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INTRODUCCIÓN

:
CALENTAMIENTO GLOBAL Y ECOSISTEMAS POLARES
por
Carlos M. Duarte
Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (IMEDEA)
Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)-Universidad de las Islas Baleares (UIB)
Esporles, Mallorca, España
© Fundación BBVA, 2007
www.fbbva.es
Impactos del calentamiento global
sobre los ecosistemas polares
Carlos M. Duarte (ed.)
Separata del capítulo
ISBN: 978-84-96515-55-0
LAS REGIONES POLARES son las áreas más remotas del planeta, exploradas por pri-
mera vez hace menos de un siglo, con la llegada a los polos geográficos de las expe-
diciones lideradas por el noruego Roald Amundsen (Polo Sur, 1911; Polo Norte,
1926), lo que no ha sido óbice para que hoy día se encuentren entre las zonas más
amenazadas por la actividad humana.
Los peligros que se ciernen sobre los ambientes polares son particularmente preo-
cupantes, pues estas regiones poseen una importancia fundamental en el sistema
Tierra, ya que intervienen en la circulación de la atmósfera y el océano, participan
en la regulación del clima del planeta y tienen un elevado valor ecológico.
A pesar de ello, nuestros conocimientos sobre cómo opera el clima polar y cómo
funcionan sus ecosistemas siguen siendo muy primitivos en muchos aspectos. Para
paliar estas lagunas, el Consejo Científico Internacional y la Organización Meteo-
rológica Mundial han promovido la celebración del Año Polar Internacional 2007-
2008 (v. www.ipy.org), el cuarto año de este tipo que se declara hasta la fecha, tras
los anteriores de 1882-1883, 1932-1933 y 1957-1958, con la peculiaridad de que la
iniciativa actual no se lleva a cabo para explorar los sistemas polares, sino por la
necesidad de investigar los impactos y rápidos cambios que estos medios están
experimentando. Con este propósito, miles de científicos de más de 60 países par-
ticiparán hasta el 1 de marzo de 2009 en más de 200 proyectos de investigación
sobre el Ártico y el Antártico coordinados a nivel internacional. España colabora
por vez primera en el Año Polar Internacional, y lo hace con un conjunto de pro-
yectos de investigación financiados por el Plan Nacional de I+D del Ministerio de
Educación y Ciencia (v. www.api-spain.es). Además de la investigación científica,
el Año Polar Internacional tiene como dos de sus objetivos principales la forma-
ción de una nueva generación de investigadores en ciencia polar y el aumento de
la concienciación social en torno a la problemática que aqueja a las áreas polares.
Este volumen se plantea como una contribución a estos dos objetivos del Año
Polar Internacional.
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᭣ Foto 1: Oso polar (Ursus maritimus). El mayor de los carnívoros terrestres captura a las focas, que
son sus principales presas, en la banquisa ártica. El avance del deshielo a causa del calentamiento redu-
ce su éxito predador, al desaparecer las masas de hielo desde las que caza, lo que pone en peligro su
supervivencia.
Los ecosistemas polares son los únicos en el océano que continúan estando domi-
nados por la megafauna, diezmada en el resto de los mares del planeta. La preva-
lencia de estos grandes animales (cetáceos, pinnípedos, aves, etc.) en este tipo de
ambientes se explica por varios factores, como la escasa presión del hombre sobre
ellos (hace décadas soportaron, sin embargo, una presión importante, como con-
secuencia de la caza intensiva de ballenas en la Antártida, ahora regulada, y de la
captura de focas en el Ártico, que aún continúa), las cortas cadenas tróficas de
estos ecosistemas –debido a la presencia de productores primarios y herbívoros
planctónicos de tamaño relativamente mayor al que domina en el resto de los océa-
nos–, su elevada producción estival y la presencia de grandes plataformas de hielo
utilizadas como hábitat por algunas de las especies que allí viven. En los ecosiste-
mas polares, que pueden considerarse como los desiertos más inhóspitos del pla-
neta, la producción primaria terrestre resulta mínima, lo que ha hecho que estén
basados, prácticamente en su totalidad, en producción primaria marina. La estabi-
lidad de estos medios y la supervivencia de su megafauna dependen, en gran medi-
da, de la existencia de amplias placas de hielo, las cuales sirven como zona de cría
para organismos clave en el ecosistema (por ejemplo, el krill en la Antártida), o
como plataformas de caza, descanso y transporte para pingüinos, lobos de mar y
focas leopardo en la Antártida, o para osos, focas, morsas y otros animales, inclui-
do el hombre, en el Ártico.
IMPACTOS DEL CALENTAMIENTO GLOBAL SOBRE LOS ECOSISTEMAS POLARES
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Fotos 2 y 3: Investigadores trabajando en el Ártico durante la campaña de investigación espa-
ñola ATOS-Ártico
Los ecosistemas ártico y antártico presentan importantes diferencias, derivadas de
su configuración geográfica, que imponen fuertes contrastes en su funcionamien-
to y en su vulnerabilidad frente a impactos de origen humano. El ecosistema
antártico se asienta en un continente que ocupa desde el Polo Sur hasta los 60-80º
de latitud sur, y que se halla aislado de otros continentes por el océano Glacial
Antártico (mapa 1); la Antártida se encuentra, por tanto, muy alejada de los terri-
torios donde se desarrolla una actividad industrial significativa. Por el contrario,
el ecosistema ártico se localiza en un océano central, el océano Glacial Ártico,
situado entre el Polo Norte y los 70-80º de latitud norte, cubierto en su mayor
parte de hielo y rodeado de continentes con extensas plataformas continentales,
cercanos a zonas de alta actividad industrial (por ejemplo, Canadá, Estados Uni-
dos, Rusia y Noruega; v. mapa 1).
Así pues, la Antártida se extiende en aguas libres de hielos durante gran parte del
verano, mientras que el ecosistema polar ártico se despliega en gran medida bajo
una gran plataforma de hielo; asimismo, los periodos de luz y oscuridad de los
océanos Ártico y Antártico varían por la diferencia de casi 20º en las franjas lati-
tudinales que ocupan en los correspondientes hemisferios, y su conexión con el
océano global también es distinta, pues el océano Antártico colinda con el Pacífi-
co, Atlántico e Índico, en tanto que las aguas del océano Ártico sólo se intercam-
bian de forma significativa con las del Atlántico, con el que se comunican por el
estrecho de Fram, ya que el flujo de aguas oceánicas con el Pacífico en el estrecho
de Bering se ve entorpecido por plataformas someras (mapa 1).
Por otra parte, en el interior del círculo polar ártico se encuentran numerosas ciu-
dades habitadas y se desarrollan importantes actividades comerciales e industria-
les, las cuales no existen en el interior del círculo polar antártico; a este respecto,
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Mapa 1: Área ocupada por los océanos polares
Ártico Antártida
conviene tener en cuenta que la proximidad a continentes habitados y a centros de
actividad industrial es muy importante, porque determina la presión que soportan
los ambientes polares.
Otro tema fundamental radica en el notable calentamiento que están experimen-
tando los ecosistemas polares. Este calentamiento resulta espectacular en el caso
del Ártico, donde la pérdida de hielo es particularmente rápida (Vinnikov et al.
1999; Serreze, Holland y Stroeve 2007) y parece estar acelerándose, hasta el punto
de que en un futuro próximo se plantea como escenario plausible un océano Gla-
cial Ártico desprovisto de cobertura de hielo en verano (Serreze, Holland y Stro-
eve 2007). La Península Antártica también sufre de forma notable los problemas
derivados del calentamiento y la pérdida de masas de hielo marino (Rignot et al.
2004), aunque aquí la pérdida es mucho menor y más localizada que en el Ártico.
Los efectos del calentamiento global sobre las zonas polares resultan ya tan evi-
dentes y tienen consecuencias tan alarmantes, que han motivado en buena parte la
declaración del nuevo Año Polar Internacional, en el marco del cual está previsto,
entre otras cosas, investigar el ecosistema polar para poder predecir mejor su res-
puesta a los cambios ambientales, particularmente al calentamiento global. Uno de
los fines principales del Año Polar Internacional consiste en incrementar el nivel
de información de la sociedad en torno a las transformaciones que están ocurrien-
do en las regiones polares, objetivo al que contribuye esta obra.
Las emisiones de dióxido de carbono y otros gases invernadero derivadas de la
actividad humana están generando un aumento de su concentración en la atmós-
fera que se predice pueda provocar una elevación en la temperatura global del pla-
neta durante el siglo XXI cercana a los 4 ºC (IPCC 2001). Los modelos de circula-
ción global que se utilizan para pronosticar la evolución futura del clima apuntan
a grandes diferencias regionales en las tasas de calentamiento, con algunas zonas
que padecerán un calentamiento muy superior al calentamiento promedio y otras
que experimentarán uno muy inferior. Estos modelos sugieren que el mayor
calentamiento se apreciará en el Ártico, donde la temperatura podría aumentar
hasta 9 ºC (mapa 2); de hecho, los registros climáticos indican que el Ártico se ha
venido calentando ya a un ritmo de 0,4 ºC por década, dos veces más rápido que
en el resto del planeta (IPCC 2001). En el hemisferio sur, por el contrario, se espe-
ra que el calentamiento sea prácticamente nulo (mapa 2).
Otros impactos asociados a la actividad humana son, sin embargo, mucho más
intensos en la Antártida. Por ejemplo, el efecto de los compuestos químicos sintéti-
cos volátiles sobre la ozonosfera resulta mayor en el hemisferio sur, lo que conduce
al desarrollo de un agujero estacional en la capa de ozono que conlleva una exposi-
ción a niveles de radiación ultravioleta mucho más fuerte en el hemisferio sur que en
el norte (v. capítulo 1). Igualmente, la caza de ballenas ha tenido secuelas muy
importantes en el hemisferio sur, y sus consecuencias sobre el ecosistema antártico
podrían ser más profundas de lo que hasta ahora se pensaba (v. capítulo 2).
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El primer efecto del calentamiento global en los ecosistemas polares es la fusión
de los casquetes polares. Resultados publicados en 2006 han revelado grandes pér-
didas de hielo en el planeta. Por una parte, la placa de hielo antártico está perdien-
do 152 km
3
de hielo al año, lo que equivale a 0,4 ± 0,2 mm de aumento global anual
del nivel del océano, con una disminución de cerca de 8.000 km
2
en la Península
Antártica durante los últimos 50 años, coincidente con un calentamiento de cerca
de 2 ºC en esta región. Por otro lado, la mengua de la placa de hielo ártico se está
acelerando, con tasas recientes de pérdida de la extensión de hielo estacional hasta
18 veces mayores que las de las últimas décadas, y con la constatación de una
merma sin precedentes del espacio ocupado por el hielo perenne, que ha dado
lugar a un mínimo histórico en la superficie invernal de hielo en marzo de 2006
(gráfico 1); además, en agosto de 2006 se observaron grandes grietas, de centena-
res de kilómetros de longitud, en el núcleo de hielo hasta ahora permanente del
Ártico, que hacen prever un incremento en las pérdidas de esta masa. En Groen-
landia, por su parte, el ritmo de desprendimiento de glaciares se ha duplicado en
los últimos 5 años; asimismo, el descenso del hielo de la placa de Groenlandia se
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Mapa 2: Aumento predicho de la temperatura promedio para distintas regiones de la Tierra
a lo largo del siglo XXI
Fuente: Geophysical Fluid Dynamics Laboratory, Universidad de Princeton.
ha quintuplicado, hasta alcanzar 239 ± 23 km
3
de hielo perdido por año, lo que
contribuye con 0,6 mm adicionales a la elevación anual del nivel global del mar.
También se predice un aumento de la tasa de calentamiento, que, por ejemplo, en
el Ártico ascenderá a 1,2 ºC por decenio en las primeras décadas de este siglo, para
alcanzar los 3 ºC por década hacia finales del siglo XXI; la proyección de los cam-
bios debidos al calentamiento global sobre la extensión de hielo ártico augura una
rápida pérdida de hielo y una reducción de su superficie a menos de 3 millones de
km
2
a finales del siglo XXI (gráfico 1), cifra tres veces inferior a la existente a prin-
cipios del siglo XX (v. revisiones en Rignot y Thomas 2002; Rignot et al. 2004;
Serreze, Holland y Stroeve 2007).
Todas estas pérdidas tienen importantes consecuencias climáticas y geopolíticas,
pero la característica diferencial en este medio es que suponen, a la vez, una reduc-
ción del «hábitat», es decir, de la superficie de hielo de los océanos polares. Este
libro contribuye a evaluar los efectos del calentamiento global sobre los ecosiste-
mas polares –hasta ahora no suficientemente valorados–, a través del análisis –a
cargo de algunos de los mejores expertos mundiales en este tipo de ambientes– del
impacto derivado de la exposición de sus aguas a la radiación solar –asociada a la
reducción de la cubierta de hielo–, incluyendo los elevados niveles de radiación
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Gráfico 1: Cambios observados durante el siglo XX en la superficie ocupada por el hielo marino
en el hemisferio norte, y predicciones derivadas del calentamiento esperado en el Ártico a lo
largo del siglo XXI
Fuente: National Snow and Ice Data Center, Estados Unidos.
ultravioleta que recibe el ecosistema antártico; además, en esta obra se examina la
respuesta al calentamiento global del ecosistema marino y, en particular, de la
abundante e importante megafauna que vive en este entorno.
Este libro recoge los contenidos del segundo ciclo de debates organizado conjun-
tamente entre el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Fun-
dación BBVA, en la Estación de Investigación Costera del Faro Cap Salines
(Mallorca), con el objetivo de propiciar la reflexión acerca de los desafíos y descu-
brimientos científicos en el campo de la biodiversidad marina, y de sensibilizar a
la sociedad respecto a la necesidad de conservar los océanos y las costas.
La obra ofrece, a través de las contribuciones de varios expertos de renombre
internacional, una visión prospectiva sobre el impacto del calentamiento climáti-
co en los ecosistemas polares.
Agradezco la financiación y el apoyo de la Fundación BBVA, que ha hecho posi-
ble la organización del evento del que dimana esta obra y la edición de la misma.
También quiero dar las gracias a José Manuel Reyero y sus colaboradores por la
ayuda prestada en la edición del libro.
BIBLIOGRAFÍA
IPCC (INTERGOVERNMENTAL PANEL ON CLIMATE CHANGE). Climate Change 2001: The
Scientific Basis. Contribution of Working Group I to the Third Assessment Report of
the Intergovernmental Panel on Climate Change (IPCC). J.T. Houghton, Y. Ding,
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RIGNOT, E., G. CASASSA, P. GOGINENI, W. KRABILL, A. RIVERA y R. THOMAS. «Accelerated
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SERREZE, M.C., M.M. HOLLAND y J. STROEVE. «Perspectives on the Arctic’s shrinking sea-
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VINNIKOV, K.Y., A. ROBOCK, R.J. STOUFFER, J.E. WALSH, C.L. PARKINSON, D.J. CAVALIE-
RI, J.F.B. MITCHELL, D. GARRETT y V.F. ZAKHAROV. «Global warming and Northern
Hemisphere sea ice extent». Science 286 (1999): 1934-1937.
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ÍNDICE DE FOTOGRAFÍAS
Pág. 10: Osos polares (Ursus maritimus) en la isla de Spitzbergen. © Jordi Bas
Foto 1: Oso polar (Ursus maritimus). © Juan Carlos Muñoz . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 14
Fotos 2-3: Investigadores trabajando en el Ártico durante la campaña de
investigación española ATOS-Ártico. © ATOS-Ártico . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 16
ÍNDICE DE ILUSTRACIONES
Mapa 1: Área ocupada por los océanos polares . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 17
Mapa 2: Aumento predicho de la temperatura promedio para distintas regiones
de la Tierra a lo largo del siglo XXI . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 19
Gráfico 1: Cambios observados durante el siglo XX en la superficie ocupada por
el hielo marino en el hemisferio norte, y predicciones derivadas del
calentamiento esperado en el Ártico a lo largo del siglo XXI . . . . . . . . . . . . . 20
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NOTA SOBRE EL AUTOR
Carlos M. Duarte es profesor de investigación del Consejo Supe-
rior de Investigaciones Científicas (CSIC) en el Instituto Medite-
rráneo de Estudios Avanzados (IMEDEA) en Esporles (Mallor-
ca). Ha trabajado en temas de ecología marina y oceanografía,
desde los trópicos hasta los polos. Además ha participado en tres
campañas en la Antártida, ha dirigido la campaña ATOS al Ártico
en el año 2007 y está involucrado en otros cuatro proyectos del
Año Polar Internacional.
e-mail: carlosduarte@ifisc.uib.es
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