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E
l estudio de las adicciones abarca tanto el
abuso de sustancias legales (alcohol, cocaí
na), como ciertas conductas obsesivas (juego, co-
mida, trabajo) y también la adicción a personas,
como es el caso del dependiente-codependiente y
sus relaciones conflictivas, en las que impera el
enojo, la frustración, la desesperación, los celos y
la insatisfacción.
Aunque las adicciones en apariencia son dife-
rentes entre sí, tienen mucho en común. En el fon-
do de todas ellas se manifiesta la pérdida del con-
trol, la búsqueda del placer inmediato sin medir
consecuencias, la baja tolerancia a la frustración y
la constante necesidad de obtener plenitud, felici-
dad y paz a través de la relación con alguna sus-
tancia, objeto o evento.
La codependencia se da cuando un adicto de
sustancias nocivas transfiere su dependencia a una
persona, que puede ser un hijo, un amigo o una
pareja, convirtiéndola en un objeto al cual manipu-
lar y utilizar. Disfraza su adicción como un gran
cariño o un enamoramiento desbordante, que les
sirve, al igual que la sustancia, para evadir proble-
mas y responsabilidades.
La persona a quien el enfermo ha vuelto su ob-
jeto de adicción le soluciona sus problemas como
económico, de cuidados cotidianos, afectivos o
sexuales. La persona objeto toma decisiones por
el adicto, siempre está al pendiente de satisfacerlo
y poco a poco lo inutiliza, al igual que la sustancia,
evitándole crecer e independizarse. Esto sucede
porque la codependencia se basa más en cubrir
las necesidades de la otra persona, que en el amor
real. Por lo tanto, el codependiente termina frustra-
do, enojado y a la larga llega a un desmoronamien-
to físico y mental.
El deseo de fusión no se da indiscriminadamen-
te; al contrario, es bastante selectivo: se puede
sentir cariño por ciertas personas, amistad por
otras, atracción e incluso amor por algunas más,
sin que lleguen a provocar una conducta adictiva.
Para que una persona se convierta en el objeto
de adicción de otra debe tener ciertas cualidades,
que pueden ser muy diferentes para cada adicto.
Entre éstas se encuentran las físicas —alguien
chiquito y frágil puede inspirar la necesidad de prote-
gerlo, alguien con alguna incapacidad física provoca
las ganas de cuidarlo, alguien con un tipo agraciado
puede motivar una gran atracción sexual y ganas de
poseerlo—, la personalidad —ante alguien indeciso
uno siente que puede resolverle sus problemas; ante
alguien débil se cree que se le puede controlar; ante
alguien fuerte, que nos podrá proteger; ante alguien
necesitado o con problemas, que se le puede res-
catar; ante alguien muy dinámico y emprendedor,
que se le puede guiar o ayudar a encontrarle un sen-
tido a su vida— o la forma en que la persona objeto
se comporta con el adicto –alguien puede sentirse
atraída y obsesionada por alguien que lo trata muy
bien, y otros buscan personas de tratos abusivos; o
personas con un gran sentido del humor—.
Cuando la persona adicta encuentra cualquiera
de estas características, provoca una simbiosis tan
fuerte con la otra persona, que aunque a ésta le
parezca la relación terriblemente destructiva, se le
hará imposible terminarla.
Para poder mantener una relación así, donde por
lo general hay decepción, dolor y limitaciones, se
debe aprender a autoengañarse, pretendiendo sen-
tirse feliz, minimizando todas las situaciones des-
agradables y exacerbando los recuerdos eufóricos.
Para ello se recurre a estrategias como:
• La idealización: se disculpan constantemen-
te las cosas molestas o dañinas de la rela-
ción, se exaltan ciertos detalles para cubrir
grandes carencias, se atribuyen a las perso-
nas cualidades que en realidad no posee.
Amor o adicción
Libe M. de Oldak
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• La racionalización: se dan buenas razo-
nes para permanecer en la relación, se po-
nen excusas al comportamiento de la otra
persona y se cancelan los motivos para de-
jarlo. Así se puede seguir dando rienda suelta
a la adicción y no enfrentarse a la dolorosa
realidad que pudiera terminar con ella.
• Se mantienen falsas esperanzas de que
todo va a cambiar.
• Se mantiene una fantasía de que esta per-
sona nos puede hacer felices, de que da
sentido a nuestras vidas, llena todas nues-
tras necesidades y hace que los problemas
desaparezcan; de lo contrario la vida puede
percibirse como espantos, solitaria y vacía.
Como la relación se torna tan importante, em-
pieza a haber un miedo exagerado al abandono o
al rechazo de la persona objeto, y por ello se trata
de controlar la relación por medio de juegos de po-
der, utilizando amenazas, manipulando a la perso-
na por medio de la debilidad, o atacándola con
mensajes culpígenos.
Otro mecanismo de control son los celos y se
basan tanto en el miedo de perder a la persona
objeto como en el mito de que, si no somos los
únicos seres para la persona objeto, es porque no
valemos o no somos lo suficientemente buenos o
atractivos.
En el caso de los celos sexuales existe la creen-
cia de que el esposo o el amante le da a otra perso-
na lo que a uno le pertenece; existe la creencia de
que si se mantienen relaciones sexuales con la
pareja, esto da derecho de propiedad sobre ella.
No se tiene que sentir atracción por una persona
para celarla, en ocasiones basta una idealización
hacia la otra persona, o una autodevaluación para
provocarlos; es el temor a ser sustituidos y no vale
lo suficiente para encontrar a alguien más.
Los adictos se vuelven fanáticos de sus rituales
y sus objetos de adicción se transforman en sím-
bolos muy importantes. De esta forma la comida
se convierte en un símbolo fundamental para el
comedor compulsivo, el alcohol se vuelve más im-
portante que la vida misma para el alcohólico y en
las relaciones conflictivas, la persona objeto se vuel-
ve en el centro de interés del adicto, lo que da como
resultado relaciones muy dolorosas.
En la adicción se desarrolla la tolerancia, es decir,
la necesidad de ingerir mayores cantidades de la sus-
tancia adictiva para experimentar el efecto deseado.
En el caso de la adicción a personas esto no es dife-
rente y se llega a un punto en donde la relación ya no
produce placer, pues hay mucho dolor involucrado y
es necesario escapar de ella, y aunque la persona
adicta sienta que el dolor disminuye mientras perma-
nece activa, el dolor siempre está presente.
La recuperación a la dependencia y
codependencia se da en la medida que la persona
adicta reconozca y acepte su enfermedad, para esto,
lo más probable es que necesite ayuda profesional.
Saber que existen personas, grupos e institucio-
nes que conocen acerca del manejo de las
adicciones puede ser de gran alivio y mucha ayuda.