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Motivar para Aprender o Aprender a Motivar

Autor: Centro de Asesoría Pedagógica

Motivación y estimulación del aprendizaje.

El trabajo que los docentes desempeñen en el aula debe estar debidamente planeado y sistematizado para que pueda ofrecer buenos resultados. Siguiendo este principio la mayoría de los profesores dedican gran parte de su tiempo a planear las clases que imparten, cuidando todos los aspectos metodológicos y tomando en cuenta las distintas fases que requiere la conducción de una clase.

Hay docentes que logran elaborar planeaciones impecables en la sistematicidad, riqueza y variedad de sus elementos, lo cual refleja el esmero manifestado en el aula y la experiencia acumulada.

El tiempo que los profesores dedican a la didáctica es sin duda necesario para que el proceso de enseñanza-aprendizaje esté debidamente estructurado, sin embargo, no es suficiente para garantizar que los alumnos participen activamente y cumplan con lo planeado en la didáctica.

Un aspecto de suma importancia en el proceso de enseñanza-aprendizaje que los docentes suelen olvidar y que se torna determinante en el aula es la motivación.

La motivación es fuente de acción y de interés en los individuos cuando se pretende producir el aprendizaje. Ningún profesor debe olvidar que los pro-cesos de aprendizaje incluyen aspectos cognoscitivos y afectivos que implican el ejercicio de la voluntad.

Alumnos brillantes que no encuentren en las acciones y discurso de los docentes la motivación suficiente para emprender un aprendizaje, se tornrán en educandos apáticos, no obstante que estén ante una planeación didáctica sistemática y con los recursos metodológicos más novedosos.

El manejo de la motivación por parte de los profesores es imprescindible en el inicio, desarrollo y cierre de una clase; de otro modo se corre el riesgo de que en cualquier momento la planeación didáctica fracase y no se consigan los resultados esperados.

Los profesores deben recodar que la motivación se da en dos planos: la motivación interna que cada alumno ya tiene consigo, y la externa que proviene del entorno del alumno y que está localizada principalmente en el profesor. Para algunos alumnos la motivación interna es suficiente para obtener buenos resultados en el aprendizaje; para otros, en cambio, no lo es; éstos requieren de la motivación externa que proviene del profesor.

La práctica diaria nos muestra que la mayoría de los alumnos requieren de la motivación del docente y por ello se convierte en un factor determinante en el aprendizaje.

Ofrecemos un conjunto de reflexiones sobre lo que es la motivación y su importancia en el aprendizaje de los alumnos.

También presentamos la descripción de procedimientos que los docentes deben utilizar para estimular la motivación en los alumnos. Dichos procedimientos se esperan sean aplicados por los profesores en el aula.

Motivación en general.

a) Motivos o propósitos

Los motivos o propósitos desempeñan un papel fundamental en la determinación de las actitudes y de la conducta humana en general. La vida humana, tanto individual como colectiva, sería incomprensible e inexplicable si perdiésemos de vista los motivos o propósitos que impelen al ser humano a obrar, a realizar un esfuerzo, a luchar y a afrontar sacrificios.

¿Por qué obra el ser humano de una manera y no de otra? ¿Por qué ama, conversa, trabaja, lucha, se asocia, se

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empeña y se esfuerza? ¿Por qué estudia, procura establecer contactos, conquista amistades, y lucha por mantener su 'status o posición social? ¿Por qué sacrifica, se domina a sí mismo, resiste a sus impulsos más profundos, o reacciona en contra del abuso, la prepotencia o la mezquindad?

En el fondo, condicionando todos estos modos de acción y de reacción, están los motivos o propósitos como fuentes de energía que orientan todo el proceso de ajuste del individuo y de las co-munidades a su medio físico y social.

Esos motivos o propósitos pueden ser:

· Incidentales, transitorios y superficiales, que condicionan la actitud y la conducta del individuo durante algunas horas o algunos días, sin repercutir profundamente en la personalidad.

· Permanentes, profundos e intensos, que dejan profundas huellas en la personalidad y orientan la vida del individuo, desde la infancia hasta la muerte.

Lo que acabamos de decir es respecto de la duración y persistencia de tales motivos o propósitos vitales. En cuanto a su colorido emocional o afectivo, muestran gran variabilidad, sobre la base de diferencias individuales irreductibles. En ciertos individuos son intensos y en otros se manifiestan fríos, calculados, y sin una carga emocional grande, pero más persistentes y sistemáticos; en otros, a su vez, son apenas semiconscientes, vagos, indecisos y ocasionales.

b) La dinámica psicológica de la motivación es la siguiente:

· La aprehensión o toma de conciencia del valor que represen-ta un objeto dado, una persona, una situación o un conoci-miento, en el esquema general de la vida del individuo o de la sociedad.

Esta aprehensión o toma de conciencia del valor puede ser:

Intuitiva, directa, espontánea.

Reflexiva, elaborada mentalmente, dirigida.

· La relación subjetiva de la persona con el valor aprendido. La mera aprehensión de valores, sólo por sí, no es suficiente para interesar al individuo e impulsar su actividad hasta el grado de máximo esfuerzo para conquistarlos. Un gran número de valores aprehendidos por nosotros y considerados como tales, permanece en nuestros horizontes menta-les como una galería de valiosas estatuas, sin impulsarnos a obrar y a esforzarnos para conquistarlos; es que no llegamos a establecer una relación de posibilidad o de convivencia entre esos valores permanecen fuera de la órbita de nuestras aspiraciones y no dinamizan nuestra actuación.

Del conjunto de los valores objetivos y reales que aprendemos, seleccionamos aquellos que mejor se prestan para satisfacer nuestras necesidades, deseos o aspiraciones y que parecen estar al alcance de nuestras posibilidades, ya sea inmediatas, o bien, alejadas en el espacio y el tiempo.

· Impulso y polarización del esfuerzo personal para la consecución del valor. Una vez que se ha establecido la relación 'persona valor', se produce en el individuo una fuerte tensión energética que lo impulsa a obrar y a empeñar su esfuerzo. El valor, una vez que se ubicó en el nivel de aspiraciones del individuo, polariza todo el empeño y la energía del mismo.

Estos son los tres momentos o fases esenciales de la motivación, tanto de la conducta humana en general, como del aprendizaje en el nivel escolar. En ambos casos, la dinámica psicológica de la motivación es esencialmente la misma:

Aprensión o toma de conciencia del valor.

Relación de la persona con el valor aprehendido y de-seado.

Impulso y polarización del esfuerzo personal para la consecución del valor.

La motivación no es un problema exclusivo de la enseñanza y del aprendizaje.

Permítasenos deducir algunas conclusiones sobre la motivación del comportamiento humano en general, y del aprendizaje en particular.

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Cualquier motivación es siempre mejor que ninguna.

La motivación positiva por los incentivos, por la persuasión, por el ejemplo y por la alabanza, es más eficaz y provechosa que la negativa, hecha por amenazas, gritos, reprensiones y castigos.

Motivación del aprendizaje.

  • a) Al aprendizaje, como actividad personal, reflexiva y sistemática que busca un dominio mayor sobre la cultura y

sobre los problemas vitales de los alumnos.

· Atención y esfuerzo sobre áreas nuevas de observación, de estudio y de actividad.

· Autodisciplina, con el de otros placeres y satisfacciones inmediatos, para realizar los estudios y cumplir las tareas exigidas.

· Perseverancia en los estudios y en los trabajos escolares, hasta adquirir el dominio de la materia de estudio, de modo que sea de utilidad real para la vida.

Para conseguir que los alumnos aprendan, no basta explicar bien la materia y exigirles que aprendan; es necesario despertar su atención, crear en ellos un genuino interés por el estudio, estimular su deseo de conseguir los resultados previstos y cultivar el gusto por los trabajos escolares. Ese interés, ese deseo y ese gusto actuarán en el espíritu de los alumnos como justificación de todo su esfuerzo y trabajo para aprender.

Motivar es despertar el interés y la atención de los alumnos por los valores contenidos en la materia, excitando en ellos el interés de aprenderla, el gusto de estudiarla y la satisfacción de cumplir las tareas que exige.

Motivar el aprendizaje es hacer irrumpir en el psiquismo de los alumnos las fuentes de energía interior y encauzar esta energía para que los lleve a aprender con empeño, entusiasmo y satisfacción. No habrá entonces coacción ni hastío, y el aprendizaje será más eficaz y lucrativo.

  • b) El interés legítimo, resorte de todo el esfuerzo y de todo el aprendizaje, puede ser:

· Práctico y utilitario, o trascendental y abstracto.

· Egoísta, altruista o socializado.

· Inmediato, o mediato y remoto.

Bajo cualquiera de esas formas, el interés es esencial para el éxito del aprendizaje. Los alumnos sólo aprenden bien lo que les inter-esa realmente.

  • c) Todo estudio exige siempre esfuerzo y concentración.

Para que los alumnos realicen el esfuerzo de estudiar nuestra materia será menester que encuentren en ella significados y valores que den sentido al empeño que manifiesten y que justifiquen el gasto de sus energías físicas y mentales.

Para lograr que nuestros alumnos estudien y aprendan la materia que enseñamos, no basta con presentársela de un modo erudito en clases formales, mediante monólogos expositivos, que desarrollen la materia en el nivel de capacidad del profesor. Será necesario, ante todo, presentársela en forma de mensajes signifi-cativos que hagan resaltar en la mente de los alumnos los valores básicos y vitales que contiene nuestra disciplina. Será necesario, sobre todo, adecuar nuestra materia al nivel de capacidad y comprensión actual de los alumnos y organizar los planes de trabajo mediante los cuales, desde el principio del año escolar, se los conduzca a interactuar de un modo constructivo y provechoso con la materia que se estudia.

Concentrando eficazmente la atención de los alumnos, orientando con seguridad el pensamiento reflexivo de los mismos y comprometiendo su actividad en planes de trabajo y tareas adecuados al nivel de capacidad y comprensión de los mismos, el profesor creará las condiciones necesarias para una auténtica motivación. Esa será la condición esencial y básica para que nuestros alumnos logren un alto nivel de rendimiento en su trabajo. Teniendo presente este

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objetivo, el profesor realizará su función de incentivación, que la moderna didáctica considera de fundamental importancia para la eficacia de la enseñanza.