Popper y Nuestro Black Swan Monclovita.

Ahora que parece que nuestro Presidente ha explicitado con rotundidad que es él quien hace la Política Económica en nuestro país, creo que sería conveniente revisar, desde la experiencia japonesa de los años 90, algunos determinantes de Política Económica. En cuanto al resultado de su posible atrevimiento, preferiría dejárselo a Nicolás Taleb Nassin que es el especialista en eventos aleatorios con consecuencias drásticas o Black Swans. Antes he de empezar diciendo que las condiciones de la Economía Global, aunque similares, difieren de las que experimentó Japón durante su última deflación. El problema entonces era de una Parte, hoy lo es del Todo. Aún así, debe considerarse lo siguiente: 1. La Equivalencia Ricardiana: este desarrollo teórico, que suele descolocar a los keynesianos, sugiere, muy resumidamente, al menos dos hipótesis fundamentales:
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La Primera: que da igual si el déficit publico se financia vía deuda o impuestos, pues su efecto expansivo será el mismo. Esto tiene su importancia, ya que al encontrarnos en un entrono de bloqueo crediticio obviamente no es cierto. La Segunda: por los desarrollos de Barro, quien sugiere que el contribuyente modificará sus expectativas por la acción del gobierno, ahorrando más para así poder pagar los impuestos futuros, neutralizando la expansión fiscal. Es aquí donde algunos explican la bajísima eficacia de las políticas expansivas, en Japón.

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Yo diría que ya el lector ha concluido que, en la situación actual, ambas hipótesis están interrelacionas; de hecho, yo aseguraría que la gestión económica del gobierno y su endeudamiento, bajo las actuales condiciones deflacionarias, pesan como una losa sobre las expectativas y las disponibilidades de consumo de los españoles. Sin llegar a los extremos de Antal Fekte, profesor de Dinero y Banca de la Universidad de San Francisco, en su interesante ensayo sobre la productividad marginal de la deuda, lo cierto es que el despilfarro fiscal, financiado vía deuda o impuestos, podría incluso acelerar la deflación y desquiciar, si no lo ha hecho ya, la espiral descendente de nuestra economía. 2. La Mala Gestión Económica: Lo que se ha de tener muy presente, es que lo grueso de la crisis, tanto la nuestra, como la del resto mundo, tiene su origen en una pésima gestión económica y empresarial, tanto pública como privada. Cualquier acción de calado, que no ataque lo anterior de raíz, no hará más que aumentar los temores de los ciudadanos: más impuestos con la misma gestión sería suicida. 3. El Desequilibrio de los Balances: la explosión de la burbuja inmobiliaria ha producido tal rotura de balances, sobre todo en los bancos, que hasta que los agentes económicos no los reparen, vía provisiones y des-apalancamiento, no seremos capaces de alcanzar un nivel

de PIB de equilibrio que nivele las cuentas fiscales y expanda el consumo de las familias. A este respecto les recomiendo, como aperitivo, el excelente trabajo de Richard C. Koo, Economista Jefe del Nomura Research Institue de Tokio. Es en este apartado es donde uno se pregunta cómo es posible que no hayamos reformado ya la legislación sobre Cajas de Ahorro y nacionalizado todas aquellas que sabemos caerán en los próximos dos años; aunque, atendiendo al punto 2, tal vez sea mejor no hacerse la pregunta en público. No es fácil determinar las dimensiones de la avería. Don Alberto Recarte calcula que, solo por el quebranto inmobiliario, la banca afrontará en los próximos años unas pérdidas de 100.000 MM de Euros, casi 10% del PIB; a ello habría que agregar la parte de familias y empresas. Luego faltarían otros quebrantos por la crisis y con un origen distinto. 4. Credit Crunch: causa y efecto del punto anterior, merece tratarse aparte. Nuestra pertenencia al Euro debería haber llevado a nuestros políticos a comportarse como si estuviéramos en el patrón oro; pensemos que esto nos acerca a las condiciones en que Ricardo vivía cuando formuló su Equivalencia. Lo normal habría sido evitar el endeudamiento exterior (165% del PIB), el déficit comercial exterior (próximo al 10% del PIB), el apalancamiento bancario, la pérdida de competitividad internacional, las restricciones al mercado interior, el aventurismo internacional, el déficit fiscal y su crowding out y toda una serie de hábitos públicos que nos llevan de nuevo al punto 2. Me detendré solamente en el caso del mercado interbancario, que lleva más de un año cerrado y que no se es capaz de activarlo porque las instituciones financieras no se fían del BdE, que al parecer aún no se ha enterado de que DEBE trabajar CON las instituciones financieras y NO al margen; aunque no me extrañaría que alguna pensara que les va a la contra. Como para pedirle pues al BdE la compleja tarea de que reavive la creación de dinero bancario, verdadero catalizador del actual Credit Crunch. En este apartado lo más urgente es que nuestra banca ha de devolver cada año, de nuevo según Recarte, unos 80.000 millones de euros de endeudamiento a terceros, durante cada uno de los próximos 5-6 años, que equivalen a casi la mitad de nuestro ahorro interno. Adicionalmente, la banca internacional ha de pasar de prestar el 160% de sus depósitos a una situación más racional de la que nunca debimos salir y que nuestro banco central no supo encauzar como lo hicieron otros en situaciones más difíciles. Los ajustes en las distintas áreas pueden requerir un lustro en términos de ahorro nacional. Solo nos falta que en el colmo de nuestros males seamos testigos de cómo nuestro liderazgo sigue, con su fútil e inconsciente labor epistemológica de falsacionismo ingenuo, intentando demostrar, a nuestra costa, si la Equivalencia Ricardiana, es correcta o no y que a los postulados de Bernard de Mandeville se les puede dar la vuelta como a un calcetín, pues Los Vicios Públicos nos llevarán al Progreso Social (¡¿?!) Me resisto a creer que el adanismo ha llegado también a nuestra Política Económica.

Luis Riestra Delgado. 10/04/2009.

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