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El camino es estrecho: idas y venidas en la incorporación (de parte) de la

tradición juanina al canon del nuevo testamento

Pedro Lima Vasconcellos

Resumen
¿Por qué el evangelio de Juan fue aceptado en el canon del Nuevo Testamento
acompañado de tres cartas? Agregados, relecturas, condenaciones y hostilidades,
forman parte de la fascinante historia que llev a un evangelio, considerado
sospechoso ante muchos o!os en el siglo "", a ser aceptado efusivamente a partir
del siglo siguiente, en el conte#to de una institucin en v$as de esta%lecer una
organi&acin %astante articulada' (sa aceptacin, sin em%argo, tra!o e#clusiones'
)o%re este proceso trata el presente art$culo'
Abstract
*hy +as the gospel according to John accepted in the Ne+ Testament canon
along +ith the three letters? Additions, rereadings, condemnations and hostilities
are part of the fascinating history +hich led a gospel ta,en %y many in the )econd
-entury as suspicious to %e enthusiastically accepted %eginning the follo+ing
century in the conte#t of an institution on the +ay to esta%lishing a +ell constructed
organi&ation' This acceptance, nevertheless, %rought also e#clusions' "t is this
process that is dealt +ith in this article'

(l o%!eto de este art$culo es el evangelio de Juan y las tres cartas que la tradicin
atri%uye a este mismo persona!e, uno de los .oce, el hi!o de /e%edeo'
-iertamente, estos te#tos forman un con!unto, no porque tengan el mismo autor,
sino porque e#iste una relacin de dependencia entre ellos' (l estilo del evangelio
y de la primera carta son seme!antes, y ésta a%orda el pro%lema fundamental de la
segunda' Tam%ién la tercera carta se locali&a dentro del conte#to sugerido por las
dem0s y por el evangelio'
(ntre tanto, el cuadro es mayor, y comprende testimonios no recogidos en el
canon del Nuevo Testamento' A fin de cuentas, la lectura del cuarto evangelio, en
los primeros tiempos, fue hecha prioritariamente en el seno de grupos, que fueron
recha&ados, en la medida en que se fue desarrollando el armado de la estructura
eclesi0stica, %a!o la direccin de lo o%ispos' 1apear todo lo posi%le esta oscura
historia es fundamental para que se pueda comprender cmo un evangelio,
sospechoso en sus inicios, pudo llegar a ser acogido en el canon del Nuevo
Testamento, !unto con las tres cartas' A tales cuestiones se dedica este estudio'
As$ las cosas, no focali&aremos aqu$ en la fascinante historia de la redaccin del
evangelio !oanino, ni en la trayectoria de la comunidad que lo hi&o nacer, sino en
aquellos aspectos que sean relevantes para el tratamiento de nuestra cuestin, o
sea, el proceso que llev a la aceptacin definitiva de los cuatro escritos como
cannicos, en la primera mitad del siglo """' Nos interesa m0s las repercusiones de
los te#tos, en la historia su%secuente, que sus intenciones primarias' -reemos
tam%ién que la percepcin de esta accidentada historia, ser0 2til en el tra%a!o de
interpretacin de los te#tos en cuestin'
Pero de%emos reconocer desde el inicio un l$mite' No tra%a!aremos 3como ser$a
necesario4 la aceptacin o e#clusin de te#tos de la tradicin !oanina, %a!o el
prisma del proceso de eliti&acin que se ha%r$a o no desarrollado, en el interior de
algunos grupos que se nutrieron del evangelio de Juan' 5 por lo menos ésta no
ser0 la tnica principal' )er$a necesario un cruce entre los intereses de la
institucionali&acin eclesi0stica y los procesos de eliti&acin en el interior del
cristianismo' Aqu$ entre nosotros, en América 6atina, Pa%lo 7ichard como que
8canoni& el canon9 en lo referido a la 8tradicin del disc$pulo amado9, teniendo en
vista la segunda cuestin: nosotros aqu$ enfati&aremos principalmente la primera'
6a articulacin entre las dos es algo que, nos parece, todav$a est0 por ser hecho'
;olveremos a esta cuestin so%re el final del art$culo'
1. Un cisma violento
(l punto por el cual entraremos en contacto con la historia de la tradicin !oanina
es <Jn =><?@<A' (n él, el autor produce un mensa!e alarmante> el tiempo
escatolgico es el presente' Pero en sentido completamente diferente de las
osadas afirmaciones escatolgicas del cuarto evangelio' (n efecto, as$ se lee>
Bi!itos, ya es el 2ltimo tiempo: y seg2n vosotros o$steis que el anticristo viene, as$
ahora surgieron muchos anticristos: por esto conocemos que es el 2ltimo tiempo'
)alieron de nosotros, pero no eran de nosotros: porque si hu%iesen sido de
nosotros, ha%r$an permanecido con nosotros: pero salieron para que se
manifestase que no todos son de nosotros C y as$ sucediD'
ENo es poca cosaF
Pero tamaño alarde tiene su ra&n de ser> la comunidad est0 en el centro de la
cat0strofe escatolgica' )e constata una divisin, y los adversarios son 3o eran4
miem%ros de la misma comunidad a la cual pertenece el autor de la carta' G éste
no teme caracteri&ar a sus rivales como anticristos, aludiendo a aquella figura, que
en otros lugares se aguarda%a, como preanuncio de los tiempos del fin' 6a
virulencia del ataque, ciertamente indica el grado de la discordia esta%lecida:
constatarla ser0 decisivo para los propsitos de este estudio'
6amenta%lemente no tenemos con certe&a ning2n documento o testimonio
proveniente del grupo señalado por la carta que estamos considerando' -on todo,
es posi%le recuperar algunas de las l$neas principales del conflicto' Pues el autor
de <Jn hace innumera%les insinuaciones en cuanto a lo que pensa%an sus
adversarios y cmo ha%r$an actuado> 8la argumentacin Cde la cartaD es de tales
caracter$sticas que dice a los que se han quedado Co sea, a los adeptos de las
posiciones de la cartaD lo que quiere que lean los que se han marchado Co sea, los
adversarios señalados por la cartaD9' -on el de%ido descuento del veneno de la
retrica, se pueden perci%ir algunas facetas del grupo atacado y de la
pro%lem0tica general' ;eamos'
Por lo que parece, el grupo al que refiere la carta est0 siendo %astante e#itoso, en
su relacin con la realidad que lo rodea, y eso resiente al autor 3<Jn H> Is4'
¿)er$an los adversarios poseedores de %ienes materiales, y no los estar$an
colocando a disposicin de la comunidad 3< Jn J><K: cf' =><L4, ahora que se
consum el cisma? ¿5 esa es una m0s de las manifestaciones del resentimiento
del autor? 1uy %ien podr$amos tener las dos cosas> 86a estratificacin social de la
sociedad antigua, de! tam%ién sus huellas en la comunidad !o0nica' Ba%$a
personas acomodadas y ha%$a necesitados' 6as influyentes y adineradas han de
%uscarse ante todo entre los adversarios del autor de la carta' Antes del cisma
ellos eranmuy importantes para la comunidad, en el aspecto material' (llos ha%$an
ha%ilitado, por e!emplo, los lugares de reunin, se ha%$an preocupado con la
asistencia, ha%$an reci%ido a los misioneros !o0nicos itinerantes 3cf' Jn <J>=M: J Jn
I@?4 y ha%$an ayudado en otros muchos aspectos' (sto termin de golpe al
producirse la ruptura9'
Pero del punto de vista de la comprensin religiosa, que los adversarios de la
carta ten$an de s$ mismos, ¿qué ser$a posi%le recuperar? (l te#to de <Jn ofrece
varios elementos al respecto> 8(l autor de la carta resume en muchos lugares,
posiciones de sus adversarios con frases hechas''' CellosD esta%an marcados por
una fuerte e intensa e#periencia del (sp$ritu, que, sin em%argo, no se manifesta%a
en fenmenos e#t0ticos, sino en una consecuente y profunda interiori&acin de la
vida de fe' )e precia%an del conocimiento de .ios, de la comunin con .ios y de
la visin de .ios' )u escatolog$a ten$a casi, de manera e#clusiva, car0cter
presente' 7eivindica%an para el cristiano la ausencia de pecado, y ello desde el
%autismo' (n general ten$a gran importancia en su pensamiento el %autismo como
momento de la recepcin del (sp$ritu y del cam%io de vida' (sta l$nea se puede
seguir hasta la cristolog$a' (l hecho cristolgico fundamental era para los
adversarios, el %autismo de Jes2s, en el que, seg2n Jn <>J=, el (sp$ritu desciende
so%re él y permanece en él, de modo que ahora se puede llamar NBi!o de .iosO 3Jn
<>J=4' (n esta misma medida, pasaron cada ve& m0s a segundo plano la
encarnacin y la muerte en cru& en su importancia cristolgica y soteriolgica9'
G ahora lo m0s importante> la comprensin que los adversarios tienen de s$
mismos y de su e#periencia religiosa, pretende %asarse en una interpretacin del
evangelio de Juan, en una fase anterior a la redaccin que conocemos hoy,
interpretacin distinta de la dada por el autor de las cartas' Am%os lados
pertenecen a la misma tradicin y conoc$an 8el mensa!e que se encuentra
encerrado en el evangelio C'''D, lo interpreta%an de distinta manera9' 6as diferencias
se situa%an en el campo de la cristolog$a, de la ética, de la escatolog$a y de la
pneumatolog$a'
Ah$ llegamos al punto que nos interesa: el de la disputa hermenéutica que se
enta%l en torno de una forma, anterior a la que tenemos en nuestras Pi%lias, del
evangelio de Juan' (sta disputa ser0 decisiva para los rum%os que tomar$a la
tradicin !oanina en sus distintas vertientes' (lla determinar0, asimismo, revisiones
y adiciones al evangelio, que posi%ilitar0n su aceptacin en el canon !unto con las
cartas, pero no con las tradiciones de los grupos marcados por éstas' 5 sea, el
te#to del evangelio que conocemos ya es fruto de este conflicto hermenéutico,
cuyas l$neas principales es necesario esta%lecer'
2. on!lictos de interpretación
6as consideraciones anteriores llevan impl$citas al menos dos convicciones> la de
que el evangelio de Juan es fruto de un largo proceso de redaccin, y que ésta se
desarroll en medio de 3y mucho en funcin de4 agudos conflictos en torno de su
interpretacin' Bay un punto de partida para todo eso> la llamada 8tradicin del
disc$pulo amado9 que se desarroll por caminos muy propios y originales, en una
fase de la historia muy peculiar de esta comunidad, y eso al mismo tiempo fue
motivo de distanciamiento frente a otros grupos seguidores de Jes2s y causa de
su posterior desmantelamiento' 6ancemos aqu$ algunos puntos posi%les de
controversias y, por qué no, de indignacin'
)i tom0ramos, genéricamente, la tesis %ultmanniana de que el evangelio de Juan
tiene como fuentes un relato de las señales, una narracin de la pasin y una
coleccin de pala%ras de Jes2s , veremos que es, principalmente en esta 2ltima,
que de%emos %uscar los tra&os que diferenciar0n tremendamente este evangelio
de los otros cannicos' Ah$ encontraremos, por e!emplo, resonantes afirmaciones
so%re el car0cter presente de la escatolog$a 3Jn J><?: I>=H@=I: <<>=I4, disonantes
en relacin a afirmaciones de cuño apocal$ptico o futuro de alguna forma' G
!ustamente en ese 0m%ito, se encontrar0n la intrigante cercan$a entre la tradicin
!oanina y los escritos recientemente encontrados en Nag Bammadi, de cuño
marcadamente sapiencial y gnstico'
Por otro lado, ya fue o%servado, el retrato del Jes2s hom%re, pintado en el
evangelio de Juan, podr$a dar margen a cuestionamentos so%re la relevancia de
esta humanidad' 5, tal ve& me!or, el evangelio puede ser le$do de forma tal que
cuestiona sentidos, significados y derivaciones atri%uidas a esta humanidad, algo
que consideraremos m0s adelante'
A2n m0s' (l evangelio so%eranamente coloca los .oce, sin mencionar los
nom%res de todos, en una posicin secundaria dentro de su trama' G al&a al lugar
central un misterioso 8disc$pulo que Jes2s ama%a9, que la tradicin, m0s tarde,
procurar0 de todas las formas posi%les u%icarlo dentro del c$rculo de los .oce,
identific0ndolo espec$ficamente con Juan, hi!o de /e%edeo' (se anonimato y el
distanciamiento frente a la referencia central de los .oce siempre incomodaron,
visto que indican un camino diferente, autnomo, para la 8comunidad del disc$pulo
amado9, al mismo tiempo que señalan por lo menos un distanciamiento en relacin
a los grupos que ten$an en los apstoles su referencia y autoridad' (n verdad el
evangelio parece %astante reservado frente a pretensiones de mando y autoridad>
vea las alegor$as so%re la comunidad de Jn <M y <I> ellas nos apuntan una
concepcin %astante radical de 8igualitarismo comunitario9, en que no hay
distinciones entre los miem%ros, visto que est0n todos ligados, como ramas, al
tronco, y tienen conciencia de que, como pastor, el resucitado los conoce a todos,
Ecomo el pastor conoce sus ove!asF
Bay m0s' )i a los .oce les es dado un lugar concientemente secundario, no
acontece lo mismo con algunas mu!eres' 6a samaritana, 1arta y 1ar$a,
1agdalena y tam%ién la madre de Jes2s son merecedoras de algunos pasa!es
que real&an su comprensin de Jes2s, su pro#imidad en relacin a él y su accin
misionera' 6ugares e#presiva y atrevidamente destacados' (n la comunidad el
8apstol9 no aparece, sino para ser advertido 3Jn <J><L4 > todos y todas son
disc$pulos, ramas unidas a la viña y ove!as que oyen la vo& de un 2nico pastor 3Jn
<M4: la comunidad se define por una postura de discipulado, en el seguimiento de
lo que hace el 1aestro 3Jn <J><I4'
Bay as$ suficientes indicios que permiten concluir que, en el evangelio de Juan, se
desarrolla una postura cuando menos alternativa, frente a tendencias encontradas
en otras longitudes del cristianismo de su tiempo' (l silencio so%re la institucin de
la (ucarist$a y la manera de presentar a los .oce 3tan diferente de los )inpticos4,
la presentacin destacada de mu!eres como testigos de Jes2s, todo eso 3y m0s4
parece indicar una reserva acentuada, o al menos una divergencia de rum%os,
frente a concepciones corrientes so%re los sacramentos, so%re el ministerio
apostlico, o sea, al respecto de tendencias de organi&acin m0s acentuadas de
la "glesia, que aparecen propuestas de variadas formas en muchos te#tos de su
tiempo, como la o%ra lucana, el evangelio de 1ateo, las cartas pastorales, <
-lemente y las cartas de "gnacio' (sos puntos y otros ha%r0n sido o%!eto de
controversias, en el campo de la interpretacin del evangelio y de la pol$tica entre
las comunidades seguidoras de Jes2s' .if$cilmente, de esta forma, el cuarto
evangelio podr$a ser acogido en un conte#to en que se viv$an r0pidos procesos de
!erarqui&acin y 8patriarcali&acin9' Pero la historia no sigue reglas
predeterminadas> lo que podr$a ser tomado como imposi%le algunas décadas
después se vio reali&ado' ¿.e qué manera? 6as cartas tendr0n un papel decisivo,
!unto con otros detalles de no menor importancia'

". #uevas interpretaciones
6as cartas de Juan, particularmente la primera, se lan&an contra interpretaciones
del cuarto evangelio consideradas inacepta%les, que fundamentan la pr0ctica y la
e#periencia de los grupos por ellas com%atidos' .e esta forma, y por tal ve& ha%er
inspirado, de alg2n modo, algunas 8ligeras correcciones9 en el propio evangelio,
aca%aron torn0ndose el camino decisivo para la recepcin posterior de éste en el
canon'
Podemos e!emplificar en qué direccin las cartas definieron un rum%o para la
comprensin del evangelio !oanino' -omo vimos, éste afirma%a, incmodamente
para algunos sectores del cristianismo, del pasa!e del primero hacia el segundo
siglo, una autonom$a de la comunidad frente a maestros y l$deres, a2n de los
apstoles 3y el autor de <Jn est0 for&ado a reconocerlo> vea < Jn =>=K4' Para
movimientos como el que representa la carta de -lemente 7omano y otros
3inclusive de los Bechos de los Apstoles: vea <> =<@==4, que pretend$an
fundamentar la tradicin de Jes2s 2nicamente en el legado apostlico, de quienes
ha%$an vivido y convivido con Jes2s, las afirmaciones !oaninas eran al menos
dif$ciles de digerir' 6os primeros vers$culos de <Jn, por el contrario, eran m2sica
suave a sus o$dos>
6o que era desde el principio, lo que hemos o$do, lo que hemos visto con nuestros
o!os, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al ;er%o de
vida Q porque la vida fue manifestada, y la hemos visto, y testificamos, y os
anunciamos la vida eterna, la cual esta%a con el Padre, y se nos manifest Q: lo
que hemos visto y o$do, eso os anunciamos, para que tam%ién vosotros teng0is
comunin con nosotros 3<Jn <> <@J4'
Rue nadie se engañe por la pro#imidad lingS$stica y de voca%ulario con el prlogo
del (vangelio: el énfasis es completamente otro' Bay quien %usca ese cam%io en
la acentuacin de la trayectoria histrica de Jes2s' Pero ésta parece definida
principalmente, con la funcin de afirmar una instancia, a la cual lectores y lectoras
de%en estar ligados, simplemente presentada como 8nosotros9' (n ella, en que
o%viamente el autor de la carta se incluye, reside la autoridad para estigmati&ar a
los adversarios y caracteri&arlos como anticristos 3adem0s, el lengua!e tam%ién de
=Jn4' .e ah$ la necesidad de enfati&arse la venida de Jes2s 8en la carne9, posi%le
de ser vista y palpada, y as$ tornarse portadora de autoridad, por encima de
posi%les consideraciones que valori&asen m0s la e#periencia m$stica' 6a vertiente
que ha%la por detr0s de las cartas, frente al impasse que perci%$a en el interior de
la comunidad !oanina, aca% por rendirse a la tendencia, ya presente en otras
tradiciones cristianas, de apelar al testimonio y a la autoridad de los primeros
testigos como garant$as de legitimidad de su ser y de su o%rar comunitarios'
As$, cuando vemos las cartas acusando a sus opositores de menospreciar a Jes2s
8venido en la carne9 ¿estamos ah$ delante de una cuestin simplemente
cristolgica, relativa a la naturale&a de Jes2s? ¿(star$a el grupo señalado, y m0s
tarde los llamados gnsticos, compuesto meramente de platnicos pesimistas con
la realidad corporal y que por eso %usca%an li%rar al Bi!o de .ios de tal triste
condicin? Nos parece que, mucho m0s importante que eso, mutatis mutandis,
vale aplicar aqu$ la siguiente consideracin so%re la insistencia de los sectores
8ortodo#os9 del cristianismo primitivo, respecto de la resurreccin de Jes2s tomada
literalmente> esta doctrina 8cumple tam%ién una funcin política esencial> legitimi&a
la autoridad de ciertos hom%res que pretenden e!ercer la direccin e#clusiva de las
iglesias, como sucesores del apstol Pedro9 , impidiendo con eso 3o intentando
hacerlo4 que se esta%leciese otro acceso a Jes2s que no fuese aquel garanti&ado
por los testigos de su resurreccin 3ya citamos el decisivo te#to de Bechos <> =<@
==4'
)iendo as$, tendr$amos que leer en las cartas de Juan m0s que una controversia
respecto de posiciones cristolgicas docetas, pre@docetas o anti@docetas' 6a
afirmacin categrica de Jes2s 8venido en la carne9 no puede ser separada de la
garant$a que aparece en el inicio de la primera carta> porque Jes2s vino en la
carne nosotros pudimos verlo, palparlo, y es por eso mismo que ustedes, de%en
esta%lecer comunin con nosotros. 6as afirmaciones cristolgicas repercuten
directamente en el esta%lecimiento de una instancia de poder y de enseñan&a en
una comunidad que reconoc$a en el Par0clito su 2nico maestro, 3y que el autor no
puede negar, conforme lo ya citado <Jn => =K4' (s fundamental que no se pierda la
dimensin dialéctica del con!unto> no se puede considerar algunas cuestiones
cruciales, que dividieron el con!unto de las comunidades cristianas, como em%ates
2nicamente teolgicos, sin tener en cuenta los conflictos pol$ticos en el interior de
ellas, de los que documentos de la época dan a%undante testimonio' (n eso
pecan, en nuestro modo de ver, pr0cticamente todos los a%orda!es 3a2n el de
Pro+n, a nuestro entender el m0s completo y mati&ado4 al respecto del 8cisma9
supuesto por las cartas !oaninas, que lo e#plican por el simple recurso a matices
interpretativos del cuarto evangelio, como si a ellas no estuviesen vinculadas otras
cuestiones, ligadas a lo cotidiano y al poder en la comunidad'
Tn detalle, tal ve& casual, qui&0 no> la 2ltima pala%ra de Jes2s en el evangelio,
descontado el cap$tulo =<, del cual ya ha%laremos, es la reprimenda a Tom0s y la
consecuente %ienaventuran&a> 8Porque viste, cre$ste' Uelices los que no vieron y
creyeron9 3Jn =M> =A4' (l comien&o de la primera carta insiste en la relevancia
decisiva de aquello, que en el fin del evangelio es descartado> el 8ver9'
¿-oincidencia o s$ntoma del cam%io de perspectiva?
(l hecho de que las cartas, especialmente la primera, recono&can una referencia
centrali&adora que est0 ausente en el evangelio, m0s all0 de Jes2s y del Par0clito,
define decisivamente los caminos, por los cuales el cuarto evangelio ser0 asumido
en el interior de la institucin eclesi0stica' (s, en ese conte#to, que se sit2a la
redaccin del cap$tulo =<, reconocidamente un apéndice posterior interesado en la
apro#imacin y en la legitimacin de la tradicin !oanina, que tiene su referencia
en el disc$pulo amado, frente a la tradicin de los .oce, representada por Pedro,
en torno de la cual se dan los primeros pasos rum%o a la institucionali&acin
eclesi0stica' Vste reci%e, en el cap$tulo que estamos considerando, un lugar de
relevancia que, ni por le!os ocup, en las p0ginas anteriores del evangelio 3sirva
de e!emplo Jn =M><@<M, que muestra %ien su lugar secundario4, como conductor de
las ove!as de Jes2s y con una posicin destacada !unto al disc$pulo amado, la
referencia fundamental de la comunidad, en que el cuarto evangelio hace historia
3vea la diferencia, en lo referente a la imagen del pastoreo, en relacin a Jn <M4'
(se apéndice, si no surgi en el conte#to en que aparecieron las cartas, ha%r0
sido ela%orado a partir de los flancos a%iertos por ellas'
Pero volvamos a las cartas, particularmente a la primera' Ah$ encontraremos otras
modificaciones de énfasis, adem0s de aquella que legitima una instancia
portadora de autoridad y referencia de la comunidad' -onsideremos la cuestin de
la escatolog$a' )i el cuarto evangelio insist$a en su dimensin presente, teniendo
en vista ciertamente fortalecer su comunidad frente a las persecuciones de la
sinagoga , y de esta forma ven$a siendo le$do por los grupos señalados por la
carta, ésta fi!ar0 su atencin en la dimensin futura, para afectarlos en sus
pretensiones y afirmaciones de superioridad o autonom$a' (l te#to de <Jn J> =, sin
negar el acento proveniente del evangelio 38desde ahora somos hi!os de .ios94,
destaca la perspectiva futura 38mas lo que seremos a2n no se manifest94' (sta
nueva direccin ciertamente apro#ima la tradicin !oanina a otras concepciones
escatolgicas del cristianismo primitivo, e#presadas, por e!emplo, en la o%ra
lucana' G determina algunas reela%oraciones, en te#tos del evangelio que
permit$an a la corriente antagnica, fundamentar sus concepciones y pr0cticas'
Apéndices como Jn I> =?@=A: L> JA' HMc' HHc, real&ar0n el nuevo tono del
evangelio, principalmente de los discursos de Jes2s' G no olvidamos que esa
nueva perspectiva escatolgica, permite considerar a los adversarios atacados en
la carta, como anticristos, aquellos falsos maestros que, seg2n varios te#tos,
aparecer0n en los 2ltimos tiempos 31c <J> ==: <Tm H> <@<<: =Tm J> <@A: Jd <K:
=Pd J,J@H4'
Podr$amos agregar a2n m0s' (l te#to de Jn L> I<c@I?, que opera un cam%io
radical de significado para el término 8pan9 en relacin a los vers$culos anteriores,
da al cuarto evangelio un elemento que le falta%a hasta entonces, coloc0ndolo en
contacto con otras tradiciones cristianas> la comida eucar$stica, cuya institucin no
es contada en Jn <J' Ntese que ella no tiene la dimensin de recordacin
3memorial4 y de esperan&a apocal$ptica como en Pa%lo 3<-o <<> =J@=L4 y 1arcos
3<H> ==@=I4, sino el sentido 8sacramentali&ante9 pr#imo a escritos un poco
posteriores, como las cartas de "gnacio' )i el dif$cil pasa!e de <Jn I> Iss se refiere
de alguna forma a rituales como el %autismo y la eucarist$a, y no 2nicamente al
%autismo y a la muerte de Jes2s, de%er0 ser entendido en este conte#to de
8sacramentali&acin9 de la tradicin !oanina'
)e menciona todav$a la comprensin de la muerte de Jes2s como e#piacin 3< Jn
<: K'A: => =: H> <M4, algo distante del universo del evangelio' 6a carta tam%ién
polemi&a contra la pretendida pro#imidad con .ios, vivida por sus adversarios, y
su comprensin de la accin del (sp$ritu'
Parece, entonces, que e#isti una tendencia en <Jn, aunque sea dif$cil medir hasta
qué punto ser$a intencional, de apro#imar la tradicin !oanina a otras e#presiones
cristianas de su tiempo' No vamos a entrar en mayores detalles, pero es
interesante notar que, pr0cticamente, todos aquellos aspectos que da%an una
relevancia enteramente particular al evangelio 3como el lugar de las mu!eres y del
disc$pulo amado4 quedan completamente olvidados en el conte#to de las cartas'
No ser0 mera coincidencia'
As$, en el con!unto formado por el cuarto evangelio y por las tres cartas se perci%e
un desarrollo teolgico producido por la modificacin de ideas t$picamente
!oaninas y por la asimilacin, por medio de intercalaciones redaccionales al
evangelio de concepciones hasta entonces distantes, pero propias de otras
e#presiones cristianas de la época' <Jn, como vimos, tam%ién apunta en la misma
direccin' As$, la tradicin !oanina se va apro#imando, teolgica y pr0cticamente, a
aquello que m0s tarde se presentar0 como ortodo#ia eclesi0stica' ¿JJn A estar$a
indicando que ese proceso estar$a sufriendo alg2n tipo de resistencia? ¿5 no
ser$a adecuado pensar que éste comen& tan prematuramente?
6os choques ocurridos en la época de redaccin de las cartas, en funcin de los
cuales son escritas, y sus resultados, determinar0n las formas antagnicas que
asumir0 la lectura del cuarto evangelio y de la tradicin !oanina y su posterior
incorporacin al canon'
$. El otro lado% &ue eran apenas tendencias
)i, por lo tanto, en las cartas encontramos un despla&amiento significativo en
relacin a principios fundamentales del evangelio, ¿qué decir de los grupos a los
que se refieren? Ga vimos que no se trata de gente a!ena a la tradicin !oanina:
muy por el contrario, 8ellos salieron de entre nosotros9 3< Jn => <A4' Tna serie de
escritos y movimientos revela influencias decisivas del evangelio !oanino, pero
orientadas en una direccin %astante diferente de aquella sugerida por las cartas'
Tampoco pueden ser acusados de traicionar la causa !oanina> a su modo ha%r0n
radicali&ado algunas de las perspectivas fundamentales del evangelio, y con eso
afian&aron una incmoda autonom$a para su e#periencia religiosa' Ba%r0n
desarrollado, en la l$nea de lo que algunos reconocen ser, un momento de la
redaccin del evangelio, una religiosidad de cuño espiritualista' Pero, como ya
di!imos, nos parece que la cuestin se encuentra en otro lugar> el 8cisma9 no se da
por ra&ones 2nicamente teolgicas, sino tam%ién de orden pol$tico, concernientes
a la organi&acin de la comunidad y a la autonom$a de su e#periencia religiosa'
-orrer$amos un riesgo muy grande de anacronismo, si proyect0ramos para el
tiempo de las cartas de Juan arri%a comentadas y de los te#tos que ahora vamos
a tratar, un am%iente compuesto de dos campos a%solutamente distintos' 6o que
no quiere decir que no haya conflicto: por el contrario, vimos las cartas
com%atiendo concepciones que %usca%an su fundamento en el cuarto evangelio'
Para ampliar el cuadro del desarrollo de la tradicin !oanina pasamos a una r0pida
consideracin so%re esos te#tos y grupos muchas veces desconocidos' No
queremos afirmar, que sean e#actamente los grupos representados por estos
te#tos, los señalados por las cartas' Pero la posi%ilidad no de!a de ser tentadora'
(n por lo menos un caso, ese v$nculo ser0 propuesto' ;eamos'
Los Hechos de Juan ser$a uno de los documentos m0s destacados de esa
corriente' )e presenta como una historia novelada del apstol Juan, de la cual se
conservaron algunos manuscritos, aunque fragmentarios, lo que torna muy dif$cil
la reconstruccin del original' 6a llamada Proclamación del evangelio de Juan, que
se encuentra dentro del anterior, tal ve& la parte m0s antigua del escrito,
pro%a%lemente sea del siglo ""' .e ella tenemos la siguiente presentacin>
Juan comunica a sus seguidores una tradicin secreta so%re la aparicin terrena
de -risto en m2ltiples figuras''' so%re una dan&a de -risto con sus disc$pulos y un
himno cantado en forma responsorial en la v$spera del viernes santo y so%re una
revelacin del misterio de la cru&, que destaca del resto por una accin marco
especial otorgada slo a Juan, y que le capacita como el auténtico portador del
verdadero conocimiento' (l apstol huye del lugar de la crucifi#in al monte de los
5livos y asiste all$ a una epifan$a de -risto: ve 8una cru& luminosa9 rodeada de
una masa informe y perci%e 8arri%a, so%re la cru&, al )eñor9, que 8no tiene figura,
sino solo vo&9' Vsta le enseña que la cru& luminosa ser0 unas veces llamada
logos, otras ra&n, o Jes2s, o -risto, etc', pero que es en realidad 8la delimitacin
de todas las cosas, el recio apartamiento de lo inconsciente y la armon$a de la
sa%idur$a9, y que es la potencia cosmognica y el principio soteriolgico: nada
tiene que ver con la cru& de madera ni con el crucificado en ella C'''D 6a
muchedum%re que est0 cerca de la cru&, y que corresponde a la masa informe
que rodea%a la cru& luminosa, es 8la naturale&a inferior9' Para Juan, es decir, para
el gnstico, esta cristolog$a doceta da lugar a dos consecuencias' (l gnstico de%e
reconocerse 8emparentado9 con -risto, el revelador y redentor, y de%e de!arse
introducir en el acontecimiento csmico de la salvacin sim%oli&ado por la cru&
luminosa 3'''4: la consigna para su conducta frente a los no gnsticos es> 8Por eso,
no te preocupes de la gran masa y desprecia aquellos que se encuentran fuera del
misterio9' .espués de esta instruccin -risto es asumido en el cielo'
6a conclusin de algunos estudiosos esta%lece la liga&n, arriesgada pero
sugestiva> hay 8numerosos temas !o0nicos que hacen suponer que los AJ CHechos
de JuanD son un documento de aquella corriente gnstica que <Jn com%ate y que
se escindi del Ngrupo !oaninoO9' G a2n m0s> hay quien se muestra convencido de
que los retratos de Jes2s de cuño doceta que presenta Hechos de Juan apuntan a
re%atir las acusaciones de una cristolog$a que m0s tarde reivindicar0 para s$ el
calificativo de 8eclesi0stica9' 5 sea, el 8docetismo9 tiene ra&ones pol$ticas'''
No se puede de!ar de mencionar aqu$ las Odas de Salomón, con!unto de salmos
que data de mediados del siglo "", el m0s antiguo himnario en el seno de grupos
seguidores de Jes2s de que se tiene noticia' )i hay alg2n tipo de dependencia de
las 5das 3o de alguna de ellas4 en relacin al evangelio, es algo %astante
discutido, pero no se puede de!ar de reconocer afinidades entre am%os, indicando
por lo menos su procedencia de un universo cultural seme!ante' ;ea, por e!emplo,
la conocida oposicin !oanina entre lu& y tinie%las en la oda =<>
6evanté mis %ra&os hacia lo alto,
rum%o a la gracia del )eñor,
porque él arranca mis ataduras,
y mi ayudador me elev a su gracia y salvacin'
1e li%eré de las tinie%las
y vest$ la lu&' 3'''4
G el designio del )eñor mucho me ayud,
como tam%ién la comunin eterna con él'
G fui elevado a la lu&
y pasé por su rostro'
5 sino la 5da <=, que indiscuti%lemente remite a la atmsfera del prlogo !oanino>
Pues la %oca del Alt$simo les ha%l y su e#plicacin corri por medio del ;er%o, ya
que la morada del ;er%o es el hom%re, y su verdad es amor'
-onsideremos ahora el con!unto de te#tos encontrado en Nag Bammadi' (n ellos
no tenemos solamente te#tos que de alguna forma, son paralelos al evangelio
!oanino, como ya fue dicho, pero tam%ién vamos a encontrar, si no dependencias
directas, al menos tendencias que se ha%r0n alimentado de alguna forma del
evangelio' A final de cuentas, los escritos all0 encontrados 8utili&an, cit0ndolo, el
evangelio de Juan9' G no solamente> 8hay a%undante evidencia de familiaridad con
ideas !oaninas en las o%ras gnsticas9 ah$ encontradas' -omo e!emplos, Pro+n
cita una refle#in cristolgica so%re el logos en el Tratado Tripartito y una serie de
afirmaciones cristolgicas iniciadas por 8Go soy9 en el Segundo Apocalipsis de
Santiago, del cual transcri%imos lo siguiente>
Go soy el Bi!o primogénito'''
Go soy el amado'
Go soy el !usto'
Go soy el Bi!o del Padre'
Go doy una orden de acuerdo con el mandamiento que reci%$ 3HA4'
)aliendo del 0m%ito de los te#tos de Nag Bammadi, ¿no podr$amos pensar que el
evangelio de 1ar$a, conocido apenas parcialmente, sea de alguna forma
desarrollo del pasa!e de Jn =M> <<@<?? A final de cuentas, all$ reci%e 1ar$a la
misin de comunicar a los disc$pulos una revelacin del 7esucitado, cuyo
contenido no es transcripto, y es !ustamente eso lo que tenemos en el referido
evangelio, cuyas partes conocidas nos permiten advertir' (sa primac$a de 1ar$a
frente a los apstoles, si no tiene sus consecuencias e#plicitas en Juan, en los
escritos apcrifos es llevada hasta el fin' (n el (vangelio de 1ar$a, Pedro e#presa,
con apoyo de Andrés, vehemente repudio a la comunicacin que 1ar$a reali&a,
pues el )eñor no podr$a e#presar pensamientos diferentes 8de aquellos que
nosotros conocemos9' Adem0s, 8fue pro%a%lemente la imagen que da Juan de
1ar$a 1agadalena, la que encendi la chispa para que los evangelios gnsticos
hicieran de ella, la principal receptora de la la revelacin pos@resurreccional y la
rival de Pedro9' Permiti, por e!emplo, presentarla de la siguiente manera>
6a compañera del )alvador es 1ar$a 1agdalena' (l )alvador la ama%a m0s que a
todos los disc$pulos, y frecuentemente la %esa%a en la %oca' 6os dem0s disc$pulos
se apro#imaron a ella para preguntar' (llos le di!eron> 8¿Por qué la amas m0s que
a todos nosotros?9 (l )alvador respondi y les di!o> 8¿Por qué no os amo como la
amo?9 3(vangelio de Uelipe, par' II4
(lla adem0s es presentada como la 8compañera9 del )eñor> 8(n toda la literatura
gnstica, el acento que recorre en una relacin de amor entre Jes2s y 1agdalena,
alude a una especial comunin m$stica''' (n la Wnosis la relacin de Jes2s con
1ar$a de 1agdala, era el e!emplo supremo de la alian&a espiritual en que se
de%er$a superar la dualidad se#ual''' prefigurando el destino superior de unin de
la humanidad renovada, y el sacramento del %eso era la señal efica& de esta
alian&a9' ¿.esarrollos pos@!uaninos, no asumidos por la corriente representada por
las cartas?
(n el campo de la gnosis, tenemos el e!emplo de ;alentiniano, destacado l$der de
mediados del siglo ""' (l movimiento valentiniano desarroll una forma de gnosis
muy particular y comple!a, en la cual, por e!emplo, no hay lugar para el dualismo
propio de otras corrientes' )us seguidores tuvieron alta estima por el evangelio de
Juan, como lo reconoce "reneo de 6ion 3que escri%i alrededor del año <?M4> 8los
valentinianos, aceptando enteramente el evangelio de Juan, para demostrar sus
argucias'''9 3Adversus Haereses """, <<> K4' (l sistema valentiniano fue completado
por algunos de sus innumera%les seguidores' ;alentiniano fue autor de un
Evangelio de la verdad> ¿ser$a aquel encontrado en Nag Bammadi? )i podemos
citarlo como e#presin de la influencia !oanina, %asta el prlogo>
(l (vangelio de la verdad es alegr$a para los que reci%ieron de parte del Padre de
la verdad el don de conocerlo por el poder de la Pala%ra que vino del Pleroma, que
est0 en el Pensamiento y en el "ntelecto del Padre, que es llamado el )alvador, ya
que es el nom%re de la o%ra que de%e llevar a ca%o para la salvacin de los que
ignora%an al Padre, mas el evangelio es la manifestacin de la esperan&a
descu%ierta por quien la %usca 3<L@<K4'
No e#traña, por lo tanto, que e#actamente en el seno del movimiento valentiniano,
ya en la segunda mitad del siglo, alguien ha%r$a de proporcionarnos el primer
comentario conocido so%re el evangelio de Juan' )e trata de Ber0cleon, y su
comentario fue preservado por ha%er sido copiado en %uena parte de su e#tensin
por 5r$genes, que se vio o%ligado a re%atirlo' Por medio de una interpretacin
sofisticadamente alegrica, Ber0cleon 8encontra%a en el evangelio Cseg2n JuanD
los elementos del sistema valentiniano, adaptando su significado cuando era
necesario''' (l comentario''' es importante por ser el primer comentario cristiano
sistem0tico del que nos queda alguna cosa, y por el influ!o e!ercido so%re el propio
5r$genes, que a veces se encuentra de acuerdo con su predecesor9' )eg2n
Ber0cleon, en Juan Pautista tenemos el s$m%olo del .emiurgo: en el descenso de
Jes2s a -aperna2n 3Jn => <=4 el descenso del )alvador al mundo material: la
samaritana 3Jn H4 sim%oli&a el elemento espiritual retenido en este mundo
3)amaria4, pero a%ierto para acoger el )alvador, etc'
"rineo cita adem0s una complicada e#égesis del prlogo del evangelio de Juan, tal
ve& o%ra del gnstico valentiniano Ptolomeo' (n ese 0m%ito el evangelio !oanino
fue efusivamente reci%ido'''
G distante del terreno propiamente gnstico, tenemos la historia de 1ontano y del
movimiento iniciado por él, !unto con dos profetisas, Priscila y 1a#imila, esto ya en
la segunda mitad del siglo' (s posi%le imaginar el horror que sectores llamados
8ortodo#os9 de%$an sentir en relacin a las fuentes de inspiracin del movimiento,
una de ellas el evangelio de Juan' 6a sorprendente fusin de ideas !oaninas
31ontano era tenido como la encarnacin del Par0clito4 y apocal$pticas 3entre las
cuales el milenarismo no es la menos importante4, !unto con elementos de la
religin frigia , regin donde el montanismo surgi, cre un poderoso frente, que
se denomina%a 8nueva profec$a9, y era capa&, entre otras cosas, de tornar a2n
menos recomendada la lectura del evangelio de Juan' 6a historia personal de
Tertuliano 3hacia el siglo """4, que de 8ortodo#o9 pasa a here!e montanista, muestra
el peligro pol$tico de esas here!$as' 1uchas de ellas eran inspiradas en este
sospechoso evangelio, y enfrenta%an a los proyectos de los o%ispos, que, aunque
sin tener la autoridad y el peso de tiempos posteriores, %usca%an de todas las
formas, legitimar su autoridad y organi&ar la iglesia a su alrededor>
8Porque la iglesia misma, propia y principalmente, es esp$ritu, en el cual hay la
trinidad de una divinidad> Padre, Bi!o y (sp$ritu )anto''' 6a iglesia se congrega all$
donde el )eñor dispone: es una iglesia espiritual para el pue%lo espiritual: Eno es la
iglesia de un grupo de o%isposF
-omo es reconocido, fue el proceso que lleva%a a la definicin del canon y a la
consolidacin de la autoridad eclesi0stica, el responsa%le por la condena del
montanismo, aunque no fuese posi%le atri%uirle doctrina herética' )ea dicho de
paso, la importancia destacada de las mu!eres en el movimiento ¿se alimentar$a,
de alguna forma, en los papeles destacados otorgados a ellas en el evangelio de
Juan?
Todos esos elementos sugieren, seg2n Pro+n, apenas un 8v$nculo posi%le9 entre
los adversarios com%atidos por <Jn y e#presiones literarias y religiosas
posteriores' .e todas formas, no parece ha%er dudas de que el evangelio !oanino,
le$do de manera %astante distinta de aquella lectura hecha por las cartas, tuvo
inmensa repercusin en los caminos de innumera%les grupos cristianos del siglo ""
que progresivamente desaparecieron con la institucionali&acin de la iglesia
cristiana'
'. ien a(os bajo sospecha
-omo se ve, en el transcurso del segundo siglo, el evangelio !oanino, sin la
compañ$a de las cartas, parece ha%er sido muy %ien reci%ido por grupos, que no
tardar0n mucho en ser caracteri&ados como heréticos> 8una amplia aceptacin del
cuarto evangelio se dio antes entre los cristianos heterodo#os que entre los
ortodo#os9' Justamente por eso, las sospechas que so%re él recayeron' 6os
autores que contri%uyen para el esta%lecimiento de la futura 8ortodo#ia9 no lo citan,
evit0ndolo, aunque recurran <Jn' .e acuerdo con (use%io de -esarea, que vivi
en el siglo "; y es autor de la fundamental Historia eclesiástica,Pap$as de
Bier0polis 3alrededor del <JM4 cita <Jn pero no el evangelio> después de tratar
1arcos y 1ateo, el historiador afirma> 8Pap$as utili& en verdad testimonios
sacados de la primera Epístola de Juan e igualmente de la primera de Pedro9' 6o
mismo sucede con Policarpo 3muerto en el <II4, a2n m0s sorprendente por el
hecho de la tradicin presentarlo, como disc$pulo de Juan 3Tertuliano, (use%io
citando a "rineo4> ¿él considera%a el evangelio herético, visto que en su tiempo no
esta%a confirmada la autor$a !oanina? )u mayor apro#imacin a la tradicin
!oanina es con <Jn> Policarpo a los Uilipenses K> < es un eco de <Jn H> = 3y de =Jn>
K4> 8Ruien no confiesa que Jesucristo vino en la carne, es anticristo9'
(ntretanto, el evangelio pose$a caracter$sticas que, si no disipa%an totalmente las
sospechas, torna%an su aceptacin por parte de los llamados 8ortodo#os9 por lo
menos via%le' 6os efectos de los retoques en el evangelio, como el agregado de
Jn =<, y principalmente de la relectura del evangelio operada por las cartas,
surtir0n efecto para posi%ilitar una me!or aceptacin del evangelio por los sectores
que se consideran 8ortodo#os9, pero eso slo m0s para fines del siglo ""> 8)in
em%argo, el e!emplo de <Jn demostr que ha%$a un camino ortodo#o de leer el
evangelio C'''D G as$ la 2ltima contri%ucin del autor de <Jn a la historia !u0nina
pudo ha%er sido el salvar el cuarto evangelio para la "glesia9' (l proceso no es
nuevo> si las cartas pastorales tuvieron una funcin decisiva para la canoni&acin
de Pa%lo a partir del siglo "" 3Epero con efectos desastrosos en el transcurso de la
historia del cristianismoF 4, 8tal ve& <Jn''' haya desempeñado un papel similar en
favor del herético evangelio de Juan9'
Pero ha%lemos aqu$ de un aspecto del interior del propio evangelio, y no
2nicamente de su apéndice o de las relecturas que sufri en funcin o en las
pro#imidades de las tendencias de <Jn' (llo es f0cil de ser o%servado por medio
de una comparacin entre el evangelio y una o%ra encontrada en Nag Bammadi,
el iálogo del Salvador, que XYster considera provenir, al menos en parte 3ya que
parece ser fruto de un largo proceso de redaccin4, de la 8fuente de los discursos9
que Pultmann supone su%yacente al evangelio' A cierta altura, después de que el
)alvador ha%la a 1ar$a so%re el lugar de la vida y el camino para ella, 1ateo le
dice> 8)eñor, deseo ver este lugar de vida Cese lugarD que no tiene tinie%las,
2nicamente Clu&D pura9' (l pedido es seme!ante al de Tom0s en Jn <H> I> 8)eñor,
no sa%emos para dnde vas' ¿-mo podremos sa%er el camino?9 7adicalmente
distinta, sin em%argo, es la respuesta de Jes2s en cada uno de los li%ros: en el
iálogo tenemos una do%le réplica: el )alvador le dice> 8Bermano 1ateo, no
podr0s verlo mientras estés revestido de carne9' 1ateo insiste> 8)eñor, CaunqueD
no CpuedaD verlo, perm$teme CconocerloD9' 6a respuesta del )alvador es decisiva>
8Todo aquel que se conoci a s$ mismo lo vio C'''D Todo aquel que le fue dado para
hacerlo C'''D y lleg a ser C'''D en su %ondad9 3=K@JM4'
A pesar de la precariedad del te#to, es posi%le proponer algunas conclusiones' 6a
respuesta del )alvador remite al disc$pulo para dentro de s$ mismo, mientras que
la famosa respuesta de Jes2s en Jn <H> L> 8Go soy el camino, la verdad y la vida9
evidentemente apunta hacia la necesidad del esta%lecimiento del v$nculo con el
)alvador' (ste no solo enseña el camino de la salvacin: él es el propio camino>
8Jn <H> =@<= parece ser una deli%erada reinterpretacin cristolgica de un di0logo
gnstico m0s antiguo, que el iálogo del Salvador preserv en su forma m0s
original9' Para nuestros o%!etivos importa resaltar, que Juan insiste en la
necesidad del v$nculo entre el creyente, la comunidad, y Jes2s, algo no
encontrado en el iálogo del Salvador y en los te#tos gnsticos en general, y
distintivo en el evangelio de Juan 3por e!emplo, Jn <I> <@?4' Por ese camino ser$a
m0s f0cil esta%lecer la via%ilidad de la institucin eclesi0stica, medio por el cual el
v$nculo con Jes2s podr$a ser garanti&ado' (ste aspecto diferencia el 8gnstico9
evangelio de Juan de los dem0s escritos gnsticos: dentro del cuadro que
estamos diseñando, ello ser0 decisivo para la incorporacin del evangelio al
canon, a pesar de algunas oposiciones y reservas'
). *a rehabilitación% &ue tiene su precio+
Tn papel fundamental en ese proceso de reha%ilitacin es desempeñado por
"rineo, quien escuch a Policarpo' (n su o%ra ya citada, surgida alrededor del <?M,
el evangelio de Juan ya tiene una acogida mucho m0s confiada 3lo que no significa
que él no act2e con cautela, como veremos4' -omo vimos, el prestigio del
evangelio, a2n en el fin del segundo siglo, parece estar del lado herético, e "rineo
sa%e eso muy %ien' Pero es interesante notar como <Jn es, para él, como un
8espe!o9 3la e#presin es de Pro+n4 y una seguridad hermenéutica para la lectura
de Jn' (n """,<L> ? leemos as$>
(l )eñor nos previno para que tuviésemos cuidado con ellos Clos gnsticosD, y su
disc$pulo Juan, en la ep$stola ya citada, nos ordena evitarlos, diciendo> 81uchos
seductores se han levantado en el mundo, que no confiesan que Jesucristo vino
en la carne' (stos son los seductores, son el anticristo' Tengan cuidado con ellos
para no perder el fruto de vuestro tra%a!o9' G adem0s, en la ep$stola> N1uchos
falsos profetas vinieron al mundo' (n esto se conoce el (sp$ritu de .ios> todo
esp$ritu que confiesa que Jesucristo vino en la carne es de .ios: todo esp$ritu que
divide Jes2s no es de .ios, sino del anticristo9' (stas pala%ras son seme!antes a
las del (vangelio, donde se dice> 8(l ;er%o se hi&o carne y ha%it entre nosotros9'
Aqu$ est0 por qué él adem0s proclama, en su ep$stola> 8Todo aquel que cree que
Jes2s es el -risto, naci de .ios9'
-omo se ve, la cita de Jn <> <H viene adecuadamente 8envuelta9 3y por eso mismo
interpretada4 por las de =Jn K@? y <Jn H><@J: I> F 6as cartas son a2n m0s confia%les
y seguras que el evangelio 3véase otro e!emplo en """,<L> I> el propsito del
evangelio en =M> JM@J< viene seguido inmediatamente de <Jn => <?@<A, =<@==4'
-omien&a de ah$ la identificacin de propsitos entre el evangelio y las cartas, y
cada ve& se torna m0s dif$cil perci%ir la diferencia de enfoques entre am%os, algo
que no pasar0 desaperci%ido a la mayor$a de los o%servadores del siglo "", de un
lado y de otro' G la lectura de "rineo confirma cmo las cartas desempeñan un
papel fundamental en el com%ate a las here!$as y, en consecuencia, en el proceso
de esta%lecimiento de una ortodo#ia sustentada por una iglesia dirigida por
o%ispos'
6a propia insistencia en garanti&ar al con!unto evangelio@cartas en la autor$a
apostlica, de%e ser situada en ese am%iente confuso y conflictivo, ya que éste fue
un criterio importante de autenticidad, y por lo tanto, de aceptacin' 6a empeñosa
apolog$a de "rineo, afirmando categricamente a Juan, hi!o de /e%edeo, uno de
los .oce apstoles, como responsa%le por el escrito, yendo inclusive contra otros
datos de la tradicin , ten$a la finalidad de enfrentar el repudio del evangelio en
algunos medios eclesi0sticos, ya que de él se serv$an varios grupos sospechosos,
adem0s de colocarlo, sorprendente y militantemente, contra la here!$a 3""",<<> <4'
6a cuestin de la autor$a se coloca decisivamente al servicio de la aceptacin del
escrito y de su interpretacin>
G después Cde 1ateo, 1arcos y 6ucasD, Juan, el disc$pulo del )eñor, aquel que
ha%$a recostado la ca%e&a en el pecho de él, tam%ién pu%lic su (vangelio,
cuando viv$a en Vfeso, en Asia 3""",<> <4'
(sta%a hecha la identificacin entre el disc$pulo amado, el evangelista y el autor
del Apocalipsis, como tam%ién de las cartas, que tan larga vida tendr$a en la
tradicin cristiana, pero que para "reneo ten$a una finalidad mucho m0s inmediata>
garanti&ar la aceptacin de los escritos, por el criterio del origen apostlico, de los
escritos en cuestin'
Bay que considerar tam%ién la formulacin del llamado 8-anon de 1uratori9,
importante testimonio de cmo anda%an la aceptacin y el reconocimiento de los
te#tos, en la 7oma del final del segundo siglo' A pesar de la am%igSedad de la
formulacin, es posi%le notar que él acepta nuestro evangelio por su origen
presumidamente apostlico, y por ser comunicacin del apstol a sus sucesores,
los o%ispos>
(l cuarto (vangelio es el de Juan, uno de los disc$pulos''' 7equerido por sus
disc$pulos y por o%ispos, el venera%le anciano respondi> 8Ayunen conmigo tres
d$as a partir de ahora y comen&aré a relatar para todos todo cuanto sea necesario
ser revelado a cada uno de nosotros9' 6a misma noche fue revelado a Andrés, uno
de los doce, que Juan de%$a narrar personalmente todas las cosas conforme las
pod$a recordar'''
-on todo, ya que la cuestin del origen y autor$a !uga%a un papel decisivo para la
aceptacin del evangelio en lo que ha%r$a de ser el canon, la autenticidad de los
escritos !oaninos 3Ey aqu$ se incluye tam%ién el ApocalipsisF4 ser$a impugnada por
sectores que alegar$an %0sicamente ra&ones anti@heréticas: y el centro de la
resistencia contra el evangelio !oanino parece ha%er sido la 7oma 8ortodo#a9 del
pres%$tero Wayo, convencida de que el evangelio pose$a, efectivamente, un
car0cter herético, m0s precisamente montanista' (n ese sentido, no es e#traño
que, en el pasa!e del siglo "" hacia el """, para recha&ar el evangelio, Wayo quisiese
atri%uirlo al doceta -erinto, lo que hermenéuticamente es muy significativo,
aunque histricamente invia%le' Alrededor de él se esta%leci un grupo, que
(pifanio llam álogoi, o sea, aquellos que recha&an la revelacin del 6ogos 3de ah$
que tampoco aceptaran el Apocalipsis4'
)i, por lo tanto, en el final del siglo "" se esta%lecer0 un cierto consenso en torno
de los li%ros que ha%r$an de formar parte del NT, por caminos muy dif$ciles de ser
hoy delineados , en el caso de la tradicin !oanina esta trayectoria alcan&a los
comien&os del siglo """' G no de!a de ser curioso que !ustamente en 7oma,
permaneciesen en pie las 2ltimas trincheras levantadas contra el evangelio' .e
cualquier manera, ya esta%a definido el camino por el cual parte de la tradicin
!oanina, comen&ando del evangelio, pasando necesariamente por las cartas,
ha%r$a de ser incorporada al canon'
,. anon% -nosis e intereses eclesi.sticos
Por lo que vimos, el evangelio de Juan tuvo una recepcin entusiasta entre grupos
como los valentinianos gnsticos y los montanistas: y, tam%ién por eso, produ!o
desconfian&a entre sectores de la llamada 8ortodo#ia9, que, a su ve&, leer0n con
gran interés las cartas !oaninas' Tanto de un lado como del otro, se produ!o una
separacin entre el evangelio y las cartas> se perci%i que sus intenciones, a pesar
de la seme!an&a en el voca%ulario, eran %astante diferentes' Al mismo tiempo, las
dos corrientes que vimos oponiéndose mutuamente, en el conte#to de las cartas
profundi&ar0n sus diferencias: ya antes de "reneo la comunidad !oanina ha%r0
desaparecido como grupo' (n la medida en que la corriente desarrollada a partir
de las cartas, se apro#im y se integr a los sectores que conformaron el proceso
de organi&acin eclesi0stica, fue posi%le la incorporacin del evangelio de Juan,
de%idamente rele$do y 8corregido9, al canon' (l 8otro lado9 se incluy y se diluy en
las corrientes gnsticas, que ha%r$an de reci%ir el %om%ardeo que comen&ara
"reneo'
6a constatacin de este proceso nos lleva a adoptar cierta reserva, como di!imos
ya en el inicio de este art$culo, frente a una tendencia, tam%ién e#istente en la
e#égesis latinoamericana m0s reciente, de aclamar, de manera muy r0pida, las
opciones del canon neotestamentario en lo referente a la tradicin !oanina,
ideali&0ndolas y legitim0ndolas' Tal aclamacin se !ustificar$a porque, hecha la
seleccin del camino a%ierto por las cartas 3Ey la e#clusin derivada de elloF4, el
cristianismo posterior ha%r$a quedado li%re de las tendencias gnsticas y
espirituali&antes que, de alguna forma, proced$an del evangelio' Pa%lo 7ichard,
por e!emplo, comentando la importancia de <Jn, dice> 8en la comunidad y en la
tradicin del disc$pulo amado naci una tendencia heleni&ante y 3pre4gnstica, que
reali& una interpretacin espiritualista del evangelio' 6as as$ llamadas cartas de
Juan, son escritas para corregir esta tendencia disidente' (l autor de las tres
cartas tiene una interpretacin del evangelio, contrapuesta a la interpretacin de
los disidentes heleni&antes y espirituali&antes''' Basta el d$a de hoy e#iste esta
interpretacin gnstica, heleni&ante y espiritualista del cuarto evangelio' Por eso la
importancia de esta primera carta para rescatar el esp$ritu auténtico y original de la
tradicin del disc$pulo amado y de la comunidad' Todo el estudio del evangelio
de%er$a ser reali&ado siempre a partir de la primera carta, contra los disidentes
heleni&antes y espiritualistas, tanto de fines del siglo " como tam%ién de hoy9'
)u%yacente a tamaña temeridad 3Eque hoy d$a tiene tantas ra&ones y es tan
necesarioF4 est0 una identificacin, reduccionista a nuestro ver, entre gnosticismo
y una cosmovisin y antropolog$a dualistas, de cuño platnico o seme!ante' .e ah$
el amplio uso del peyorativo 8espirituali&acin9 y derivados' G si una religin
espiritualista hoy, presta inmensos servicios religiosos a los sectores dominantes y
a los intereses de los grupos privilegiados en nuestra sociedad, no podr$a ser
diferente en el pasado> 8(l gnosticismo ven$a a llenar un gran vac$o e#istencial y
vital que el "mperio 7omano, ha%$a creado a través de la mercantili&acin de las
personas y de las vidas, reduciendo millones de personas a la categor$a de
Nherramienta vocalO' Por otro lado, el gnosticismo serv$a perfectamente a la
ideolog$a e intereses econmicos y sociales de las clases dominantes del "mperio'
Predicando la fuga del mundo, que es malo, aliena%a la consciencia de los
siervos, esclavos y pue%los sometidos, %uscando la fuente de su felicidad en un
m0s all0 fantasioso, y no cuestionando en ning2n momento su situacin de
opresin9'
)uponiendo que sea tan f0cil identificar as$ las funciones sociales de los
espiritualismos, ayer y hoy, podr$amos preguntar> ¿ha%r0n los o%ispos 3y no slo
el (sp$ritu, a quien 7ichard apela4 adoptado como criterio fundamental para la
incorporacin al canon, aceptar 2nicamente te#tos que no legitimasen de alguna
forma cualquier tipo de opresin? (ntonces, ¿cmo entraron, por e!emplo, te#tos
pos@paulinos como las cartas a los colosenses, (fesios y las pastorales, muy poco
cr$ticos de la esclavitud y del lugar su%alterno de la mu!er en la casa y en la
comunidad? ¿-u0les eran realmente las intenciones y criterios de los o%ispos en
el cam%io del segundo siglo hacia el tercero? (s suficiente afirmar simplemente,
que la polémica suscitada por las cartas !oaninas, que ha%r$a de salvar el
evangelio del ostracismo, se de%i al hecho de que el gnosticismo 8incorpore la
primitiva refle#in cristiana en una estructura de pensamiento sistem0tico, cuyas
l$neas maestras provienen largamente de tradiciones intelectuales y religiosas,
anteriores y e#trañas al propio cristianismo''' ¿(s el aspecto caracter$stico de la
gnosis, el interés por una salvacin del ser humano, que es puesta en
dependencia de un conocimiento reservado a pocos elegidos9?
Podr$a pensarse, si !ustamente, este 2ltimo punto no ha%r$a sido el responsa%le
del recha&o de esta corriente, por la iglesia que se i%a estructurando: finalmente,
8en su con!unto, el gnosticismo represent un fenmeno de élite9, lo que se
manifiesta principalmente en la divisin de las personas, seg2n portasen o no la
chispa divina, de lo que depender$a la salvacin' Ba%r$a ha%ido entonces una
preocupacin, en evitar la 8eliti&acin9 del cristianismo, y la adaptacin de éste a
los intereses de las clases acomodadas del "mperio' Nada m0s incompleto, para
decir lo menos, %a!o pena de no poder entenderse cmo -lemente de Ale!andr$a
3muerto en el =<I4 y 5r$genes 3muerto en el =IJ4, por e!emplo, no fueron tildados
de heréticos> 8-lemente pertenece a una corriente nueva dentro del cristianismo,
que aspira a conocimientos m0s elevados y se siente irritada frente a personas
NsimplesO que quieren un cristianismo de tradicin oral, sin erudicin9' Vl ela%ora
una 8gnosis cristiana9> se trata de 8un conocimiento superior, una intuicin
originada en una revelacin privilegiada, una penetracin en el misterio cristiano
que la Nmasa ignoranteO no consigue alcan&ar''' (s verdad que -lemente reacciona
contra una concepcin radical de la gnosis, que divide el cuerpo social en
gnsticos e ignorantes, pero no se puede negar que so%revuela so%re sus escritos
un clima divisorio entre la NmasaO y los NiluminadosO9' Tn te#to suyo es muy claro>
8(sa gnosis, venida de los apstoles y transmitida oralmente, ha llegado por esa
sucesin a un pequeño n2mero de personas9' EG Tertuliano tuvo que apartarse de
la 8ortodo#ia9 para poder continuar siendo defensor de la 8teolog$a de la opcin por
los marginados9 3Boornaert4 y a%ogar por una iglesia menos institucionali&ada y
menos comprometida con Atenas y 7omaF
.e manera que atri%uir simplemente a preocupaciones, en cuanto a la eliti&acin
del cristianismo, el recha&o al gnosticismo, y en particular, a un segmento
significativo de la tradicin !oanina nos parece insuficiente' "rineo aca% por
aceptar el evangelio de Juan, no tanto porque esta%a convencido de que ello
preserva%a la comunidad cristiana de contaminaciones elitistas, sino
principalmente porque perci%i que era posi%le hacer de él, un lectura adecuada a
los intereses de la institucin eclesi0stica, que da%a sus primeros pasos' EG as$
-lemente funda%a su gnosis en la tradicin procedente de los apstolesF
onclusión
.esarrollamos todo este ra&onamiento so%re aspectos del gnosticismo, en lo
referente a los procesos de su aceptacin y recha&o, lo que es a%solutamente
nuestro tema, para !ustificar que hayamos propuesto la cuestin de la recepcin
de parte de la tradicin !oanina, en otros términos que simplemente el 8desv$o9
gnstico que la parte señalada por las cartas ha%r$a desarrollado' (l e!emplo de
los montanistas, muy poco gnsticos, pero fervorosos adeptos del evangelio de
Juan, ya es indicativo en esa direccin'
(l evangelio, y las cartas !unto con él, fueron incorporados al canon, en primer
lugar porque éstas hicieron de aquél una presentacin alternativa, reconociendo
de alguna manera, la necesidad de una instancia mayor de enseñan&a y direccin'
(l agregado del cap$tulo =< al evangelio ya aca%ado, sum en la misma direccin'
6a insercin de él a la 8tradicin apostlica9 de "rineo complet el proceso' .e esta
forma el evangelio de Juan fue visto como acepta%le, para atender 8a las
necesidades de la institucin emergente9' -on la sutile&a que le es peculiar,
Pagels concluye> Juan servir$a, 8especialmente, qui&0s, cuando se coloca detr0s
de los de 1ateo, 1arcos y 6ucas9''' EG no pod$an faltar las cartas que,
decisivamente, contri%uyeron para su legitimacinF
Pero para contar la historia del (vangelio de Juan 3y no slo su formacin, sino
tam%ién su supervivencia4, ser0 necesario recorrer, adem0s de las cartas y a
"reneo, tam%ién a Ber0cleon y otros here!es, a tanta gente annima y silenciada, a
las mu!eres que radicali&aron la presentacin de la memoria de 1ar$a
1agdalena'''
Tna 2ltima o%servacin> la consideracin que hicimos de los te#tos finalmente
canoni&ados, se dio casi e#clusivamente, %a!o la ptica del proceso de su
aceptacin oficial' No siempre el sentido atri%uido a un te#to, con el tiempo,
corresponde a su intencin primera' )er$a un anacronismo, por e!emplo, atri%uir a
las cartas cualquier tipo de finalidad 8canoni&ante9 u 8oficiali&ante9 de la tradicin
inaugurada con el evangelio de Juan' 5 suponer que la redaccin de Jn =<, haya
sido motivada por intenciones uniformi&antes' 1as es necesario hacer ese tipo de
pregunta, inclusive al propio evangelio: pues el proceso hermenéutico supone,
necesariamente, la consideracin so%re el 8rastro que la o%ra de! atr0s de s$9
3Wadamer4'

Pedro 6ima ;asconcellos
7ua das Ac0cias, <<I Q Jardim Para$so
<J=KJ@JAM Q ;alinhos Q )P
Prasil
Traducción! .aniel Jones' "evisó # cote$ó notas! Néstor 1$gue&'
Tra%a!amos aqu$ con la hiptesis, no totalmente consensuada, sino apenas
mayoritaria, de que las cartas de Juan son posteriores al evangelio, de%iendo ser
le$das, por lo tanto, en el conte#to de la recepcin de éste y de las resistencias
que éste suscit'
Josep@5riol Tuñ$ y Zavier Alegre' Escritos $oánicos # cartas católicas'
(ditoral;er%o .ivino (stella 3Navarra4, <AAI, p' <KA'
Bans@Josef Xlauc,' 8(l trato con los secesionistas en la Primera -arta de Juan9
(n> %oncilium' 1adrid, <A??, n' ==M, pp' HMI@H=L: aqu$ p' HMK'
Bans@Josef Xlauc,' 88(l trato con los secesionistas''', p' HM?'
(s dif$cil afirmar con seguridad en qué forma el evangelio se encontra%a en el
conte#to de estos conflictos en que se situa <Jn' -iertamente no e#ist$a todav$a el
cap$tulo =<, cuya redaccin se entiende me!or dentro del conflicto de
interpretaciones en torno del evangelio !uanino' )enén ;idal cree que el agregado
constitu$do por los cap$tulos <I@<K ha sido ela%orado ya en el conte#to de la
redaccin de las cartas 3Los escritos de la comunidad del discípulo &amigo' de
Jes(s. )$gueme, )alamanca, <AAK, p'J<@JH4' Ba%laremos en el transcurso de este
ensayo de algunos retoques que el evangelio ha%r$a reci%ido en funcin de la
pro%lem0tica que estamos considerando, y que lo apro#imar0n a la forma con que
hoy los conocemos'
7aymond Pro+n' La comunidad del discípulo amado' )$gueme, )alamnca,, <A?J,
p' AA@<JL' 6a cita es de la p' AH'
7udolf Pultmann' The gospel o) John! a commentar#' Pasil Plac,+ell, 5#ford,
<AK<, p' L@K'
Belmut XYster 3en Ancient %hristian *ospels. )-1 Press and Trinity Press
"nternational, 6ondon and Philadelphia, <AAM, p' <KJ@<AL4 esta%lece una
provocativa relacin entre escritos descu%iertos en Nag Bammadi, como el
iálogo del Salvador y el Apócri)o de Santiago, y logia de Jes2s encontradas en
Juan' No vamos aqu$ a discutir la relacin m0s amplia entre gnosis y cristianismo'
(n lo referente a lo que nos interesa, asumimos aqu$ las posiciones de .' A'
Plac,, resumidas por Antonio Piñero de la siguiente manera> 8el NgnosticismoO de
Juan proviene no de una NgnosisO ya formada en su época Ccomo quer$an Pultmann
y X[semannD, sino de un c2mulo de influencias del mundo religioso palestino y del
5riente en el siglo "> antes que nada, ideas veterotestamentarias, especialmente
del 0m%ito sapiencial''': el am%iente religioso de Rumran, so%retodo en lo que
concierne al dualismo lu& \ tinie%las, etc': la religiosidad helen$stica en general en
su af0n por esta%lecer cierto parentesco entre la divinidad y el ser humano''' (l
gnosticismo cristiano posterior fue influenciado precisamente por las ideas del
evangelio de Juan, utili&ado con mucha frecuencia, y no al contrario9 387efle#iones
so%re la pluralidad de enfoques en este li%ro9 (n> Antonio Piñero 3org'4 Orígenes
del cristianismo' = ed', (l Almendro, -rdo%a, <AAI, p' HJJ4' 6a importancia de los
escritos de Nag Bammadi, encontrados en <AHI, a2n es poco reconocida' Pero,
m0s all0 de todas las repercusiones que viene teniendo, en la investigacin so%re
el Jes2s histrico y los or$genes del cristianismo, tiene una importancia particular
para la evaluacin de la relevancia y de las tendencias de la tradicin !uanina'
Junto con los de Rumr0n, los escritos de Nag Bammadi se han revelado
prometedores para el esta%lecimento del medio socio@cultural en que se desarroll
el proceso que gener el evangelio !uanino y los que éste suscit' Para una
presentacin general de los descu%rimientos y de las l$neas de su interpretacin
puede leerse (laine Pagels' Los evangelios gnósticos' Wri!al%o, Parcelona, <A?=,
p' <<@JA'
7aymond Pro+n' La comunidad del discípulo amado' p' <MI'
Apenas un e!emplo' Juan 1ateos y Juan Parreto afirman que el pasa!e de Jn =M>
<<@<? es una relectura de te#tos del -antar de los -antares: Jes2s y 1ar$a
1agdalena forman 8la nueva pare!a9 3p' ?I=4' (n consonancia con varios escritos
gnsticos, el evangelio afirma la profunda pro#imidad entre am%os que, en el te#to
de Jn =M> <<@<?, va del llanto por la pérdida del amado, pasando por la sutil
apelacin ertica a la misin de anunciar la resurreccin a los disc$pulos, entre los
cuales se encuentran los doce 3El Evangelio de Juan, p' ?IJ@?IA4'
62cia *eiler' 8Jesus y la samaritana9 (n> "evista de +nterpretación ,í-lica
Latinoamericana ."+,LA/ <AAJ' n'<I, p' <=J@<JM: (lisa (steve&' 86a mu!er en la
tradicin del disc$pulo amado9' (n> "+,LA, <AAH' n'<K, p' ?K@A?: 1ercedes 6opes'
A con)iss0o de 1arta' Paulinas, )]o Paulo, <AAL'
)intom0ticamente, las versiones modernas de la P$%lia tienden a no traducir, en
este te#to, el término griego 8apóstolos9 por el convencional 8apstol9, sino lo
toman apenas como una forma participial 38enviado94' ¿)er0 mera coincidencia
que !ustamente este te#to, que parece poner l$mites o sutilmente criticar
prerrogativas de apstoles, no sea adecuadamente traducido?
7aymond Pro+n' La comunidad del discípulo amado' p' <<<@<<='
)i el contenido e#acto de lo que fue visto y palpado puede ser controvertido 3el
te#to trae el o%!eto en una forma neutra4> Jes2s, el anuncio inicial respecto a él, o
el esta%lecimento de la comunidad, o una com%inacin de todos ellos, no ca%en
dudas frente al hecho de que el grupo en que el autor se sit2a se considera digno
de autoridad e o%ediencia por ha%er sido sido testigo de estos hechos arcanos, y
con eso guardianes de una tradicin auténtica'
(laine Pagels' Los evangelios gnósticos', p' HH'
Para la relacin entre proclamar la resurreccin y definir la autoridad en el interior
de la iglesia primitiva, puede leerse John .' -rossan.El Jes(s histórico! la vida de
un campesino $udío del 1editerráneo: traducido del inglés por 1ar$a Teresa
6avalle, Puenos Aires> Planeta, <AAL, p' HJJ@HIH'
Por docetismo se entiende un a%orda!e de la figura de Jes2s en que la realidad
humana de Jes2s es tomada por apenas aparente, por lo tanto irrelevante'
5%viamente el car0cter de apéndice no se deduce primeramente de la tem0tica
del cap$tulo =<, sino de su lugar en el relato, después de la conclusin de Jn =M>
JM@J<'
7aymond Pro+n' La comunidad del discípulo amado', p' H<@HJ'
)enén ;idal' Los escritos originales''', p' HAH@HAI' "gnacio, martiri&ado en el año
<<M, ha%la del pan eucar$stico como 8remedio de inmortalidad, ant$doto para no
morir, sino para vivir en Jesucristo para siempre9 3-arta a los (fesios =M> =' (n>
Padres apostólicos. Paulus, )]o Paulo, <AAI, p' ?A4'
Philipp ;ielhauer' Historia de la literatura cristiana primitiva''', p' HAK'
)enén ;idal' Los escritos de la comunidad''', p' LM=@LMJ'
(l te#to, con una larga presentacin de Xnut )ch[ferdiec,, se encuentra en
*ilhelm )chneemelcher' 2e3 Testament Apocr#pha'John -lar,e ^ -o' \
*estminster\John Xno# Press, -am%ridge \ 6ouisville, <AA=, v' =, p' <I=@=MA' Para
comentarios, Belmut XYster' +ntroducción al 2uevo Testamento' )$gueme,
)alamanca, <A??, p' K<I@K<K: Philipp ;ielhauer' Historia de la literatura cristiana
primitiva''', p' KJL@KJA'
Philipp ;ielhauer' Historia de la literatura cristiana''', p' KJ?@KJA'
Philipp ;ielhauer' Historia de la literatura cristiana''', p' KJA' -on todo, una
reserva> ntese que ;ielhauer entiende por 8grupo !o0nico9 aquel representado por
las cartas cannicas, Ecomo si la declaracin posterior de here!$a indicase que,
antes, hu%iesen ido los 8gnsticos9 a separarse y esta%lecer una identidad distintaF
E5 que el grupo ale!ado por <Jn no pudiese ser llamado, tam%ién él, 8grupo
!o0nico9F
Belmut XYster' +ntroducción al 2uevo Testamento''', p' K<K'
Para un panorama de su contenido, Belmut XYster' +ntroducción al 2uevo
Testamento''', p' KJK@KJA'
-itado por (duard 6ohse' %onte4to e am-iente do 2ovo Testamento. Paulinas,
)]o Paulo, =MMM, p' =LI'
-itado por -harles B' .odd' La tradición histórica en el cuarto evangelio5 1adrid>
-ristiandad, <AK?, p' JLH'
Josep@5riol Tuñ$ y Zavier Alegre' Escritos $oáninos # cartas católicas''', p' <LJ,
nota ?='
7aymond Pro+n' La comunidad del discípulo amado, p' <H<' Nos servimos de la
traduccin del Segundo Apocalipsis de Santiago, precedida por una
presentaccin,encontrada en Te4tos gnósticos. ,i-lioteca de 2ag Hammadi +++'
Trotta, 1adrid, =MMM, p' AA@<<<'
Te#to en portugués traducido y comentado por Jean@Gves 6eloup 3O evangelho de
1aria! 1íriam de 1agdala' = ed', ;o&es, Petrpolis, <AA?: aqu$ p' JK4'
7aymond Pro+n' La comunidad del discípulo amado' P' <HK'
)e trata de otro te#to encontrado en Nag Bammadi' Nos servimos aqu$ de la
traduccin española encontrada en Te4tos gnósticos. ,i-lioteca de 2ag Hammadi
++ 3Trotta, 1adrid, <AAA, p' <K@I<4' ;ea tam%ién Aurélio de )antos 5tero' Los
evangelios apócri)os. ? ed', Pi%lioteca de Autores -ristianos, 1adrid, <AAJ, p' KML@
KHK'
6ilia )e%astiani' 1aria 1adalena! de personagem do Evangelho a mito de
pecadora redimida' ;o&es, Petrpolis, <AAI,p' IK'
+rineu de Li0o' Paulus, )]o Paulo, <AAI' Todas las citas de "reneo ser0n relativas
a esa o%ra y sacadas de esta edicin' CNo teniendo a mano una edicin
equivalente en castellano, hemos retraducido las citas de la edicin portuguesa'
Nota de los traductores'D
Tna presentacin del sistema valentiniano, reali&ada para esta%lecer una cone#in
con el inconsciente colectivo de tipo !ungiano, puede ser le$da en (d+ard U'
(dinger' A psi6ue na Antig7idade' -ultri#, )]o Paulo, =MMM' v' =, p' AJ@<<M'
;ea la presentacin y te#to de El evangelio de la 8erdad en Te4tos gnósticos.
,i-lioteca de 2ag Hammadi ++.'', p' <H<@<L<' Tam%ién la r0pida presentacin de
;alentiniano en Belmut XYster' +ntroducción al 2uevo Testamento''', p' KII@KIL:
-laudio 1oreschini y (nrico Norelli' História da literatura crist0 antiga grega e
latina. + 9 de Paulo a %onstantino' 6oyola, )]o Paulo, <AAL, p' =IL@=IK'
-laudio 1oreschini y (nrico Norelli' História da literatura crist0 antiga grega e
latina''', p' =IA@=LM' 6amenta%lemente no tuvimos acceso a esta o%ra Ber0cleon,
como tampoco a un importante estudio so%re la e#égesis gnstica del evangelio
!uanino 3(laine Pagels' The Johannine *ospel in *nostic E4egesis' A%ingdon,
Nashville, <AKJ4'
Adversus haereses ", ?> I: otra interpretacin en """, <<> <@L' (n> +rineu de Li0o''', p'
IL@I?, =KK@=?='
-f' la nota histrica en Paulo Nogueira' 8-ristianismos en Asia 1enor' Tn estudio
comparativo de las comunidades en Vfeso al final del primer siglo d-9' (n> "+,LA,
<AA?' n'=A,p' <=M@<J?''
e puditicia,citado por (laine Pagels' Los evangelios gnósticos', p' <LM@<L<'
-l0udio 1oreschini y (nrico 1orelli' História da literatura crist0 antiga''', <AAL, p'
=LK'
7aymond Pro+n' La comunidad del discípulo amado', p'<HM@<H<' Baciendo la
reserva, que el propio Pro+n admitir$a, de que los términos 8ortodo#ia9 y
8heterodo#ia9 no son adecuados para clasificar y evaluar grupos cristianos en este
per$odo, a fin de cuentas, slo 8m0s tarde, en la segunda mitad del siglo "",
cristianos NcatlicosO y NheréticosO comen&ar0n a distinguirse m0s claramente9
3Belmut XYster' Ancient %hristian *ospels''', p' ZZZ4, no de!a de ser
sorprendente, si tomamos la historia del evangelio en los per$odos posteriores y la
alta estima que tuvo por parte de los telogos durante los siglos, e inclusive en la
piedad cristiana com2n, el destino que tuvo en los años inmediatamente
posteriores a su surgimiento' (n el conte#to de lo que estamos considerando, no
llega a ser una sorpresa'''
(use%io de -esarea' Historia eclesiástica """, JA> <K3Puenos Aires> Nova, <AIM, p'
<IH4' 6a ausencia de Juan 8slo puede tener como e#plicacin que CPap$asD
considera%a a Jn como herético por la simpat$a que le profesa%an y el uso que de
él hac$an los gnsticos9 3Philipp ;ielhauer' Historia de la literatura cristiana
primitiva''', p' HK=4' No es el caso aqu$, tratar la ausencia de 6ucas en Pap$as'
(n> Padres apostólicos''', p' <HJ' ;éase 7aymond Pro+n' La comunidad del
discípulo amado', p' <H<'
7aymond Pro+n' La comunidad del discípulo amado', p' <HJ'
Neil (lliott' Li-ertando Paulo! a $usti:a de eus e a política do apóstolo' Paulus,
)]o Paulo, <AAK, p' JA@KK'
*alter Pauer' Orthodo4# and heres# in earliest christianit#. = ed', )igler,
1ifflinto+n, <AAL, p' ==?'
1e %aso aqu$ en Belmut XYster' Ancient %hristian *ospels''', p' <KA@<?<'
Ttili&amos la presentacin y la traduccin del iálogo del Salvador encontrada en
Te4tos gnósticos. ,i-lioteca de 2ag Hammadi ++''', p' <LI@<?K'
Belmut XYster' Ancient %hristian *ospels''', p' <?M'
(laine Pagels' Los evangelios gnósticos' p' <K<'
+rineu de Li0o''', p' J==@J=J'
7aymond Pro+n' La comunidad del discípulo amado'', p' <H='
;ea al respecto las informaciones pormenori&adas de Philipp ;ielhauer 3Historia
de la literatura cristiana''', p' HK<@HKJ4' (sos datos parecen suficientes para notar
cmo la atri%ucin de li%ros a este o aquel persona!e es m0s que ar%itraria,
o%edeciendo mucho m0s a las necesidades de la polémica y de la apologética'
Benry Pettenson 3ed'4' ocumentos da igre$a crist0. J ed', A)T(, )]o Paulo,
<AA?, p' LK'
"rineo tam%ién dice conocer a quien recha&e el evangelio por no aceptar la
promesa de Par0clito> 8recha&an al mismo tiempo el (vangelio y el (sp$ritu
profético9 3""",<<> A4' )er$a tentador imaginar que esa gente que recha&a el
evangelio por causa de Par0clito lo hiciese por causa de la interpretacin que
grupos como los montanistas hac$an del mismo Par0clito'''
A lo que parece en el interior\seno 3seio4 de esos álogoi hacerse uso de otro
instrumento que tam%ién contri%uy a colocar al evangelio de Juan %a!o sospecha>
la comparacin con los sinpticos, ya mucho m0s aceptados, y la percepcin de
las flagrantes diferencias y contradicciones' (sa comparacin suscit los m0s
variados intentos de resolucin: el m0s famoso es el de -lemente de Ale!andria>
8Juan, 2ltimo de todos, viendo que el aspecto material de la vida de Jes2s fuera
ilustrado por los otros evangelios, inspirado por el (sp$ritu )anto y ayudado por la
oracin de los suyos, compuso un evangelio espiritual9 3citado en 5scar Pattaglia'
+ntrodu:0o aos evangelhos. ;o&es, Petrpolis, <A?H, p' =MA4'
Antonio Piñero' 8-omo y por qué se form el Nuevo Testamento> el canon
neotestamentario9' (n> Antonio Piñero 3org'4 Orígenes del cristianismo''', p' JHK@
JHA'
Pa%lo 7ichard' 8-laves para una re@lectura histrica e li%eradora 3-uarto (vangelio
y cartas49' (n> "+,LA <AAH' n'<K,p' K@JJ'
-astor Partolomé 7ui&' 8As primeiras comunidades e o gnosticismo> tens]o e
incultura_]o9' (n> Estudos ,í-licos' Petrpolis, <AAH' n'H<, p' ?I'
-laudio 1oreschini y (nrico Norelli' História da literatura crist0.., p' =HJ@=HH'
-laudio 1oreschini y (nrico Norelli' História da literatura crist0''', p' =H?'
(duardo Boornaert' La memoria del pue-lo cristiano' (diciones Paulinas, Puenos
Aires, <A?L, p' <H='
Stromata K,<M,IK, citado por (duardo Boornaert' La memoria del pue-lo cristiano,
p' <HJ'
(l siguiente pasa!e es famoso> 8¿Rué hay en com2n entre Atenas y Jerusalén?
3'''4 Nuestra doctrina viene del Prtico de )alomn que enseño, all$ mismo, que se
de%e %uscar a .ios en la simplicidad del cora&n' Tanto peor para los que
inventaron un cristianismo estoico, platnico, dialéctico' Nosotros no precisamos
de NcuriosidadO adem0s de Jesucristo, ni de %2squedas adem0s del evangelio9 3e
praescriptione haereticorum K> A@<J, citado por (duardo Boornaert' La memoria
del pue-lo cristiano, p' KA4' Boornaert destaca la importancia del movimiento
montanista, al cual Tertuliano va finalmente a adherir, como un factor de
resistencia a movimientos de sectores de la 8iglesia alrededor de los o%ispos9, que
8tend$an a %uscar una alian&a o por lo menos un poco de pa& al lado de la
sociedad pol$tica''' mientras que el montanismo fomenta%a la oposicin a la
sociedad pol$tica,so%re todo en el momento de las persecuciones9 3La memoria
del pue-lo cristiano, p' <<H4'
(duardo Boornaert considera que en "rineo el concepto de 8tradicin apostlica9,
a2n no tiene el car0cter elitista y e#cluyente que adquirir0 en tiempos posteriores>
8"rineo sit2a toda la cuestin de la tradicin apostlica, en la perspectiva de la
salvaguardia del sa%er popular, acerca de la salvacin9 3La memoria del pue-lo
cristiano, p' KJ4' Pero al concepto de 8tradicin apostlica9 est0 asociado otro, el
de la 8sucesin apostlica9, decisivo para la definicin de los campos de poder y
de la organi&acin eclesi0stica> 8la verdadera gnosis es la doctrina de los
apstoles, es la antigua difusin de la "glesia en todo el mundo, es el car0cter
distintivo del -uerpo de -risto, que consiste en la sucesin de los o%ispos a los
cuales fue confiada la "glesia, en cualquier lugar que ella esté Ca continuacin trata
de la (scritura y su correcta interpretacin, y después Ndel don de la caridad, m0s
precioso que la gnosisOD9 3";,JJ> ?, en> +rineu de Li0o''', p'HKI4' G, si la
preocupacin mayor de "rineo, era realmente preservar el evangelio como
sa%idur$a de los simples, su estrategia fue la del refuer&o institucional: al presentar
la iglesia 8fundada y constitu$da en 7oma, por los dos glorios$simos apstoles,
Pedro y Pa%lo, e, indicando a su tradicin reci%ida de los apstoles y la fe
anunciada a los hom%res, que lleg a nosotros por las sucesiones de los o%ispos9,
espera descalificar aquellas personas que 8se re2nen prescindiendo de cualquier
legitimidad9 3""",J> =, en> +rineu de Li0o''', p' =IM4'
(laine Pagels' Los evangelios gnósticos', p'<H='