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PENSAMIENTO Y OBRA DE PEDRO HENRÍQUEZ UREÑA

Andrés L. Mateo
Siempre me interrogué sobre cómo iniciar una conferencia que tratara la
importancia de la obra de Pedro Henríquez Ureña, en el concierto de la historia
del pensamiento hispanoamericano. confieso que la idea me parecía
intimidante, porque si alg!n pensador hispanoamericano se desplegó
acopiando una gran cantidad de temas de nuestra "ida espiritual ese fue Pedro
Henríquez Ureña, # lo hizo con el mu# definido ob$eti"o de sacar a flote la
especificidad cultural del continente hispanoamericano. Si de entrada tu"iera
que definir un ob$eti"o singular a una obra tan plural, diría que toda la erudición
de Pedro Henríquez Ureña estu"o al ser"icio de ese ob$eti"o, # que los temas
sectoriales que abordó, como en el poema de %orge &anrique, eran pequeños
ríos que iban a dar a la mar de esa angustia inaguantable de los intelectuales
del siglo '(' americano, por definir las características de su e)presión cultural.
*uestro recorrido relampagueante debería por lo tanto comenzar con un libro
canónico de la cultura hispanoamericana+ Seis ensayos en busca de nuestra
expresión, de ,-./0 porque este libro le dio ma#or fama literaria # lo con"irtió
en un referente obligado. 1s, a mi modo de "er, después de Seis ensayos en
busca de nuestra expresión” que la totalidad de la obra de Pedro Henríquez
Ureña adquiere el sentido de un cuerpo unitario+ la b!squeda de esa diferencia
del continente americano, las manifestaciones que afincan la opción de
construir un uni"erso propio, las particularidades sobre las que estas nue"as
tierras edificar2n su prosapia, el empeño por fundar una dialectología que
e)plicara las particulares formas de cada región en el uso de la lengua, todas
las horas de refle)ión destinadas a darle forma # continuidad al pensamiento
del continente, cada línea sobre 1spaña, sus estudios sobre las grandes
figuras, el esfuerzo descomunal de organizar los distintos periodos de la
historia de la literatura, la "oluntad de analizar 3la otra 4mérica5 como algo
diferente, la minuciosidad de acompañar con el trasfondo de la historia
particular americana las etapas fundamentales del surgimiento de sus
manifestaciones artísticas, el ob$eti"o de construir 3la alta cultura5 como un
resultado histórico de esa masa social que emerge de la disolución de la
colonia # erige rep!blicas, el af2n de e)plicar las formas de asimilación del
pensamiento europeo, el detalle preciso a la hora de analizar el barroco
americano, la paciencia de in"entariar, una por una, las hazañas del espíritu #
no las de la guerra, se e)plicar2n tras desplegar su saber implícito en Seis
ensayos en busca de nuestra expresión, # se articulan en una totalidad, en un
sistema. 1s m2s que un libro, es la cla"e de todos sus libros. Sus obras
anteriores se le parecen, las que "endr2n saldr2n de él.
Seis ensayos en busca de nuestra expresión comienza por deslindar,
especific2ndolos, los caminos que han pretendido e)plicar nuestra propia
a"entura espiritual. 1l an2lisis de las di"ersas fórmulas de americanismo no es,
sin embargo, e)clu#ente. 6ada quien e)presar2 un momento, una determinada
porción de e)istencia real que no atrapa la riqueza infinita de nuestro "erdadero
ser. 37os criollistas tendr2n sus razones58 piensa él83&undo "irgen, libertad
recién nacida, rep!blicas en fermento, ardorosamente consagradas a la
inmortal utopía+ aquí habían de crearse nue"as artes, poesía nue"a. *uestras
tierras, nuestra "ida libre, pedían su e)presión5. 1s la "í"ida naturaleza de
nuestra e)istencia, lo que él llama 3independencia espiritual5, que "a m2s all2
de la independencia económica o política # cerca con angustia los atisbos de
nuestra mismidad. 92pidamente a los criollistas se le oponen los intelectuales
que miran hacia 1uropa en un gesto de insuficiencia, porque solo "aloran los
paradigmas que "ienen del "ie$o continente. Pedro Henríquez Ureña los
enfrenta diciéndoles+ 3:odo aislamiento es ilusorio.;<= :enemos derecho a
tomar de 1uropa todo lo que nos plazca, siempre que esto no estorbe el aflorar
de la energía nati"a ni el ansia de perfección5. Pero a su "ez amplía el marco
de la confrontación+ 31)istieron, sí, e)isten toda"ía los europeizantes, los que
llegan a abandonar el español para escribir en francés, o, por lo menos,
escribiendo en nuestro propio idioma a$ustan sus moldes franceses a su estilo #
hasta piden a >rancia sus ideas # sus asuntos. ? los hispanizantes, enfermos
de locura gramatical, hipnotizados por toda cosa de 1spaña que no ha#a sido
trasplantada a estos suelos5. luego describe las causas de nuestros afanes+
3*uestra inquietud se e)plica. 6ontagiados, espoleados, padecemos urgencia
rom2ntica de e)presión. *os sobrecogen temores s!bitos+ queremos decir
nuestra palabra antes de que nos sepulte no sabemos qué inminente
dilu"io5;<=
@ilema que se enreda en la lengua misma con la cual construimos los mundos
imaginados, porque el nue"o continente habla la lengua del conquistador, # su
"ida espiritual misma así como sus instituciones son el resultado de un hecho
de fuerza+ el proceso de descubrimiento, conquista # colonización. 7o diferente,
lo propio del mundo americano, tendr2 que ser repu$ado con originalidad desde
una lengua que es nuestra # a$ena+ 3*o hemos renunciado a escribir en
español, # nuestro problema de la e)presión original # propia comienza ahí.
6ada idioma es una cristalización de modos de pensar # de sentir, # cuanto en
él se escribe se baña con el color de su cristal. *uestra e)presión necesitar2
doble "igor para imponer su tonalidad sobre el ro$o # el gualda5.
1s desde esa lengua que 4mérica debe buscar el acento propio, haciendo un
esfuerzo supremo, desterrando la pereza, la falta de rigor, la ausencia de
disciplina. en este punto de ese libro Pedro Henríquez Ureña define su propio
método+ 3&i hilo conductor58 dice83ha sido el pensar que no ha# secreto de la
e)presión sino uno+ traba$arla hondamente, esforzarse en hacerla pura,
ba$ando hasta la raíz de las cosas que queremos decir0 afinar, definir con
ansias de perfección5.
7a estrategia de Seis ensayos en busca de nuestra expresión es pro"ocar el
pensamiento creati"o # empinarse sobre la historicidad particular de nuestra
"ida espiritual. 7os $uicios de este libro fueron tan bellamente te$idos que
incluso la dureza con que los usa pasa inad"ertida. 4mérica # las "icisitudes de
sus manifestaciones intelectuales es su tema. 1n particular, los primeros tres
ensa#os se regaron como pól"ora, # sobre todo el primero, 31l descontento # la
promesa5, desga$ado del con$unto, pasó a ser uno de los te)tos m2s citados de
la historia de la literatura # el pensamiento hispanoamericano.
Auiero decir que este libro liquidó la estruendosa discusión de los intelectuales
decimonónicos hispanoamericanos, quienes a partir de la 3Beneración de
,/CD5 en la 4rgentina, con la figura del rom2ntico 1che"erría a la cabeza, se
plantearon la b!squeda de modelos ideales que definieran nuestra identidad.
@e ahí "iene esa tumultuosa discusión de los arquetipos de desarrollo del siglo
'(' que encarnaban 3la ci"ilización contra la barbarie5, # que él sepulta
elegantemente, en este te)to fundacional del continente americano.
Para llegar a él ha agotado di"ersos procedimientos de in"estigaciones
filológicas, lingEísticas, culturológicas, filosóficas, históricas # literarias. lo ha
hecho con la línea que proclamar2 una # otra "ez+ 3el ansia de perfección.5
a a principios de ,-.F escribe su mu# reconocido # discutido ensa#o El
supuesto andalucismo de América, que aparecer2 en los 6uadernos del
(nstituto de >ilología # se publicar2 ampliado en Guenos 4ires con el título de
Sobre el problema del andalucismo dialectal de América. Solo este tema coloca
a Pedro Henríquez Ureña en un sitial preponderante en los estudios lingEísticos
americanos, # pese a todo lo que se ha discutido sobre el mismo, 4mado
4lonso dice+ 34 Pedro Henríquez Ureña cabe el honor de haber sido el primero
en plantear la interpretación genética de los principales caracteres del español
americano sobre bases realistas # críticas, sin los pre$uicios impresionistas que
lo daban como mera prolongación del lengua$e de los andaluces0 # el primero
también en describir # ordenar su comple$idad regional, anulando la idea
simplificadora que de él se hacían hasta entonces los lingEistas5.
1n el caso específico de sus estudios lingEísticos # filológicos, su producción
inicial es de ,-.,, con un pequeño traba$o #a cl2sico+ Observaciones sobre el
español de América, donde comienza por establecer zonas de estudio, de
acuerdo con la e"olución particular e historicidad específica de las
características de los hablantes de cada región. :ema "irgen entonces, la
utilidad de sus obser"aciones le ser"ir2 para enfrentar la amplia gama de
in"estigaciones que desarrollar2 ba$o el patrocinio del (nstituto de >ilología de
Guenos 4ires, $unto a don @2maso 4lonso. Ha# que decir que él fue pionero de
los estudios dialectológicos americanos, # que en ese aspecto aparecen te)tos
como Observaciones sobre el español de México, de ,-HI0 Palabras antillanas
en el diccionario de la Academia, ,-HF0 El español en la zona del mar aribe,
,-HD0 1l español en México y sus vecindades, ,-HD0 Estudios y notas al
español en México, los Estados !nidos y la América entral , ,-H/. , por
supuesto, su !ltimo estudio dialectal, publicado en el ,-IJ, El español en
Santo "omin#o. @entro de este grupo caben también sus monografías,
recogidas por el (nstituto de >ilología de Guenos 4ires ba$o el título Para la
$istoria de los indi#enismos, ,-H/0 un estudio sobre "ocablos referidos a
alimentos americanos integrados al espacio cultural de la conquista española+
3Papa5, 3Gatata5, 3Kame5 3Goniato5, etc. 1n sentido estricto, esta obra descansa
en las propuestas de la filología del modo que Lolf la concebía, escarbando
desde la palabra escrita las manifestaciones culturales con que ella se
relaciona, el trasfondo de la historia, porque la filología es hi$a del historicismo.
6ada palabra, en el an2lisis de Pedro Henríquez Ureña, traza su a"entura
particular en el encuentro que se produce entre indígenas # españoles.
1)amina la relación entre la palabra # la cosa nombrada, sus deformaciones,
sus "ínculos con las estrategias del colonizador para lograr su alimentación en
un medio hostil, recién descubierto, que la lengua de que era portador el
español peninsular no estaba preparada para nombrar. 1l me$or e$emplo de la
pertinencia de estos estudios puntuales es la monografía El eni#ma del a%e,
referida a un "egetal nombrado abundantemente por las crónicas españolas
hasta el siglo 'M(((, pero sin que se supiera de qué planta se trataba. 1l cerco
historicista tendido sobre la palabra misma "a poco a poco definiendo a qué
alimento específico se referían las notas apresuradas de los cronistas,
empleando te)tos escritos # asociación culturológica. &étodo filológico que
emplear2 incluso en estudio pioneros sobre aspectos del habla americana,
como el 3"oseo5, # cu#as ?bser"aciones sobre el español de 4mérica,
contienen las primeras notas sistem2ticas para el estudio de este giro dialectal.
(gualmente se debe destacar en esta línea su estudio sobre el "ocablo
36aribe5, un término de amplísima difusión mitológica desde el mismo siglo 'M(,
sobre el que muchas le#endas europeas edificaron un anatema americano
"incul2ndolo a la palabra 3caníbal5. 1s la e)pansión de este "ocablo lo que él
estudia, # las condiciones históricas que lo propician, fund2ndose en
referencias literarias # relaciones históricas que arro$an luz sobre su "alor
específico.
Pero antes, en la b!squeda de esta especificidad hispanoamericana, había
combatido enérgicamente contra la corriente positi"ista que el llamado grupo
de 3los científicos5 esgrimía como sustentación ideológica de la dictadura de
Porfirio @íaz, en &é)ico. 1ste período en &é)ico que "a de ,-JC a ,-,I es de
"ital importancia para la maduración de sus ideas, porque su mundo intelectual
encuentra en ese &é)ico en llamas un caldo de culti"o apropiado para
manifestarse, # su acti"ismo es casi inabarcable. 7o primero es destacar esa
contradicción que lo lle"a a enfrentarse en &é)ico a los positi"istas, cuando su
formación inicial, la de su madre # la de su padre, respondían al positi"ismo
transformador del mundo americano. Pero lo cierto es que, $unto a pensadores
como 4lfonso 9e#es, 4ntonio 6aso, %osé de Masconcelos, # todos los
miembros del 4teneo de la %u"entud, integraron lo que se conoce como 37a
generación del centenario5, que constitu#en el pensamiento precursor de la
re"olución me)icana de ,-,J. :oda la bibliografía sobre este período consigna
la figura de Pedro Henríquez Ureña como la de un 3$o"en maestro, un 3
Sócrates dominicano5, seg!n le denominaban sus compañeros del 4teneo. si
en este aspecto su impronta es profunda, los logros destinados a fundar la
especificidad del mundo americano son toda"ía m2s importantes.
Por e$emplo, en &é)ico pronunció durante este período su famosa conferencia
sobre %osé 1nrique 9odó, que abrió el ciclo del arielismo en el mundo
americano. , adem2s, pidió a 4ntonio 6aso que estudiara las refle)iones
filosóficas de 1ugenio &aría de Hostos, # escribió su ensa#o 37a sociología de
Hostos5, publicado en su libro &oras de Estudio que se editó en París en el
,-,J. Son estos te)tos los que inician los estudios sobre Hostos. :ambién, en
el ,-,H, escribe su discutido ensa#o sobre la me)icanidad de %uan 9uiz de
4larcón, tesis audaz que ponía en entredicho un lugar com!n en los estudios
literarios, seg!n el cual el autor de 'a verdad sospec$osa nada debía a la
patria de origen. 9espondía Pedro Henríquez Ureña, asombrosamente, a
&enéndez # Pela#o, uno de los críticos que m2s influencia tenía en él, # a otros
españoles, para quienes el origen me)icano de 4larcón no se refle$aba en su
obra, por lo que lo refundían en las letras españolas del siglo 'M(( sin ning!n
miramiento. ?poniéndose a esta tesis, que era pacientemente aceptada incluso
por la intelectualidad me)icana, plantea que, por el contrario, 4larcón lle"a a la
literatura española rasgos que !nicamente se e)plican por la cultura me)icana
del autor. 1stos rasgos son los propios de su atmósfera, dentro de las letras
españolas, # se identifican en ese 3matiz crepuscular, el tono "elado, la cortesía
e)agerada # distanciadora, # el sentimiento discreto5. 7a tesis es que esos
rasgos est2n ahí por el origen me)icano del autor, # son definitorios de una
identidad que no puede ser borrada. 1sta tesis sobre la me)icanidad de %uan
9uiz de 4larcón fue asumida por la historia de la literatura española e
hispanoamericana, # ho# día es un lugar com!n.
1n esta etapa logra también aclarar qué es lo que Hispanoamérica aporta a
esos mo"imientos artísticos uni"ersales que llegan a 4mérica pro"enientes del
continente europeo. 4pro"echando la Antolo#(a del centenario que él prepara
en &é)ico $unto %oaquín B. Urbina, se plantea la re"alorización de Sor %uana
(nés de la 6ruz, # la identificación de los matices del barroco americano en
relación con el barroco europeo. @espués de analizar tanto a Gernardo de
Galbuena como a Sor %uana (nés de la 6ruz, establece estas diferenciaciones,
que ho# miles # miles de profesores de literatura hispanoamericana en el
mundo repiten sin saber que "ienen de la obser"ación aguda # la erudición de
Pedro Henríquez Ureña, # que son parte de esa estrategia destinada a fundar
la especificidad cultural del mundo americano.
6apítulo aparte requiere su tesis doctoral sobre 'a versi)icación irre#ular en la
poes(a castellana, publicada en el ,-.J en &adrid, como uno de los primeros
libros del 6entro de 1studios Históricos que dirigía 9amón &enéndez Pidal. Se
puede decir que la publicación de este libro abre la etapa erudita del crítico
dominicano, no solo por el ele"ado cuerpo e)positi"o # el dominio tem2tico, así
como las referencias bibliogr2ficas que se despliegan en la tesis con toda
naturalidad # hasta elegancia, sino porque el espaldarazo que recibe en la
misma 1spaña constitu#e un en"ión al m2s alto peldaño de la intelectualidad
en lengua castellana. 1l prólogo lo escribió el propio &enéndez Pidal, lo que
equi"alía entonces a una consagración definiti"a, # las palabras del "ersado
filólogo "an m2s all2 del elogio, confirmando la penetración del $uicio, el rigor #
la sapiencia del pensador dominicano.
Para tener una idea de lo que significó esta tesis de grado en el 2mbito
particular de la academia norteamericana, "amos a leer lo que escribe 4lfredo
9oggiano en su libro Pedro &enr(*uez !reña en los Estados !nidos+ 3Sin
e)ageración5 8dice 9oggiano8 3podemos decir que su tesis doctoral hizo época
# sir"ió de modelo a futuros estudiantes e in"estigadores, especialmente
hispanoamericanos, a quienes por entonces se les miraba con cierto recelo #
poco fa"orable estimati"a. Bracias a Pedro Henríquez Ureña, # poco después a
otro distinguido hispanoamericano, el chileno 4rturo :orres 9ioseco, quien
también se doctoró en &innesota con una tesis e$emplar, las uni"ersidades de
1stados Unidos fueron abriendo sus puertas, cada "ez m2s, a estudiantes #
profesores de la 4mérica hisp2nica5.
*o es posible abarcar, en esta bre"e "isión del pensamiento # la obra de Pedro
Henríquez Ureña, el "asto arsenal de ideas # libros puestos a circular como
sustentación del esfuerzo por sacar a flote la particularidad del mundo
americano. Pero no podríamos terminar sin citar dos te)tos capitales+ 'as
corrientes literarias en la América &isp+nica e &istoria de la cultura en la
América $isp+nica, por ser dos libros cu#a importancia reside en el hecho de
que culminan esta b!squeda, # permiten organizar #a ideas concretas respecto
de esa particularidad del ser americano.
'as corrientes literarias de la América $isp+nica es un libro producto de una
circunstancia e)traordinariamente especial, la in"itación que le giró la
Uni"ersidad de Har"ard para ocupar la c2tedra 6harles 1liot *orton, en la cual
dictó un curso en idioma inglés. 7a in"itación lo con"irtió en el primer
hispanoamericano que asumió esa c2tedra, antes frecuentada por figuras de
talla mundial como Bilbert &urria, 4lbert 1instein e (gor Stra"insN#. @urante
todo el año lecti"o de ,-IJ8,-I, Pedro Henríquez Ureña desarrolló sus clases,
# las ocho conferencias que lo integraban se publicaron en idioma inglés en
6ambrige, en el ,-IF. @espués de su muerte, en ,-I-, con traducción de su
amigo %oaquín @iez86anedo apareció una edición me)icana con el título que
ho# conocemos+ 'as corrientes literarias de la América $isp+nica. 7ibro
reconocido hasta la saciedad, su impronta queda como una de las grandes
síntesis de nuestra historia particular. 1n cierto modo, es una continuidad de
Seis ensayos en busca de nuestra expresión # da el toque final al edificio de
ideas que sobre el mundo americano erigió su pensamiento indagador. 1milio
6arilla dice que este libro 3es el final de un largo proceso que alcanza su meta
en el momento oportuno. 1s decir, cuando casi una "ida dedicada al tema lo
obliga a concretar finalmente esta obra de síntesis # larga sedimentación5.
(gualmente, como síntesis magistral de su pensamiento, en estos días finales
de su "ida, Pedro Henríquez Ureña escribe su libro &istoria de la cultura en la
América $isp+nica. &a) Henríquez Ureña dice en &ermano y maestro que 3la
terminó tres días antes de que lo sorprendiera la muerte5, como si bregara
contra su designio # le urgiera de$arla como testamento. Se publicaría, también,
póstumamente, en el ,-ID #, $unto a 'as corrientes literarias de la América
$isp+nica se con"ertir2 en obra medular de todo su pensamiento americanista.
4mbos libros con$ugan un con$unto de datos, fechas # nombres, bailando
alrededor de las obras artísticas # literarias de los m2s significati"os momentos
creati"os del continente, con el telón de fondo de la historia. 1s un fresco
gigantesco, casi increíble, de acontecimientos, obras # persona$es, que se
despliegan sobre un marco e)plicado en atención a su formación particular # su
resultado espiritual. 1mpleando uno de los rasgos de su estilo m2s conocido,
estas dos obras de su madurez plena fundan el $uicio en la erudición, pero con
una prosa tan di2fana, tan fluida, que apunta a la di"ulgación. Siglos
angustiosos de "ida espiritual atra"iesan su "erbo creador+ la colonia, ese
espacio en el que se asientan en el mundo americano el alma # el espíritu del
conquistador europeo0 el período de la independencia, etapa en la que
proclamamos señorío e iniciamos la otra independencia, la espiritual, que llena
sus afanes intelectuales, # que él busca hacer emerger en su especificidad.
finalmente, esas sublimes etapas de bruteza en las que reina la anarquía #
sobre"iene el caos, hasta alcanzar la organización de un mundo que ha
batallado por su definición, # desde el penacho de su historia con"ulsa muestra
lo propio. 4 estos dos libros debe la historia de la cultura # la literatura
hispanoamericana toda la estructura de su periodización con las cuales se
estudian ho# día estos temas. *o ha# manera de eludirlo, 4mérica era su tema
# su obsesión. Mictoria ?campo, la e)quisita escritora # animadora cultural
argentina, escribió algo con lo que quiero terminar esta mu# bre"e conferencia
sobre una "ida tan fértil+ 37a presencia de Pedro cuando había e)tran$eros a
quienes era necesario e)plicar qué es 4mérica, o contra los cuales urgía
defenderla, obraba milagros. 1st2bamos seguros de que iba a saberlo todo, a
encontrar para todo la respuesta inmediata, # a cantarle la "erdad al m2s
pintado. ;<= ?írle hablar de 4mérica, cu#o presente # pasado parecía
conocerse de memorias, como pocos escritores en el mundo entero, era de un
interés inagotable5 %orge 7uis Gorges, tan parco en elogios, para referirse a
él señala los rasgos finos de su oralidad erudita # el sesgo ingenioso que
adoptaba para responder a los #erros de otros. para e)presar el gozo que era
"erlo # escucharlo hablar, cuenta la historia del $udío 3que fue al pueblo de
&ezeritz, no para escuchar al predicador sino para "er de qué modo éste se
ataba los zapatos5,5 porque en ese maestro58 6omo en Henríquez Ureña8 dice
Gorges83 todo era e$emplar, hasta los actos cotidianos5.
;6harla del H de $ulio de .JJC en el &useo de las 6asas 9eales=