-
dad dc supcifcic. Paia cllo ulilicc un ¸ian
disco de cobre, de 16 kilos. Lo pinté de
color negro mate y lo aislé con espuma de
poliuretano, dejando tan solo expuesta
una cara lisa, perpendicular al sol. Con un
termómetro con dos sondas medí los in-
crementos de temperatura de la cara an-
terior y posterior. Supuse que la tempera-
tura media del disco era la comprendida
entre las dos lecturas.
En una primera aproximación, la tem-
peratura del disco depende solo de la ra-
diacion quc absoibc y cl caloi cspccífco
del material, ya que las diferencias de tem-
peratura entre la cara iluminada y la pos-
terior solo vienen condicionadas por la
conductividad térmica del material —mo-
tivo por el cual escogí el cobre—. Pero si
acercamos la mano, comprobaremos que
el disco emite calor, es decir, irradia a su
vez parte de la radiación captada. La ab-
sorción y la re-radiación del material se-
rán, pues, factores críticos que deberemos
considerar en este proyecto. Pero eso no es
todo. El disco pierde calor también por
conducción: por contacto con el aislante y
con la atmósfera. Para minimizar esta pér-
dida, cubrí el disco con una tapa de plásti-
co transparente.
Con los datos obtenidos tracé una
¸iáfca: la lcmpcialuia pailía dc J2
o
C y
aumentaba de forma gradual hasta supe-
rar los 40
o
C, momento en que desapareció
el tenue sol invernal.
Cuando un cuerpo absorbe energía del
sol almacena calor o, mejor dicho, energía
térmica (que medimos en julios). Ello lo
hace a lo largo de un tiempo, por lo que
resulta más útil conocer la energía por
unidad de tiempo, o potencia, que se mide
en vatios (julios por segundo). Y en el caso
de la irradiación solar, la cantidad más
conveniente es la potencia por unidad de
supcifcic (w}m
2
), ya que para saber la po-
tencia captada solo hay que multiplicar
csla canlidad poi la supcifcic dcl dispo-
sitivo empleado. Los resultados de la ex-
posición de esa masa de cobre me demos-
traron que podemos captar centenares de
valios poi mclio cuadiado dc supcifcic
sin excesivas complicaciones y en invier-
no, cuando el Sol brilla a pocos grados
sobre el horizonte y luce durante escasas
horas. Por otro lado, este experimento
puede realizarse con cualquier material
bucn conducloi dc caloi cspccífco cono-
cido y extenderse en el tiempo. Ello nos
pcimiliiá la mcdicion dc la Fucluacion
anual de la radiación térmica efectiva
paia nucslia siluacion ¸co¸iáfca.
En la actualidad existen captadores
termosolares con rendimientos de más
del 80 por ciento. Por tanto, mediante un
buen diseño, gran parte de ese calor podrá
aprovecharse. Pero, ¿qué tipo de diseño?
Sin duda, la mejor vía de aproximación a
la energía solar es la térmica. En concre-
to, la calefacción por aire caliente, ya sea
para un mayor confort o para otras apli-
caciones no menos interesantes (evapo-
ración y cristalización, cultivo hortícola,
secado de ejemplares botánicos, terrarios,
etcétera). Las soluciones técnicas para la
captación de energía radiante, casi incon-
tables, oscilan entre dos extremos: capta-
ción con almacenamiento de energía y sin
este. Puesto que una de las condiciones de
diseño que nos hemos impuesto pasa por
una máxima simplicidad, prescindiremos
del almacenamiento y nos centraremos en
la oblcncion dc un máximo muy cfcaz
durante las horas de sol, interrumpiendo
el suministro al ocaso.
Empecemos por una somera descrip-
ción del captador solar. En esencia, este
consiste en un elemento que absorbe la
iadiacion solai y la liansfcic a un Fuido
que se encarga del transporte, aire en este
caso. Todo ello ocurre al amparo de una
cubierta que impide que la radiación es-
capc y difculla cl cnfiiamicnlo dcl sislc-
ma por contacto y difusión con la atmós-
fera; ello aumenta la temperatura interior
por efecto invernadero y establece una
circulación, por convección, del aire calen-
tado. Además, lo queremos construir a un
Marc Boada Ferrer es c|·.|ç+cc. c|ec|||cc
y experto en ciencia experimental.
88 INVESTIGACIÓN Y CIENCIA, febrero 2012
Taller y laboratorio
M
A
R
C

B
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A
D
A
coste mínimo y con materiales de fácil
acceso que seleccionaremos mediante un
sencillo dispositivo adicional para realizar
mediciones.
Para captar la radiación, una placa me-
tálica puede ser la mejor opción. Lógica-
mente, la pintaremos de negro (color que
absoibc casi loda la iadiacion caloiífca).
Ahora bien, ¿qué recubrimientos negros
hay disponibles y hasta qué punto respon-
den de la misma forma? Deberemos hacer
una selección empírica de los pigmentos
disponibles: expondremos cada uno de
ellos al sol durante un tiempo determina-
do y mediremos el incremento de tempe-
ratura. Para ello, prepararemos una caja
aislada, por ejemplo, con poliestireno ex-
pandido y recubierta interiormente con
papel de aluminio, que habremos adherido
con un aerosol reposicionable. En su inte-
rior, ensayaremos unas probetas idénti-
cas: placas metálicas altamente conducto-
ras, de cobre o aluminio, de algún milíme-
tro de espesor, redondas o poligonales, y
de unos 100 milímetros de extensión, que
pintaremos con aquellos materiales que
tengamos al alcance. En mi caso: negro
mate en aerosol, esmalte sintético mate,
esmalte de poliuretano satinado, negro de
humo u óxido de níquel en polvo mezclado
con una mínima cantidad de goma laca.
Conseguí la máxima absorción con
un recubrimiento obtenido mediante la
aplicación del humo de una vela, muy
mate, tras repetir la operación varias ve-
ces. Mostró tanta absorción que lo con-
sideré un patrón sobre el que valorar el
comportamiento de los otros recubri-
mientos. Cuando el cielo se halla cubier-
to por nubes que imposibilitan el ensayo,
podcmos cmulai una csliclla ailifcial
con una bombilla halógena de doscien-
tos vatios o más, o de infrarrojos. En el
primer caso, el espectro de emisión es
óptimo para el uso de un fotómetro, lo
que nos permitirá calibrar su potencia
real con respecto a la luz solar.
El montaje, de gran simplicidad, se
complementa con algún mecanismo que
permita exponerlo perpendicularmente a
los rayos de sol: servirá un trípode de fo-
tografía o un atril, que soporte la caja ais-
lada y con cl iccubiimicnlo icFcclanlc dc
su interior perfectamente limpio. En su
interior se colocan las probetas armadas
con sendos termómetros. Las dispondre-
mos sobic lacos aislanlcs, f¦adas con cin-
ta adhesiva de doble cara. En el caso de
ulilizai una bombilla, dcbcicmos vciifcai
que la iluminación de las muestras es per-
fectamente homogénea (dos probetas
idénticas deberán mostrar un comporta-
miento idéntico, incluso al permutar sus
posiciones varias veces).
Según mis ensayos (:cosc lo ¸iófco), la
mejor opción corresponde a un recubri-
miento suave con aerosol negro mate al
que se aplica, aun en húmedo, negro de
humo en polvo (cuyo exceso se elimina
luego con aire comprimido) y se remata
con una capa dc f¦adoi paia caiboncillo.
Mediante esta receta obtuve, a un coste
mínimo, placas de aluminio de gran tama-
ño recubiertas con un negro mate muy
absoluto. Este recubrimiento presenta una
ventaja: su coste es mínimo. Pero también
un inconveniente: es poco resistente. El
lector puede ensayar también con placas
anodizadas y recubrimientos galvánicos de
cromo «negro», opciones mucho más re-
sistentes pero, eso sí, más caras. Piénsese
que el margen de maniobra es muy amplio:
podemos experimentar con diversos aca-
bados y lcxluias supcifcialcs, y dislinlos
soportes, como hierro, cinc o acero inoxi-
dable, que encontraremos en cualquier
desguace.
Película de polietileno
Placa absorbente de aluminio
Disco de cobre
con el que se mide
la radiación
calcr|lca
Placa reßectaute
Lana de vidrio
Fondo de PVC de 4 mm
Captador termosolar que funciona
por convección natural. En el interior
del aula, cuya pared se ha seccionado,
se observa el aparato usado para el
ensayo de las probetas y la selección
de los materiales.
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A
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f
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o
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El mismo procedimien-
to se aplica a los recubri-
mientos transparentes del
colector. En este caso, se
colocan dos probetas idén-
ticas en el interior de la caja
de prueba, recubriéndose
cada una con un material
distinto. El incremento de
temperatura será indica-
tivo de su transparencia a
las iadiacioncs caloiífcas.
Podemos emplear vidrio
común de 3 o 4 milímetros
de espesor, metacrilato de
grosor similar, acetato, po-
licarbonato, etcétera. Tras
varios ensayos, yo me deci-
dí por la película comercial
de polietileno que se utili-
za en los invernaderos; su-
pera en transparencia calo-
iífca al ciislal y su piccio cs mínimo.
También podemos ensayar con las pin-
luias quc ulilizaicmos paia icFc¦ai la ia-
diación e impedir el intercambio con el
medio. Resulta espectacular el contraste
entre la pintura blanca (cuyo pigmento es
el dióxido de titanio) y todas las demás.
Esta permanece fría aun expuesta a un sol
intenso, siendo por tanto idónea para con-
centrar radiación sobre el colector solar.
Para las pruebas con los aislantes, colo-
caremos sobre dos placas idénticas sendos
materiales que queramos ensayar (del mis-
mo espesor). Sobre estos pondremos lue-
go un bloque único a temperatura unifor-
me, un ladrillo macizo calentado suave-
mente al horno hasta unos 50
o
C. Con los
termómetros mediremos el calentamiento
de las probetas. Ello nos indicará sin am-
bages qué material resulta más o menos
útil. Las materias que ofrecen mejores re-
sultados son muy variadas: placas de es-
puma de polietileno, poliuretano, poliesti-
reno y PVC, papel de periódico, plástico
«de burbujas» (excelente) y lana de vidrio.
Al fnal mc dccidí poi cslos dos úllimos.
Hecha la selección de materiales, que-
da solo la realización del colector, una
parte no menos crítica pero nada compli-
cada. El colector solar más sencillo que he
construido y ensayado a fondo consiste en
una caja de madera de abeto de 1 metro
de lado y 14 centímetros de profundidad.
Dispone de un doble fondo de 4 centíme-
tros de espesor relleno con aislante, recu-
bierto exteriormente por una placa de
PVC de 3 milímetros y en el interior por
una placa de madera contraplacada de
4 milímetros, que, como el resto de la ma-
dera, se pintó a fondo con pintura naval
blanca brillante de dióxido de titanio.
La tapa transparente consiste en una
pclícula dc policlilcno, quc f¦c con mucla
atención mediante cinta adhesiva de alu-
minio; entre este y el fondo, en un espacio
de unos 10 centímetros de espesor, situé,
perfectamente centrada, una placa de alu-
minio de 2 milímetros, que pinté de negro
por ambas caras. Esta chapa es tan ancha
como el interior de la caja, pero unos
5 centímetros más corta por arriba y por
aba¦o, dc foima quc los Fu¦os dc aiic as-
cendente están comunicados.
El aire entra por atrás. Proviene de un
conducto de 10 centímetros de diámetro,
una man¸a dcl lc¦ido plaslifcado quc sc
usa en los aspiradores industriales de pol-
vo. Un tubo idéntico conectado a la cara
superior del colector da salida al aire ca-
liente. Para conectar ambos tubos al es-
pacio que se quiere calentar, sustituire-
mos un cristal por una placa de plástico
transparente, a la que acoplaremos los
tubos mediante unas embocaduras (dis-
poniblcs cn cualquici fciiclciía). Poi fn,
se construye una tapa de madera resisten-
te a la humedad que también pintaremos
con un blanco muy brillante. Esta placa,
además de permitir tapar el colector, se
pucdc abalii dc foima quc icFc¦c la luz
sobre este, aumentando su potencia has-
ta un 25 por ciento.
Si exponemos el colector al sol e impe-
dimos la circulación del aire, la tempera-
tura de la placa de aluminio llega con faci-
lidad a los 95
o
C. Al permitir el paso del
aire, empieza a circular por convección un
Fu¦o muy calicnlc, dc unos +ö
o
C (al sol de
invierno y con una tempe-
ratura ambiental inferior a
10
o
C). En la placa, el aire se
calienta, se dilata y ascien-
de, escapando por el tubo
superior, que idealmente
debería tener una pendien-
te uniforme. A su vez, crea
una depresión, de forma
que el aire frío y más denso
entra por el conducto infe-
rior, calentándose y alimen-
tando el sistema. La inten-
sidad del fenómeno es tal
que el aire caliente que sale
apaga una vela. Este colec-
tor permite caldear una ha-
bitación de casi 60 metros
cúbicos, un efecto equiva-
lente al de un calentador
eléctrico de 500 vatios de
potencia.
¿Serviría ese dispositivo para calentar
un aula, taller o laboratorio? Dado que
serían necesarios varios metros cuadrados
de captadores, ¿podrían optimizarse para
incrementar el rendimiento? Para respon-
der estas cuestiones deberíamos ensayar
la separación entre cubierta y placa colec-
tora, la textura de esta (mediante pinturas
muy rugosas), la posibilidad de dotarla de
aletas que aumenten la conducción y
transmisión, o la aerodinámica de la cir-
culación del aire.
Asimismo, estoy ensayando un colec-
tor en el que la placa metálica se sustituye
por un metro cuadrado de tubos de alu-
minio extensibles de extractor de aire, de
unos 10 centímetros de diámetro, monta-
dos verticalmente en paralelo y pintados
con mi mejor recubrimiento negro. Eso,
junto con un ventilador de 12 voltios y un
par de vatios (procedente de un ordena-
dor) para forzar la circulación de aire,
debería proporcionar una potencia, con el
sol de primavera, próxima a la cifra «mí-
tica» de mil vatios por metro cuadrado. Y
por menos de cien euros. Se trata de mon-
tajes muy competitivos con los sistemas
de calefacción tradicionales, tanto en los
gastos de instalación como en los de ex-
plotación, con el añadido de que su coste
energético y ecológico es mínimo: cada
hora de exposición al sol de nuestra placa
termosolar ahorrará el vertido a la atmós-
fera de centenares de gramos de CO
2
.
Poio cousullos sobic cslc c:jci¡uculo, los
lccloics jucocu coulocloi cou cl ouloi o
lio:cs ocl blo¸ Taller y Laboratorio 2.0
en www.invcsli¸acionycicncia.cs}blo¸s
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25
20
15
10
5
0
5 10 15 20
Tiempo (minutos)
Curvas de calentamiento de los recubrimientos ensayados
Cobre pulido
Polietileno
Vidrio común
Metacrilato
Celofán
Cobre
pintado
Óxido de níquel
Aerosol negro mate
Negro de humo
+ barniz
Negro de humo
25 30 35
Pinturas de color negro
Negro de humo
+ cubiertas transparentes
Disco de cobre
pintado de negro mate
Disco de cobre
muy pulido