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AÑO II NÚMERO XVII EDICIÓN DE OCTUBRE DEL 2009

/ DANIEL ROJAS PACHAS / AMANDA ESPEJO / JOSÉ MARTÍNEZ FERNÁNDEZ / ROLANDO
GABRIELLI / ARTURO RUIZ / WILFREDO CARRIZALES / ARTURO VOLANTINES /
RODRIGO RAMOS BAÑADOS / JUAN CARLOS GÓMEZ / TERESA ITURRIAGA / ORLANDO
MAZEYRA /
REVISTA CINOSARGO 1

Editado en Arica- Chile 2009
Diseño: Daniel Rojas Pachas
Cinosargo
Contacto: carrollera@gmail.com
Web: www.cinosargo.cl.kz

Editorial Cinosargo by Daniel Rojas Pachas
Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras
derivadas 2.0 Chile
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Director:
Daniel Rojas Pachas
Coordinadores.
Milvia Alata y Daniel Rojas.

Redactores:

• Daniel Rojas P.
• Milvia Alata
• Arturo Volantines
• Violeta Fernández
• Oliver Beltrán
• Rolando Gabrielli
• José Martínez F.
• Victor Sampayo.
• Wilfredo Carrizales
• Dios Pérez.
• Soledad Díaz E.
• Juan Carlos Gómez

Colaboradores externos:

• Grupo MAL.
• Comics Engranaje.

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Impresiones en torno a La Colectiva 09 desde
Por Daniel Rojas Pachas

La Colectiva 09, cuarta versión del encuentro de colectivos literarios, inserto dentro del programa
elaborado por la primera Feria Internacional del Libro de Arequipa concluida hace unos días, es
una prueba del bullente panorama editorial y poético joven de la ciudad blanca. Este movimiento
que ya trasciende las fronteras, encabezado por el grupo Dragostea y Cascahuesos, da cuenta del
trabajo que un grupo de talentos que no superan los veintidós años, viene concretando con
publicaciones de alta calidad, recitales e intervenciones desde hace ya casi cinco años.

De modo privilegiado he tenido el placer de conocerlos e interactuar con muchos de sus miembros
tanto en Arequipa como fuera de su ciudad y el país, ya sea en encuentros binacionales o
congresos, descubriendo la organización concienzuda, el espíritu creacionista y el empuje que
mantienen.

Esta nueva entrega de la Colectiva no fue la excepción, prueba de ello es el completo programa
que diseñaron integrando diversas disciplinas artísticas, teatro proveniente desde Cusco, poesía
variada en dos días de lecturas con artistas locales e internacionales, mesas de conversación
múltiples referidas al panorama local y la vinculación con otras latitudes, lanzamientos de obras de
poetas emergentes tal es el caso de la presentación del libro Make up and Gum (Marcapasos
2009), Vendo mi cuerpo (Marcapasos 2009) o Balada de la piedra que canta (Dragostea 2009)
asimismo se presentó el título de un consagrado poeta “Los Éxtasis del Inca Rey” antología de la
obra de José Pancorvo a cargo de Cascahuesos y la colección de literatura sobre el viaje
GrisAzul de Dragostea. Un recuento de este tipo, nos obliga a reflexionar, pues aún cuando las
comparaciones siempre resultan odiosas, es innegable que la tarea de edición que se está
llevando a cabo en Arequipa, opaca de lejos la de muchas ciudades de Chile y por supuesto
también del resto del Perú, obligando a los centros a voltear con respeto la mirada.

Para concluir, no podemos ignorar la participación de bandas locales que se proyectan a nivel
nacional como Noir y los Chapillacs, estos últimos, coronaron apoteósicamente la Colectiva con su
cumbia psicodélica.
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e Chile.

En definitiva, La Colectiva por si sola es digna de constituirse como un festival consagrado al arte joven,
los dos días en que se dieron cita las actividades mencionadas, el público pudo gozar y contrastar la labor
que a nivel local las nuevas generaciones de autores están haciendo de modo independiente y con éxito.
Frente a las presentaciones de Jaime Bayly, César Hildebrant, Oswaldo Reynoso o Beto Ortiz, la escena
local dialogo y difundió su arte, procurando proveer una alternativa estética así como una lectura e
interpretación distinta de la realidad. Por lo mismo, en una nota que procura objetividad a la hora de
reseñar la labor realizada, no se puede pasar por alto el rol que cumplió en la FIL el stand de escritores y
grupos independientes de Arequipa, permitiendo a cualquier visitante local o extranjero poder conocer
panorámicamente la historia literaria de la región.

Frente a las otras casas editoriales como Planeta o Santillana y la cadena de Librerías San Francisco que
nos proveen de títulos ultra anticipados y a veces en una muestra paradójica, pues junto a las Ficciones
de Borges puedes encontrar el libro de Magaly Medina o la obra poética de Gianmarco, se celebra y
agradece la presencia y tesón de estos jóvenes a fin de sostener día a día un bastión que te permita
adquirir el material de voces noveles no sólo en poesía o narrativa, sino también completas antologías,
teoría literaria, ensayos, bestiarios, libros objeto, cómics y compilaciones audiovisuales del rock local
entre otras cosas. La experiencia como lector y creador, resulta inusual y enriquecedora pues ante todo
se abre una gama de posibilidades y potencialidades que la literatura y el arte en general aún conserva,
la de convocar y hermanar, pues por encima de los doce mil fans de Bayly haciendo colas interminables
por una firma del otrora niño terrible, resulta igual o más motivador ver a un niño gritando tío, tío mientras
compra el Gallizano de Diego Rondon, a una señora agotando el stock de rock Arequipeño o a un joven
comprando un libro como Elephant Gun de Kreit Vargas, Para detener el tiempo de Jorge Vargas Prado o
Humedales de Javier Norambuena entre muchos otros títulos y siempre confiando en la voz del autor y su
poesía más que en el juego de la popularidad.

Autor: Daniel Rojas Pachas
Director de la Revista Literaria Cinosargo.
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¿Cristal, Pilsen o Cuzqueña?

TODAVÍA me parecía mentira que habíamos llegado hasta allí para que el enamorado de Patricia
y yo nos conociéramos. Patricia fue la primera en ingresar, la siguió el gordo y yo le puse fin a esa
fila india saludando a Paco antes pisar el bar. El amplio local, como siempre, se insinuaba lóbrego
y plagado de coloquios frívolos que expelían licor y tabaco, sólo quedaban un par de mesas
libres. Al fondo, en el extremo izquierdo, había un tipo que nos daba la espalda, estaba acodado
en el mostrador y platicaba animadamente con el «tío Leopoldo» —así llamábamos
cariñosamente al dueño del local; lo único que sabíamos de él era que había nacido en Rosario,
Argentina y que radicaba en el Perú desde hace aproximadamente unos cinco años atrás, por
motivos que él siempre se empeñó en ocultar con obstinación puritana—; mientras éste, instalado
en el banquillo más alto de todo el bar, limpiaba con un paño húmedo algunos de los cuadros
que formaban un abanico de imágenes que atiborraban las amarillentas paredes del local. Dichos
cuadros no eran más que fotos enmarcadas de grandes personajes argentinos: aparecía Carlos
Gardel con guitarra y sombrero, Julio Cortázar fumando un humeante habano, la rugosa imagen
de José Hernández tomándose la copiosa barba, Ernesto Che Guevara con esa mítica boina
ornada por una fulgurante estrella solitaria, Diego Armando Maradona enfundado en la casaquilla
azulina del Nápoles, César Luis Menotti con un balón de fútbol apoyado en su cintura, y otros
tantos que no conozco.

—¡Alonso! —gritó Patricia, e inmediatamente el tipo que nos daba la espalda volteó y, sonriendo
efusivamente, abrió los brazos. Ella, abrumada por la emoción, corrió hacia él y justo antes de
llegar, resbaló con el casco vacío de una botella de cerveza que descansaba en medio del suelo,
pero él logró atajarla antes de que ella rozara el suelo. La tomó de la cintura, la aferró con
violencia a su cuerpo y le dio un beso tan largo y exagerado que hizo que todos los anónimos
bebedores de las mesas del local interrumpieran sus conversaciones y libaciones para espectar
en silencio a la llamativa pareja que, ciertamente, empezó a causar sensación.

—¡Che, pará de una vez! —le gritó el tío Leopoldo al tipo llamado Alonso, mostrando un gesto
complaciente—. Acaso querés asfixiarla, ¡dejála!, porque le podés arrancar los labios a la pobre
mina.
El gordo y yo nos quedamos casi en la entrada observando —como lo seguían haciendo todos
los circunstantes— a Patricia en los brazos del sujeto de la barra. Cuando por fin la soltó, empezó
a acariciarle los hombros mientras le hablaba al oído. Ella sonreía y le aliñaba las cejas con esa
delicadeza que sólo tienen las mujeres.
—Van a pasar o se van a quedar parados como un par de giles —nos dijo el tío Leopoldo con una
severidad terminante.
El gordo le sonrió nerviosamente, luego me miró y me largó la invitación que yo no quería recibir:
—Vamos, te voy a presentar a Alonso.
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— Ya —le alcancé a decir sin muchos bríos y con ganas de un buen trago; y es que cuando vi a
Patricia, atrapada en los brazos de ese tipo, intuí que, en realidad, ella siempre me había gustado…
Hay cosas y sensaciones íntimas que me sacuden el cuerpo y que nunca he alcanzado a entender:
en esos momentos, por ejemplo, me sentía ¡decepcionado! Sí, estaba decepcionado sin tener un
fundamento válido. «¿Por qué diablos me has decepcionado? —pensé, apesadumbrado—. Patricia
eres una pobre ramera.»
Cuando nos acercamos a ellos, recién alcancé a verlo nítidamente y, en verdad, se parecía mucho
a mí: tenía la misma talla, color de piel y ojos, gestos, corte de pelo, facciones, etcétera. (No sé si
viene al caso decirlo, pero mi mamá siempre decía que todos tenemos en alguna parte del mundo a
nuestro doble. Tal vez, acababa de encontrar al mío.)
—Alonso te quiero presentar a tu gemelo —le dijo Patricia, luego me miró y agregó—: Se llama
Eduardo… Eduardo Echenique, te va a caer muy bien.
—Hola Eduardo —me dijo con un acento raro y presuntuoso; creo que también se sorprendió al
notar nuestro considerable parecido—. Soy Alonso Chávez, el enamorado de Paty. Oye, ¿eres algo
de Bryce Echenique?
—Que yo sepa no, aunque…

—¿Si o no que se parecen? —nos preguntó Patricia, interrumpiendo mi respuesta.
—Bueno, creo que tenemos algo, pero muy poco —traté de malograrle la fiesta.
—Sí Paty, no es para tanto —me apoyó Alonso, utilizando esa horrible voz que estaba aderezada
con un acento engolado; y continuó—: Pero me estabas hablando de tu parentesco con Bryce
Echenique, ¿lo conoces?

—En realidad sí —le mentí y escruté su reacción antes de continuar—: es mi tío. Pero no me gusta
decirlo, porque todo el mundo quiere que se lo presente y, como comprenderás, yo no puedo hacer
eso: él es una persona muy ocupada… ¿Tú admiras a mi tío?
—¡Claro! —me dijo gratamente sorprendido y el gordo me miró con inocultable incredulidad—. Es
un gran escritor. Me gustó mucho Un mundo para Julius, esa novela la leí como tres veces, me
parece excepcional. Ahora estoy hojeando Guía triste de París.
—Creo que te gusta mucho esa rama de la literatura —le dije con cierto desencanto—, yo
sinceramente no leo muchas novelas. Me gustan más los ensayos y los cuentos; Ribeyro es el
mejor cuentista que hemos tenido, hay un cuento de él que me fascinó cuando estaba en el
colegio… Pero ahora no me acuerdo del nombre…
—Los gallinazos sin plumas —intervino el gordo, con una voz adormecedora.
—No, ése es bueno pero el que yo digo es otro —le dije y alcancé a recordar el nombre del
cuento—: El profesor suplente, el cuento se llama El profesor suplente.
—Sí, sí he leído ese cuento, es muy bueno —afirmó Alonso—. Yo también creo que Ribeyro ha sido
nuestro mejor cuentista. Y el mejor novelista que el Perú tiene es, sin duda, Mario Vargas Llosa.
—Paren un poco la mano y acomódense aquí —nos dijo el tío Leopoldo señalando una mesa vacía
que acababa de limpiar—. A mí también me gusta la literatura, en esa pared tengo a varios
fenómenos de mi país: ¡escritores bárbaros!
Nos sentamos en la mesa y empezamos a explorar todos los retratos de la pared. El tío Leopoldo
se acomodaba el mostacho mientras ojeaba con orgullo todos los rostros de sus famosos paisanos
que, en blanco y negro, adornaban las paredes del bar.
—¿Con cuántas empezamos? —nos dijo el tío Leopoldo, dirigiéndose a la barra.
—Tres heladas, al toque —le dijo el gordo—, y una cajetilla chica de Hamilton para darle de comer
a los pulmones.
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—Quién diría que íbamos a hablar de literatura
—murmuré mirando a Patricia: ella apenas sonrió y
permaneció en silencio. Desde hacía un buen rato que
no abría la boca. Fue en ese momento en el que caí en
la cuenta de que, estando con él a su lado, ella se
transformaba camaleónicamente. No era la misma chica
de la universidad, ahora adquiría una personalidad
sumisa y hasta hipócrita: su mirada me daba la razón.

—¿Cristal, Pilsen o Cuzqueña? —nos preguntó el gaucho desde la barra, dándonos la espalda y
abriendo la congeladora.
—Cristal nomás —dijo el gordo con indiferencia.
—A falta de algo mejor —murmuró Alonso y echó una sonrisa cínica.
—¿No te gusta la Cristal? —le pregunté como tratando de convencerme de algo que empezaba a
sospechar.
—Sí, normal —me dijo sin ganas y con la anuencia de su enamorada y de su amigo; luego titubeó un
instante antes de proseguir—: Te cuento que la primera vez que vine a este bar, el argentino me hizo
pasar un apuro tremendo. Yo le pedí dos Arequipeñas y él me dijo que no conocía esa cerveza: ¡que
aquí no existía! —«Éste tonto es serrano, con razón habla tan horrible», pensé en ese mismo
instante y lo empecé a mirar con desdén—; yo me alteré y le dije que en Arequipa sólo se toma
cerveza Arequipeña. Él me miró como a un bicho raro y levantó la voz para preguntar a todos los que
estaban en el bar, algo parecido a esto: «Atención todos, ¿alguien tiene una cerveza Arequipeña
para este arequipeño que sólo toma Arequipeña porque así lo han decidido los arequipeños de toda
Arequipa…» Y armó un trabalenguas, tan largo y ridículo, que arrancó risas en todo el bar… Desde
ese momento todos empezaron a contar chistes de arequipeños y a pedir Arequipeñas sólo con el
afán de molestarme… Ya sabes tú cómo les encanta a los limeños fregar a los arequipeños.

—¿A los limeños nos encanta molestar a los arequipeños? —le pregunté, silabeando con
sarcasmo—. Oye, por favor: no seas igualado. A nosotros no nos importan los arequipeños, porque
no están a nuestra altura. Además, creo que tú tuviste toda la culpa, porque hay que ser
verdaderamente un idiota para pedir esa marca de cerveza aquí. En Lima no tomamos cochinadas.
¿Arequipeña? Ni para limpiar el vaso.

Fragmento de “Todo comenzó en la Universidad”

Lee toda la historia aquí:

http://www.scribd.com/doc/20604577/Todo-Comenzo-en-La-Universidad-Orlando-Mazeyra-Guillen
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CINOSARGO TIENE LA PALABRA... EL SONIDO Y LA IMAGEN...
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RELATO / La casa azul por Teresa Iturriaga

Nadie sabe lo que duele el querer cuando se esconde, pero se escapa por la piel y la mirada. Durante
las horas de oficina, Beatriz amaba a Luis hasta el extremo. Día tras día, le esperaba a la salida del
trabajo para despedirse de él como una compañera más. Luis lo sabía, la química era evidente, podía
tocarse, inundaba las estancias. Sus mensajes no estaban hechos de palabras, pero sí de un silencio
que, al romperse aquel día de octubre, perfumó todo el ascensor.

- Reina, ven esta noche a la playa, quiero desnudarte en el agua -explotó.

- Mira que si nos ven juntos, amor… -balbuceó ella pegada a su oído.

A las diez en punto llegaron al paseo. Fueron a bañarse por separado. Como extasiada por la marea,
Beatriz se dejó llevar por sus impulsos y olvidó la razón. Se desató el bikini y su melena le ocultó el
pecho. Temblaba su desnudez, temerosa de que algún buceador furtivo apareciera bajo las sombras.
Nadaron juntos más allá de la orilla. Luego, las leyes del mar dictaron su sentencia y edificaron la
pasión. Toda la inmensidad del salitre rodeó el abrazo de los amantes: selló la vida. Los dos sabían
que la playa era el único lugar a salvo de las miradas, lejos de los edificios. Aquella fue la primera vez
de una serie infinita de besos que enlazarían sus noches con el amanecer. Como único testigo y
frente a ellos, la casa azul de los Naranjo reflejaba su envidia sobre el espejo, suspendida en el coral,
cómplice del arrecife.

Autora: Teresa Iturriaga Osa
REVISTA CINOSARGO 12

LA COSA NOSTRA EN LA CULTURA DE LA REGION ARICA-
PARINACOTA
por José G. Martínez Fernández.

Parece que el hamponaje, esa cosa que se atribuye a Italia, más precisamente a Sicilia, está muy
presente en las determinaciones en que los gobiernos regionales (hijos del gran buitre que es el
Gobierno de Chile), opera –como elementos que deciden quienes sí y quienes no- merecen los dineros
para hacer actos culturales, publicaciones y otros.
Así se ha visto, de acuerdo a los favorecidos, con el 2% del Gobierno Regional de Arica- Parinacota.
Ya se sabe de la mediocridad de los “jurados”, peor aún: se sabe que los jurados son entes que
dependen de partidos políticos, en que la cultura, incluso la cultura política es pobre. Apenas conocen
a Maritain. A Marx y Engels le conocen los títulos de sus fundamentales libros, y a Marcuse poco, tan
poco como saber de pensadores como Ingenieros, Vasconcelos, González Prada, Mariátegui, y otros.

Ser militante de un partido político hoy es de una pobreza abismante. Ya no están los Allende, los
Luciano Cruz, los Mac-Iver en Chile; ni los Haya de la Torre, ni los Cárdenas, ni los Francia, ni los
Frondizi, en América Latina.

A mí me sorprende la pobreza intelectual de estos sitiadores de la cultura. De esa vergüenza que nos
da nuestra cultura.
Si Pinochet era un animal inculto, ¡cuántos animales incultos tiene ahora Chile!

Mucho me he alegrado cuando en Arica se ha premiado a hombres como Luis Araya Novoa, Makos
Quisbert, Daniel Rojas Pachas y cuando en otras regiones han aparecido figuras premiadas como José
Á. Cuevas, Carlos A. Marchant y Walter Rojas, entre otros.

Sí, porque hay otros que merecen que se les faculte el derecho a ello, pero POR FAVOR…¡hasta
cuándo los mismos de siempre, hasta cuándo los mediocres!
En esta pasada por los ojos (ciegos) de los pobre imbéciles de Arica pienso que se salvaron pocos.
Gómez uno de ellos y unos cuantos más.
El restante debió contar con el apoyo de los partidos concertacionistas, antros de dictritus ideológicos
como diría el gran Georges Politzer.

A esta altura Chile me da vergüenza.
La mafia sicialiana o Cosa Nostra reina en todas partes. ¡Qué vergüenza nos das Chile!...Ojalá
aprendas algo de nuestros países hermanos.
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EL DESCABEZADO
Texto y fotografías por Wilfredo Carrizales

1
Poseía cabeza pensante y la perdió en un lance de guadañas. Ahora el espacio que ocupaba su
testa lo llena un viento con aroma de alfileres. Su cabeza era una cabeza de linaje que veía por
la grandeza de su casa y por los carneros que le llevaban en parihuela. La frivolidad no estaba
en los asuntos de su obstinación. Aunque algunos maliciosos la consideraron una cabeza
hueca, pero con voluntad de lobo. El magnetismo que de ella brotaba convertía en fiambre a
cualquier carne que tocara. Cabeza de olla para los pájaros en su dedicación de sopas pías y
negruras en el resto de la semana. Cabeza equitativa por lo briosa y lo ecuménico de su
proceder. Celidonia en las playas del patio trasero donde se confunden cerebros con
celebraciones y se esconden las culpas con el pelo que se recorta de las calaveras sucedáneas.
Hubo alguien que pasó corriendo y gritó que la cabeza desaparecida estaba ensartada por un
mosquete en el campo de las refriegas. Sería un golpe en pleno colodrillo si tal asunto se
comprobase. Mas a la cabeza de los desafíos siempre avanza quien pierde el cráneo y de nada
valen las esculturas que tratan de enmendar la decapitación. Desde el hueco del cuello se
expresa la inteligencia y en el remate de su disquisición aparece el origen de todas las cosas
que ajustan las cabezadas.
Cabeza arriba o cabeza abajo, los ajos consignan el aliento para la acepción de las mañanas.
Definitivamente el señor ha perdido la cabeza y ya no se puede hablar de simple extravío. En el
epígrafe de su estela mortuoria consta que la cabeza desapareció sin ser partida y que si
alguna vez se la encuentra suspensa de una viga el primero que la vea se convertirá en su
dueño disfrutador: bicéfalo atolondrado y con la migraña de espanto.
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2
El descabezado sin cabestro. La túnica carente de ojetes. Un agua evaporada para refrescar
la cresta imaginaria. Asuntos de la ideología sedicente. Se redondea el cuerpo en su cúspide
y resuena el relincho del animal que lo transportaba. A pesar de todo, la cabeza inexistente
continúa afianzándose en procura del prestigio que otorgan los exámenes. En una serie la
cabeza se abre y se enciende: sueños de cristales; se rompe la cabeza con el chichón
calificado: fruncimientos en las páginas copiadas; se agacha la cabeza con hondura: bordes
ofuscados en el asiento meritorio; duele la cabeza con propensión innata: violencia en la
culpa que descalifica...
Se torna bullente la cabeza al recibir de frente la asoleada. No es para menos y merecería la
picota si no fuese un desprestigio de diademas. La cabeza invisible se agiganta y le da
cabida a innumerables cabezas venidas del exilio. Cabeza descomunal proyectada contra la
pared de las contribuciones. Cabeza imposible de encapuchar. Cabeza resplandor y penacho
de las rebeldías comunes. Cabeza de almirante, nunca cabizbaja. Macrocefalia contra todas
las burocracias y modorras del espíritu.
¿Quién señalará al descabezador? La urraca se cagará sobre la mantilla y el edicto de la
testa coronada levantará la tapa de los sesos. Donde quepa la cabeza lúcida desaparecida,
allí nacerá una jaula llena de jaquecas y jaculatorias. Templanza del ángulo occipital en su
función disociadora y nihilista. Cúlmen de la craneología para plasmar el atrevimiento.
Cabeza familiar para la preñez de los verbos. Consagración plena del nimbo de las dendritas.
Pulsación. Puente. Maravilla de los pájaros que sostiene una cabeza vuelta niebla.
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3
Imposible que una cabeza de tal envergadura se haya desprendido por sí misma. Con
seguridad hubo un corte límpido, sin derramamiento de sangre. Luego la cabeza colgada por
la larga cabellera emprendió un viaje sin retorno al pabellón de pleamar. Allá debe estar con
la boca y los ojos abiertos, absorta en las enseñanzas infinitas de los oleajes. Regresará, sin
embargo, en su calavera fantasma para completar de noche su cuerpo vigilante y sereno.
A la cabeza le hierven las ideas como gusanos de la corrosión creadora. La cabeza se
concibe en la altitud de los pisos y en la inversión de los valores que sirven para hacer
oposición en la nuca de los ortodoxos. La cabeza cavila y se estudia. Rumia y profana los
credos. La cabeza se devana los sesos con afilada hacha. La cabeza se yergue y no la
alcanzan las centenas de manos que se afanan por aferrarla. La cabeza es forma perfecta,
actitud y sitio para el pensar privilegiado. La cabeza sabe bien que se condena y no le huye
a la orden de decapitarla. La cabeza hace rabiar al jefe y lo incita a darse cabezadas contra
el muro de sus lamentos. La cabeza es el símbolo de la lucidez magna, de la hipérbole del
pensamiento en su etapa cenital.
La cabeza se imagina un tocado y gracias a él existe por momentos. Cabeza cuya pólvora
chamusca las narices entrometidas. Cabeza que se lava dentro del jugo de las cerezas.
Cabeza que se habitúa a conseguirle la gripe al eximio salmón. Cabeza y más cabeza
siempre, a pesar de las discordias y el dispendio de guarniciones del habla. Cabeza para ver
marearse los corazones de los abuelos y luego sostenerlos con la punta de los pelos.
Cabeza para el triunfo de los grillos en la órbita del invierno. Cabeza resucitada
tempranamente de su fallecimiento casi mortal y que mira su sitial con displicencia y
engañifa de enojos. Cabeza que chifla para que no duela y para elevar los pañuelos en el
ámbito donde el desamparo pretende asentar sus fueros.
REVISTA CINOSARGO 16

AIRE FRESCO escrito por Arturo Ruiz
Mañana finaliza el PRIMER CONGRESO NACIONAL DE FILOSOFÍA de Chile. Ha sido una
bocanada de aire fresco en una nación contaminada de banalidades y en mi vida que nunca ha
podido detenerse realmente en ella por completo y que ha debido saltar del Mundo a la Filosofía y de
la Filosofía al Mundo, de una manera constantemente afligida por la necesidad.

El congreso ha sido también, sin embargo, una experiencia amarga. Este multitudinario mundo de
pensadores que se ha tomado la Biblioteca de Santiago nos es más que un paréntesis en una vida
que recuerda que no ha podido habitar en aquello que constituye su lugar natural. No tendré ya una
academia a la cual volver, y todo volverá a ser el silencio del diálogo constante conmigo mismo y con
aquellos que se han dignado a dejar por escrito el transcurrir de su pensar; a mis 39 años no he
tenido la posibilidad de doctorarme por las más diversas circunstancias externas y el terror más
horroroso se asoma: tal vez no sea posible que dedique mi vida a la única cosa que realmente me ha
importado.

Mañana será la clausura ¿será esta una flor de un día o el inicio de una tradición que hará
enorgullecerse a las generaciones futuras pensadores? Se deben conjugar diversos factores para
que un mortal que ha tenido la osadía de estudiar Filosofía tenga el privilegio de dedicarse a ella por
completo. El talento y el amor a esta alocada disciplina no son más que dos factores que deben
competir de igual a igual con la disponibilidad del tiempo, del dinero, con la tolerancia de la familia de
origen, la familia que se forma, las responsabilidades y disponibilidades varias… mientras aquel que
padece esta extraña enfermedad que es la Filosofía sabe que no será feliz a no ser cuando se
dedique de lleno a ella y que tal vez, aún teniendo este rarísimo privilegio, la existencia se vuelva no
más que un sinsentido anhelante de alguna interpretación valedera. La gran mayoría de los
pensadores chilenos debemos conformarnos con vivir la pasión filosófica como un romance
clandestino entre las “verdaderas” responsabilidades.

Pasado mañana volveré a luchar en contra de la barbarie de lo cotidiano, a alejarme de la televisión
–y yo he escrito para televisión –para evitar que se contamine mi espíritu y a soñar que, en algún
momento privilegiado, pueda yo volver a la única patria que reconozco como propia… Ahora me
dispondré a aceptar las reflexiones que me propongan las ponencias de mis colegas y, de manera
francamente egoísta, me nutriré de las reflexiones que me plantean y trataré de purgar ese egoísmo
con unas pocas preguntas en los minutos para incidentes, ya que los concursos y los proyectos no
me dejaron espacio para componer mi propia ponencia de una manera digna de aquellos que, como
yo, cultivan esta pasión por la Verdad y lo verdadero en un mundo que se funde más y más en
aquello francamente falso, en el oropel del consumo y en la avidez de la banalidad.

Espero que el Búho de Minerva realmente pueda levantar el vuelo al anochecer.
REVISTA CINOSARGO 17

La Lolita de Borges
Con Jorge Luis Borges nos repetimos todos y aunque el tema no de para más, hace noticia. María
Kodama, su viuda desposada en Asunción, Paraguay, a pocos días de la muerte de Borges en
Suiza, sigue descifrando a un Borges convertido en leyenda. De todo lo dicho por ella, que no es
poco y que seguirá diciendo, me sorprende una confesión, para mí, inesperada, y que es por
donde creo ella debiera hacer un perfil de la vida de ambos. Kodama revela que comenzó a ser
pareja de Borges cuando cumplió 18 años y él tenía 60 años. Borges comenzaría a ser Borges
después de compartir el premio Goncourt con el también celebre Beckett. María Kodama conoció
a Borges cuando tenía 12 años y se transformó en su discípula a partir de los 16 años. Era una
Lolita.
María, como le decía JLB, nos revela un Borges para mí desconocido, en un tema que manejo
tanto, como el de la muerte, casi con un abuso cronológico, sabiéndose inmortal, la deseaba con
ansiedad y recreaba como un fantasma a los pies de su cama. Las dos fechas sólo pedía Borges:
nacimiento y muerte.

MK revela que Borges repudiaba y temía el continuo tráfico de cadáveres en Argentina, algo que
le hacía mal a la nación, agregaba. Él, con tantos enemigos de izquierda, sospechaba, que su
cadáver sería un trofeo. Cuando aparentar a respetar los muertos, la suerte de Argentina,
cambiará, argumentaba el autor de El Aleph, un agnóstico irreductible, que no veía nada al otro
lado de la muerte. Kodama apoya el punto de vista borgeano, porque desde la Colonia, dice,
cambian los cadáveres de un sitio a otro. ¿Borges no creía en la cremación? ¿Qué habrá pensado
Borges, de la actitud de Pinochet frente a la negación de cumplir el deseo de Neruda de ser
enterrado en su casa de Isla Negra frente al mar? Más de 30 mil argentinos desparecieron durante
la dictadura militar. Algunos cuerpos fueron lanzados vivos desde helicópteros y aviones al mar.
Aún viajan guiados por las estrellas...

La viuda, de madre uruguaya de origen alemán y padre japonés, de una edad indefinible, desde
luego ama a Borges y su obra, y olvida el matrimonio silencioso del poeta de Ficciones con la
dictadura militar Argentina, que una vez cayó vio el mal que había hecho cuando le visitaron las
Madres de Mayo, y le pidieron un compromiso. Eso ya es historia.
Borges creía más en sus sueñas que en sus propias palabras que corregía incansablemente.
Kodama revela desde sus declaraciones desde Frankfurt, que al despertar una mañana en
Estados Unidos, le dictó un poema que era un sueño dictado por Kafka. Tituló el texto en alemán:
Ein Traum y jamás lo corrigió, porque los plasmaba intactos. De paso informó que la Bienal que se
realizará sobre Kafka en Buenos Aires el próximo año, tratará de este enigmático y apasionante
tema.

Escribir un poema, es ensayar una magia menor, le escribe Borges a Kodama en Inscripción, una
dedicatoria de su libro dedicado a a ella, Los conjurados. De usted es este libro, María Kodama.

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REVISTA CINOSARGO 18

WITOLD GOMBROWICZ, CÉSAR AIRA Y ROBERTO BOLAÑO
REVISTA CINOSARGO 19

Las obsesiones de Gombrowicz y del Pato Criollo respecto a la lectura, con una actitud distante porque lo
aburría la de Gombrowicz, y con una actitud realmente apasionada la del Pato Criollo, desembocaban
muchas veces en actitudes un tanto ingratas. Por acá, en la Argentina, los gestos de gratitud de Gombrowicz
no fueron muy frecuentes, al punto que el consejero cultural de la Embajada de la Argentina en París se lo
echó en cara al consejero cultural de la Embajada de Polonia.

Se le pueden contabilizar, sin embargo, algunos regalos: una escultura de yeso muy bonita, un frasco de
mermelada, un libro de pinturas, una sandía con su firma, un arrodillamiento conmovedor para agradecer
cinco litros de kerosene, y una cantidad considerable de dedicatorias que estampaba en cualquier tipo de
libros. El Pato Criollo es más ingrato que Gombrowicz.
Cuando viaja a Francia es recibido a cuerpo de rey en Grenoble, en la casa de su colega y amigo Michel
Lafont, pero no da ninguna señal de gratitud. Todos los días, después de tomar el desayuno, en vez de
hacerle los cumplimientos a Michel y a su esposa que hacen lo imposible para agasajarlo, el Pato Criollo
hurga en la biblioteca y se pone a leer hasta el mediodía.

En Grenoble podría ser más considerado y mantener alguna conversación agradable con los anfitriones, pero
no lo hace. A la hora del almuerzo la señora se desvive por prepararle comidas exquisitas, es un esfuerzo
vano, al Pato Criollo no le sale ni el más mínimo gesto de agradecimiento. Gombrowicz, en cambio, cuando
era homenajeado con una buena comida, dedicaba libros con el menú.
Gombrowicz no se parecía en nada a Lope de Vega que escribía una obra en una sola noche y, para no ir tan
lejos ni tan atrás, tampoco se parece al Pato Criollo, uno de nuestros escritores más prolíficos que no llega a
escribir una obra por noche pero le anda raspando. Esta dificultad para asomar la cabeza con sus escritos lo
hacía sufrir, no tenemos que olvidarnos que Gombrowicz era más bien un hombre de ágora que un hombre
de claustro.

“Qué extraño, que no leas. Yo prácticamente no hago otra cosa (...) Pero estoy seguro que vas a leer esta
carta. Si yo fuera una de esas pedagogas insistentes, se me ocurriría un truco para hacerte leer: tomaría una
buena novela, por ejemplo ‘La Montaña Mágica’ de Thomas Mann, y te la iría mandando de a una página por
día en un sobre; si encuentro una oficina de correos que abra los domingos, me llevará tres años, si no,
cuatro”
Un poco por este truco del Pato Criollo con el que me quería obligar a leer y otro poco por el hecho de que en
cada uno de los miembros del club de gombrowiczidas debe anidar algo de esa impotencia que tenía
Gombrowicz que le impedía terminar de leer los libros, la cuestión es que se me fue ocurriendo la idea de
escribir los gombrowiczidas, una idea que también me permite entrar y salir de Gombrowicz con alguna
soltura.

A pesar de la desenvoltura con la que escribe el Pato Criollo y la facilidad con la que consigue que le
publiquen lo que escribe, conoce perfectamente bien las contrariedades que padecen muchos de sus colegas
escritores. En una de sus novelas más logradas narra las desventuras de un joven escritor cuyo destino
queda ligado a la conducta contradictoria de un editor.
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El editor recibe con entusiasmo la primera novela del autor, una historia que le parece genial, y le promete la
firma del contrato en no más de dos semanas, pero las cosas no suceden así. Los contactos entre el escritor
y el editor se van haciendo cada vez menos frecuentes, de semanas pasan a meses y de meses a años, sin
embargo, el entusiasmo y la delicadeza con los que el editor trata al autor aumentan con el transcurso del
tiempo.

Pero es justamente el transcurso del tiempo el que hace pasar al escritor de la condición de joven promesa
a la de autor entrado en años y, como si fuera poco, de un escritor malogrado, una historia con un marcado
aire kafkiano que me trajo a la memoria “Un artista del hambre”. Kafka narra en este cuento los infortunios
de un hombre que ayuna por falta de apetito y que es exhibido en público como una rareza llamativa.
Al final del relato ya nadie se interesaba por él, y lo barren junto a la basura, un final que surgiere hasta
cierto punto un parentesco entre este pobre faquir y los escritores malogrados. Hace unos años Carlos
Fuentes andaba desparramando a los cuatro vientos que en poco tiempo César Aira recibiría el Premio
Nobel de Literatura pero, el tiempo está pasando y la delicada maquinaria de precisión que ha montado su
agente literario alemán no es suficiente para alcanzar este propósito.

Al Pato Criollo le está ocurriendo con los premios lo mismo que al autor malogrado le ocurría con el editor
contradictorio, y tiene miedo de correr la misma suerte del ayunador en el cuento de Kafka, es decir, tiene
miedo de que lo barran junto a la basura. Este miedo despertó en el Pato Criollo el deseo de escribir una
ópera magna, una novela a la que dio en titular “Las aventuras de Barbaverde”, pero no alcanzó su
propósito y quedó decepcionado.
Todo comienza y termina en la ciudad de Rosario, en la que un periodista joven recibe el encargo de
entrevistar al señor Barbaverde hospedado en el Hotel Savoy y cuyo rostro nadie había visto jamás, un
verdadero representante del bien que intenta detener los diabólicos designios del representante del mal por
excelencia, el malvado profesor Frasca, que se propone dominar al mundo desacreditando el poder del
señor Barbaverde haciendo todo lo posible para que nadie lo tome en serio.

Obedeciendo las órdenes de Frasca aparece un salmón de grandes proporciones sobre el cielo de Rosario,
mientras otros fenómenos también perturbadores atentan contra el orden del cosmos: aparecen juguetes
que se transforman en personas, personas que se desprenden de una pantalla, las pirámides de Egipto se
multiplican y avanzan por el desierto... un gran desorden hace peligrar a la humanidad.
El tremendo volumen del gran salmón lo hace visible desde cualquier parte de la tierra, había surcado la
inmensidad del espacio a la velocidad de la luz con el malvado propósito de estrellarse en Rosario y con la
intención de destruir el mundo, justo enfrente de esa ciudad que Gombrowicz despreciaba olímpicamente
por su monstruosidad, pero que el Pato Criollo amaba tanto.

Yo creo que el propósito del malvado profesor Frasca hubiera entusiasmado muchísimo a Gombrowicz, no
así al Pato Criollo que le opuso la voluntad del representante del bien, el señor Barbaverde, para que no
realizara el mal en Rosario y tampoco en la tierra. En todo caso, para presentar “Las aventuras de
Barbaverde” el Pato Criollo viajó a España e hizo declaraciones a los periodistas tan melancólicas como
paradojales, mientras se encaminaba a la editorial Mondadori para encontrarse con sus colegas de letras de
molde.
“La literatura comercial debe tener como condición ineludible una completa sinceridad, pues si hay una gota
de ironía el lector lo huele de lejos y deja la novela. Ésta es la razón por la que mis libros fracasan
totalmente, pero ya estoy resignado a eso (...) No es mi intención reírme del mundo, no sé bien para qué
escribo, pero sería más bien para una exploración de mí mismo, para entenderme y para entender mi vida
(...)”
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“Se me acabó la cuerda, como lo que hacemos los escritores no tiene un fin práctico, las ganas que
tengo de escribir se me están terminado, son muy volátiles”
El grado de indefensión que expresan estas declaraciones de un hombre de letras tan encumbrado
como el Pato Criollo es equivalente a su debilidad infantil, una forma decadente que por fin alcanza el
extremo que ocupan las opiniones un tanto negativas que tiene Roberto Bolaño sobre él.
“Una línea en juego de la literatura argentina actual o postborgiana es la que inicia Osvaldo Lamborghini,
un escritor que designó como albacea literario a su discípulo más querido, César Aira, que viene a ser lo
mismo que si una rata dejara como albacea testamentario a un gato con hambre (...)”

“Los amigos de Lamborghini están condenados a plagiarlo hasta la náusea, algo que acaso haría feliz al
propio Lamborghini si pudiera verlos vomitar. También están condenados a escribir mal, pésimo, excepto
Aira, que mantiene una prosa uniforme, gris, que en ocasiones, cuando es fiel a Lamborghini, cristaliza
obras memorables, como el cuento ‘Cecil Taylor’ o la nouvelle ‘Cómo me hice monja’, pero que en su
deriva neovanguardista y rousseliana (y absolutamente acrítica) la mayor parte de las veces sólo es
aburrida (...)”

“La prosa de Aira, que se devora a sí misma sin solución de continuidad, hace gala de un acriticismo que
se traduce en la aceptación, con matices, ciertamente, de esa figura tropical que es la del escritor
latinoamericano profesional, que siempre tiene una alabanza para quien se la pida”

Seguramente amargado por estos contratiempos, el Pato Criollo hizo recientemente declaraciones
amargas en la Feria Internacional del Libro de México.
“He creado un personaje que algunos se lo han creído. Para eso me ha servido la literatura (...) He
jugado al escritor maldito, era un mito que existía en los años sesenta, creo que en Argentina la última
que lo encarnó plenamente fue Alejandra Pizarnik, de esos escritores que gustan de quemarse en su
propio fuego y que mueren jóvenes.”
En medio de este clima macabro y cuando ya todo parecía perdido, Ginés González García, el
embajador argentino en Chile le da una mano al Pato Criollo. Como ya es habitual, la Feria del Libro de
Santiago contará con un amplio contingente de escritores invitados que esta vez sobrepasa los
doscientos entre chilenos y extranjeros.

Entre estos escritores se encuentran unos pocos nombres de trascendencia o más resonantes, en
medio una amplia cantidad de autores menos conocidos o emergentes. Entre los primeros destacan el
mexicano Carlos Fuentes, el chileno Nicanor Parra y el español Ray Lóriga, entre otros, además de una
masiva concurrencia de autores del invitado de honor que es la Argentina.
Según explica Ginés González García, “no tenemos una gran cantidad de escritores laureados con
grandes premios que estén vivos”, por lo que el énfasis transandino no estará en nombres estelares,
sino en un abanico más amplio. En éste destaca a las que califica como “joyas ocultas” de la literatura
argentina, y nombra como ejemplo a César Aira.
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RAMÓN LUIS ESCUTI ORREGO
A LA BANDERA DE LOS ZUAVOS CONSTITUYENTES
DEL AÑO 1859

Por
Arturo Volantines

Benigno Ávalos Ansieta cuenta que en su niñez, entre el ’30 y el ’40, veía pasar a Ramón Luis Escuti Orrego, por las
calles de Vallenar; pero, seguramente, era más cerca del ’30, ya que el poeta murió en 1932. En “La Herradura” de
Coquimbo era llamado: “El solitario de Guayacán”. Pareciera que tenía la afortunada adicción de escribir caminando,
como era habitual en los autores rusos. Dice, Benigno, que el poeta se paseaba por las calles de Vallenar, orgulloso,
con sus medallas de la Guerra.1
La familia Escuti Orrego llegó a Copiapó desde Rancagua;2 donde el poeta había nacido, el 22 de agosto de 1858.
Su padre se convirtió en un gran prócer de Atacama: Ramón Escuti Díaz. Su madre se llamaba, Amelia Orrego
Ovalle. Tuvieron dos hermanos también poetas y varios sobrinos. Su hermano Alfredo era ingeniero y publicó
muchísimos poemas. Su hermano Santiago también participó en las guerras patrias; fue profesor, poeta destacado y
director de Liceo de Quillota, que hoy lleva su nombre. El otro hermano, Carlos, está en el bronce de Atacama.
Era una familia revolucionaria. Ramón asumió tempranamente el ideario revolucionario de Copiapó y escribió en sus
dos diarios: “El Constituyente” y “El Atacameño”. Su vida fue un periplo por América Latina. Publicó textos en diarios
de diversos países y, especialmente, en el ya casi bicentenario y prestigioso diario peruano, “El Comercio” de Lima,
fundado el 4 de mayo de 1839. También, se dedicó al teatro, a la música y a las Bellas Artes.
El 1879 se incorporó al Batallón Lontué y fue asignado a la Araucanía. Después de la Guerra del Pacífico se dedicó
fundamentalmente a las letras. Publicó una selección poética llamada “Siemprevivas”.3 Otras de sus obras se
llaman: “Canto a la naturaleza”; “Armonía Silvestre”; “Canto del hogar”; “La mujer en la familia”. En 1887 gana el
famoso concurso, que financiara el filántropo Federico Varela, con el texto llamado: “Canto épico a las glorias de
Chile”. Este es el mismo concurso que ganara Rubén Darío y que lo llevaría a la inmortalidad.
Fue profesor en varias ciudades de Chile. Enseñaba gramática, literatura y filosofía. Estuvo a cargo del periódico del
Instituto Nacional, llamado “El Pensamiento”. Publicó profusamente en las revistas importantes de la época, y llegó a
ser subdirector del Liceo Andrés Bello de Chillán.
Por la importancia de sus textos publicados en Lima fueron reproducidos por el diario más emblemático de Chile de
esa época: “El Ferrocarril”. La última vez que vino a Chile Sarmiento, el poeta fue mandatado para leer un canto en
memorable agasajo.
Murió seguramente cerca de Ovalle, porque su tumba se encuentra en el cementerio municipal de esa ciudad, en el
mausoleo de los héroes.
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En artículo aparecido en el “El Atacama”4 se reproduce el soneto denominado “Mi Juventud”: “Mi juventud se recreó en
mis viajes;/ ávido de horizontes siempre abiertos,/ me delectó el ardor de los desiertos/ y la diversa luz de los
paisajes.// La selva amé con ímpetus salvajes/ y conocí en mis días más inciertos,/ la exhalación salobre de los
puertos,/ la amarga decepción de los mirajes.// Viajaba así, desarraigado, errante,/ seguido de una estela de
saudades,/ a través del océano brillante.// Y en todas partes —selvas o ciudades—/ oí el grito de amor agonizante/ en
incomunicadas soledades”.
Este soneto habla muy bien del poeta; su aleteo intimista está acotado por su vuelo externo y épico; del solitario y
andante de toda la vida que expresa no sólo su juventud sino el devenir. Este poema es casi una reflexión de su
intimidad en concordancia con su búsqueda: es un poeta y un soldado. Tal vez, el signo de los poetas atacameños.
Este texto nos habla del desarraigo del poeta; la incomunicación que él ve y también sufre. Pareciera que se adelantó
a lo que venía en cuanto a navegar en un océano en el que todos somos desconocidos. Como Ulises viaja, pero el
verdadero viaje del poeta es hacia su interioridad. Este texto es oración contra la incomunicación, el desamor y la vida
que se vive como la parábola de Heráclito. Suficiente para que este soneto esté en la poesía chilena.
Héctor González V. publicó un artículo llamado “Un olvidado poeta bohemio”,5 donde reproduce un soneto
denominado “Levántate Freirina”: “Saldrá mi voz de los escombros mismos,/ no con el llanto al fin de Jeremías,/ sino
con el vibrar del patriotismo/ y con soplos de nuevas energías.// Freirina, en tu surgir hay optimismo./ ¡Alzate con la
fuerza de nuestros días/ en alas del poder y del altruismo/ y elévate a las más altas jerarquías!// Trabajo, evolución, y
renovemos/ todo lo muerto y todo lo perdido/ sobre las ruinas que agitados vemos.// Lo pasado, a la sombra y al
olvido/ y el espíritu retemplemos/ en los que grande fueron y han nacido”.
Casi al final de su vida escribió este soneto, a propósito del terremoto de 1922. En medio de los escombros y enfermo,
apostó a que Freirina resurgiera desde ese compartido desastre. Este texto es muy desgarrado, donde usa todos los
recursos para volver a creer; pareciera que son las palabras las que se elevan; el poeta aquí usa los versos como
grúas para levantar a Freirina. Éste, debería ser el himno de Freirina. Demuestra una vez más y claramente, que este
poeta tiene un compromiso expreso con su pueblo. No es necesario andar buscando la partida de nacimiento, para
saber a dónde pertenece y en dónde se encuentra su corazón anclado; en fin, dónde está la morada del poeta.
Siete años antes de morir, publica “Guirnalda de Dionisos”,6 donde incluye el texto antes comentado: “Mi Juventud”. Es
un libro total, con alusiones al latín y otras lenguas; con muchos sonetos y con notoria dedicación a Italia y a lo clásico.
Resume su cultura al final de su vida; y, esta poesía, nos dice que no podemos olvidarlo. En la “Balada de la
despedida”, señala: “Partir para comarcas que yo ignoro,/ dormir en una obscura casamata/ fría como un sepulcro,
donde un coro/ de gusanos arrastre su hambre innata;/ agonizar bajo una catarata/ de tristezas profundas y sensuales/
sin escuchar palabras fraternales,/ ésa es la suerte que me espera ya:/ todos podrán compadecer mis males,/ sólo “su”
corazón no sentirá!...”.
Este poemario merece un análisis más detenido, pero lo que me demanda el corazón es lo que sigue.
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Los nobles héroes copiapinos de la Sociedad Industrial, Ramón Rosa Vallejo y Tránsito Rodríguez, —al
iniciar una colecta pública para erigir un monumento a Pedro León Gallo—, realizaron una función teatral.
Fue entonces, cuando el poeta Ramón Luis Escuti Orrego, leyó esas “patrióticas estrofas”, llamadas: “A la
bandera de los Zuavos Constituyentes”. Era el atardecer del 19 de mayo de 1878. Escuti tenía 20 años.7

Así, como “La Igualitaria” de Eusebio Lillo de la Revolución de 1851 es hija de la “Canción Nacional” de
Bernardo Vera y Pintado, “La Constituyente” de Ramón Arancibia es la madre de la “A la bandera de los
Zuavos Constituyentes del año 1859”.

Es un texto escrito en octavas(estrofas) y versos octosílabos, dividido en tres partes.8 La primera parte
tiene nueve estrofas; la segunda tiene cuatro estrofas, y la tercera seis estrofas. En total tiene 19 estrofas,
con una suma de 152 versos. Podríamos decir que se trata de un poema mayor, aunque en esa época no
era tan extraño.
Recordemos que la bandera de los Zuavos Constituyentes corresponde al regimiento conformado por los
mineros de Chañarcillo. Este regimiento fue conducido por el Coronel de Civiles, Olegario Carvallo, uno
de los pocos comandantes que sobrevivió a la guerra patria; y también perteneció a este regimiento uno
de los héroes más notables de toda la historia de Atacama: Elías Marconi Dolarea. Es la bandera de
combate de la Revolución Constituyente.

La bandera Constituyente es de seda color azul; bordada con hilos de oro y orlas del mismo metal y una
estrella de oro en su centro, la cual había sido construida por las damas de Copiapó. Cada una de ellas
tenía la inscripción del batallón correspondiente. La tradición señala que cuando murió Pedro León Gallo
su cadáver fue envuelto en la bandera de los Zuavos. En una primera reparación del mausoleo de los
Gallos, en el cementerio de Copiapó, un viejo militante Radical la habría encontrado intacta y,
posteriormente, sus descendientes el ’73, cuando se fueron exiliados, se la llevaron a Europa.

Las primeras nueve estrofas están dedicadas a la bandera misma; el poeta relaciona el color celeste con
la gloria ganada, y que la llevará a ocupar un lugar en la historia cuando sea conquistada la “unión y
libertad”. En la segunda, habla del entusiasmo de cantar tan bello ideal. En la tercera, se traslada a su
presente, y añora un tiempo más glorioso. Luego, se refiere a la importancia de la gesta, y que volverá a
ondear. Después, habla de las batallas y de la lucha contra el despotismo. Y termina alabando el signante
del libro, es decir, a la Ilustración, pero también a la voz de los cañones. El énfasis, aquí, está puesto en la
bandera sobreviviente; en la esperanza contenida en este símbolo.
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La segunda parte de cuatro estrofas están dedicadas a los hijos de esa bandera; o sea, al pueblo
atacameño. Señala que el pueblo hoy la sigue aclamando: es la bandera que el pueblo atacameño
llora de “años y gratitud”, pero arriesgada que el tiempo la oxide. Arremete contra el pasado, señalando
que éste sólo nos deja una estela. Sin embargo, pide que sigamos adelante, porque nos
encontraremos con un futuro que es enigma. Afirma que esta bandera atacameña es lo que cobija
nuestros anhelos y recuerdos: “…Símil de un santo ejemplo/ Seamos presente”.
La última parte de seis estrofas logra la plena identificación del ser atacameño cuando aparecen las
honras a Pedro León Gallo. Mira a la bandera y/o al padre de la Nación Atacameña, recién muerto: en
la belleza de su inmortalidad y en la complacencia por su existencia. Vuelve a la bandera, y vuelve a
repetir la primera estrofa del poema. Hoy, dice, la patria te saluda(el pueblo de Copiapó) cantando en
forma sencilla. Ahí, aparece el poeta que, desde sus pesares, le ofrece sus cantos que son sombríos;
sin embargo su brazo(Atacama) la puede alzar feliz. Indudablemente es un (a)brazo de un ser
fusionado: entre la bandera, el pueblo y el Patriarca. Es lo que fusiona todo el poema o, a lo menos, lo
que busca afanosamente el poeta. Profetiza: la tierra la verá(a la bandera) al vuelo desplegada; libre,
sólida e inmortal. La pena del poeta se compensa, porque esta profecía ya amanece en Atacama: “…Al
viento desplegada/ Un día yo he de verte/ Sobre la estatua fuerte/ De su inmortalidad”. Se puede ver a
la bandera hoy, en algunos edificios y modestas moradas de Copiapó.

El poeta simboliza —a través de la bandera patria de la nación atacameña— las glorias; encabezada
por su máximo héroe, Pedro León Gallo y las esperanzas; que demandan estas “estrofas patrióticas”,
como dice Pedro Pablo Figueroa. Esto convierte al poema aquí comentado en la mejor síntesis del
espíritu de Atacama: de su ethos y, particularmente, de sus glorias. Si un gran poema es aquél que no
sólo es un constructo bien escrito sino aquél que encarna los sentimientos y las esperanzas más
profundos de un pueblo —y si, además, es de perogrullo que el arte habla desde el arte y los eruditos
sólo pueden signar un pálido reflejo de su ser—, éste es el mejor poema que se ha escrito en Atacama.

__________________________________________________

1.- Ávalos Ansieta, Benigno; Los hermanos Escuti Orrego; El Chañarcillo, Copiapó; 3 de marzo de
19999, P.3.
2.- Héctor González V; Un olvidado poeta bohemio; Encuentro Literario, El Rancagüino, Rancagua; 23
de junio de 1997, P.16.
3.- Virgilio Figueroa; Diccionario Histórico Biográfico y Bibliográfico de Chile, tomo III; Establecimientos
gráficos Balcells & Co., 1929; P.: 89.
4.- Ávalos Ansieta, Benigno; El solitario de Guayacán; El Atacama, Copiapó, 30 de junio de 1975, P. 2.
5.- Ibídem, ref.: 2.
6.- Ramón Escuti Orrego; Guirnalda de Dionisos, poemas; Ediciones Internacionales, 1925; sin lugar
de edición.
7.- Figueroa, Pedro Pablo; Historia de la Revolución Constituyente(1858-1859); Imprenta Victoria,
Santiago, 1889; P. 654.
8.- Ibídem, ref.: 7.
9.- Versión recogida del texto ibídem, ref.: 7; Ps. 655, 656 y 657; y sólo se ha actualizado la ortografía.
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Cuento de Amanda Espejo / Mi propia poesía

Justo en medio del jardín, debajo de una improvisada tarima, el maestro Julio daba los últimos
aprietes al futuro escenario. Por entre los travesaños del entramado vio acercarse con paso nervioso a
la dueña de casa, la señora Gloria, su patrona.
-¿Falta mucho maestro Julio?, me tiene Ud. sufriendo de ansiedad y ya están llegando los invitados.
-Casi nada Sra. Gloria, cinco minutos y ya estoy listo.
-¡Oh, por fin! – exclamó aliviada –. Venga luego a la casa para pagarle.Y se encaminó presurosa al
encuentro de las personas que iban llegando.
-“Por fin también digo yo – pensó él - , como si no quisiera haber terminado hace rato...”
A Julio, este trabajo le había caído de extra, y si bien tuvo que realizarlo después de su horario
normal, tampoco podría haberse negado. Primero, porque la Sra. Gloria era la esposa de su patrón, y
segundo, por necesidad: él no podía darse el lujo de rechazar ningún “pololito”.
Se incorporó despacio para no sentir la cuenta que su cuerpo de casi sesenta años le estaba
cobrando y se encaminó a la cocina. Le abrió una mujer joven, vestida con un impecable uniforme
azul y blanco.
- Buenas noches señorita, ya terminé. La Sra. Gloria me dijo que pasara por aquí.
- Sí maestro, aquí le tengo su sobre.
Aprovechando el buen tono de la mujer, se atrevió a comentar :
- Bien elegante la fiesta, ¡hasta con escenario!
- ¡Ah, si! – exclamó la joven – Es que no se trata de una fiesta común. La Sra. Gloria pertenece a un
círculo literario y como anfitriona le gusta deslumbrar. Hoy celebran una tertulia, y el escenario, como
dice Ud., es para lograr el ambiente necesario de cada relato o poema.
- ¡Mire pues! – asintió Julio moviendo la cabeza – Todo esto para leer poesía... bueno señorita, gracias
y hasta luego.
Se despidió guardando el esperado sobre en el bolsillo interior de su casaca.
Mientras caminaba hacia el paradero de micros no pudo evitar seguir viendo el hermoso jardín,
adornado con unos candelabros de fierro envejecido donde ardían unos velones gordos, importantes,
de color y olor a miel. Sobre la tarima que él construyó se habían dispuesto unos arcos de flores
simulando una pérgola, y en las esquinas se mecían al vaivén del viento, unas cortinas de gasa en
color natural, como derramándose por sus pilares. -“Todo eso para leer poesía... - repensó –. Subió a
la micro y después de un buen rato de ir colgando, pudo conseguir al fin un asiento donde se
desplomó agotado. Generalmente, se dormía en un dos por tres y como si su cerebro tuviera una
alarma, se despertaba justo una o dos cuadras antes de su bajada. Sin embargo, esta vez no pudo
dormirse. La visión del hermoso cuadro presenciado le recordaba el concepto “poesía”, y esta palabra
se repetía en su mente cual una fórmula mágica que lo arrastraba hacia el pasado.
- “Alguna vez, yo también supe de eso.” - Y retrocedió por un túnel dentro de sus recuerdos hasta
encontrarse a sí mismo convertido en un niño de unos diez años o algo más. Estaba llegando de la
escuela y corría emocionado en busca de su madre.
- ¡ Mamá, mamita, mira lo que te traje! – Su madre le había abrazado y después de estampar un
besote sonoro en su carita, le decía: ¿Qué cosa mi niño, acaso es un regalo?
- Sí mamá, es un regalo y se llama poesía. Hoy me la aprendí para ti.
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Con las mejillas arreboladas, había sacado un papel del bolsillo de su overol gris y entregándolo a su
madre, le decía: escucha, se llama Obrerito, es de una poetisa chilena, Gabriela Mistral y me la
aprendí de memoria.
Y con sus ojitos brillantes recitaba: Madre, cuando sea grande, ¡ay, que mozo el que tendrás! Te
levantaré en mis brazos como el viento alza el trigal. Yo no sé si haré tu casa, cual me hiciste tú el
pañal, o si fundiré los bronces...

- Señor, ¿Me permite el asiento por favor? - La voz firme trajo a Julio al presente.
Después de hacerse a un lado para dar paso al pasajero, sus recuerdos llenaron el espacio donde se
encontraba. Recordó cómo, poco a poco, la vida le fue robando sus sueños. Las promesas hechas a
su madre se cumplieron sólo en parte. La repentina muerte del padre le obligó a trabajar siendo aún
un muchacho, y su escuela, cuadernos y un posible futuro profesional se perdieron entre carretillas,
ladrillos y mezcla de cemento. Sus libros los cambió por la música, eterna compañera en sus jornadas
de trabajo. La lectura se fue reduciendo al sencillo acto de ojear un diario, ya fuera suyo o prestado, el
que nunca faltó entre sus compañeros. Aunque en algún fugaz momento había pensado retomar los
estudios, esto siempre fue postergado, ya por su casamiento, ya por los tres hijos o porque ellos
pudieran estudiar todo lo que él no pudo.

- “Es linda la poesía, pero esquiva con los pobres... al final, pinta mundos que no son nuestros.”
Volviéndose hacia la ventanilla, se dio cuenta que su viaje terminaba.

Al bajar, todo el cansancio acumulado le cayó sobre los hombros haciéndole sentir más disminuido
aún. Tan sólo dos cuadras más, y ya estaría en casa.
- ¿ Qué habrá preparado la vieja? – se preguntó, al tiempo que su estómago lanzaba extraños ruidos
en señal de protesta por el largo ayuno obligado.
Mientras abría la reja de su casa, una vocecita tierna lo salió a recibir:
- ¡Tata, llegó mi tatita! – gritó una pequeñita de tres o cuatro años que, veloz, trepó a sus brazos y se
colgó de su cuello.
- Sí mi preciosa, llegó su tata, dígame... ¿quién es mi encanto? ¿Cómo se llama el capullito del tata? Y
mientras la besaba, la llenaba de ternuras. ¿Cómo se portó la más linda de todas las niñas?
- Bien, ¡muy bien tata! Pero no quería comer sin que tú llegaras.
Al entrar al comedor, Julio miró a su mujer que medio asomada en la cocina, le anunciaba:
- La Rosita te está esperando, así es que siéntense “altiro” que voy a servirles.
Un olor tentador anunciaba lo sabroso de la comida que le esperaba y ese placer anticipado le borró
todo el cansancio y le levantó el ánimo.
Dejó a la niña en el suelo y observando atentamente su carita sonriente y sobre todo, el cariño con
que ella lo veía, lanzó una risa contenida, diciendo para sí:
- ¡Qué escenario, qué de velitas!... Que disfruten su poesía todos esos poetas. Yo, en los ojos y en la
risa de mi niña, tengo el canto de la vida .
Y alargando su mano hacia la niña dijo: ¡Ya mi princesita, vayamos a la mesa!

FIN
Amanda Espejo
Cuento mención honrosa en el 17° Concurso Recordando a Gabriela y Pablo
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