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EL SILENCIO COMO ACTO ANALÍTICO

Mis palabras exigen silencio y espacios
abandonados (Alejandra Pizarnik).
Resumen:
En la presente charla pretendo exponer el concepto de “silencio” como acto
analítico a partir de algunas ideas de Jacques Lacan, Sylvie Le Poulichet, Juan-
David Nasio, y otros autores. La idea central es mostrar, sin agotar, las formas que
adopta el silencio pasando por la sorpresa, cristalización, escucha, pausa, efracción y
trasferencia. La idea clave es que el silencio juega un papel clave en el acto analítico,
que generalmente dejamos de lado o subestimamos.

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El silencio es un acto, un acto analítico. Recordemos lo que comenta Lacan en “el
acto psicoanalítico” (1967-68), “el acto(a secas) acontece por un decir, a partir del
cual el sujeto cambia”. El acto inscribe un corte en la cadena significante. Como se verá
el silencio tiene precisamente esta capacidad de efracción, de ruptura que conduce a
un cambio de posición en el sujeto.
Pensar el silencio dentro del campo psicoanalítico como acto podría sonar ridículo o
descabellado si se parte de que no hay palabra que no nombre un espectro de
silencio o silencios, lo cierto es que “hacer silencio” es fundamental. Poco se habla
del silencio que habla, que, como menciona Lacan a propósito del “El grito” de
Munch, en el Seminario de un Otro al otro “Es precisamente por el cual ese grito, no
tiene necesidad de ser emitido para ser un grito”, el silencio es el centro de la obra
ya que devela un lugar silencioso que es capaz de darle cuerpo al grito, dejar de ser
imagen para ser acto, dejar de estar “ fuera de” para entrar en el juego del lenguaje
y en un juego psicoanalítico.
El silencio no es un acto solitario sino que, como en la relación analítica, el
psicoanalista no está solo, sino con otro, el analizante y sus fantasmas. El silencio
toma formas diversas dependiendo de la posición que le otorga cada sujeto. Hay
espectro y gama amplia de silencios. No existe el silencio sino como multiplicidad
de singularidades. Así que podemos señalar, haciendo una paráfrasis de Silvie Le
Poulichet (2009) cuando distingue 3 figuras de silencio:
1.- La sorpresa: detención puntual que marca una inscripción nueva del
cuerpo, lugar donde cobra forma una palabra inédita, esto sería un silencio
como lugar del insight, el lugar donde el sujeto se sorprende y se desprende.
2.- La cristalización: acto de suspenderse. Este acto se asemeja a las
meditaciones orientales, quedarse en el silencio y no sólo quedarse en
silencio: el contacto con lo Real.
3.- Y por último aquel acto que nos muestra la capacidad de romper con la
palabra para poder darle cuerpo a las nuevas, el paso de la demanda al deseo:
La efracción.

Tanto se habla de “romper el hielo” pasar de la cristalización a la efracción, al sujeto
inédito en donde el vehículo sea el espacio vacío, el silencio.
Vale entonces hacer una diferenciación entre el silencio como acto de callar y el
silencio propiamente dicho. Mutismo y silencio no son lo mismo.

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Por otro lado Juan-David Nasio, quien coordina una obra fundamental, El silencio
en psicoanálisis, plantea pistas para una clínica del silencio; Nasio identifica los
siguientes tipos de silencio:
1.- El silencio como escucha: aquel acto de “querer oír” como el que aguarda en casa
a la espera del visitante que relata en repetidas ocasiones Saint-Exupéry en “El
principito”.
2.- El silencio de la pausa: tiene como fin determinar en acto la posición subjetiva
del paciente. Se asemeja al de la cristalización, ya que para romper debe primero
pasar por ella. Este silencio se observa en la música el espacio entre nota y nota y
llevado al límite como se observa en el performance 4’33’’ de John Cage.
3.- El silencio de transferencia: este será entonces el silencio como efracción o
ruptura. Aquel silencio que permite la relación con el otro.
Este acto silencioso tiene como finalidad formar un cuerpo hecho de palabras donde
el ciclorama, el marco y la vía es el silencio elemento indispensable en el que la
palabra se estructura anudando la red del lenguaje. Así como la banda de Moebius
no tiene dentro y fuera, es una sola, la palabra y el silencio bajo esta lógica también
lo son.

Conclusión
El silencio es una muy importante en el trabajo clínico, aprender a manejarlo
adecuadamente, a construir formas analíticas de interpretación es una tarea que no
se ha desarrollado ni tampoco se le ha dado la relevancia que tiene. Hay mucho por
hacer, para empezar hagamos silencio.